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viernes, 8 de mayo de 2020

10 artículos sobre escenarios post-Covid19 en la era pandémica

Ayer publiqué el post Coronavirus, predicciones y escenarios: no hay plan para el futuro. Salió un poco descorazonador y trascendente, como resultado de algunas lecturas de estos días. Dejo aquí algunos de los artículos revisados, algunos son muy recomendables:











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No es fácil escribir sobre esta cuestión pero me he propuesto ordenar al menos algunas lecturas que voy sistematizando. Son apuntes dispersos y poco sistemáticos, como casi todo en este blog desde hace 12 años, pero al menos servirán para detectar algunos temas que creo serán relevantes en los próximos meses o años. 

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jueves, 7 de mayo de 2020

Coronavirus, predicciones y escenarios: no hay plan para el futuro

De antemano, dudo que salgamos de esto mejores. El tono social en el mientras tanto no ayuda a pensar que veremos cambios profundos hacia una mayor cooperación global, sociedades más empáticas, más conciencia sobre la desigualdad, más cultura científica,...y un largo etcétera. Las dimensiones e implicaciones de la Covid-19 son fundamentales, civilizatorias si nos ponemos graves, pero el pesimismo viene de lo que ya había y que no ha desaparecido ni lo hará. Si acaso, la pandemia solo acelerará lo que ya estábamos sufriendo: ascenso del populismo como factor estructurante de las discusiones públicas, el descubrimiento del autoritarismo como opción posible, el acientifismo galopante, las fracturas generacionales, instituciones cuestionadas, sociedades políticamente fragmentadas y menos adheridas a principios democráticos,...

Dicho esto, estas semanas han acumulado cantidad de artículos, informes y documentos que tratan de avanzar qué sucederá en el futuro, hacia qué tipo de mundo vamos. Necesitamos encontrar un sentido a todo esto, incluso necesitamos darle una utilidad, un sentido de esperanza de que algo (bueno o no) saldrá de todo esto. Por eso mismo, eso de la nueva normalidad es tan discutido y discutible. Ni siquiera podemos entender y compartir cómo era la normalidad que supuestamente hemos dejado atrás, como para asumir cuál será la nueva. Ni siquiera la teoría del cisne negro nos permite un respiro. Al fin y al cabo, si hubiera llegado de la nada, podríamos vivir esto como una condena, un deus ex machina que nos libere del peso de la responsabilidad cambiándolo por el peso de una fuerza incontrolable. No, podíamos saberlo, podíamos haberlo previsto y planificado, podíamos haberlo evitado. No es una defensa del "yo ya lo decía" ni de los capitanes a posteriori. Es que realmente sabíamos pero no queríamos, sabíamos pero lo veíamos con condescendencia y arrogancia, lo mirábamos como miramos siempre la posibilidad de la catástrofe, como seres humanos que somos.

Photo by Victória Kubiaki on Unsplash

Puede que adonde vamos sea hacia donde ya íbamos desde hace un tiempo. Por eso, la covid-19 quizá sea más un acelerador de los procesos que ya estábamos observando. Así, no está cambiando la Historia, sino que está precipitándola. Y, como decía antes, posiblemente no nos está llevando a un tiempo mejor. Para quienes han estudiado en detalle el papel de las pandemias en la Historia, estas le han dado forma de diferentes maneras que, en cualquier caso, nos permiten mirar atrás y encontrar sus efectos disruptivos en muchos procesos sociales más grandes que las han oscurecido como hacedoras de Historia, de manera que han influido sobre nuestras ideas sobre la dividinidad, sobre procesos revolucionarios y de estabilización social o sobre el avance científico (interesante esta entrevista con Frank M. Snowden, autor de Epidemics and Society: From the Black Death to the Present). (Por cierto, para ir a por libros, esta selección de 7 libros realizada por el propio Snowden parece servir bien como guía para leer cosas sobre estas cuestiones). Este papel de las pandemias en la historia puede verse no como algo tan definitivo, sino como paradojas (¿peajes?) del progreso. Dicho así, puede que no tengamos que alarmarnos tanto ni ponernos tan trascendentales, siempre y cuando seamos capaces de dar por hecho que de esta pandemia saldrá progreso. Ya ya es mucho decir.

En cualquier caso, la pandemia nos invita a cuestionarnos sobre los riesgos globales. Más claramente: ¿de verdad somos capaces de mandarlo todo a la mierda? Antes de convencernos de si iremos a mejor, si cambiarán unas cosas u otras, parece un buen momento para preguntarse algo así. Pasado el tiempo del miedo al desastre nuclear (¿lo habíamos pasado ya?), pareciera que hemos descartado esta visión apocalíptica. Ni siquiera somos capaces de comprender esta dimensión para algo como el cambio climático. Sin embargo, esta pandemia nos obligaría a situarnos en este punto. Esta visión catastrofista, o al menos de alertar desde la ciencia sobre la brutal capacidad de la humanidad para poner fin a la civilización o a la vida en la Tierra, es la que he podido husmear en los escritos de Martin Rees, uno de los científicos (astrofísico), que además de ser uno de los que ya había señalado la llegada de nuevas pandemias, que es posible hacer lecturas de la actualidad en términos de potencial de destrucción del planeta. ¿Somos capaces de asumir -soportar- que hay que poner en la agenda que el siglo XXI puede ser el último? Vaclav Smil, que intuyo que no hace planteamientos tan extremos pero sñi igual de alarmantes, también parece ser una buena referencia para contar en este debate con una visión macro, histórica y multi-disciplinar. Esta visión macro parece oportuna, pero difícil de asimilar. Apenas llevamos aquí unos pocos miles de siglos, en un planeta de millones de años, así que somos la nada en el tiempo y en el espacio. A unos 100 segundos de la extinción. Lo peor: ni si quera somos conscientes de que realmente podemos (poder de verdad, hacerlo posible, conseguirlo, llegar al final) destruirnos a nosotros mismos. Por ahí va Toby Ord, en la zona del vértigo.

Estamos descubriendo la era pandémica. Alcanzando los últimos habitats naturales y conviviendo ya como invasores de la naturaleza salvaje, esta nos devuelve a cambio una exposición desconocida hasta ahora a las infecciones animales que saltan al ser humano. David Qualmenn nos advierte de ello, no sin antes recordar que, más allá de su origen animal, no estamos teniendo en cuenta el campo de la  técnicas de manipulación genética avanzadísimas y sobre las que no tenemos ni idea de cómo se controlan (No entro en las sospechas (¿intoxicaciones, juegos geoestratégicos?, quién sabe) sobre los laboratorios que están trabajando con los coronavirus en Wuhan). Nuestra capacidad expansiva como especie, a nivel territorial y a nivel tecnológico, nos impone la obligación de crecer, no sabemos parar. ¿Hasta dónde crecer? ¿Cuánto es suficiente? (guiño personal  un poco al mejor a una lectura queme influyó mucho en su momento).

Con estas preguntas trascendentes, lo siguiente es abordar una escala más asequible. Es aquí donde se han sucedido multitud de propuestas sobre escenarios, predicciones, observaciones de largo plazo, modelos,... Navegan casi siempre entre la incertidumbre total de lo desconocido, el atrevimiento mediático y la mesura. ¿Cómo afirmar que esto es el fin de la globalización sin poner matices o salvedades? ¿Cómo estar seguros de que caminaremos a un mundo más autoritario o hacia el aislacionismo? ¿Podemos apostarlo todo a que las sociedades orientales estaban, están y estarán mejore preparadas? ¿Cómo defender las bondades de la vigilancia en sociedades del castigo? ¿Realmente cambiarán los (des)equilibrios geoestratégicos que conocemos? ¿Qué decir de la desnortada Unión Europea? ¿Es el punto de inflexión para un reforzamiento de lo público? ¿Otra vez querrán que confiemos en reinventar el capitalismo? ¿O es el tiempo de las políticas anticapitalistas? ¿Hay espacio para el optimismo? Caminamos entre el optimismo y el pesimismo, y es posible que haya razones para ambas posturas.

Yo hoy me quedo con este artículo de David Wallace-Wells: no hay ningún plan de salida, ningún camino establecido para el fin de la crisis pandémica. No llega al No future, pero parecido. Si apenas sabíamos cómo afrontar el ahora y estamos dando palos de ciego para el desconfinamiento, claro que nadie sabe qué vendrá, ni cómo saldremos de esta o ni siquiera si lo haremos para poder decir dentro de 50 años que los escenarios de hoy estaban equivocados.

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No es fácil escribir sobre esta cuestión pero me he propuesto ordenar al menos algunas lecturas que voy sistematizando. Son apuntes dispersos y poco sistemáticos, como casi todo en este blog desde hace 12 años, pero al menos servirán para detectar algunos temas que creo serán relevantes en los próximos meses o años. 

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lunes, 3 de febrero de 2020

Entrevista. Así será la revolución que hará posible las futuras smart cities

Hace un par de semanas me pidieron unas notas para un reportaje que se publicó en El Mundo y Expansión sobre el futuro de las ciudades, dentro de una serie titulada Creer en el Futuro. Aquí va el texto que preparé, del cuál se extrajeron algunas ideas para dicho reportaje.

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¿Cómo está cambiando el concepto de “ciudad” como tal y hacia dónde va a evolucionar? 
La concepción de la ciudad va evolucionando a lo largo del tiempo, algo lógico si pensamos que la ciudad es una manifestación de los ideales, los conflictos, la economía, las relaciones sociales,…de cada época. Esa concepción se manifiesta físicamente en la manera en que se construyen y desarrollan las ciudades en cada momento, pero se manifiestan también en nuestro pensamiento sobre la ciudad, cómo las entendemos y, sobre todo, cómo las imaginamos. Esto último tiene que ver con el modelo de ciudad o las utopías urbanas que podamos pensar. Dicho esto, existen diferentes marcos que en los últimos años han tratado de capturar esta evolución posible o deseable de la ciudad, desde la ciudad inteligente a la ciudad creativa. Son referencias aspiracionales, pero creo que de fondo hay una evolución mucho más probable (y deseable) hacia la ciudad sostenible. De todas las transformaciones que veremos, la mayoría serán cambios incrementales pero será en temas como el espacio urbano dedicado a la movilidad, la densidad de la construcción o la racionalización del uso de los recursos donde podríamos ver más cambios de fondo.

Según tu opinión, ¿cuáles son los mayores desafíos a los que se enfrentan las ciudades del futuro? 
Podría identificar los siguientes:
• Las condiciones de equidad para poder vivir en unas ciudades con muchos riesgos de ver privatizados muchos de sus servicios, como la movilidad o la vivienda, que están crecientemente gestionados a través de plataformas e intermediarios nuevos que están cambiando el siempre frágil equilibrio para mantener el valor público de la ciudad. Fenómenos como el de la acaparación de vivienda para usos turísticos temporales son hoy un desafío social y político de primer nivel para poder comprender las ciudades de hoy y del futuro.
• Encontrar un nuevo modelo de movilidad urbana. Es un consenso que el modelo de la ciudad centrada en el vehículo privado del siglo XX ya no nos vale. Esto se manifiesta con contradicciones, medidas tentativas, soluciones aún parciales, debates cortoplacistas,…pero ya no tenemos dudas de que el modelo del que venimos tiene demasiados costes sociales, económicos y ambientales, y son muchas más las oportunidades de cambiar el orden de prioridades que hemos venido usando.
• La escala siempre es un a cuestión no resuelta en cualquier ciudad; la escala tiene que ver, entre otras cosas, con la dimensión metropolitana de muchas áreas urbanas, y con diferenciar la ciudad física, la ciudad administrativa y la ciudad funcional, la realmente vivida y que traspasa muchas fronteras locales a la hora de vivir, trabajar, etc. Esto es un desafío de gestión pública, siempre difícil de resolver, pero puede que a lomos de la capacidad de gestión de datos del funcionamiento urbano, podamos acercarnos a una gestión más eficaz, realista y organizada de la ciudad como espacio de vida y no como espacio de competencias.

¿Cuáles serán las tecnologías habilitadoras que más se implementarán en las Smart cities de los próximos años? 
En el ámbito de las ciudades inteligentes, creo que hay dos vectores tecnológicos básicos que tienen ya el camino muy claro, al menos en cuanto a su necesidad y el camino para su implementación. Por un lado, todo lo relacionado con la centralización de la capacidad de gestión de información urbana. Esto alcanza desde la instalación de sistemas de big data hasta la inteligencia artificial, pasando por su explotación a través de plataformas físicas y virtuales de datos. Todo ello irá sumándose por acumulación, seguro que no siempre de manera organizada ni sistemática, pero irá añadiendo nuevas capacidades de gestión y de comprensión del funcionamiento de la ciudad y sus servicios. Por otro lado, si hay un ámbito en el que la inteligencia urbana ha tenido ya éxito y se ha manifestado comprensible para la ciudadanía es el de la movilidad. Nos movemos de forma diferente, cada vez más: quién más, quién menos, ha usado algún servicio online de mapas en su móvil para desplazarse, ha usado un servicio de compartir vehículo, ha usado nuevos servicios que antes no existían para el transporte urbano, ha usado un coche eléctrico, o un servicio público de bicicletas eléctricas, etc. Todo ese conjunto forma parte de una transformación, con sus contradicciones y conflictos, inteligente de la ciudad.



¿Podrías nombrarme algunas soluciones prácticas ya concretas que se darán en las ciudades con la implementación de las TIC y que resuelvan problemas cotidianos? ¿En qué medida será clave una buena gestión de los datos? 
Será la prueba del algodón. De la misma forma que se dice que una empresa en el año 2020 debería entenderse, en gran medida, como una empresa de software, la gestión de a ciudad será también la gestión de su software y de sus datos. El reto no será tanto la capacidad de integración y explotación cruzada, sino cómo encontrarles un valor público a esos datos, como gestionarlos desde criterios públicos y de soberanía tecnológica, precisamente para asegurar que esos datos se usen y gestionen de manera respetuosa con las libertades públicas, con capacidad autónoma por parte de las autoridades locales para tomar decisiones sin dependencias de operadores privados, etc.

¿Por qué es importante que se incluya al ciudadano en este cambio , y no sólo como mero espectador?
La razón es simple: porque no puede ser ya de otra forma. Es un imperativo democrático, pero también responde la lógica de la sociedad conectada, en la que vamos aprendiendo que cuestiones como la personalización, la inmediatez, la transparencia, la desintermediación,….son reglas de funcionamiento comunes en muchos servicios que usamos en nuestro día a día cotidiano. Así que, ¿por qué no deberíamos esperar eso mismo de lo público, de las instituciones que definen y gestionan el desarrollo y el funcionamiento de las ciudades?

Y por último ya en nuestro país, ¿en qué punto estamos en España en el desarrollo de ciudades inteligentes? ¿Qué aplicaciones podemos ver ya hoy día implementadas en las Smart cities más punteras a nivel nacional? 
Diría que España ha sido uno de los países más activos en este tema. Mi hipótesis es que uno de los argumentos de “venta” de la smart city ha sido prometer eficiencia, no sólo en el funcionamiento de sistemas y servicios, sino también en el uso de los recursos públicos (v.g., sistemas de iluminación inteligente para hacer un uso eficiente de la energía y también de los presupuestos). Este es un caldo de cultivo ideal para el periodo de ajuste, por lo que muchos ayuntamientos han oído bien esta melodía. Igualmente decisivo ha sido que, si bien existía este “ambiente” con ganas de hacer cosas en esta línea, las instituciones supralocales han tenido la visión de facilitar este desarrollo, y especialmente destacable ha sido todo lo que se ha hecho alrededor del Plan Nacional de Ciudades Inteligentes, un elemento distintivo de nuestro país, pionero en muchos casos, y que ha ofrecido un campo de juego para los operadores privados y los agentes públicos para dar los primeros pasos. Santander ha destacado desde el principio ya que ha acogido uno de los proyectos de más alcance en cuanto a la sensorización de la ciudad pero, en general, los proyectos relevantes pueden ser diversos si nos fijamos más en términos sectoriales. Ciudades como Barcelona o Zaragoza han destacado, entre otras cosas, por su apuesta por temas relacionadas con datos e infraestructuras abiertas o por darle un componente ciudadano a la tecnología digital, Valencia con un de los proyectos más avanzados de plataforma de centralización de datos, etc. Pero otros casos menos “tecnológicos” también merecen ser destacados, aunque muchas veces no se vendan como inteligentes y, sin embargo, representan transformaciones o caminos de futuro para las ciudades mucho más ambiciosos. Pienso en el largo y ambicioso proceso de peatonalización y recuperación del espacio urbano ara la ciudadanía en Pontevedra, los proyectos de sostenibilidad urbana en Vitoria-Gasteiz. 

jueves, 18 de septiembre de 2014

Smart cities. Entre el pesimismo sobre la ciudad y el utopismo urbano (PhD brief notes #3)

La construcción del imaginario de la smart city responde a un esquema básico de identificación de problemas y soluciones. Problemas señalados por los agentes creadores del imaginario y soluciones que son precisamente las que esos creadores disponen en su portfolio comercial.
“In its campaign, IBM constantly emphasizes the problems and shortcomings of the contemporary city. In general terms, the company argues that with ‘rising urban populations, ageing infrastructures, and shrinking tax revenues today’s cities demand more than traditional solutions’. Across domains, cities, in IBM’s urban theory, are facing the same issues: ‘growing demands’, ‘tightening budgets’, ‘financial deficits’, ‘volatile markets’, ‘growing complexities’, ‘pollution’, ‘urban growth’. The city is in other words a ‘sick city’ permeated by a series of pathologies. To confront them, municipalities are hampered by ‘inadequate systems to serve basic needs’, ‘obsolete’ or ‘broken technologies’, ‘litigation costs’, ‘benefit frauds’ and ‘wasted time’. In short, the picture is grim and cities appear close to a fatal breakdown”.  (SÖDERSTRÖM, PAASCHE y KLAUSER, 2014)
Desde esta problematización, el recurso a la utopía urbana es inmediato. La smart city es, en este sentido, una nueva utopía como anteriormente lo han sido tantos y tantos modelos urbanos que a lo largo de la Historia han querido ofrecer una solución definitiva y universal a los problemas urbanos. Utopía, en este sentido, es la otra cara del pesimismo en torno a la ciudad. La ciudad jardín como utopía ante la insalubre vida en las naciente sociedad industrial. La ciudad Futurama de la Feria Mundial de Nueva York de 1939, momento de esplendor de la ciudad del automóvil y de General Motors como agente creador de su régimen discursivo . Es sintomático e ilustrativo, tal como rescata Townsend, este párrafo descritivo de la Feria Mundial de Nueva York del ensayista Walter Lippman:
“General Motors has spent a small fortune to convince american public that if it wishes to enjoy the full benefit of prívate enterprise in motor manufacturing, it will have to rebuild its cities and its highways by public enterprise”.
La ciudad radiante como utopía ante la desordenada ciudad del siglo XX. La smart city como utopía ante la compleja y desorganizada ciudad contemporánea, una utopía que cierra los ojos ante el fracaso de utopías previas:
“The disappointing legacy of the Garden cities and the battles over motorization are a sobering lesson for those who think they can master-plan smart cities in the coming century” (TOWNSEND 2013:107). 
De hecho, la propia utopía de la ciudad motorizada imaginaba un futuro objetual –el coche- en lugar de las consecuencias de su generalización. En este sentido, una buena ciencia ficción, como bien expresó Frederik Pohl, no es aquella que imagina el coche, sino que imagina los atascos de tráfico (“A good science fiction story should be able to predict not the automobile but the traffic jam.”). Por ello, esta historia de los últimos 50 años tiene mucho que enseñarnos sobre el exceso de optimismo en torno a una determinada tecnología (McCULLOUGH 2014:29):
“Social historians often warn of the unintended consequences of sudden infatuations with new technologies. Just as Americans rushed to do anything and everything in cars half a century ago, so, today, people worldwide are rushing to do anything and everything on socially linked smart devices, often all at once. It was decades before experts recognized the physical, social, and environmental health consequences of overreliance on the automobile. How long will it take to recognize the consequences of much wider overreliance on smart devices?”
De la misma forma, hoy desde la smart city se imaginan los diferentes productos que reconfigurarán las ciudades, pero apenas se presta atención a sus consecuencias. Si no pudimos prever la contaminación, la obesidad, el consumo de territorio, la dependencia del petróleo, la inseguridad viaria o el cambio climático, ¿qué consecuencias no está atendiendo el marco de la smart city y que aparecerán en las próximas décadas? Como afirma GREENFIELD (2013) refiriéndose a los valores que encerraba la ciudad moderna del CIAM y la manera en que la smart city más canónica se asemeja a ella, sabemos cuál es el balance de ese utopismo de la primera mitad del siglo XX:
“We know –empirically, conclusively, decisively- what citties designed according to these principles look and feel today. We know how they work. And waht we know isn´t very promising for the future of any putatively smart city planned along similar lines”.(GREENFIELD 2013)
Resulta sintomático e ilustrativo hacer el recorrido a través de las descripciones sobre la realidad actual de las ciudades –siempre pensadas en términos genéricos descontextualizados y con un claro sesgo hacia la ciudad en países desarrollados con una dotación previa de infraestructuras que hay que renovar- para entender este pesimismo. Se trata de un pesimismo que, además, selecciona una serie de problemas a resolver: un tráfico caótico, unas infraestructuras de saneamiento de agua ineficientes, una red eléctrica deficitaria,… No es nada pesimista sobre los problemas de acceso a los servicios básicos, sobre la falta de democracia, sobre los conflictos sociales, etc.

En realidad, la smart city tiene poco que ver con las ciudades, razón por la cual podemos afirmar que en su despliegue discursivo no hay apenas referencia alguna al conocimiento generado desde las ciencias sociales en los últimos años sobre la ciudad y sus diferentes dimensiones. De esta forma es como opera el mito de la suficiencia tecnológica, al trasladar la idea de que el consumo de energía es una cuestión puramente tecnológica (smart grids y sus diferentes componentes), la seguridad pública es una cuestión puramente tecnológica (las cámaras de video-vigilancia, los sistemas de reconocimiento facial,…), la ordenación del tráfico es una cuestión puramente tecnológica (el procesamiento de datos en tiempo real, las salas de control, los sistemas de identificación automática de matrículas para las multas, etc.) y así sucesivamente en todos los vectores horizontales y verticales de la representación sistémica de la smart city. De esta manera, los proponentes principales de este imaginario –al fin y al cabo, operadores en el negocio de la smart city- obvian cualquier otro elemento extemporáneo respecto a la tecnología: la normativa, el diseño de los objetos inteligentes, los conceptos más complejos y profundos sobre la ecología urbana, la realidad multidimensional de la seguridad pública, el funcionamiento de las economías urbanas, los condicionantes de la política local, las capacidades internas de la administración pública, etc.
“It´s just barely possible that their effort will produce impressive pictures for a website or a brochure –something staged nd static, in other words- but it badly mistakes the dynamics that undergrid the quality of urban life. That is to say that skylines, bustling street scenes and gemlike little parks are epiphenomenal. Like the other features and amenities being called out here, they arise in response to the needs of a great many of people of different proclivities, interacting with one aanother over reasonably long periods of time. And these, of course, are precisely the elements that are missing from Songdo and its peers”. 
(GREENFIELD 2013)
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GREENFIELD, Adam (2013) Against the smart city, Do Projects, Nueva York
McCULLOUGH, Malcolm (2014) Ambient commons. Attention in the age of embodied information, MIT Press, Cambridge
SÖDERSTRÖM, Ola, Till PAASCHE y Francisco KLAUSER (2014) “Smart cities as corporate storytelling”, en City: analysis of urban trends, culture, theory, policy, action, 18:3, 307-320
TOWNSEND, Anthony (2013) Smart Cities: Big Data, Civic Hackers, and the Quest for a New Utopia. New York: W. W. Norton & Company.
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Tras la primera presentación que hice de la estructura de la tesis (The myths behind the smart city technological imaginary (PhD brief notes #1)), a partir de ahora iré publicando algunos retazos del texto, que va avanzando. En algunos casos serán notas bastante desestructuradas o incluso una sucesión de citas, pero igual sirven como guía para entender cómo va evolucionado los temas que voy trabajando, qué referencias nuevas van apareciendo, etc. 



miércoles, 17 de septiembre de 2014

La smart city y el futuro próximo (PhD brief notes #2)

Las promesas de la smart city son construidas a partir de una sistemática apelación al futuro (GREENFIELD 2013):
"In setting out to construct a proximate future, the operative words are “will” and “can”; statements are marked by an odd sideways tense in which present and future are collapsed, and no distinction is made between the subjunctive mode and the indicative”.
Esta cuestión la planteaban BELL y DOURISH (2006:134) en un artículo certero sobre la utilización del tiempo futuro como recurso discursivo en la tecnología (y, específicamente, en el área de la computación ubicua):
 “(…) the dominant tense of ubiquitous computing writing is what we might call the ‘‘proximate future.’’ That is, motivations and frames are often written not merely in the future tense, describing events and settings to come, but describe a proximate future, one ‘‘just around the corner.’’ The proximate future is invoke in observations that ‘‘Internet penetration will shortly reach...’’ or ‘‘We are entering a period when...’’ or ‘‘New technological opportunities are emerging that...’’ or ‘‘Mobile phones are becoming the dominant form of...’’ A brief perusal of proceedings of recent conferences confirms the pervasive sense of the proximate future; of the 108 papers comprising the Ubicomp conference proceedings between 2001 and 2004, fully 47% of the papers are oriented towards a proximate (and inevitable) technological future (e.g., from only Ubicomp 2004, and more.) Indeed, Weiser’s foundational article originally published at the start of the last decade of the twentieth century and entitled ‘‘The computer for the twenty-first century’’ is, similarly, built around a vision of the proximate future, the future just around the corner or over the horizon”.
Los autores reconocen, en el momento de escribir el articulo, que el bagaje desde que los estudios de computación ubicua empezaron a imaginar el futuro ha sido muy diferente a como esos estudios pensaron que se desarrollaría, por lo que plantean pensar desde el presente:
“The ubicomp world was meant to be clean and orderly;it turns out instead to be a messy one. Rather than being invisible or unobtrusive, ubicomp devices are highly present, visible, and branded, but perhaps still unremarkable in the sense explored by Tolmie et al. Ubicomp has turned out to be characterized by improvisation and appropriation; by technologies lashed together and maintained in synch only through considerable efforts; by surprising appropriations of technology for purposes never imagined by their inventors and often radically opposed to them; by widely different social, cultural and legislative interpretations of the goals of technology; by flex, slop, and play.” (BELL y DOURISH 2006)
Source: Signs from the near future
Además, ante la distancia entre el futuro imaginado y el presente realizado, los autores plantean dos escenarios para entender por qué el ideal de la computación ubicua –en nuestro caso, de la smat city- se plantea siempre como un futuro próximo. Un razonamiento sería pensar que ese ideal futuro es un imposible, que no se puede llegar a él. En este sentido, ese futuro próximo sería un futuro pospuesto indefinidamente. Frente a esta primera respuesta, ofrecen una segunda : en realidad, el futuro próximo ya ha llegado, de manera que el ideal imaginado de la computación ubicua se ha cumplido pero hoy ha tomado una forma diferente a la inicialmente pensada. No son, en cualquier caso, respuestas excluyentes, como señalan los autores. Evidentemente, el futuro de la ciudad de la sociedad conectada tomará formas nuevas en las próximas décadas, pero ello no puede impedirnos entender que ya está sucediendo.

De nuevo, no estamos ante una cuestión meramente estilística, sino que denota un posicionamiento previo sobre las condiciones en las que los desarrollos tecnológicos se desplegarán en la ciudad, quién será su responsable y cómo se repartirán los costes y los beneficios. Así, situando el potencial de realización de los beneficios de las smart cities en el futuro, implícitamente se sustrae la agencia de quienes no están incluidos en la propuesta de un determinado producto smart presentado en futuro. La responsabilidad de su desarrollo queda en manos de su proponente, mientras que los demás (de manera implícita también, la ciudadanía) queda al margen y no le queda más que esperar a ver cómo se concreta el proyecto. De la misma forma, detrás de este uso del tiempo futuro se esconde una estrategia de financiación del proyecto: invertir hoy para disponer de beneficios en el futuro (retornos económicos, ahorros o beneficios sociales), consiguiendo con ello sustraer el debate sobre la oportunidad de la inversión hoy (en la mayor parte de los casos muy importante dada la actual escasez de recursos económicos y también generalmente escondida entre difusos mecanismos de colaboración público-privada) porque, en cualquier caso, los beneficios futuros (por tanto, únicamente esperados y no reales) serán mayores.

Este mecanismo despliega, además, una consecuencia aún más importante: las soluciones, dispositivos, interacciones o recursos susceptibles de ser catalogados como inteligentes son aquellos que veremos en ese futuro cercano, sustrayendo de la mirada aquellos ya existentes. Esta cuestión opera, a su vez, en dos niveles. Por un lado, sitúa la cuestión de la ciudad inteligente como una utopía más o menos cercana pero, en cualquier caso, por llegar. Es, por decirlo de alguna manera, el recursos a la insatisfacción del cliente (“aún no dispones de este producto que te hará ser feliz”), creando la actual abundancia de interés por comprar e implementar proyectos de smart city. Pero, por otro lado, funciona negando cualquier reconocimiento a proyectos, iniciativas o mecanismos ya existentes que perfectamente pudieran estar integrando hoy ya, de una manera mucho más natural desde la perspectiva del día a día de la vida en la ciudad, ese nuevo mix entre ciudad-tecnología que, en cualquier caso, ha sido siempre una constante en la historia de la ciudad a través de diferentes evoluciones tecnológicas.
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BELL, Genevieve y Paul DOURISH (2006) “Yesterday´s tomorrows: notes on ubiquitous computing´s dominant vision”, en Personal Ubiquitous Computing 2006
GREENFIELD, Adam (2013) Against the smart city,  Do Projects, Nueva York
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Tras la primera presentación que hice de la estructura de la tesis (The myths behind the smart city technological imaginary (PhD brief notes #1)), a partir de ahora iré publicando algunos retazos del texto, que va avanzando. En algunos casos serán notas bastante desestructuradas o incluso una sucesión de citas, pero igual sirven como guía para entender cómo va evolucionado los temas que voy trabajando, qué referencias nuevas van apareciendo, etc. 

jueves, 28 de junio de 2012

¿Qué esperar de las ciudades del futuro?


La semana pasada me tocaba cerrar el V Curso "Las Ciudades del Futuro: de la planeación estratégica a la gobernanza urbana" organizado por la Universidad de Deusto, el Instituto Tecnológico Superior de Monterrey y Bilbao Metropoli-30. Comparto aquí el documento para conducir la exposición, que estuvo centrada en tres grandes ejes:
  • Unas primeras ideas sobre las dimensiones de un mundo urbano, los diferentes paradigmas que se están utilizando en su análisis y algunas implicaciones sobre la creciente importancia de las ciudades para entender algunas dinámicas de hoy en día.
  • Una segunda parte más centrada en algunos elementos de economía urbana, sobre todo desde la perspectiva de la gestión de políticas públicas de promoción económica, ya que este era uno de los temas que más podía interesar a los participantes en el curso, estudiantes de la Escuela de Graduados en Administración Pública y Política Pública (EGAP) del Tecnológico de Monterrey.
  • Y una tercera parte más propositiva con una selección de algunas dinámicas que me parecen más interesantes para el futro urbano.


jueves, 7 de junio de 2012

V Curso "Las Ciudades del Futuro: de la planeación estratégica a la gobernanza urbana”


La Universidad de Deusto, el Instituto Tecnológico Superior de Monterrey y Bilbao Metropoli-30 organizan el V Curso "Las Ciudades del Futuro: de la planeación estratégica a la gobernanza urbana", que tendrá lugar del 11 al 22 de junio en Bilbao con el siguiente objetivo:
El curso está orientado al análisis y conocimiento de las metodologías actuales en relación con el desarrollo de ciudades, al objeto de conocer y discutir sobre el diseño y operación de los planes, proyectos y programas relacionados con la gestión metropolitana a partir tanto de la experiencia del Bilbao Metropolitano como de otras de carácter internacional, que por sus características e importancia sean dignas de reseñarse.
Este año me han invitado a participar en la sesión de cierre con una intervención sobre el futuro de las ciudades el 22 de junio. Casi nada. Estoy aún preparando los contenidos, que estarán orientados a analizar algunas tendencias que influyen en los entornos urbanos, una caracterización selectiva de las diferentes realidades urbanas (muy orientado, por las características del curso, a la gestión de políticas públicas) y una tercera parte de prácticas y escenarios emergentes. En fase de construcción por ahora, pero ya compartiré por aquí el documento que usaré y un desarrollo más detallado.

martes, 16 de marzo de 2010

Exposición Ciudades habitables, Ciudades de futuro


La Casa Encendida (Madrid) ha organizado una exposición, Ciudades habitables, ciudades de futuro, que creo que tiene mucho interés, especialmente para los temas en los que ando trabajando últimamente sobre tecnologías aplicadas a los entornos urbanos del futuro.

Se inaugura hoy 16 de marzo y estará abierta hasta finales de 2011, así que es tiempo suficiente para que me pueda pasar por allí. Juan Freire ha participado como asesor de contenidos y comisario científico y se presenta así:
Evolucionar hacia formas de vida sostenibles requiere forzosamente cuestionar nuestros propios principios culturales y poner en duda un modelo de desarrollo humano entendido únicamente como crecimiento. En este sentido, la exposición está concebida como un lugar donde es posible plantearse preguntas y entablar una discusión dentro de un ambiente cercano que fomente la reflexión y el intercambio de opiniones.
Sin embargo, una exposición que simplemente invita a la reflexión, sería una exposición incompleta. No basta con concienciar sobre la necesidad de cambio, también es necesario proporcionar a los visitantes las herramientas necesarias para que puedan pasar a la acción y tomar parte en la transformación de la ciudad actual.
En este sentido, Ciudades habitables, ciudades de futuro, pretende acercar al público el discurso de la sostenibilidad desde la práctica, mostrando soluciones concretas, logros visibles que puedan repercutir en la percepción del cambio como algo cercano y accesible. Para ello, en la exposición se muestran nueve experiencias innovadoras de distintas partes del mundo que permiten entender cómo funciona el tejido urbano, especialmente sus redes sociales, y diseñar estrategias de futuro.
En este blog llevamos tiempo hablando de los síntomas de lo que algunos llaman el malestar urbano. Las ciudades son una contradicción en sí mismas y la nueva realidad social, como diría Bauman, ha acrecentado este conflicto y han extendido el resentimiento urbano, la mayor parte de las veces contenido y que de vez en cuando explota en forma de revueltas urbanas. La ciudad es un fenómeno complejo donde está la ciudad construida y la ciudad percibida, la ciudad verde y la ciudad gris, pero siempre el espacio donde se generan dinámicas creativas y nuevas soluciones para los problemas que ella misma genera. Pero es la ciudad en la que habitamos, y el espacio en el que habita ya la mayoría de la población mundial. Aunque lo haga en entornos suburbanos o en condiciones infra-urbanas.
Y en el futuro, el futuro que es ahora, adoptará formas diferentes, generará nuevos flujos y relaciones por el impacto de las nuevas tecnologías y el hardware social, pero no sólo las tecnologías más relacionadas con el mundo digital. Estoy convencido de que la forma en que entendemos la vivienda como espacio de habitación cambiará y, posiblemente, no sea tabú hablar, por ejemplo, de pisos de 35 metros cuadrados. Y la forma en la que nos desplazamos en la ciudad cambiará en pocos años, porque no sólo cambiará la tecnología que usaremos para movernos en vehículos motorizados (eléctrico, hidrógeno,...) porque las tecnologías también generan nuevos usos sociales y nuevas formas de relación. Y así con el resto de servicios que nos ofrecen las ciudades.
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