miércoles, 25 de febrero de 2015

Un mundo no tan urbano

Dice la letanía que en algún momento en 2007 la mayor parte de la población mundial ya vivía en ciudades. Este dato se ha convertido en un lugar común y en el inicio casi inevitable de cualquier artículo o conferencia sobre temas urbanos. Hoy ese porcentaje, según las Naciones Unidas, es del 54% de la población mundial y, según las proyecciones demográficas, alcanzará el 66% en 2050.
Estos datos nos hablan, evidentemente, de una fenomenal transformación social, económica y ecológica en el mundo, una transición demográfica acelerada e inaudita en las regiones menos desarrolladas del planeta. A fuerza de repetición, hemos asumido la idea de ciudad y de áreas urbanas como un todo sin matices y unívoco.

Sin embargo, podemos matizar y hasta poner en cuestión que el mundo sea realmente urbano, al menos si lo que tenemos en mente es la idea más generaliza de ciudad como un espacio relativamente compacto, moderno, ordenado, etc.

El mundo se está haciendo urbano pero, en realidad, el aumento está muy concentrado. El informe World Urbanization Prospects 2014 de la división de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas apunta a que el 37% de la urbanización en el mundo hasta 2050 sucederá en sólo tres países: China, India y Nigeria. De esta forma, tal como refleja la imagen, el crecimiento urbano es un fenómeno de concentración espacial en determinadas regiones del mundo y sólo una parte del mundo se está urbanizando.

Imagen de valeriepris via Slate
El número de megaciudades (digamos, más de 10 millones de habitantes) seguirá creciendo, pero el fenómeno de las ciudades de segundo rango es el más novedoso, ya que es esta red de ciudades de tamaño medio (entre medio millón y 5 millones) donde se concentrará gran parte de la nueva población mundial, configurando además una tupida red de ciudades de este tipo a la sombra de las grandes megalópolis.

La opinión pública ha asumido ya la pujanza del Sudeste Asiático como nuevo polo económico y tenemos cierta conciencia sobre el ascenso de la urbanización en países como China, Indonesia o India, que asociamos rápidamente a nuevos centros económicos globales como Shanghai, Guangzhou, Shenzhen, Mumbai, etc. Sin embargo, la urbanización de África permanece silenciosa, por más que la presión migratoria la tengamos a la puerta de casa. Pero ciudades como Cairo, Kinshasa, Lagos o Luanda están ya en plena transformación urbana. La urbanización China, por ejemplo, ha tenido un amplio eco derivado de su creciente poder económico, y ha sido bendecido con exposiciones universales y olimpiadas, al tiempo que se escondían sus miserias y restricciones a la libertad. África no tiene sus grandes desarrollos urbanos para la economía global y las revistas de diseño y arquitectura, ni los edificios milagro que tanto entretienen y ofrecen un sueño de modernidad a esta urbanización acelerada. El continente africano, en cambio, vive una urbanización silenciosa, a caballo de la miseria y a lomos de una débil capacidad institucional para hacer frente a las necesidades de la población.

Más allá de los datos, un artículo de Neil Brenner y Christian Schmid, The ‘Urban Age’ in Question, ha puesto el acento en la parte más cualitativa del concepto de ciudad, poniendo en cuestión precisamente que la referencia cultural, metodológica y estadística la ciudad como base de espacial para comprender los cambios demográficos. De esta forma, la idea de ciudad esconde una diversidad de formas y escalas que hacen imposible de equiparar el hecho urbano en Manhattan, Shanghai o el Delta del Nilo. Lo relevante no es la condición urbana mayoritaria de la población mundial, sino el surgimiento de nuevas geografías que no encajan con los modelos de los que disponíamos hasta ahora para entender el crecimiento urbano en torno a la idea más clásica de ciudad.

Así es como las estadísticas incluyen como población urbana los millones de personas que viven en slums y otras áreas degradas del extrarradio de las ciudades, en nada comparables a la idea de ciudad que nos transmiten las imágenes de las grandes ciudades globales occidentales o los nuevos poderes urbanos asiáticos. De la misma forma, esas estadísticas contabilizan como urbanas las poblaciones que viven en las periferias de las ciudades más asentadas, en crecimientos de baja densidad (urban sprawl), un tipo de desarrollo urbano alejado de la idea de ciudad compacta, mista y polifuncional. Se trataría, en el mejor de los casos, de áreas urbanizadas pero no urbanas.

Se trata de unos apuntes ligeros para poder revisar críticamente una asunción quizá demasiado precipitada. Tal vez nuestro mundo no sea tan urbano y, si lo es, esa urbanización se asemeja mucho más a Kampala que a Las Vegas. Si realmente queremos entender el mundo actual como una era urbana, nuestra idea de ciudad ha de cambiar y los esfuerzos por repensar las ciudades del futuro tendrían que pensar mucho más en las nuevas realidades que escapan del discurso más establecido.

Artículo publicado previamente en el blog Seres Urbanos de El País.

lunes, 23 de febrero de 2015

Imaginarios tecnológicos en la smart city: actualización de la bibliografía de la tesis

Desde la primera versión de la bibliografía que compartí por aquí hace unos meses la lista de lecturas de la tesis ha aumentado bastante. También en las últimas semanas ha ido cogiendo forma el texto y, sobre todo, la estructura, que ahora es más sólida, creo. Aún me cuesta pelear con la técnica de redacción académica y procuro mantener limpio el agotador (¿inútil?) esfuerzo de las citas y referencia. En otro momento destacaré, den entre toda la lista, algunas lecturas que están influyendo mucho en el texto y supongo que, pronto también, volveré a compartir por aquí nuevas versiones de algunos de los capítulos. No sé si llegaré al final -y debería ser pronto- pero, de mientras, me estoy entreteniendo un rato :-)
I Write Because Nobody Listens" from Bratislava, Slovakia 
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viernes, 13 de febrero de 2015

Smart cities en la sociedad conectada (Notas #agora2015dss)

Comparto aquí la presentación que utilicé ayer en Agora 2015 – Laboratorios de Innovación Urbana en Donostia-San Sebastián. Os sonará porque ya la base ya la he utilizado en otras ocasiones, aunque esta vez incluí algunos matices y aspectos sobre los que quise incidir. Mi intervención buscaba ser una aportación/inspiración para los talleres que tuvieron lugar después, así que traté de dejar encima de la mesa algunas ideas:

  • El ascenso en muy poco tiempo de la smart city como referencia o marco para la agenda urbana y la posibilidad de entenderla como una nueva utopía urbana.
  • Teniendo tal carácter utópico, revisar nuestra experiencia con otras utopías urbanas y, especialmente, la de la ciudad moderna del siglo XX y sus consecuencias no sólo sobre la configuración física de la ciudad, sino también su influencia en nuevos estilos de vida. Para ello, nada mejor que la referencia a la Feria de Nueva York de 1939.
  • Dos provocaciones discutibles: la banalización de la idea de ciudad y la espectacularización de la tecnología.
  • El ejemplo del semáforo como ilustración de la tecnología como ensamblaje socio-técnico.
  • El poder normativo de la tecnología sobre nuestras formas de vida.
  • La necesidad de conjugar el relato tecnológico en presente.
  • Una serie de conceptos que, entiendo, están detrás de lo que echamos en falta muchas veces cuando oímos hablar de smart cities, la parte que dejamos olvidada a favor de un pragmatismo que nos lleva a no hacernos las preguntas adecuadas.
  • Y, con muy poco tiempo, una serie de criterios para construir un equilibrio diferente, una visión más compleja para entender el papel de la tecnología en la ciudad.
Posiblemente, nada nuevo, pero espero que sirviera al menos para los talleres.


viernes, 6 de febrero de 2015

Robocops para el tráfico

Ví por primera vez la foto hace unos meses y la guardé en la etiqueta de cosas raras, sospechando que habría  algún detalle que se me escapaba o que necesitaba más información para entenderla. Lo que vemos es una rara mezcla de retrofuturismo en acción y la materialización más extraña de los sueños húmedos de la robotización de la ciudad. La noticia proclamaba que la República Democrática del Congo empezaba a reclutar robocops. Casi nada.

Fuente: Brian Sokol
Hace unos pocos días, en Citiscope encontraba más respuestas, sobre todo a través de las fotografías de Brian Sokol. La urbanización acelerada de los grandes núcleos urbanos en África es una de esas historias que, a pesar de ser la responsable de la letanía "la mayoría de la población es urbana" apenas cuenta con atención. Y, sin embargo, una de sus consecuencias más palpables es su motorización sin apenas capacidad para dotarse de infraestructuras viales adecuadas. Así que en Kinshasa se han decidido a hacer la revolución tecnológica de la ciudad a su manera.

Veamos las especificaciones técnicas: unas dimensiones fenomenales (¿quién se atreve contra un policía de este tamaño?), giros de 360 grados para regular el tráfico en los cruces, alimentado por energía solar, imposible de corromper porque, al fin y al cabo, los robots no aceptan mordidas, cámaras incorporadas que alimentan el centro de tráfico de la ciudad, estructura metálica, capaz de ofrecer señales visuales y audibles a los conductores, habla francés y lingala, coste de producción en torno a los 10.000$, etc.

Estas máquinas han sido diseñadas y fabricadas en Kinshasa, e instaladas posteriormente en otras ciudades como Lubumbashi, y detrás de ellas está una cooperativa de mujeres Women's Technology (Wotech) liderada por Thérèse Kirongozi. Y, sí, el concepto en sí me desorienta y tiene algo inquietante, pero es una hisotira que, en cualquier caso, cuenta mucho sobre lo que está pasando y no vemos sobre el asalto tecnológico a la ciudad en gran parte del mundo.


Fuente: Al Jazeera

jueves, 29 de enero de 2015

The data revolution: el mundo de los datos y sus consecuencias

Un libro para entender las cosas. Un libro para situar y contextualizar el boom del big data, el open data y, en general, la datificación de la vida contemporánea. Esto es The data revolution. big data, open data, data infrastructures and their consequences, un libro de uno de mis autores favoritos y cuyas pistas más me están ayudando en la tesis. Rob Kitchin es siempre muy didáctico (ya escribí sobre otro libro suyo, Code/Space. Software and everyday life), con una gran capacidad para establecer categorías, formalizar conceptos y plantear los puntos más sombríos y discutibles de cuestiones que utilizamos de manera bastante ligera o acrítica. Ya desde el primer capítulo conceptualiza el mundo de los datos desde una perspectiva general más allá de la actual ola del big data y adentrándose en el significado epistemológico del entramado datos-información-conocimiento-sabiduría. Sólo con ello ya disponemos de una perspectiva crítica sobre cómo enmarcar los datos en términos económicos, técnicos, éticos, políticos, espaciales o filosóficos, con un posicionamiento claro desde el inicio:

“(…) how data are ontologically defined and delimited is not a neutral, technical process, but a normative, political, and ethical one that is often contested and has consequences for subsequent analysis, interpretation and action”.


Esta idea de la contextualización de todo el aparato del big data en torno a ensamblajes que no son puramente técnicos, sino un conglomerado de ideologías, instituciones, normativas, prácticas, subjetividades, mercados,… es una constante en el libro (y en todo el trabajo del autor, en realidad). Esta negación de la supuesta objetividad y la existencia independiente de los datos es una de las formulaciones más sólidas del texto, y es el vehículo a través del cual se desarrolla en sus diferentes aspectos (big data, open data, infraestructuras, etc.):
“The thesis adopted and developed throughout this book (…) that databases and data infrastructures are not simply neutral, technical means of assembling and sharing data; they are not merely products that store captured data about the world, but are bundles of contingent and relational processes that do work in the world. They are complex sociotechnical systems that are embedded within larger institutional landscapes of researchers, institutions and corporation (…)”
El capítulo dedicado al open data y al linked data también es muy sistemático a la hora de presentar los beneficios vinculados a este movimiento (transparencia y rendición de cuentas, mejora en la toma de decisiones y promoción de una ciudadanía activa, eficiencia operativa, valor económico,…), pero también su contestación crítica. Sin ser un planteamiento tan incisivo (y discutible como el de Morozov), encontramos un análisis sobre las dificultades de financiación y sostenimiento a largo plazo de los esquemas de datos abiertos y, sobre todo, una invitación a, sin abandonar el movimiento, hacerlo más consciente de su potencial vinculación con procesos como la liberalización y mercantilización de los servicios públicos (“political parties and business have appropriated the open data movement on behalf of dominant capitalist interests under the guise of Transparency Agenda”), el riesgo de dar más poder a los que ya tienen poder (“open data can work to further empower the powered and to reproduce and deepen power imbalances”) o las dificultades para avanzar en términos de usabilidad y utilidad (y aquí es donde se encuentran algunas de las menciones que comenté sobre los hackathons).

El capítulo dedicado al big data es, de nuevo, un esfuerzo de didáctica sobre la definición de un término con perfiles difusos, y que Kitchin trata de desentrañar en torno a los conceptos de volumen, velocidad y variedad y al desarrollo reciente de disciplinas habilitadoras como la computación , las redes, la computación ubicua, el almacenamiento de datos, etc. Aquí también encuentro una tipología de fuentes de big data planteada de manera muy clara, distinguiendo el origen y el despliegue de datos muy diferentes entre sí según sean generados por sistemas de vigilancia y control (smart metering, control de tráfico), por la multitud de dispositivos digitales (desde smartphones a cámaras), sensores activos y pasivos, escáner y las diferentes versiones de los datos voluntarios (a través de transacciones, interacciones en redes sociales, sousveillance, sistemas de crowdsourcing y ciencia ciudadana).

Esta realidad de explosión de un mundo de datos “is not unfolding in a non-ideological, passive manner. Like all revolutions, it is being driven by a powerful set of arguments, forwarded by passionate believers in the benefits of the new ways of knowing and acting in the world and an Alliance of vested interests who gain from its unfolding”. Desde este punto de partida, el régimen discursivo del big data se despliega en racionalidades y agendas diferentes para quienes de una manera o de otra operan en dicho régimen (es decir, todo el mundo, desde instituciones a empresas, desde ciudadanos anónimos a colectivos organizados) para gobernar, gestionar, producir o crear. Este régimen se sostiene sobre dos grandes promesas: las mejoras en la eficiencia operativa y las mejoras en términos de seguridad en todo lo que tiene que ver con la gestión pública, pero introduce multitud de factores de riesgos, discutibles y vidriosos que apenas reciben atención en el hype actual. Trasladado al ámbito urbano y la promesa de crear mejores lugares y ciudades para vivir, la lógica remite a “(…) provide solutions to the problems created by previous rounds of technology-led development (…) as well as creating entirely new ways of acting in the world”. Emerge así la smart city apoyada en el big data como nuevo recurso sociotécnico sobre el que fundamentar la gestión urbana en ámbitos como el transporte, la seguridad, la calidad ambiental o la participación ciudadana con el Centro de Operaciones de Río de Janeiro como materialización última, con sus riesgos asociados de promoción de formas tecnocráticas de gobierno y la corporativización de la actividad municipal.

El capítulo 8 (The reframing of science, social science and humanities research) supone una síntesis de algunos de los trabajos que más me han gustado de Kitchin y del trabajo que están desarrollando en el grupo de investigación The Programmable City. Es una indagación sobre debates abiertos en el ámbito de las ciencias sociales sobre el impacto del big data en las metodologías científicas, la reformulación del empirismo y sus falacias, sintetizadas así:
  • Big data can capture a whole of a domain and provide full resolution
  • There is no need for a priori theory, models or hypotheses
  • Data can speak for themselves free of human bias or framing
  • Meaning trascends contexto r domain-specific knowledge
Estos cuatro conceptos forman parte importante de mi tesis y están detrás de los relatos más superficiales sobre el impacto del big data en las ciudades: “the assumption that the data are objective, neutral and free of bias; (…) patterns and relationships within big data are inherently meaningful and truthful; (…) interpretations of such patterns and relationships lacks any kind of positionality or situatedness”. Ello hace que temas tan trascendentales como la privacidad, la seguridad de los datos, el control social y tecnocrático suelan pasarse de puntillas o sigan siendo hoy asuntos menores. Sin embargo, en tiempos de un naciente urbanismo cuantitativo, son estas las preguntas que deberíamos estar haciéndonos o al menos dedicándole mucha más atención crítica. Precisamente a eso ayuda el bagaje de las ciencias sociales y los estudios urbanos, que siguen luchando por hacerse un hueco en un debate dominado por la técnica vista desde un discurso puramente de racionalidad instrumental. En esa línea está también este libro.

martes, 27 de enero de 2015

Adaptive cities: co-creating places beyond austerity

The way in which local policy has been understood and the role of urban development projects have left a complex map of underutilized infrastructure, public facilities without financial support, failed housing developments, unfinished industrial developments and urban vacant lots for example. Climbing out of this crisis from a local policy perspective means finding ways to activate and convert these passives into public assets. The current state of permanent paralysis and widespread budget cuts which municipal policies are going through has led to a landscape of stalled projects, white elephants and stationary cranes. ‘Under construction’ or ‘Keep out’ signs draw a line to prevent any alternative use in these sites that will remain incomplete for years. Everything was planned but it failed and became out of date before it started to work.

Can we afford to have so many urban spaces not being used? Isn’t it a waste of potential energy for social creativity? What can we do with such an amount of sites, buildings and public facilities while they are being completed or there is enough public budget to run them to their potential capacity? There is a need to make use of them in the meantime and here is where transitional and temporary creative projects appear as a reponse.


This is the context that is precipitating the relevance of transitional use projects. As crisis has prevented the development of large-scale hierarchical interventions, transitional projects are more visible as the best catalog to continue reviving city life. Such projects are capable of generating major impacts on key social dynamic at a very low cost and highly significant. This approach is not new and the interest in making the best of the public realm with reactivation project is a well known strategy. The good news now is that there is a stronger experience on temporary uses, new emerging topics such as tactical urbanism and a growing literature in the last few years.

Adaptive urbanism is a way to deal with the limits of formal planning. Planning intends to regulate uses and permits with the promise of offering a permanent solution. When a project is planned, there is an expectation that everything will work fine (schedules and finances, but also final uses and operations). But every urban plan is out of date since it is approved, because circumstances change –and how have they changed in the last five years!- and users and citizens give new uses and behave and interact with the city in different ways than the expected one. Formal urbanism thinks in terms of projects, material projects, as an output. But now that lots of envisaged projects won’t become real for years it is time to think in a more adaptive ways and give priority to social creativity processes and local networks as the main outcome we have to promote. This is the software of the city.

Temporary urbanism is a threat to formal and planned regulations of space in cities, as illegal, output expected, everything was legitimate. However, in current economic constraints, even when social needs are higher, cities must keep offering solutions using flexible formulas and transitional planning, and give importance to social, collaborative and grassroots processes now that big investment cannot be part of the agenda. It will be time for the imagination. It will be time for limited resources but more creative action, time for case-by-case solutions instead of pretentious long-term planning. Over the years there is an accumulated wealth of experience and knowledge on how to address tactical interventions in cities with a more adaptive, suitable, creative and participatory approach. It is a matter of raising the shutters and tearing down the fences, exploring and testing to see if there is something that can be done on those sites and buildings apart from waiting for better times to come.

This implies a mix of uncertainty, austerity, insecurity and temporality as the landscape for re-imagining the city. These conditions are present, to greater or lesser extent, in Western cities as newcomers after the financial crisis and its subsequent impact on urban development. As institutions try to understand how to face these new conditions, a wide experience of practices and appropriation projects, developed sometimes as outsiders in the previous economic stage, appear as an adequate response to give social value to neglected plots and facilities. 107 spontaneous or accidental uses, activities and forms emerge in a hierarchical logic of planning. The history of cities is somehow determined by informality and temporality and only in the process of more detailed ordinances and regulatory activity things have become as formal as urbanism is nowadays. Having said this, authors acknowledge that this view of temporality as an exemption can be applied to countries where urbanism has gained a level of formality, while in most parts of the world the condition of temporal informality has particular patterns the book does not addresses.


Legal, financial or planning frameworks are not a burden but conservatism and lack of vision and capacity are a bigger problem. The practices and theories of a DIY approach to urbanism and informal temporary actions in urban spaces are in their infancy. However, the context favors a new understanding of cities. Contradictions with formal regulations are inherent to this change process and political and social tensions will keep rising. It is part of the idea of enjoying more complex cities where groups and individuals can gain power to intervene and influence the planning process that seems to be no longer so capable to give responses. Zoning, regulations and masterplans will need to share their roles with short term projects and more flexible activities because these projects better match not only the economic context but also the changes in the way we want to enjoy cities.

Rigid planning and formal regulations give narrow chances to face this unexpected situation. They were not designed to cope with the circumstances we are witnessing. They were thought out in a business as usual scenario in which usual meant the big party of iconic buildings, large developments, and massive public resources without economic and social bottom lines. But the party is over and thinking cities as hardware –just build it and things will happen- has come to an end.

From an adaptive approach, cities should avoid keeping these assets out of work and expelling any alternative use to the one they were planned for. But this requires changing the mindset, regulations adapted to the new conditions and a new possibilities for creative projects that could make suitable use of these sites and buildings in the meantime: infrastructures, public facilities, public spaces, empty shops, new urban developments, unused roofs in residential and public buildings, etc.

In all these situations, hierarchical and formalistic understanding of planning and urban policies offers definitive and permanent solutions: keep out, close, stop, interdict, etc. Planning for permanent circumstances and definite solutions is what makes us feel secure even though we know cities are more and more complex and always changing systems. This way of thinking in which outputs from public policies -not process- were the core of urban action and is the kind of framework that supported the massive obsession with buildings and infrastructures. If there was a material/physical output expected, everything was legitimate.

This implies a mix of uncertainty, austerity, insecurity and temporality as the landscape for re-imagining the city. These conditions are present, to greater or lesser extent, in Western cities as newcomers after the financial crisis and its subsequent impact on urban development. As institutions try to understand how to face these new conditions, a wide experience of practices and appropriation projects, developed sometimes as outsiders in the previous economic stage, appear as an adequate response to give social value to neglected plots and facilities.

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This text is my contribution to EDGECondition Vol. 5 on Placemaking.

From the editors:

(,,,)
This issue of EDGEcondition aims to be part of that critical placemaking discourse. Reflecting the global nature of the placemaking sector, this issue is international, with articles from Japan, USA, China, UK, Israel, Canada, Australia and Germany. The issue starts with conversations on the definition, ethos and practices of placemaking and then moves on to show various forms of placemaking, from the ‘top-down’ to the ‘bottom-up’, to explore just how many different placemaking practices there are and the diverse actors involved in them and resulting outcomes. 

This issue is by no means a definitive answer to ‘the placemaking question’, but it is a part of a conversation the placemaking sector, its ‘professional’ and ‘non-professional’ constituents need to be having, to understand placemaking better and to communicate it more effectively outside of our sector. http://www.ciudadesaescalahumana.org/2012/03/the-time-of-temporary-city.html

lunes, 26 de enero de 2015

¿Sirven realmente para algo los hackathons?

Cuanto más tiempo pasa, más consciente soy de que con UrbApps allá en 2012, de manera meramente intutitiva, íbamos por buen camino, en línea con alguno de los primeros textos que apuntaban en el cuestionamiento de los hackathons, como On hackathons and solutionism o Three Problems With Civic Hackathons. Desde entonces, se ha seguido profundizando en esa línea crítica sobre el planteamiento tradicional de los hackathons y sus impactos reales.

TEDxShelburneFalls  (CC BY-NC-ND 2.0)
Estos días estoy leyendo  The Data Revolution: Big Data, Open Data, Data Infrastructures and Their Consequences (un magnífico libro de Rob Kitchin sobre el que próximamente escribiré algo más en el blog) y en él vuelvo a encontrarme mencionados un par de artículos que leí en su momento, You Can’t Just Hack Your Way to Social Change, de Jake Porway  y Hacking the hackathon, de Shauna Gordon-McKeon. Ambos apuntan cosas que estaban detrás de esas primeras inquietudes sobre cómo rediseñar los hackathons. Ahora, todo más consolidado, lo enlazo con ideas como el solucionismo, el eventismo o el fetichismo tecnológico. El segundo de los artículos es especialmente claro sobre algunas de las debilidades de este tipo de eventos: falta de diversidad en el perfil de los participantes, escasa atención al potencial de estas actividades como generadoras de miradas más amplias sobre la cuestión que se aborda, dificultades para mantener los procesos en el tiempo y la escasa conexión con las comunidades locales.

En Hackathons y solucionismo, o por qué importa más el proceso que el resultado ya comenté sobre la falta de diversidad de perfiles involucrados y las debilidades a la hora de enmarcar de forma sólida las preguntas a resolver como dos elementos que suelen estar detrás de la fatiga de los hackathons. Es la fase de ideación y de definición de los problemas donde debería centrarse gran parte del esfuerzo no técnico pero sí conceptualmente valioso para acertar con apps y otras soluciones que supuestamente quieren ser de utilidad. Su enfoque demasiado centrado en cuestiones técnicas y su vinculación a procesos de apertura de datos convierten los resultados de los hackathons en sus diferentes vertientes, la mayoría de las veces, en un listado de páginas de recopilación de datos o en versiones 1.0 con apenas funcionalidad y que sólo en un porcentaje mínimo tienen desarrollos posteriores. Por eso su principal debilidad es la falta de continuidad al estar basados en el voluntarismo y la ausencia de recursos y contextos estables de colaboración que den soporte al antes y, sobre todo, al después de la fase alfa o beta a la que normalmente llegan las aplicaciones desarrolladas en estos eventos. Aquí es donde, por ejemplo, las metodologías de Medialab Prado, de Etopia y tantos otros, no vinculadas a los hackathons en sentido estricto pero sí conexas, ofrecen un entorno apropiado para ello. Esta falta de seguimiento posterior es, sin duda, la causa de la frustración inmediata que pueden generar en los participantes. Por eso también, la documentación de los procesos (y no sólo las especificaciones técnicas) cobran un papel relevante para que los proyectos sean entendibles, se puedan evaluar las decisiones dadas en cada momento, se puedan sumar personas o contribuciones posteriores, etc.

Sin embargo, me interesa más cómo repensar este tipo de actividades desde el punto de vista de quién participa en ellas. Sufren, en primer lugar, de una evidente falta de diversidad, debido fundamentalmente a que su atractivo suele enmarcarse en soluciones técnicas, asunto al que se ven llamados o están en contacto un determinado perfil de personas  (desarrolladores, ingenieros, movimiento del open data, etc.). Además, la presencia de personas, tanto dando soporte como participando propiamente, que tengan un conocimiento amplia de cómo fucnionan "las cosas de la Administración" es fundamental para poder encajar las soluciones derivadas de los hackathons en los procedimientos administrativos, en los procesos de toma de decisiones públicas, en los puntos críticos o cuellos de botella donde la tecnología sí puede marcar la diferencia, etc.

Desde entonces he ido guardando otros artículos que profundizan en esas primeras sensaciones, junto a otros que también analizan su potencial. Bajo un críptico título, The trouble with White hats, de Melissa Gregg and Carl DiSalvo, se esconde un fantástico texto del que extraigo algunas líneas:
Hackathons attempt to imagine and enact a future democratic condition, allowing individuals to contribute to what it might be in the process. Too often though, this potentially profound speculation gets tied to a limited, if not naïve, understanding of politics as the mechanics of government. “What might be” is almost always simply a version of the now — just faster, more efficient, and preferably mobile-enabled.Civic hackathons reflect changes to the nature of work, volunteerism, collectivity, and belonging. The production process is configured to appear friendly, informal, and ad hoc, leading to new kinds of social identities and relationships. At civic hackathons, new ecosystems for innovation, design, micro-manufacturing, and city revitalization are made to cohere in the course of a day or a weekend. 
(...)
Civic hackathons are limited to addressing problems that contain technically actionable solutions. For instance, addressing problems of public-transportation access in communities of need is reduced to the challenge of providing real-time bus data. And the problems each hackathon hopes to solve get readjusted in real time to suit actual conditions and who and what skills are at hand. So whether the bus data is displayed on a mobile device or a visualization will depend not on the community’s need or desire but on what programming languages the coders at the hackathon know. This ad hoc adjustment, which is an inevitable outcome of hackathons’ opportunistic approach to time and skill, parochializes and minimizes the ambition of governance. It rewards pragmatism at the expense of recruiting more representative or ideal protagonists for politics.
TechCrunch Disrupt Europe Hackathon  (CC BY 2.0)
También en Hackathons don´t solve problems encontramos algunas claves interesantes, un texto directamente vinculado con la crítica a la grandilocuencia del solucionismo y el buenismo de la ideología californiana:
They're hard, bordering on intractable, and people are working to solve these problems constantly, spending much more energy and resources than a single hackathon could ever do. There is nothing magical about putting a bunch of technologists and creatives in a room which will suddenly solve disasters, world crises, the economy, or anything else. (…)In short: Hackathons can be fun, they can inspire new ideas, they can break disciplinary boundaries. But if they are "Tech's Answer to Big Problems", we're in trouble.
Sí, tenemos un gran problema si vamos a confiar en la tecnología para solucionar los grandes problemas que tenemos. En realidad, los hackathons y, por extensión, este tipo de prácticas de producción colaborativa, deberían funcionar como excusas para crear formas estables de colaboración y no como explosiones de optimismo productivo. Por un lado, porque la evidencia ya nos dice que los resultados prácticos y el impacto de las "soluciones" que se pueden desarrollar en tan cortos periodos de tiempo son escasos. Así que, seguramente será mejor reducir las expectativas y poner muchos más recursos y entusiasmo en sedimentar -y por eso aquí juega un papel importante el quién y el dónde se promueven- las relaciones de colaboración creadas y el potencial de los proyectos planteados. Por otro lado, porque para ofrecer soluciones, como mencionaba anteriormente, es importante enmarcar bien los problemas y en el caso de los temas que suelen cubrir los hackathons cívicos o urbanos, estos problemas son wicked problems la mayor parte de las veces y es en el proceso de desentrañar su complejidad donde más pueden aportar y aprender los participantes. Más constructivismo y menos tecno-determinismo para afrontar los conflictos políticos que están detrás de los temas urbanos/sociales que los hackathons cívicos suelen afrontar. ahí es donde diferentes metodologías, más basadas en procesos de aprendizaje y de compromiso a largo plazo (Citizen Canvas o Changify, entre muchas otras) pueden aportar mucho más a la hora de favorecer procesos creativos de implicación social en problemáticas concretas.

Bonus tracks. Aquí van otras tres sugerencias relacionadas:

viernes, 23 de enero de 2015

Week picks #23

DATA & SOCIETY RESEARCH INSTITUTE

The Data & Society Research Institute is a new, New York City-based think/do tank launching in 2014 dedicated to addressing social, technical, ethical, legal, and policy issues that are emerging because of data-centric technological development. Data & Society will provide a space for researchers, entrepreneurs, activists, policy creators, journalists, geeks, and public intellectuals to gather, debate, and engage one another on the key issues introduced by the increasing availability of data in society.
Data & Society will bring together divergent constituencies, host events, do directed research, create policy frameworks, and build demonstration projects to grapple with the challenges and opportunities presented by an ever-increasing amount of available information. The Institute will imagine, take on, and develop projects that will help society’s understanding of and ability to adapt to a data-soaked world. The output of this Institute will be directed at broad audiences.

LABORATORIO PARA LA CIUDAD

The Laboratorio para la Ciudad (Laboratory for the City) is Mexico City’s new experimental office for civic innovation and urban creativity, the first city government department of its kind in Latin America. The Lab is a space for rethinking, reimagining, and reinventing the way citizens and government can work together towards a more open, more livable and more imaginative city.
How do we reconnect cities and citizens through government itself?
This is the question that drives our work at the Lab. We approach it not only as a matter of delivering better services or offering new channels for engagement, but truly reimagining the role of government and how it can contribute to building better cities.
What if government went beyond administration, promoting innovation, and even possibly channeling imagination? What if government was not just a regulator, but a true catalyzer for change?
The Lab is conformed by a young, multidisciplinary team, mostly without prior government experience. We’re an unusual bunch: architects, technologists, editors, art historians, political scientists, journalists, urban planners, filmmakers, sociologists, designers, urban psychologists… The one thing we all share is our impatient optimism, a passion for the city, and the belief that positive change can be born within government.
Another key factor is collaboration. The Lab is constantly seeking new proposals and provocations around the problems and opportunities of the city through collaborative efforts, both within government and through civil society.

URBAN CENTER FOR COMPUTATION AND DATA
Today's leading cities are also collecting and publishing  an unprecedented volume and diversity of city data and deploying advanced technologies to optimize many city services and functions.  These new data sources are catalyzing new applications and services, changing the way that citizens can interact with the built environment, city government, and one another.  Moreover, there is opportunity to apply computational tools and methods to enable cities to move from reactive to proactive policies and investments, to use computational models to explore potential outcomes of new designs, plans, and expansions.
To pursue these opportunities, the Urban Center for Computation and Data (UrbanCCD) was created in 2012 within the Computation Institute, a joint initiative of the University of Chicago and Argonne National Laboratory.  UrbanCCD combines the complementary strengths of Argonne in physical sciences and engineering with UChicago’s expertise in social sciences, economics, and policy.  The center also unites researchers multiple academic institutions, city agencies, architectural firms, and private enterprise.
UrbanCCD’s mission is to catalyze and pursue an interdisciplinary research agenda in urban sciences aimed at increasing our understanding of cities and our ability to anticipate the effects of rapid global urbanization on natural, built, and socioeconomic systems.
UrbanCCD is pursuing this mission by:
applying expertise and resources in computational modeling to transform the way cities are designed and expanded through the integration of urban design tools with computational simulation,
creating data analytics techniques and capabilities that allow for proactive city operation and planning, relying upon evidence-based analytics to move beyond policy based primarily on heuristics and intuition, and
providing tools and methods to integrate data from a variety of sources, including databases, scientific simulations, and mobile and fixed sensors, and exploring new paradigms harnessing embedded technologies to enrich the urban experience.

Week picks series features different initiatives and projects I found or want to highlight on this blog. It will help me track new findings from community groups, startups or local governments working and delivering solutions relevant to the issues covered on this blog. I often bookmark them or save them on Tumblr.

martes, 20 de enero de 2015

Smart cities en la sociedad conectada, en Agora 2015

En pocas semanas tendrá lugar el encuentro Laboratorios de innovación urbana Agora 2015 en Donostia-San Sebastián (Centro Carlos Santamaría, en el campus de la Universidad del País Vasco UPV-EHU), exactamente los días 12 y 13 de febrero. Organizado por el Ayuntamiento de Donostia/San Sebastián, el Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro, la Escuela Técnica Superior de Arquitectura-ETSA de la UPV/EHU y la Oficina de Estrategia de Donostia/San Sebastián, se divide en cuatro grandes bloques temáticos:
  • Entorno natural: La ciudad y su entorno. Ordenación del territorio, paisaje, ecología
  • Entorno construido: La ciudad y sus casas. Arquitectura de la vivienda, de la industria, de las dotaciones-equipamientos, infraestructuras y espacios libres
  • Entorno social y político: La ciudad y las personas. Urbanismo y dinámicas sociales, dotaciones-revitalización urbana, gentrificación, participación, mercantilización de la ciudad, privatización de lo público, movimientos vecinales
  • Entorno digital: La ciudad y la red. El sector cuaternario del conocimiento, el urbanismo y la realidad aumentada, georeferenciación urbana, hubs, workshop city protocol, smart cities
Cada bloque temático contará con una conferencia plenaria y un laboratorio en el que se presentarán de primera mano tres casos a estudio.


Me han encargado preparar la conferencia plenaria del bloque dedicado al entorno digital, que debería alimentar el trabajo posterior en el taller. Ibon Salaberria, relator de este bloque, ha enmarcado la temática en cuestiones que abordaré de una manera u otra: el papel de la tecnología en la ciudad y el riesgo de fetichismo tecnológico, los efectos de los dispositivos de control asociados a la smart city, nuevas formas de organización social para abordar asuntos públicos, etc. Concretamente, este bloque "Tratará sobre el creciente peso de la tecnología en la gestión y el espacio urbano y en la transformación de la ciudad; de los conceptos ciudad inteligente frente a ciudadanía inteligente; de la brecha digital, así como de las nuevas economías y posibilidades tecnológicas, las potencialidades y limitaciones del empleo de código abierto-open source. Analizando el papel de las tecnologías en una gestión urbana más abierta y en los procesos de creación y transformación colectiva, el ciudadano como sujeto político, participación ciudadana, dispositivos participativos y redes sociales".

Como siempre, el reto será acertar a presentar algunas ideas que cuestionen algunas presunciones sobre la relación del ámbito científico-tecnológico con el desarrollo social, repasar cómo gran parte del relato sobre la ciudad inteligente ya lo hemos conocido en otros relatos utópicos de las ciudades, ofrecer una idea de otras dinámicas y proyectos que pueden ser más cercanos a la ciudadanía, etc. Estoy estos días preparando la intervención y antes o después compartiré por aquí cómo sale.

Aquí tienes el dossier informativo y aquí puedes inscribirte. ¡Nos vemos allí!

viernes, 16 de enero de 2015

Week picks #22

THE WISE CITY

The Wise City is a socially responsible civic engagement, service design, and product strategy practice. It's a civic production company bringing the right partners and methods together to invent the best future now. It's a network of change agents deeply focused on advancing peer to peer bottom-up movements renewing a social contract based on wise self-governance. It is transcultural, transdisciplinary, ever transforming.
Let's focus on individuals and interactions over processes and tools, working neighborhoods over bureaucratic regulations, resident collaboration over internal planning, responding to change over following a plan. Let's move away from outdated 20th century ideas of a technocratic “smart” city. A better world is not only possible it is already here because wiser ways are increasingly preferred.

i-DAT

i-DAT is an Open Research Lab for playful experimentation with creative technology.
We co-create and share technological prototypes and practices, that push and challenge the boundaries of digital arts and creative media practice. Our main focus is on making ‘data’ tangible, playable and readily available as a material, to generate new meaning and inform participation, audience engagement and innovation in the arts.
i-DAT believes passionately, that it must embrace the opportunities created by digital technologies to be open and collaborative, in order to sustainably co-create social, economic and cultural benefit for society in general and predominantly, for current and future generations of young people.
Hosted by Plymouth University, it has been delivering world class cultural activities since 1998. In March 2012 i-DAT became an Arts Council England National Portfolio Organisation.
i-DAT manages the development of the Immersive Vision Theatre, delivering shows, productions and research into immersive fulldome environments. Further information can be found here: http://i-dat.org/ivt/
Through a rich interaction with teaching [BA/BSc/MRes Digital Art & Technology in the School of Art & Media], research [MADr / Cognition Institute] and enterprise, i-DAT provides access to new technologies, knowledge and ideas. Collaborations with Peninsula Arts and Science and Technology programmes place i-DAT at the heart of Plymouth University’s cultural activities.

CIVIC SYSTEMS LAB

Civic Systems Lab has built a body of knowledge on how we understand, seed, and develop citizen-led change and the civic economy. We have done this together with a wide range of partners from across the public private and third sector. Each of our partners and projects has helped us to better understand what’s possible and what’s at stake.
We have researched local innovation extensively through Hand Made, the Community Lover’s Guides and the Compendium for the Civic Economy.
We have a set of prototypes in progress that are testing the conditions, tactics, tools and wider platforms needed for supporting civic change, including The Open Works in Lambeth, Open Hub in Dudley, Hub Westminster in Westminster, The Common Room in Norwich, The Open Institute in London, Library Lab in Brent and Trading Spaces in Sidcup. Each of these prototypes re-designs infrastructures and methods to stimulate and support the emergence of new local initiative. And each of them creates a better understanding of the system in which they are currently embedded and how it needs to change, from project initiation to structural finance, from governance to collective learning.
From March 2014 will be incubating civic initiatives across Birmingham and the Black Country with a £750,000 investment programme: with the Civic Systems Launchpad, part of the Hub Launchpad programme, we are increasing the scale to city level. We aim to scale up our impact by applying and validating what we have been learning into whole-systems re-design through collaborating with a further five major cities over the next 2 years.

GLOBAL URBAN COMMONS

In form and content, the Global Urban Commons is a dynamic global directory for urban researchers and practitioners.
Employing a searchable database, the Internet, e-mail, and video-conferencing, it enhances sharing data, collaboration, and learning in real time. It aims to strengthen existing partnerships, stimulate new relationships, and expose scholars and practitioners to new lines of thought that they would not otherwise encounter.

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