lunes, 22 de diciembre de 2014

2014 en Ciudades a Escala Humana

Como otros años, un resumen rápido de final de año, empezando con la sensación de que el blog está decayendo un poco. Me resisto aún, frente a la fugacidad de otras herramientas, a abandonarlo. Al fin y al cabo, sigue cumpliendo su función original: es la rutina a través de la cuál aprendo y voy descubriendo cosas nuevas. Después toma la forma de párrafos y posts más o menos coherentes o desordenados, de enlaces a otros contenidos o como repositorio de textos y proyectos.

Pero este año, revisando los posts (53 posts, la cifra más baja desde el comienzo en 2008), la cosecha ha sido, principalmente, de notas sobre conferencias, proyectos o artículos publicados en otros medios. algunas entradas con curiosidades (Aceras divididas. Podría no ser ficción , Entonces y ahora: la ciudad en el tiempoFake London underground signs o La compleja gestión de una calle) o análisis rápido de algunas tendencias (Empresas tecnológicas jugando al urbanismo , La vida social de los pequeños espacios urbanos en la era de internet: no estamos tan solos o La tecnología no es suficiente: aprendiendo del semáforo). Poco más por rescatar además de algunas reseñas de libros, como otros años:
También ha habido tiempo para compartir algunas de las conferencias de este año, aunque esta vez no he conseguido compartir todas:
Relatograma de Carla Boserman en la charla de Destrucción Creativa
Más tiempo ha llevado compartir de manera muy desorganizada y en borrador algunos avances de la tesis, quizá el tema que más ha ocupado el blog (no tanto mi tiempo porque, salvo en verano, apenas he podido trabajar de manera muy sistemática este tema) y donde están volcadas muchas lecturas y trabajos:
Junto a esto, este año también he trabajado de manera individual o colectiva, en varios textos que se ha publicado:
En realidad, no es esto lo que debería ser el blog. Para notas propias y proyectos ya está Human Scale City, mientras que Ciudades a Escala Humana debería, o al menos eso había sido hasta ahora, un espacio más disperso y menos auto-referencial. Pero supongo que he estado bastante ocupado o, mejor, más centrado en temas muy concretos muy trillados ya en el blog. En fin, el próximo año más.

viernes, 5 de diciembre de 2014

La nueva ciencia de las ciudades y las limitaciones del big data

Uno de los elementos más sugerentes del régimen discursivo de la smart city es su apelación al surgimiento de una nueva ciencia de las ciudades. En una era de esplendor tecnológico, apelar a la ciencia como catalizadora de una nueva forma de pensar y construir las ciudades resulta atractivo. Sin embargo, no es algo novedoso. De hecho, ya en 1913 el término The city scientific ya fue utilizado por George B. Ford como título de su conferencia en la quinta reunión anual de la National Conference on City Planning celebrada en Chicago (Shelton, Zooky Wigg).

Entender las dinámicas urbanas a través de un aparato cibernético, de ecuaciones y algoritmos ha sido un empeño cíclico. Hoy planteamientos como los de Geoffrey West, Luis Betttencourt o Michael Batty son una continuación o reedición de los primeros trabajos de Jay Forrester y otros en el MIT desde finales de la década de 1950, basados en “equations that described how varios parts of te city operated –husing and laabour markets, for instance- and how they interacted with each other. These rrelationships were programmed into a computer to create a simulation that purported to explain how cities grow, stagnate, decline, and recover” (Townsend 2013:78). Estos ejercicios no quedaron en el ámbito académico o en los laboratorios de simulación, sino que fueron llevados a la práctica en ciudades como Pittsburgh o Nueva York con sonoros fracasos y críticas posteriores Goodspeed2014). De esta forma, esta disciplina sufrió su particular viaje por el desierto hasta que fue redescubierta por IBM a principios del siglo XXI para aplicarla en Portland, a través de nuevos modelos más complejos, refinados y sistemáticos. De nuevo, sus resultados –Townsend los expone con detalle- fueron decepcionantes para los gestores públicos, en un caso que refleja las limitaciones teóricas (aquí el libro The new science of cities es un buen material) y, sobre todo, prácticas de este tipo de acercamientos.
 “Part of the problem seems to lie in the public´s penchant for fetishizing the engineer as the ultimate savior, as if superb knowledge of technology could ever make up for ignorance of local norms, customs, nd regulations...Non-technologists may be more successful in identifying the shortcomings of technologies in given contexts. They may be better equipped to foresee how proposed technological solutions complement or compete with other available non-technological solutions as well as to anticipate the political and institutional backlash that can result from choices off technology”. (Morozov 2012)
Imagen: data.path Ryoji.Ikeda - 3 (CC BY-SA 2.0) 
Esta nueva ciencia de las ciudades ha sido, en realidad, más impulsada desde grandes titulares de periódicos más que por los propios nombres antes citados quienes, si bien es cierto que ofrecen sus recursos científicos con rotundidad como un conocimiento objetivable sobre el funcionamiento y la predicción sobre el futuro de las ciudades, suelen ser más humildes en la forma de presentar sus argumentos. Aún así, esa nueva ciencia tiene un fuerte predicamento, hasta el punto de que son varias las universidades en el mundo que están alineando sus departamentos y facultades para ofrecer programas de formación y de investigación proponiendo esta nueva ciencia como reclamo (Center for Urban Science + Progress, Centre for Advanced Spatial Analysis, Santa Fe Institute, etc.). Sin embargo, más allá de su utilización como reclamo propagandístico, esta “ciencia de las ciudades” está lejos de ser una disciplina de contornos exactos. Como refleja el informe de Future Cities Catapult (2014),
"The science of cities is still emerging and has not yet generated global language norms. It is also an inter-disciplinary science, and this makes clarity of concepts harder to achieve. A more consistent and globally accepted set of principles for future cities may, paradoxically, take shape over the next decade, but it is likely that this will happen at the same time as local and corporate propositions an terminologies continue to multiply”.
En cualquier caso, detrás de esta reclamación de una nueva capacidad científica reside la retórica y la realidad del big data. Las implicaciones de las capacidades de recolección, almacenamiento, procesamiento y explotación de cantidades masivas de datos en un escenario de datificación de cualquier realidad social, empresarial, económica, etc. (Mayer-Schönberger y Cukier, 2013) apenas han sido exploradas de manera crítica. De nuevo, nos encontramos ante una primera fase de socialización espectacularizada de un concepto y unas tecnologías que sólo ahora empiezan a apuntar sus desafíos (Kitchin 2014a). Uno de estos desafíos, quizá el que más se relaciona con el día a día ciudadano y el más capaz de generar impactos mediáticos es el relacionado con su potencial como tecnología de control y vigilancia  y como mecanismo de discriminación laboral, criminal o como consumidores. Boyd y Crawford (2012) señalan algunas de las interrogantes que se abren:
“Diverse groups argue about the potential benefits  and costs of analyzing genetic sequences, social media interactions, health records, phone logs, government records, and other digital traces left by people. Significant questions emerge. Will large-scale search data help us create better tools, services, and public  goods? Or will it usher in a new wave of privacy incursions and invasive marketing?  Will data analytics help us understand online communities and political movements? Or will analytics be used to track protesters and suppress speech? Will large quantities of data transform how we study human communication and culture, or narrow the palette of research options and alter what ‘research’ means?”
En este sentido, podemos hablar de una ansiedad creciente sobre la reducida capacidad de actuar frente a mecanismos de control social automatizados, invasivos, imperceptibles y masivos que están detrás de episodios de espionaje, pero también en niveles más cotidianos (principalmente, a través del control de preferencias y gustos para la manipulación comercial como consumidores). Como señala Crawford (2014):
“(…) the lived reality of big data is suffused with a kind ofsurveillant anxiety — the fear that all the data we are shedding every day is too revealing of our intimate selves but may also misrepresent us. Like a fluorescent light in a dark corridor, it can both show too much and not enough. Anxiety, as Sianne Ngai has written, has a temporality that is future oriented: it is an expectation emotion, and the expectation is generally of risk, exposure, and failure”.
Sin embargo, el desafío va más allá y, en muestro caso, nos interesa más su relación con la pretensión de construir unas nuevas bases científicas para el estudio del hecho urbano y la ciudad contemporánea. De nuevo, encontramos en Crawford (2014) un llamamiento a entender las implicaciones epistemológicas y culturales del big data:
“The current mythology of big data is that with more data comes greater accuracy and truth. This epistemological position is so seductive that many industries, from advertising to automobile manufacturing, are repositioning themselves for massive data gathering. The myth and the tools, as Donna Haraway once observed, mutually constitute each other, and the instruments of data gathering and analysis, too, act as agents that shape the social world. Bruno Latour put it this way: “Change the instruments, and you will change the entire social theory that goes with them.” The turn to big data is a political and cultural turn, and we are just beginning to see its scope”.
Como advierte Jurgenson (2014), la propuesta de “revolución” científica del big data no implica sólo una acumulación cuantitativa de información para la mejora del conocimiento, sino también una mejora cualitativa al permitir traspasar los límites de la ciencia normal para llegar a una nueva revolución científica:
“As the name suggests, Big Data is about size. Many proponents of Big Data claim that massive databases can reveal a whole new set of truths because of the unprecedented quantity of information they contain. But the big in Big Data is also used to denote a qualitative difference — that aggregating a certain amount of information makes data pass over into Big Data, a “revolution in knowledge,” to use a phrase thrown around by startups and mass-market social-science books. Operating beyond normal science’s simple accumulation of more information, Big Data is touted as a different sort of knowledge altogether, an Enlightenment for social life reckoned at the scale of masses”
Con estas premisas, el movimiento del big data ofrece un nuevo campo de actuación en el ámbito del análisis predictivo, el análisis de sentimientos (principalmente a través de la exploración de las redes sociales), las ciencias naturales (la secuenciación genómica, por ejemplo), el urbanismo cuantitativo o el periodismo de datos, por citar sólo unas ejemplos de aplicación. En este sentido, no es más que una reedición de las promesas del positivismo, instrumentadas ahora por un aparato de gestión informacional sin precedentes. Con ello reaparece en la sociedad y en el espectro del conocimiento científico la posibilidad de conocer de manera objetiva, neutral y desinterasada la realidad a estudiar, reflejada ahora en los datos masivos observados a través de una metodología –el big data y el uso de algoritmos- capaz de ofrecernos una imagen supuestamente perfecta de la realidad (Jurgenson 2014):
“Positivism’s intensity has waxed and waned over time, but it never entirely dies out, because its rewards are too seductive. The fantasy of a simple truth that can transcend the divisions that otherwise fragment a society riven by power and competing agendas is too powerful, and too profitable. To be able to assert convincingly that you have modeled the social world accurately is to know how to sell anything from a political position, a product, to one’s own authority. Big Data sells itself as a knowledge that equals power. But in fact, it relies on pre-existing power to equate data with knowledge”.
Esta ideología cultural de fetichización de los datos se ha infiltrado en la sociedad, en las prácticas científico-tecnológicas, en los discursos institucionales y en los estudios sociales en una época dominada por las redes sociales como espacio de socialización y, sobre todo, de promoción de nuevos negocios y novedades tecnológicas (Crawford et al 2014):
“This cultural mythology can be seen in city billboards promoting “big data solutions,” at highly profitable big data conferences, and  in the many newspaper and magazine columns covering the advances brought about by big data science. The very term big data science is itself a kind of mythological artifact: implying that the precepts and methods of scientific research change as the data sets increase in size”.
El big data se presenta, de hecho, como un asidero en el que las ciencias sociales pueden incluso quitarse de encima su complejo frente a las ciencias matemáticas, ya que ahora disponen de un instrumental para dotar de potencial estadístico comparable al de otras ciencias cuantitativas:
Big Data offers the humanistic disciplines a new way to claim the status of quantitative science and objective method. It makes many more social spaces quantifiable. In reality, working with Big Data is still subjective, and what it quantifies does not necessarily have a closer claim on objective truth – particularly when considering messages from social media sites. But there remains a mistaken belief that qualitative researchers are in the business of interpreting stories and quantitative researchers are in the business of producing facts. In this way, Big Data risks reinscribing established divisions in the long running debates about scientific method and the legitimacy of social science and humanistic inquiry. (Boyd y Crawford 2012)
Analizando esta aspiración, las propias autoras apuntan una serie de desafíos que el big data no puede evitar afrontar:

La pretensión de objetividad y exactitud son una ilusión
Más datos no implican siempre mejores datos
Sin contexto el big data pierde su significado
Que sea accesible no lo hace ético necesariamente
Acceso limitado al big data crea nuevas brechas digitales

Expo Big Bang Data
Big data implica, en definitiva, un extraordinario desafío sobre los marcos de trabajo de todas las disciplinas científicas, principalmente por el cuestionamiento que implica sobre el papel de la causalidad y la correlación en el método científico (Mayer-Schönberger y Cukier 1013; Anderson 2008). También implica la exclusión de todo lo que no es cuantificable, sea esto la economía informal, los cuidados que prestan las personas a cargo de familiares difícilmente medibles en datos, etc. (Thackara 2013):
“My biggest concern with Big Data is the prospect that they will give managers and policy makers a sense of being in control when such confidence is not justified. We have incomplete or contradictory knowledge about large-scale, system-wide challenges such as climate change, or resource depletion. Such ‘wicked’ challenges do not lend themselves to data-driven solutions: These interconnected systems influence each other in unknowable ways”.
En el escenario de espectacularización y banalización de las potencialidades y limitaciones del big data, el riesgo de los sesgos cognitivos es uno de los más decisivos. Para Crawford (2013), la sobre-representación de ingenieros y expertos en análisis de redes sociales en muchos de los experimentos y plataformas de agregación de datos masivos y la consecuente su-representación de críticos sociales –más acostumbrados a hacerse preguntas y a tener en cuenta el riesgo de sesgos- está detrás de muchos de los proyectos invalidados por sus planteamientos viciados:
“This points to the next frontier: how to address these weaknesses in big data science. In the near term, data scientists should take a page from social scientists, who have a long history of asking where the data they’re working with comes from, what methods were used to gather and analyze it, and what cognitive biases they might bring to its interpretation (for more, see “Raw Data is an Oxymoron“). Longer term, we must ask how we can bring together big data approaches with small data studies — computational social science with traditional qualitative methods”.
De la misma, estos sesgos se manifiestan en las exclusiones de información, lo que el big data no contiene en su aplicación práctica. A esta debilidad, las expectativas siempre responderán con una misma salida: si faltan datos, es precisamente porque necesitamos más datos, necesitamos ampliar el alcance de lo que podemos datificar, convirtiendo cualquier crítica sobre la insuficiencia de datos en un absurdo. Sin embargo, es precisamente en las ausencias de lo que no es cuantificable o lo que no es cuantificado –la perspectiva de la exclusión (Lerman 2013)- donde se abren las brechas para la crítica del neo-positivismo de los datos como escenario de conocimiento perfecto de la realidad. ¿Quién deja rastro de sus actividades en la ciudad? ¿Quiénes participan en los circuitos e infraestructuras captadores de datos digitales? ¿Es esta la realidad reflejada a través de estos rastros digitales? ¿Quién no participa de estos circuitos de datificación? Y, sobre todo, ¿de qué manera el uso del big data responde a una realidad fraccionada? Sirva el escenario desarrollado por Lerman (2013) para situar exactamente la dinámica de exclusión del big data aplicado a la gestión pública:

Todos estos elementos forman parte de la retórica de la ciencia de las ciudades como aplicación del fenómeno del big data a la organización y gestión urbanas. El funcionamiento de la ciudad, de sus servicios, de sus infraestructuras y de sus ciudadanos es una constante producción de datos digitales que pueden ser capturados, procesados, almacenados y explotados para optimizar su funcionamiento. Hasta aquí, nada particularmente nuevo en la historia de la ciudad, en la medida en que las ciudades se pueden comprender como espacios de concentración de información, intercambios y flujos. Siguiendo la distinción que establecíamos anteriormente, no es tanto el aumento de escala –cuantitativo- sino el cambio conceptual –cualitativo- el que está detrás de esta emergencia del big data como mecanismo de gestión de la ciudad:
While the notion of the city as a data-generating, storing, processing and formatting machine might not be new, the reduction of the city to those functions — which are increasingly automated — and the reification of that data, is distinct to our time.” (Mattern 2013)
----

ANDERSON, Chris (2008) The end of theory: the data deluge makes the scientific method obsolete, en Wired Magazine.
BOYD, Danah y CRAWFORD (2012) "Critical questions for big data: Provocations for a cultural, technological,  and scholarly phenomenon", en Information, Communication & Society, 15(5), 662–679.
CRAWFORD, Kate (2013) The hidden biases in big data, en Harvard business Review blogs.
CRAWFORD, Kate (2014) The anxieties of big data, en The New Inquiry
CRAWFORD, Kate, Kate MILTNER y Mary L. GRAY (2014) "Critiquing Big Data: Politics, Ethics, Epistemology", en International Journal of Communication 8 (2014), 1663–1672
FUTURE CITIES CATAPULT (2014) What are future cities? Origins, meanings and uses.
GOODSPEED, Robert (2014) “Smart cities: moving beyond urban cybernetics to tackle wicked problems”, en Cambridge Journal of Regions, Economy and Society Advance
SHELTON, Taylor, Matthew ZOOK y Alan WIIG (XXX) “The ‘actually existing smart city”, en Cambridge Journal of Regions, Economy and Society Forthcoming
JURGENSON, Nathan (2014) View from nowhere. On the cultural ideology of big data, en The New Inquiry
KITCHIN, Rob (2014a) “The Real-time City? Big Data and Smart Urbanism.” Geo Journal 79: 1–14.
LERMAN, Jonas (2013) "Big data and its exclusions", en Stanford Law Review onlines 55.
MATTERN, Shannon (2013), Methodolatry and the art of measure, en Places Journal
MAYER-SCHöNBERGER, Viktor y Kenneth CUKIER (2013) Big data. La revolución de los datos masivos, Turner, Madrid
MOROZOV, Evgeny (2012), Technological utopianism, en Boston Review
THACKARA, John (2013) Trust is not an algorithm, en Design Observer.
TOWNSEND, Anthony (2013) Smart Cities: Big Data, Civic Hackers, and the Quest for a New Utopia. New York: W. W. Norton & Company.

----



Tras la primera presentación que hice de la estructura de la tesis (The myths behind the smart city technological imaginary (PhD brief notes #1)), a partir de ahora iré publicando algunos retazos del texto, que va avanzando. En algunos casos serán notas bastante desestructuradas o incluso una sucesión de citas, pero igual sirven como guía para entender cómo va evolucionado los temas que voy trabajando, qué referencias nuevas van apareciendo, etc. Todas las notas aquí.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

La tecnología no es suficiente: aprendiendo del semáforo

Suelo utilizar esta viñeta en mis charlas sobre smart cities. No es perfecta pero me ayuda a presentar algunas ideas básicas:
  • El mito de la suficiencia tecnológica, o la necesidad de integrar elementos no tecnológicos mucho más decisivos a la hora de diseñar nuestras ciudades.
  • El mito de la neutralidad tecnológica, o la ficción de un conocimiento y un despliegue técnico  aséptico, sin sesgos, perfecto y objetivo.
  • La capacidad de las decisiones no tecnológicas para modelar la tecnología.
  • La forma en que la tecnología (el coche en su momento, las tecnologías inteligentes hoy) ordenan la vida en la ciudad y normativizan usos y formas.
  • Las consecuencias negativas inesperadas de las utopías urbanas.

Con el paso del tiempo, voy dándome cuenta de que es el momento que mejor sintetiza algunas de las cosas que me gusta plantear. El semáforo, uno de las símbolos de la ciudad contemporánea, es una tecnología que regula el tráfico y la movilidad en las ciudades y responde a una concepción de la ciudad basada en el vehículo privado. Esta concepción ha sido la dominante en la mayor parte del mundo y una aspiración de las ciudades a medida que han ido concentrando poder y población en unas regiones y otras del mundo.

Como tal, podríamos pensar aparentemente el semáforo como un artefacto neutral. Un dispositivo eléctrico (acudo a Wikipedia aquí) que empezó a aparecer en las ciudades a principios del siglo XX con diferentes. Puedo imaginarme la sorpresa de la gente al ver los primeros ejemplares de una invención que, por su novedad, sí que tenía que sugerir en la población la sensación de estar viviendo en una era inteligente con sus colores, sus luces y su automatización. Un extraordinario dispositivo para regular el tráfico con las tecnologías más avanzadas de su tiempo puesto al servicio de la ciudad.

Sin embargo, en su concepción y en sus posteriores evoluciones, el semáforo encerraba unas cuantas variables no tecnológicas en su ecuación, y son en realidad las que han tenido una importancia fundamental en nuestras vidas. Una decisión consciente de otorgar la prioridad de paso en los movimientos en la ciudad a un electrodoméstico que por entonces comenzaba a colonizar la ciudad. Desde sus versiones iniciales, de manera implícita ya estaban algunas decisiones de diseño y priorizaciones sobre cómo ordenarían la movilidad, el derecho de paso, etc. que promovieron sutil pero profundamente una mentalidad social y una estructura física de la ciudad pensada en torno al automóvil como elemento central y prioritario, arrinconando otros usos para el espacio urbano, otros modos de movilidad, otras prioridades en inversión en infraestructuras, etc.

Podemos hacer un ejercicio de imaginación y pensar en cómo hubieran evolucionado las ciudades de haber pensado la movilidad en otros términos (de lo cuál el diseño de la prioridad es sólo un ejemplo minúsculo y anecdótico en la larga cadena de decisiones de calado que se fueron tomando). El automóvil trajo la vida que hemos conocido y, en buena medida, ha ofrecido bienestar y efectos positivos evidentes. Pero también, y sólo décadas más tarde nos fuimos dando cuenta, la ciudad pensada para el automóvil estaba dejando tras de sí consecuencias negativas: un modelo insostenible de consumo de territorio, la fragmentación de comunidades, la desaparición de la vida social en el espacio público, las emisiones de cambio climático y un buen número de otras consecuencias negativas que hoy tratamos de superar.

Aquí es donde enlazo con la frase "una buena historia de ficción ha de ser capaz no de prever el coche sino los atascos" para situar el debate sobre la ciudad equipada y cómo entenderla desde la sociedad conectada. La equipación técnica de los sistemas urbanos no es una cuestión puramente tecnológica y ni siquiera el diseño de sus productos, servicios, dispositivos o infraestructuras es neutral. Responde a unas categorías determinadas capaces de normativizar la vida social, los comportamientos, la forma urbana, el modelo de gobierno y las diferentes institucionalidades, etc. Nos lleva, además, a pensar en productos (el coche, los dispositivos smart) y no en los servicios (la movilidad, la vida social) y a abrir el riesgo de pensar la ciudad al servicio de determinados productos, como en su momento sucedió con el coche.

Via Louis D´alpuget
En cada aplicación o servicio que añadimos a nuestra vida cotidiana hay más o menos implícitas (¡qué decir, por poner un caso no tan menor, de las cláusulas de aceptación de términos de los servicios online!) unas decisiones de diseño asociadas a la solución puramente técnica, si es que se pueden disociar. Estos diseños son, en realidad, el resultado del contexto social en el que la innovación tecnológica se desarrolla, donde la regulación, la economía, la estructura social, las relaciones de poder,... son elementos críticos a la hora de entender el desarrollo tecnológico, que no surge neutralmente en un laboratorio o en un garaje. Descubrirlos, aflorarlos, manifestarlos, confrontarlos, comprenderlos, subvertirlos,...antes de que sea tarde. Sin querer ponerme trascendente, este es el momento en el que estamos, el de pensar no sólo en los artefactos e infraestructuras inteligentes sino en sus "atascos" asociados (pérdida de privacidad, centralización tecnológica, riesgos democráticos, dependencia tecnológica, excesos de control, etc,).  

martes, 2 de diciembre de 2014

Constructivismo social y tecno-determinismo en la smart city

A lo largo de este texto hemos avanzado en diferentes momentos una idea central: la forma en la que pensamos, nombramos o relatamos la ciudad y los fenómenos urbanos tiene una importancia fundamental en la forma en que se despliegan nuevos proyectos, iniciativas, estrategias y propuestas reales sobre la ciudad. También, siguiendo la idea del despliegue tecnológico como un proceso de negociación (Galloway 2008), hemos planteado cómo el despliegue de la smart city se puede interpretar como un proceso de construcción de un régimen discursivo conformado por una serie de recursos explícitos, significados implícitos, agentes, soluciones, infraestructuras, etc. Con ello hemos querido superar el determinismo tecnológico como esquema que pretende explicar el automatismo entre la tecnología y sus impactos sociales. Dicho de otra manera, proponemos una visión desde el constructivismo social de la tecnología (Aurigi, 2005) como modelo de interpretación de la forma en que la tecnología despliega su capacidad transformadora en la ciudad.

Famed Hitachi Poster: Technology in Action, CC BY 2.0 (Hitachi Data Systems Hitachi)
Por ello, el modelo de diseño, los procesos de diseño del instrumental tecnológico que se despliega en la ciudad tiene una importancia crítica y, siguiendo a Kresin (2013b), puede ser modelado para atender la perspectiva ciudadana siguiendo una serie de principios de diseño desde las políticas públicas:
  • “Your citizens know more than you. Don’t coerce or just pretend to listen, but engage in a dialogue about what should be done, and how. Employ violently neutral facilitators that will take power out of the equation.
  • Don’t separate the design and development process: they are one. Prototypes will make design issues tangible and understandable to the people that participate. Prototype early and fast, engage the stakeholders, iterate quickly and be prepared to start all over.
  • Embrace self-organisation and civic initiative, but help to make the results sustainable and scalable. Bureaucracies can never muster the passion and energy that citizens have to start new ventures, but do play an important role in further implementation and scaling. Where possible, become a launching customer.
  • Know what you are talking about in the face of technology. If you procure a platform, product or service, have people that built them in the procurement team in leading positions. Never rely on consultants that will sell you more consultancy, not solutions.
  • Have binding decisions made at the lowest level possible and actively preach self-governance. No good system was ever built by committee, and no committee ever improved a decision that was made by the people who have to use it.
  • Favour loosely coupled, smaller systems over monoliths and mastodons, and use peer-defined standards to glue together the parts. Small systems tend to fail sometimes; large systems fail for sure. Furthermore it enables small, local companies to do the work: they work twice as hard for half the money.
  • To raise and deserve trust, build systems based on data reciprocity and transparency. People want to know as much of the system as the system knows about them. Be open of what it captures and who has access, and let the people be in control of their data.
  • Reuse existing parts and design your additions for reuse, adding to the public domain and thereby strengthening its capacity to act and learn. Open content, open source and open data will be beneficial to all and “make all bugs shallow”.
Desde esta posición, los dispositivos, aplicaciones o infraestructuras asociadas al relato de la smart city necesitan ser relativizados (De Waal 2013) en función de la interpretación, diseño, significación y regulación que hacemos de ellos, tanto en el plano institucional –qué tipo de dinámicas de negociación y relaciones de poder existen como contexto en el cual se da una particular implantación de proyectos de este tipo- y a nivel social –qué tipo de apropiación, uso y agencia se generan en las condiciones reales de funcionamiento de estos proyectos:
“Through observations and research on web-based digital city facilities, I have noticed how initiatives apparently very similar, based on the same technological objects and developments, can be shaped and function very differently according to the ways their entrepreneurs look at the "city," and to what vision they have of urban reality. I have also noticed how the same initiative can change its character and functionality thanks to the dynamic changes of its underlying interpretationos f the city and the role of high technology within it”. (Aurigi 2005)
La visión tecno-optimista tiene un engarce directo con una suerte de determinismo sobre la aplicación de las tecnologías smart en la ciudad, que idealmente funcionarían como una relación de causa-efecto permanente. Sin embargo, esta visión oculta la capacidad de modificación de esa relación que tiene quienes están sometidos al régimen del código en cualquier elemento de la ciudad:
“Today, a nascent movement of civic hackers, artists, and entrepreneurs have begun to find their own uses, and their own designs, for smart-city technology”. (Townsend 2013:119)
“Arduino becoes an excuse to build relationships between people. What happens every time somebody sits down with an Arduino is they turn to ask somebody else for help. Every time somebody makes a new project they´ll go and show it to somebody else. Tehy´re using it the same way we´vve used games and oter technologies as social lubricant. They get people talking to each other. Richt now the problem with the internet of Things is we get so focused on the thing itself that we fail to recognize that the potential to find new ways to express ourselves to each other through this medium” (TOM IGOE, entrevistado por TOWNSEND 2013:140-141)
Ya hemos señalado en diferentes ocasiones que el potencial para la ciudadanía de las tecnologías es únicamente latente, y requiere diseños conscientes para que sus usuarios retengan su agencia como agentes activos del uso de las aplicaciones:
"The infrastructure of these new technologies and the way they are programmed now co-shape urban life, just like the physical infrastructures and the spatial programming of urban planning have always done"), but to reach that scenario “ this depends on one condition: citizens must retain agency. The design of a platform must be genuinely interactive: this gives participants the opportunity to establish or change protocols instead of being forced to comply with rules laid down by companies. Magical software automatically arranging everything for us sounds very attractive, and the services provided by commercial parties will undoubtedly make life more pleasant and agreeable. There is nothing wrong with that, but, ultimately, we are better off when platforms for such services are accessible and citizens themselves can appropriate the related data and protocols in their own way.” (De Waal 2013)
Desde esta perspectiva, diferentes autores, y en especial Bell y Dourish (2006) han apuntado la necesidad de transformar la agenda de investigación en la materia hacia el constructivismo social como el mejor esquema a través del cuál comprender el uso real y práctico de las tecnologías en su contexto social:
“What this suggests, then, is that we need a deeper understanding of how social and cultural practice is carried out in and around emerging information technologies. If ubiquitous computing is already here, then we need to pay considerably more attention to just what it is being used to do and its effects. Interestingly, while considerations of the social and cultural elements in ubicomp’s agenda has traditionally been thought of in terms of ‘social impacts,’ our focus here is more on technology as a site of social and cultural production; that is, as an aspect of how social and cultural work are done, rather than as something which will inevitably transform social practice. Indeed, it may be quite theother way around.”
----

AURIGI, Alessandro (2005) “Competing urban visions and the shaping of the digital city”, en Knowledge, Technology & Policy, Spring 2005, Volume 18, Issue 1, pp 12-26
BELL, Genevieve y Paul DOURISH (2006) “Yesterday´s tomorrows: notes on ubiquitous computing´s dominant vision”, en Personal Ubiquitous Computing 2006
DE WAAL, Martijn (2013) The city as interface. How new media are changing the city, Nai 010, Rotterdam
GALLOWAY, Anne (2008), A Brief History of the Future of Urban Computing and Locative Media, disertación de tesis doctoral, Carleton University Ottawa
KRESIN, Frank (2013b) “Design rules for smarter cities”, en HEMMENT, Drew y Anthony TOWNSEND (2013), Smart citizens, Future Everything, Manchester
TOWNSEND, Anthony (2013) Smart Cities: Big Data, Civic Hackers, and the Quest for a New Utopia. New York: W. W. Norton & Company.

----

Tras la primera presentación que hice de la estructura de la tesis (The myths behind the smart city technological imaginary (PhD brief notes #1)), a partir de ahora iré publicando algunos retazos del texto, que va avanzando. En algunos casos serán notas bastante desestructuradas o incluso una sucesión de citas, pero igual sirven como guía para entender cómo va evolucionado los temas que voy trabajando, qué referencias nuevas van apareciendo, etc. 

sábado, 15 de noviembre de 2014

Smart cities: de la épica a lo cotidiano

Notas resumen y algunas reflexiones (y algunas citas y referencias como bonus track) tras la presentación de ayer en Destrucción Creativa en Zaragoza.

Soy terrible eligiendo títulos, pero esta vez me parecía que Smart cities: de la épica a lo cotidiano podía tener sentido en estas jornadas de Destrucción Creativa. Trataba de captar  la idea que quería proponer como punto de partida del debate posterior y también para sugerir algunas ideas para los talleres del sábado. En este sentido la presencia tecnológica en la ciudad-y su plasmación en forma de smart city- quería ser un pretexto para explicar uno de los marcos posibles para afrontar los retos de la ciudad contemporánea, su gestión pública y su apropiación por parte de la ciudadanía. La idea, en definitiva, era reflexionar sobre la posibilidad de crear nuevas formas de relación ciudadana con la gestión pública de la ciudad y utilizar la nueva utopía urbana de la ciudad inteligente como marco para revisar su sentido utópico, sus significados e implicaciones en términos de políticas públicas y organización social de la ciudad. Sin embargo, mi sensación es que la intervención estrechó demasiado el debate posterior e hizo que nos centráramos demasiado en lo tecnológico, precisamente lo que quería evitar. Error mío.


En cualquier caso, me proponía hacer una lectura de un recurso dominante hoy en la narrativa y la agenda de la ciudad. Las smart cities, las ciudades inteligentes o, en general, la relación que podemos construir sobre el papel de la tecnología en la vida colectiva. Es uno de los marcos, sólo uno, a través del cual poder abrir el diálogo: cómo afrontar la tensión entre ciudadanía y gestores en términos de una nueva interlocución, un nuevo equilibrio que necesitamos inventar en un momento de clara tensión social y desafío a las reglas tradicionales de gobierno de la ciudad. Todo esto, además, en el marco de las otras temáticas de las jornadas (mercados, ciencia y política).

No era el momento de entrar a definir qué es una smart city, ni los proyectos con los que se suele relacionar ni sus actores. Pero sí me interesaba destacar el proyecto del Centro de Operaciones Inteligentes de Río de Janeiro. Este parece representar la visión más canónica de la smart city, el modelo más acabado de gestión inteligente de la ciudad. Y lo que tenemos, siento decirlo, no es nada nuevo en cuanto a su configuración física –una sala de control destinada a dar información a los gestores, un espacio cerrado y centralizado de control que aspira a ser omnisciente, un sistema de información en tiempo real sobre lo que sucede en la ciudad- y, al mismo tiempo, representa una nueva escala en la capacidad de gestionar grandes datos sobre la ciudad y la capacidad de repensar la toma de decisiones públicas y la relación de la ciudadanía con los servicios gestionados por los destinatarios/usuarios de esta proyecto.


Esto es lo que viene. O lo que parece venir. Este es uno de los escenarios que se proponen Y tenemos que comprenderlo. En este sentido, me venía bien la frase de Frederik Phol: una buena historia de ficción ha de ser capaz no de prever el coche sino los atascos (gracias Martin por descubrirme la cita). Este es el reto que tenemos. Entender las consecuencias sobre nuestras vidas, sobre nuestra cultura, sobre nuestros espacios físicos. Y no estoy tan seguro de que estemos pensando en los “atascos” derivados de la smart city (falta de privacidad, control social, etc.) sino únicamente en los productos y servicios que definen la ciudad inteligente.

De hecho, ya hemos pasado por eso. Nuestras ciudades, en buena medida y con diferente profundidad, son resultado de un régimen discursivo construido en la primera mitad del siglo XX y que tiene en la Feria Mundial de Nueva York y la propuesta Futurama de General Motors su antecedente más cercano. Entonces también se constituyó todo un aparato promocional, científico y cultural en torno al coche como gran catalizador de la transformación de la ciudad. Y ya entonces, ensayistas como Walter Lippman descubrieron un patrón que hoy también reconocemos. En aquel caso, una gran empresa como General Motors destinando una cantidad importante de recursos mediáticos para convencer al público sobre la bondad de sus propuestas para movilizar la transformación de la ciudad.

General Motors has spent a small fortune to convince American public that if it wishes to enjoy the full benefit of private enterprise in motor manufacturing, it will have to rebuild its cities and its highways by public enterprise.  WALTER LIPPMAN

En esta misma situación estamos ahora, en el surgimiento de una nueva utopía urbana que será capaz de modelar la estructura física de la ciudad, tejer las nuevas relaciones personales y comunitarias, reorganizar nuestras instituciones y mecanismos de toma de decisiones, de reestructurar uestro abanico de opciones vitales. Todo eso, tal como lo hemos conocido en las últimas décadas, ha sido producto en gran parte del mundo de la fenomenal capacidad de transformación que ha tenido la utopía de la ciudad moderna y su asociación con la cultura y la industria del automóvil. Así que surge como contestación una respuesta entre incómoda y sorprendida en forma de descontento sobre hacia dónde nos lleva la instrumentación digital de la ciudad. Una contestación que ordenaba en tres ideas iniciales:

1. La tecnología no es suficiente, o la necesidad de integrar elementos no tecnológicos mucho más decisivos a la hora de diseñar nuestras ciudades. De manera, por usar el ejemplo de la ilustración que el primer objeto inteligente implantado en las ciudades –el semáforo- ha sido mucho más decisivo por las decisiones de diseño –la opción de dar la prioridad al tráfico rodado y no a los peatones- que por sus partes mecánicas o electrónicas.

2. Por otro lado, y no insistí lo suficiente en esto, está la idea de que no hay necesidad de esperar, o el empeño en presentar la ciudad inteligente y sus productos y servicios asociados como algo por venir conjugado en futuro. Esto tiene que ver, precisamente, con la necesidad de trascender de debates dicotómicos (bottom-up/top-down) o de oposición (smart cities/smart citizens). Es lo que en otras ocasiones he llamado el diálogo de sordos que se ha producido en este tema, y que creo que es más útil presentar como una relación complementaria entre el presente y el futuro. Esto es, el reconocimiento de que la smart city se manifiesta ya hoy en formas a veces no visibilizadas, menos espectacularizadas y mucho más distribuidas que los relatos de smart city construidos en futuro (como explicaba aquí).
The dominant tense of ubiquitous computing writing is what we might call the ‘‘proximate future.’’ That is, motivations and frames are often written not merely in the future tense, describing events and settings to come, but describe a proximate future, one ‘‘just around the corner.’’ The proximate future is invoke in observations that ‘‘Internet penetration will shortly reach...’’ or ‘‘We are entering a period when...’’ or ‘‘New technological opportunities are emerging that...’’ or ‘‘Mobile phones are becoming the dominant form of...’ Genevieve Bell y Paul Dourish
3. En definitiva, es el tiempo de plantearnos las preguntas, cuantas más mejor, antes de que nos vuelva a pasar: darnos cuenta demasiado tarde de las consecuencias negativas de las grandes promesas urbanas (en el caso de la ciudad moderna del siglo XX, en forma de consumo de territorio, de consumo insostenible de combustibles fósiles, de fragmentación de la vida social, de destrucción de comunidades, de dependencia del vehículo privado, de abandono de la vida social de los espacios públicos, etc.).

Más allá de esto, dos ideas tratan de infiltrarse: el pesimismo sobre las siempre “caóticas, peligrosas, ingobernables” ciudades que tenemos y, al mismo tiempo, un optimismo absoluto sobre la posibilidad de construir un nuevo modelo definitivo, altamente planificado y jerárquico de resolver para siempre este desastre.
In its campaign, IBM constantly emphasizes the problems and shortcomings of the contemporary city. In general terms, the company argues that with ‘rising urban populations, ageing infrastructures, and shrinking tax revenues today’s cities demand more than traditional solutions’. Across domains, cities, in IBM’s urban theory, are facing the same issues: ‘growing demands’, ‘tightening budgets’, ‘financial deficits’, ‘volatile markets’, ‘growing complexities’, ‘pollution’, ‘urban growth’. The city is in other words a ‘sick city’ permeated by a series of pathologies. Söderström, Paasche y Klauser 
Este planteamiento nos ofrece una visión epopéyica de la ciudad, una misión heroica que dejamos en manos de grandes salvadores de la ciudad, pero esconde la cotidianeidad de la vida en la ciudad y del uso tranquilo de tecnologías ya disponibles hoy en día.
It´s worth noting that much of the publicity for smarter cities and a smarter planet centers on what ‘will’ happen, rather than what ‘might’ or, more importantly, what ‘is’ happening; for all the advertising dollars spent on insisting on the inevitability of various futuristic scenarios, in my view the most interesting and creative urban technology developments are taking place in the hands of citizens, citizen-groups, and small agile businesses Usman Haque 
De esta forma, la ya manida frase de Cedric Price sigue teniendo sentido: la tecnología es la respuesta pero, ¿cuál era la pregunta?


La pregunta es qué ciudad queremos hoy o, más específicamente en el marco de las jornadas, qué ciudad para qué ciudadanía y qué mecanismo construir para que sea un espacio de libertad y más democracia (en la sociedad conectada digital). Para abrir este debate sugerí algunos elementos que pienso que están hoy configurándose. Y de nuestra capacidad de entenderlos, modelarlos de manera activa y/o confrontarlos en su caso depende la forma que tome la ciudad en este nuevo escenario y su plasmación práctica en servicios, infraestructuras, instituciones, políticas, etc.

EFICIENCIA OPERATIVA – O la obsesión por la optimización como objetivo último de los servicios urbanos
The city is its people. We don’t make cities in order to make buildings and infrastructure. We make cities in order to come together, to create wealth, culture, more people. As social animals, we create the city to be with other people, to work, live, play. Buildings, vehicles and infrastructure are mere enablers, not drivers. They are a side-effect, a by-product, of people and culture. Of choosing the city. (…)The smart city vision, however, is focused on these second order outcomes, and often with one overriding motivation: efficiency. Dan Hill
SOSTENIBILIDAD - O el reclamo a una sostenibilidad débil basada en la irresponsabilidad de los comportamientos
Smart cities ‘from scratch’ are illustrative of a political and corporate discourse that largely equates sustainability with the possibilities opened by technology to improve efficiency and to reduce resources’ consumption (of energy, fuels, water, etc). However, from a political ecology perspective, new technologies often lead to similar or even increased consumption levels (under new names) rather than fostering broader changes in production and consumption patterns towards reduced ecological impacts. Luis Carvalho
SIMPLIFICACIÓN – O la reducción de la complejidad a modelos de simulación en lugar de afrontar la ciudad como un wicked problem
The subject of urban planning, they argue, is wicked problems, which have no definitive description, involve value judgments, and take place in unique contexts that make it difficult to accurately test solutions. As a consequence, any method of addressing them is inherently political. Many of the problems targeted by smart cities projects, from mudslides to climate change, are wicked problems. Rob Goodspeed 
NEUTRALIDAD – O la ficción de un conocimiento aséptico, sin sesgos, perfecto y objetivo a partir del big data
The data streams generated by the Sentient city may seem like instances of objective data gathering, whereas in reality they are far from it. For starters, the decision regarding which data to collect and which to ignore and how to classify it, is already a highly political choice. Next, the data generatd by the Sentient city is interpreted by software algorithms and actuation devices, and there is nothing objective about that either: is is a highly normative process, where subjective values, legal codes and power relations are turned into software codde on the base of which sentient technology ddecides, acts and discriminates”. Martijn de Waal
DESPOLITIZACIÓN – O la aspiración de conseguir mediante más información un sistema de irresponsabilidad en las decisiones y un horizonte post-político de la gestión urbana
Smart city advocates imagine themselves as creating technologies, techniques and visions that are scientific, objective, commonsensical and apolitical. In general, there is little critical reflection on the wider implications of technologically rooted entrepreneurial urban development, or the consequences of networked urbanism, for city administrations and citizens”.  Rob Kitchin
SUFICIENCIA TECNOLÓGICA – O el determinismo que identifica la tecnología como el elemento crítico en cualquier cuestión relacionada con la ciudad
What we encounter in this statement is an unreconstructed logical positivism, which, among other things, implicitly holds that the world is in principle perfectly knowable, its contents enumerable and their relations capable of being meaningfully encoded in th state of a technical system, without bias or distorition. Adam Greenfield
INTEGRACIÓN – O la aspiración de un sistema de gestión y control perfectamente integrado y una experiencia urbana sin fricciones
In other words, infrastructures are messy. The messiness that we experience in laboratory ubiquitous computing infrastructures is not a property of prototype technologies, of the bleeding edge, or of pragmatic compromise; messiness is a property of infrastructure itself. Infrastructures are inherently messy; uneven in their operation and their availability. The notion of a seamless and uniform infrastructure is, at best, a chimera. Genevieve Bell y Paul Dourish 
No dió tiempo para mucho más salvo para sugerir dos textos para afrontar las nuevas formas de relación instituciones y ciudadanía en la ciudad en el marco de la smart city, ambos desarrollados por Frank Kresin en las actividades de Waag Society: Design rules for smarter cities y Manifesto for smart citizens.

martes, 11 de noviembre de 2014

Urbanizar la tecnología en la sociedad conectada

La Agrupació d´Arquitectes Urbanistes de Catalunya ha organizado para el 25 de noviembre una sesión -aquí más info- sobre las smart cities desde una mirada crítica sobre su impacto social y urbanístico. Xavi Matilla, que moderará el debate, me ha invitado a ofrecer una intervención inicial que aporte elementos al debate posterior y que he titulado Urbanizar la tecnología en la sociedad conectada. Tomo la expresión de Saskia Sassen como idea inicial para desentrañar el significado del régimen discursivo de la smart city sobre la vida urbana (y, por extensión, de esta determinada visión particular de establecer la relación ciudad/tecnología) y, de paso, como oportunidad para presentar algunos avances de la tesis.


Tras la conferencia, tendremos un debate con Adolf Sotoca Garcia (doctor arquitecto, professor DUOT-UPC / CSA arquitectes,), Sophie Demigneaux (arquitecta), Arnau Andrés Gallart (arquitecto, LaCol) y  Martina Fabré (estudiante de arquitectura ETSAV).

Nos vemos en el Colegio de Arquitectos el día 25 a las 19:30.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Civic engagement in urban development, en Smart City Expo

Este año también estaré en Barcelona en el Smart City Expo World Congress de Barcelona (aquí el programa completo en PDF, con un montón de buenos nombres que aparecen a menudo en este blog). Como el año pasado, estaré de moderador en una sesión titulada esta vez Civic engagement in urban development. Será el martes 18 de noviembre a las 12:15 y este es el planteamiento y los ponentes:

In recent years, the participation of citizens in decision-making processes has become an important issue. Through bottom-up, collaborative and participatory urban development initiatives, these processes are starting to change. Nowadays, there are many projects being developed where the will of residents is playing a major role in the construction and management of the city.

Usman Haque (Umbrellium)
Trained as an architect, Usman is founding partner of Umbrellium and Thingful.net, a search engine for the Internet of Things. Earlier, he launched the Internet of Things data infrastructure and community platform Pachube.com, acquired by LogMeIn in 2011.

Cristina Ampatzidou (University of Amsterdam)
Urbanist, Researcher, Founder & Editor In-chief at Amateur Cities. Embedded researcher for the Amsterdam Hackable Metropolis project

Peter Finnegan (Dublin City Council)
A thought leader on the smart city, Peter is Director of International Relations & Economy in Dublin City. In this position he has played a leading role in the development of Dublin as a Smart City and led on the Digital Masterplan for Dublin.

Dan Getelman (Code for America)
Dan is a software entrepreneur from New York City. As a Code for America Fellow, he helped build Transitmix, a modern mapping tool for transit planners. He also built AddressIQ, which helps reduce emergency room usage. Previously, he co-founded Lore, an ed-tech startup acquired by Noodle in 2013.

Flemming Borreskov (IFHP/DAC)
Flemming is the President of The International Federation for Housing and Planning (IFHP), Chairman of Danish Architecture Centre (DAC) and Special Advisor to UN Global Compact Foundation. He is also founder and President of Catalytic Society.


Si vas a estar por allí, procura pasarte porque creo que puede ser una buena oportunidad de escuchar algunas experiencias y personas (aquí me pongo en plan fan boy de Usman Haque) con perspectiva sobre cómo diseñar procesos y proyectos de implicación social para la ciudad, y con una buena mezcla de visiones. 

miércoles, 29 de octubre de 2014

Destrucción creativa - ¿Cómo compartir la ciudad?

Los días 14 y 15 de noviembre se celebrará la tercera edición de las jornadas Destrucción creativa, organizadas por ZZZINC, La Hidra y Etopia. Aunque en años anteriores no he podido asistir, siempre ví esas ediciones como un encuentro intenso de personas, proyectos e iniciativas de mucho interés. Este año voy a tener la oportunidad de estar y creo que es un planazo todo el programa. Una suma de temas actuales, conferencias y talleres-laboratorio que se presentan así:
Por un lado, revisaremos las narrativas utópicas presentes en cada uno de esos escenarios. La ciudad como espacio medular del cambio social y productivo, la democracia como ágora permanente para la toma de decisiones, el mercado como espacio que automáticamente garantiza la interacción entre iguales, la ciencia ciudadana como expresión tangible de la disolución de los muros entre expertos y amateurs. Queremos recuperar estas narrativas utópicas para ver cuánto queda de ellas o cómo se han transformado al entrar en contacto con la realidad empírica. Para ello, el viernes 14 de noviembre tendremos toda una jornada con 4 paneles dedicados a cada uno de esos ámbitos temáticos. 
Por otro lado, dedicaremos una segunda jornada intensiva para plantear escenarios futuros posibles, un ejercicio de diseño especulativo con el que poder imaginar las prácticas actuales en un espacio temporal que todavía está por venir. Con ese objetivo, el sábado 15 de noviembre se realizarán 4 talleres donde lanzar análisis prospectivos que puedan ser útiles para las experiencias invitadas y las prácticas locales. Ideas, ejemplos y reflexiones que creemos han de situarse en el centro del actual cambio de época.

Me han invitado a compartir unas reflexiones iniciales para el debate de la sesión ¿Cómo compartir la ciudad?, en el que intervendrán Iñaki Romero (Paisaje Transversal), Daniel Sarasa (Milla digital) y Julia López Ventura (Habitat Urbà Ayuntamiento de Barcelona) con el siguiente planteamiento:
En los últimos años, el discurso de la innovación alrededor de las ciudades ha girado alrededor de dos ejes: una visión vertical en la que se usan nuevas tecnologías y procesos en pos de la eficiencia (las políticas de la “smart city”), y una emergente en que ciudadanos autoorganizados intervienen en dar forma al tejido de la ciudad, y asumen responsabilidades en su gestión (bautizados en contraposición como “Smart Citizens”).
En esta sesión queremos avanzar más allá de este dualismo y profundizar en qué mecanismos de interlocución pueden establecerse entre ciudadanos y gestores tanto a nivel político e institucional como tecnológico, con el objetivo de “compartir” de manera mucho más directa los proceso de toma de decisión que acaban dando forma a la ciudad que habitamos. 
Entre otras cuestiones, es necesario no solo poner en diálogo estas formas de entender la gestión urbana, sino conocer si existen vías efectivas para consolidar los modelos que se prefiguran en los procesos de autogestión ciudadana. Es preciso preguntarse si la autoorganización cabalga sobre el deseo de una ciudad más participada o bajo la demanda de nuevos marcos legislativos que reconozcan y garanticen otras formas de propiedad urbana a las practicadas en el ciclo immobilario.
Mi intervención estará centrada en la narrativa de las smart cities, en parte como provocación y en parte para establecer algunas ideas que después puedan surgir en el debate sobre la relación entre infraestructuras abiertas, trabajo en red, políticas públicas y tecnología. Pero aún tengo unas semanas para madurarlo porque creo que el reto está en plantear un escenario de diálogo en el que poder encontrar conexiones entre prácticas y discursos que están muy poco conectados. Es lo que a veces he llamado el diálogo de sordos. No hay necesidad de empeñarse forzosamente en encontrar esa relación, digamos, proyectos ciudadanos y proyectos institucionales. Todo tiene su espacio. Pero sí me he empeñado a veces en la necesidad de romper la tendencia a caminar por separado cuando hay caminos que pueden recorrerse juntos.

Por eso esta sesión me parece un reto muy oportuno. Sin necesidad de rebajar el discurso de fondo ni la fuerza conceptual de nuevos planteamientos para "hacer ciudad" -sea en el campo de la organización de proyectos, de la vivienda, de la tecnología, de la cultura,...- ni tampoco de aspirar a la institucionalización como vía única para poder tener una interlocución con la Administración. Quizá sea necesario, por poner el caso específico de las smart cities, superar la contraposición top-down vs. bottom-up por reduccionista y poco práctica (perfecta aquí la definición de partida de la sesión). Tal vez no. Quizá hay que avanzar hacia nuevos instrumentos y nuevas culturas de relación de la burocracia con iniciativas ciudadanas que siempre ha entendido como excepciones y que cada vez son más la forma de encarar las nuevas prácticas sociales. Así que, seguramente, esta vez, como intervención inicial, plantearé dudas y ocurrencias más que certezas, y no tanto una intervención más acabada. No es sencillo porque será complejo aprender de nuevo a negociar estas relaciones, inventar nuevas rutinas y procedimientos en las instituciones públicas que quieran transitar este proceso, reconocer los invisibles de la ciudad, etc.

Más allá de esta sesión específica, lo bueno es que todo el programa tiene una pinta magnífica. Repensar el mercado con tantos temas que están hoy en debate (con tanto que pensar sobre eso de la economía colaborativa y sus diferentes y resbaladizos perfiles, por ejemplo), comprender los cambios y contradicciones en el campo del conocimiento científico o debatir sobre los retos más prácticos de la democracia que se nos viene encima. Y para terminar, un día entero de talleres para dar forma a los debates del viernes. Casi anda. 

martes, 28 de octubre de 2014

Hacer ciudad: nuevas formas de participación ciudadana (Castro Urdiales, 31 de octubre)

Este viernes 31 estaré en Castro Urdiales dando una conferencia en el marco del ciclo de encuentros ciudadanos que organiza Castro Verde. Para mí es especial por mis vínculos allí, y también por la posibilidad de compartir algunas ideas sobre nuevas formas de acción política y de participación física en la construcción de la ciudad, en el diseño de proyectos.

He titulado la exposición Hacer ciudad: nuevas formas de participación ciudadana y la idea es hacer un recorrido inicial de contexto sobre la realidad del activismo y la creación de alternativas en la manera de hacer ciudad, siempre con el riesgo de wishful thinking pero, en cualquier caso, con una creciente ruptura entre las maneras formalistas y rígidas del urbanismo y las aspiraciones y capacidades de una ciudadanía con mayor capacidad de organización, de construcción formas diferentes de diseñar, crear y gestionar espacios y procesos más cercanos a sus necesidades. Así que ahí irá algo de lo que suelo presentar como urbanismo adaptativo en sus diferentes formas, pero también algo sobre dinámicas de participación ciudadana. Habrá tiempo también para hablar de la sobre y la mala regulación vía ordenanzas "cívicas", para ilustrar algunos proyectos de transformación directa del espacio urbano y la creación de modelos auto-gestionados, etc.


lunes, 27 de octubre de 2014

Curso. La utilización temporal de los vacíos urbanos (Barcelona, 24-26 noviembre)

Del 24 al 26 de noviembre CUIMPB organiza en Barcelona el curso La utilización temporal de los vacíos urbanos, del que soy codirector junto a Judith Gifreu y con la coordinación de la Oficina Técnica de Estrategias para el Desarrollo Económico de la Diputació de Barcelona (es decir, el trabajo de verdad, gracias, Xavi). El contexto del curso está planteado en esta introducción:
La crisis económica y financiera se manifiesta en nuestras ciudades y pueblos mediante numerosos espacios abandonados que todavía no tienen un uso definido o que a pesar de tenerlo no se están ejecutando por falta de medios o de expectativas para su activación.
En este sentido crece el interés para proporcionar algún tipo de uso temporal a estos espacios, también los considerados infrautilizados, que sea susceptible de acoger actividades diversas. Se observa una notable proliferación de iniciativas y de proyectos tanto desde instancias públicas como privadas o de la sociedad civil. Unas iniciativas y proyectos que, en ocasiones, se basan más en el voluntarismo y el deseo de dar respuestas más o menos inmediatas a los problemas derivados de la crisis que a la articulación de una política local claramente definida.
La Diputación de Barcelona, como receptora de estas inquietudes e iniciativas procedentes del mundo local, culmina con este seminario un proceso de trabajo de casi un año, con la voluntad de integrar reflexión académica, prácticas ciudadanas y políticas públicas en un enfoque que combine la escala local y la mirada a las experiencias internacionales y que proporcione orientaciones y herramientas de trabajo de utilidad para los municipios a la hora de afrontar los retos económicos, jurídicos y sociales que plantean este tipo de actuaciones.

Cosas que te sonarán si has seguido el blog en los últimos años. Puedes revisar el programa, pero ya adelanto algunos de los nombres y sesiones que más ilusión me hacen y creo que pueden ser una buena aportación:

Estrategias transitorias en el uso de los espacios públicos. Procesos, condicionantes y organización
Alison Killing

El rol de las administraciones públicas en la activación de los espacios vacíos. Capital social y nueva gobernanza
Quim Brugué

Panel de experiencias y debate. Espacio público y gobernanza
- Recopilación de experiencias internacionales. Manu Fernández
- Todo por la praxis, Madrid. Diego Peris
- ZAWP, Bilbao. Ruth Mayoral
- Usos temporales para espacios vacíos, Diputació de Barcelona. Oriol Estela
- Observatorio de la Urbanización, Vilassar. Francesc Muñoz
- Estrategia Convoy, Xàbia. Ramon Marrades
- CoBoi, Sant Boi de Llobregat. Francesc Gutiérrez

Espacios vacíos y activación económica, las claves de una oportunidad
Ramon Marrades

Prácticas artísticas y proyectos culturales como forma de apropiación y activación de los espacios vacíos
Michiel Van Iersel

Mesa redonda y debate. El "mientras" como herramienta de transformación urbana: oportunidades y límites
Carles Baiges, Rubén Martínez, Xavier Matilla, Diego Peris

La ciudad temporal: retos y condicionantes
Peter Bishop

Es evidente que este tipo de proyectos han ganado mucha atención y el planteamiento del curso quiere ser una discusión realista a partir de preguntas que son fundamentales: ¿los ven los ayuntamientos como una moda o una vía fácil?, ¿son sólo una vía de escape profesional?, ¿es el 2mientras tanto" una distracción ante los retos de fondo y estructurales de las políticas urbanas?, ¿hastta dónde legan las barreras jurídicas y dónde empiezan las culturales o burocráticas?, ¿cómo abordar la institucionalización sin institucionalizarse?, ¿cómo dotarlos de capacidad transformadora?, ¿cuál es el papel real de las comunidades locales organizadas en torno a ellos?, ¿dónde acaba la diversión y empieza la precarización?, etc. Son esas las cuestiones que al menos a ní mee gustaría que se debatieran más allá del reconocimiento de estos proyectos. 
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...