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jueves, 21 de mayo de 2020

Coronavirus: el futuro de las ciudades en la era pandémica

Esta es una versión ampliada del artículo Los retos de las ciudades en el escenario post-coronavirus, publicado en el blog Seres Urbanos de El País el 20 de mayo.

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Las ciudades están en el centro de las preguntas sobre cómo será la vida post-Covid-19. Nadie lo sabe seguro, ni cuánto de ello será pasajero o cuánto modificará para siempre la manera en que las organizamos y nos organizamos en ellas. Tampoco está muy claro si habrá una nueva normalidad o si todo seguirá siendo igual de anormal que antes, y tal solo será un añadido superficial, una capa adicional, a la complejidad en la que vivimos. Sea como fuere, partimos de premisas que son contundentes. Este es un mundo cada vez más urbano, donde la demografía hoy y mañana más se basa en concentraciones de personas y de actividades en núcleos urbanos, suburbanos y/o metropolitanos. Dichos entornos importan aún más en mundo que ha re-descubierto una nueva fragilidad, su exposición a las pandemias. Vivimos un mundo urbano pero, aunque no éramos suficientemente conscientes (a pesar de la gripe aviar, SARS, MERS, H1M1,…), también vivimos en una era pandémica.

Map of cholera cases in London, 1854, created by Dr John Snow, which linked the outbreak to the Broad Street Pump water supply. John Snow/Wikimedia CommonsCC BY-NC-ND

Los virus encuentran en las ciudades el ambiente perfecto para expandirse, no tanto por la densidad, sino por los flujos. Este punto es interesante como punto de partida para pensar las ciudades del futuro cercano, porque una de las primeras intuiciones fue pensar en las ciudades densas como las más expuestas y las más problemáticas. Concluir esto tiene evidentes consecuencias prácticas: necesitaríamos ciudades menos densas, los entornos rurales estarían mejor preparados, los desarrollos unifamiliares y suburbanos serían los modelos ideales y más seguros, etc. Suena a una tentación anti-urbana. Ejemplos como Wuhan (que no es de las ciudades más densas de China y está lejos de los principales puestos de densidad a nivel mundial, y muy lejos de todas las grandes capitales europeas) o de Nueva York, que han sido grandes focos de contagios, parecerían apuntar en esa dirección.

Sin embargo, esta es una conclusión precipitada. Puede que sea un reflejo del higienismo pasado, pero tiene poco que ver con el mundo actual y los sistemas de ciudades a nivel mundial, nacional, regional, funcional,…En la era de la conectividad, también la conectividad física, a efectos de preparación para nuevas pandemias la densidad urbana no parece un factor determinante. Al menos si hablamos de densidad y no de otras condiciones como el hacinamiento, los asentamientos informales, etc. Dicho esto, es evidente que las ciudades intensifican el alcance y la velocidad de expansión de brotes de enfermedades infecciosas, pero sobre todo por la intensidad de los contactos y relaciones que se producen en ellas y por ellas.

Las ciudades, también como grandes concentradores y acumuladores, son parte de la solución o, dicho de otra manera, deberán estar en la primera línea de respuesta. Ya lo están a día de hoy y tendrán que estar mejor preparadas para nuevos episodios. Podemos esperar, al menos, una serie de tendencias que parecen claras:
  • El diseño urbano y arquitectónico deberá atender a nuevas prioridades de salud, desde las dimensiones de las viviendas hasta su equipamiento (balcones, por ejemplo) hasta la expansión de los espacios públicos abiertos, zonas verdes, jardines terapéuticos,…. Habrá que pensar de otra manera equipamientos como ascensores, escaleras comunitarias, espacios exteriores comunitarios. Se abre un margen más para la experimentación; la respuesta al Covid-19 en muchos casos ha sido improvisada y ha requerido de muchas dosis de creatividad, imaginación, pensamiento lateral,… como quieras llamarlo.
  • La experiencia vital del confinamiento nos ha dado una perspectiva magnífica sobre el desequilibrio en la distribución del espacio urbano. A pesar de no hacer prácticamente coches, el espacio para pasear no se ha reorganizado ni adaptado de manera estratégica, para recuperar el territorio vial entre los bordillos para darle prioridad a la movilidad no motorizada, aunque sea para facilitar el distanciamiento entre las personas. En algunas ciudades, desde Calgary a Colonia, pero también más cercanas, han sabido verlo con antelación, y han abierto sus calles completas a peatones y ciclistas. Otras ciudades están evaluando y organizando (Valencia, Madrid, Barcelona,...) cómo afrontar el exceso de capacidad viaria para reorganizar calles, trazados y rutas post-confinamiento. De cualquier forma, la distribución desigual del espacio urbano es ya una urgencia a resolver porque hemos descubierto otra ciudad y ni debería haber marcha atrás. 
  • El transporte público está ante una situación compleja. Si la norma, más allá de los periodos más estrictos, va a ser el distanciamiento social, y evitar aglomeraciones, las miradas están puestas en sistemas de metro, buses, tranvías,…. Más allá de la sospecha evidente de que la movilidad masiva es un vector de contagio, algunos estudios ya están analizando la extensión de la pandemia en ciudades como Nueva York a través de su sistema de metro. Esto tiene implicaciones muy variadas para agencias y autoridades de transporte, hasta el punto de poner en riesgo el modelo de transporte público sostenible: si serán atractivas nuevas licitaciones de concesiones de servicio ante nuevas condiciones de menos ocupación, si tendrán que revertirse muchos servicios privatizados, si será una cuestión sólo de aumentar frecuencias o habrá que reorganizar a otros niveles la demanda en hora punta, si los usuarios nos alejaremos del transporte público por miedo al contagio,… Por descontado, la operativa de los sistemas tendrá que adaptarse a una realidad que exigirá despliegues de mecanismos y dispositivos contactless y seamless del usuario desde la entrada a la salida y de manera permanente (máquinas expendedoras, equipos de validación, apertura de puertas, andenes, agarraderas,…). 
  • Si esta situación es un reto para el transporte colectivo, ahora llega la oportunidad para la movilidad peatonal y ciclista. Es ahora o nunca. Apenas estábamos empezando a generalizar por fin sus beneficios, y llega el momento de comprender por la experiencia subjetiva que necesitamos del espacio sobre-representado para el coche para movernos mejor en la ciudad. Toca abrir las calles, y con mayor urgencia en determinados barrios con un urbanismo más asfixiante en cuanto a aceras (¿cuatro metros mínimo?) o dominio del coche.
  • El coronavirus es un laboratorio de un desarrollo más sostenible. Su impacto es tan profundo que es lo más cerca que se puede estar de comprender y vivir muchos de los problemas de sostenibilidad que afectan al globo. Si esperamos que de todo este desastre salga algo nuevo, esto debería pasar por darle un carácter de crisis existencial y civilizatoria a problemas como el cambio climático o la degradación ambiental. Durante unas semanas, el mundo ha ensayado un mundo post-carbono, un mundo no dependiente del coche, un mundo que sólo consume lo necesario , un mundo que sólo produce lo esencial, un mundo contenido y auto-limitado, un mundo que comprende qué es socialmente relevante y productivo,….Lo hemos hecho forzados y precipitadamente, tanto que quizá no sepamos hacer la lectura adecuada de lo que ha pasado y podemos consolidar para el futuro como nuevas formas de vivir y organizarnos que deberían favorecerse en las ciudades. 
  • El proceso de urbanización del Sur Global es un proceso global que afecta, aunque sea indirectamente, a quienes no viven allí. Si ya era una prioridad lograr que esta dinámica cumpliera mejores condiciones en los asentamientos urbanos informales (acceso a agua potable, disponibilidad de servicios de tratamiento de agua y residuos,…) el grado de exposición de muchas ciudades en expansión será un reto aún más urgente. 
  • La estrategias de preparación y resiliencia serán mucho más comprensible ahora para la población, para los agentes sociales y para los gestores y decisores públicos. Puede ser que en buena medida estas estrategias y planes fueran una actuación circunstancial o periférica. Ahora será una necesidad, porque la falta de preparación a todos los niveles en la mayoría de los países que no habían sufrido otras epidemias recientes (al contrario que países como Corea del Sur, Singapur, China o Taiwan) explica gran parte de la respuesta tardía, desorganizada y desorientada que se ha dado. Es presumible que los planes de resiliencia local ya existentes tengan que adaptarse a la evidencia y considerar aún mejor los niveles de preparación, alerta temprana y capacidad de respuesta en cuestiones sanitarias y de salud pública
  • Las infraestructuras sanitarias importan; por supuesto, la disponibilidad de plazas UCI o otros equipamientos hospitalarios ha sido el factor limitante que ha explicado “que esto no es una gripe” y el consiguiente confinamiento en el que vivimos (con la espada de Damocles de intuir que vendrán nuevas fases de aislamiento social). Estos servicios no dependen de las ciudades (suelen ser de inversión regional o nacional) pero sí estarán instalados en las ciudades, y estas han de pensar cómo los organizan, les dan servicio, facilitan expansiones o flexibilidades para acoger dispositivos temporales (por ejemplo, espacios para realización de tests fuera de las urgencias). Esto mismo vale para las redes de equipamientos de atención primaria, igual de relevantes para un sistema sanitario fuerte y, por tanto, mejor preparado para nuevos brotes. 
  • La digitalización de los servicios públicos locales, y del resto de dispositivos, equipamientos, espacios,….con los que interactuamos en nuestra cotidianeidad también se abrirá un camino más acelerado. Automatización de procesos y análisis de datos serán herramientas que los decisores públicos demandarán para poder gestionar mejor, se reorganizarán y rediseñarán servicios para hacerlos digitales y permitir más y mejores procedimientos en línea. Al mismo tiempo, las autoridades locales, por ser las más cercanas al ciudadano, tendrán que jugar un papel relevante, aunque complicado, en ser una marca de garantía de los derechos digitales de las personas respecto a los datos personales, en los servicios urbanos. 
  • Una dinámica más global, pero que puede tener plasmaciones a nivel local es el de la auto-suficiencia local. Las dudas sobre el futuro de la globalización industrial, del mercado alimentario o la centralización de la producción energética,…implican procesos de fondo que pueden tener sus manifestaciones en forma de una mayor suficiencia y garantía alimentarias, la aceleración de la generación energética distribuida, las políticas de cercanía (Melbourne, París) o la reindustrialización productiva de los entornos urbanos. 
Photograph: Alberto Pizzoli/AFP via Getty Images

En cualquier caso, la situación que ha tocado vivir obliga a repensar la manera de organizar nuestras sociedades, servicios públicos, el trabajo, la sanidad pública,…por lo requiere también repensar las ciudades en las que viviremos y en las que afrontaremos próximas crisis sanitarias. No sabemos si llegará esa transformación, si será duradera o si será a mejor. No será fácil tampoco, y son muchas las lecturas que podemos hacer de todas estas semana. Si esto lo tomamos como oportunidad para reordenar prioridades y principios sobre los que se organiza la vida en comunidad, será un buen principio.

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No es fácil escribir sobre esta cuestión pero me he propuesto ordenar al menos algunas lecturas que voy sistematizando. Son apuntes dispersos y poco sistemáticos, como casi todo en este blog desde hace 12 años, pero al menos servirán para detectar algunos temas que creo serán relevantes en los próximos meses o años. 

Posts previos:

lunes, 22 de enero de 2018

Un mundo urbano, muchos tipos de ciudades

Durante estos años de extensión del ideal de la ciudad inteligente, los proyectos destacados usualmente como arquetípicos siguen siendo prácticamente los mismos. Masdar (Emiratos Árabes Unidos), PlanIT Valley (Portugal), Río de Janeiro o Songdo (Corea del Sur) se mantienen como los proyectos más ambiciosos, completos y de mayor escala y siguen ocupando titulares con cierta periodicidad. Se suman así a las ciudades globales que protagonizan los rankings habituales (Singapur, Londres, Nueva York, Amsterdam…). ¿Es posible evaluarlas todas a la vez? ¿Sirven los ejemplos de las grandes ciudades globales para acompañar las necesidades de ciudades como Lagos, Kinshasa o Nairobi? ¿Qué tienen que ver los megalómanos planes de desarrollo urbano en China con las prioridades de las ciudades de América Latina?

Un mundo urbano significa un mundo desigual, con enormes disparidades de partida sobre la disponibilidad de recursos públicos, las condiciones sociales, la solidez de los sistemas políticos que las sustentan, el nivel competencial, la estructura industrial o, simplemente, los hábitos de vida, de consumo y de adopción tecnológica. Un mundo urbanizado es un mundo de territorios urbanizados relativamente estables en términos de crecimiento espacial (en los países más desarrollados) y de inusitado crecimiento en la mancha urbana de las ciudades de mayor crecimiento poblacional (desde Shanghai hasta Lagos, desde Panamá a Bangalore). Un mundo de ciudades inteligentes es, en definitiva, un mundo en el que los proyectos difieren fundamentalmente en escala, prioridades, capacidades, impacto y viabilidad.

New Cairo [Urban Development Consortium]
Por ello, evaluar el estado de desarrollo práctico de las smart cities implica comprender que el tipo de proyectos en unas ciudades y en otras será diferente. Es así como, por ejemplo, los proyectos conocidos como cities from scratch o city in a box, es decir, la construcción de nuevas ciudades (magnífico, como siempre, este artículo de Adam Greenfield), aparece como una tipología que ha despertado gran interés principalmente en el Sudeste Asiático, mientras que en nuestro entorno más cercano no han dejado de ser proyectos anecdóticos y que no han llegado a buen puerto (como es el caso de PlanIT Valley, en Portugal). La necesidad de acoger grandes masas de población y, sobre todo, la disponibilidad de músculo financiero suficiente para proyectos de gran envergadura ha hecho que estos proyectos sean más factibles y deseados en los entornos que han sido testigos de mayores tasas de crecimiento económico en los últimos años. Es así como han surgido desarrollos o proyectos ex novo en Masdar (Emiratos Árabes Unidos), Lavasa (India), Xiongan (China), New Cairo (Egipto), Mall of the World (Dubai), Nova Cidade de Kilamba (Angola), Dholera o Lavasa (India). En otras ocasiones, la escala de la intervención no llega a ser la de una ciudad, sino que el proyecto de smart city se sitúa en un desarrollo urbanístico de una pieza no construida de la ciudad, normalmente un parque tecnológico o una zona industrial, con la instalación ex novo de tecnologías inteligentes (King Abdullah Economic City, Málaga, Kochi, Lyon, Skolkovo, Konza Techno City…, hasta un largo etcétera de nuevos distritos tecnológicos o de innovación urbana y nuevos barrios). Hasta Bill Gates quiere apuntarse al asunto. Por no hablar de la querencia por crear fake cities como en Corea del Sur,

Frente a estos proyectos, que no dejan de ser excepciones de un proceso de urbanización que acontece en ciudades ya construidas y que acoge a estos nuevos habitantes urbanos en barrios infradotados, la norma más general en unos países y en otros ha sido la renovación de barrios, áreas o distritos específicos mediante procesos de regeneración urbana (Amsterdam, Glasgow, Estocolmo, Malta, Santander, Londres, Río de Janeiro…). Estos proyectos usualmente toman la forma de renovaciones y actualizaciones tecnológicas en ámbitos sectoriales como la regeneración y rehabilitación energética de edificios, la implantación de nuevas soluciones en el espacio urbano (luminarias públicas, por ejemplo), la instalación de sistemas para la movilidad eléctrica, la instalación de paneles informativos digitales y otros dispositivos de interacción, el despliegue masivo de sensores como en el caso de Santander o del proyecto The Array of Things en Chicago, etc.

Por lo señalado anteriormente, la referencia a la ciudad inteligente puede ser equívoca; en la mayor parte de los casos, cuando un responsable político anuncia que quiere convertir su ciudad en una smart city o que ha conseguido la inversión para ser una ciudad inteligente, en realidad está hablando de intervenciones sectoriales o proyectos focalizados en un área concreta de la ciudad. Es así como podemos encontrar proyectos que alcanzan al conjunto del espacio urbano para intervenir en un aspecto concreto (digamos, la instalación masiva de contadores inteligentes o el despliegue de sensores de aparcamiento en superficie), pero normalmente son proyectos que alcanzan a un área concreta (barrio, calle, polígono industrial, red de equipamientos públicos).

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Un mundo urbano: las ciudades en la era digital

Hemos vuelto a mirar a las ciudades y a lo local. Las dos últimas décadas de globalización en todos los ámbitos, y en especial en el campo económico-financiero, la agenda del debate en áreas como el desarrollo industrial y tecnológico, los movimientos sociales, el comportamiento electoral o el cambio climático se está mostrando especialmente interesada por el factor físico y espacial que representa la escala urbana.

Las razones de este renovado interés son variadas. Podemos mencionar el interés por comprender (y replicar) los procesos de concentración espacial de las actividades de I+D+i (y su reflejo mediático en torno a Silicon Valley como ilustración de la localización territorial de distritos de innovación y otras formulaciones que explican cómo la innovación tiende a aprovechar las ventajas de la cercanía). También podemos contextualizar este creciente interés en el redescubrimiento del espacio público urbano como plataforma de reclamación en la nueva fase de movilización y luchas sociales (desde el parque Taksin-Gezi en Estambul hasta la Avenida Paulista en Sao Paulo, del movimiento 15-M en Madrid a Occupy Wall Street en Nueva York, pasando por Tahrir en El Cairo o el movimiento YoSoy132 en México). Podemos incluso acudir a las explicaciones de las actuales fracturas electorales en los sistemas democráticos liberales occidentales (Estados Unidos, Francia, Holanda, España, Austria), que inciden en situar en el eje rural-urbano algunas explicaciones a los cambios en los electorados. Podemos pensar en el creciente protagonismo en el escenario económico y geopolítico de nuevas capitales globales (Dubai, Shanghai, Shenzhen,…) que están haciendo más compleja aún la red de flujos de inversión y atracción de recursos, capaces además de producir efectos en sus propios territorios (mediante un aumento de la concentración de población y poder económico a ritmos inauditos hasta ahora) pero también en las capitales “clásicas” del mundo global, que están viendo transformados sus mercados inmobiliarios (y sus dinámicas sociales) mediante el asalto a los activos inmobiliarios de Londres o Nueva York por parte de las nuevas fortunas urbanas en los países emergentes para fines especulativos.

Estas circunstancias no agotan la explicación del renovado interés por las ciudades, pero ilustran la confluencia de factores que nos recuerdan que el mundo no es plano. Los medios generalistas más influyentes, desde la BBC a The New York Times, pasando por The Guardian o The Economist, han lanzado en los últimos años monográficos o incluso secciones específicas y estables dedicadas a explicar este nuevo mundo urbano. Por su parte, instituciones clave en la conformación de la agenda del debate global, desde el Banco Mundial al World Economic Forum, han vuelto su mirada al fenómeno urbano como parte de sus actividades. Conferencias, informes multilaterales, planes estratégicos nacionales y autonómicos o decisiones empresariales han ido coincidiendo en dibujar un mundo urbano.

Un mundo urbanizado
Para llegar a ello, nada ha hecho más por conformar este consenso que una cifra que ha ido repitiéndose como letanía: en 2008, según Naciones Unidas, por primera vez en la historia más del 50% de la población mundial vivía en ciudades. Este dato meramente estadístico, e incluso discutible cualitativamente, se ha impuesto como justificación de una visión del mundo que transita hacia una población crecientemente urbana. Los escenarios demográficos esperan que ese porcentaje alcance el 66% en 2050, y un 90% de ese crecimiento sucederá en Asia y África . Este hito estadístico representa una de las grandes tendencias globales que caracterizan el mundo actual y el aquel hacia el que avanzamos y tuvo en 2016 su momento culminante con la celebración en Quito de la Conferencia Habitat III. En efecto, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Vivienda y el Desarrollo Urbano Sostenible ha constatado cómo el mundo ha cambiado fundamentalmente desde su anterior edición, 20 años antes, en Estambul. Los procesos de urbanización se han convertido en fuerzas de transformación territorial, social, económica, cultural y ambiental a escalas y velocidades que no conocíamos hasta ahora, y lo hacen además en patrones de desigualdad profunda, de manera que en las dos últimas décadas, las mayores tasas de crecimiento de la población urbana se han producido en los países menos desarrollados de África . Las ciudades de mayor crecimiento poblacional previsto para los próximos años están localizadas prácticamente fuera del mundo desarrollado: Lagos, Kinshasa, Yakarta, Karachi, Delhi, Dhaka, Nairobi, Manila, Sao Paulo, Guangzhou, Shanghai, Bangalore y una larga lista de ciudades asiáticas y africanas están viendo crecer ya su población en una tendencia que continuará a lo largo del tiempo.

En Europa, uno de los continentes más urbanizados, en torno al 75% de la población vive en zonas urbanas, y se prevé que hacia 2020 la cifra aumentará hasta el 80%. Como consecuencia de ello la demanda de suelo en las ciudades y sus alrededores es cada vez mayor y, acompañado de ello, el consumo de materiales y recursos, la generación de residuos y emisiones. La expansión urbana descontrolada está remodelando los paisajes y afectando a la calidad de vida de las personas y el entorno como nunca antes había ocurrido, y sitúa en el nivel local las principales tensiones sobre los sistemas de cobertura de bienestar y los servicios públicos. Las ciudades también ejercen como motores del progreso impulsando la innovación y el avance en temas culturales, intelectuales, educativos y tecnológicos. Actúan como economías de aglomeración al igual que históricamente sirvieron también de espacios de libertad y protección, ofreciendo promesas de prosperidad y progreso a sus habitantes. Sin embargo, los costes de esta urbanización del mundo son evidentes. Este proceso multiplica en muchas ocasiones las condiciones de desigualdad social y crea problemas por la baja calidad de los asentamientos urbanos. Se trata de la gran contradicción de la vida en la ciudad; como afirmaba el informe State of World Population 2007 de las Naciones Unidas, “ningún país en la era industrial ha conseguido crecimientos económicos significativos sin urbanización. Las ciudades concentran pobreza, pero también representan la principal esperanza para salir de ella”.

El paisaje global de un mundo urbanizado no es, por tanto, tan sólo una cuestión de acumulación de población en áreas urbanas y en grandes metrópolis. Se trata también de una concentración creciente de poder económico en estos entornos, que convierten la economía globalizada en una cartografía desigual de nodos de actividad económica. De manera creciente, el progreso económico se concentra en las conurbaciones de todo el planeta.

Porcentaje de PIB global generado en las ciudades (2010-2025). Fuente: Urban World: Mapping the economic power of cities (McKinsey Global Institute)

Más del 80% del PIB mundial se genera en las 600 ciudades más grandes del planeta  y las 100 primeras de ellas generaron el 38% en 2007, señalando una clara concentración económica en las ciudades. En algunos países, una sola ciudad puede llegar a representar una parte significativa de la riqueza nacional. Así, Seúl, Budapest o Bruselas acumulan más del 45% del PIB de sus países. Sin embargo, no es en las 23 grandes metrópolis y capitales globales donde la concentración está avanzando más, sino en el resto de ciudades (ciudades entre 150.000 y 10 millones de habitantes) donde los crecimientos serán más altos en los próximos años. De hecho, hasta 2025 se espera que sea en las ciudades de mercados emergentes (423 de las 600 consideradas en el estudio) donde se localice el 45% del crecimiento económico mundial, en paralelo a los crecimientos esperados en población, aumento de la capacidad de consumo, construcción de nuevas viviendas, etc.

Un mundo conectado
A esta sucinta exposición sobre la importancia de las ciudades en la actualidad podemos añadir otro patrón evidente de transformación de la sociedad: la generalización de la esfera digital y las tecnologías móviles como explicación de la modificación de hábitos sociales, estructuras industriales, modelos de gobernanza o formas de organización colectiva. Estos cambios nos han hecho avanzar de manera gradual y sigilosa pero disruptiva al mismo tiempo hacia sociedades conectadas, sociedades digitales, sociedades de la información, como queramos llamarlo. Esta penetración digital ha sido especialmente profunda en España en algunos ámbitos como la adopción de los smartphone o el despliegue de fibra óptica hasta el hogar.

La OCDE, en su informe de 2014 titulado Measuring the digital economy: a new perspective, señalaba que el número de usuarios de internet en todo el mundo alcanzó los 3.000 millones. El número de usuarios de Internet en los países de la OCDE ha pasado de algo menos del 60% de los adultos en 2005 a cerca del 80% en 2013, con una penetración del 95% entre la población joven. Hoy los jóvenes de 15 años pasan ya más tiempo diario conectados a la Red que viendo la televisión tradicional. La banda ancha móvil está ya ampliamente disponible en muchos países emergentes y en los menos desarrollados, aunque este despliegue y disponibilidad de infraestructuras de conectividad es muy desigual según los países. La penetración de usuarios de Internet alcanza el 40% a nivel mundial, un 78% en los países desarrollados y un 32% en los países emergentes, mientras que más del 90% de las personas que todavía no utilizan internet viven en los países en desarrollo. Países como Corea del Sur han llegado a alcanzar casi el 100% de disponibilidad de banda ancha en los hogares, pero las diferencias aún son evidentes, ya que en África estas conexiones no llegan más que al 10% de los hogares.

Vincent Laforet - AIR Project 
Por otro lado, este mundo conectado avanza gracias a dos patrones simbióticos: la explosión en la producción de datos y la generalización de objetos conectados, elementos que alimentan la densa capa digital sobre la que funciona casi cualquier actividad, desde el comercio al ocio, pasando por la organización industrial o el confort en el hogar. Según la empresa SAP, el número de objetos conectados en 2050 llegará a los 50.000 millones, en un crecimiento exponencial desde la llegada a primeros de los 90 del siglo pasado de la primera ola de adopción de los ordenadores personales. Este crecimiento está protagonizado por el internet de las cosas, un patrón de desarrollo tecnológico que alcanza casi a cualquier objeto al que se pueda acoplar un sistema de actuación para la producción de datos automáticos y su control remoto (desde coches a frigoríficos, desde relojes a muñecas). Aún más difícil es medir hoy y predecir de cara al futuro el peso de este torrente de información digital. Según datos recientes de CISCO, en 2016 el tráfico de internet ha superado ya los 1.000 exabytes y espera que en 2020 esta cifra llegue a la magnitud de los zetabytes. Las cifras son mareantes: cada minuto se publican más de 100.000 tuits, más de 700.000 actualizaciones en Facebook, se envían más de 170 millones de correos electrónicos, se hacen más de 2,5 millones de búsquedas en Google, se descargan más de 50.000 aplicaciones móviles, se comparten más de 200.000 imágenes en Instagram, se ven más de 70.000 horas en Netflix o se ven casi 3 millones de vídeos en Youtube, por acudir sólo a los datos de las plataformas sociales más conocidas. Cada día creamos 2,5 trillones de bytes de datos. El 90% de los datos en toda la historia del mundo se han creado en los dos últimos años.
El informe La Sociedad de la Información en España 2016 de Fundación Telefónica nos dibuja patrones de uso de Internet para acceder a actividades relacionadas con el ocio, la comunicación personal o la actividad laboral que van generalizándose. La digitalización de las infraestructuras alcanza a la adopción de la banda ancha de nueva generación (casi 7 millones de líneas) o a la cobertura del 95% de la población de tecnología 4G, acompañando y favoreciendo así la adopción de nuevos hábitos (el abandono del correo físico entre la población más joven, la generalización de la mensajería instantánea como sistema de comunicación cotidiano, la digitalización de la organización empresarial, etc.). Hoy el 92% de los internautas acceden a Internet desde el smartphone, casi 20 puntos porcentuales más que quienes lo hacen desde el ordenador. Incluso las relaciones personales han pasado a formar parte del paisaje digital, de manera que el 29% de los jóvenes entre los veinte y los veinticuatro años ha encontrado pareja en Internet. De la misma forma, el consumo de televisión o el acceso a servicios de la Administración se han visto transformados por la aparición de los contenidos digitales, las nuevas estructuras empresariales y la generalización de servicios electrónicos para interactuar con los servicios públicos.  Abundando en más detalles, el Informe Anual de la Agenda Digital para España 2015 apunta a una creciente extensión de la compra online (37% de la población) y a la extensión del software de gestión empresarial (con crecimiento del 7% en la implantación de sistemas CRM –Gestión de Servicios al Cliente–), reflejando la extensión de la capa digital a prácticamente todos los ámbitos de la vida. Por su parte, el informe de 2016 de BBVA Research Digital Entrepreunership Index for the European cities  ha analizado, entre otras variables, el grado de digitalización de 38 ciudades europeas. Según este índice, las ciudades españolas Madrid, Barcelona y Bilbao cuentan con niveles de digitalización por encima de la media del resto de las ciudades europeas analizadas. Las tres ciudades españolas se encuentran en la mitad de la clasificación. Londres (Reino Unido), lidera todas las categorías. París (Francia), Amsterdam (Holanda), Helsinki (Islandia), Copenhague (Dinamarca) o Estocolmo (Suecia) se encuentran en los primeros puestos, por detrás de la capital de Reino Unido.

Estos patrones donde mejor se reflejan es, precisamente, en los entornos urbanos. El impacto del imparable desarrollo tecnológico sobre la ciudad es un aspecto fundamental para entender las políticas urbanas en los próximos años. No se trata de una cuestión circunscrita únicamente a las tecnologías de la información, pero es bueno recordarlo porque las ciudades “respiran” tecnología por los cuatro costados; la movilidad, la generación y la distribución de energía, la provisión de servicios públicos, la gestión de residuos, la vigilancia y la seguridad… todo esto está absolutamente mediatizado por los avances tecnológicos y, de alguna forma, el desarrollo urbano en sus diferentes facetas está muy ligado a determinados avances de la técnica. No es posible entender los cambios urbanos a lo largo de la historia sin encontrar en todos ellos el rastro de diferentes avances.
Pensemos en la movilidad, por ejemplo: cómo nos movemos en la ciudad ha ido sufriendo cambios espectaculares a lo largo de los siglos, y en cada cambio se modifica la experiencia de la vida urbana, la concepción del tiempo y del espacio (en función de la velocidad de los medios de transporte y de la distribución de éstos), el diseño urbano (aparecen las paradas de autobús, las estaciones de metro y los puntos de recarga para la movilidad eléctrica), la sensación de seguridad en la calle (según el espacio y las prerrogativas que damos a unos medios u otros), el consumo y los patrones de urbanización, etc. Sin embargo, no podemos negarlo, hoy la ciudadanía, a través de los medios digitales, construye una nueva forma de relacionarse donde a lo físico se suma lo virtual. Y los poderes públicos locales tratan también de adecuar sus servicios a esta nueva realidad dotándose de soluciones digitales para dar servicio público, mientras que la propia ciudadanía ya convive de manera natural con herramientas (navegación digital, apps…) que han reconfigurado la experiencia de moverse en la ciudad.

Estos elementos constituyen señales estadísticas y experienciales de un cambio que no es sólo tecnológico, sino también cultural, de la misma forma que la urbanización mundial no es únicamente un proceso espacial sino multidimensional. La confluencia de ambos patrones ha dado forma a una concepción de la ciudad como un espacio transformado por la capa digital. Las ciudades –siempre lo han sido– son entornos de concentración de actividad humana y el espacio privilegiado en el que los principales progresos científico-técnicos se despliegan, avances que además tienen un fuerte componente de comunicación social y de construcción de nuevas formas de sociabilidad. La historia de la ciudad es, de hecho, la historia de la plasmación física de los grandes adelantos técnicos, desde la agricultura hasta el ferrocarril, desde los sistemas de alcantarillado hasta el vehículo a motor. Hoy, en 2017, nos preguntamos cómo serán las sociedades del futuro analizando cómo se están desplegando en el presente las tecnologías más propias de nuestra época, las digitales, en el espacio principal en el que acontece la actividad humana, las ciudades.

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Extracto del capítulo Innovación urbana: la escala humana en la ciudad inteligente del Informe España 2017.

martes, 7 de abril de 2015

Viaje por un mundo urbano: Towards the human city

Fernando y Paula están metidos desde hace un tiempo en un proyecto fabuloso, Towards the Human City. Recientemente han publicado Why leave everything behind to document human cities? para contar exactamente lo que hacen que, en pocas palabras, es un intenso viaje por las diferentes regiones del mundo para explorar, descubrir y documentar iniciativas innovadoras desde el punto de vista social que están ocurriendo en las áreas urbanas del planeta. El proyecto lo conocí cuando me pidieron colaborar como parte del equipo asesor (básicamente, sugerirles ideas y contactos en ciudades que van visitando) y desde entonces voy siguiéndoles la pista y manteniendo el contacto en sus diferentes escalas. Y ahora que el trayecto ya está avanzado, quería compartir por aquí el proyecto por si te interesa seguirlo, apoyarlo o, simplemente, conocerlo.

Desde junio de 2014 han realizado ya tres etapas en las que han visitado Colombia (Bogota, Medellin, Pereira, Manizales), México (La Paz y Mexico DF), Argentina (Buenos Aires y Mar del Plata),  Brasil (Rio, Sao Paolo y Porto Alegre), Vietnam (Hanoi, Ho Chi Min, Hoi An y Danang), Indonesia (Jakarta, Bandung, Sarabaya y Bali) y Singapur. Por delante tienen Corea del Sur, Japón, China, Filipinas, Sudáfrica, Kenia, Mozambique, Uganda, Tanzania, Rwanda, Estados Unidos, Canadá, Europa, África del Oeste y Oriente Medio. Como para perder el pasaporte.


El objetivo básico del proyecto es documentar 101 iniciativas transformadoras que logran ciudades más humanas para poder desarrollar a partir de ella un catálogo de productos prácticos (documental, publicaciones, exposición, base de datos, cajas de herramientas,…) para promover este tipo de proyectos urbanos en otros lugares. Una especie de benchmarking consultoril pero a lo bestia, a pie de calle y desde la experiencia de vivir en las comunidades y barrios donde van documentando. Si todo va bien, en diciembre de este año habrá terminado la fase de producción y 2016 será la pos-producción de todas las herramientas, incluido el documental, así que aún tienen un buen trabajo por delante.

De todo ello resultará un catálogo de iniciativas centradas en diez dimensiones urbanas -desde movilidad urbana a acceso a la vivienda, pasando por la salud y servicios sanitarios o la educación y el acceso a la cultura- que coinciden en tres ejes transversales:
  • Participación ciudadana: promover la participación ciudadana en el diseño, la toma de decisiones y la ejecución de políticas públicas urbanas. 
  • Tecnología: promover la innovación tecnológica para ofrecer soluciones eficientes y sostenibles a los problemas urbanos. 
  • Sostenibilidad: satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades.
En su web (en rediseño estos días) tienen ya el detalle de las primeras iniciativas, pero pronto llegarán a 30, así que puedes seguir el proyecto en la web y en su Tumblr.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Un mundo no tan urbano

Dice la letanía que en algún momento en 2007 la mayor parte de la población mundial ya vivía en ciudades. Este dato se ha convertido en un lugar común y en el inicio casi inevitable de cualquier artículo o conferencia sobre temas urbanos. Hoy ese porcentaje, según las Naciones Unidas, es del 54% de la población mundial y, según las proyecciones demográficas, alcanzará el 66% en 2050.
Estos datos nos hablan, evidentemente, de una fenomenal transformación social, económica y ecológica en el mundo, una transición demográfica acelerada e inaudita en las regiones menos desarrolladas del planeta. A fuerza de repetición, hemos asumido la idea de ciudad y de áreas urbanas como un todo sin matices y unívoco.

Sin embargo, podemos matizar y hasta poner en cuestión que el mundo sea realmente urbano, al menos si lo que tenemos en mente es la idea más generaliza de ciudad como un espacio relativamente compacto, moderno, ordenado, etc.

El mundo se está haciendo urbano pero, en realidad, el aumento está muy concentrado. El informe World Urbanization Prospects 2014 de la división de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas apunta a que el 37% de la urbanización en el mundo hasta 2050 sucederá en sólo tres países: China, India y Nigeria. De esta forma, tal como refleja la imagen, el crecimiento urbano es un fenómeno de concentración espacial en determinadas regiones del mundo y sólo una parte del mundo se está urbanizando.

Imagen de valeriepris via Slate
El número de megaciudades (digamos, más de 10 millones de habitantes) seguirá creciendo, pero el fenómeno de las ciudades de segundo rango es el más novedoso, ya que es esta red de ciudades de tamaño medio (entre medio millón y 5 millones) donde se concentrará gran parte de la nueva población mundial, configurando además una tupida red de ciudades de este tipo a la sombra de las grandes megalópolis.

La opinión pública ha asumido ya la pujanza del Sudeste Asiático como nuevo polo económico y tenemos cierta conciencia sobre el ascenso de la urbanización en países como China, Indonesia o India, que asociamos rápidamente a nuevos centros económicos globales como Shanghai, Guangzhou, Shenzhen, Mumbai, etc. Sin embargo, la urbanización de África permanece silenciosa, por más que la presión migratoria la tengamos a la puerta de casa. Pero ciudades como Cairo, Kinshasa, Lagos o Luanda están ya en plena transformación urbana. La urbanización China, por ejemplo, ha tenido un amplio eco derivado de su creciente poder económico, y ha sido bendecido con exposiciones universales y olimpiadas, al tiempo que se escondían sus miserias y restricciones a la libertad. África no tiene sus grandes desarrollos urbanos para la economía global y las revistas de diseño y arquitectura, ni los edificios milagro que tanto entretienen y ofrecen un sueño de modernidad a esta urbanización acelerada. El continente africano, en cambio, vive una urbanización silenciosa, a caballo de la miseria y a lomos de una débil capacidad institucional para hacer frente a las necesidades de la población.

Más allá de los datos, un artículo de Neil Brenner y Christian Schmid, The ‘Urban Age’ in Question, ha puesto el acento en la parte más cualitativa del concepto de ciudad, poniendo en cuestión precisamente que la referencia cultural, metodológica y estadística la ciudad como base de espacial para comprender los cambios demográficos. De esta forma, la idea de ciudad esconde una diversidad de formas y escalas que hacen imposible de equiparar el hecho urbano en Manhattan, Shanghai o el Delta del Nilo. Lo relevante no es la condición urbana mayoritaria de la población mundial, sino el surgimiento de nuevas geografías que no encajan con los modelos de los que disponíamos hasta ahora para entender el crecimiento urbano en torno a la idea más clásica de ciudad.

Así es como las estadísticas incluyen como población urbana los millones de personas que viven en slums y otras áreas degradas del extrarradio de las ciudades, en nada comparables a la idea de ciudad que nos transmiten las imágenes de las grandes ciudades globales occidentales o los nuevos poderes urbanos asiáticos. De la misma forma, esas estadísticas contabilizan como urbanas las poblaciones que viven en las periferias de las ciudades más asentadas, en crecimientos de baja densidad (urban sprawl), un tipo de desarrollo urbano alejado de la idea de ciudad compacta, mista y polifuncional. Se trataría, en el mejor de los casos, de áreas urbanizadas pero no urbanas.

Se trata de unos apuntes ligeros para poder revisar críticamente una asunción quizá demasiado precipitada. Tal vez nuestro mundo no sea tan urbano y, si lo es, esa urbanización se asemeja mucho más a Kampala que a Las Vegas. Si realmente queremos entender el mundo actual como una era urbana, nuestra idea de ciudad ha de cambiar y los esfuerzos por repensar las ciudades del futuro tendrían que pensar mucho más en las nuevas realidades que escapan del discurso más establecido.

Artículo publicado previamente en el blog Seres Urbanos de El País.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Ciudades sostenibles en Master Cleantech de la Universidad de Deusto

Esta semana voy a dar unas sesiones en el Master de medio ambiente y tecnologías limpias (cleantech) de la Universidad de Deusto. Es un programa que cubre de manera amplia los diferentes aspectos relacionados con la eco-innovación y en el que tiene cabida también la variable urbana, que es el tema que abordaré estos días.

En este marco sobre la ciudad sostenible he planteado dos grandes bloques. Por un lado, un bloque sobre sobre la importancia de la sostenibilidad de las ciudades en un mundo urbano, en el que cabe un análisis de estadísticas y patrones de urbanización mundial y sus diferencias regionales, así como un repaso a algunas dinámicas de concentración de la economía urbana global en entornos locales. Son algunos elementos de contexto para entrar después en cuestiones más específicas: el cambio climático como expresión de la tensión global-local en relación a los impactos ambientales de esos patrones de desarrollo, un marco para el urbanismo sostenible y los instrumentos de ordenación y planeamiento y, por último, un repaso sintético de nuevas prácticas y tipologías de proyectos urbanos en línea con la sostenibilidad.

El segundo bloque es más cercano aún a las tecnologías limpias de manera específica ya que es el momento perfecto para conectar lo anterior –el contexto urbano- con las tecnologías urbanas y la omnipresente smart city. Aquí, a pesar de ser muy crítico y empeñado en matizar tantas promesas del discurso de la ciudad inteligente, tengo que ser descriptivo, al menos en la primera parte. Así que será una especie de estado de la cuestión en relación a los vectores tecnológicos y los sectores de servicios urbanos más implicados en el desarrollo de una nueva generación de soluciones urbanas sostenibles. Titánico esfuerzo para el poco tiempo disponible, pero estará bien dibujar el contexto y sus actores (gobiernos locales, ciudadanía,  empresas tecnológicas, utilities, prestadoras de servicios,…) antes de entrar en la necesidad de urbanizar la tecnología, punto en el que tocará profundizar en el significado de estos cambios tecnológicos, en dónde reside la eco-innovación que prometen  y su capacidad real de transformar los patrones de desarrollo sostenible.

Dicho todo esto, en realidad, con no aburrir y poder provocar un buen debate de fondo me conformo.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Shanghai (1987-2013)

Una nota rápida para una foto impactante y representativa. 26 años de cambios en Shanghai, con el cambio urbanístico como reflejo de cambios aún más brutales a nivel social, cultural, político, etc. (via Urban Times) en el país (China urbanizada 1992-2010) y en otras ciudades como Shenzhen.


Claro que en nuestro caso tenemos un fantástico proyecto, Nación Rotonda, documentando la expansión de los últimos años. Todo un catálogo con el que además puedes jugar para ver el antes y el después en la misma imagen.

martes, 5 de marzo de 2013

China urbanizada 1992-2010

Hace ya tiempo que no escribo nada sobre China, pero hubo un tiempo que dediqué varios posts al impacto social, cultural y económico de la urbanización china y la inusitada rapidez con la que se ha producido. Es un tema que, además, se presta a encontrar imágenes impactantes y muy ilustrativas sobre la dimensión de este formidable cambio.

Aquí van dos fotos tomadas de una animación sobre imágenes de la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) y que publicó hace unos días Business Insider.

1992

2010

Este proceso ya no es novedoso, y es ya reconocido como uno de los principales elementos para entender el mundo actual, especialmente en la transición hacia una geografía de la economía mundial. Pero sobre China también se cierne la profecía de una explosión de su burbuja inmobiliaria (y en este caso estaríamos ante el Armagedón definitivamente), algunos de sus proyectos más emblemáticos como el de Ordos también han quedado como grandes ciudades fantasma e incluso la inversión china está detrás de otros fenomenales proyectos urbanísticos fantasmales en Luanda (Angola). La huella territorial de China, de hecho, alcanza varios países africanos en los que el despliegue de la capacidad inversora china se convierte en el desarrollo de infraestructuras de todo tipo en muchas ciudades africanas que hasta ahora no habían podido contar con recursos o capacidades para proveer ciertos servicios urbanos básicos. China se expande más allá de sus fronteras en una no tan silenciosa diplomacia a base de compra de tierras y favores y fuerza inversora.

El patrón de urbanización de las dos imágenes corresponde, esencialmente, con la localización de los cien principales clusters industriales del país, razón última de este cambio migratorio:


martes, 24 de abril de 2012

Kampala, la ciudad del futuro


El trabajo de exploración espacial que las diversas agencias  (NASA, ESA,Agencia Espacial Federal Rusa, etc.) hacen público suele ofrecer imágenes impactantes. Las fotos nocturnas nos enseñan territorios expandidos de forma sorprendente conformando mega-regiones cuya escala es difícil de observar desde la perspectiva cotidiana con la que vivimos. Y cuando estas imágenes son comparables en su evolución en el tiempo, nos encontramos con la mejor forma de explicar y entender el alcance de los procesos de urbanización más acelerados.
Estas dos imágenes, ofrecidas por la NASA, ilustran perfectamente estos cambios de escala. Las Vegas es, junto a otras ciudades norteamericanas como Houston o Phoenix, el clásico ejemplo de expansión territorial en forma de urban sprawl que tanto nos ha mantenido ocupados y preocupados durante las últimas décadas. La primera imagen (pincha para ver la original) corresponde precisamente a esta ciudad en el desierto y la evolución de su mancha urbana entre 1984 y 2007 (junto, por cierto, al declive del lago).


La segunda imagen (pincha para ver la origional) podría servir para ilustrar, en cambio, un proceso que ha recibido mucha menos atención, pero que ha tenido lugar de forma silenciosa en África y Asia, con sus respectivas particularidades. Se trata de Kampala (Uganda) y su evolución entre 1974 y 2008. Un cambio aún más profundo en el que el concepto de urban sprawl apenas tiene sentido.


Ahora que los titulares más llamativos se animan a hablar de las ciudades de futuro, estaría bien recordar que la gran mayoría de las ciudades más pobladas (y, en buen medida, más potentes económicamente en el futuro) se parecen mucho más a Kampala que a Las Vegas.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Libro. Living in the endless city


El proyecto Urban Age, impulsado por el LSE Cities Centre con el apoyo de la Alfred Herrhausen Society del Deutsche Bank ha publicado un nuevo libro, Living in the endless city, continuación del inicial The Endless City, al que ya dediqué unas líneas en los inicios de este blog. Si en el primero los focos de atención eran las ciudades de Nueva York, Shanghai, Londres, Mexico DF, Johanesburgo y Berlin, en esta ocasión la investigación se centra en tres ciudades que representan tres espejos diferentes en los que mirar la realidad de las grandes megaciudades fuera del mundo más desarrollado como son Mumbai, Sao Paulo y Estambul. Ricky Burdett y Deyan Sudjic siguen al frente de esta publicación que aborda los retos de las grandes ciudades en países como India, Brasil o Turquía, mucho más que simples países emergentes, donde a la pujanza económica se une un proceso de urbanización acelerada que apenas es capaz de satisfacer las necesidades de sus habitantes al tiempo que reproduce las contradicciones de cualquier ciudad.

El libro está dividido en tres partes; la primera de ellas, titulada Cities, es una recopilación de textos e imágenes gráficas que abordan de forma general la urbanización mundial, incluyendo diferentes mapas para entender de un vistazo las zonas de mayor concentración poblacional en el mundo, los territorios de mayor densidad, las huellas de la intervención humana en el territorio, la complejidad de las relaciones aéreas entre diferentes ciudades o los crecimientos económicos y de población en unas ciudades y otras y, acompañando a todo ello, diferentes ensayos temáticos de cada una de las tres ciudades, en los que se analizan algunas cuestiones concretas de los tres contextos urbanos. La siguiente sección, Data, recapitula los datos más significativos de las tres ciudades y los compara entre ellas y también con otras ciudades analizadas en Urban Age, con una magnífica línea gráfica, uno de los elementos mejor cuidados en estos libros. Por último, la tercera sección, Reflections, contiene las miradas más amplias y de mensaje más profundo para el análisis de la realidad urbana, con contribuciones destacadas de autores como Richard Sennet, Alejandro Zaera-Polo, Alejandro Aravena o Bruce Katz.

La primera sección es, posiblemente, la más floja, no sé si porque sus autores son académicos de sus respectivas ciudades y, contrariamente a lo que podíamos pensar, se quedan en algunas generalidades; por el contrario, la tercera sección es, con diferencia, mucho más precisa en las observaciones que se lanzan sobre las desigualdades, el papel de lo informal en estas ciudades o la cultura institucional y democrática. En cualquier caso, ambos capítulos no guardan espacio para acercar la realidad de los propios habitantes de estas ciudades, una ausencia -cubierta sólo por un capítulo de Tony Travers con datos de una encuesta- que hace que la publicación, y no sé si el proyecto en su conjunto, quede en un ejercicio intelectual con poca cercanía a la realidad. En cualquier caso, con sus limitaciones, se trata de un buen trabajo de exploración de la dimensión del reto urbano en la actualidad desde la perspectiva de las grandes cifras y, de alguna forma, de la visión aérea (desde arriba, con distancia) de los entornos urbanos más dinámicos y de mayor crecimiento en el mundo.



lunes, 11 de abril de 2011

Sólo China puede pensar una ciudad de 260 millones de habitantes


Hace unas semanas salieron a la luz los planes para constituir una gran megápolis en China, resultado de la unificación administrativa y el desarrollo territorial aún no urbanizado comprendido en el área formada por las ya hoy grandes ciudades chinas de Guangzhou, Shenzhen and including Foshan, Dongguan, Zhongshan, Zhuhai, Jiangmen, Huizhou y Zhaoqing (Pearl River Delta). 42 millones de personas reunidas en una nueva ciudad resultado de la unificación.

Por lo visto, esto no es nada comparado con un plan que se presenta en este artículo,donde podemos leer que también hay un plan para unificar la gestión y el territorio de dos gigantes como Beijing y Tianjin en una estructura territorial y política para acoger a 260 millones de habitantes. Se trata de una zona que ya funciona a modo de hinterland y conocida como Bohai Economic Rim, a la que ahora se le pretende dotar de unidad administrativa.
No sé si todas las cifras me cuadran y hasta qué punto podemos entender esto como un enorme salto adelante pero es una prueba más de que China piensa, en muchas cosas, a otras escalas muy diferentes a las que hasta ahora hemos conocido.

jueves, 7 de abril de 2011

Luces y sombras de las megaciudades


Joel Kotkin, polémico como casi siempre, propone una lectura crítica de las megaciudades en The problem with megacities y de algunos discursos excesivamente optimistas, según él. Aunque lo hace desde una posición que últimamente defiende con vehemencia como es la de la apoyar el modelo de urbanización americano (frente a la corriente que vuelve a mirar a los centros urbanos), son argumentos a considerar. Por un lado, podría estar dándose un excesivo optimismo y una mirada poco exigente éticamente respecto a los slums, favelas y otras formas de infravivienda. Por otro lado, apoyándose en algunas cifras que el informe Mapping the Economic Power of Cities ha reflejado, las megaciudades llevan años sin ser la punta de lanza de la economía mundial y, previsiblemente, dejarán de serlo en el futuro, dominado al parecer por ciudades de tamaño medio. No soy, ni mucho menos, un entusiasta de este hombre y de algunas de sus ideas aunque, por las veces que le cito últimamente, me lo voy a tener que mirar. Pero el caso es que algo de razón tiene aunque su apelación a la ciudad-jardín es completamente extemporánea.

martes, 29 de marzo de 2011

Las nuevas ciudades de 2025, una nueva jerarquía urbana


Se ha publicado un nuevo informe que analiza el futuro de las ciudades en los próximos años y revisa los datos de tendencias sobre las economías urbanas en todo el mundo y cómo las dinámicas de población y de la globalización económica cambiarán -ya lo están haciendo- las jerarquías de las ciudades. El estudio, Urban world: Mapping the economic power of cities, ha sido desarrollado por McKinsey Global Institute y a partir de él se ha generado el informe completo (pdf), un resumen ejecutivo (pdf) y, lo más destacable, un sistema de visualización gráfica que ayuda a revisar los datos de otra forma.

Los cuadros reflejan algunos de los cambios que se esperan y que ya intuimos desde hace años; no sólo en el tamaño  de la población sino, sobre todo, en la estructura económica de los nuevos núcleos urbanos emergentes en países de economías en transición o subdesarrolladas, que pasarán a ocupar puestos de liderazgo tradicionalmente ocupados por las "viejas" ciudades en algunos indicadores económicos. Un patrón de cambio del que ya hemos hablado varias veces y que, a fuerza de repetir el consabido mantra de más de la mitad de la población mundial vive en ciudades, parece volverse inocuo y, sin embargo, no lo es. No es indiferente que las siete grandes ciudades con más población menor de 15 años en 2025 estén en Asia o África; no es indiferente que las mayores tasas de crecimiento económico urbano se sitúen todas en China (de las diez primeras, tan sólo New York consigue situarse entre las nuevas ciudades chinas); no es irrelevante que en los próximos 15 años más de cien ciudades hasta ahora no invitadas al juego de la globalización vayan a disponer de un papel determinante; no es meramente una cuestión estadística que la mayor parte de los movimientos migratorios en el mundo tengan como destino ciudades incapaces de dar satisfacción a las necesidades de sus nuevos ciudadanos. Tampoco lo es que, a pesar de que es fácil pensar siempre en las megaciudades como las dominantes principales del juego, son las ciudades de tamaño medio -medio a estos efectos, considerando hasta diez millones de habitantes- las que protagonizarán mayores procesos de acumulación de capital y de personas y que ese terreno está vedado para las ciudades de tamaño medio europeas o norteamericanas, que se muestran incapaces de competir con las transformaciones en otros lugares del mundo.


jueves, 24 de marzo de 2011

Arrival cities. Las periferias de un mundo urbano


Foreign Policy dedica un amplio reportaje a una de las consecuencias principales del proceso de urbanización mundial, un fenómeno recurrente y típico propio de los asentamiento urbanos como es la formación de periferias donde se alojan los recién llegados. La historia de siempre contada, esta vez, atendiendo a las particularidades del fenómeno de urbanización mundial que ahora se da en todo el mundo, desde China hasta Los Angeles, cada ciudad con sus propias particularidades.

lunes, 7 de marzo de 2011

Hidden Cities, nuevo informe de UN-HABITAT sobre la urbanización mundial y su impacto en la salud


El Programa Habitat de la Naciones Unidas, en colaboración con la World Health Organization, ha publicado un nuevo informe sobre el estado y las consecuencias del actual proceso acelerado de expansión urbana a nivel mundial.  Hidden cities. Unmasking and overcoming health inequalities in urban settings se centra en el análisis del impacto de este proceso sobre la salud humana. Los problemas de acceso a la salud derivados de las condiciones de vida y trabajo son el tema principal de un nuevo estudio que ayuda, al igual que el resto de los siempre necesarios informes Habitat, a comprender los retos sociales y políticos que afectan a los contextos urbanos. Siempre desde la misma paradoja: las ciudades no son capaces de ofrecer lo que ansían aquellos que se ven forzados a migrar desde los entornos rurales a los nuevos espacios urbanos.

Así, el aumento de las tasas de urbanización se enfrenta a las dificultades para la provisión de servicios públicos básicos, lastrados por la incapacidad de sostener nuevas y crecientes necesidades de infraestructuras para asegurar la salud pública, el acceso a la energía y a una alimentación saludable.
Más información:

martes, 8 de febrero de 2011

Un reto global para un mundo urbano


Continuación de La necesidad del debate de la sostenibilidad local.
Pensar en las ciudades sostenibles es, en realidad, un desafío global. En Europa, uno de los continentes más urbanizados, en torno al 75 % de la población vive en zonas urbanas, y se prevé que hacia 2020 la cifra aumentará hasta el 80 %. Como consecuencia de ello la demanda de suelo en las ciudades y sus alrededores es cada vez mayor y, acompañado de ello, el consumo de materiales y recursos y la generación de residuos y emisiones, al ser el estilo de vida urbano altamente consumidor de recursos y difícilmente sostenible. La expansión urbana descontrolada está remodelando los paisajes y afectando a la calidad de vida de las personas y el entorno como nunca antes había ocurrido. Si a principios del siglo XX sólo un 10% de la población mundial vivía en asentamientos urbanos, en 2007 esta cifra superó el 50% y se espera que en el año 2050 un 75% de la población mundial viva en ciudades. Este cambio demográfico tiene, además, perfiles muy diferentes en todo el globo. Las ciudades de mayor crecimiento poblacional previsto para los próximos años están localizadas prácticamente fuera del mundo desarrollado: Lagos, Kinshasa, Jakarta, Karachi, Delhi, Dhaka, Nairobi, Manila, Sao Paulo, Guangzhou, Shanghai, Bangalore y una larga lista de ciudades asiáticas y africanas están viendo crecer ya su población en una tendencia que continuará a lo largo del tiempo. Hoy ya hay más ciudades mayores de un millón de habitantes en China (97) o India (40) que en los Estados Unidos (39), y más en América Latina y el Caribe (57) o África (41) que en Europa (40). El siglo XXI se ha convertido en una era urbana que requiere repensar la forma en que se desarrollarán las ciudades en los próximos años. Cuando el mundo occidental lleva apenas un par de décadas tratando de incorporar el discurso de la sostenibilidad y a duras penas llevarlo a la práctica para sostener el modelo de vida que henos conocido, en diferentes lugares del mundo se está dando un proceso urbanizador de escala y rapidez desconocidas. El caso más paradigmático es el de China. Se prevé que en 2030 más de mil millones de chinos vivirán en ciudades, lo que supone que en los próximos años se creará una nueva Pekín al año, y la mayor parte de este crecimiento urbano sucederá en lo que hoy son pequeñas ciudades y no en las grandes megaciudades ya existentes en el país.
La ciudad es, en cualquier caso, un fabuloso invento, un extraordinario artefacto de vida colectiva que posibilita el avance social. Las ciudades actúan como motores del progreso impulsando la innovación y el avance en temas culturales, intelectuales, educativos y tecnológicos. Actúan como economías de aglomeración al igual que históricamente sirvieron también de espacios de libertad y protección, ofreciendo promesas de prosperidad y progreso a sus habitantes recién llegados y a los ya instalados. Sin embargo, los costes de esta urbanización del mundo son evidentes. Este proceso multiplica en muchas ocasiones las condiciones de desigualdad social y crea problemas por la baja calidad de los asentamientos urbanos. Se trata de la gran contradicción de la vida en la ciudad; como afirmaba el informe State of World Population 2007 de las Naciones Unidas, "ningún país en la era industrial ha conseguido crecimientos económicos significativos sin urbanización. Las ciudades concentran pobreza, pero también representan la principal esperanza para salir de ella".

Las ciudades son sistemas complejos de convivencia y su funcionamiento depende, en términos metabólicos, de la entrada de recursos en forma de materias primas (energía, agua,...) y materiales que son después expulsados en forma de residuos y emisiones. La concentración de actividades y personas, algo tan propio de la vida urbana, genera altas necesidades de transporte para que las personas y las mercancías se muevan, demanda una enorme cantidad de energía para iluminación, calefacción, aire acondicionado, refrigeración,... Siendo muy sintéticos, este es el marco general para entender los problemas de sostenibilidad de las ciudades y a partir de ellos se derivan sus consecuencias en cuanto a agotamiento de recursos -siendo el techo del petróleo el principal riesgo a día de hoy-, el consumo creciente de recursos como el agua, la demanda de mayores necesidades energéticas, el acceso desigualitario a los recursos a nivel global y también a nivel local, etc.
La sostenibilidad se ha transformado, por tanto, en un desafío básicamente urbano y la forma en que pensemos y se diseñen las ciudades del futuro -y, no lo olvidemos, especialmente en los países emergentes- será definitivo para poder asegurar un desarrollo humano sostenible en el futuro. Las principales presiones ambientales sobre el medio ambiente proceden del modo de vida urbano, empujadas por fuerzas motrices (hábitos sociales, demografía, modelo de ocupación del suelo,...) sobre las que la capacidad de actuación no es sencilla desde los gobiernos locales. La necesidad de repensar el funcionamiento de las ciudades se ha convertido en más imperiosa si cabe para poder asegurar la calidad de vida a nivel global. Repensar las ciudades en términos de sostenibilidad es el modelo de referencia más asentado en el que queda fijarnos y su aplicación práctica requiere de una acción decidida y coherente, y utilizando estrategias diversificadas. Nueva York, Tokyo u otras ciudades-globales, que actúan como nodos de la economía global y cuentan con una población relativamente estable y una tendencia de ocupación del suelo que tiende a agotarlo y a ocuparse tomando formas suburbanas en las periferias de los centros urbanos. Lo mismo sucede, a muy grandes rasgos, en las ciudades de nuestro entorno, las grandes capitales europeas, que participan igualmente de la economía global y con dinámicas de ocupación del suelo, de necesidades de transporte y de consumo de recursos y materiales muy inerciales. Diferente es el reto de las ciudades de tamaño medio, que en la actualidad se debaten por poder participar en su propia escala en las dinámicas de intercambio económico y la lucha por participar en la competencia urbana a nivel global, necesitando para ello aportar nuevos crecimientos poblacionales, nuevas necesidades de consumo de suelo, etc. Y, por último, tenemos a todas las "nuevas" ciudades que surgen de la nueva geopolítica urbana, situadas en entornos inestables políticamente, muy desigualitarios a nivel social y que cuentan con escasa capacidad económica para atender la llegada de nueva población, que se asienta en nuevas extensiones urbanas en difíciles condiciones de calidad habitacional.
Todas estas situaciones, descritas de forma muy gruesa, forman parte de un mismo desafío, que tendrá una incidencia fundamental en la calidad de vida de los habitantes de las ciudades y determinará las condiciones de supervivencia del planeta. La expansión económica y la expansión de los medios de transporte han posibilitado que en las últimas décadas la morfología y el funcionamiento de nuestras ciudades haya cambiado sustancialmente, y hemos transitado así hacia un modelo de ocupación del suelo que ha promovido el crecimiento territorial de las áreas metropolitanas españolas, de sus grandes ciudades y también del sistema de ciudades intermedias. En todas estas escalas se ha producido un cambio respecto a la forma tradicional de nuestras ciudades, a través de la extensión de los desarrollos en baja densidad, de la extensión de las segundas residencias en el litoral, la expulsión de los centros urbanos de las funciones comerciales antes bien integradas en los centros y hoy en las periferias urbanas y, por último, de la promoción de desarrollos monofuncionales y diferenciados para las actividades económicas y la vivienda. Como afirmábamos en el inicio del artículo, se trata de un fenómeno que está en el corazón de la crisis económica actual y nos obliga a reflexionarlo en términos de modelo de desarrollo económico sostenible.
Continuará con Buscando un modelo urbano para las ciudades en transición
Foto tomada de Earth Observatory
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