"COVID-19 is really a story of peri-urban and rural-to-urban connections, in places that are often not on the global map." Pandemics Are Also an Urban Planning Problemhttps://t.co/zAUfiDcLPh
En un mundo crecientemente urbano y en medio de una pandemia global, toca mirar a las ciudades. Al fin y al cabo, por su propia naturaleza se está concentrando en ellas toda la afectación sanitaria, social y económica de la cris del coronavirus. La demografía hoy y mañana se basa en concentraciones de personas y de actividades en núcleos urbanos, suburbanos y/o metropolitanos. Dichos entornos importan aún más en mundo que ha re-descubierto una nueva fragilidad, su exposición a las pandemias. Vivimos un mundo urbano pero, aunque no éramos suficientemente conscientes (a pesar de la gripe aviar, SARS, MERS, H1M1,…), también vivimos en una era pandémica.
Map of cholera cases in London, 1854, created by Dr John Snow, which linked the outbreak to the Broad Street Pump water supply.John Snow/Wikimedia Commons, CC BY-NC-ND
Los virus encuentran en las ciudades el ambiente perfecto para expandirse, no tanto por la densidad residencial, sino por los flujos e interacciones. Este punto es interesante como punto de partida para pensar las ciudades del futuro cercano, porque una de las primeras intuiciones es pensar en las ciudades densas como las más expuestas y las más problemáticas. Concluir esto tiene evidentes consecuencias prácticas: necesitaríamos ciudades menos densas, los entornos rurales estarían mejor preparados, los desarrollos unifamiliares y suburbanos serían los modelos ideales y más seguros, etc. Suena a una tentación anti-urbana. Ejemplos como Wuhan (que no es de las ciudades más densas de China y está lejos de los principales puestos de densidad a nivel mundial, y muy lejos de todas las grandes capitales europeas) o de Nueva York, que han sido grandes focos de contagios, parecerían apuntar en esa dirección.
Sin embargo, esta parece una conclusión precipitada. Puede que sea un reflejo del higienismo pasado, pero tiene poco que ver con el mundo actual y los sistemas de ciudades a nivel mundial, nacional, regional, funcional,…En la era de la conectividad, también la conectividad física, a efectos de preparación para nuevas pandemias la densidad urbana no parece un factor determinante. Al menos si hablamos de densidad y no de otras condiciones como el hacinamiento, los asentamientos informales, etc. Dicho esto, es evidente que las ciudades intensifican el alcance y la velocidad de expansión de brotes de enfermedades infecciosas, pero sobre todo por la intensidad de los contactos y relaciones que se producen en ellas y por ellas. Si bien la exposición urbana a las pandemias es aparentemente mayor, de nuevo más por su alta actividad que por la concentración de habitantes, ya sabemos que las ciudades más densas son las más eficientes a la hora de prestar servicios y, en general, por muchos otros motivos, por lo que su posición de partida para ofrecer una respuesta adecuada a las pandemias es mucho más eficiente que en la ciudad dispersa.
En el único punto en el que no pueden ofrecer una respuesta mejor es en la disponibilidad de espacio para la distancia social (ni en la esfera privada de las viviendas ni en la esfera pública). Respecto a las condiciones de las viviendas, hemos descubierto en las ciudades que los apartamentos y pisos no responden a las necesidades extraordinarias del confinamiento, y si ha de darse una adaptación, esta no será fácil ni rápida (dimensiones, balcones, ventilación, instalaciones comunes,...). Pero en lo que tiene que ver con la disponibilidad de más espacios públicos abiertos, mejores condiciones para estar en la calle con facilidades para la distancia social, la adaptación podría ser mucho más rápida y ahora estamos siendo conscientes de la necesidad de redistribuir los usos del espacio urbano para reducir el espacio dedicado a la circulación de vehículos de motor. Habrá que descubrir cuáles son esos lugares, cómo hacerlos más flexibles para este tipo de situaciones (que, muy probablemente, volverán a producirse), preguntarse cuál es una distribución más equilibrada de los usos del espacios urbano, etc.
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No es fácil escribir sobre esta cuestión pero me he propuesto ordenar al menos algunas lecturas que voy sistematizando. Son apuntes dispersos y poco sistemáticos, como casi todo en este blog desde hace 12 años, pero al menos servirán para detectar algunos temas que creo serán relevantes en los próximos meses o años. Posts previos:
En el post 10 ejemplos de visualización de datos urbanos uno de los mencionados era el trabajo de Joe Lertola con sus ilustraciones sobre la diferencia de población en los centros urbanos de día y de noche. En aquella ocasión era el caso de Nueva York, pero en la imagen de abajo podemos ver una ilustración, con datos de 2010, sobre la población diurna flotante en Londres realizada por Alasdair Rae.
Más allá de su representación, los datos ofrecen una imagen de las dinámicas de desplazamiento de la población en las horas laborales y de concentración de visitantes y turistas. Una enorme cantidad de gente desplazándose diariamente a los barrios más céntricos de la ciudad formando una densidad completamente desequilibrada respecto a otros barrios.
En realidad, este mapa animado de las entradas y salidas con la Oyster en el metro de Londres ilustra estos desplazamientos, tanto al principio del día de manera muy concentrada como al final del día de manera más escalonada:
Por una vez, voy a hacer excepción de una de las reglas de este blog, la de no escribir ni prestar atención a la última tontería de Steve Jobs. Le he cogido un poco de manía a este hombre, y creo que él personalmente tampoco tiene la culpa, pero me cansa su presencia exagerada en esas confusas secciones de los periódicos que bajo el título Tecnología, esconden sólo una admiración acrítica a cualquier nimiedad en el mundo de los gadgets, videojuegos y cualquier otra cosa que suene a trending topic. Cada uno tiene sus batallas particulares: mis dos pequeñas batallas son, por un lado, huir de esta inflación de hiper-atención al hígado de este señor y, por otro lado, convencer a la gente de que no es tan difícil usar bien las opciones por qué / por que / porqué /por qué.
En fin, a lo que iba. Que esta vez voy a dedicar unas líneas a la última ocurrencia de estos genios que ocupan portadas de diarios supuestamente serios día sí y día también. El último último efecto de marketing de Apple ha sido presentar al mundo su nueva sede corporativa. Es ver las primeras fotos y pensar que es una auténtica idiotez de edificio. Para mayor gloria de Steve Jobs, de Norman Foster y de la banalidad de la era de las manzanas. La Ciudad de Apple, con todos los ingredientes del urbanismo-espectáculo: por supuesto, lo primero, sus ventajas medioambientales pero, sobre todo, su falsa auto-concepción como ciudad, apropiándose de un concepto -la ciudad- que un desarrollo monofuncional como el diseñado niega completamente; su gigantismo y su modernidad complaciente (a estas alturas, ¿una nave espacial?).
Lo más sorprendente es que, con una primera impresión, uno piensa que al pobre Jobs se la han colado, o que ha caído en la fatuidad de la arquitectura con firma estrella. Le han colado un proyecto constructivo que, conceptualmente, chirría por todos lados con la supuesta imagen urbana, dinámica, cosmopolita y abierta de Apple.
Por un lado, porque siendo Foster su arquitecto, el referente más cercano de este proyecto es Masdar, una ciudad en medio del desierto que no por tener paneles solares se convierte en sostenible. Peor aún, es un proyecto anti-urbano: alejado de la ciudad, sin esquinas ni calles, un edificio circular es la perfecta expresión del ensimismamiento y del aislamiento. Kaid Benfield, como siempre, apunta en la misma dirección señalando que el proyecto va justo en dirección contraria a lo que muchas grandes empresas están intentando -al menos, en ciertas zonas de Estados Unidos- volviendo al centro de las ciudades para aprovechar la efervescencia de la vida urbana y, quién sabe, corriendo así el mismo riesgo que otras empresas corrieron al auto-encerrarse en edificios que quizá reflejan escapismo, huida y auto-exclusión más que otra cosa. Visto desde la distancia con la que miro las novedades de Apple, pero la cercanía con las que sigo por dónde van las cosas en cuanto a la economía urbana, el desarrollo tecnológico y el urbanismo sostenible, resulta un proyecto sorprendentemente equivocado. Me xtraña viniendo de una compañía que nos hace creer que es el colmo de la modernidad y que somos el colmo de la modernidad si compramos sus aparatos, que se instalara en un centro urbano, en un brownfield proclamando su aspiración a ser motor de la renovación de la comunidad o cualquier otra cosa. Para mí que se la han colado a este hombre porque es un proyecto completamente lastrado por el pasado, por una concepción muy vieja de los usos del espacio, de las relaciones empresa-ciudad y de la sostenibilidad.
Respecto a este vídeo, no sé si es meramente anecdótico o dice muchas cosas. Se trata de una audiencia pública en el ayuntamiento de Cupertino en la que Steve Jobs expone su proyecto constructivo y los beneficios que traerá a la comunidad. Quizá sea un signo positivo si lo vemos como un ejercicio de transparencia pública de un proyecto urbanístico que difícilmente podríamos ver aquí (¿se imaginan a cualquier gran arquitecto dando cuenta pública en la sala de plenos del ayuntamiento de su proyecto de museo o de palacio de deportes?). O quizá me quedo con la cara de embelesamiento con la que le miran todos.