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martes, 5 de mayo de 2020

6 artículos sobre pandemias y la densidad urbana

La semana pasada publiqué el artículo Coronavirus: ciudades, pandemias y la cuestión de la densidad urbana y aprovecho ahora para destacar algunos de los artículos que están referenciados en el texto.






jueves, 30 de abril de 2020

Coronavirus: ciudades, pandemias y la cuestión de la densidad urbana

En un mundo crecientemente urbano y en medio de una pandemia global, toca mirar a las ciudades. Al fin y al cabo, por su propia naturaleza se está concentrando en ellas toda la afectación sanitaria, social y económica de la cris del coronavirus. La demografía hoy y mañana se basa en concentraciones de personas y de actividades en núcleos urbanos, suburbanos y/o metropolitanos. Dichos entornos importan aún más en mundo que ha re-descubierto una nueva fragilidad, su exposición a las pandemias. Vivimos un mundo urbano pero, aunque no éramos suficientemente conscientes (a pesar de la gripe aviar, SARS, MERS, H1M1,…), también vivimos en una era pandémica.
Map of cholera cases in London, 1854, created by Dr John Snow, which linked the outbreak to the Broad Street Pump water supply. John Snow/Wikimedia CommonsCC BY-NC-ND


Los virus encuentran en las ciudades el ambiente perfecto para expandirse, no tanto por la densidad residencial, sino por los flujos e interacciones. Este punto es interesante como punto de partida para pensar las ciudades del futuro cercano, porque una de las primeras intuiciones es pensar en las ciudades densas como las más expuestas y las más problemáticas. Concluir esto tiene evidentes consecuencias prácticas: necesitaríamos ciudades menos densas, los entornos rurales estarían mejor preparados, los desarrollos unifamiliares y suburbanos serían los modelos ideales y más seguros, etc. Suena a una tentación anti-urbana. Ejemplos como Wuhan (que no es de las ciudades más densas de China y está lejos de los principales puestos de densidad a nivel mundial, y muy lejos de todas las grandes capitales europeas) o de Nueva York, que han sido grandes focos de contagios, parecerían apuntar en esa dirección.

Sin embargo, esta parece una conclusión precipitada. Puede que sea un reflejo del higienismo pasado, pero tiene poco que ver con el mundo actual y los sistemas de ciudades a nivel mundial, nacional, regional, funcional,…En la era de la conectividad, también la conectividad física, a efectos de preparación para nuevas pandemias la densidad urbana no parece un factor determinante. Al menos si hablamos de densidad y no de otras condiciones como el hacinamiento, los asentamientos informales, etc. Dicho esto, es evidente que las ciudades intensifican el alcance y la velocidad de expansión de brotes de enfermedades infecciosas, pero sobre todo por la intensidad de los contactos y relaciones que se producen en ellas y por ellas. Si bien la exposición urbana a las pandemias es aparentemente mayor, de nuevo más por su alta actividad que por la concentración de habitantes, ya sabemos que las ciudades más densas son las más eficientes a la hora de prestar servicios y, en general, por muchos otros motivos, por lo que su posición de partida para ofrecer una respuesta adecuada a las pandemias es mucho más eficiente que en la ciudad dispersa.

En el único punto en el que no pueden ofrecer una respuesta mejor es en la disponibilidad de espacio para la distancia social (ni en la esfera privada de las viviendas ni en la esfera pública). Respecto a las condiciones de las viviendas, hemos descubierto en las ciudades que los apartamentos y pisos no responden a las necesidades extraordinarias del confinamiento, y si ha de darse una adaptación, esta no será fácil ni rápida (dimensiones, balcones, ventilación, instalaciones comunes,...). Pero en lo que tiene que ver con la disponibilidad de más espacios públicos abiertos, mejores condiciones para estar en la calle con facilidades para la distancia social, la adaptación podría ser mucho más rápida y ahora estamos siendo conscientes de la necesidad de redistribuir los usos del espacio urbano para reducir el espacio dedicado a la circulación de vehículos de motor. Habrá que descubrir cuáles son esos lugares, cómo hacerlos más flexibles para este tipo de situaciones (que, muy probablemente, volverán a producirse), preguntarse cuál es una distribución más equilibrada de los usos del espacios urbano, etc.

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No es fácil escribir sobre esta cuestión pero me he propuesto ordenar al menos algunas lecturas que voy sistematizando. Son apuntes dispersos y poco sistemáticos, como casi todo en este blog desde hace 12 años, pero al menos servirán para detectar algunos temas que creo serán relevantes en los próximos meses o años. 

Posts previos:

martes, 26 de junio de 2012

Pastoral capitalism. How companies left city centres behind (and why this is probably over)


The book Pastoral capitalism. A History of Corporate Suburban Landscapes, by Louise A. Mozingo, addresses a historical perspective on how and why large corporate developments have spread out in suburbia as the main feature of the spatial organization of industrial production in the past decades. How did we come to the conclusion that suburban areas were the most suitable space to host R&D activities of large corporations, the headquarters of those companies or office parks devoted to the service sector? Answering these questions is the aim of this book which deserves to be read by both those  interested in economic geography and business management, architecture, urbanism or landscape studies, as the book is based on a particular economic context (post-World War II in the U.S.) and on a particular business context (the rise of large bureaucratic, hierarchical and functional corporation) to explain the reasons for the dawn  and proliferation of this urban typology, which is so crucial in the American urban model that has been, moreover, the dominant model of territorial expansion in the developed world in the last fifty years.

Mozingo distinguishes three types or evolutionary steps in this kind of industry spatial organization, from corporate campus (centralization and suburbanization of the first centres or corporate R&D divisions), corporate estates (centralization and suburbanization of administrative buildings and corporate offices) and office parks (large urban developments located in the city peripheries intended to be hired by new born or established companies active in high-tech or service activities). Corporate campus represents the first step in this process in which the most important large corporation in the U.S. started leaving city centres (traditional location of factories and industrial production)  in the mid 1940's, while in the early 50´s corporate estates emerged as a second stage, some years before the first office park developments came to light in late 50´s. All of them, despite their different functions, share some  design patterns that have remained consistent until today and form a common landscape: 2-4 storey buildings with large windows, with an avant-garde but discreet design, diluted among a large, bucolic paradise of green trees, rolling terrain lines, artificial lakes, quiet, large areas of parking, entrances, immediate access to the highway, etc. This scenario of naturalised fiction/artificialised nature is used by the author to explain the quick success of this spatial fix in the form of bucolic suburban developments prepared to offer high skilled and white collar workers a suitable place to work out of the saturated, conflictive and chaotic urban centres which had hitherto operated in. An aestheticized nature used as a lure to complete the true suburban living in which living and working could happen in suburbia. In fact, large factories had started to be located out of urban centres in the '20s and '30s and now was the time of the R&D divisions and corporate administrative services, providing skilled workers in their workplace the same aesthetic the suburban housing was offering, the only way to attract engineers and scientists and, at the same time, to avoid labour conflicts by dispersing trade unions activities and de-concentrating workers.  Joining a new architectural design aesthetics, a new scheme of urban zoning with the emerging and soon hegemonic imaginary values ​​of bucolic life, technology optimism, progress and family built the perfect mix that helped to expand this crucial movement of new industrial and economic activities out of cities and towns.


This way of re-organising factories, headquarters and corporate estates reflects the birth of post-industrial work, when large corporations expanded their research staff to increase their R&D activities in a time when scientific corporate management was developing a new theory of business management based on functionalism and structured division of functions. The book brilliantly delves into the intricacies of the decisions taken by the biggest names in business at the time, negotiations with authorities, their vast expenditures on advertising to sell the wonders of these developments, hiring renowned architecture firms, etc.. becoming more than a history of landscape architecture, but a contextualization of different factors that explain the social and business dominant atmosphere in those decades of the 20th century. In fact, this is not the first attempt to understand the birth and role of large corporate industrial parks and, the author recognizes that, among others, the book Technopoles of the World: The Making of Twenty-First-Century Industrial Complexes (Manuel Castells and Peter Hall) advanced the relationship between capitalism, politics, education and these technological power centres, but Pastoral Capitalism now adds a concern for space, architecture and urbanism.
The huge marketing effort done in those days to mainstream these new suburban industrial developments is one of the most significant aspects highlighted in the book. After all, the American dream of suburban life and "your little piece of paradise in nature" was at that time in full swing and it was necessary to embed it in the collective imagination based on ads, brochures and cathode rays. The pastoral green colour always looks good in any real estate brochure and even today is still a general rule in any large development marketing strategy. This strategy of "escaping the cities" even made sense in the Cold War, and was also used by companies as a national security argument pointing out the nuclear fear as justification for the need to leave cities and disperse production and business areas to decentralise potential risks.

There are also the days when the first spatial concentrations of tech-intense activities in the form of clusters sets begin and most of them have survived to this day. The birth of pastoral capitalism is also the birthof Route 128 in Boston or Silicon Valley in San Francisco. This is why the new Apple headquarters (mostly celebrated as another innovative idea of the company) is nothing new and, in fact, is the perfect example of pastoral capitalism as described by Mozingo, mimicking, step by step, business logic, architectural guidelines and urban form that can be found at the corporate campuses built in the '50s such as General Foods or Deere & Company. These are also the days when the Stanford Research Park was born (crucial in the Silicon Valley narrative) or the Research Triangle Park in North Carolina, historical reference of the major technology parks most regions are trying to imitate. These are the times when all these developments were created by the first multinational corporations (in some cases, convicted of monopolistic practices) but with extensive government support, something Margaret O'Mara noted in Cities of Knowledge: Cold War Science and the Search for the Next Silicon Valley when she explained Silicon Valley legend cannot be interpreted without considering the role of public investment in the generation of these areas of knowledge.


Regional and urban economics cannot be understood today without considering the role of technology and industrial parks as places of economic activity concentration and this spatial organisation has been replicated everywhere outside the US. While the model of residential suburbanization has been much more difficult to settle in Europe thanks to the predominance of historic centres -although it is true that in recent decades there has been a significant effect of urban sprawl-, this model of suburbanization of economic activities has been completely hegemonic to an extentthat city centres and surroundings have not been considered as a suitable location for this. In recent times, almost every municipality has developed its own industrial park or office in the suburbs and technology parks in the suburbs have been planned, isolating these creative and most knowledge-intense activities from the possibility of taking the best from cities: diversity, serendipity, complexity and cultural mix. This is why, to rethink sprawl, we´d better start with offices.
Today we see how cities like London and New York understand that we are facing a new economy that is having its particular spatial expression. Looking at their maps of start-up and technology hotspots, we discover there is a change pattern underway. In every city, coworking and collaborative workspaces arise as decentralised hubs of workplaces in a time when the workplace is becoming less a set of office+desk+chair+PC, but more of a continuous flow of moments and spaces in which workers keep digitally connected.  Even some large corporations are starting to go the other way and are re-locating their headquarters in city centres, assuming that high renting prices in city centres are worthy provided this means taking advantage of the possibilities urban life offers.

We now know that the model of spatial organization of labour in post-industrial economy has had a pattern and an explanation. Companies looked for monofunctional and isolated areas as a way to create a productive workspace, leaving back stressful cities to build a perfect paradise of controlled working environment in which hierarchy and specialization could be properly managed. We can also understand why these types of large suburban industrial developments may no longer make sense in the not too distant future, as far as the way we work and the way companies try to interact and create innovative contexts is already changing. The urban melting pot is becoming a spatial condition for creative business environments.
@manufernandez
See also:
Image 1 taken from Saarinen´s last experiment
Image 2: Bell Telephone Company. 

domingo, 22 de abril de 2012

Aparcar en un mundo de petróleo barato


La historia de fondo sobre esta foto es compleja y tiene más que ver con el beisbol, la compra de un equipo por un alto precio y los planes de los nuevos propietarios por hacer algo más que simplemente gestionar un equipo profesional de beisbol. Una historia poco interesante desde ese punto de vista. Lo que impresiona es la foto.

Es el estadio de los Dodgers y aquí puedes ver su localización en el mapa. Creo que la perspectiva de la imagen tiene algo de truco pero, en cualquier caso, refleja muy bien un ejemplo extremo más  de lo absurdo que es planificar pensando en el vehículo privado como único medio de acceso a un lugar. Un enorme trozo de territorio dedicado en exclusiva a una sola actividad con un alto coste ambiental y con una bajísima intensidad de uso. Una solución (hagamos que lleguen en coche y dediquemos todo ese espacio a superficie de parking) que si está ahí, es que alguien pensó que tenía sentido. Así hemos pensado las cosas en un mundo de petróleo barato.

Photo: An aerial photograph of Dodger Stadium in November. Credit: Brian van der Brug / Los Angeles Times. Via: Los Angeles Times tumblr

viernes, 9 de marzo de 2012

Pastoral Capitalism. Cómo y por qué huyeron las empresas de las ciudades


En un post anterior repasé los principales aspectos de fondo del libro Pastoral capitalism. A History of Suburban Corporate Landscapes, de Louise A. Mozingo, pero quedó en el camino entrar con algo más de detalle en cada una de las tres tipologías de desarrollos que la autora propone.

CORPORATE CAMPUS
Los laboratorios y centros de I+D que empezaban a integrarse en las grandes corporaciones necesitan salir del centro de las ciudades, donde hasta ese momento operaban estas compañías. No es lugar adecuado para doctores e ingenieros que, al fin y al cabo ya viven fuera de la ciudad en su ilusión suburbana. Es el principio de la historia de la suburbanización de las actividades intensivas en conocimiento en la posguerra. Bell Labs es el principal ejemplo y el premonitorio de lo que sería después el desarrollo de los corporate campus, con un primer plan de 1942 diseñado por los arquitectos paisajistas y hermanos Olmsted, iniciando así la peregrinación desde el centro de las ciudades (en este caso, Nueva York) a las periferias (las afueras de Summit, New Jersey). Un espacio de atracción para ingenieros, doctores e investigadores en un bucólico escenario suburbano. Estos campus, como concentraciones de los laboratorios especializados de la gran corporación de la post-guerra cumplen todos un patrón arquitectónico y de disposición de sus diferentes elementos: formación circular o cuadrada de los diferentes edificios, que encierran un gran espacio verde y rodeados de árboles, parking y ondulantes líneas en el terreno.
Es el comienzo de las grandes operaciones de marketing para que las empresas aparecieran en la prensa como agentes creadores de entornos privilegiados para vivir y trabajar sin tener que pasar por las ciudades. Es el tiempo en el que estos folletos y anuncios promocionan los valores familiares de la gran corporación y apuntalan la mala imagen que tuvieron los centros urbanos y los CBD en aquellos días. Nacen así los espacios destinados a centralizar y racionalizar las funciones de investigación en la empresa burocrática, con el argumento de estimular la creatividad de los trabajadores más cualificados.


GENERAL ELECTRIC ELECTRONICS PARK (SYRACUSE, 1949). Imagen tomada de USGW


BELLS LAB. Imagen tomada de The Architects Newspaper

CORPORATE ESTATE
Como dijimos, las empresas a principios de los ´50 descubren el éxito de los campus de investigación y apuestan por extender este concepto a sus propias sedes administrativas (headquarters). General Foods, Deere Company y Conneticut General Life Insurance Company destacan aquí por ser los proyectos más simbólicos de esta nueva tipología, que saca ahora del centro de las ciudades a los altos ejecutivos de sus empresas. La ciudad no es lugar para los white-collars. De nuevo, se repite el cuidadoso diseño paisajístico para crear un escenario simbólico de poder en un entorno natural idealizado como iconos de la gran empresa multinacional capitalista, en una tradición que alcanza hasta nuestros días y que, sobre todo en la década de los ´90 vió su gran expansión. De hecho, El éxito de estas formas, en especial del edificio de Deere Company, trajo consigo inmunerables premios arquitectónicos y la explosión de sedes corporativas suburbanas en los ´70, época en la que nacieron las sedes de PepsiCo, American Can o Union Carbide. Y, al igual que los primeros corporate campus en las afueras de San Francisco pusieron el germen de lo que hoy conocemos como Silicon Valley, la expansión de sedes corporativas en los alrededores de Boston fue el detonante de otro de las áreas especializadas de investigación más conocidas y pujantes hoy en día, la Route 128.


DEERE & COMPANY ADMINISTRATIVE CENTER (ILLINOIS, 1964). Imagen tomada de Gardenvisit


PEPSICO HEADQUARTERS (HARRISON, NEW YORK, 1970). Imagen tomada de Glassdoor


MERCK WORLD HEADQUARTERS (NEW JERSEY, 1990). Imagen tomada de Pappironworks

OFFICE PARK
Y por evolución, llegamos al gran modelo de expansión territorial vinculada a la economía del conocimiento y los servicios profesionales. Los grandes parques de oficinas son hijos de una nueva fase económica de la gran empresa corporativa, que en los ´60 comienza a expandir su poder a través de sedes regionales, pero también es la fase del nacimiento de lo que hoy llamaríamos las primeras startups tecnológicas y la consolidación de la economía de los servicios y lageneralización de los servicios profesionales a las empresas (marketing, abogados, consultoría, auditoría,..). Todas estas nuevas necesidades de la organización del trabajo reclaman un espacio en las afueras de las ciudades, creándose para ello un amplio proceso de zonificación para acoger en casi cualquier ciudad espacios de oficinas de alquiler, beneficiándose para ello de rebajas y exenciones fiscales y aprovechando la extensión del gran proyecto de post-guerra de extensión de la red de autopistas interestatales.
De nuevo, el patrón de los grandes espacios urbanos mezclados entre la modernidad arquitectónica se repite, proclamando las ventajas de salir de la confusa complejidad de las ciudades para asentarse en desarrollos monotemáticos y funcionales alrededor de un escenario simbólico de naturaleza idealizada y modernidad arquitectónica.
En esta categoría entran como precursores otros grandes espacios de alta concentración de actividades de I+D como el primer parque universitario dirigido a la investigación, el de la Universidad de Stanford, en San Francisco. (Stanford Research Park), pero también del Research Triangle Park en Carolina del Norte, ambos procesos de ocupación urbanística en permanente estado abierto que se han ido completando a lo largo de las cuatro últimas décadas.


THE OFFICE PARK, MOUNTAIN BROOK (ALABAMA, 1951). Imagen tomada de Wikimania


STANFORD INDUSTRIAL PARK (PALO ALTO, 1960). Imagen tomada de Palo Alto Historical Association

DE ESTADOS UNIDOS AL MUNDO
Aunque el libro es un repaso histórico al nacimiento de la idea del paisaje capitalista suburbano en Estados Unidos, Mozingo termina su libro con una revisión de cómo esta idea se ha extendido por el mundo. Y es que el modelo se extendió tardíamente en el mundo, más fácilmente en los países anglosajones, con una tradición urbanística similar y un contacto más fluido entre sus escuelas de arquitectura. Pero, al fin y al cabo, también llegó a Europa. Mozingo destaca aquí cómo IBM fue la primera empresa norteamericana en establecer un centro de investigación fuera de los Estados Unidos, y cómo a principios de los ´70 abrió la sede regional europea en Portsmouth, y unos años antes ya lo había hecho en Francia. Las empresas de capital europeo tardaron algo más de tiempo, pero Volvo, por ejemplo, abrió su centro de I+D fuera de Goteborg en los primeros ´80. Y, con ello, llegó la generalización que hoy podemos encontrarnos en cualquier ciudad, a medida que nos acercamos a ella por carretera y descubrimos cómo el anillo exterior de las mismas está dominado por un paisaje de desarrollos para oficinas, parques tecnológicos y sedes corporativas.
El anterior artículo lo terminaba con unas reflexiones sobre el significado de este proceso histórico que ha llegado hasta nuestros días. Más allá del interés por el estudio histórico, arquitectónico y paisajístico, la huida de las empresas del centro de las ciudades en un determinado momento ha tenido una importancia clave en desarrollo de la organización del trabajo, en la definición del modelo de empresa predominante en las últimas décadas, en la estructuración de los espacios vitales y, en general, en la organización de los procesos económicos. Todos hijos de su época, de la que estos desarrollos urbanísticos son su reflejo (y, tamibén, de alguna forma, sus multiplicadores). Pero con la emergencia de nuevas formas de organización del trabajo en torno a esquemas no centralizados ni burocráticos como los que ofrece la sociedad digital, ¿seguirán teniendo sentido durante mucho tiempo estos desarrollos?
Imagen de portada correspondiente a la sede de Microsoft.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Pastoral capitalism. El nacimiento de los parques tecnológicos


Las cosas, la mayoría de las veces, no son porque sí. Pero cuando han estado ahí siempre cuesta pararse a pensar de dónde vienen, por qué son así y cómo llegamos hasta allí. En el funcionamiento urbano y la morfología de las ciudades sucede lo mismo. La ciudad, al fin y al cabo, es una construcción heredada, construida sobre ideas, procesos históricos y, quizá, pequeñas coincidencias. Y así te las encuentras, como si la acumulación de historia hubiera sido completamente azarosa. La densidad, la zonificación, la distribución de usos, la altura de los edificios,...cualquier elemento que organice espacialmente la ciudad tiene, sin embargo, una historia en la que, en buena medida, el proceso urbanístico responde a intereses, equilibrios y conflictos sociales, modelado por las grandes fuerzas de poder.

Es el caso de los parques tecnológicos, los parques industriales y, en general, los espacios periféricos de usos económicos. Nos hemos acostumbrado a verlos en las periferias de las ciudades. Damos por hecho que ese es su sitio y es allí donde esperas encontrarlos. El libro Pastoral capitalism. A History of Suburban Corporate Landscapes, de Louise A. Mozingo, propone hacer una lectura histórica de esta forma particular y característica de la actualidad de organización territorial de la producción industrial. Al fin y al cabo, ¿cómo llegamos a la conclusión de que eran los espacios suburbanos los mejor indicados para acoger las actividades de I+D de las grandes corporaciones, las sedes de esas compañías o los desarrollos para oficinas de actividad terciaria? ¿En qué momento empezó esta dinámica? ¿Quién la impulsó y qué razones se esgrimieron?
Responder a estas preguntas es el objetivo de este libro que merece una lectura tanto por interesados en la geografía económica y la gestión empresarial como en la arquitectura, el urbanismo y el paisajismo, ya que el libro bucea en un contexto económico particular (el fin de la II Guerra Mundial en Estados Unidos) y en un contexto empresarial particular (el ascenso de la gran corporación profesionalizada, jerárquica y funcional) para explicar las razones del nacimiento y la proliferación de esta tipología clave para entender el modelo de ciudad norteamericana que ha sido, además, el modelo dominante de expansión territorial en todo el mundo desarrollado en los últimos cincuenta años.

Siguiendo a la autora, podemos distinguir tres tipologías que fueron desarrollándose de manera sucesiva, desde los corporate campus (centralización y suburbanización de los primeros centros o unidades de I+D empresarial), los corporate estates (centralización y suburbanización de los edificios administrativos y sedes corporativas) y los office parks (desarrollos especializados en la periferia destinados a su ocupación por actividades de servicios avanzados científico-tecnológicos).Los primeros empezaron a ver la luz a mediados de la década de 1940 y pronto, a principios de los '50 emergieron los segundos mientras que los grandes parques de oficinas de alquiler no vieron la luz hasta finales de esa misma década, en un proceso acumulativo que fue aprendiendo de las experiencias anteriores. En todos ellos encontramos patrones de diseño que prácticamente se han mantenido inmóviles hasta nuestros días: edificios de 2-4 plantas con grandes ventanales, con una estética vanguardista pero discreta, diluidos entre un extenso y bucólico paraíso verde de árboles, líneas ondulantes del terreno, lagos artificiales, silencio, grandes extensiones de parking, puertas de entrada, acceso inmediato a la autopista, etc. Y es que a ese escenario naturalmente artificial es al que hace referencia la autora como uno de los primeros reclamos de este tipo de desarrollos: ofrecer un lugar de trabajo en un ambiente pastoril y bucólico ideal para los grupos de investigadores y trabajadores de alta cualificación que las compañías más grandes del país empezaban a incorporar y a los que las empresas quería sacar de los saturados, conflictivos y desordenados centros urbanos en los que hasta ese momento habían operado. El campo estetizado como reclamo para completar la verdadera vida suburbana.
Es el reflejo espacial y urbanístico del nacimiento del modelo de trabajo post-industrial, en un momento en que las grandes corporaciones (Bell, At&T, General Motors, General Foods,...), impulsadas por la inversión pública del gobierno de Estados Unidos en aquella época (se puede leer algo sobre ello en El Gran Reset del que hablamos hace tiempo) amplían su plantilla de investigadores y doctores para desarrollar una ingente actividad de desarrollo tecnológico gracias al éxito de la gestión corporativa funcional perfeccionada en aquellos años.

Una particular resolución espacial -siguiendo a David Harvey, sorprendentemente olvidado por la autora- en la que la empresa se adapta a la nueva fase económica dando solución a sus necesidades reconfigurando de paso el territorio y las ciudades. El relato del libro profundiza de forma brillante en los entresijos de las decisiones de los grandes nombres empresariales de la época, sus negociaciones con las autoridades, sus enormes gastos en publicidad para vender las maravillas de estos desarrollos, la contratación de firmas arquitectónicas, etc. Por eso, el libro es mucho más que historia del paisajismo, sino que pone en relación de forma brillante aspectos que normalmente consideramos de manera aislada o no conseguimos poner en contexto todos juntos. De hecho, la autora reconoce que, entre otros, el libro Technopoles of the World: The Making of Twenty-First-Century Industrial Complexes (Manuel Castells y Peter Hall) ya avanzó la relación entre el capital, la política, la educación y estos centros de poder tecnológico, a lo que ella añade una preocupación espacial, arquitectónica y urbanística que completa todo el mapa.
El enorme esfuerzo de marketing es uno de los aspectos más significativos resaltados en el libro. Al fin y al cabo, el sueño americano de la vida suburbana y "tu pequeña parcela de paraíso en el campo" estaba en aquella época en pleno apogeo y era necesario incrustarlo en el imaginario colectivo a base de anuncios, folletos y rayos catódicos. Y el verde pastoril siempre queda bien en los folletos inmobiliarios. Aún hoy es norma general. Pero incluso esta estrategia escapista de las ciudades tenía su argumento de venta como consecuencia de la Guerra Fría, rescatando el libro como se utilizaron también por las empresas argumentos de seguridad nacional apelando al miedo nuclear como justificación de la necesidad de salir de las ciudades y dispersar los centros productivos y empresariales de los centros urbanos. Las grandes fábricas industriales ya salieron de los núcleos urbanos en los años '20 y '30 y ahora era el momento de las unidades de I+D y de los centros de gestión administrativa de las corporaciones, ofreciendo a los trabajadores cualificados la misma estética de los suburbios residenciales para sus entornos de trabajo, única manera de atraer a estos trabajadores y de evitar conflictos con los habitantes y políticos de los barrios residenciales (y, de paso, también, alejar las industrias de los conflictos populares y sindicales). Y lo hacen uniendo en una forma arquitectónica y un imaginario concreto valores como la vida bucólica, la tecnología, el progreso y la familia.
Son los tiempos, además, donde empiezan a configurarse las primeras concentraciones tecnológicas en forma de clusters que han llegado hasta nuestros días. Son los primeros días de lo que hoy conocemos como la Route 128 de Boston o el Silicon Valley de San Francisco. Son las ideas que hoy siguen en el imaginario y que demuestran que nada es nuevo, ni siquiera esa celebrada nueva sede de Apple que se muestra como revolucionaria y que responde, paso por paso, a una lógica empresarial y una forma arquitectónica y urbanística que podemos encontrar en las sedes que construyeron en los '50 empresas como General Foods o la Deere & Company. Son los días en los que nace el Stanford Research Park (central en la narrativa sobre Silicon Valley) o el Research Triangle Park en Carolina del Norte, referencia histórica de los grandes parques tecnológicos que hoy seguimos imitando. Son los tiempos donde todos estos espacios se crean con el impulso de grandes corporaciones (en algunos casos, condenadas por sus prácticas monopolísticas) pero con amplísima ayuda gubernamental. Y es que, no lo olvidemos, Margaret O´Mara, ya señaló en Cities of Knowledge:Cold War Science and the Search for the Next Silicon Valley que la leyenda de Silicon Valley no puede interpretarse sin considerar el papel decisivo de la inversión pública en la generación de estos espacios del conocimiento.
La economía regional y urbana no se puede entender hoy en día sin considerar el papel de los parques tecnológicos e industriales como espacios de concentración de actividad económica. La dinámica mayoritaria ha tendido a replicar el modelo estadounidense. Así como el modelo de suburbanización residencial ha tenido muchas más dificultades para asentarse en Europa por la predominancia de los centros históricos -aunque es cierto que en las últimas décadas se ha producido un efecto de urban sprawl considerable-, el modelo de terciarización económica (y su reflejo urbanístico)ha seguido el patrón norteamericano. En los últimos tiempos, casi cada municipio ha desarrollado su propio parque industrial o de oficinas en las afueras y las autoridades supramunicipales han ordenado los parques científicos y tecnológicos en las afueras. Y sólo últimamente, y de manera casi testimonial, se han intentado procesos de atracción de estas actividades de I+D a los centros urbanos, bien de manera planificada a través de centros o islas de innovación, bien a través de redes descentralizadas de espacios. Hoy vemos cómo ciudades como Londres y Nueva York dibujan su propio mapa de espacios tecnológicos emergentes que responden a las necesidades de la economía digital y de las startups. Y en todas las ciudades surgen espacios emergentes de colaboración y coworking como alternativa anterior de concentración de estos espacios en las afueras. Y, no sólo, algunas grandes corporaciones empiezan a recorrer el camino contrario y vuelven a localizar sus headquarters en los centros de las ciudades.
Decía al principio que las cosas parecen ser como son sin que tengamos claro si hay una razón especial para que así sea. Ahora sabemos que este modelo de organización espacial del trabajo en la economía post-industrial ha tenido un patrón y una explicación. No es sólo una explicación histórica. Nos sirve para entender que este tipo de espacios quizá dejen de tener sentido en un futuro no tan lejano. Si en su momento respondieron a una determinada concepción del trabajo y de la empresa capitalista, hoy sabemos que ambos elementos están transformándose de manera radical. La empresa y el trabajo no son lo que eran, para bien o para mal. ¿Seguirán teniendo sentido estas concentraciones de espacios especializados? ¿Realmente necesitamos tanto espacio para trabajar? Avanzando como avanzada la sociedad digital y con los muros de la empresa cayendo poco a poco, ¿cuál será la nueva resolución espacial de la siguiente fase?
Nota. El libro tiene tanta miga que dejo para otro momento detallar cada una de las tres tipologías. 
Imagen 1 tomada de Saarinen´s last experiment
Imagen 2 correspondiente a los laboratorios de investigación de la Bell Telephone Company.

jueves, 23 de febrero de 2012

Parking y urban sprawl: un ejemplo extremo en Houston


Alex MacLean es un fotógrafo especializado en trabajos aéreos y ha realizado series muy conocidas por su impacto visual. La perspectiva aérea ofrece una dimensión escalar del territorio difícil de captar, obviamente, a pie de calle. Las imágenes de Las Vegas en esta serie, por ejemplo, son muy ilustrativas y tienen el poder cautivador del brutalismo tan característico de esta ciudad. Esta otra serie, dedicada a los desarrollos en forma de urban sprawl, casi vale más que cualquier tratado teórico de urbanismo.
Una de las fotos más impactantes es esta que comparto aquí (el original lo publicó en el libro Geo 2003). Se trata del downtown de Houston y es una de las mejores fotos que podemos encontrar para ilustrar el efecto sobre el espacio físico (y sus consecuencias sociales, económicas y ambientales) de un modelo de ocupación tan poco eficiente. Es un ejemplo extremo, pero refleja bien cómo el desarrollo de las ciudades alrededor del coche lleva a situaciones tan absurdas (pincha aquí para ver la imagen más grande).


Nunca he conseguido encontrar una estimación fiable de espacio urbano dedicado al coche (red viaria y zonas de parking), pero sería interesante.
últimamente me he encontrado con otras imágenes de Hollywood y Atlanta.

martes, 21 de junio de 2011

La nueva sede de Apple. Te la han colado, Steve


Por una vez, voy a hacer excepción de una de las reglas de este blog, la de no escribir ni prestar atención a la última tontería de Steve Jobs. Le he cogido un poco de manía a este hombre, y creo que él personalmente tampoco tiene la culpa, pero me cansa su presencia exagerada en esas confusas secciones de los periódicos que bajo el título Tecnología, esconden sólo una admiración acrítica a cualquier nimiedad en el mundo de los gadgets, videojuegos y cualquier otra cosa que suene a trending topic. Cada uno tiene sus batallas particulares: mis dos pequeñas batallas son, por un lado, huir de esta inflación de hiper-atención al hígado de este señor y, por otro lado, convencer a la gente de que no es tan difícil usar bien las opciones por qué / por que / porqué /por qué.
En fin, a lo que iba. Que esta vez voy a dedicar unas líneas a la última ocurrencia de estos genios que ocupan portadas de diarios supuestamente serios día sí y día también. El último último efecto de marketing de Apple ha sido presentar al mundo su nueva sede corporativa. Es ver las primeras fotos y pensar que es una auténtica idiotez de edificio. Para mayor gloria de Steve Jobs, de Norman Foster y de la banalidad de la era de las manzanas. La Ciudad de Apple, con todos los ingredientes del urbanismo-espectáculo: por supuesto, lo primero, sus ventajas medioambientales pero, sobre todo, su falsa auto-concepción como ciudad, apropiándose de un concepto -la ciudad- que un desarrollo monofuncional como el diseñado niega completamente; su gigantismo y su modernidad complaciente (a estas alturas, ¿una nave espacial?).
Lo más sorprendente es que, con una primera impresión, uno piensa que al pobre Jobs se la han colado, o que ha caído en la fatuidad de la arquitectura con firma estrella. Le han colado un proyecto constructivo que, conceptualmente, chirría por todos lados con la supuesta imagen urbana, dinámica, cosmopolita y abierta de Apple.

Por un lado, porque siendo Foster su arquitecto, el referente más cercano de este proyecto es Masdar, una ciudad en medio del desierto que no por tener paneles solares se convierte en sostenible. Peor aún, es un proyecto anti-urbano: alejado de la ciudad, sin esquinas ni calles, un edificio circular es la perfecta expresión del ensimismamiento y del aislamiento. Kaid Benfield, como siempre, apunta en la misma dirección señalando que el proyecto va justo en dirección contraria a lo que muchas grandes empresas están intentando -al menos, en ciertas zonas de Estados Unidos- volviendo al centro de las ciudades para aprovechar la efervescencia de la vida urbana y, quién sabe, corriendo así el mismo riesgo que otras empresas corrieron al auto-encerrarse en edificios que quizá reflejan escapismo, huida y auto-exclusión más que otra cosa. Visto desde la distancia con la que miro las novedades de Apple, pero la cercanía con las que sigo por dónde van las cosas en cuanto a la economía urbana, el desarrollo tecnológico y el urbanismo sostenible, resulta un proyecto sorprendentemente equivocado. Me xtraña viniendo de una compañía que nos hace creer que es el colmo de la modernidad y que somos el colmo de la modernidad si compramos sus aparatos, que se instalara en un centro urbano, en un brownfield proclamando su aspiración a ser motor de la renovación de la comunidad o cualquier otra cosa. Para mí que se la han colado a este hombre porque es un proyecto completamente lastrado por el pasado, por una concepción muy vieja de los usos del espacio, de las relaciones empresa-ciudad y de la sostenibilidad.
Respecto a este vídeo, no sé si es meramente anecdótico o dice muchas cosas. Se trata de una audiencia pública en el ayuntamiento de Cupertino en la que Steve Jobs expone su proyecto constructivo y los beneficios que traerá a la comunidad. Quizá sea un signo positivo si lo vemos como un ejercicio de transparencia pública de un proyecto urbanístico que difícilmente podríamos ver aquí (¿se imaginan a cualquier gran arquitecto dando cuenta pública en la sala de plenos del ayuntamiento de su proyecto de museo o de palacio de deportes?). O quizá me quedo con la cara de embelesamiento con la que le miran todos.


 Imagen: Apple via YouTube

lunes, 11 de enero de 2010

Ficciociudades #9. Chandler (Phoenix) 1989-2009


El Earth Observatory de la NASA ha publicado un par de fotos que hablan por sí mismas. Ambas, una de 1989 y otra de 2009, relatan el despliegue territorial en medio del desierto de Arizona de una ciudad -si es que realmente merece tal nombre y no el de ficciociudad- llamada Chandler, que actúa funcionalmente como un suburbio de dimensiones exageradas (boomburb).
1989

2009

miércoles, 22 de julio de 2009

Reburbia. Repensar las periferias urbanas

ReBurbia es un concurso de diseño urbano dirigido a repensar los barrios residenciales períféricos (suburbia). Está organizado por Dwell Magazine y Inhabitat.com y trata de repensar estos desarrollos residenciales tan característicos de Estados Unidos y que en la actual crisis están sufriendo gravísimos problemas de aislamiento, de abandono y, en general, de abrupto despertar del sueño americano convertido en pesadilla. Mucho hemos comentado aquí sobre la crisis urbana del hermano americano -demasiado posiblemente, influidos por seguir tantos blogs y periódicos de allí- pero también sabemos que la crisis a nosotros nos va a dejar una herencia no de barrios residenciales habitados pero empobrecidos, sino de barrios residenciales que ni siquieran llegarán a ocuparse. Y de eso también hemos hablado, y algunos incluso en lugar de contar, lo documentan visualmente, tal como están haciendo ahora en Lugar y Sociedad.


Calling all future-forward architects, urban designers, renegade planners and imaginative engineers:
Show us how you would re-invent the suburbs! What would a McMansion become if it weren’t a single-family dwelling? How could a vacant big box store be retrofitted for agriculture? What sort of design solutions can you come up withto facilitate car-free mobility, ‘burb-grown food, and local, renewable energy generation? We want to see how you’d design future-proof spaces and systems using the suburban structures of the present, from small-scale retrofits to large-scale restoration—the wilder the better!


Ando sacando algo de tiempo para ayudar a un compañero, Massi Stagno, que es el que realmente está dando forma a la propuesta con la que empezaremos a proponer algunas ideas que estamos organizando sobre movilidad urbana. Es sólo un primer ejercicio en un empeño que vamos teniendo por avanzar en Naider hacia algunas actuaciones más concretas en estos temas. Y ahí, cuantos más seamos, las actuaciones se irán haciendo más precisas y de más impacto. Ya os contaré por aquí o por el propio Ateneo Naider a partir del 31 de julio, que es cuando termina el plazo de presentación.

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viernes, 27 de febrero de 2009

El futuro próximo de las periferias urbanas ante la crisis

Las periferias residenciales son uno de los elementos caracterizadores del modelo urbano contemporáneo. Son objeto de deseo (recientemente, a través del libro Postmetropolis, he descubierto a uno de sus ideólogos y promotores actuales, Joel Garreau, adalid de la edge-city, la ciudad-frontera, con discursos comerciales como “el mayor intento que los estadounidenses hayan hecho desde los días de los Padres Fundadores con el fin de crear algo similar al nuevo Edén” o “el terreno filosófico sobre el que estamos construyendo nuestra sociedad de la era de la información” y detractores (por diferentes razones, entre las que suelen dominar las de contenido ambiental, como este último estudio sobre el impacto en términos de emisiones de dióxido de carbono)

Más allá de ello, los entornos residenciales suburbanos están, al igual que el modelo de los centros comerciales, siendo discutidos fuertemente en diversos medios estadounidenses. En otros posts ya nos hemos ocupado de este debate, y este nuevo únicamente pretende actualizar algunas nuevas referencias que se han publicado en las últimas semanas. En general, el debate se está centrando en “salvar los suburbios” de la crisis, extendiendo las políticas urbanas también a las periferias y crear así un modelo institucional de carácter metropolitano. Si la tendencia a la vuelta a las ciudades se confirma como proceso escalonado de decisiones individuales y de decisiones políticas de diseño territorial, algunos se preguntan “qué vamos a hacer con todas las casas y comunidades que dejaremos atrás cuando todo el mundo deje las periferias y vuelva a las ciudades?". Es “el mundo sin nosotros”, como recuerdan en Antiplanner , en referencia al The world without us de Alan Weisman. En Antiplanner recuerda, de hecho, que ya existen suburbias abandonados:

True, there are many fantastic suburbs (I grew up in one) but that doesn’t negate the reality of places like Rio Vista, Calif., where an upscale 855-home development called Hearth and Home at Liberty (a name so cruelly ironic it surpasses irony altogether) was abandoned last year, leaving graded streets, a few model homes and little else. Exploring what to do with the extreme — semi-abandoned, half-built subdivisions from Merced, Calif., to Lake County, Fla. — was done with the broader intention of rethinking how all communities might better be designed, built and experienced.

Ya no se trata de mejorar estos desarrollos suburbanos y hacerlos más sostenibles (si es que pueden serlo por definición); el reto ahora estaría en qué hacer con los nuevos desarrollos que han quedado a medias tras los primeros trabajos de urbanización (sobre esto ya están investigando en Basurama y nos hemos ocupado alguna vez) . Arieff precisamente se pregunta eso en What will save the suburbs? y alienta soluciones de rehabilitaciones de estos barrios mediante la transformación de las viviendas unifamiliares vacías en unidades residenciales más pequeñas (y más asequibles), la utilización de los garajes para convertirlos en tiendas y cafeterías (para generar un poco de vida urbana) y reutilizar los edificios más grandes como centros cívicos, nuevas escuelas y otros espacios de interés público.

En cualquier caso, no hay que olvidar que huir de la ciudad sigue siendo el sueño americano, aunque hoy se haya vuelto un poco caro. Así lo recuerda el post Exurban nation, a partir de una investigación del Pew Research Center:

(…) Americans still want to move outward. City dwellers are least happy with where they live, and cities are one of the least popular places to live. Only 52 percent of urbanites rate their communities “excellent” or “very good,” compared with 68 percent of suburbanites and 71 percent of the people who live in rural America.
Cities remain attractive to the young. Forty-five percent of Americans between the ages of 18 and 34 would like to live in New York City. But cities are profoundly unattractive to people with families and to the elderly. Only 14 percent of Americans 35 and older are interested in living in New York City. Only 8 percent of people over 65 are drawn to Los Angeles. We’ve all heard stories about retirees who move back into cities once their children are grown, but that is more anecdote than trend.

Estas mismas palabras se usaban en el artículo I dream of Denver, del New York Times, que marca además el escenario del supuesto cambio de mentalidad y de modelo de ocupación del suelo:

Those dreams have been aroused over the past few months. The economic crisis has devastated the fast-growing developments on the far suburban fringe. Americans now taste the bitter fruit of their overconsumption. The time has finally come, some writers are predicting, when Americans will finally repent. They’ll move back to the urban core. They will ride more bicycles, have smaller homes and tinier fridges and rediscover the joys of dense community — and maybe even superior beer. America will, in short, finally begin to look a little more like Amsterdam. Well, Amsterdam is a wonderful city, but Americans never seem to want to live there. And even now, in this moment of chastening pain, they don’t seem to want the Dutch.

Como algunos me habéis dicho, investigo demasiado en las tendencias de los Estados Unidos; será la selección de mis fuentes, o qizá sea que las tendencias allí son prólogos de lo que pasará aquí próximamente. En cualquier caso, la cuestión es que las ciudades se vacían de gente o se llenan de casas vacías, aún no lo tengo claro. Lo pensaré este fin de semana.
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Foto 1 tomada de Susty.com

Foto 2 tomada de Turboviet.com

lunes, 8 de diciembre de 2008

Radiant city, los suburbios en los EEUU y en la UE

Vía Plataforma Urbana me entero de la existencia del documental Radiant City, en el que se aborda desde la perspectiva particular de sus autores la situación decadente de los suburbios norteamericanos. Obviamente, se trata de un título que juega con el término "Radiant city", tradicionalmente vinculado a Le Corbusier.

Por lo que he podido ver en estos videos, el docuemental recoge las opiniones de residentes en este tipo de desarrollos urbanísticos, de urbanistas y de promotores inmobiliarios, entre otros. El documental, con ello, pretende ser una lectura afilada y crítica del modelo de crecimiento urbano basado en los suburbios, modelo que de alguna forma se está insistiendo en los últimso tiempos que ha entrado en decadencia, bien sea por cuestiones estructurales relacionadas con el cambio climático (o con la economía del cambio climático, en realidad), bien por cuestiones coyunturales relacionadas con la actual crisis económica.

Dejo aquí un trailer, seleccionado de entre los diferentes videos disponibles en Youtube sobre el documental:





La crítica a este modelo es un gran clásico, especialmente si el análisis parte de discursos y prácticas relacionadas con la sostenibilidad o con la eficacia del modelo urbano (si es que ambas cuestiones son dos cosas distintas). Es, además, un lugar común a este lado del océano, valorar este modelo urbano tan típicamente norteamericano con desdén. Por ello, termino enlanzando a un post del blog Newgeography titulado Euroburbia: a personal view, en el que el autor trata de romper el mito de que en Europa nos hemos salvado de este modelo. Así, el post inicia rotundo afirmando:


The image of the European city as a tourist’s paradise of charming inner-city neighborhoods interconnected by high-speed rail networks is not entirely false, but it does not give the full picture of how most Europeans live. Contrary to the mythology embraced by romantics among planners and ‘green’ politicians, urban areas of Europe sprawl just as much as any American or Western city.


El post después se convirte, en mi opinión, en una vivencia bastante anecdótica difícil de trasladar a la categoría de norma general, pero sí ilustra que, al fin y al cabo, los europeos no dejamos de ser una subespecie del homo americanus. En realidad, fue en 2006 la Agencia Europea de Medio Ambiente la que destruyó este mito con datos, en el informe Urban sprawl in Europe, the ignored challenge. Y ahí ya se hizo visible lo que es una tendencia en el mundo occidental más desarrollado y a la que no es ajena ninguna gran ciudad europea.

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