Mostrando entradas con la etiqueta apps. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta apps. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de mayo de 2020

10 artículos sobre los retos éticos y políticos de la respuesta tecnológica al coronavirus

Hace unos días publiqué el post Coronavirus: la respuesta tecnológica, un ensayo precipitado y a gran escala. Se trata de una mirada concreta a cómo el despliegue de diferentes opciones tecnológicas para abordar el manejo de la pandemia desde el punto de vista sanitario y epidemiológico ha acelerado la llegada, o el ansia por que lleguen, de aplicaciones, dispositivos, sistemas e infraestructuras digitales con una fuerte base en datos personales. Se está escribiendo y revisando mucho el tema estos días, por detrás de la velocidad a la que se están poniendo en marcha estas soluciones. Mucho más tendrá que debatirse, y estos artículos pueden servir para introducirse en algunos aspectos:










//////////

No es fácil escribir sobre esta cuestión pero me he propuesto ordenar al menos algunas lecturas que voy sistematizando. Son apuntes dispersos y poco sistemáticos, como casi todo en este blog desde hace 12 años, pero al menos servirán para detectar algunos temas que creo serán relevantes en los próximos meses o años. 

Posts previos:

martes, 28 de abril de 2020

Coronavirus: la respuesta tecnológica, un ensayo precipitado y a gran escala

El último mes ha valido como 10 años en el proceso de adopción y transformación digital a nivel mundial. Ni CEOs ni CIOs, ha sido el coronavirus el que ha acelerado este proceso. La respuesta tecnológico-digital al Covid-19, junto con las esperanzas puestas en el sistema científico-tecnológico para crear nuevos entornos y soluciones a nivel de gestión pública, provisión de servicios, innovación social,…han creado un nuevo marco de exigencia y aceleración. La sociedad en su conjunto, las autoridades y las empresas están pudiendo evaluar ahora la aportación de la inteligencia artificial, la robotización o la automatización, en la acción de las instituciones públicas.

A falta de vacuna y con el único recurso posible del distanciamiento social, nos queda la opción de la tecnología como respuesta a la pandemia. Este repositorio muestra a las claras la extensión de esta. Donde la opción tecnológica ha sido más organizada y sistemática (Taiwan, Singapur o Corea del Sur), el recorrido de la pandemia parece confirmar su utilidad. Claro que, como siempre, la tecnología no existe de manera aislada del entorno en el que se desarrolla y se implanta. Así que quizá las soluciones de seguimiento o de automatización que se han aplicado en estos países a los que miramos con tanta envidia tienen menos que ver con la solución técnica en sí y más con el grado de penetración de la tecnología, con las particularidades de sus sistemas de gobierno, con la disposición a asumir los costes en términos de privacidad, con la legislación, etc. Llama la atención el ejemplo de Taiwan, donde se ha destacado su enfoque de tecnología cívica en su respuesta  así como la utilización que han hecho de los datos masivos. También los entornos de fabricación digital 3D ha encontrado la ocasión ideal para darse a conocer al público en general y de manera concreta.

Photo by Jens Johnsson on Unsplash

No me propongo hacer un repaso exhaustivo de todas las versiones de la respuesta tecnológica que hemos conocido estas semanas. Más o menos las conocemos. Aplicaciones con diferentes funcionalidades para hacer seguimiento de contactos, de localización o de permisos para excepciones al confinamiento, análisis de big data para encontrar patrones en la evolución o multiplicar el esfuerzo científico; complejos dispositivos para hacer controles sanitarios y tests in situ a la población; robots para realizar tests, hacer comprobaciones en la calle o facilitar la distribución de equipos de protección; vigilancia de personas infectadas, incluyendo cámaras de control de temperatura e identificación facial, información en tiempo real a la población, telemedicina, etc. Es sólo una parte de la respuesta tecnológica, pero la que me parece más sensible en términos éticos, jurídicos, sociales,... porque implican en esencia aumentar varios niveles el sometimiento a sistemas de control y vigilancia sobre la privacidad individual y la capacidad de tomar decisiones en torno a información personal y privada.

En un desastre de las dimensiones que estamos viviendo cualquier recursos cuenta, y es necesario contar con la mejor ciencia y la mejor tecnología. Si la ciencia clave para la gestión de la pandemia juega de forma intrínseca en el terreno de lo que no conocemos más que de lo que conocemos, la tecnología hoy juega en el terreno de lo que se puede y no se puede hacer. Ese “puede” tiene que ver con lo que es factible, y por eso lo que ha sido posible en Corea del Sur no lo ha sido en la mayoría del resto de países. La distancia entre lo posible allí y lo imposible aquí marca el camino de lo que se propondrá hacer aquí en los próximos años para todo lo que no se haya hecho en estas semanas.

Pero ese “puede” también ha que vincularlo a lo que social y políticamente es posible en cada país. Una situación de emergencia, por definición, reconfigura temporalmente las bases sobre las que se sustentan instituciones, procedimientos, formas de hacer, hábitos,… hasta el punto de que todos los países, de una u otra manera, han formalizado su respuesta bajo figuras diversas (estado de alarma, por ejemplo) para poder adoptar un marco jurídico más estable. En esta situación, la respuesta tecnológica también se abre camino en un entorno de excepcionalidad, en el que las libertades individuales, los derechos humanos o la privacidad se abordan desde otros límites. Este artículo es un fenomenal texto de evaluación de las principales tipologías de soluciones técnicas utilizadas y los riesgos que implican a nivel individual y colectivo. Esta generalización de este tipo de seguimiento móvil revela su utilidad para asegurar un seguimiento efectivo de los contagios y, a la vez, el delicado terreno en el que nos adentramos.

Necesitamos vigilancia masiva, pero no tiene, no tendría por qué ser escalofriante. Track and test parece que es la única salida viable. Para hacerlo bien necesitamos soluciones tecnológicas capaces de hacer este seguimiento de manera efectiva y eficiente, cosa que es relativamente viable, pero también necesitamos que sea acorde con los niveles de legitimidad y respeto a la privacidad que desearíamos en sociedades democráticas (dejo aparcado el debate más profundo sobre si realmente lo somos, lo seremos o queremos que lo sean, que es una cuestión más civilizatoria que está rondando también). Estamos hoy negociando un nuevo contrato social sobre cómo nos vamos a relacionar en la sociedad digital con nuestras instituciones. Cuáles son los datos de rastreo necesarios, cómo se hará ese rastreo y cuáles serán los algoritmos utilizados para tomar decisiones críticas (definirte como inmunizado, autorizarte a una determinada actividad, confirmar tu licencia de apertura, obligarte a un confinamiento fuera de casa,…) es el conflicto que estamos a punto de firmar, pero no contamos con una regulación segura y garantista para estas circunstancias, ni con la calma suficiente para hacer de ello un debate social sobre un tema que redefinirá la sociedad digital de los próximos años. Peor, vamos a actuar bajo nuevas condiciones sin haber firmado aún el contrato. Apelar a que es una restricción o una auto-limitación consentida de manera momentánea, y que después podremos volver a la casilla de salida suena demasiado optimista.

Aquí es donde hay que reivindicar y poner en práctica con transparencia y de manera concertada principios como la no discriminación y evaluación de sesgos, proporcionalidad, privacidad, rendición de cuentas, prevención de riesgos, consentimiento, privacidad por defecto o accesibilidad. Suenan teóricos, pero son los principios que pueden diseñar cualquier herramienta que se quiera implantar más allá de sus funcionalidades y requerimientos técnicos, y tienen una incidencia material y efectos directos sobre las personas.

La Caja de Pandora ya está abierta. El troyano está dentro del sistema. Google y Apple ofrecen una opción para universalizar el seguimiento, pero las respuestas a nivel nacional también han aparecido, desde las más sofisticadas (Singapur) a las más rudimentarias pero efectivas (Grecia). Este repositorio ofrece una magnífica imagen de la dimensión y extensión de esta pulsión por la solución vía apps móviles. La tensión ética entre libertad y privacidad ha dejado de ser una cosa hipotética, circunstancial o marginal, y la sociedad de la vigilancia, vía sanitaria, ya está(ba) en marcha, y el marco de los derechos humanos importará más que nunca, aunque habrá que dotarlo de una actualización en términos de derechos digitales. Para algunos, el intercambio merece la pena, porque el solucionismo tecnológico siempre está ahí para encontrar razones. La tentación autoritaria es una opción que toma fuerza en un ambiente político dominado por el ascenso populista, la disolución de las formas tradicionales de formación de la opinión pública, la crisis de los partidos políticos al uso como intermediadores, las nuevas posibilidades de manipulación de las opiniones políticas,...

Photo by Graham Ruttan on Unsplash
Vislumbrar cuál será la salida entre el optimismo tecnológico y el pesimismo político nos lleva fácilmente a la decepción sobre el futuro de la humanidad. El totalitarismo de vigilancia tiene el camino despejado en este contexto socio-político, al que ahora añadimos el miedo y la desconfianza. Puede que no todo sea tan catastrófico, y podamos encontrar un balance realista y justo, pero al menos a corto plazo la normas, las normas, la normalidad, tendrán otra pinta muy distinta a cómo eran. Como es demasiado tentador, y se ha convertido a la vez en pasatiempo mediático y en herramienta para encontrar razones de nuestra desdicha, la comparación con los países que mejor han respondido nos lleva a la aspiración de ser como Corea del Sur o Singapur. Es mucho decir, al menos desde el punto de vista europeo, una región del mundo encerrada en sí misma y en permanente duda metafísica sobre sí misma desde al menos la última crisis económica.  Sea como sea, la capacidad de innovación tecnológica se ha puesto al servicio de una crisis global de manera precipitada (urgencia obliga) y está siendo una de las grandes esperanzas. Esa misma urgencia va a introducir de manera generalizada soluciones que afectan  a la privacidad individual y a la concepción social del papel de la tecnología. Pero "la tecnología" no existe de manera independiente del ensamblaje social en el que se produce, se regula y actúa, por lo que la evaluación ética de cualquier tecnología mediadora como respuesta a la pandemia es ineludible.

//////////

No es fácil escribir sobre esta cuestión pero me he propuesto ordenar al menos algunas lecturas que voy sistematizando. Son apuntes dispersos y poco sistemáticos, como casi todo en este blog desde hace 12 años, pero al menos servirán para detectar algunos temas que creo serán relevantes en los próximos meses o años. 

Posts previos:

lunes, 27 de abril de 2020

Coronavirus: algunos repositorios de iniciativas locales

Estamos haciendo ciencia a marchas forzadas, pero también se están reinventado formas de hacer en tiempo real. Están sucediendo tantas iniciativas, proyectos novedosos, enfoques alternativos, recursos, ideas,...que es difícil seguir la pista. A pesar de todo, ya están en marcha diferentes bases de proyectos y recopilatorios que están sistematizando de alguna manera todo esto. Estoy trabajando con algunos y seguro que hay muchos más, pero aquí van algunos:

FRENA LA CURVA
Frena la Curva (FLC) es una plataforma ciudadana donde voluntarios, emprendedores, activistas, organizaciones sociales, makers y laboratorios de innovación pública y abierta, cooperan para canalizar y organizar la energía social y la resiliencia cívica frente a la pandemia del Covid-19 (coronavirus) dando una respuesta desde la sociedad civil complementaria a la del gobierno y los servicios públicos esenciales.


SOLIVID
SOLIVID es un proyecto colectivo para la construcción de un mapa colaborativo y de un banco de recursos on-line sobre las iniciativas solidarias frente a la crisis del COVID-19.

COVID-19: LOCAL ACTION TRACKER (USA)
Our goal is to ensure mayors, city leaders, and other local decision makers have the information they need to lead their communities through this crisis. We aim to highlight and uplift the efforts of local leaders. In the coming weeks, we will be developing a more robust mechanism for local government leaders to share actions enacted in their own communities.

CITIES FOR GLOBAL HEALTH
Cities for Global Health, a collaborative online platform that offers access to knowledge, strategies and actionable plans implemented by local and regional governments around the globe. A virtual space to showcase what cities are doing and be inspired by others regarding specific initiatives or plans to the COVID-19 outbreak other health emergencies. Cities for Global Health is co-led by Metropolis and AL-LAs, and is part of the "Live Learning Experience: beyond the immediate response to the outbreak", developed by UCLG and supported by UN-Habitat and Metropolis.

DATA4COVID LIVING REPOSITORY
New York University research centre The GovLab has compiled a comprehensive global library of apps and initiatives used by city and national governments in fighting the coronavirus (COVID-19) pandemic. The repository, which launched last month, is part of a call for action from the research group to build a responsible infrastructure for a data-driven pandemic response. Organisations are encouraged to add new initiatives to the open document, which currently has over 130 submissions from across the globe.

COVID-19: TRANSPORTATION RESPONSE CENTER (USA)
The Transportation Response Center will serve as a library of “actionable, adaptable practices” to protect residents from COVID-19, and includes initiatives already used by cities, including: converting parking spaces into pick-up zones for food from restaurants; allowing rear-door bus boarding or waiving transit fares; and opening certain roads exclusively for pedestrians and cyclists.

COVID TRACKER APPS
In order to slow down the COVID19 pandemic, governments all over the world are creating mobile apps to track its citizens. This page lists all these apps.

//////////

No es fácil escribir sobre esta cuestión pero me he propuesto ordenar al menos algunas lecturas que voy sistematizando. Son apuntes dispersos y poco sistemáticos, como casi todo en este blog desde hace 12 años, pero al menos servirán para detectar algunos temas que creo serán relevantes en los próximos meses o años. 

Posts previos:

lunes, 26 de noviembre de 2018

Buscando baches desesperadamente

Unos seis millones de resultados en la búsqueda app+potholes, unos dos millones para app+baches. Enseguida detectamos una larga lista de ciudades que han creado o tienen disponible su aplicación móvil para identificar baches. Boston, Montreal, Brisbane, Bruselas, Tucson, Toronto, Chicago, Mumbai...por un lado, Ciudad de México, Guadalajara, Montevideo, Santa Fe, Almería,...por otro. Si un extraterrestre llegara a la Tierra, pensaría que somos una sociedad obsesionada por encontrar baches en la carretera.

Aplicaciones dedicadas exclusivamente a reportar el mal estado de la calzada, o bien usos específicos dentro de aplicaciones de objetivos más amplios, hace tiempo que empezaron a extenderse como el no va más de la aportación ciudadana al cuidado de las ciudades. Diseñadas por organizaciones sociales o por emprendedores, financiadas por fondos de inversión con carácter cívico, o incluso pagadas con dinero público por iniciativa de ayuntamientos que querían tener su propia aplicación (!), creadas para su uso exclusivo en una ciudad o de manera genérica, han sido uno de los ejemplos típicos de eso que se llamó el uso cívico de las aplicaciones móviles.

Alert us of potholes | City of Vancouver
Su extensión (que no su éxito) se debe seguramente a que fue uno de los primeros usos "públicos" que se le encontró a las apps cívicas. Cuando empezó a hablarse sobre el tema, a extenderse el interés por encontrar formas de que a través de las tecnologías móviles los individuos pudieran implicarse en los asuntos colectivos, dos fueron las ejemplos que más se extendieron en los medios de comunicación, en congresos, en artículos y presentaciones: encontrar baches en la ciudad y adoptar un hidrante. ¿A que te suena? El segundo de ellos tiene claramente el mercado más limitado (al fin y al cabo la nieve está repartida de manera muy desigual en el mundo) y nunca he estado seguro de que fuera un buen ejemplo. Pero, ¿quién no quiere tener sus vías urbanas perfectas y sin tener que recibir quejas de los vecinos por su estado? Ambos casos circularon incansablemente durante un tiempo (se consolidaban por esos días casos como los de Fix My Street) como el colmo de las posibilidades de cooperación de las instituciones locales con sus ciudadanos (¿o era al revés?) para aprovechar su capacidad de encontrar soluciones sencillas a la operativa de los servicios públicos y de utilizar sus móviles como generadores de información útil.

Esto, unido a la fácil replicabilidad de la solución (basada en los sensores del móvil, acelerómetro y GPS), hizo que de la primera aplicación (que yo sepa), Street Bump, creada en el marco de la oficina de New Urban Mechanics del ayuntamiento de Boston, se pasara a una multiplicación de aplicaciones como la que hoy existe (repasando sólo en Google Play podemos encontrar Spothole, Fill That Hole, Street Bump, Pothole Marker, Pothole Finder, Bump Tracer, etc).

No es síntoma de nada, creo, pero siempre me ha resultado curiosa esta obsesión. Muy norteamericana, por otro lado, y desde allí se ha infiltrado en otros sitios donde, sospecho, no es esa la batalla. Pero puede ser que sea realmente un problema de orden público suficientemente grave como para haber necesitado la inversión de tanto esfuerzo a decir a la gente que tenía que avisar de estas cosas. O será que mejor que avisemos de estas cosas antes que estar pendiente de otras. O será que era sumamente fácil tener tu propia aplicación en la ciudad para parecer el colmo de la modernez. También me pregunto cuál ha sido el uso que han tenido, que intuyo escaso. Sin embargo, es evidente que durante años ha sido tentador recurrir a este tipo de soluciones como práctica del ciudadano-sensor (expresión que me parece perversa, por otro lado) y pienso si realmente da para tanto y con cuántas cosas nos distraemos de lo relevante.

lunes, 26 de enero de 2015

¿Sirven realmente para algo los hackathons?

Cuanto más tiempo pasa, más consciente soy de que con UrbApps allá en 2012, de manera meramente intutitiva, íbamos por buen camino, en línea con alguno de los primeros textos que apuntaban en el cuestionamiento de los hackathons, como On hackathons and solutionism o Three Problems With Civic Hackathons. Desde entonces, se ha seguido profundizando en esa línea crítica sobre el planteamiento tradicional de los hackathons y sus impactos reales.

TEDxShelburneFalls  (CC BY-NC-ND 2.0)
Estos días estoy leyendo  The Data Revolution: Big Data, Open Data, Data Infrastructures and Their Consequences (un magnífico libro de Rob Kitchin sobre el que próximamente escribiré algo más en el blog) y en él vuelvo a encontrarme mencionados un par de artículos que leí en su momento, You Can’t Just Hack Your Way to Social Change, de Jake Porway  y Hacking the hackathon, de Shauna Gordon-McKeon. Ambos apuntan cosas que estaban detrás de esas primeras inquietudes sobre cómo rediseñar los hackathons. Ahora, todo más consolidado, lo enlazo con ideas como el solucionismo, el eventismo o el fetichismo tecnológico. El segundo de los artículos es especialmente claro sobre algunas de las debilidades de este tipo de eventos: falta de diversidad en el perfil de los participantes, escasa atención al potencial de estas actividades como generadoras de miradas más amplias sobre la cuestión que se aborda, dificultades para mantener los procesos en el tiempo y la escasa conexión con las comunidades locales.

En Hackathons y solucionismo, o por qué importa más el proceso que el resultado ya comenté sobre la falta de diversidad de perfiles involucrados y las debilidades a la hora de enmarcar de forma sólida las preguntas a resolver como dos elementos que suelen estar detrás de la fatiga de los hackathons. Es la fase de ideación y de definición de los problemas donde debería centrarse gran parte del esfuerzo no técnico pero sí conceptualmente valioso para acertar con apps y otras soluciones que supuestamente quieren ser de utilidad. Su enfoque demasiado centrado en cuestiones técnicas y su vinculación a procesos de apertura de datos convierten los resultados de los hackathons en sus diferentes vertientes, la mayoría de las veces, en un listado de páginas de recopilación de datos o en versiones 1.0 con apenas funcionalidad y que sólo en un porcentaje mínimo tienen desarrollos posteriores. Por eso su principal debilidad es la falta de continuidad al estar basados en el voluntarismo y la ausencia de recursos y contextos estables de colaboración que den soporte al antes y, sobre todo, al después de la fase alfa o beta a la que normalmente llegan las aplicaciones desarrolladas en estos eventos. Aquí es donde, por ejemplo, las metodologías de Medialab Prado, de Etopia y tantos otros, no vinculadas a los hackathons en sentido estricto pero sí conexas, ofrecen un entorno apropiado para ello. Esta falta de seguimiento posterior es, sin duda, la causa de la frustración inmediata que pueden generar en los participantes. Por eso también, la documentación de los procesos (y no sólo las especificaciones técnicas) cobran un papel relevante para que los proyectos sean entendibles, se puedan evaluar las decisiones dadas en cada momento, se puedan sumar personas o contribuciones posteriores, etc.

Sin embargo, me interesa más cómo repensar este tipo de actividades desde el punto de vista de quién participa en ellas. Sufren, en primer lugar, de una evidente falta de diversidad, debido fundamentalmente a que su atractivo suele enmarcarse en soluciones técnicas, asunto al que se ven llamados o están en contacto un determinado perfil de personas  (desarrolladores, ingenieros, movimiento del open data, etc.). Además, la presencia de personas, tanto dando soporte como participando propiamente, que tengan un conocimiento amplia de cómo fucnionan "las cosas de la Administración" es fundamental para poder encajar las soluciones derivadas de los hackathons en los procedimientos administrativos, en los procesos de toma de decisiones públicas, en los puntos críticos o cuellos de botella donde la tecnología sí puede marcar la diferencia, etc.

Desde entonces he ido guardando otros artículos que profundizan en esas primeras sensaciones, junto a otros que también analizan su potencial. Bajo un críptico título, The trouble with White hats, de Melissa Gregg and Carl DiSalvo, se esconde un fantástico texto del que extraigo algunas líneas:
Hackathons attempt to imagine and enact a future democratic condition, allowing individuals to contribute to what it might be in the process. Too often though, this potentially profound speculation gets tied to a limited, if not naïve, understanding of politics as the mechanics of government. “What might be” is almost always simply a version of the now — just faster, more efficient, and preferably mobile-enabled.Civic hackathons reflect changes to the nature of work, volunteerism, collectivity, and belonging. The production process is configured to appear friendly, informal, and ad hoc, leading to new kinds of social identities and relationships. At civic hackathons, new ecosystems for innovation, design, micro-manufacturing, and city revitalization are made to cohere in the course of a day or a weekend. 
(...)
Civic hackathons are limited to addressing problems that contain technically actionable solutions. For instance, addressing problems of public-transportation access in communities of need is reduced to the challenge of providing real-time bus data. And the problems each hackathon hopes to solve get readjusted in real time to suit actual conditions and who and what skills are at hand. So whether the bus data is displayed on a mobile device or a visualization will depend not on the community’s need or desire but on what programming languages the coders at the hackathon know. This ad hoc adjustment, which is an inevitable outcome of hackathons’ opportunistic approach to time and skill, parochializes and minimizes the ambition of governance. It rewards pragmatism at the expense of recruiting more representative or ideal protagonists for politics.
TechCrunch Disrupt Europe Hackathon  (CC BY 2.0)
También en Hackathons don´t solve problems encontramos algunas claves interesantes, un texto directamente vinculado con la crítica a la grandilocuencia del solucionismo y el buenismo de la ideología californiana:
They're hard, bordering on intractable, and people are working to solve these problems constantly, spending much more energy and resources than a single hackathon could ever do. There is nothing magical about putting a bunch of technologists and creatives in a room which will suddenly solve disasters, world crises, the economy, or anything else. (…)In short: Hackathons can be fun, they can inspire new ideas, they can break disciplinary boundaries. But if they are "Tech's Answer to Big Problems", we're in trouble.
Sí, tenemos un gran problema si vamos a confiar en la tecnología para solucionar los grandes problemas que tenemos. En realidad, los hackathons y, por extensión, este tipo de prácticas de producción colaborativa, deberían funcionar como excusas para crear formas estables de colaboración y no como explosiones de optimismo productivo. Por un lado, porque la evidencia ya nos dice que los resultados prácticos y el impacto de las "soluciones" que se pueden desarrollar en tan cortos periodos de tiempo son escasos. Así que, seguramente será mejor reducir las expectativas y poner muchos más recursos y entusiasmo en sedimentar -y por eso aquí juega un papel importante el quién y el dónde se promueven- las relaciones de colaboración creadas y el potencial de los proyectos planteados. Por otro lado, porque para ofrecer soluciones, como mencionaba anteriormente, es importante enmarcar bien los problemas y en el caso de los temas que suelen cubrir los hackathons cívicos o urbanos, estos problemas son wicked problems la mayor parte de las veces y es en el proceso de desentrañar su complejidad donde más pueden aportar y aprender los participantes. Más constructivismo y menos tecno-determinismo para afrontar los conflictos políticos que están detrás de los temas urbanos/sociales que los hackathons cívicos suelen afrontar. ahí es donde diferentes metodologías, más basadas en procesos de aprendizaje y de compromiso a largo plazo (Citizen Canvas o Changify, entre muchas otras) pueden aportar mucho más a la hora de favorecer procesos creativos de implicación social en problemáticas concretas.

Bonus tracks. Aquí van otras tres sugerencias relacionadas:

miércoles, 14 de mayo de 2014

Nuevas tecnologías y participación ciudadana, un nuevo contexto para la gestión de la ciudad (Santander, 23-24 de mayo)

El 23 de mayo participaré en el curso Nuevas tecnologías y participación ciudadana, un nuevo contexto para la gestión de la ciudad, coordinado por Jaime Gutiérrez Bayo (Oficina Coordinación del Plan Estratégico de Santander 2020). Organizado en el marco de los cursos de verano de la Universidad de Cantabria, el curso se presenta así:
La introducción de las nuevas tecnologías como un nuevo factor a tener en cuenta en la gestión urbana, sobre todo a través de modelos como las Smart Cities, abre un inmenso campo de trabajo en distintas direcciones. A través de este curso, se pretende hacer énfasis en todas las posibilidades que tienen que ver con la participación ciudadana y el acceso a la información en el ámbito de las ciudades, pero también analizar las nuevas tecnologías como un factor de competitividad de las mismas. Formalmente, se trata de un curso breve y muy práctico que combinará las sesiones teóricas, con los debates abiertos, un taller práctico o visitas a instalaciones relacionadas. 

A mí me toca intervenir el primer día, con una sesión titulada Ciudad y tecnología, participación ciudadana en la sociedad conectada. En ella abordaré primero una exposición sobre el contexto de formulación de herramientas y técnicas de participación cívica que se ha abierto con los nuevos medios digitales y cómo los ubran media pueden dar un significado concreto y explícito a las demandas de intervención en las decisiones sobre la ciudad. Posteriormente, la sesión se convertirá en un mini-taller donde plantearé a los asistentes un análisis crítico de diferentes tipos de herramientas disponibles, tratando de acercarlas lo máximo posible a la realidad de Santander y a las prácticas de las peersonas y colectivos que participen en el curso.

Puedes acceder al programa completo aquí.

martes, 5 de noviembre de 2013

Smart cities. Big data, civic hackers and the quest for new utopia (book review)

It has been a long wait since Anthony Townsend announced he was working on a book on smart cities, but Smart cities. Big data, civic hackers and the quest for new utopia is here now. Some weeks ago it was made public and I spent the last few days reading it and jotting down almost every page. It is definitely a must-read book if you do not easily buy into the most established narrative of smart cities and feel the need to go beyond to explore what they really mean.

One of the most remarkable things about the book is that it comprises most of the names, authors, cities, companies, projects and research efforts that have played a role in influencing and shaping this trend in the last years from different perspectives. Thus, the book serves as a great overview for those approaching this field for the first time, but also for those who want to step back and put some perspective and what has been going on in this messy debate. In such a way, the book stands for a sort of archaeology work, from the first corporation that moved into smart cities as their new business strategy to the research groups, activists and grassroots movement tinkering digitally-driven local solutions.



More profoundly, Townsend makes the case for understanding the implications of the panoply of technologies involved in the smart city movement in an alternative way to the more mainstream one. Anecdotes and data illustrate a well-balanced set of reasonable doubts and forceful assertions, drawing a solid claim for move forward understanding of the role of citizens in this scenario of situated technologies. This potential is addressed considering the current maturity and promising emergent technologies, but particularly through a broad perspective of the different dimensions involved: the context for flagship projects like Songdo and also its lack of accomplishment, the rising market of smart cities and the role big companies are playing in defining a supply-based market where the demand is dubious in the terms these companies are profiling it (with a special mention here to the history of IBM, how they reached to smart cities, the underlying concepts behind their strategy, and, again, their most celebrated project, the Intelligent Operations Center in Rio de Janeiro, a precise dissection of its flaws and its pretended non-ideological model of city management), the limits of system models based on urban computing (and a clear explanation that the myth of quantitative urbanism is only enjoying a new comeback after previous failures in urban studies decades before), insightful comments on the role urban planning should take as a discipline able to connect the dots of the diverse implications of urban living and how cities work in a debate excessively dominated by engineers, a careful examination of widely spread approaches to a new science of cities (yes, Geoffrey West and his famous TED talk deserve  a revision),...

The book also navigates into more propositive arguments picking up trends, projects and concepts around that quest for a new utopia in which civic hacking can make a difference with detailed descriptions of the origin and impact of some significant projects working from a more civic-oriented perspective. Here again, you will enjoy some great stories (basically placed in U.S.) of civic hacking that exemplify the impact of the mix of open technologies, the will to solve local needs and certain collaborative contexts. Some familiar names of people and organisations that illustrate the planet of civic laboratories Townsend has been suggesting in the last few year. For example, the chapter on “Reinventing city hall” is a brilliant summary of the kind of problems forward thinking cities are facing: from market barriers from big companies to the risks of experimenting with smart technologies (I am glad to see how his analysis of the weaknesses of smart city apps contest model perfectly matches the kind of assumptions and critiques that were behind the UrbApps project and my assessment of hackathons), from the benefits and perils of open data strategies to the inefficiencies of urban innovation.

The book turns out to be a warning notice on undesired scenarios (Chapter 9, “Buggy, brittle and bugged” is dedicated to dysfunctional smart technologies –errors, unintended social consequences and, what is worse, deliberate anti-democratic uses of these technologies such as mass urban surveillance- but the whole book is full of cautionary assertions) and demonstrates clearly how these consequences are being intentionally hidden from public debate in the banalized version of smart cities. And naturally, the book concludes with a sum-up of crucial positions towards “a new civics for a smart century”, an invitation for all those involved in designing and delivering today´s cities (yes, there is no need to wait for the future), this is, all of us in the end, not only city leaders, geeks or urban planners, to take the best of mobile and networked technologies and make them work for freedom, quality of life, equality and creativity.

Anthony Townsend, among others, has been an inspiration all these years and some parts of the book perfectly recapitulate some of his previous articles and talks maybe you are familiar with. But here is a detailed, comprehensive and rounded proposition from a positive view of existing cities and a contextualized use of technologies in cities. Top-down visions are spreading a feeling of disappointment or fatigue of smart cities because they are proving to be so far from local councils´s needs and from how people use their cities and this book suggest a different approach in which more diversity of disciplines, broader sense of ownership, better-balanced expectations of what technologies can provide and a mix of engaged citizens should be the core.

I made one out of three so far. Adam Greenfield´s book is the next one.


You can also check some excerpts from the book, but surely won´t be enough:

lunes, 8 de abril de 2013

Majority report: claves del éxito de las herramientas de la democracia digital

Sito Veracuz me comentó hace unos meses uno de los proyectos en los que andaba en Play the City y que ya mencioné en un week picks. Majority Report es un proyecto de investigación que están llevando desde esta oficina radicada en Amsterdam y que trata de responder a una pregunta sencilla pero muy difícil de responder con claridad: ¿por qué algunas herramientas digitales funcionan y otras no?

El proyecto implica, por un lado, un esfuerzo de selección de herramientas de interacción con soporte digital para intervenir en cuestiones urbanas, comunitarias o públicas desde una perspectiva bastante amplia. Así, la base de datos de proyectos que están contemplando y que va aumentando gradualmente incluye aplicaciones móviles, plataformas de gobierno abierto, proyectos de open data, webs municipales de interacción con la ciudadanía, etc. Este trabajo de recopilación, junto con eventos públicos de análisis de estas herramientas, está aún abierto pero han publicado ya un avance de algunas ideas sobre el diseño y el uso de estas herramientas. Estos primeros criterios analizan aspectos como el diseño de la interface, cómo dar feedback al usuario que aporta contenido u opiniones, el lanzamiento del proyecto, etc.

Database Majority Report by Play the City
Al final, se trata de un gran misterio: ¿por qué algunas aplicaciones funcionan y otras no? ¿Cómo medir su éxito? ¿A qué aspirar realmente? Se trata de una cuestión de relevancia, y que me ha interesado sobre todo tras pensar en la trampa del solucionismo al que apelan muchas de estas herramientas pero que en la práctica se traduce en un uso prácticamente irrelevante. Yo he tratado de contribuir con algunos puntos que trataba en El valor cívico de las aplicaciones móviles, en el que aparecen algunas ideas que apuntan a los procesos de creación de este tipo de herramientas y a no apostarlo todo a la actividad digital e incluir formas de promover la interacción presencial entre usuarios para posibilitar formas más estables de participación. También en el libro From social butterfly to engaged citizen hay varios artículos que analizan el potencial de estas herramientas para crear procesos de participación y hay claves interesantes de diseño y de aproximación a la relación digital-presencial para entender por qué algunas de estas aplicaciones -muy pocas- consiguen tener una masa crítica y un impacto efectivo mientras muchas otras apenas alcanzan relevancia.

miércoles, 30 de enero de 2013

Hackathons y solucionismo, o por qué importa más el proceso que el resultado

Unas notas sobre un debate de hace unas semanas que, de alguna forma, ya aparecía en lo que comentaba en Ya tenemos open data, las preguntas son las mismas en septiembre del año pasado. Ahí apuntaba algunas posiciones de gente activa en el mundo del open data, el internet de las cosas y el desarrollo de aplicaciones móviles, que pedían una postura más crítica ante la tentación de la asepsia del dato. Cuando montamos UrbApps el enfoque, aun sin tener esta perspectiva tan desarrollada, iba en esa línea, y adelantaba un poco el debate que comentaba al principio.

Este surgió a raíz del post de David Sasaki, On hackathons and solutionism en el que, partiendo de la idea de solucionismo que por lo visto aparece en el próximo libro de Evgeny Morozov (el enfant terrible de internet),  To save everything, click here, plantea desde su posición activa en la promoción del open government en América Latina, una crítica al modelo establecido de hackathons y concursos de aplicaciones.  Merece la pena leer el texto y los enlaces que lo acompañan (algunos de ellos ya mencionados en mi artículo de septiembre). De nuevo, sobrevuelan dos ideas con las que intentamos montar UrbApps y que compartí en diciembre en EQUIciuDAD 2012 con la comunicación El valor cívico de las aplicaciones móviles:
  • Por un lado, las aplicaciones que quieren ser significativas para intervenir en problemas urbanos de cualquier tipo necesitan hacerse muchas preguntas antes de centrarse en la solución (el desarrollo de la aplicación). Pero esa presión por el solucionismo, por orientar todo el esfuerzo en el desarrollo técnico y en crear en tiempo record o de forma competitiva aplicaciones que apenas alcanzan masa crítica, puede estar resultando infructuoso.
  • Por otro lado, y derivado de lo anterior, centrar el foco en el desarrollo técnico en este tipo de eventos hace que resulten interesantes únicamente a un determinado perfil de personas, colectivos y organizaciones, centrados evidentemente en el mundo de la programación de aplicaciones. 
Sin embargo, esto hace que se pierdan dos oportunidades quizá mucho más interesantes que la aplicación en sí:
  • La posibilidad de crear contextos de colaboración donde el debate y el análisis previo a la fase de desarrollo creen una mejor comprensión de la complejidad del problema urbano en el que la aplicación quiere intervenir. Cualquiera de las temáticas (residuos, transporte, acceso a recursos, intercambio, espacios públicos,…) tiene aristas que pueden ser fundamentales no sólo para tener una visión más amplia del problema (y, por tanto, facilitar procesos de aprendizaje colectivo) sino también para mejorar los requerimientos técnicos y de diseño de la aplicación (experiencia de usuario, relación de la aplicación con los procedimientos burocráticos, usabilidad, funcionalidades, etc.).
  • La posibilidad, consecuencia de lo anterior, de que estos eventos no sean una actividad fugaz y puntual, sino procesos con valor por sí mismos donde el interés no caiga únicamente en la solución técnica sino en integrar a más perfiles de personas, colectivos y organizaciones a una actividad –la exploración de formas de acción cívica – que se puede beneficiar de una participación más diversa y plural centrada también en la reflexión colectiva.
El valor cívico de las aplicaciones móviles
Manuel Portela dejó hace unas semanas unos apuntes en este sentido y también hay aquí algunas otras notas. David Eaves publicaba en noviembre también un artículo en el que ponía en cuestión esta popularidad de los concursos de aplicaciones cuando se dirigen a afrontar cuestiones sociales o ambientales, dudas que, por otro lado, no son nuevas y que gente como Jake Levitas, de GAFFTAya han trabajado, sobre todo a partir de una de las iniciativas más sugerentes que conozco, Summer of Smart. Creo que son cuestiones muy relevantes para un ámbito que va cogiendo fuerza desde hace un tiempo. Cuando montamos UrbApps, casi sin saberlo, estábamos tratando de promover que el desarrollo de herramientas móviles para la activación cívica sea una excusa y no una solución.

Preparando la intervención de diciembre en EQUIciuDAD recordé una frase con la que quise resumir el planteamiento. Una frase de Jeff Hammerbacher, ex-empleado de Facebook que, refiriéndose en general al mundo de internet de los social media, decía: The best minds of my generation are thinking about how to make people click ads. Todo un lamento sobre la burbuja tecnológica que, al final, desvía gran parte del talento a intentar conseguir que hagamos click en la publicidad digital de cualquier tipo y por cualquier vía. De la misma manera, el interés por desarrollar aplicaciones digitales para intervenir en problemas cívicos o comunitarios puede hacer que nos centremos en crear aplicaciones y que el modelo de participación social que promuevan se base en usuarios haciendo click, usuarios alimentando pasivamente aplicaciones con los datos que suben en forma de “me gusta”, “denuncio”, etc. en lugar de promover un modelo de compromiso activo más allá del click en el que las apps formen parte de estrategias de participación creadoras de vínculos más estables.

viernes, 25 de enero de 2013

Week picks #12


OPEN CITY

Open City is a group of volunteers that create web apps with open data to improve transparency, efficiency, and decision-making for governments and our democracy.

CITISENSE

With the proliferation of personal mobile computing via mobile phones and the advent of cheap, small sensors, we propose that a new kind of "citizen infrastructure", CitiSense, can be made pervasive at low cost and high value. Though challenges abound in mobile power management, data security, privacy, inference with commodity sensors, and "polite" user notification, the overriding challenge lies in the integration of the parts into a seamless yet modular whole that can make the most of each piece of the solution at every point in time through dynamic adaptation. Using existing integration methodologies would cause components to hide essential information from each other, limiting optimization possibilities. Emphasizing seamlessness and information sharing, on the other hand, would result in a monolithic solution that could not be modularly configured, adapted, maintained, or upgraded.


ICRI - Intel Collaborative Research Institute on Sustainable Connected Cities

This new institute - a cooperation between University College London (UCL), Imperial College London and Intel - is concerned with how to enable future cities to be more connected and sustainable. This will entail investigating, developing and deploying adaptive technologies that can optimize resource efficiency, and enable new services that support and enhance the quality of life of urban inhabitants and city visitors. There are many fundamental technical, social and urban challenges and opportunities that need to be addressed to accomplish this. Our approach is interdisciplinary, combining methodologies from computer science, the social sciences, interaction design and architecture to improve how cities are managed and maintained in order to ensure and enhance citizen well-being.




Week picks series features every Friday some initiatives and projects I found or want to highlight on this blog. It will help me to track new findings from community groups, startups or local governments working and delivering solutions relevant to the issues of this blog. I often bookmark them or save them on Tumblr while I wait to use them. Maybe this a good way.

miércoles, 9 de enero de 2013

Artículo. El valor cívico de las aplicaciones móviles

Dejo aquí una versión ampliada de la comunicación presentada en el pasado congreso EQUIciuDAD 2012. Todas las comunicaciones han quedado recogidas en el libro del congreso.

La generalización de los dispositivos móviles y la disponibilidad ya de una amplia experiencia en el uso de herramientas digitales para la interacción social han creado un nuevo marco de actuación cívica que multiplica la capacidad de la ciudadanía para intervenir en los asuntos comunes. En los últimos años hemos asistido a la irrupción de un nuevo discurso en torno a la ciudad que se focaliza en la idea de las smart cities como vehículo de transformación de lo urbano.  Se trata de un debate hasta cierto punto polarizado por visiones muy distantes unas de otras respecto al papel de la tecnología en la ciudad y que encierra, en último término, una visión particular de la ciudad, sus agentes, el espacio físico y el espacio de los flujos de las relaciones que se dan en el entorno urbano. En este sentido, prácticamente el único punto de unión en esta “batalla” por las smart cities reside en la asunción de que las tecnologías digitales implican un cambio de escenario sobre la forma en la que se organiza la vida en la ciudad, incidiendo en algunos casos sobre la mejora de la eficiencia en la gestión de los servicios públicos y las infraestructuras que soportan el funcionamiento urbano, mientras que en otros casos se incide en las tecnologías digitales como habilitadoras de una nueva acción colectiva con mayor autonomía de organización, creación y aportación sin pasar por los filtros de lo público para crear herramientas de intervención y organización comunitaria para actuar sobre los asuntos públicos.

Las tecnologías móviles, en este sentido, aportan una renovada capacidad cívica de intermediación en la ciudad con un alto componente de creación colectiva y de intensificación de las dinámicas urbanas, y existen actualmente muchos casos de utilización exitosa de estas herramientas en muchas ciudades del mundo, tanto desde un impulso institucional como desde un impulso ciudadano. Este artículo repasará de forma breve el impacto de las tecnologías móviles en la vida cotidiana en la ciudad, algunas dinámicas que se están utilizando para implicar a las comunidades locales en la generación de soluciones móviles concretas para sus ciudades,  un marco de colaboración entre los ámbitos tecnológicos y no tecnológicos como vía para asegurar la adecuada contextualización de las aplicaciones móviles que se generen desde una visión cívica de las tecnologías móviles y, por último, un ejemplo concreto de este tipo de colaboraciones.

El valor cívico de las aplicaciones móviles
Las iniciativas de impulso del uso de aplicaciones móviles (y otras soluciones basadas en las tecnologías digitales) para generar soluciones prácticas para los diferentes aspectos relacionados con la vida urbana se están extendiendo por todo el mundo y cuentan hoy en día con suficiente trayectoria como para presentar un balance significativo de éxitos y fracasos y lecturas que realizar para mejorar las intervenciones urbanas a futuro. Todas estas dinámicas, algunas de las cuales mencionaremos en los siguientes párrafos, comparten una visión en torno al valor cívico de las herramientas digitales como habilitadoras de procesos de cambio y concienciación. Sin embargo, la presencia de este valor cívico no es tan evidente, entendiendo valor cívico como el atributo propio de la vida en la ciudad o la incorporación de una variable urbana  a las tecnologías en cuanto a promoción de la libertad, de la acción comunitaria, del compromiso social, la crítica social y la construcción de alternativas.

Determinados proyectos que persiguen crear plataformas de innovación social con ayuda de las tecnologías para afrontar soluciones locales a problemas de las ciudades están explorando esta vía. Mientras que determinadas dinámicas tipo hackathon o similares, basadas en la concentración de conocimiento y habilidades técnicas sobre el desarrollo de aplicaciones móviles buscan promover la creación de nuevas apps u otro tipo de soluciones de manera generalista, otras dinámicas están sumando a este conocimiento técnico un esfuerzo por dotar de contenido urbano a estos esfuerzos creando contextos más eficaces para la generación de soluciones hiper-locales y creando entornos de cooperación entre personas y colectivos comprometidos con la ciudad y, en algunos casos, también con las propias instituciones locales.


En este sentido, el concepto de apropiación de las herramientas sigue siendo clave en una nueva teoría de la acción colectiva basada en las tecnologías móviles. El proyecto The Mobile City es una buena exploración de este aspecto y su trabajo Ownership in the hybrid city  dibuja un panorama completo sobre cómo afrontar la construcción de procesos y dinámicas de interacción social desde el compromiso cívico y la acción comunitaria en las que lo digital juega el papel de canalizador de un proceso más complejo de activación de la participación social en los asuntos comunes de la ciudad. En este sentido, la web y todas las soluciones derivadas, en el despliegue social que con el que va configurándose, abre nuevas opciones para desarrollar herramientas de activismo y compromiso social que, sólo apenas unos años apenas podíamos imaginar. Ha abierto la posibilidad de diseñar instrumentos de relación social que nos hace más abiertos y colaborativos en entornos personalizables de participación.

No es una cuestión trivial o semántica. La generalización de los dispositivos móviles ha hecho que la interacción con un espacio digital sea constante y diaria. Un everyware  invisible que está en todas partes. Nuestra vida es un permanente camino de rastros digitales de la interacción con las dependencias públicas, con las máquinas canceladoras o cualquier otro punto de la esfera de objetos públicos conectados , con los servicios y aplicaciones de nuestros dispositivos móviles, con las tarjetas bancarias, etc. Los ciudadanos somos un continuo de datos, meros generadores pasivos de información que va quedando por el camino del uso de las redes sociales. Mariposas  revoloteando de un tema a otro, de una aplicación a otra, sin una dirección clara y perdidos en la confusión.

Una respuesta a esta desazón errante del ser humano del siglo XXI es, precisamente, la posibilidad de crear soluciones en las que podamos ser activos generadores de información y recopiladores de datos para agregarlos conjuntamente a través de procesos de crowdsourcing, por ejemplo. Diferentes proyectos relacionados con problemáticas urbanas se han basado en este modelo, buscando la aportación colectiva de información, en especial a través de iniciativas de mapeado o simplemente utilizando aplicaciones móviles a través de las cuales los usuarios generan y comparten información. Sin embargo, el peligro reside en generar con ello esquemas de actuación en los que el ciudadano –el usuario de las aplicaciones o participante en los procesos basados en tecnologías móviles- tenga un papel excesivamente pasivo como mero recolector  de información.



Siguiendo este planteamiento, en el libro From social butterfly to engaged citizen, Kurt Iveson publica un artículo titulado "Mobile media and the strategies of urban citizenship: discipline, responsibilisation, politicisation" que marca algunas claves para vincular los dispositivos móviles en procesos de compromiso ciudadano real más allá del peligro de asignar al ciudadano un papel de mero recolector de información. Es un punto clave para que las aplicaciones móviles que se puedan crear tengan un sentido urbano.

"(...)different applications of social and mobile media technologies will have different impacts on urban life, depending on the model of governance and stategies of citizenship they embody".

De esta manera, la acción colectiva en torno a las redes sociales y las aplicaciones móviles adquiere un potencial de politización para dar respuesta a problemas urbanos desde la pertenencia a la ciudad y la apropiación de las tecnologías, frente a modelos de utilización de las tecnologías digitales para meras estrategias de control –el caso más claro es el de las aplicaciones dirigidas a la seguridad o la identificación de actividades- o de responsabilización.

Con estas consideraciones iniciales, las apps se convierten en una vía más para romper el modelo tradicional de intermediación institucional del ciudadano, que ahora amplía su capacidad para intervenir y hackear el gobierno para crear soluciones colectivas fuera de los circuitos tradicionales. Surge así, tenemos la posibilidad de dar una orientación ciudadana al discurso predominante del papel de la tecnología en la ciudad desde un sentido de apropiación ciudadana de las posibilidades tecnológicas digitales en el diseño de servicios y herramientas digitales, un cambio de perspectiva basado en tres pilares: la ciudad como plataforma para unos datos que deberían ser de "propiedad" colectiva, los medios digitales como instrumentos de acción colectiva, cocreación y auto-organización y la capacidad de sumar a más actores y públicos a los temas de interés público.

El open data como materia prima para actuar ante los mismos problemas de siempre
Una de las dinámicas que más está contribuyendo a ampliar el horizonte cívico de las tecnologías móviles es el open data. El procesamiento de datos públicos para su reutilización para cualquier uso que de ellos quiera hacer un colectivo a la hora de comprender la información digital existente sobre cualquier materia permite generar nuevas herramientas. Estas herramientas basadas en la disponibilidad de datos abiertos permiten comprender mejor la realidad, observarla de la forma más aproximada a la realidad y, en último término y sobre todo, construir soluciones abiertas aprovechando las tecnologías móviles.

Que el movimiento del open data está creciendo es un hecho innegable y se ha convertido en un fenómeno global. Y que su impacto en la forma en que podemos construir la vida colectiva avanza día a día, también. Es uno de los temas del momento y traspasó hace tiempo las fronteras de los círculos iniciales que supieron ver la oportunidad de abrir los datos públicos para liberar información y convertirla en herramientas y capacidades útiles. Es una melodía fácil de escuchar porque apela a devolver lo que nunca debió dejar de ser nuestro. Pero no es el final del camino porque el objetivo no es liberar, sino liberar-para y liberar-porque.

Open Data Movement (via Visual.ly)
Por supuesto, quienes trabajan más directamente en proyectos relacionados con el open data, tanto desde la gestión pública (luchando, gran parte de las veces, contra muros visibles e invisibles que poco a poco van cayendo por su propio peso) y desde la creación de soluciones y herramientas para su aprovechamiento para diferentes fines colectivos, son perfectamente conscientes de que la extensión de experiencias de open data en diferentes instituciones públicas en todo el mundo no es un buen indicador. Simplemente, refleja una tendencia, pero poco más. El problema de celebrar que el movimiento avanza es dejarnos en el tintero algunas cosas más de fondo. Como decía Usman Haque en Surely there's a smarter approach to smart cities?:

We, citizens, create and recreate our cities with every step we take, every conversation we have, every nod to a neighbour, every space we inhabit, every structure we erect, every transaction we make. A smart city should help us increase these serendipitous connections. It should actively and consciously enable us to contribute to data-making (rather than being mere consumers of it), and encourage us to make far better use of data that's already around us.

Por un lado, plantea un aspecto fundamental a la hora de trasladar todo el discurso del big data de esas smart cities de las que tanto se habla a la realidad de la vida urbana, marcada principalmente por la complejidad y la impredecibilidad, silenciada esta última esperando un futuro de predecibilidad total. Y por otro lado, una salvedad relacionada con el riesgo de convertir todo esto en una gran barrera de entrada para el no experto. También David Eaves ha planteado últimamente un tema de fondo en su artículo Lies, damned lies and open data , en el que apunta que no podemos quedarnos paralizados celebrando el éxito de un movimiento tan fuerte e influyente cuando, en realidad, el open data no elimina la necesidad del debate político. Esta idea encaja con la del riesgo del neo-positivismo del dato: como disponemos de información pública accesible y transparente, los datos ya están ahí y son claros, objetivos y sin sesgos. Y, sin embargo, son sólo el material –y bastante avance es poder acceder a él- para intervenir críticamente sobre la realidad. Un nuevo aviso frente a los cantos de la despolitización y la desideologización a lomos de la asepsia del dato. Acceder a las evidencias de la gestión pública –a través del rastro que deja la acción institucional- y poder usarla y manipularla para crear herramientas, aplicaciones y servicios no es el final sino el principio:

Quite the opposite. Open data will not depoliticize debate. It will force citizens, and governments, to realize how politicized data is, and always has been.

¿Cómo obtiene el poder público los datos? ¿Y para qué los utiliza? ¿Qué sesgo utiliza para elegir unos temas y no otros a la hora de procesar la información que generan? Estas y otras preguntas siempre han sido parte del terreno del debate y la confrontación política y van a seguir estando y, sumándolo a ello, el creciente riesgo de de divide en la capacidad de poder participar en esta nueva cultura digital. Con esto, llegamos al tercer tema de fondo en el open data, The open data doppelgänger o quién controla los datos y para quién (Merece la pena leer el artículo de Tom Slee, titulado Seeing like a geek, porque revisa el papel de grandes empresas y emprendedores digitales en la selección de qué y cómo se libera y se reutiliza, el funcionamiento de este ecosistema como mercado, el siempre presente sesgo cultural y demográfico ("empoderar a los empoderados"), etc.). ¿A que vuelve a sonar a tema clásico de ciencia política? Será que la política siempre da vueltas sobre los mismos temas . Es una posición que puede ser vista como crítica o cínica por un entusiasta del open data, pero no debería minusvalorarse porque es la clave de todo este asunto.

Cosas como las que dejaba apuntada Usman Haque en sus notas resumen de la exposición que hizo en la Open IoT Assembly celebrada en junio en Londres y que desde entonces las tengo muy presentes (rescato algunas):

the spectacularisation of data, revelling in complexity only so that ‘experts’ can rescue us from the cacophony: scientists, urban planners, yes, even artists 
the concerning thing about this neo-postivism is when it’s applied to the design and manipulation of our cities because these processes have their own ‘god fantasies’: 
o efficiency (those big biz initiatives that use “Smart” throughout their PR material) 
o predictability 
o homogeneity 
o all the things that go counter to the sustainability of what makes a city a city 
o social goals that rarely have anything to do with technology and sound suspiciously like the sorts of things urban planners were saying in the 50s and 60s when they gave us highways and highrises/tower blocks 


Son tres aproximaciones para poner un poco de cautela ante el riesgo de triunfalismo. El open data, junto con el resto de movimientos han puesto en cuestión muchas lógicas tradicionales sobre lo público, lo colectivo, la creación o el acceso a la información, abre posibilidades inmensas….para tratar de dar respuesta a los mismos problemas y conflictos de siempre. Rompiendo las barreras de la información que nunca debería haber dejado de ser accesible, ganamos en capacidad para intervenir, para crear y para posibilitar otra forma de hacer las cosas. La nueva dimensión de la acción cívica a partir de las aplicaciones digitales cuenta con las dinámicas abiertas de innovación y co-creación (desde el open government al open data, formando todas sus vertientes un conjunto) para explorar nuevos modelos de intervención en lo público y para actuar sobre las problemáticas y conflictos tradicionales.

UrbApps. Jugando en la frontera de dos mundos
UrbApps es una iniciativa de innovación social en el ámbito de las tecnologías móviles que quiere poner en común el conocimiento de personas del mundo del desarrollo de aplicaciones pero y el de las personas que puedan aportar claves de diseño y de experiencia de usuario y personas más relacionadas con la promoción de la sostenibilidad y el trabajo comunitario. Son tres ingredientes básicos para acertar bien en el desarrollo de aplicaciones móviles para la ciudad inteligente, que al final son sólo un instrumento para intervenir en un contexto en el que la solución técnica depende del comportamiento de los usuarios, de entender bien las claves del funcionamiento urbano, de los problemas ambientales que quiere resolver, etc. Mediante metodologías de análisis y debate para el prototipado de aplicaciones, UrbApps se sitúa en el entorno de las hackathons sumando al trabajo de desarrollo de código el análisis crítico del contexto urbano y el comportamiento social de la ciudadanía para adoptar soluciones prácticas. Sólo así es posible evitar el riesgo de convertir las herramientas digitales en un medio pasivo de generación de información digital incapaz de crear dinámicas de compromiso personal y social.


Con esta perspectiva, el proyecto aborda cómo fomentar procesos colaborativos entre diferentes los ámbitos de conocimiento que intervienen en la creación de soluciones móviles para problemas urbanos (especialmente en materia de problemas ambientales, movilidad urbana, participación ciudadana y disfrute de la ciudad), entendiendo que esta suma de acercamientos es la mejor manera de que estas apps móviles sean un medio de intervención crítica y de compromiso activo.

El proyecto está  inspirado algunas iniciativas en forma de hackathons o encuentros de desarrollo rápido. La mayoría de ellos tiene como fin desarrollar un concurso con sus correspondientes premios. Es claro que esto funciona como incentivo pero, en nuestro caso, además de no tener recursos para adaptar un premio, hemos preferido aparcar la idea competitiva para crear un entorno de aprendizaje y encuentro. La dinámica de trabajo quiere unir el conocimiento de personas del mundo del desarrollo de aplicaciones pero también personas que puedan aportar claves de diseño y de experiencia de usuario y personas más relacionadas con la promoción de la sostenibilidad y el trabajo comunitario. Son tres ingredientes básicos para acertar bien en el desarrollo de aplicaciones, que al final son sólo un instrumento para intervenir en un contexto en el que la solución técnica depende del comportamiento de los usuarios, de entender bien las claves del funcionamiento urbano, de los problemas ambientales que quiere resolver, etc.
Para ello, propone trabajar en tres ámbitos
+GREEN
Aplicaciones que contribuyan a construir ciudades más sostenibles en relación a problemáticas como la calidad del aire, del agua, el uso de recursos naturales, el ruido, la disponibilidad de espacios verdes o las incidencias en la vía pública. Seguramente este último tema sea el que ha visto apps y webs más conocidos como Fix My Street, Repara Ciudad, Street Bump o Arregla Mi Calle, pero hay vida mucho más allá y las posibilidades son casi inagotables.
MOVE!
Aplicaciones que mejoren la accesibilidad de la ciudad y en concreto relacionadas con la movilidad, la intermodalidad, el transporte público, el acceso a personas con movilidad reducida, los modos de transporte alternativos, las zonas peatonales, etc. Desde aplicaciones para facilitar el aparcamiento, hasta toda la diversidad de sistemas de seguimiento en tiempo real del transporte público (posiblemente, el área de servicios públicos donde las Administraciones se han implicado más hasta ahora).
NET-CITY
Aplicaciones que ayuden a generar relaciones entre las personas que viven en una ciudad y mejorarla en alguna de sus dimensiones. Esta categoría la usaremos como un ámbito más abierto en el que pueden entrar cuestiones que faciliten la vida en la ciudad para cuestiones de organización colectiva, de ocio, de legibilidad de la ciudad, de economía, de compartición de infraestructuras de comunicación, etc.

De manera más concreta, en la primera edición de estos encuentros celebrada en junio de 2012 en Valladolid se trabajaron ocho temáticas más específicas sobre las que se proponía prototipar soluciones móviles analizando previamente la problemática urbano y los agentes centrales en la misma:
TRANSPORTE PÚBLICO. ¿Información al instante de dónde están los autobuses en marcha en cada línea? ¿Cómo saber si merece la pena acercarse a una parada u otra? ¿Y cómo saber la mejor combinación de líneas? ¿Dónde está la parada más cercana a donde estoy yo o a donde voy a estar esta tarde para volver a casa? ¿Puedo dar información adicional a otros usuarios?
VISIBILIZAR LA BICICLETA. ¿Andas en bici? ¿No sabes cuál es el camino más seguro? ¿Quieres destacar las rutas más seguras? ¿Podemos evaluar colectivamente la facilidad de movernos en bici? ¿Y los sitios más seguros o inseguros para dejar la bici?
BUSCANDO UN SITIO PARA TRABAJAR UN RATO. ¿Tienes un rato entre reuniones? ¿No pasarás por la oficina? ¿Qué necesitas para trabajar? ¿Dónde encontrar una mesa de trabajo o wifi?
OTRA FORMA DE DESCUBRIR LA CIUDAD. ¿Alguna alternativa a la guía clásica? ¿Podemos darle un contexto más social a descubrir la ciudad a través del móvil? ¿Sólo para turistas o visitantes de fuera?
ESTÁ PASANDO. Está la ciudad "oficial": lo que está en los mapas, lo que está previsto, lo que está indicado. ¿Podemos ayudar a resaltar otras situaciones, experiencias o actividades de la ciudad que no aparecen en ningún sitio?
ANDANDO POR LA CIUDAD. ¿Cómo llegar de un sitio a otro? ¿Es posible añadir incentivos a las rutas? ¿Sugerir rutas alternativas? ¿Cruzarlas con disponibilidad de ciertos "recursos" (sombra, tiendas, facilidad para acceso de personas con movilidad reducida, etc.?
NO TIRAMOS, REUTILIZAMOS. ¿Alguna forma de conectar objetos obsoletos, personas que no quieren tirarlos simplemente y personas/colectivos que los podrían necesitar?
MÁS QUE JARDINES. ¿Cuántos parques y jardines hay en la ciudad? ¿Qué actividades se pueden hacer? ¿Qué servicios tienen? ¿En qué estado están? ¿Qué especies tienen?

Conclusiones
El artículo ha presentado una serie de reflexiones sobre el papel de la tecnología en la intermediación en problemas relacionados con la vida urbana, presentando algunas aportaciones conceptuales y su traslación a la práctica de la acción colectiva para dar a estas aplicaciones tecnológicas un sentido transformador. A modo de aportación, el artículo plantea la necesidad de establecer vínculos más fuertes y presenciales en el dialogo entre quienes disponen de conocimiento técnico (todo el ecosistema de agentes que se mueven y desarrollan herramientas en el ámbito de la programación, el desarrollo de soluciones digitales, la promoción del open data, etc.) y los agentes implicados en la dinamización y el activismo en torno a los diferentes problemas y ámbitos urbanos (urbanistas, sociólogos, funcionarios públicos, responsables políticos, etc.). Para quienes están interesados en el desarrollo de herramientas técnicamente robustas dirigidas a intervenir en algún ámbito urbano, conocer y entender bien las diferentes aristas del tema les ayudará a afinar mejor la usabilidad, las funcionalidades y cualquier otra dimensión que, en último término, ayudarán a dar utilidad a la aplicación que estén desarrollando. Para quienes trabajan en el ámbito de lo urbano, acercarse sin miedo al uso de nuevos medios de acción colectiva y de dinamización de los procesos de participación e intervención en la ciudad servirá de incentivo para renovar sus medios de acción. Y, en ambos casos, necesitarán desarrollar estas dinámicas en procesos abiertos de co-creación y dotar a las aplicaciones que generen de una dimensión presencial y de intervención a pie de calle para que los usuarios de estas aplicaciones descubran en la acción “más allá de hacer click” una forma de compromiso a largo plazo y de comprensión real de los problemas más allá de la cultura de la adhesión acrítica.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...