miércoles, 13 de marzo de 2019

Sobre ciudades inteligentes, en LA Network

Hace unas semanas Waldir Ochoa me hizo una entrevista para LA Network, que ha sido publicada. La comparto por aquí también.

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¿Por qué el interés por la Smart City?
Durante 15 años he trabajado siempre en temas relacionados con políticas urbanas, sostenibilidad local, participación ciudadana. Venía un poco en ese mundo cuando, a partir de 2008, empecé a detectar que surgía una especie de nuevo modelo, nuevo mantra, nuevo concepto, vinculado a esta historia de la Smart City y de la tecnología en las ciudades. Desde el principio, tuve la sensación de que lo que comenzaba tenía una mirada volcada parcial o limitadamente al hecho urbano. Lo importante era la inquietud por tratar de comprender qué estaba sucediendo en este debate que acababa de surgir y en el que había muchas cosas que no terminaban de encajarme o que necesitaban una reflexión más profunda. Fruto de estos años y esta reflexión, surgió la publicación del libro que es una versión más divulgativa y más accesible de gran parte de la tesis doctoral.

¿Háblenos sobre su tesis, pretende ir más allá del imaginario de relacionar a la Smart City siempre con tecnología?
Yo creo que la incorporación del hecho tecnológico al debate sobre la ciudad -que para eso ha servido el debate de las ciudades inteligentes-, pues es una obviedad y una realidad, por lo tanto, debemos tratar de entenderlo como algo que sí que sigue siendo diferencial. La pregunta es: ¿cuál es el papel que puede aportarnos la tecnología? Porque desde otras miradas, ya teníamos otros puntos donde compartíamos casi el estándar o el modelo de las ciudades inteligentes o de las ciudades competitivas. Pero al mismo tiempo sí que es cierto que hoy en día, en 2019, gran parte de los debates en general sobre la ciudad incorporan ya no solo la preocupación por la tecnología, sino que incorporan situaciones que van más allá y están relacionadas con la sostenibilidad, el cambio climático, la igualdad social, la planificación urbana.

¿En su opinión, cuál es el deber de los tomadores de decisión en la aplicación del modelo de ciudad inteligente?
Yo creo que el objetivo último de cualquier política urbana, de cualquier política local vinculada a ciudades inteligentes o a cualquier otro modelo, tiene que ser exactamente cuál es la vía o de qué manera ese modelo va a permitir vivir mejor, ser más felices y tener ciudades más igualitarias y que ofrezcan mayor bienestar para la ciudadanía. Si ese no es el objetivo final, seguramente en el camino nos habremos confundido de objetivo y estaremos pensando simplemente en otros objetivos que también son válidos, pero seguramente secundarios: hacer más eficientes nuestras administraciones, gastar mejor el dinero público, tener mejores infraestructuras. Yo creo que esas son preguntas secundarias respecto de la principal, que es efectivamente asegurarnos de que las personas estén en el centro de todo este debate y de todas estas políticas.

¿Qué se debe hacer para bajar al ciudadano de a pie el concepto de Smart City y que se empodere de él y de esa visión de ciudad?
Yo creo que muchas veces se han explicado las ciudades inteligentes con imágenes efectivamente volcadas en el futuro; eso además se puede comprobar porque cuando se explican las Smart Cities desde modelos teóricos hasta propuestas más prácticas y concretas, tanto las empresas que pueden tener sus soluciones, las ciudades que pueden tener sus planes estratégicos, suelen mostrar el futuro perfecto y utilizar verbos como “nuestra ciudad se convertirá…”, “estás infraestructuras conseguirán que…” y yo creo que eso lo que hace es situar las cosas por un lado muy lejano de los beneficios que puedan aportar. Por otro lado, nos lleva a pensar en unas determinadas soluciones, en unos determinados servicios que requieren inversiones a largo plazo o que son proyectos de inversión a gran escala que requieren ese plazo seguramente. Y es ahí donde creo que eso nos hace olvidar muchas veces que las ciudades inteligentes ya existen hoy, se podrán mejorar, se podrán hacer más sofisticadas, se les podrán añadir muchas más capas de inteligencia o de tecnología, pero la ciudad inteligente ya está operando, ya está influyendo en nuestra vida diaria como seres humanos, como estudiantes que vamos a una universidad, como profesionales que trabajamos en un determinado entorno laboral, como usuarios de servicios públicos…todos esos entornos ya disponen hoy de unas determinadas capas digitales y por tanto ya estamos viviendo en esa realidad.


¿Entonces lo que propone es entender y explicar este concepto más desde lo cotidiano?
Es mucho más fácil pensar en las ciudades inteligentes como hechos cotidianos que a lo mejor no los tenemos presentes, pero están ahí, debemos buscarnos una alternativa para movernos en la ciudad a través de mapas, sean públicos o privados; eso es un ejemplo para saber que ya estamos muy inmersos en esa ciudad inteligente. Y, al mismo tiempo, pensar en tecnologías quizás mucho menos espectaculares en cuanto a inversiones o a grandes infraestructuras, permitiendo organizar los debates políticos o a las organizaciones sociales para trabajar en ámbitos específicos que nos interesan. Uno de los recursos que tenemos que utilizar para acercarlo es pensar mucho en la utilidad de la tecnología o de los dispositivos que ya están hoy en marcha y disponibles en la cotidianidad de la gente.

Descubrir desde lo humano cómo hacer los lugares más habitables…
Sí, precisamente, porque si no, nos perdemos en las grandes transformaciones. Pongo un ejemplo: hoy tenemos una idea muy futurista de la movilidad con el vehículo autónomo, que efectivamente lo veremos generalizado y que tiene detrás unos debates muy profundos que seguramente se concretarán en el largo plazo, pero que también hoy, en 2019, esos mismos patrones relacionados con la inteligencia artificial aplicada a cómo nos movemos en la ciudad, pues ya están empezando a operar en las metrópolis. Y entonces cabe la pregunta de si realmente queremos movernos en vehículos privados, ya que esta obsesión por el coche autónomo lo que nos llevará es a pensar en la movilidad como un hecho individual en lugar de preguntarnos hoy cuál es realmente el tipo de movilidad que queremos en el futuro. Porque eso seguramente nos ayudará a cuestionarnos hoy, no dentro de 20 años, sobre el papel del transporte público, el papel de la multimodalidad, que son las cuestiones de fondo que deberíamos estarnos cuestionando. A eso me refiero con la cotidianidad.

martes, 29 de enero de 2019

Darle la vuelta al relato. Contra el coche II

Aquí está el segundo capítulo de la serie Contra el coche, en esta ocasión, centrado en los imaginarios y relatos que han facilitado la colonización del espacio urbano por parte del vehículo privado. De nuevo, una divertida selección de imágenes, escenas y episodios.

Darle la vuelta al relato. Contra el coche II

Sinopsis: El economista E. J. Mishan (The Costs of Economic Growth, 1967), basándose en la mortandad indiscriminada impuesta por el automóvil y en sus otros innumerables costes sociales, llegó a la conclusión de que "la invención del automóvil particular es uno de los grandes desastres que han acontecido a la raza humana".

Segunda entrega de ¿Te gusta respirar? Contra el coche, centrada en el poder y en las estrategias de la publicidad para vender el auto a las masas. Los autos eléctricos... ¿serían la solución a reto medioambiental y a los problemas de movilidad dentro y fuera de las ciudades? De nuevo aparecen Olga Margalef, Manu Fernández, Carolyn Daher y Pedro Bravo, especialistas en movilidad y salud ambiental a quienes agradecemos su amable colaboración.

Episodio 1. ¿Te gusta respirar?


martes, 18 de diciembre de 2018

Te gusta respirar?, en Soy cámara (CCCB)

Con guión de David Bravo, Andrés Hispano, Félix Pérez-Hita, el canal de vídeo ensayo Soy Cámara del CCCB ha publicado un material titulado Te gusta respirar? Contra el coche. Se trata de una narrativa audiovisual con varios capítulos (acaba de salir el primero) alrededor de una serie de preguntas: ¿Es el coche eléctrico la solución? ¿Cómo serían las ciudades sin coches o con muy pocos? ¿Por qué no se ha abierto antes este debate? ¿Qué intereses hay detrás de la imposición irracional del automóvil? ¿Cómo se nos ha vendido u obligado a comprarlo?

Es una "segunda vida" de aquel Adiós al coche, y de nuevo tengo la posibilidad de participar junto a Olga Margalef, Carolyn Daher y Pedro Bravo. Más allá de lo que decimos unos y otros, creo que se rescatan algunos materiales muy curiosos y con mucha fuerza para plantear los debates en torno al coche.


Iré colgando por aquí el resto de capítulos.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Mesa redonda. Ciudades inteligentes, innovación social y digital

Bajo el marco de Barcelona’gov (red de centros de investigación y formación avanzada en gobierno y gobernanza) y su oferta de cursos de invierno, del 23 al 25 de enero de 2019 se celebrará el curso Gobernanza urbana y políticas de ciudad, coordinado por Ismael Blanco y Yunailis Salazar (Instituto de Gobierno y Políticas Públicas IGOP-UAB).


El programa, pendiente aun de unos últimos flecos, es intenso y recoge una mirada amplia a diferentes realidades e iniciativas municipalistas.

Tendré el gusto de participar el día 24 en la mesa redonda titulada "Ciudades inteligentes, innovación social y digital", junto a Carles Ramió (UPF); David Sancho (UPF), Marc Pradel (UB), Ricard Espelt (UOC) y Pilar Conesa (Smart City Expo).
La actividad se desarrollará a lo largo de 3 días, cada uno de los cuales se dividirá en dos sesiones (de mañana y de tarde) articuladas alrededor de un eje temático concreto: 1) Gestión pública en el contexto de la gobernanza plural; 2) Gobernanza metropolitana y desigualdades sociales; 3) Ciudad y globalización; 4) Ciudades inteligentes y empresarialismo urbano; 5) Democracia participativa y derecho a la ciudad; 6) Movimientos sociales y vecinales: economía social y comunes urbanos.
A lo largo de las sesiones se compaginarán tres tipos de actividades: 1) Conferencias magistrales a cargo de personas de gran renombre en las materias tratadas; 2) Seminarios a cargo de expertos y de personas de referencia en su ámbito profesional; 3) Mesas redondas para la presentación y el contraste de experiencias de Barcelona con otras ciudades.
Inscripciones

lunes, 26 de noviembre de 2018

Buscando baches desesperadamente

Unos seis millones de resultados en la búsqueda app+potholes, unos dos millones para app+baches. Enseguida detectamos una larga lista de ciudades que han creado o tienen disponible su aplicación móvil para identificar baches. Boston, Montreal, Brisbane, Bruselas, Tucson, Toronto, Chicago, Mumbai...por un lado, Ciudad de México, Guadalajara, Montevideo, Santa Fe, Almería,...por otro. Si un extraterrestre llegara a la Tierra, pensaría que somos una sociedad obsesionada por encontrar baches en la carretera.

Aplicaciones dedicadas exclusivamente a reportar el mal estado de la calzada, o bien usos específicos dentro de aplicaciones de objetivos más amplios, hace tiempo que empezaron a extenderse como el no va más de la aportación ciudadana al cuidado de las ciudades. Diseñadas por organizaciones sociales o por emprendedores, financiadas por fondos de inversión con carácter cívico, o incluso pagadas con dinero público por iniciativa de ayuntamientos que querían tener su propia aplicación (!), creadas para su uso exclusivo en una ciudad o de manera genérica, han sido uno de los ejemplos típicos de eso que se llamó el uso cívico de las aplicaciones móviles.

Alert us of potholes | City of Vancouver
Su extensión (que no su éxito) se debe seguramente a que fue uno de los primeros usos "públicos" que se le encontró a las apps cívicas. Cuando empezó a hablarse sobre el tema, a extenderse el interés por encontrar formas de que a través de las tecnologías móviles los individuos pudieran implicarse en los asuntos colectivos, dos fueron las ejemplos que más se extendieron en los medios de comunicación, en congresos, en artículos y presentaciones: encontrar baches en la ciudad y adoptar un hidrante. ¿A que te suena? El segundo de ellos tiene claramente el mercado más limitado (al fin y al cabo la nieve está repartida de manera muy desigual en el mundo) y nunca he estado seguro de que fuera un buen ejemplo. Pero, ¿quién no quiere tener sus vías urbanas perfectas y sin tener que recibir quejas de los vecinos por su estado? Ambos casos circularon incansablemente durante un tiempo (se consolidaban por esos días casos como los de Fix My Street) como el colmo de las posibilidades de cooperación de las instituciones locales con sus ciudadanos (¿o era al revés?) para aprovechar su capacidad de encontrar soluciones sencillas a la operativa de los servicios públicos y de utilizar sus móviles como generadores de información útil.

Esto, unido a la fácil replicabilidad de la solución (basada en los sensores del móvil, acelerómetro y GPS), hizo que de la primera aplicación (que yo sepa), Street Bump, creada en el marco de la oficina de New Urban Mechanics del ayuntamiento de Boston, se pasara a una multiplicación de aplicaciones como la que hoy existe (repasando sólo en Google Play podemos encontrar Spothole, Fill That Hole, Street Bump, Pothole Marker, Pothole Finder, Bump Tracer, etc).

No es síntoma de nada, creo, pero siempre me ha resultado curiosa esta obsesión. Muy norteamericana, por otro lado, y desde allí se ha infiltrado en otros sitios donde, sospecho, no es esa la batalla. Pero puede ser que sea realmente un problema de orden público suficientemente grave como para haber necesitado la inversión de tanto esfuerzo a decir a la gente que tenía que avisar de estas cosas. O será que mejor que avisemos de estas cosas antes que estar pendiente de otras. O será que era sumamente fácil tener tu propia aplicación en la ciudad para parecer el colmo de la modernez. También me pregunto cuál ha sido el uso que han tenido, que intuyo escaso. Sin embargo, es evidente que durante años ha sido tentador recurrir a este tipo de soluciones como práctica del ciudadano-sensor (expresión que me parece perversa, por otro lado) y pienso si realmente da para tanto y con cuántas cosas nos distraemos de lo relevante.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

El tráfico cómo espectáculo

Por tercer año consecutivo, esa cosa del Thanksgiving en USA nos regala unos vídeos cautivadores sobre los atascos de tráfico en Los Ángeles. Ya tenemos un nuevo clásico, retransmitido en directo, incluso.


La cosa es que no tengo nada claro si tanto tuit, tanto tiempo dedicado en los telediarios, tanto post...lo estemos aprovechando para algo más que congratularnos por lo estúpido de todo ello. La sociedad del espectáculo no deja margen para ir más allá de lo superficial, la sociedad de la imagen nos devuelve un espectro de una sociedad decadente que huye hacia adelante. ¿Tiene algo de especial este atasco? Me gustaría saber si, en realidad, este atasco supuestamente anual, no es sino un atasco cotidiano.


No sé, podríamos dedicar parte de esa energía dedicada a hacernos los sorprendidos en entender qué significa, qué dice de nosotros, qué urgencia deberíamos darle a transformar la movilidad y vincularla, no sé, a supuestos planes soviéticos para hacer una ciudad más amable.  Pocas veces disponemos de unas imágenes tan impactantes y efectistas para poder construir sobre ello argumentos con los que llegar al meollo de la cuestión, pero se quedará mañana en titulares que se harán los sorprendidos, que se esconderán en la sección de sociedad, yo qué sé. Total, que aquí tenemos un nuevo clásico. 

martes, 20 de noviembre de 2018

Ni rastro de aquella smart city sin personas

Anda que no hizo ruido ni nada aquella historia. Una ciudad sin personas como modelo para el futuro, la idea del siglo para experimentar innovaciones urbanas, un laboratorio para las ciudades inteligentes,... Ingredientes perfectos para llenar de titulares en aquellos comienzos de la oleada de la smart city. Ya en 2012 me interesó por lo torpe y desenfocado de todo aquello, que tenía pinta de ser una gran nube de nada (La smart city sin personas, historia de un bluf) pero muy significativa sobre una determinada forma de pensar -no sé si de aquella época, que parece tan lejana- el papel de la innovación tecnológica en las ciudades (Una ciudad sin personas no es un laboratorio urbano). En 2015 volvió mi curiosidad y resultó que seguíamos esperando.

Via Machine Design
Ejemplo práctico de cómo opera la conjugación en futuro perfecto. Iba a estar lista en 2014, luego en 2018 y lo último que dijeron, en 2020. Hoy he vuelto a recordar ese Center for Innovation Testing and Evaluation del que, rebuscando, apenas ha habido noticias en los dos últimos años. Su web ya desactualizada, sin referencias en páginas del sector, alguna página escrita deprisa y sin criterio describiéndolo como ya en construcción o realmente existente,... A alguien le pareció una buena idea en algún momento, pero no ocupará muchos titulares su triste (y previsible) final.


martes, 2 de octubre de 2018

Oportunidades en las ciudades del futuro (4 de octubre, Bilbao)

Este jueves 4 estaré en la jornada Oportunidades en las ciudades del futuro, organizada por  la asociación Bilbao Urban & Cities Design. Se celebra en Ingurubide, en su centro de recursos para la sostenibilidad urbana de Bilbao. Será una conversación a varias bandas:

  • Xabier Arruza, Coordinador de la Asociación Bilbao Urban & Cities Design
  • Manu Fernández - PhD en Smart Cities / Investigador - Consultor en Estrategia Urbana
  • Pablo Otaola - Director Gerente de la Comisión Gestora de Zorrotzaurre
  • Fran Viñez, Director de Programas Estratégicos, Innovación y Espacio Público


Para inscripciones, aquí

martes, 18 de septiembre de 2018

La ciudad como wikipedia (artículo en LAAAB)

Hace unas semanas Ignacio Grávalos me propuso contribuir en el blog de LAAAB (Laboratorio de Aragón Gobierno Abierto), dentro de la línea temática sobre espacios urbanos centrados en las personas. Me pareció un buen momento para dejar por escrito un argumento que suelo utilizar en mis conferencias sobre el cambio cultural derivado de la sociedad digital y cómo este nos ha llevado a nuevas demandas sobre la apertura en los procesos del hacer ciudad. De aquí nace el artículo La ciudad como wikipedia, que reproduzco también aquí. Se trata, además, de un artículo que pone por escrito algunas ideas que salieron también en un podcast que hice para Ciudad Hub con Oscar Chamat hace ya unos meses.

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Tecleas “wikipedia” y entras sin mayor problema. Sin usuarios ni contraseñas, sin formularios previos de registro, sin comprobación de quién eres o por qué quieres entrar. Cualquiera puede entrar sin mediadores, sin condiciones o autorizaciones previas. Y esto es sólo el comienzo; en realidad, este es el uso que hacemos de ella la mayoría de nosotros/as la mayor parte del tiempo. Lo mejor viene al pensar cómo hacerla mejor. Si ves que algo falta o no está ahí, no tienes que esperar a una autoridad o experto para que añada lo que echas en falta. Ni siquiera tienes que hacerlo tú solo/a; puede haber más gente perdida por ahí que quiera contribuir a poner por escrito lo que buscabas. Mejor incluso: si algo es incorrecto, impreciso o discutido, no tienes por qué conformarte con el error o la insatisfacción: puedes editarlo, hacer tu propia contribución, señalar lo que falla, proponer la mejora. En realidad, esa es la magia: nadie dice que sea perfecta, sólo es algo que mejora incrementado por la contribución de quien quiere contribuir y no por la solidificación de lo que alguien pudiera definir como contenido exacto y completo. Nada más natural que asumir que nada es perfecto, que todo es susceptible de mejora. Sobre todo, asumiendo que lo contradictorio o lo conflictivo pueda discutirse de manera transparente, trazable y en comunidad.

Esta no es una definición precisa del funcionamiento de la wikipedia pero nos puede valer. Usar metáforas o símiles siempre es un recurso resbaladizo, pero al menos nos da flexibilidad para pensar las cosas de otra manera. Si la wikipedia es un ejemplo de lo nuevo que ha traído la era digital  como cambio cultural, tal vez nos sirvan sus principios de funcionamiento para comprender qué podríamos esperar de un modelo similar en la organización y funcionamiento de la vida colectiva y en la manera de hacer ciudad adaptada a esta sociedad conectada. Estos principios (acceso libre, construcción colaborativa, desarrollo editable, mejoras incrementales, discusión pública y en comunidad,…) podrían servirnos como guías de diseño para acercarnos a las expectativas de la sociedad digital sobre cómo intervenir y participar en el desarrollo de las ciudades, sus espacios públicos y su gestión.

Todo ello, trasladado a la manera en que estamos dando forma a la vida urbana (a la vida colectiva, en general), nos lleva a pensar en la democracia representativa formal-instrumental, contemporánea de cambios sociales y culturales que han cambiado el panorama de las resistencias, de la contestación y la generación de nuevas prácticas urbanas, desde la gestión de los espacios públicos a la formulación de alternativas a las políticas de vivienda. Hoy sacar unas sillas a la calle y ponerse a charlar con familiares o amigos es un acto excéntrico y ya ni tenemos claro por qué no se puede hacer (si es que no se puede): ¿lo dice alguna ordenanza, el sentido común, el qué dirán? Y, sin embargo, no era algo ajeno hace unas pocas décadas. Hoy organizarse para adecuar y mejorar un espacio abierto puede implicar la visita de agentes de de la autoridad que, sin tener muy claro por qué, sospecharán que eso no se puede hacer: algún código técnico o alguna ISO, vaya usted a saber, prohíbe hacer eso. Hoy organizar cualquier actividad en el espacio público (una comida, un festival, una actividad deportiva, un cine al aire libre,…) está sometida a una maraña de normas, licencias y formularios que hacen imposible cualquier espontaneidad salvo que se quiera ejercer realmente desde un ejercicio de resistencia.

¿Y si exploramos el mundo de lo prohibido, de lo supuestamente prohibido o de lo que creemos que está prohibido hacer en una ciudad? ¿Aplicamos el principio del acceso libre a recursos físico públicos de la ciudad limitados en sus horarios o tipos de usos? ¿Probamos el abierto por defecto en actividades sometidas a limitaciones que nadie sabe muy bien su justificación? ¿Podemos hacer ciudad de verdad, con las manos, modificando¿Qué cosas vamos a poder cambiar porque no nos gustan o no nos sirven? ¿Podemos dejar de pensar la ciudad, sus espacios y sus servicios como algo perfectamente planificable  y cosa de expertos? ¿Podemos renovar las prácticas de participación ciudadana o de transparencia desde estos principios?

La sociedad conectada, con toda su variedad de dispositivos que han colonizado nuestras rutinas tiene tanto de equipación técnica como de cambio cultural. Lo visible (sensores, dispositivos, pantallas, infraestructuras,…) y lo invisible (la marea de datos en la que vivimos) son evidencias de una transición –más que una revolución- hacia esa sociedad conectada. Comprender  en pocas palabras (o incluso en muchas) la profundidad de estos cambios es complicado. Por un lado, son cambios de mentalidad, de formas de hacer y de expectativas que no son siempre coherentes. Es así cómo estamos viviendo las posibilidades liberadoras de esa tecnología (datos abiertos, democracia digital, nuevas movilizaciones sociales, innovaciones en las prácticas de las administraciones públicas y renovación de la acción ciudadana, etc.) pero también sus aspectos más siniestros (desestabilización de elecciones, fakenews, manipulación del debate público, sistemas de espionaje masivo a la ciudadanía, pérdida de privacidad, etc).

Esta reclamación se ejerce también desde una posición absolutamente práctica, pragmática y experimental. Junto a la propuesta, la acción. Es en este nivel donde el cambio socio-político que estamos viviendo se hace más palpable. De hecho, los proyectos que han operado en los últimos años desde antes del estallido de la burbuja inmobiliaria como formas de reclamación directa de espacios públicos, viviendas vacías, equipamientos públicos, etc. han sido, en buena medida, procesos de aprendizaje sobre nuevas formas de hacer ciudad que después tomaron forma de contestación agregada en las plazas.  Se trata de proyectos que, en muchos casos, en la época del urbanismo expansivo y de los grandes proyectos urbanos apenas tenían eco o eran directamente consideradas como outsiders a contracorriente.

miércoles, 13 de junio de 2018

BIA Urban Regeneration Forum. Tecnología, urbanismo y ciudadanía

Del 20 al 22 de junio tendrá lugar la tercera edición del congreso BIA, urban regeneration forum, en Bilbao. En esta ocasión, bajo el título Nuevos paisajes productivos, se plantea en estos términos en su manifiesto:
En su tercera edición, BIA Urban Regeneration Forum pone el acento en la relación entre la economía productiva y el tejido urbano. ¿Qué papel pueden desempeñar los nuevos modelos productivos en la revitalización urbana? ¿Qué ejemplos de buenas prácticas se pueden encontrar en nuestro entorno? ¿Qué acciones pueden garantizar el mayor éxito de la huella que ocupa la ciudad en el territorio? ¿Qué agentes inexistentes hasta el momento motivan una revolución hacia un territorio más equilibrado entre producción y consumo?
Además de actividades de workshop, exposición, concurso de ideas, concurso de fotografía,...el programa del congreso se centra en la producción ecológica, la producción fabril y la producción urbana, con una intensa agenda. Tendré ocasión de participar en la mesa redonda de la tarde del 20, con el título Tecnología, urbanismo y ciudadanía en la que, moderados por Miguel Angel Alonso del Val (Doctor Arquitecto  y Director de la ETSAUN), intervendré junto a Roberto San Salvador (Director, Deusto Cities Lab) y Maider Alzola Robles (Directora de Rehabilitación y Regeneración Urbana Integrada, Tecnalia) y Francisco Rodríguez Pérez-Curiel (Responsable de Smart Cities, Tecnalia).




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