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lunes, 11 de julio de 2016

Ciudades inteligentes, ¿atajos hacia la sostenibilidad?

La lógica de la sostenibilidad de la smart city encaja con otras formas de proponer atajos. El enfoque gizmo green como forma de denotar la fetichización de objetos sostenibles desconectados de los problemas estructurales en los que participan ha sido señalado en la misma dirección que apuntamos. En un mundo que propone constantemente que cualquier problema puede tener una solución sencilla (pastillas para perder peso en unos días sin necesidad de ir al gimnasio, aprender un idioma en veinte días con quinientas palabras, viajar sin complicaciones logísticas, estudiar sin esfuerzo,…), la solución a la sostenibilidad también pasa por comprar bombillas eficientes, coches híbridos, apps para ordenar el tráfico, etc. 

La smart city, al inscribir la solución de los problemas de la ciudad a través de un mercado de soluciones industriales, sitúa en la compra, actualización o implantación de productos y servicios identificables dicha solución. En gran parte de los casos, el discurso remite a la necesidad de hacer un uso más eficiente del agua o la energía en la provisión de servicios públicos, desarrollando redes de distribución más eficientes gracias al uso de sistemas de control automático de fugas, a la gestión en tiempo real del consumo eléctrico o a la extensión de sistemas distribuidos. De esta manera, de la amplitud de ámbitos y criterios relacionados con la sostenibilidad se están seleccionando exclusivamente aquellos que tienen que ver con infraestructuras sobre las que la ciudadanía tiene un papel pasivo. Con ello, el campo de acción para abordar los problemas ambientales derivados del consumo de recursos que tienen que ver con el lado del consumo no forma parte de las prioridades.

Via Urban Words
En este sentido, Masdar se ha constituido como el modelo protagonista de los últimos años al ofrecer una visión renderizada de una promesa de sostenibilidad a través de la aplicación de las mejores tecnologías disponibles. De hecho, su promoción ha explotado más los valores de la sostenibilidad que los de la inteligencia urbana aunque, como hemos visto, ambos pueden ser utilizados de manera indistinta en unos proyectos u otros según el contexto. Masdar ejemplifica perfectamente cómo la lógica de la sostenibilidad ha sido co-optada como parapeto para mantener unas formas de desarrollo urbano dominadas por la acumulación de capital y la dominación especulativa y ello, incluso, aun pasando de los discursos a los hechos y desplegando en ese lugar tecnologías que, efectivamente, suponen la aplicación de gran parte de las mejores tecnologías disponibles en el campo de la eco-innovación. A pesar de ello, hoy seguimos esperando a conocer el resultado de los indicadores de rendimiento ambiental que nos permitan evaluar el comportamiento ecológico de esta ciudad o si sus proyecciones sólo forman parte de un nuevo discurso utópico. 

También Songdo, a pesar de apostar primordialmente por la tecnología ubicua como su principal atributo, ha utilizado la sostenibilidad como elemento diferenciador. Se trata de una justificación especialmente explícita en los proyectos de smart city from scratch, que buscan idealmente diseñar un modelo urbano desde cero para demostrar el potencial ambiental de las nuevas tecnologías inteligentes, prestando escasa atención a la complejidad de las relaciones entre sociedad, tecnología y sostenibilidad. De esta manera, se establece una relación lineal entre sostenibilidad y tecnología como vía para la mejora del comportamiento ambiental y la eficiencia en el consumo de recursos de sistemas e infraestructuras abstrayéndose de otras consideraciones desde la ecología política, la economía ecológica, el metabolismo urbano o la psicología ambiental.

miércoles, 4 de junio de 2014

Espacio Público y Participación Ciudadana (Santander, 30 de julio)

La Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en el marco de sus cursos de verano, ha organizado un próximo curso relacionado con la sostenibilidad urbana en el que tendré la oportunidad de participar. Bajo la dirección del Plan Estratégico de Santander y el Banco Interamericano de Desarrollo, tendrá lugar del 28 de julio al 1 de agosto con el siguiente programa:

28 de Julio de 2014  
  • La ciudad como epicentro de desarrollo económico. 
  • El fenómeno de urbanización a nivel global, y el caso de América Latina. 
  • Modelo de planificación para la Sostenibilidad de ciudades del BID 
29 de Julio de 2014 
  • La Sostenibilidad Ambiental y Climática 
30 de Julio de 2014 
  • Espacio público y participación ciudadana 
  • Diseño Urbano, Sostenible e Integral 
  • La movilidad y el desarrollo urbano como elementos de planificación conjunta 
  • El desarrollo de aplicaciones inteligentes para mejorar la gestión integral de ciudades: La Ciudad Inteligente 
31 de Julio de 2014 
  • La Sostenibilidad Fiscal y Gobernabilidad 
  • Financiación de infraestructura 
  • Casos y Experiencias Internacionales 

1 de Agosto de 2014 
  • Visión de los bancos de desarrollo sobre la sostenibilidad de Ciudades 
Yo participaré en la sesión dedicada al espacio público y la participación ciudadana (30 de julio) y estoy empezando a preparar la intervención, así que seguramente en los próximos días iré publicando en el blog las ideas que surjan en el proceso.

Puedes acceder aquí al programa.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Uso de espacio e infraestructuras

Siguiendo con la breve nota de ayer sobre usos del espacio y modo de transporte, aquí va otra imagen interesante, originalmente planteada la comparación por Steve Mouzon en The price of speed, y que muestra la comparación de usos de un área similar en Florencia y en un intercambiador de carreteras en Atlanta.


O cómo obtener resultados tan diferentes con una misma superficie, no sólo desde lo puramente construido, sino desde el punto de vista de la complejidad, la mezcla de usos y el potencial de vida que encierra cada caso. La comparación, sobre todo a la vista de la imponente presencia de una ciudad histórica como Florencia, llama la atención en Estados Unidos, donde su cultura del urban sprawl ha estado indisolublemente unidad a este tipo de infraestructuras de movilidad basadas en el vehículo privado, pero aquí también hemos abusado de la ocupación del territorio para dotación de infraestructuras (en muchos casos, sobredimensionadas y absurdas).

martes, 26 de noviembre de 2013

Uso de espacio y modos de transporte

Una nueva variación sobre el mismo tema que ya ha aparecido en el blog en La percepción subjetiva del espacio público. Un ejemplo, Repensando la superficie dedicada al coche o Aparcar en un mundo de petróleo barato. La clásica imagen que compara el espacio ocupado para mover el mismo número de personas según utilicen el vehículo privado o el transporte público. La imagen de abajo la ha publicado la la autoridad regional de transporte de Baden-Wettingen (Suiza).


Visto de otra manera, la infografía de abajo, realizada por el Asian Development Bank, detalla la cantidad de personas que puede mover en una hora un carril de 3,5 metros de ancho en un viario urbano, señalando el nivel de eficiencia en el uso del espacio de diferentes modos de transporte.



miércoles, 13 de noviembre de 2013

Ciudades sostenibles en Master Cleantech de la Universidad de Deusto

Esta semana voy a dar unas sesiones en el Master de medio ambiente y tecnologías limpias (cleantech) de la Universidad de Deusto. Es un programa que cubre de manera amplia los diferentes aspectos relacionados con la eco-innovación y en el que tiene cabida también la variable urbana, que es el tema que abordaré estos días.

En este marco sobre la ciudad sostenible he planteado dos grandes bloques. Por un lado, un bloque sobre sobre la importancia de la sostenibilidad de las ciudades en un mundo urbano, en el que cabe un análisis de estadísticas y patrones de urbanización mundial y sus diferencias regionales, así como un repaso a algunas dinámicas de concentración de la economía urbana global en entornos locales. Son algunos elementos de contexto para entrar después en cuestiones más específicas: el cambio climático como expresión de la tensión global-local en relación a los impactos ambientales de esos patrones de desarrollo, un marco para el urbanismo sostenible y los instrumentos de ordenación y planeamiento y, por último, un repaso sintético de nuevas prácticas y tipologías de proyectos urbanos en línea con la sostenibilidad.

El segundo bloque es más cercano aún a las tecnologías limpias de manera específica ya que es el momento perfecto para conectar lo anterior –el contexto urbano- con las tecnologías urbanas y la omnipresente smart city. Aquí, a pesar de ser muy crítico y empeñado en matizar tantas promesas del discurso de la ciudad inteligente, tengo que ser descriptivo, al menos en la primera parte. Así que será una especie de estado de la cuestión en relación a los vectores tecnológicos y los sectores de servicios urbanos más implicados en el desarrollo de una nueva generación de soluciones urbanas sostenibles. Titánico esfuerzo para el poco tiempo disponible, pero estará bien dibujar el contexto y sus actores (gobiernos locales, ciudadanía,  empresas tecnológicas, utilities, prestadoras de servicios,…) antes de entrar en la necesidad de urbanizar la tecnología, punto en el que tocará profundizar en el significado de estos cambios tecnológicos, en dónde reside la eco-innovación que prometen  y su capacidad real de transformar los patrones de desarrollo sostenible.

Dicho todo esto, en realidad, con no aburrir y poder provocar un buen debate de fondo me conformo.

jueves, 2 de mayo de 2013

Urbanismo, movilidad y accesibilidad

Esta semana se han celebrado en Granada las jornadas El futuro de la ciudad: accesibilidad y movilidad, organizadas por la FEMP y el Ayuntamiento de Granada (junto con un gran trabajo organizativo de La Ciudad Accesible). Como comenté, he tenido la oportunidad de participar con una contribución introductoria sobre las relaciones entre el urbanismo y la movilidad, en el marco de diferentes sesiones centradas en analizar aspectos sobre las condiciones de igualdad en el acceso y disfrute a de la ciudad, el papel de los diferentes modos de movilidad o la tecnología.
Dejo aquí el documento que utilicé, que quería servir como introducción de conceptos e ideas que se abordarían de forma específica en las diferentes sesiones. Partiendo de una serie de reflexiones en torno a la sostenibilidad y la necesidad de respuestas integrales respecto a la movilidad y la accesibilidad en las ciudades, así como el papel del urbanismo y la concepción física de la ciudad como un factor determinante de las dinámicas sociales y las necesidades de movilidad. En concreto, trataba de abordar tres grandes bloques de ideas
  • Una reflexión inicial sobre lo que podríamos llamar "pequeñas renuncias" individuales, sociales, de diseño y de planificación que son las que han modelado la concepción sobre el urbanismo, sobre el sistema de movilidad y accesibilidad y sobre el equilibrio modal y el acceso en condiciones de igualdad de las personas.
  • Unas ideas sobre de qué forma el modo de hacer urbanismo puede facilitar reconducir el sistema hacia un modelo más equilibrado y de equidad en el acceso y el disfrute de la ciudad.
  • Algunos ejemplos sobre herramientas de diseño, de análisis, de información y de organización espacial para hacerlo posible.




martes, 8 de enero de 2013

Book. Green cities of Europe

Timothy Beatley has edited a remarkable collection of essays depicting some of the most prominent examples of sustainable local policies in Europe (the usual suspects in most of the cases, but also other cities with even more complex urban systems such as London or Paris). Again, a look from the United States on the experience of European cities in delivering green policies, with contributions from professionals involved in these policies throughout the years:  Lucie Laurian (Paris), Dale Medearis and Wulf Daseking (Freiburg), Michaela Brüel (Copenhagen), Maria Jaakkola (Helsinki), Marta Moretti (Venice), Luis Andrés Orive and Rebeca Dios Lema (Vitoria-Gasteiz) and Camilla Ween (London).


Green cities of Europe can serve as an incomplete catalogue of leading cities in Europe (pioneers to some extent in the case of Freiburg, Vitoria-Gasteiz or Copenhagen, for instance) and their major achievements in terms of promoting sustainable patters in urbanism, a better metabolic approach on energy consumption, the integration of biodiversity actions, clear focus on urban spaces as catalysers of social activity and emotional ownership  or robust public transportation systems, among other green urban strategies. The success and sometimes visionary work of these cities has become an inspiration for other cities pursuing innovative actions to commit to sustainable strategies in their policies in what appears to be a proposition for the European Dream for US cities. As such, this directory of seven stories provide readers with practices in different urban policy fields that illustrate how long can decisive local authorities go on their own.

TABLE OF CONTENTS
Chapter 1. Introduction: Why Study European Cities?
Timothy Beatley

Chapter 2. Paris, France: A 21st-Century Eco-City
Lucie Laurian

Chapter 3. Freiburg, Germany: Germany’s Eco-Capital
Dale Medearis and Wulf Daseking

Chapter 4. Copenhagen, Denmark: Green City amid the Finger Metropolis
Michaela Brüel

Chapter 5. Helsinki, Finland: Greenness and Urban Form
Maria Jaakkola

Chapter 6. Venice, Italy: Balancing Antiquity and Sustainability
Marta Moretti

Chapter 7. Vitoria-Gasteiz, Spain: From Urban Greenbelt to Regional Green Infrastructure
Luis Andrés Orive and Rebeca Dios Lema

Chapter 8. London, England: A Global and Sustainable Capital City
Camilla Ween

Chapter 9. Conclusion: Green Cities of Europe as Compelling Models
Timothy Beatley

lunes, 12 de noviembre de 2012

¿Son sostenibles las ciudades de España?, en CONSUMER

Alex Fernández Muerza lleva años haciendo un gran trabajo de divulgación científica en el canal de medio ambiente de Eroski Consumer. Hace unos días me pidió mi opinión sobre la sostenibilidad de las ciudades en España a raíz de la publicación del informe 25 ciudades españolas sostenibles. Se trata de un estudio que tuvo una amplia repercusión. Ya se sabe que los rankings quedan muy bien en los titulares de los periódicos. Sin embargo, en pocas semanas la web donde se alojaba el documento y el contexto del trabajo ha desparecido, aunque aún se puede encontrar información en el blog Ciudades del Futuro de Siemens (entidad patrocinadora de la investigación) e incluso al documento se puede descargar en algún sitio.

El articulo ¿Son sostenibles las ciudades de España? reúne la opinión de diferentes personas a las que Alex nos pidió nuestro punto de vista  sobre los resultados que ha ofrecido este informe y cuáles son los retos de la sostenibilidad para las ciudades españolas (y habrá un segundo artículo centrado en propuestas). Alex ha recogido bien los puntos más importantes de lo que le transmití, pero aprovecho para dejar el texto completo:

¿Qué opinas sobre el estudio 25 ciudades españolas sostenibles que publicó Siemens-KPMG en el que señalaba a Madrid como la ciudad más sostenible de España?
En mi opinión, los rankings de ciudades –en general, todos los rankings que actualmente están tan en boga, como los de universidades- hay que tomarlos con mucha precaución. Los rankings de ciudades se han convertido muchas veces en un instrumento de relaciones públicas, tanto si son promovidos por ciudades particulares como por empresas concretas, más que de análisis realista. Sin querer restar valor al trabajo de recopilación estadística en los que muchas veces se basan, en la metodología está la trampa. Los rankings, que al final tratan de llegar a un índice global que integra diferentes variables, no son nunca una evaluación aséptica porque siempre van a tener sesgos en la selección de los indicadores, en la elección de las ciudades a estudiar, en la ponderación de cada una de las variables, en la disponibilidad de datos, etc. Por otro lado, las ciudades son entornos mucho más complejos que la suma de sus partes y el funcionamiento real de una ciudad escapa de los límites administrativos a los que remiten necesariamente las bases estadísticas, por lo que los rankings no son más que una imagen muy selectiva.
Todo esto es aplicable al caso del estudio recientemente presentado que, por otro lado, señala conclusiones sorprendentes, casi contra-intuitivas. Tomando como base 25 indicadores – 18 cuantitativos y 7 cualitativos- concluye en 7 índices sectoriales y un global que es el que finalmente acaba teniendo más impacto mediático y, sin embargo, por lo que decía anteriormente es el menos relevante. De hecho, el trabajo en sí tiene más interés por el análisis de cada una de las ciudades, pero entiendo que estos son matices que no caben en un titular.
En definitiva, en mi opinión, lo que menos valor tiene es la propia clasificación. Tiene un valor meramente comunicativo y, sobre todo, arrastra sesgos siempre presentes en estos trabajos.

¿Son sostenibles las ciudades españolas? ¿Por qué?
Necesariamente, no. Las ciudades por definición son insostenibles. La sostenibilidad es más un proceso para repensar la forma en la que hemos organizado la producción, el consumo, la extracción de materiales, los residuos y las emisiones, etc. Las ciudades españolas, por comparación frente al modelo norteamericano, por ejemplo, han tenido siempre una gran ventaja al igual que el resto de ciudades europeas: la existencia de centros históricos relativamente densos y de usos mixtos, que han permitido una buena eficiencia –de nuevo, por comparación- en la organización del transporte y en el uso del territorio. Son embargo, como bien han destacado diferentes estudios y especialmente el Observatorio de la Sostenibilidad en España, las dos últimas décadas han supuesto un cambio fundamental en la expansión territorial. De esta forma, en la misma época en la que nacían diferentes iniciativas hacia la sostenibilidad local y se multiplicaba el compromiso público de muchas ciudades por perseguir la sostenibilidad, dos de los drivers más importantes de la sostenibilidad como el transporte y la movilidad y el modelo territorial han cambiado de manera fundamental creando patrones de impacto ambiental que son muy difíciles de revertir salvo con actuaciones coordinadas, integradas y mucho más valientes.

¿Cuáles son las ciudades que más esfuerzos están haciendo para ser sostenibles? ¿Y cuáles son las que más esfuerzos deberían hacer?
En mi opinión, el reconocimiento de Vitoria-Gasteiz como European Green Capital 2012 es completamente justificado. La capital vasca fue pionera en su momento en desarrollar políticas activas de sostenibilidad de una manera amplia y esta trayectoria consolidada le ha permitido crear una conciencia social muy fuerte y un consenso político sobre la centralidad de estas preocupaciones en la política local más allá de las disputas partidistas. Más allá de este ejemplo, otras ciudades han sido capaces de desarrollar apuestas concretas en diferentes temáticas ambientales. Muchas ciudades han tomado el cambio climático como objetivo y están tratando de reconvertir en la medida de las posibilidades del poder local, sus modelos de consumo energético. Otras, como Zaragoza, por ejemplo, apostaron en su momento por una gestión integral del agua y se han convertido en referencia.

¿Qué debería hacer una ciudad para ser auténticamente sostenible?
El consumo de territorio y la forma urbana es un elemento crítico porque determina durante décadas la forma en la que la ciudad se va a mover, las necesidades de dotación de infraestructuras públicas (equipamientos públicos, red eléctrica, red de saneamiento, etc.) y la integración social de la ciudad. Las circunstancias actuales son más estructurales que coyunturales. En las últimas décadas hemos asistido a una expansión en las afueras de las ciudades que es parte de la explicación de cómo estamos ahora mismo. Todas esas ruinas fantasmales del ladrillazo inmobiliario y todos los desarrollos industriales y residenciales serán un legado para las siguientes generaciones. Así que necesitamos como gran prioridad un urbanismo no expansivo.
A partir de ahí, cualquier ciudad que se plantee en serio su modelo territorial encontrará muchas formas de transformar la ciudad con actuaciones que ya no hace falta que sean testadas porque están suficientemente comprobadas por otras ciudades que han sido pioneras en cuestiones de movilidad (equilibrio entre modos de transporte, peatonalización, calmado del tráfico, promoción del transporte público,…), biodiversidad (reservas urbanas, parques periurbanos,…), eficiencia energética y energías renovables, minimización de residuos, etc.

¿Qué pueden hacer los ciudadanos/consumidores para que su ciudad sea lo más sostenible posible?
Según el día, a veces soy muy pesimista respecto a la capacidad real de la ciudadanía. Es evidente que gran parte de los impactos ambientales tienen como driver el modelo de consumo, pero en muchos de ellos el eslabón final, el consumidor final, es el eslabón más débil porque la suma de acciones individuales (decidir no comprar productos sobre empaquetados en el supermercado o reducir los desplazamientos innecesarios en vehículo privado, por ejemplo) crea cambios muy pequeños en comparación con otras dinámicas que, en ese mismo momento pueden estar creando impactos mucho mayores. La responsabilidad personal es, hasta cierto punto, una forma de diluir la responsabilidad mucho mayor de la forma en la que se diseñan las políticas energéticas. No podemos comparar el valor agregado de tantos actos voluntarios de hacer un uso responsable de la electricidad en casa con la transformación total que supondría un modelo energético realmente favorecedor del mix energético y del autoconsumo y que realmente reflejara en sus tarifas y sistema fiscal un efecto incentivador de la eficiencia y el ahorro. Esto mismo sucede con otros patrones como el transporte, por ejemplo.
Esta postura puede llevar a la inacción individual, evidentemente y no es mi objetivo, pero sí creo que la sostenibilidad es un tema suficientemente complejo como para que merezca la pena entenderlo de forma amplia y que la sociedad entienda qué parte es responsabilidad y compromiso voluntario personal y qué parte responde a condiciones estructurales y a decisiones de diseño normativo e institucional que son las que, en último término, condicionan la pequeña (pero siempre necesaria) acción individual.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Notas sobre urbanismo adaptativo para EQUIciuDAD 2011


@manufernandez
Como ya comenté, estoy preparando unas notas breves que sirvan para desarrollar el debate de la mesa de trabajo que me toca en el congreso EQUIciuDAD el 14 de diciembre. Como siempre, serán ideas que han ido apareciendo en el blog a lo largo del tiempo y que, últimamente, toman la forma de urbanismo adaptativo. Será este el hilo principal que propondré en la mesa.

Unas pinceladas muy selectivas (y parciales, por tanto) de algunos rasgos de la ciudad actual para marcar el punto de partida. La crisis como elemento estructural para la gestión urbana de los próximos años (¿décadas?), el catálogo de pasivos urbanos en forma de infraestructuras, edificios y equipamientos vacíos o infrautilizados, la paradoja de huir de la ciudad y querer quedarnos con el nombre (ficciociudades), la cultura de la infraestructura grabada a fuego en el subconsciente colectivo y las nuevas formas de brutalismo.
Con esto pasaremos a la idea del urbanismo adaptativo, entendido desde tres funciones:
  • Como dinámica de actuación frente a la crisis, que en el caso de lo local toma la forma de una tormenta perfecta.
  • Como estrategia de preparación frente al cambio climático, con los modelos de resiliencia y de transición como alternativas para la adaptación del medio físico, sus infraestructuras y las comunidades locales.
  • Como táctica de intervención en la ciudad (urbanismo táctico) frente al modelo agotado de la planificación jerárquica, centralizada e institucional de la ciudad.
Será cuestión de repasar algunas actuaciones que puedan cumplir estas funciones y comprobar si encajan con la idea de un modelo de sostenibilidad urbana equilibrado. En las condiciones actuales, ya lo he comentado suficientemente en el blog, la agenda de las políticas urbanas va a cambiar sustancialmente. La lógica anterior, basada en grandes proyectos, en un alejamiento del control ciudadano de las actuaciones políticas, en una concepción espectacular de la ciudad, en el descuido de los espacios públicos, etc. está tocada con la crisis (y por otras muchas razones). Pero las ciudades no se paran, nunca se paran, y seguirán pasando cosas. Y entre esas cosas emergen alternativas que han estado arrinconadas estos años. Outsiders que hoy, milagro, aparecen como alternativa porque no hay mucho más que hacer y porque son estrategias de intervención urbana que se han demostrado mucho más eficaces en muchos aspectos.. Acciones urbanas buenas, bonitas y baratas para una nueva forma de entender la agenda urbana y el papel de la ciudad.
Tendremos hora y media para trabajar sobre esto. Espero que la intervención inicial no dure más de 15-20 minutos y sea un poco provocadora para explorar qué hacemos con todo esto y si realmente es una alternativa en las actuales condiciones.
Más:

miércoles, 16 de noviembre de 2011

A finales de mes en Barcelona - Smart City Expo World Congress


Pasaré unos días en Barcelona en el Smart City Expo World Congress, un evento que tendrá lugar del 29 de noviembre al 2 de diciembre. Se trata de un congreso -también con parte expositiva para empresas- con un programa de primer nivel en algunos ámbitos y, sobre todo, con una visión bastante completa de la ciudad desde la perspectiva de la innovación tecnológica. Es una buena oportunidad para escuchar a algunas personas muy relevantes en algunos de estos campos y a las que sigo desde hace tiempo como referencias: Carlo Ratti, Adam Greenfield (hablé de él hace unos días), Anthony Townsend, Greg Clark, Gunter Pauli, Michael Braungart, Jeremy Rifkin (también escribí hace unos días sobre su último libro), Robin Chase, entre otros. Habrá tiempo para escuchar bastantes casos de empresas activas en el desarrollo de nuevas soluciones tecnológicas para el funcionamiento de los servicios urbanos y de ciudades que están desarrollando iniciativas novedosas de implantación de proyectos en materia de movilidad, energía, de smart cities, etc.


Así que, como estaré varios días por allí, seguro que podemos encontrarnos si también vas a asistir o estás por Barcelona esos días. Sólo es cuestión de quedar.

sábado, 29 de octubre de 2011

Emerald cities. Sostenibilidad urbana y desarrollo económico


Hace unos días, repasábamos un libro sobre cómo conseguir que estos tiempos de austeridad económica no sean una excusa para dejar de actuar a favor de la sostenibilidad. Este nuevo libro, Emerald cities. Urban Sustainability and Economic Development, escrito por Joan Fitzgerald, puede dar pistas para ser más ambiciosos aún y esperar que sea precisamente la sostenibilidad urbana un motor de desarrollo económico. En ambos casos, los libros prestan especial atención a la cuestión energética como elemento central del funcionamiento de los sistemas urbanos.
Este libro en concreto es un viaje que empieza y termina en Europa, metáfora utilizada por la autora para plantear una de sus principales tesis: Estados Unidos ha perdido en las dos últimas décadas una inicial posición de dominio en el desarrollo tecnológico de las energías renovables frente al impulso de países como Alemania o Suecia. Las ciudades de Freiburg o Estocolmo son casos de referencia en nuestro entorno más cercano en cuanto a políticas de sostenibilidad energética y, sin embargo, parecen estar a años luz de la realidad de las ciudades norteamericanas, ámbito al que se dirige principalmente el libro. La ciudad alemana, en la frontera entre Suiza, Alemania y Francia, es un ejemplo perfecto para explicar la capacidad de movilización de la economía local que tiene una apuesta por la sostenibilidad de larga tradición (desde 1975, con las primeras movilizaciones ante el anuncio de la instalación de una central nuclear) y que ha dado como resultado no sólo una intensa utilización de las energías renovables en la ciudad, sino un poderoso ecosistema local de empresas de alto valor añadido en el mercado de la energía, principalmente solar y de centros de investigación que son ahora mismo punteros. Del mismo modo, Estocolmo es otro buen ejemplo de cómo desde políticas de planificación urbanística, con el ejemplo de Hammarby Sjöstad a la cabeza, se pueden diseñar las ciudades desde nuevos criterios de eficiencia energética y de utilización inteligente de la energía.

Cuando empecé a leer hace ya tiempo sobre el nacimiento de nuevas fuentes de energía, Estados Unidos solía aparecer como uno de los territorios donde mayor impulso tecnológico existía, donde estaban desarrollando los primeros experimentos de implantación a gran escala de energía solar o los estudios más avanzado sobre el hidrógeno. El libro repasa el parón en la inversión de I+D en esta materia a finales del siglo XX y cómo esto no sólo ha sido un lastre para la economía nacional estadounidense, sino que ha dejado huérfanas a muchas ciudades en la lucha por la sostenibilidad. Sin embargo, el libro de Fitzgerald se convierte en una reivindicación de ciudades que, a pesar de que no hayan sido buenos tiempos para las políticas nacionales de lucha contra el cambio climático y las energías renovables en Estados Unidos, han construido un trayecto propio y se han destacado como ejemplos a considerar. Así, se explica con un importante nivel de detalle las actuaciones públicas y privadas en algunas ciudades en diferentes ámbitos como las energías renovables (Austin, Toledo, Cleveland,... ), la eficiencia energética en la edificación (Los Angeles, Milwaukee, Pittsburgh, Syracuse, New York, ), o el transporte (Denver, Los Angeles, Portland, Seattle).
En todos los casos, el análisis se centra en describir la conexión entre estas actuaciones y la capacidad que tienen de generar oportunidades de desarrollo económico a través del impulso tecnológico y la creación de actividad económica en el tejido local, situando el tema de los green jobs o la economía verde en el terreno de lo concreto y lo que las autoridades locales pueden realizar, incluso a contracorriente de las prioridades de los gobiernos nacionales. Se trata den muchos casos, de procesos que no son propios del modelo institucional europeo, pero aún así son valiosos precisamente porque parecen imponerse otras formas de enfrentar las políticas locales a través de formas público-privadas en las que llaman la atención, sobre todo, alianzas de coaliciones de grupos socailes y ecologistas con sectores económicos para poner en marcha mecanismos de incentivación de otros modelos de gestión y producción energética ante la ausencia de decisión por parte de las autoridades públicas.

sábado, 15 de octubre de 2011

Intervención en EQUIciuDAD 2011


EQUIciuDAD 2011 es un congreso que tendrá lugar el 14 y 15 de diciembre en Donostia-San Sebastián promovido por el Vicerrectorado de la UPV y comisariado por Sinergia Sostenible, que a través de Lorenzo me ha invitado a participar.

El encuentro se propone explorar formas concretas de dar contenido al difuso concepto de sostenibilidad aplicada a la arquitectura y el urbanismo y la equidad como eje transversal de cualquier intervención en la ciudad. Y yo, que no soy ni arquitecto ni urbanista, algo tendré que decir y aún estoy en ello. En cualquier caso, será una buena oportunidad para escuchar y aprender de un buen panel de ponentes (puedes ver aquí el programa completo).Me encargaré de conducir una de las mesas redondas del 14 de diciembre y prepararé para ello una breve presentación de algunos temas para someterlos a debate en el grupo. Como otras veces, tendré que tirar del archivo del blog y de Delicious para encontrar las ideas que puedan ser más sugerentes. Después de tanto tiempo guardando y escribiendo, a veces no es fácil seleccionar, pero me pongo a ello.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Urbanismo y movilidad para una economía de crisis y un mundo post-carbono


La semana pasada estuve en Málaga en la jornada sobre urbanismo y movilidad sostenible que organizaba el Observatorio de Medio Ambiente Urbano de Málaga, de la que ya hablé hace un tiempo. La idea era que yo pudiera encargarme de hacer un repaso de algunos elementos críticos de la relación de lo local y lo urbano con el cambio climático como introducción a los casos que después se presentaban en la jornada. Ante temas tan amplios, no quedaba otra solución que ser selectivo a la hora de seleccionar ciertos aspectos y dejar otros sin abordar, con el riesgo de construir un relato demasiado fragmentario.

Para tratar de evitarlo, la intervención quise estructurarla en torno a dos aspectos que planteé como estructurales: asumir desde lo local que estamos en una economía de crisis y asumir la reestructuración hacia un mundo post-carbono, orientando las respuestas a esto desde un urbanismo adaptativo. Como otras veces, el relato resultó ser una revisión de lo que he escrito, leído y archivado últimamente sobre estos temas, una ocasión perfecta para ordenar y dar un poco de forma a tanta información. También como otras veces, el deseo de hacer una redacción más acabada de todo ello. Con un poco de suerte, esto será posible en las próximas semanas, para que no quede sólo en el documento de presentación que utilicé y que dejo aquí:



martes, 21 de junio de 2011

La nueva sede de Apple. Te la han colado, Steve


Por una vez, voy a hacer excepción de una de las reglas de este blog, la de no escribir ni prestar atención a la última tontería de Steve Jobs. Le he cogido un poco de manía a este hombre, y creo que él personalmente tampoco tiene la culpa, pero me cansa su presencia exagerada en esas confusas secciones de los periódicos que bajo el título Tecnología, esconden sólo una admiración acrítica a cualquier nimiedad en el mundo de los gadgets, videojuegos y cualquier otra cosa que suene a trending topic. Cada uno tiene sus batallas particulares: mis dos pequeñas batallas son, por un lado, huir de esta inflación de hiper-atención al hígado de este señor y, por otro lado, convencer a la gente de que no es tan difícil usar bien las opciones por qué / por que / porqué /por qué.
En fin, a lo que iba. Que esta vez voy a dedicar unas líneas a la última ocurrencia de estos genios que ocupan portadas de diarios supuestamente serios día sí y día también. El último último efecto de marketing de Apple ha sido presentar al mundo su nueva sede corporativa. Es ver las primeras fotos y pensar que es una auténtica idiotez de edificio. Para mayor gloria de Steve Jobs, de Norman Foster y de la banalidad de la era de las manzanas. La Ciudad de Apple, con todos los ingredientes del urbanismo-espectáculo: por supuesto, lo primero, sus ventajas medioambientales pero, sobre todo, su falsa auto-concepción como ciudad, apropiándose de un concepto -la ciudad- que un desarrollo monofuncional como el diseñado niega completamente; su gigantismo y su modernidad complaciente (a estas alturas, ¿una nave espacial?).
Lo más sorprendente es que, con una primera impresión, uno piensa que al pobre Jobs se la han colado, o que ha caído en la fatuidad de la arquitectura con firma estrella. Le han colado un proyecto constructivo que, conceptualmente, chirría por todos lados con la supuesta imagen urbana, dinámica, cosmopolita y abierta de Apple.

Por un lado, porque siendo Foster su arquitecto, el referente más cercano de este proyecto es Masdar, una ciudad en medio del desierto que no por tener paneles solares se convierte en sostenible. Peor aún, es un proyecto anti-urbano: alejado de la ciudad, sin esquinas ni calles, un edificio circular es la perfecta expresión del ensimismamiento y del aislamiento. Kaid Benfield, como siempre, apunta en la misma dirección señalando que el proyecto va justo en dirección contraria a lo que muchas grandes empresas están intentando -al menos, en ciertas zonas de Estados Unidos- volviendo al centro de las ciudades para aprovechar la efervescencia de la vida urbana y, quién sabe, corriendo así el mismo riesgo que otras empresas corrieron al auto-encerrarse en edificios que quizá reflejan escapismo, huida y auto-exclusión más que otra cosa. Visto desde la distancia con la que miro las novedades de Apple, pero la cercanía con las que sigo por dónde van las cosas en cuanto a la economía urbana, el desarrollo tecnológico y el urbanismo sostenible, resulta un proyecto sorprendentemente equivocado. Me xtraña viniendo de una compañía que nos hace creer que es el colmo de la modernidad y que somos el colmo de la modernidad si compramos sus aparatos, que se instalara en un centro urbano, en un brownfield proclamando su aspiración a ser motor de la renovación de la comunidad o cualquier otra cosa. Para mí que se la han colado a este hombre porque es un proyecto completamente lastrado por el pasado, por una concepción muy vieja de los usos del espacio, de las relaciones empresa-ciudad y de la sostenibilidad.
Respecto a este vídeo, no sé si es meramente anecdótico o dice muchas cosas. Se trata de una audiencia pública en el ayuntamiento de Cupertino en la que Steve Jobs expone su proyecto constructivo y los beneficios que traerá a la comunidad. Quizá sea un signo positivo si lo vemos como un ejercicio de transparencia pública de un proyecto urbanístico que difícilmente podríamos ver aquí (¿se imaginan a cualquier gran arquitecto dando cuenta pública en la sala de plenos del ayuntamiento de su proyecto de museo o de palacio de deportes?). O quizá me quedo con la cara de embelesamiento con la que le miran todos.


 Imagen: Apple via YouTube

lunes, 13 de junio de 2011

Las paradojas de la relación cambio climático-municipio


Hace unas semanas el programa UN-Habitat hizo público el Global report on human settlements 2011, que dedica a analizar la relación entre el cambio climático y el mundo urbano. Un fantástico compendio de las diferentes aristas de esta relación, como corresponde a este tipo de informes que, a pesar de su escasa influencia, suponen una referencia anual y su enfoque monográfico, un buen radar para encontrar temas centrales en el debate urbano. El documento sigue, además, un esquema básico que pasa por temas como la definición del reto climático para las ciudades, el esquema institucional de acuerdos y cooperación climática, el origen de la contribución de las áreas urbanas al cambio climático, los impactos del mismo sobre las ciudades y una revisión del panorama de actuaciones de mitigación y adaptación desde las políticas urbanas.

En un mundo tan urbanizado, la fórmula  de organización colectiva de forma urbana es un elemento central del debate sobre el cambio climático. Pero, ¿cómo medir la contribución de las áreas urbanas? ¿Qué papel juega mi ciudad en el aumento de los gases de efecto invernadero? La dificultad metodológica para encontrar un método de cálculo fiable, estandarizado y robusto para medir la contribución de las áreas urbanas en el mundo en el cambio climático hace complicado establecer una cifra sobre cuál es esa contribución (dificultad para establecer los límites de la ciudad, variabilidad de los datos en función de si se miden las emisiones sobre la producción o sobre el consumo, etc.). En realidad, a efectos globales tiene poco interés más allá del estadístico. El propio informe reconoce que existe esta dificultad. Más interesante es que las ciudades puedan realizar sus propios cálculos, realizando inventarios de emisiones a escala local que, aunque también enfrentan dificultades metodológicas, al menos dan una imagen adaptada a la realidad de cada ciudad a partir de lo que se quiere y puede medir en cada caso y permite disponer de un diagnóstico para acometer acciones de reducción de emisiones. En este sentido, en marzo de 2010 vio la luz el International standard for determining greenhouse gas emmissions for cities, que aspira a calificar al menos algunos aspectos de esta labor de inventario.
Como otras veces, remarco mis dudas sobre el impacto de las acciones locales de mitigación. En muchos casos, y nuestro país es un buen ejemplo, la distribución competencial y el marco institucional en el que se mueven los municipios reduce mucho su capacidad de influencia sobre la dinámica global de emisiones. Posiblemente pienso sobre todo en la movilidad, el verdadero problema de las emisiones de CO2. La ya clásica figura que relaciona la densidad urbana con la energía consumida por el sector transporte pesa como una losa al pensar en que, las pequeñas acciones de movilidad sostenible son claramente engullidas por el enorme impacto del modelo urbano en la mayor parte del mundo y en lugares altamente poblados:

Quizá en materia de edificación los ayuntamientos tienen más capacidad para reconducir las cosas, pero esto también es posible sólo con el concurso de legislación supramunicipal. El informe UN-Habitat sintetiza en cuatro grandes factores los que definen el nivel de emisiones de una determinada ciudad: factores geográficos de los cuales se deriven determinadas necesidades de iluminación, calefacción y aire acondicionado, la situación demográfica (una determinada pirámide poblacional denota determinados comportamientos de la sociedad en su conjunto; la transición hacia familias de menos miembros,...), las características de la economía urbana pero, sobre todo, la forma urbana y la densidad, razón por la cual, tanto el sector de la edificación como el transporte son sectores en los que la experiencia está demostrando que, a pesar de los esfuerzos, las tendencias no se reconducen sino que, al contrario, el enorme proceso urbanizador en África, Asia y América Latina está sumando más emisiones a la atmósfera.
En el lado de la mitigación, el informe UN-Habitat es excesivamente político. Mientras que reconoce con precisión el efecto de las ciudades sobre las emisiones globales, situando lo urbano como gran fuerza motriz, se queda en argumentos bastante débiles y discursivos sobre la contribución de las ciudades a mitigar estas emisiones. El tan manido "las ciudades no son el problema, son la solución" lo justifica por el nivel de responsabilidad que tienen los municipios en la mayor parte de los procesos que generan emisiones, confundiendo responsabilidad con competencias y liderazgo, que serían argumentos de mayor peso. Junto a ello, señala otros recursos clásicos que tampoco son en la práctica excesivamente convincentes o generalizables: el papel de laboratorio de soluciones que pueden jugar las ciudades, olvidando la dificultad para generalizar muchas acciones experimentales; o la concentración en las ciudades de actores individuales adoptando compromisos contra el cambio climático, pensando posiblemente más en la industria que en cambios sustanciales de fondo de las prácticas de consumo y estilo de vida. En cualquier caso, el informe reconoce que las ciudades, en muchas ocasiones, sólo son capaces de dar respuestas fragmentarias y que existe una paradójica distancia entre la retórica y la acción, especialmente cuando el gran desafío se encuentra en las grandes ciudades globales y megaciudades. Del mismo modo, tras estos años de acción local contra el cambio climático, UN-Habitat reconoce otra paradoja crítica: las medidas más fáciles de tomar contra el cambio climático desde lo local son las que menor impacto tienen en cuanto a reducción de emisiones, mientras que las de impacto más profundo son altamente complejas.
Del lado de las consecuencias del cambio climático, las áreas urbanas enfrentan riesgos particulares en cuanto al aumento del nivel del mar, los ciclones tropicales, episodios de fuertes lluvias que provocan inundaciones y corrimientos de tierra, episodios de calor extremo y sequías, impactando fuertemente sobre las diferentes infraestructuras físicas, sobre la economía, los ecosistemas y l biodiversidad, la salud pública o el bienestar social, generando unas condiciones de vulnerabilidad de los sistemas urbanos que cada ciudad ha de saber interpretar para responder frente a ellas. En este aspecto, el informe señala la enorme disparidad entre las áreas urbanas en países en desarrollo frente a la de los países más desarrollados. Pero también tenemos una nueva paradoja, porque las grandes áreas urbanas tienen en su masa crítica una enorme debilidad (escala del riesgo) pero también mayor capacidad de actuación por la acumulación de capital humano y financiero para afrontar las consecuencias del cambio climático algo que, sin embargo, no se cumple en la mayor parte de las áreas urbanas más pobladas, situadas en países en desarrollo. Los suburbios de cualquier megaurbe en estos países son, sin duda, las zonas más expuestas a los riesgos climáticos, por su evidente falta de infraestructura física de urbanización de calidad.
Por último, el informe es un buen catálogo de coaliciones locales de lucha contra el cambio climático. La gobernanza del cambio climático descansa principalmente en un modelo de acuerdos multilaterales impulsados desde el IPCC, modelo que, además de las debilidades por todos conocidas, apenas consigue tener en cuenta la realidad de las autoridades locales. Por ello, el informe repasa otros marcos de concertación internacional, tanto a nivel bilateral (proyectos de cooperación entre países donde la variable local suele estar más presente, como el  Global Climate Change Alliance de la UE o el Cool Earth Partnership de Japón), como supraestatal o regional, así como otros programas nacionales, categoría en la que incluiríamos, en nuestro caso, la Red Española de Ciudades por el Clima. Más relevancia han cobrado las redes internacionales de cooperación local en la materia, donde tenemos una amplia batería de organizaciones: ICLEI-Local Governments for Sustainability, el antiguo Large Cities Climate Leadership Network (conocido ahora como C40 Cities tras su reciente fusión con la Clinton Climate Initiative), el World Mayors Council for Climate Change, Climate Alliance, Asian Cities Climate Change Resilience Network o el Covenant of Mayors de la Unión Europea. Y, junto a ello, redes de ONGs como Climate Action Network, plataformas de investigación como el Urban Climate Research Network u organismos de colaboración público-privada como The Climate Group.
Una de estas coaliciones es el C40 Cities Climate Leadership Group, que recientemente ha colaborado con ARUP en una publicación (Climate action in megacities: C40 cities baseline and opportunities) sobre el papel de las grandes ciudades -este es el foco de atención de esta coalición- en materia de cambio climático, y ha producido también un vídeo que dejo aquí:



miércoles, 23 de febrero de 2011

De la ciudad sostenible a la smart city. No perder la perspectiva


@manufernandez
Smart cities por todos lados. Ahora toca hablar de esto. Borrón y cuenta nueva, que llegan nuevos aires y nuevos generadores de discurso en torno a la ciudad. Sueños imaginarios de ciudades perfectas en un mar de ubicuidad digital donde la información fluye perfecta,  la ciudadanía se conecta a los flujos de información urbana para operar en tiempo real y la web nos da otro paraíso más. Tengo la impresión de que tenemos que correr un poco menos. Que la tecnología está bien, pero en su medida y, total, siempre depende del uso que hagamos de ella. Y, según de quién venga y del control que tengamos sobre ella, la cosa tiene una pinta u otra.

Si utilizamos como barómetro la presencia del tema en publicaciones no especializadas, al poner todas las referencias juntas entendemos bien que estamos ante una nueva ola. De una selección desordenada podemos destacar casos como TIME, que dedica un especial al tema, Guardian publica una sección (de nuevo con IBM de por medio) titulada Smater Cities, The Times también dedicó un suplemento al tema hace unos meses, Financial Times tiene un completísimo especial dedicado a The future of cities que, si bien, es de todos los ejemplos, el de mirada más amplia, dedica atención especial al papel de la tecnología en la transformación de las ciudades, National Building Museum (en colaboración con IBM) abre un programa de reflexión (Intelligent Cities Initiative), Institute for the Future publica un completo mapa de tecnologías que afectarán a las ciudades en el futuro, GOOD destaca entre las publicaciones digitales con Cities rethought, e incluso El País publicó un reportaje sobre el tema. Por no hablar de medios más especializados, tanto desde ámbitos de análisis urbano como desde entornos más vinculados a lo digital en sentido amplio.
Mi impresión desde hace un tiempo es que todo esto es demasiado confuso, fruto de los acercamientos y disciplinas diversas que se están aproximando al tema (lo cual es bueno) y también fruto de visiones más interesadas por vincular el término a unas cuestiones más que a otras (lo cual es un poco más preocupante). Así que estos son unos apuntes más bien fragmentarios pero con los que intento al menos organizar las piezas del debate y desbrozar un poco los aspectos más críticos. Y, como ha quedado un poco largo, lo publicaré poco a poco. Este primer post es una introducción a la confusión terminológica, y después vendrán otros sobre la relación de este tema con la energía y el mundo digital, sobre su vinculación a determinados sectores industriales y la oportunidad de transformación tecnológica que puede representar y, también, una revisión de los proyectos que hoy en día se están definiendo como "smart cities". Terminaré con una revisión de las consecuencias sociales y políticas de estos planteamientos.

De la ciudad sostenible a la smart city
Parto, en primer lugar, de una constatación que apuntaba Nate Berg hace unas semanas ('Smart Growth' Replaced by 'Intelligent Cities') a partir de un artículo en USA Today (Will 'intelligent cities' put an end to suburban sprawl?): smart cities como nuevo eslabón léxico en el discurso urbano que sustituye a otros que hemos utilizado en los últimos tiempos como ciudades sostenibles o smart growth, dos términos que no son sinónimos exactamente pero comparten -frente a smart cities- la exclusión de lo tecnológico como elemento central de las propuestas de mejora urbana. ¿Se acabó el sueño de la sostenibilidad local y empieza la utopía de la ciudad tecno-inteligente? ¿Gato por liebre?
Tengo muchas dudas de que la solución a los problemas de sostenibilidad a todos los niveles -también a escala local- venga de la mano de milagrosas soluciones tecnológicas. Es una duda de principio que, después, admite que, evidentemente, la eco-innovación aplicada al funcionamiento urbano tiene mucho que ofrecer en forma de mejora de eficiencia en el metabolismo urbano pasivo, es decir, todo aquello donde el uso humano de la tecnología y los patrones de comportamiento y consumo no tengan mucho que decir. Por poner un ejemplo: las smart grids suenan bien, y generarán una gestión por parte de los propietarios de la red y de las empresas distribuidoras más eficientes, pero hasta ahí. El eslabón débil de la cadena es el consumidor final donde, se me ocurre, que es mucho más eficaz ambientalmente un sistema de precios inteligente más que contador inteligente.
Además, como casi todo en esta época, la ola smart city no tiene memoria y corre el riesgo de olvidar los desarrollos teóricos y las propuestas previas. ¿No habíamos quedado en que las estrategias sostenibles eran, sobre todo, una manera inteligente de vivir? ¿Qué va a venir a enseñarnos ahora la smart city? Quizá un poco cínico pero, ojo, que no se nos olvide. Leo estas once ideas y me parecen un acercamiento mucho más inteligente a la ciudad inteligente y sostenible. No son necesariamente incompatibles, pero a veces lo parecen y, sobre todo, lo nuevo -smart city- no construye realmente sobre lo que hasta ahora parecía algo que empezaba a asentarse. Esto lo explica muy bien Brent Toderian en "Intelligent City Model" Complements Smart Growth - Doesn't Replace It!, con una anécdota en España precisamente y que comparto completamente:
At a conference late last year in Spain, I found myself on panels discussing new technologies that will improve cities, surrounded by tech-company reps hard-pitching to a global audience. I likely disappointed them, by stating that in my opinion the "technologies" that will do the most good, are not new - compact, mixed-use, walkable communities; bikes, separated bike lanes and bike sharing; transit; small scale innovation like wheeled-luggage; simple techniques that we've forgotten like passive building design; or globally-understood tech like district/neighbourhood energy based on renewable resources. But those big companies weren't selling those products. They were selling smart city solutions.

Smart city vs. Intelligent city
De lo anterior podemos constatar, en segundo lugar, puestos a pensar sólo en terminología, que tenemos dos términos que aluden a conceptos diferentes o que, entiendo, tenemos que evitar que sean sinónimos. Intelligent cities y smart cities. El segundo de ellos está bastante más extendido y es el que representa la novedad conceptual, porque es el que evoca la carga tecnológica vinculada a las smart grids, las tecnologías de la información o las infraestructuras inteligentes.
La disputa terminológica no llega a más, es lo de menos. Más importante es que esté presente la inteligencia, con o sin tecnología. ¿Es Masdar una ciudad inteligente? Pues yo creo que no, por muy inteligente que sea toda la técnica puesta al servicio del modelo más completo de construcción ex-novo de una ciudad. No, no es inteligente construir en el desierto de esa manera. ¿Es más inteligente una ciudad por disponer de, digamos, un sistema de metro hiper-tecnológico pero no equilibra suficientemente los diferentes modos de movilidad urbana? ¿Es una ciudad más inteligente por desarrollar un nuevo barrio con todas las prestaciones de una smart city mientras dispone de solares, edificios y locales sin uso?
Posiblemente cínico. O no. Simplemente, que corremos el riesgo de tener la mirada demasiado focalizada, de perder el horizonte y el objetivo. Podrían decir que no tiene nada que ver la línea de desarrollo de la sensórica aplicada, digamos, a la gestión del tráfico con la regeneración y recuperación de la ciudad ya construida. Y aquí es donde volvemos a encontrar otro riesgo de perdernos algo: una ciudad pensada inteligentemente, no una ciudad con artefactos inteligentes.
Continuará....
Imagen tomada de Stuck in customs en Flickr bajo licencia CC BY-NC-SA 2.0

martes, 22 de febrero de 2011

Buscando un modelo urbano para las ciudades en transición


Continuación de La necesidad del debate de la sostenibilidad local y Un reto global para un mundo urbano.
Estas transformaciones son la clave para entender por qué tenemos que repensar el modelo urbano dominante. La cuestión es hacia dónde avanzar, cuál es el nuevo modelo urbano a seguir. Un desarrollo urbano sostenible pasa por algunos criterios de referencia. Por un lado, es necesario que las políticas de competitividad económica local se integren a largo plazo y se orienten a una visión sistémica de las ciudades, poniendo la cohesión social y el derecho a la ciudad como objetivos irrenunciables, junto con la promoción de un modelo económico e industrial respetoso con el medio ambiente y que no haga depender el progreso económico del aumento del consumo de recursos. Por otro lado, hace falta repensar las ciudades en cuanto a su escala y estructura, porque ambos factores condicionan ampliamente las presiones sobre el medio ambiente y la calidad de vida que ejercen la edificación, el urbanismo o el transporte y la movilidad urbanas. Este último elemento es de particular significación. Hemos asistido en las dos últimas décadas a un proceso de extensión de las formas de urbanización dispersa que significan el principal patrón de insostenibilidad de las ciudades que hoy hemos heredado. Este es un patrón que ha modificado, como decíamos, tanto la escala como la estructura de nuestras ciudades, transformando su funcionamiento. Y, la ciudad entendida en términos metabólicos, funciona como un organismo altamente demandante de recursos y generador de residuos.
De forma general, una ciudad más sostenible en términos ambientales ha de ser capaz de reducir el consumo de energía y de materias primas de las actividades típicamente urbanas (transporte, edificación), integrar el respeto al entorno natural y la presencia de biodiversidad dentro de la propia ciudad, minimizar la demanda de transporte, reconducir las políticas expansivas de consumo de suelo, asegurar una salud urbana que elimine al máximo los efectos perjudiciales para la salud del funcionamiento urbano y, en último lugar, organizar de forma adecuada los flujos de materiales con su entorno. Una ciudad cuyo diseño y funcionamiento esté pensado para las personas que la habitan.
Siguiendo estas pautas generales, en los últimos tiempos las ecociudades han aparecido como promesa para traer la sostenibilidad urbana. Se plantean como proyectos integrales de construcción de espacios utópicos de desarrollo de nuevos entornos habitables que cumplen al máximo con los requerimientos de reducción de emisiones de CO2 (zero emissions), de residuos (zero waste), etc. Encierran una visión optimista (se puede construir desde sus bases una estructura urbana capaz de ser sostenible por sí misma y de mantener un equilibrio sistémico en su funcionamiento ecológico) pero también una visión pesimista (es imposible conseguirlo en la ciudad ya construida y no merece la pena dedicar esfuerzos a resolver la insostenibilidad del modelo urbano actual).
Se trata de un debate es urgente; primero, porque las grúas se han parado y los cantos de sirena del cambio de modelo productivo hablan de sostenibilidad y la tentación puede ser aspirar a crear nueva actividad en el sector de la construcción promoviendo desarrollos en forma de ecociudades ex novo. Y, en segundo lugar, porque lo absolutamente urgente es la apuesta decidida por la rehabilitación del parque de vivienda privada, áreas industriales y equipamientos y edificios públicos. Estas ecociudades han podido tener cierto valor demostrativo, como experiencias piloto de posibilidad de aplicación de nuevas soluciones tecnológicas para los sistemas de calefacción, de aislamiento y de consumo de energía en los edificios, pero no son una solución generalizable si se conciben como una nueva etapa urbanizadora. En un país en el que hay miles de viviendas vacías y desarrollos urbanos incompletos no debería construirse ninguna vivienda más en realidad, al menos si atendemos a razones objetivas de utilidad social de la vivienda, y cualquier desarrollo urbanístico que se justifique por sus bondades sostenibles será falso o, en el mejor de los casos, un error bienintencionado. En cambio, una apuesta radical por la regeneración integral del tejido urbano actual representa una fantástica oportunidad de hacer realidad las promesas de la sostenibilidad: recuperar el parque de vivienda más obsoleto para mejorar las condiciones de habitabilidad de los barrios más olvidados de nuestras ciudades, recuperar y reutilizarlos  espacios públicos para dotarlos de sentido en la vida comunitaria, rehabilitar edificios públicos y privados para mejorar su eficiencia energética y que sean activos en la producción de energía renovable, redensificar el suelo ya construido para evitar la ocupación de más suelo, convertir en una prioridad que las ciudades empiecen a pensar en hacer la transición hacia un escenario post-petróleo y, por último, activar los usos comerciales de los centros históricos y los barrios de las ciudades son algunas de las actuaciones que mejor puede ayudar a la transición urbana.

martes, 8 de febrero de 2011

Un reto global para un mundo urbano


Continuación de La necesidad del debate de la sostenibilidad local.
Pensar en las ciudades sostenibles es, en realidad, un desafío global. En Europa, uno de los continentes más urbanizados, en torno al 75 % de la población vive en zonas urbanas, y se prevé que hacia 2020 la cifra aumentará hasta el 80 %. Como consecuencia de ello la demanda de suelo en las ciudades y sus alrededores es cada vez mayor y, acompañado de ello, el consumo de materiales y recursos y la generación de residuos y emisiones, al ser el estilo de vida urbano altamente consumidor de recursos y difícilmente sostenible. La expansión urbana descontrolada está remodelando los paisajes y afectando a la calidad de vida de las personas y el entorno como nunca antes había ocurrido. Si a principios del siglo XX sólo un 10% de la población mundial vivía en asentamientos urbanos, en 2007 esta cifra superó el 50% y se espera que en el año 2050 un 75% de la población mundial viva en ciudades. Este cambio demográfico tiene, además, perfiles muy diferentes en todo el globo. Las ciudades de mayor crecimiento poblacional previsto para los próximos años están localizadas prácticamente fuera del mundo desarrollado: Lagos, Kinshasa, Jakarta, Karachi, Delhi, Dhaka, Nairobi, Manila, Sao Paulo, Guangzhou, Shanghai, Bangalore y una larga lista de ciudades asiáticas y africanas están viendo crecer ya su población en una tendencia que continuará a lo largo del tiempo. Hoy ya hay más ciudades mayores de un millón de habitantes en China (97) o India (40) que en los Estados Unidos (39), y más en América Latina y el Caribe (57) o África (41) que en Europa (40). El siglo XXI se ha convertido en una era urbana que requiere repensar la forma en que se desarrollarán las ciudades en los próximos años. Cuando el mundo occidental lleva apenas un par de décadas tratando de incorporar el discurso de la sostenibilidad y a duras penas llevarlo a la práctica para sostener el modelo de vida que henos conocido, en diferentes lugares del mundo se está dando un proceso urbanizador de escala y rapidez desconocidas. El caso más paradigmático es el de China. Se prevé que en 2030 más de mil millones de chinos vivirán en ciudades, lo que supone que en los próximos años se creará una nueva Pekín al año, y la mayor parte de este crecimiento urbano sucederá en lo que hoy son pequeñas ciudades y no en las grandes megaciudades ya existentes en el país.
La ciudad es, en cualquier caso, un fabuloso invento, un extraordinario artefacto de vida colectiva que posibilita el avance social. Las ciudades actúan como motores del progreso impulsando la innovación y el avance en temas culturales, intelectuales, educativos y tecnológicos. Actúan como economías de aglomeración al igual que históricamente sirvieron también de espacios de libertad y protección, ofreciendo promesas de prosperidad y progreso a sus habitantes recién llegados y a los ya instalados. Sin embargo, los costes de esta urbanización del mundo son evidentes. Este proceso multiplica en muchas ocasiones las condiciones de desigualdad social y crea problemas por la baja calidad de los asentamientos urbanos. Se trata de la gran contradicción de la vida en la ciudad; como afirmaba el informe State of World Population 2007 de las Naciones Unidas, "ningún país en la era industrial ha conseguido crecimientos económicos significativos sin urbanización. Las ciudades concentran pobreza, pero también representan la principal esperanza para salir de ella".

Las ciudades son sistemas complejos de convivencia y su funcionamiento depende, en términos metabólicos, de la entrada de recursos en forma de materias primas (energía, agua,...) y materiales que son después expulsados en forma de residuos y emisiones. La concentración de actividades y personas, algo tan propio de la vida urbana, genera altas necesidades de transporte para que las personas y las mercancías se muevan, demanda una enorme cantidad de energía para iluminación, calefacción, aire acondicionado, refrigeración,... Siendo muy sintéticos, este es el marco general para entender los problemas de sostenibilidad de las ciudades y a partir de ellos se derivan sus consecuencias en cuanto a agotamiento de recursos -siendo el techo del petróleo el principal riesgo a día de hoy-, el consumo creciente de recursos como el agua, la demanda de mayores necesidades energéticas, el acceso desigualitario a los recursos a nivel global y también a nivel local, etc.
La sostenibilidad se ha transformado, por tanto, en un desafío básicamente urbano y la forma en que pensemos y se diseñen las ciudades del futuro -y, no lo olvidemos, especialmente en los países emergentes- será definitivo para poder asegurar un desarrollo humano sostenible en el futuro. Las principales presiones ambientales sobre el medio ambiente proceden del modo de vida urbano, empujadas por fuerzas motrices (hábitos sociales, demografía, modelo de ocupación del suelo,...) sobre las que la capacidad de actuación no es sencilla desde los gobiernos locales. La necesidad de repensar el funcionamiento de las ciudades se ha convertido en más imperiosa si cabe para poder asegurar la calidad de vida a nivel global. Repensar las ciudades en términos de sostenibilidad es el modelo de referencia más asentado en el que queda fijarnos y su aplicación práctica requiere de una acción decidida y coherente, y utilizando estrategias diversificadas. Nueva York, Tokyo u otras ciudades-globales, que actúan como nodos de la economía global y cuentan con una población relativamente estable y una tendencia de ocupación del suelo que tiende a agotarlo y a ocuparse tomando formas suburbanas en las periferias de los centros urbanos. Lo mismo sucede, a muy grandes rasgos, en las ciudades de nuestro entorno, las grandes capitales europeas, que participan igualmente de la economía global y con dinámicas de ocupación del suelo, de necesidades de transporte y de consumo de recursos y materiales muy inerciales. Diferente es el reto de las ciudades de tamaño medio, que en la actualidad se debaten por poder participar en su propia escala en las dinámicas de intercambio económico y la lucha por participar en la competencia urbana a nivel global, necesitando para ello aportar nuevos crecimientos poblacionales, nuevas necesidades de consumo de suelo, etc. Y, por último, tenemos a todas las "nuevas" ciudades que surgen de la nueva geopolítica urbana, situadas en entornos inestables políticamente, muy desigualitarios a nivel social y que cuentan con escasa capacidad económica para atender la llegada de nueva población, que se asienta en nuevas extensiones urbanas en difíciles condiciones de calidad habitacional.
Todas estas situaciones, descritas de forma muy gruesa, forman parte de un mismo desafío, que tendrá una incidencia fundamental en la calidad de vida de los habitantes de las ciudades y determinará las condiciones de supervivencia del planeta. La expansión económica y la expansión de los medios de transporte han posibilitado que en las últimas décadas la morfología y el funcionamiento de nuestras ciudades haya cambiado sustancialmente, y hemos transitado así hacia un modelo de ocupación del suelo que ha promovido el crecimiento territorial de las áreas metropolitanas españolas, de sus grandes ciudades y también del sistema de ciudades intermedias. En todas estas escalas se ha producido un cambio respecto a la forma tradicional de nuestras ciudades, a través de la extensión de los desarrollos en baja densidad, de la extensión de las segundas residencias en el litoral, la expulsión de los centros urbanos de las funciones comerciales antes bien integradas en los centros y hoy en las periferias urbanas y, por último, de la promoción de desarrollos monofuncionales y diferenciados para las actividades económicas y la vivienda. Como afirmábamos en el inicio del artículo, se trata de un fenómeno que está en el corazón de la crisis económica actual y nos obliga a reflexionarlo en términos de modelo de desarrollo económico sostenible.
Continuará con Buscando un modelo urbano para las ciudades en transición
Foto tomada de Earth Observatory
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