viernes, 22 de mayo de 2020

Ciudades a escala humana en tiempos de pandemia

Este tiempo extraño y dramático que nos ha tocado vivir ha reactivado la actividad intensa en el blog, escasa en los últimos dos años. Tanto tiempo en casa tenía que acabar concretándose en algo. Entre otras cosas, en esta serie de artículos, que sin un plan concreto empezó a finales de abril. 

Las semanas previas habían sido de lectura intensa; todo era tan alucinante y desconocido que necesitaba poner un poco de orden entre el caos, aprender, darle sentido y comprender. Esa ha sido siempre la utilidad del Blog Ciudades a Escala Humana desde 2008 y, de alguna forma, volvió a encontrar su camino en estas circunstancias. 

De esas lecturas, por razones profesionales, debía hacer algo sistemático y analítico, y las reflexiones más personales de esa labor se fueron destilando en esta serie de artículos que aquí recojo. 

En esta recopilación conservo el orden cronológico de publicación de los artículos. Esa fue la lógica con la que surgieron y confío en que se lean mejor así. Otras alternativas eran organizarlos por criterios como su nivel de profundidad o formalidad, o por algún tipo de categorización temática. Pero como no nacieron con ánimo de exhaustividad, reflejan al menos cómo se precipitaron. 




Conservo los enlaces de los posts en el blog, no así las fotos que los ilustraban, esto último para facilitar la lectura del texto. Respecto a los enlaces, creo que una gran parte del valor de los artículos residía en realidad en que tratan de contextualizar algunas cuestiones apuntando –sugiriendo, en realidad- a textos que pueden tener interés para quien quiera profundizar. 

Reunir todo esto en esta publicación es una forma de finalizar un esfuerzo y darle un sentido de unidad, más allá de que sólo constituye una visión muy subjetiva (por la selección de temas, el tono y el tratamiento) y muy coyuntural (en la medida en que este tiempo hace todo muy coyuntural y enseguida queda desfasado por la evolución de las cosas). 

Una última nota que sólo sirve de descargo ante en tono algo negativo en algunos momentos. No es cinismo, creo. Puede ser la falta de horizonte y las consecuencias de la pandemia. A pesar de todo, es urgente conservar la confianza y el optimismo. 

Índice

11 Referencias





jueves, 21 de mayo de 2020

Coronavirus: el futuro de las ciudades en la era pandémica

Esta es una versión ampliada del artículo Los retos de las ciudades en el escenario post-coronavirus, publicado en el blog Seres Urbanos de El País el 20 de mayo.

////////////

Las ciudades están en el centro de las preguntas sobre cómo será la vida post-Covid-19. Nadie lo sabe seguro, ni cuánto de ello será pasajero o cuánto modificará para siempre la manera en que las organizamos y nos organizamos en ellas. Tampoco está muy claro si habrá una nueva normalidad o si todo seguirá siendo igual de anormal que antes, y tal solo será un añadido superficial, una capa adicional, a la complejidad en la que vivimos. Sea como fuere, partimos de premisas que son contundentes. Este es un mundo cada vez más urbano, donde la demografía hoy y mañana más se basa en concentraciones de personas y de actividades en núcleos urbanos, suburbanos y/o metropolitanos. Dichos entornos importan aún más en mundo que ha re-descubierto una nueva fragilidad, su exposición a las pandemias. Vivimos un mundo urbano pero, aunque no éramos suficientemente conscientes (a pesar de la gripe aviar, SARS, MERS, H1M1,…), también vivimos en una era pandémica.

Map of cholera cases in London, 1854, created by Dr John Snow, which linked the outbreak to the Broad Street Pump water supply. John Snow/Wikimedia CommonsCC BY-NC-ND

Los virus encuentran en las ciudades el ambiente perfecto para expandirse, no tanto por la densidad, sino por los flujos. Este punto es interesante como punto de partida para pensar las ciudades del futuro cercano, porque una de las primeras intuiciones fue pensar en las ciudades densas como las más expuestas y las más problemáticas. Concluir esto tiene evidentes consecuencias prácticas: necesitaríamos ciudades menos densas, los entornos rurales estarían mejor preparados, los desarrollos unifamiliares y suburbanos serían los modelos ideales y más seguros, etc. Suena a una tentación anti-urbana. Ejemplos como Wuhan (que no es de las ciudades más densas de China y está lejos de los principales puestos de densidad a nivel mundial, y muy lejos de todas las grandes capitales europeas) o de Nueva York, que han sido grandes focos de contagios, parecerían apuntar en esa dirección.

Sin embargo, esta es una conclusión precipitada. Puede que sea un reflejo del higienismo pasado, pero tiene poco que ver con el mundo actual y los sistemas de ciudades a nivel mundial, nacional, regional, funcional,…En la era de la conectividad, también la conectividad física, a efectos de preparación para nuevas pandemias la densidad urbana no parece un factor determinante. Al menos si hablamos de densidad y no de otras condiciones como el hacinamiento, los asentamientos informales, etc. Dicho esto, es evidente que las ciudades intensifican el alcance y la velocidad de expansión de brotes de enfermedades infecciosas, pero sobre todo por la intensidad de los contactos y relaciones que se producen en ellas y por ellas.

Las ciudades, también como grandes concentradores y acumuladores, son parte de la solución o, dicho de otra manera, deberán estar en la primera línea de respuesta. Ya lo están a día de hoy y tendrán que estar mejor preparadas para nuevos episodios. Podemos esperar, al menos, una serie de tendencias que parecen claras:
  • El diseño urbano y arquitectónico deberá atender a nuevas prioridades de salud, desde las dimensiones de las viviendas hasta su equipamiento (balcones, por ejemplo) hasta la expansión de los espacios públicos abiertos, zonas verdes, jardines terapéuticos,…. Habrá que pensar de otra manera equipamientos como ascensores, escaleras comunitarias, espacios exteriores comunitarios. Se abre un margen más para la experimentación; la respuesta al Covid-19 en muchos casos ha sido improvisada y ha requerido de muchas dosis de creatividad, imaginación, pensamiento lateral,… como quieras llamarlo.
  • La experiencia vital del confinamiento nos ha dado una perspectiva magnífica sobre el desequilibrio en la distribución del espacio urbano. A pesar de no hacer prácticamente coches, el espacio para pasear no se ha reorganizado ni adaptado de manera estratégica, para recuperar el territorio vial entre los bordillos para darle prioridad a la movilidad no motorizada, aunque sea para facilitar el distanciamiento entre las personas. En algunas ciudades, desde Calgary a Colonia, pero también más cercanas, han sabido verlo con antelación, y han abierto sus calles completas a peatones y ciclistas. Otras ciudades están evaluando y organizando (Valencia, Madrid, Barcelona,...) cómo afrontar el exceso de capacidad viaria para reorganizar calles, trazados y rutas post-confinamiento. De cualquier forma, la distribución desigual del espacio urbano es ya una urgencia a resolver porque hemos descubierto otra ciudad y ni debería haber marcha atrás. 
  • El transporte público está ante una situación compleja. Si la norma, más allá de los periodos más estrictos, va a ser el distanciamiento social, y evitar aglomeraciones, las miradas están puestas en sistemas de metro, buses, tranvías,…. Más allá de la sospecha evidente de que la movilidad masiva es un vector de contagio, algunos estudios ya están analizando la extensión de la pandemia en ciudades como Nueva York a través de su sistema de metro. Esto tiene implicaciones muy variadas para agencias y autoridades de transporte, hasta el punto de poner en riesgo el modelo de transporte público sostenible: si serán atractivas nuevas licitaciones de concesiones de servicio ante nuevas condiciones de menos ocupación, si tendrán que revertirse muchos servicios privatizados, si será una cuestión sólo de aumentar frecuencias o habrá que reorganizar a otros niveles la demanda en hora punta, si los usuarios nos alejaremos del transporte público por miedo al contagio,… Por descontado, la operativa de los sistemas tendrá que adaptarse a una realidad que exigirá despliegues de mecanismos y dispositivos contactless y seamless del usuario desde la entrada a la salida y de manera permanente (máquinas expendedoras, equipos de validación, apertura de puertas, andenes, agarraderas,…). 
  • Si esta situación es un reto para el transporte colectivo, ahora llega la oportunidad para la movilidad peatonal y ciclista. Es ahora o nunca. Apenas estábamos empezando a generalizar por fin sus beneficios, y llega el momento de comprender por la experiencia subjetiva que necesitamos del espacio sobre-representado para el coche para movernos mejor en la ciudad. Toca abrir las calles, y con mayor urgencia en determinados barrios con un urbanismo más asfixiante en cuanto a aceras (¿cuatro metros mínimo?) o dominio del coche.
  • El coronavirus es un laboratorio de un desarrollo más sostenible. Su impacto es tan profundo que es lo más cerca que se puede estar de comprender y vivir muchos de los problemas de sostenibilidad que afectan al globo. Si esperamos que de todo este desastre salga algo nuevo, esto debería pasar por darle un carácter de crisis existencial y civilizatoria a problemas como el cambio climático o la degradación ambiental. Durante unas semanas, el mundo ha ensayado un mundo post-carbono, un mundo no dependiente del coche, un mundo que sólo consume lo necesario , un mundo que sólo produce lo esencial, un mundo contenido y auto-limitado, un mundo que comprende qué es socialmente relevante y productivo,….Lo hemos hecho forzados y precipitadamente, tanto que quizá no sepamos hacer la lectura adecuada de lo que ha pasado y podemos consolidar para el futuro como nuevas formas de vivir y organizarnos que deberían favorecerse en las ciudades. 
  • El proceso de urbanización del Sur Global es un proceso global que afecta, aunque sea indirectamente, a quienes no viven allí. Si ya era una prioridad lograr que esta dinámica cumpliera mejores condiciones en los asentamientos urbanos informales (acceso a agua potable, disponibilidad de servicios de tratamiento de agua y residuos,…) el grado de exposición de muchas ciudades en expansión será un reto aún más urgente. 
  • La estrategias de preparación y resiliencia serán mucho más comprensible ahora para la población, para los agentes sociales y para los gestores y decisores públicos. Puede ser que en buena medida estas estrategias y planes fueran una actuación circunstancial o periférica. Ahora será una necesidad, porque la falta de preparación a todos los niveles en la mayoría de los países que no habían sufrido otras epidemias recientes (al contrario que países como Corea del Sur, Singapur, China o Taiwan) explica gran parte de la respuesta tardía, desorganizada y desorientada que se ha dado. Es presumible que los planes de resiliencia local ya existentes tengan que adaptarse a la evidencia y considerar aún mejor los niveles de preparación, alerta temprana y capacidad de respuesta en cuestiones sanitarias y de salud pública
  • Las infraestructuras sanitarias importan; por supuesto, la disponibilidad de plazas UCI o otros equipamientos hospitalarios ha sido el factor limitante que ha explicado “que esto no es una gripe” y el consiguiente confinamiento en el que vivimos (con la espada de Damocles de intuir que vendrán nuevas fases de aislamiento social). Estos servicios no dependen de las ciudades (suelen ser de inversión regional o nacional) pero sí estarán instalados en las ciudades, y estas han de pensar cómo los organizan, les dan servicio, facilitan expansiones o flexibilidades para acoger dispositivos temporales (por ejemplo, espacios para realización de tests fuera de las urgencias). Esto mismo vale para las redes de equipamientos de atención primaria, igual de relevantes para un sistema sanitario fuerte y, por tanto, mejor preparado para nuevos brotes. 
  • La digitalización de los servicios públicos locales, y del resto de dispositivos, equipamientos, espacios,….con los que interactuamos en nuestra cotidianeidad también se abrirá un camino más acelerado. Automatización de procesos y análisis de datos serán herramientas que los decisores públicos demandarán para poder gestionar mejor, se reorganizarán y rediseñarán servicios para hacerlos digitales y permitir más y mejores procedimientos en línea. Al mismo tiempo, las autoridades locales, por ser las más cercanas al ciudadano, tendrán que jugar un papel relevante, aunque complicado, en ser una marca de garantía de los derechos digitales de las personas respecto a los datos personales, en los servicios urbanos. 
  • Una dinámica más global, pero que puede tener plasmaciones a nivel local es el de la auto-suficiencia local. Las dudas sobre el futuro de la globalización industrial, del mercado alimentario o la centralización de la producción energética,…implican procesos de fondo que pueden tener sus manifestaciones en forma de una mayor suficiencia y garantía alimentarias, la aceleración de la generación energética distribuida, las políticas de cercanía (Melbourne, París) o la reindustrialización productiva de los entornos urbanos. 
Photograph: Alberto Pizzoli/AFP via Getty Images

En cualquier caso, la situación que ha tocado vivir obliga a repensar la manera de organizar nuestras sociedades, servicios públicos, el trabajo, la sanidad pública,…por lo requiere también repensar las ciudades en las que viviremos y en las que afrontaremos próximas crisis sanitarias. No sabemos si llegará esa transformación, si será duradera o si será a mejor. No será fácil tampoco, y son muchas las lecturas que podemos hacer de todas estas semana. Si esto lo tomamos como oportunidad para reordenar prioridades y principios sobre los que se organiza la vida en comunidad, será un buen principio.

//////////

No es fácil escribir sobre esta cuestión pero me he propuesto ordenar al menos algunas lecturas que voy sistematizando. Son apuntes dispersos y poco sistemáticos, como casi todo en este blog desde hace 12 años, pero al menos servirán para detectar algunos temas que creo serán relevantes en los próximos meses o años. 

Posts previos:

lunes, 18 de mayo de 2020

Coronavirus and digital transformation

Mano a mano con Sergio García, compañero en Anteverti, he escrito un texto sobre el significado de la pandemia en el ámbito de la transformación digital. Puedes leerlo aquí completo, Covid-19 and the future of cities: 9 emerging trends in digital transformation, como parte de una serie de monográficos sobre diversos temas relacionados con el coronavirus y su impacto en las ciudades. Dejo aquí unos extractos: 

///////////

The Covid-19 crisis has accelerated many technological adoption processes that were predicted to be more gradual. 

Two elements have fueled a shared dynamic by the countries affected by the pandemic: on the one hand, the initial successes prompted by technology-intensive solutions in Taiwan, Singapore or South Korea gave rise to an effect of imitation in other countries. On the other hand, the peculiarities of the virus have made it clear that the most successful immunological strategy – track and test – can only be highly effective if the case tracking rely on technology-mediated devices and solutions. The combination of these two dynamics has served as a multiplier and accelerator – at a higher pace than any other measure or strategy in the last decade – of a previous and already widespread trend: the digital transformation of all industrial sectors, social spheres and also, obviously, of the public administration. 

Not surprisingly, need and urgency are great allies of innovation. Most of the public institutions in charge of managing all levels of the response to the Covid-19 crisis have faced the urgent need to assess their current digital technological capabilities while facing sudden processes of technological adoption and implementing solutions that needed a deeper public assessment. In this framework, they have found themselves at a greater distance from countries such as South Korea in terms of data analytics, information integration or resource and capabilities availability for the implementation of technological initiatives. In parallel, public authorities have met with the need to find effective ways to communicate the evolution of the pandemic, the response and its implications for citizens within a complex context of social distress and information oversaturation. 



 What changes are to be expected if we want our cities to move towards a smarter management of public services and digital life? These are some of the trends that we have analyzed. 

 1 | Public Services: The Final Push for Digitalization 
 2 | Smart City Models Will Need to Be Rethought 
3 | We Need More Sophisticated Data Analytics 
4 | The Time to Consolidate Digital Rights  
5 | Public Sector: The Potential of Innovation and Intrapreneurship 
6 | Addressing the Digital Divide: A Priority 
7 | Civic Tech for a More Inclusive Digitalization 
8 | Effective Digital Communication for an Operational Leadership 
9 | Fake News: Also a Public Health Threat 

In the past few weeks, the sense of urgency has been at the core of the world’s digital response to the covid-19. In parallel, the digital society is accelerating at a pace that is difficult for our technical and political leaders to keep up with. However, if we agree that the curve of the pandemic has been flattened, the time has come for better planning and a more optimal organization of new resources. 

Thus, in this new context, local, regional and national governments have the opportunity and the duty to reshape their strategy for the deployment of technology in city life in a short- and medium-term. And this applies to the way cities work, to public services, to the interaction and communication between public administration and citizens, to our daily routine. And to the internal transformation of companies and the rethinking of their future plans. 

It is highly convenient that this rethinking process looks beyond the immediate social and economic consequences of the crisis and places people and human needs at the center of technological adoption. And that it does so by encouraging the innovative capacity of society and attaching greater importance to the synergy between science and technology for a better, more accurate decision making. This in turn must be performed without losing sight of the ethical implications of this process. In short, we are on the verge of a moment where governments, industries and companies have the challenge to move towards technological resilience. To harness technology and innovation not only to minimize the current risks, but also to anticipate possible future adversities and emerge stronger from the crisis. 

//////////

No es fácil escribir sobre esta cuestión pero me he propuesto ordenar al menos algunas lecturas que voy sistematizando. Son apuntes dispersos y poco sistemáticos, como casi todo en este blog desde hace 12 años, pero al menos servirán para detectar algunos temas que creo serán relevantes en los próximos meses o años. 

Posts previos:

lunes, 11 de mayo de 2020

10 artículos sobre los retos éticos y políticos de la respuesta tecnológica al coronavirus

Hace unos días publiqué el post Coronavirus: la respuesta tecnológica, un ensayo precipitado y a gran escala. Se trata de una mirada concreta a cómo el despliegue de diferentes opciones tecnológicas para abordar el manejo de la pandemia desde el punto de vista sanitario y epidemiológico ha acelerado la llegada, o el ansia por que lleguen, de aplicaciones, dispositivos, sistemas e infraestructuras digitales con una fuerte base en datos personales. Se está escribiendo y revisando mucho el tema estos días, por detrás de la velocidad a la que se están poniendo en marcha estas soluciones. Mucho más tendrá que debatirse, y estos artículos pueden servir para introducirse en algunos aspectos:










//////////

No es fácil escribir sobre esta cuestión pero me he propuesto ordenar al menos algunas lecturas que voy sistematizando. Son apuntes dispersos y poco sistemáticos, como casi todo en este blog desde hace 12 años, pero al menos servirán para detectar algunos temas que creo serán relevantes en los próximos meses o años. 

Posts previos:

viernes, 8 de mayo de 2020

10 artículos sobre escenarios post-Covid19 en la era pandémica

Ayer publiqué el post Coronavirus, predicciones y escenarios: no hay plan para el futuro. Salió un poco descorazonador y trascendente, como resultado de algunas lecturas de estos días. Dejo aquí algunos de los artículos revisados, algunos son muy recomendables:











//////////

No es fácil escribir sobre esta cuestión pero me he propuesto ordenar al menos algunas lecturas que voy sistematizando. Son apuntes dispersos y poco sistemáticos, como casi todo en este blog desde hace 12 años, pero al menos servirán para detectar algunos temas que creo serán relevantes en los próximos meses o años. 

Posts previos:

jueves, 7 de mayo de 2020

Coronavirus, predicciones y escenarios: no hay plan para el futuro

De antemano, dudo que salgamos de esto mejores. El tono social en el mientras tanto no ayuda a pensar que veremos cambios profundos hacia una mayor cooperación global, sociedades más empáticas, más conciencia sobre la desigualdad, más cultura científica,...y un largo etcétera. Las dimensiones e implicaciones de la Covid-19 son fundamentales, civilizatorias si nos ponemos graves, pero el pesimismo viene de lo que ya había y que no ha desaparecido ni lo hará. Si acaso, la pandemia solo acelerará lo que ya estábamos sufriendo: ascenso del populismo como factor estructurante de las discusiones públicas, el descubrimiento del autoritarismo como opción posible, el acientifismo galopante, las fracturas generacionales, instituciones cuestionadas, sociedades políticamente fragmentadas y menos adheridas a principios democráticos,...

Dicho esto, estas semanas han acumulado cantidad de artículos, informes y documentos que tratan de avanzar qué sucederá en el futuro, hacia qué tipo de mundo vamos. Necesitamos encontrar un sentido a todo esto, incluso necesitamos darle una utilidad, un sentido de esperanza de que algo (bueno o no) saldrá de todo esto. Por eso mismo, eso de la nueva normalidad es tan discutido y discutible. Ni siquiera podemos entender y compartir cómo era la normalidad que supuestamente hemos dejado atrás, como para asumir cuál será la nueva. Ni siquiera la teoría del cisne negro nos permite un respiro. Al fin y al cabo, si hubiera llegado de la nada, podríamos vivir esto como una condena, un deus ex machina que nos libere del peso de la responsabilidad cambiándolo por el peso de una fuerza incontrolable. No, podíamos saberlo, podíamos haberlo previsto y planificado, podíamos haberlo evitado. No es una defensa del "yo ya lo decía" ni de los capitanes a posteriori. Es que realmente sabíamos pero no queríamos, sabíamos pero lo veíamos con condescendencia y arrogancia, lo mirábamos como miramos siempre la posibilidad de la catástrofe, como seres humanos que somos.

Photo by Victória Kubiaki on Unsplash

Puede que adonde vamos sea hacia donde ya íbamos desde hace un tiempo. Por eso, la covid-19 quizá sea más un acelerador de los procesos que ya estábamos observando. Así, no está cambiando la Historia, sino que está precipitándola. Y, como decía antes, posiblemente no nos está llevando a un tiempo mejor. Para quienes han estudiado en detalle el papel de las pandemias en la Historia, estas le han dado forma de diferentes maneras que, en cualquier caso, nos permiten mirar atrás y encontrar sus efectos disruptivos en muchos procesos sociales más grandes que las han oscurecido como hacedoras de Historia, de manera que han influido sobre nuestras ideas sobre la dividinidad, sobre procesos revolucionarios y de estabilización social o sobre el avance científico (interesante esta entrevista con Frank M. Snowden, autor de Epidemics and Society: From the Black Death to the Present). (Por cierto, para ir a por libros, esta selección de 7 libros realizada por el propio Snowden parece servir bien como guía para leer cosas sobre estas cuestiones). Este papel de las pandemias en la historia puede verse no como algo tan definitivo, sino como paradojas (¿peajes?) del progreso. Dicho así, puede que no tengamos que alarmarnos tanto ni ponernos tan trascendentales, siempre y cuando seamos capaces de dar por hecho que de esta pandemia saldrá progreso. Ya ya es mucho decir.

En cualquier caso, la pandemia nos invita a cuestionarnos sobre los riesgos globales. Más claramente: ¿de verdad somos capaces de mandarlo todo a la mierda? Antes de convencernos de si iremos a mejor, si cambiarán unas cosas u otras, parece un buen momento para preguntarse algo así. Pasado el tiempo del miedo al desastre nuclear (¿lo habíamos pasado ya?), pareciera que hemos descartado esta visión apocalíptica. Ni siquiera somos capaces de comprender esta dimensión para algo como el cambio climático. Sin embargo, esta pandemia nos obligaría a situarnos en este punto. Esta visión catastrofista, o al menos de alertar desde la ciencia sobre la brutal capacidad de la humanidad para poner fin a la civilización o a la vida en la Tierra, es la que he podido husmear en los escritos de Martin Rees, uno de los científicos (astrofísico), que además de ser uno de los que ya había señalado la llegada de nuevas pandemias, que es posible hacer lecturas de la actualidad en términos de potencial de destrucción del planeta. ¿Somos capaces de asumir -soportar- que hay que poner en la agenda que el siglo XXI puede ser el último? Vaclav Smil, que intuyo que no hace planteamientos tan extremos pero sñi igual de alarmantes, también parece ser una buena referencia para contar en este debate con una visión macro, histórica y multi-disciplinar. Esta visión macro parece oportuna, pero difícil de asimilar. Apenas llevamos aquí unos pocos miles de siglos, en un planeta de millones de años, así que somos la nada en el tiempo y en el espacio. A unos 100 segundos de la extinción. Lo peor: ni si quera somos conscientes de que realmente podemos (poder de verdad, hacerlo posible, conseguirlo, llegar al final) destruirnos a nosotros mismos. Por ahí va Toby Ord, en la zona del vértigo.

Estamos descubriendo la era pandémica. Alcanzando los últimos habitats naturales y conviviendo ya como invasores de la naturaleza salvaje, esta nos devuelve a cambio una exposición desconocida hasta ahora a las infecciones animales que saltan al ser humano. David Qualmenn nos advierte de ello, no sin antes recordar que, más allá de su origen animal, no estamos teniendo en cuenta el campo de la  técnicas de manipulación genética avanzadísimas y sobre las que no tenemos ni idea de cómo se controlan (No entro en las sospechas (¿intoxicaciones, juegos geoestratégicos?, quién sabe) sobre los laboratorios que están trabajando con los coronavirus en Wuhan). Nuestra capacidad expansiva como especie, a nivel territorial y a nivel tecnológico, nos impone la obligación de crecer, no sabemos parar. ¿Hasta dónde crecer? ¿Cuánto es suficiente? (guiño personal  un poco al mejor a una lectura queme influyó mucho en su momento).

Con estas preguntas trascendentes, lo siguiente es abordar una escala más asequible. Es aquí donde se han sucedido multitud de propuestas sobre escenarios, predicciones, observaciones de largo plazo, modelos,... Navegan casi siempre entre la incertidumbre total de lo desconocido, el atrevimiento mediático y la mesura. ¿Cómo afirmar que esto es el fin de la globalización sin poner matices o salvedades? ¿Cómo estar seguros de que caminaremos a un mundo más autoritario o hacia el aislacionismo? ¿Podemos apostarlo todo a que las sociedades orientales estaban, están y estarán mejore preparadas? ¿Cómo defender las bondades de la vigilancia en sociedades del castigo? ¿Realmente cambiarán los (des)equilibrios geoestratégicos que conocemos? ¿Qué decir de la desnortada Unión Europea? ¿Es el punto de inflexión para un reforzamiento de lo público? ¿Otra vez querrán que confiemos en reinventar el capitalismo? ¿O es el tiempo de las políticas anticapitalistas? ¿Hay espacio para el optimismo? Caminamos entre el optimismo y el pesimismo, y es posible que haya razones para ambas posturas.

Yo hoy me quedo con este artículo de David Wallace-Wells: no hay ningún plan de salida, ningún camino establecido para el fin de la crisis pandémica. No llega al No future, pero parecido. Si apenas sabíamos cómo afrontar el ahora y estamos dando palos de ciego para el desconfinamiento, claro que nadie sabe qué vendrá, ni cómo saldremos de esta o ni siquiera si lo haremos para poder decir dentro de 50 años que los escenarios de hoy estaban equivocados.

//////////

No es fácil escribir sobre esta cuestión pero me he propuesto ordenar al menos algunas lecturas que voy sistematizando. Son apuntes dispersos y poco sistemáticos, como casi todo en este blog desde hace 12 años, pero al menos servirán para detectar algunos temas que creo serán relevantes en los próximos meses o años. 

Posts previos:

miércoles, 6 de mayo de 2020

12 artículos sobre coronavirus y desigualdad

La semana pasada publiqué el post Coronavirus: desigualdad viral. En él señalaba algunos elementos para romper con la idea de que el virus no hace diferencias. He manejado diferentes materiales y artículos, pero estos me parecen algunos de los más destacados:













//////////

No es fácil escribir sobre esta cuestión pero me he propuesto ordenar al menos algunas lecturas que voy sistematizando. Son apuntes dispersos y poco sistemáticos, como casi todo en este blog desde hace 12 años, pero al menos servirán para detectar algunos temas que creo serán relevantes en los próximos meses o años. 

Posts previos:

martes, 5 de mayo de 2020

6 artículos sobre pandemias y la densidad urbana

La semana pasada publiqué el artículo Coronavirus: ciudades, pandemias y la cuestión de la densidad urbana y aprovecho ahora para destacar algunos de los artículos que están referenciados en el texto.






jueves, 30 de abril de 2020

Coronavirus: ciudades, pandemias y la cuestión de la densidad urbana

En un mundo crecientemente urbano y en medio de una pandemia global, toca mirar a las ciudades. Al fin y al cabo, por su propia naturaleza se está concentrando en ellas toda la afectación sanitaria, social y económica de la cris del coronavirus. La demografía hoy y mañana se basa en concentraciones de personas y de actividades en núcleos urbanos, suburbanos y/o metropolitanos. Dichos entornos importan aún más en mundo que ha re-descubierto una nueva fragilidad, su exposición a las pandemias. Vivimos un mundo urbano pero, aunque no éramos suficientemente conscientes (a pesar de la gripe aviar, SARS, MERS, H1M1,…), también vivimos en una era pandémica.
Map of cholera cases in London, 1854, created by Dr John Snow, which linked the outbreak to the Broad Street Pump water supply. John Snow/Wikimedia CommonsCC BY-NC-ND


Los virus encuentran en las ciudades el ambiente perfecto para expandirse, no tanto por la densidad residencial, sino por los flujos e interacciones. Este punto es interesante como punto de partida para pensar las ciudades del futuro cercano, porque una de las primeras intuiciones es pensar en las ciudades densas como las más expuestas y las más problemáticas. Concluir esto tiene evidentes consecuencias prácticas: necesitaríamos ciudades menos densas, los entornos rurales estarían mejor preparados, los desarrollos unifamiliares y suburbanos serían los modelos ideales y más seguros, etc. Suena a una tentación anti-urbana. Ejemplos como Wuhan (que no es de las ciudades más densas de China y está lejos de los principales puestos de densidad a nivel mundial, y muy lejos de todas las grandes capitales europeas) o de Nueva York, que han sido grandes focos de contagios, parecerían apuntar en esa dirección.

Sin embargo, esta parece una conclusión precipitada. Puede que sea un reflejo del higienismo pasado, pero tiene poco que ver con el mundo actual y los sistemas de ciudades a nivel mundial, nacional, regional, funcional,…En la era de la conectividad, también la conectividad física, a efectos de preparación para nuevas pandemias la densidad urbana no parece un factor determinante. Al menos si hablamos de densidad y no de otras condiciones como el hacinamiento, los asentamientos informales, etc. Dicho esto, es evidente que las ciudades intensifican el alcance y la velocidad de expansión de brotes de enfermedades infecciosas, pero sobre todo por la intensidad de los contactos y relaciones que se producen en ellas y por ellas. Si bien la exposición urbana a las pandemias es aparentemente mayor, de nuevo más por su alta actividad que por la concentración de habitantes, ya sabemos que las ciudades más densas son las más eficientes a la hora de prestar servicios y, en general, por muchos otros motivos, por lo que su posición de partida para ofrecer una respuesta adecuada a las pandemias es mucho más eficiente que en la ciudad dispersa.

En el único punto en el que no pueden ofrecer una respuesta mejor es en la disponibilidad de espacio para la distancia social (ni en la esfera privada de las viviendas ni en la esfera pública). Respecto a las condiciones de las viviendas, hemos descubierto en las ciudades que los apartamentos y pisos no responden a las necesidades extraordinarias del confinamiento, y si ha de darse una adaptación, esta no será fácil ni rápida (dimensiones, balcones, ventilación, instalaciones comunes,...). Pero en lo que tiene que ver con la disponibilidad de más espacios públicos abiertos, mejores condiciones para estar en la calle con facilidades para la distancia social, la adaptación podría ser mucho más rápida y ahora estamos siendo conscientes de la necesidad de redistribuir los usos del espacio urbano para reducir el espacio dedicado a la circulación de vehículos de motor. Habrá que descubrir cuáles son esos lugares, cómo hacerlos más flexibles para este tipo de situaciones (que, muy probablemente, volverán a producirse), preguntarse cuál es una distribución más equilibrada de los usos del espacios urbano, etc.

//////////

No es fácil escribir sobre esta cuestión pero me he propuesto ordenar al menos algunas lecturas que voy sistematizando. Son apuntes dispersos y poco sistemáticos, como casi todo en este blog desde hace 12 años, pero al menos servirán para detectar algunos temas que creo serán relevantes en los próximos meses o años. 

Posts previos:

martes, 28 de abril de 2020

Coronavirus: la respuesta tecnológica, un ensayo precipitado y a gran escala

El último mes ha valido como 10 años en el proceso de adopción y transformación digital a nivel mundial. Ni CEOs ni CIOs, ha sido el coronavirus el que ha acelerado este proceso. La respuesta tecnológico-digital al Covid-19, junto con las esperanzas puestas en el sistema científico-tecnológico para crear nuevos entornos y soluciones a nivel de gestión pública, provisión de servicios, innovación social,…han creado un nuevo marco de exigencia y aceleración. La sociedad en su conjunto, las autoridades y las empresas están pudiendo evaluar ahora la aportación de la inteligencia artificial, la robotización o la automatización, en la acción de las instituciones públicas.

A falta de vacuna y con el único recurso posible del distanciamiento social, nos queda la opción de la tecnología como respuesta a la pandemia. Este repositorio muestra a las claras la extensión de esta. Donde la opción tecnológica ha sido más organizada y sistemática (Taiwan, Singapur o Corea del Sur), el recorrido de la pandemia parece confirmar su utilidad. Claro que, como siempre, la tecnología no existe de manera aislada del entorno en el que se desarrolla y se implanta. Así que quizá las soluciones de seguimiento o de automatización que se han aplicado en estos países a los que miramos con tanta envidia tienen menos que ver con la solución técnica en sí y más con el grado de penetración de la tecnología, con las particularidades de sus sistemas de gobierno, con la disposición a asumir los costes en términos de privacidad, con la legislación, etc. Llama la atención el ejemplo de Taiwan, donde se ha destacado su enfoque de tecnología cívica en su respuesta  así como la utilización que han hecho de los datos masivos. También los entornos de fabricación digital 3D ha encontrado la ocasión ideal para darse a conocer al público en general y de manera concreta.

Photo by Jens Johnsson on Unsplash

No me propongo hacer un repaso exhaustivo de todas las versiones de la respuesta tecnológica que hemos conocido estas semanas. Más o menos las conocemos. Aplicaciones con diferentes funcionalidades para hacer seguimiento de contactos, de localización o de permisos para excepciones al confinamiento, análisis de big data para encontrar patrones en la evolución o multiplicar el esfuerzo científico; complejos dispositivos para hacer controles sanitarios y tests in situ a la población; robots para realizar tests, hacer comprobaciones en la calle o facilitar la distribución de equipos de protección; vigilancia de personas infectadas, incluyendo cámaras de control de temperatura e identificación facial, información en tiempo real a la población, telemedicina, etc. Es sólo una parte de la respuesta tecnológica, pero la que me parece más sensible en términos éticos, jurídicos, sociales,... porque implican en esencia aumentar varios niveles el sometimiento a sistemas de control y vigilancia sobre la privacidad individual y la capacidad de tomar decisiones en torno a información personal y privada.

En un desastre de las dimensiones que estamos viviendo cualquier recursos cuenta, y es necesario contar con la mejor ciencia y la mejor tecnología. Si la ciencia clave para la gestión de la pandemia juega de forma intrínseca en el terreno de lo que no conocemos más que de lo que conocemos, la tecnología hoy juega en el terreno de lo que se puede y no se puede hacer. Ese “puede” tiene que ver con lo que es factible, y por eso lo que ha sido posible en Corea del Sur no lo ha sido en la mayoría del resto de países. La distancia entre lo posible allí y lo imposible aquí marca el camino de lo que se propondrá hacer aquí en los próximos años para todo lo que no se haya hecho en estas semanas.

Pero ese “puede” también ha que vincularlo a lo que social y políticamente es posible en cada país. Una situación de emergencia, por definición, reconfigura temporalmente las bases sobre las que se sustentan instituciones, procedimientos, formas de hacer, hábitos,… hasta el punto de que todos los países, de una u otra manera, han formalizado su respuesta bajo figuras diversas (estado de alarma, por ejemplo) para poder adoptar un marco jurídico más estable. En esta situación, la respuesta tecnológica también se abre camino en un entorno de excepcionalidad, en el que las libertades individuales, los derechos humanos o la privacidad se abordan desde otros límites. Este artículo es un fenomenal texto de evaluación de las principales tipologías de soluciones técnicas utilizadas y los riesgos que implican a nivel individual y colectivo. Esta generalización de este tipo de seguimiento móvil revela su utilidad para asegurar un seguimiento efectivo de los contagios y, a la vez, el delicado terreno en el que nos adentramos.

Necesitamos vigilancia masiva, pero no tiene, no tendría por qué ser escalofriante. Track and test parece que es la única salida viable. Para hacerlo bien necesitamos soluciones tecnológicas capaces de hacer este seguimiento de manera efectiva y eficiente, cosa que es relativamente viable, pero también necesitamos que sea acorde con los niveles de legitimidad y respeto a la privacidad que desearíamos en sociedades democráticas (dejo aparcado el debate más profundo sobre si realmente lo somos, lo seremos o queremos que lo sean, que es una cuestión más civilizatoria que está rondando también). Estamos hoy negociando un nuevo contrato social sobre cómo nos vamos a relacionar en la sociedad digital con nuestras instituciones. Cuáles son los datos de rastreo necesarios, cómo se hará ese rastreo y cuáles serán los algoritmos utilizados para tomar decisiones críticas (definirte como inmunizado, autorizarte a una determinada actividad, confirmar tu licencia de apertura, obligarte a un confinamiento fuera de casa,…) es el conflicto que estamos a punto de firmar, pero no contamos con una regulación segura y garantista para estas circunstancias, ni con la calma suficiente para hacer de ello un debate social sobre un tema que redefinirá la sociedad digital de los próximos años. Peor, vamos a actuar bajo nuevas condiciones sin haber firmado aún el contrato. Apelar a que es una restricción o una auto-limitación consentida de manera momentánea, y que después podremos volver a la casilla de salida suena demasiado optimista.

Aquí es donde hay que reivindicar y poner en práctica con transparencia y de manera concertada principios como la no discriminación y evaluación de sesgos, proporcionalidad, privacidad, rendición de cuentas, prevención de riesgos, consentimiento, privacidad por defecto o accesibilidad. Suenan teóricos, pero son los principios que pueden diseñar cualquier herramienta que se quiera implantar más allá de sus funcionalidades y requerimientos técnicos, y tienen una incidencia material y efectos directos sobre las personas.

La Caja de Pandora ya está abierta. El troyano está dentro del sistema. Google y Apple ofrecen una opción para universalizar el seguimiento, pero las respuestas a nivel nacional también han aparecido, desde las más sofisticadas (Singapur) a las más rudimentarias pero efectivas (Grecia). Este repositorio ofrece una magnífica imagen de la dimensión y extensión de esta pulsión por la solución vía apps móviles. La tensión ética entre libertad y privacidad ha dejado de ser una cosa hipotética, circunstancial o marginal, y la sociedad de la vigilancia, vía sanitaria, ya está(ba) en marcha, y el marco de los derechos humanos importará más que nunca, aunque habrá que dotarlo de una actualización en términos de derechos digitales. Para algunos, el intercambio merece la pena, porque el solucionismo tecnológico siempre está ahí para encontrar razones. La tentación autoritaria es una opción que toma fuerza en un ambiente político dominado por el ascenso populista, la disolución de las formas tradicionales de formación de la opinión pública, la crisis de los partidos políticos al uso como intermediadores, las nuevas posibilidades de manipulación de las opiniones políticas,...

Photo by Graham Ruttan on Unsplash
Vislumbrar cuál será la salida entre el optimismo tecnológico y el pesimismo político nos lleva fácilmente a la decepción sobre el futuro de la humanidad. El totalitarismo de vigilancia tiene el camino despejado en este contexto socio-político, al que ahora añadimos el miedo y la desconfianza. Puede que no todo sea tan catastrófico, y podamos encontrar un balance realista y justo, pero al menos a corto plazo la normas, las normas, la normalidad, tendrán otra pinta muy distinta a cómo eran. Como es demasiado tentador, y se ha convertido a la vez en pasatiempo mediático y en herramienta para encontrar razones de nuestra desdicha, la comparación con los países que mejor han respondido nos lleva a la aspiración de ser como Corea del Sur o Singapur. Es mucho decir, al menos desde el punto de vista europeo, una región del mundo encerrada en sí misma y en permanente duda metafísica sobre sí misma desde al menos la última crisis económica.  Sea como sea, la capacidad de innovación tecnológica se ha puesto al servicio de una crisis global de manera precipitada (urgencia obliga) y está siendo una de las grandes esperanzas. Esa misma urgencia va a introducir de manera generalizada soluciones que afectan  a la privacidad individual y a la concepción social del papel de la tecnología. Pero "la tecnología" no existe de manera independiente del ensamblaje social en el que se produce, se regula y actúa, por lo que la evaluación ética de cualquier tecnología mediadora como respuesta a la pandemia es ineludible.

//////////

No es fácil escribir sobre esta cuestión pero me he propuesto ordenar al menos algunas lecturas que voy sistematizando. Son apuntes dispersos y poco sistemáticos, como casi todo en este blog desde hace 12 años, pero al menos servirán para detectar algunos temas que creo serán relevantes en los próximos meses o años. 

Posts previos:
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...