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jueves, 21 de mayo de 2020

Coronavirus: el futuro de las ciudades en la era pandémica

Esta es una versión ampliada del artículo Los retos de las ciudades en el escenario post-coronavirus, publicado en el blog Seres Urbanos de El País el 20 de mayo.

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Las ciudades están en el centro de las preguntas sobre cómo será la vida post-Covid-19. Nadie lo sabe seguro, ni cuánto de ello será pasajero o cuánto modificará para siempre la manera en que las organizamos y nos organizamos en ellas. Tampoco está muy claro si habrá una nueva normalidad o si todo seguirá siendo igual de anormal que antes, y tal solo será un añadido superficial, una capa adicional, a la complejidad en la que vivimos. Sea como fuere, partimos de premisas que son contundentes. Este es un mundo cada vez más urbano, donde la demografía hoy y mañana más se basa en concentraciones de personas y de actividades en núcleos urbanos, suburbanos y/o metropolitanos. Dichos entornos importan aún más en mundo que ha re-descubierto una nueva fragilidad, su exposición a las pandemias. Vivimos un mundo urbano pero, aunque no éramos suficientemente conscientes (a pesar de la gripe aviar, SARS, MERS, H1M1,…), también vivimos en una era pandémica.

Map of cholera cases in London, 1854, created by Dr John Snow, which linked the outbreak to the Broad Street Pump water supply. John Snow/Wikimedia CommonsCC BY-NC-ND

Los virus encuentran en las ciudades el ambiente perfecto para expandirse, no tanto por la densidad, sino por los flujos. Este punto es interesante como punto de partida para pensar las ciudades del futuro cercano, porque una de las primeras intuiciones fue pensar en las ciudades densas como las más expuestas y las más problemáticas. Concluir esto tiene evidentes consecuencias prácticas: necesitaríamos ciudades menos densas, los entornos rurales estarían mejor preparados, los desarrollos unifamiliares y suburbanos serían los modelos ideales y más seguros, etc. Suena a una tentación anti-urbana. Ejemplos como Wuhan (que no es de las ciudades más densas de China y está lejos de los principales puestos de densidad a nivel mundial, y muy lejos de todas las grandes capitales europeas) o de Nueva York, que han sido grandes focos de contagios, parecerían apuntar en esa dirección.

Sin embargo, esta es una conclusión precipitada. Puede que sea un reflejo del higienismo pasado, pero tiene poco que ver con el mundo actual y los sistemas de ciudades a nivel mundial, nacional, regional, funcional,…En la era de la conectividad, también la conectividad física, a efectos de preparación para nuevas pandemias la densidad urbana no parece un factor determinante. Al menos si hablamos de densidad y no de otras condiciones como el hacinamiento, los asentamientos informales, etc. Dicho esto, es evidente que las ciudades intensifican el alcance y la velocidad de expansión de brotes de enfermedades infecciosas, pero sobre todo por la intensidad de los contactos y relaciones que se producen en ellas y por ellas.

Las ciudades, también como grandes concentradores y acumuladores, son parte de la solución o, dicho de otra manera, deberán estar en la primera línea de respuesta. Ya lo están a día de hoy y tendrán que estar mejor preparadas para nuevos episodios. Podemos esperar, al menos, una serie de tendencias que parecen claras:
  • El diseño urbano y arquitectónico deberá atender a nuevas prioridades de salud, desde las dimensiones de las viviendas hasta su equipamiento (balcones, por ejemplo) hasta la expansión de los espacios públicos abiertos, zonas verdes, jardines terapéuticos,…. Habrá que pensar de otra manera equipamientos como ascensores, escaleras comunitarias, espacios exteriores comunitarios. Se abre un margen más para la experimentación; la respuesta al Covid-19 en muchos casos ha sido improvisada y ha requerido de muchas dosis de creatividad, imaginación, pensamiento lateral,… como quieras llamarlo.
  • La experiencia vital del confinamiento nos ha dado una perspectiva magnífica sobre el desequilibrio en la distribución del espacio urbano. A pesar de no hacer prácticamente coches, el espacio para pasear no se ha reorganizado ni adaptado de manera estratégica, para recuperar el territorio vial entre los bordillos para darle prioridad a la movilidad no motorizada, aunque sea para facilitar el distanciamiento entre las personas. En algunas ciudades, desde Calgary a Colonia, pero también más cercanas, han sabido verlo con antelación, y han abierto sus calles completas a peatones y ciclistas. Otras ciudades están evaluando y organizando (Valencia, Madrid, Barcelona,...) cómo afrontar el exceso de capacidad viaria para reorganizar calles, trazados y rutas post-confinamiento. De cualquier forma, la distribución desigual del espacio urbano es ya una urgencia a resolver porque hemos descubierto otra ciudad y ni debería haber marcha atrás. 
  • El transporte público está ante una situación compleja. Si la norma, más allá de los periodos más estrictos, va a ser el distanciamiento social, y evitar aglomeraciones, las miradas están puestas en sistemas de metro, buses, tranvías,…. Más allá de la sospecha evidente de que la movilidad masiva es un vector de contagio, algunos estudios ya están analizando la extensión de la pandemia en ciudades como Nueva York a través de su sistema de metro. Esto tiene implicaciones muy variadas para agencias y autoridades de transporte, hasta el punto de poner en riesgo el modelo de transporte público sostenible: si serán atractivas nuevas licitaciones de concesiones de servicio ante nuevas condiciones de menos ocupación, si tendrán que revertirse muchos servicios privatizados, si será una cuestión sólo de aumentar frecuencias o habrá que reorganizar a otros niveles la demanda en hora punta, si los usuarios nos alejaremos del transporte público por miedo al contagio,… Por descontado, la operativa de los sistemas tendrá que adaptarse a una realidad que exigirá despliegues de mecanismos y dispositivos contactless y seamless del usuario desde la entrada a la salida y de manera permanente (máquinas expendedoras, equipos de validación, apertura de puertas, andenes, agarraderas,…). 
  • Si esta situación es un reto para el transporte colectivo, ahora llega la oportunidad para la movilidad peatonal y ciclista. Es ahora o nunca. Apenas estábamos empezando a generalizar por fin sus beneficios, y llega el momento de comprender por la experiencia subjetiva que necesitamos del espacio sobre-representado para el coche para movernos mejor en la ciudad. Toca abrir las calles, y con mayor urgencia en determinados barrios con un urbanismo más asfixiante en cuanto a aceras (¿cuatro metros mínimo?) o dominio del coche.
  • El coronavirus es un laboratorio de un desarrollo más sostenible. Su impacto es tan profundo que es lo más cerca que se puede estar de comprender y vivir muchos de los problemas de sostenibilidad que afectan al globo. Si esperamos que de todo este desastre salga algo nuevo, esto debería pasar por darle un carácter de crisis existencial y civilizatoria a problemas como el cambio climático o la degradación ambiental. Durante unas semanas, el mundo ha ensayado un mundo post-carbono, un mundo no dependiente del coche, un mundo que sólo consume lo necesario , un mundo que sólo produce lo esencial, un mundo contenido y auto-limitado, un mundo que comprende qué es socialmente relevante y productivo,….Lo hemos hecho forzados y precipitadamente, tanto que quizá no sepamos hacer la lectura adecuada de lo que ha pasado y podemos consolidar para el futuro como nuevas formas de vivir y organizarnos que deberían favorecerse en las ciudades. 
  • El proceso de urbanización del Sur Global es un proceso global que afecta, aunque sea indirectamente, a quienes no viven allí. Si ya era una prioridad lograr que esta dinámica cumpliera mejores condiciones en los asentamientos urbanos informales (acceso a agua potable, disponibilidad de servicios de tratamiento de agua y residuos,…) el grado de exposición de muchas ciudades en expansión será un reto aún más urgente. 
  • La estrategias de preparación y resiliencia serán mucho más comprensible ahora para la población, para los agentes sociales y para los gestores y decisores públicos. Puede ser que en buena medida estas estrategias y planes fueran una actuación circunstancial o periférica. Ahora será una necesidad, porque la falta de preparación a todos los niveles en la mayoría de los países que no habían sufrido otras epidemias recientes (al contrario que países como Corea del Sur, Singapur, China o Taiwan) explica gran parte de la respuesta tardía, desorganizada y desorientada que se ha dado. Es presumible que los planes de resiliencia local ya existentes tengan que adaptarse a la evidencia y considerar aún mejor los niveles de preparación, alerta temprana y capacidad de respuesta en cuestiones sanitarias y de salud pública
  • Las infraestructuras sanitarias importan; por supuesto, la disponibilidad de plazas UCI o otros equipamientos hospitalarios ha sido el factor limitante que ha explicado “que esto no es una gripe” y el consiguiente confinamiento en el que vivimos (con la espada de Damocles de intuir que vendrán nuevas fases de aislamiento social). Estos servicios no dependen de las ciudades (suelen ser de inversión regional o nacional) pero sí estarán instalados en las ciudades, y estas han de pensar cómo los organizan, les dan servicio, facilitan expansiones o flexibilidades para acoger dispositivos temporales (por ejemplo, espacios para realización de tests fuera de las urgencias). Esto mismo vale para las redes de equipamientos de atención primaria, igual de relevantes para un sistema sanitario fuerte y, por tanto, mejor preparado para nuevos brotes. 
  • La digitalización de los servicios públicos locales, y del resto de dispositivos, equipamientos, espacios,….con los que interactuamos en nuestra cotidianeidad también se abrirá un camino más acelerado. Automatización de procesos y análisis de datos serán herramientas que los decisores públicos demandarán para poder gestionar mejor, se reorganizarán y rediseñarán servicios para hacerlos digitales y permitir más y mejores procedimientos en línea. Al mismo tiempo, las autoridades locales, por ser las más cercanas al ciudadano, tendrán que jugar un papel relevante, aunque complicado, en ser una marca de garantía de los derechos digitales de las personas respecto a los datos personales, en los servicios urbanos. 
  • Una dinámica más global, pero que puede tener plasmaciones a nivel local es el de la auto-suficiencia local. Las dudas sobre el futuro de la globalización industrial, del mercado alimentario o la centralización de la producción energética,…implican procesos de fondo que pueden tener sus manifestaciones en forma de una mayor suficiencia y garantía alimentarias, la aceleración de la generación energética distribuida, las políticas de cercanía (Melbourne, París) o la reindustrialización productiva de los entornos urbanos. 
Photograph: Alberto Pizzoli/AFP via Getty Images

En cualquier caso, la situación que ha tocado vivir obliga a repensar la manera de organizar nuestras sociedades, servicios públicos, el trabajo, la sanidad pública,…por lo requiere también repensar las ciudades en las que viviremos y en las que afrontaremos próximas crisis sanitarias. No sabemos si llegará esa transformación, si será duradera o si será a mejor. No será fácil tampoco, y son muchas las lecturas que podemos hacer de todas estas semana. Si esto lo tomamos como oportunidad para reordenar prioridades y principios sobre los que se organiza la vida en comunidad, será un buen principio.

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No es fácil escribir sobre esta cuestión pero me he propuesto ordenar al menos algunas lecturas que voy sistematizando. Son apuntes dispersos y poco sistemáticos, como casi todo en este blog desde hace 12 años, pero al menos servirán para detectar algunos temas que creo serán relevantes en los próximos meses o años. 

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lunes, 27 de abril de 2020

Coronavirus: algunos repositorios de iniciativas locales

Estamos haciendo ciencia a marchas forzadas, pero también se están reinventado formas de hacer en tiempo real. Están sucediendo tantas iniciativas, proyectos novedosos, enfoques alternativos, recursos, ideas,...que es difícil seguir la pista. A pesar de todo, ya están en marcha diferentes bases de proyectos y recopilatorios que están sistematizando de alguna manera todo esto. Estoy trabajando con algunos y seguro que hay muchos más, pero aquí van algunos:

FRENA LA CURVA
Frena la Curva (FLC) es una plataforma ciudadana donde voluntarios, emprendedores, activistas, organizaciones sociales, makers y laboratorios de innovación pública y abierta, cooperan para canalizar y organizar la energía social y la resiliencia cívica frente a la pandemia del Covid-19 (coronavirus) dando una respuesta desde la sociedad civil complementaria a la del gobierno y los servicios públicos esenciales.


SOLIVID
SOLIVID es un proyecto colectivo para la construcción de un mapa colaborativo y de un banco de recursos on-line sobre las iniciativas solidarias frente a la crisis del COVID-19.

COVID-19: LOCAL ACTION TRACKER (USA)
Our goal is to ensure mayors, city leaders, and other local decision makers have the information they need to lead their communities through this crisis. We aim to highlight and uplift the efforts of local leaders. In the coming weeks, we will be developing a more robust mechanism for local government leaders to share actions enacted in their own communities.

CITIES FOR GLOBAL HEALTH
Cities for Global Health, a collaborative online platform that offers access to knowledge, strategies and actionable plans implemented by local and regional governments around the globe. A virtual space to showcase what cities are doing and be inspired by others regarding specific initiatives or plans to the COVID-19 outbreak other health emergencies. Cities for Global Health is co-led by Metropolis and AL-LAs, and is part of the "Live Learning Experience: beyond the immediate response to the outbreak", developed by UCLG and supported by UN-Habitat and Metropolis.

DATA4COVID LIVING REPOSITORY
New York University research centre The GovLab has compiled a comprehensive global library of apps and initiatives used by city and national governments in fighting the coronavirus (COVID-19) pandemic. The repository, which launched last month, is part of a call for action from the research group to build a responsible infrastructure for a data-driven pandemic response. Organisations are encouraged to add new initiatives to the open document, which currently has over 130 submissions from across the globe.

COVID-19: TRANSPORTATION RESPONSE CENTER (USA)
The Transportation Response Center will serve as a library of “actionable, adaptable practices” to protect residents from COVID-19, and includes initiatives already used by cities, including: converting parking spaces into pick-up zones for food from restaurants; allowing rear-door bus boarding or waiving transit fares; and opening certain roads exclusively for pedestrians and cyclists.

COVID TRACKER APPS
In order to slow down the COVID19 pandemic, governments all over the world are creating mobile apps to track its citizens. This page lists all these apps.

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No es fácil escribir sobre esta cuestión pero me he propuesto ordenar al menos algunas lecturas que voy sistematizando. Son apuntes dispersos y poco sistemáticos, como casi todo en este blog desde hace 12 años, pero al menos servirán para detectar algunos temas que creo serán relevantes en los próximos meses o años. 

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viernes, 24 de abril de 2020

Coronavirus: algunas implicaciones de salud pública

No es mi tema, pero es el tema. Hemos vuelto a mirar a los sistemas públicos de salud, descubriendo que llevaban bastante tiempo olvidados. No sé si durará el consenso de que es una de las cosas que nos permite sostenernos en pie como sociedades que aspiran a ser civilizadas. Sector esencial es una definición que no se acerca a lo que realmente implica.

Trataré en otro capítulo la respuesta tecnológica a la pandemia, pero dejo apuntados aquí algunos elementos aceleradores. En una semana hemos avanzado diez años en todo lo que tiene que ver con la telemedicina. Urgencia obliga, descubriendo o reformulando la relación con los pacientes para la atención primaria. Esa misma urgencia que nos obliga a poner en marcha cualquier alternativa es la que nos impide ver la materia oscura de la salud digital. Implicará hablar de desigualdades en el acceso a estos nuevos intermediarios digitales, porque en esa misma semana estaremos dejando atrás lo que aún no estaba bien y universalmente resuelto como algo tan simple ahora como las citas online o el acceso al historial sanitario y estaremos dando el salto a tratamientos y situaciones sanitarias mucho más sensibles. Datos y algoritmos llegarán para reorganizar lo que toque. Y el peligro de desorganizar lo que no toque. Las prisas nos jugarán malas pasadas si no lo pensamos bien.

Es el caso del pasaporte de inmunidad. Me cuesta encontrar referencias con razones de peso para justificar esta medida, pero comprendo la tentación. Parece buena idea saber quién tiene inmunidad porque haya pasado la enfermedad, como salvoconducto para seguir disfrutando de la vida del siglo XXI. Pero desde la ignorancia, tiene tantas vías de escape esta respuesta que no parece viable ni recomendable. Ni desde el punto de vista científico, ni desde el punto de vista ético. Parece que los tests de inmunidad están aún muy lejos de servir como referencia para una solución tan drástica como la que ofrece este pasaporte: tú puedes X, tú no puedes X, siendo X cualquier cosa que se nos ocurra, desde la más nimia a la más sensible, desde el acceso a un centro de trabajo al cruce de una frontera, desde la entrada a la escuela hasta la contratación de un seguro de vida. Quién los expide, bajo qué criterios, a quién se le exige, durante cuánto tiempo es válido,....Además, puestos a crear estos pasaportes, se abre la puerta para hacerlo para otras enfermedades. No puede sonar más potencialmente orwelliano. En Chile parece que ya están en ello. Los riesgos derivados de la falta de precisión de los tests -en comparación con los propósitos de irrebatibilidad que encierra este pasaporte, parecen demasiado grandes hoy como para confiar en algo así.

What is an 'Immunity Passport'?

Sobre la vacuna hay mucho que hablar, aparte de mandar un afectuoso saludo a los anti-vacunas. Dicen que hay 115 posibles vacunas estudiándose a día de hoy. Es la gran carrera del siglo, o tal vez solo del 2020, pero es la gran y única esperanza realista para salir de esto. La gran misión de la humanidad hoy en día, como la misión de la llegada a la Luna. (Nota al margen: si la política no fuera ese engendro en el que se ha convertido, ni las sociedades  occidentales no fueran pura decadencia, tendríamos que estar pensando en términos de misión tres o cuatro grandes temas para las próximas décadas). Me fascina esta carrera, pero en cuanto entras en los detalles técnicos, mi capacidad de comprensión se diluye y sólo me queda la admiración por quienes están en ello, y la esperanza de que, cuando llegue, sepamos encontrar razones de humanidad para distribuirla adecuadamente. Las vacunas han hecho la historia en buena medida, y esta lo hará también, pero ni siquiera aún estamos seguros de cuánta efectividad podrá llegar a tener ni cuánta inmunidad durante cuánto tiempo ofrecerá. Puede ser que se parezca más a la vacuna actual de la gripe, y no tanto a una vacuna erradicadora (como lo han sido para unas pocas enfermedades hoy casi olvidadas gracias a la vacunación). Ese es otro escenario en el que deberíamos estar ya, por estar preparados más que nada a nivel personal: ni siquiera teniendo la vacuna hoy podríamos aspirar a poder olvidarnos del Covid-19 dada su capacidad de propagación, su capacidad infecciosa y su índice de letalidad.

Su distribución equitativa, global y asequible será la gran cuestión dentro de unos meses. Digo "dentro de unos meses" cuando debería decir "en los próximos meses". En este tiempo, mientras encontramos la puerta, quizá deberíamos estar escuchando ya planes para saber cómo se va a distribuir, cuál será el régimen de patentes que regirá, bajo qué condiciones de distribuirá, a quién se administrará primero, cómo se financiará, cómo se producirá a gran escala,...Existen organismos internacionales que, en casos como el Ébola, consiguieron actuar de manera concertada a nivel global y es un signo de esperanza. Hay alguien pensando en ello, y con capacidad de coordinar esfuerzos. Pero en tiempos de populismo, nacionalismo y miedo, puede que veamos cosas menos edificantes.


Scientists are working on 115 possible COVID-19 vaccines around the world

No podemos ser optimistas sobre esto cuando estamos asistiendo a la gran demostración del mercado sanitario. No tengo aún muy claro cómo funciona normalmente el sistema de aprovisionamiento, producción, certificación, importación-exportación,distribución,...del mercado de las medicinas, los equipos de protección personal, las mascarillas, pero sí sabemos cómo se comporta ahora, ante la mayor crisis sanitaria desde hace tiempo. Un sistema que, en última instancia, es el refugio de aprovechados, arribistas, traficantes, piratas, especuladores e intermediarios junto a otros que no dudo que actuaban y actúan no solo de buena fe, sino bajo los criterios que pediríamos a una política sanitaria decente. Debería ser el momento para aspirar a un mercado global de la salud que estuviera regido por principios de interés social pero será difícil que las fuerzas de ese mismo mercado se resistan a reforzar la idea de la salud como un negocio. 

Ojalá sea el momento para hablar de la salud mental, pero en serio. Veremos cómo salimos de todo esto, seguro que mejor de lo que auguran las visiones más pesimistas sobre el efecto a corto y largo plazo de una situación, no sólo de confinamiento, sino también de interrupción del afecto cercano, de incertidumbre, de rabia hiper-concentrada en esa putrefacción de las redes sociales, de la angustia, el miedo y el descontento, del estrés por vivir una normalidad patas arriba, del descubrimiento de la vulnerabilidad, de la frustración por la pérdida del empleo y/o de ingresos, de la dichosa amenaza del virus. Mayores aún serán las consecuencias post-traumáticas de quienes están sufriendo en primera línea la labor sanitaria y aún más quienes viven la muerte de seres cercanos y a los que no pueden siquiera velar o vivir su duelo. También lo será en el caso de muchos de los enfermos curados, que añadirán a sus lesiones físicas crónicas una herida traumática de su periodo de tratamiento. No se me ocurren circunstancias más extremas y dramáticas. Todo ello en una sociedad que adora la perfección fingida y superficial pero esconde debajo de sus alfombras millones de historias de incomprensión y abandono social y político sobre la salud mental en sus diferentes manifestaciones. Ahí habrá, y en esto estoy seguro, una gran carga social y sufrimiento personal. La lucha contra el Covid-19  no se acabará ni aunque desapareciera el virus, y quizá, de paso, si es que queremos tratar las consecuencias psicológicas de la pandemia, podamos también plantearnos cómo dignificar la salud mental y humanizar el sistema público de atención a estas enfermedades.

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No es fácil escribir sobre esta cuestión pero me he propuesto ordenar al menos algunas lecturas que voy sistematizando. Son apuntes dispersos y poco sistemáticos, como casi todo en este blog desde hace 12 años, pero al menos servirán para detectar algunos temas que creo serán relevantes en los próximos meses o años. 

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