miércoles, 29 de octubre de 2014

Destrucción creativa - ¿Cómo compartir la ciudad?

Los días 14 y 15 de noviembre se celebrará la tercera edición de las jornadas Destrucción creativa, organizadas por ZZZINC, La Hidra y Etopia. Aunque en años anteriores no he podido asistir, siempre ví esas ediciones como un encuentro intenso de personas, proyectos e iniciativas de mucho interés. Este año voy a tener la oportunidad de estar y creo que es un planazo todo el programa. Una suma de temas actuales, conferencias y talleres-laboratorio que se presentan así:
Por un lado, revisaremos las narrativas utópicas presentes en cada uno de esos escenarios. La ciudad como espacio medular del cambio social y productivo, la democracia como ágora permanente para la toma de decisiones, el mercado como espacio que automáticamente garantiza la interacción entre iguales, la ciencia ciudadana como expresión tangible de la disolución de los muros entre expertos y amateurs. Queremos recuperar estas narrativas utópicas para ver cuánto queda de ellas o cómo se han transformado al entrar en contacto con la realidad empírica. Para ello, el viernes 14 de noviembre tendremos toda una jornada con 4 paneles dedicados a cada uno de esos ámbitos temáticos. 
Por otro lado, dedicaremos una segunda jornada intensiva para plantear escenarios futuros posibles, un ejercicio de diseño especulativo con el que poder imaginar las prácticas actuales en un espacio temporal que todavía está por venir. Con ese objetivo, el sábado 15 de noviembre se realizarán 4 talleres donde lanzar análisis prospectivos que puedan ser útiles para las experiencias invitadas y las prácticas locales. Ideas, ejemplos y reflexiones que creemos han de situarse en el centro del actual cambio de época.

Me han invitado a compartir unas reflexiones iniciales para el debate de la sesión ¿Cómo compartir la ciudad?, en el que intervendrán Iñaki Romero (Paisaje Transversal), Daniel Sarasa (Milla digital) y Julia López Ventura (Habitat Urbà Ayuntamiento de Barcelona) con el siguiente planteamiento:
En los últimos años, el discurso de la innovación alrededor de las ciudades ha girado alrededor de dos ejes: una visión vertical en la que se usan nuevas tecnologías y procesos en pos de la eficiencia (las políticas de la “smart city”), y una emergente en que ciudadanos autoorganizados intervienen en dar forma al tejido de la ciudad, y asumen responsabilidades en su gestión (bautizados en contraposición como “Smart Citizens”).
En esta sesión queremos avanzar más allá de este dualismo y profundizar en qué mecanismos de interlocución pueden establecerse entre ciudadanos y gestores tanto a nivel político e institucional como tecnológico, con el objetivo de “compartir” de manera mucho más directa los proceso de toma de decisión que acaban dando forma a la ciudad que habitamos. 
Entre otras cuestiones, es necesario no solo poner en diálogo estas formas de entender la gestión urbana, sino conocer si existen vías efectivas para consolidar los modelos que se prefiguran en los procesos de autogestión ciudadana. Es preciso preguntarse si la autoorganización cabalga sobre el deseo de una ciudad más participada o bajo la demanda de nuevos marcos legislativos que reconozcan y garanticen otras formas de propiedad urbana a las practicadas en el ciclo immobilario.
Mi intervención estará centrada en la narrativa de las smart cities, en parte como provocación y en parte para establecer algunas ideas que después puedan surgir en el debate sobre la relación entre infraestructuras abiertas, trabajo en red, políticas públicas y tecnología. Pero aún tengo unas semanas para madurarlo porque creo que el reto está en plantear un escenario de diálogo en el que poder encontrar conexiones entre prácticas y discursos que están muy poco conectados. Es lo que a veces he llamado el diálogo de sordos. No hay necesidad de empeñarse forzosamente en encontrar esa relación, digamos, proyectos ciudadanos y proyectos institucionales. Todo tiene su espacio. Pero sí me he empeñado a veces en la necesidad de romper la tendencia a caminar por separado cuando hay caminos que pueden recorrerse juntos.

Por eso esta sesión me parece un reto muy oportuno. Sin necesidad de rebajar el discurso de fondo ni la fuerza conceptual de nuevos planteamientos para "hacer ciudad" -sea en el campo de la organización de proyectos, de la vivienda, de la tecnología, de la cultura,...- ni tampoco de aspirar a la institucionalización como vía única para poder tener una interlocución con la Administración. Quizá sea necesario, por poner el caso específico de las smart cities, superar la contraposición top-down vs. bottom-up por reduccionista y poco práctica (perfecta aquí la definición de partida de la sesión). Tal vez no. Quizá hay que avanzar hacia nuevos instrumentos y nuevas culturas de relación de la burocracia con iniciativas ciudadanas que siempre ha entendido como excepciones y que cada vez son más la forma de encarar las nuevas prácticas sociales. Así que, seguramente, esta vez, como intervención inicial, plantearé dudas y ocurrencias más que certezas, y no tanto una intervención más acabada. No es sencillo porque será complejo aprender de nuevo a negociar estas relaciones, inventar nuevas rutinas y procedimientos en las instituciones públicas que quieran transitar este proceso, reconocer los invisibles de la ciudad, etc.

Más allá de esta sesión específica, lo bueno es que todo el programa tiene una pinta magnífica. Repensar el mercado con tantos temas que están hoy en debate (con tanto que pensar sobre eso de la economía colaborativa y sus diferentes y resbaladizos perfiles, por ejemplo), comprender los cambios y contradicciones en el campo del conocimiento científico o debatir sobre los retos más prácticos de la democracia que se nos viene encima. Y para terminar, un día entero de talleres para dar forma a los debates del viernes. Casi anda. 

martes, 28 de octubre de 2014

Hacer ciudad: nuevas formas de participación ciudadana (Castro Urdiales, 31 de octubre)

Este viernes 31 estaré en Castro Urdiales dando una conferencia en el marco del ciclo de encuentros ciudadanos que organiza Castro Verde. Para mí es especial por mis vínculos allí, y también por la posibilidad de compartir algunas ideas sobre nuevas formas de acción política y de participación física en la construcción de la ciudad, en el diseño de proyectos.

He titulado la exposición Hacer ciudad: nuevas formas de participación ciudadana y la idea es hacer un recorrido inicial de contexto sobre la realidad del activismo y la creación de alternativas en la manera de hacer ciudad, siempre con el riesgo de wishful thinking pero, en cualquier caso, con una creciente ruptura entre las maneras formalistas y rígidas del urbanismo y las aspiraciones y capacidades de una ciudadanía con mayor capacidad de organización, de construcción formas diferentes de diseñar, crear y gestionar espacios y procesos más cercanos a sus necesidades. Así que ahí irá algo de lo que suelo presentar como urbanismo adaptativo en sus diferentes formas, pero también algo sobre dinámicas de participación ciudadana. Habrá tiempo también para hablar de la sobre y la mala regulación vía ordenanzas "cívicas", para ilustrar algunos proyectos de transformación directa del espacio urbano y la creación de modelos auto-gestionados, etc.


lunes, 27 de octubre de 2014

Curso. La utilización temporal de los vacíos urbanos (Barcelona, 24-26 noviembre)

Del 24 al 26 de noviembre CUIMPB organiza en Barcelona el curso La utilización temporal de los vacíos urbanos, del que soy codirector junto a Judith Gifreu y con la coordinación de la Oficina Técnica de Estrategias para el Desarrollo Económico de la Diputació de Barcelona (es decir, el trabajo de verdad, gracias, Xavi). El contexto del curso está planteado en esta introducción:
La crisis económica y financiera se manifiesta en nuestras ciudades y pueblos mediante numerosos espacios abandonados que todavía no tienen un uso definido o que a pesar de tenerlo no se están ejecutando por falta de medios o de expectativas para su activación.
En este sentido crece el interés para proporcionar algún tipo de uso temporal a estos espacios, también los considerados infrautilizados, que sea susceptible de acoger actividades diversas. Se observa una notable proliferación de iniciativas y de proyectos tanto desde instancias públicas como privadas o de la sociedad civil. Unas iniciativas y proyectos que, en ocasiones, se basan más en el voluntarismo y el deseo de dar respuestas más o menos inmediatas a los problemas derivados de la crisis que a la articulación de una política local claramente definida.
La Diputación de Barcelona, como receptora de estas inquietudes e iniciativas procedentes del mundo local, culmina con este seminario un proceso de trabajo de casi un año, con la voluntad de integrar reflexión académica, prácticas ciudadanas y políticas públicas en un enfoque que combine la escala local y la mirada a las experiencias internacionales y que proporcione orientaciones y herramientas de trabajo de utilidad para los municipios a la hora de afrontar los retos económicos, jurídicos y sociales que plantean este tipo de actuaciones.

Cosas que te sonarán si has seguido el blog en los últimos años. Puedes revisar el programa, pero ya adelanto algunos de los nombres y sesiones que más ilusión me hacen y creo que pueden ser una buena aportación:

Estrategias transitorias en el uso de los espacios públicos. Procesos, condicionantes y organización
Alison Killing

El rol de las administraciones públicas en la activación de los espacios vacíos. Capital social y nueva gobernanza
Quim Brugué

Panel de experiencias y debate. Espacio público y gobernanza
- Recopilación de experiencias internacionales. Manu Fernández
- Todo por la praxis, Madrid. Diego Peris
- ZAWP, Bilbao. Ruth Mayoral
- Usos temporales para espacios vacíos, Diputació de Barcelona. Oriol Estela
- Observatorio de la Urbanización, Vilassar. Francesc Muñoz
- Estrategia Convoy, Xàbia. Ramon Marrades
- CoBoi, Sant Boi de Llobregat. Francesc Gutiérrez

Espacios vacíos y activación económica, las claves de una oportunidad
Ramon Marrades

Prácticas artísticas y proyectos culturales como forma de apropiación y activación de los espacios vacíos
Michiel Van Iersel

Mesa redonda y debate. El "mientras" como herramienta de transformación urbana: oportunidades y límites
Carles Baiges, Rubén Martínez, Xavier Matilla, Diego Peris

La ciudad temporal: retos y condicionantes
Peter Bishop

Es evidente que este tipo de proyectos han ganado mucha atención y el planteamiento del curso quiere ser una discusión realista a partir de preguntas que son fundamentales: ¿los ven los ayuntamientos como una moda o una vía fácil?, ¿son sólo una vía de escape profesional?, ¿es el 2mientras tanto" una distracción ante los retos de fondo y estructurales de las políticas urbanas?, ¿hastta dónde legan las barreras jurídicas y dónde empiezan las culturales o burocráticas?, ¿cómo abordar la institucionalización sin institucionalizarse?, ¿cómo dotarlos de capacidad transformadora?, ¿cuál es el papel real de las comunidades locales organizadas en torno a ellos?, ¿dónde acaba la diversión y empieza la precarización?, etc. Son esas las cuestiones que al menos a ní mee gustaría que se debatieran más allá del reconocimiento de estos proyectos. 

martes, 21 de octubre de 2014

El mito de la eficiencia operativa en la smart city (PhD brief notes #6)

Uno de los argumentos más repetidos en la retórica de las smart cities es de la capacidad de aportar una base tecnológica sobre la que sustentar la operativa de los gobiernos locales en la gestión pública de los diferentes servicios públicos que tienen presencia en la ciudad. Es aquí donde cobran sentido los renders a vista de pájaro que dominan el paisaje de presentaciones en congresos, catálogos comerciales y propuestas estratégicas: la promesa de una interconexión perfecta de todos los servicios, normalmente con la aspiración de contar con un elemento aglutinador que suele tomar el nombre de sistema operativo urbano y la forma de un centro de mandos. En este sentido, el Intelligent Operations Center de Río de Janeiro y desarrollado por IBM se ha convertido en el ejemplo de referencia sobre la aspiración de contar con un sistema centralizado, jerarquizado y automatizado de mando y control de una ciudad inteligente como epítome final de la optimización máxima de los flujos de información y la toma de decisiones en una ciudad como traslación directa de los modos de pensar y gestionar de la cultura empresarial, tal como señala Greenfield (2013):
“The emphasis placed on “optimization” in these accounts is a frank instance of semantic contamination, in which an idea endemic to the culture of business administration has effectively been copy-and-pasted into a realm where it has no place and makes no sense. (...). but the blithe language of efficiency masks some sloppy thinking. What may be perfectly appropriate in a hierarchical, highly structures organization with known, quantifiable goals is fundamentally unsuitable to the protean entities we know as cities”.
Se trata de un proyecto tentador. A modo de panóptico del siglo XXI, la ciudad se convierte es un gran escenario donde, a través de la gestión del big data generado en el océano de datos que se producen en una ciudad, el gestor público cuenta con información suficiente y relevante para controlar el estado de las diferentes áreas de la ciudad, acompasar el despliegue de los servicios a las necesidades en tiempo real, verificar umbrales, alertas y avisos, etc. Con ello, la gestión de la ciudad tenderá al óptimo de gasto e inversión, ahorrando costes y haciendo más eficiente la gestión urbana.
Esta lógica descansa en una irresuelta indefinición del régimen discursivo de la smart city. Mientras que, por un lado, pretende ofrecer una visión integral de la ciudad como sistema complejo que sostiene una comunidad de habitantes (en el mejor de los casos), por otro lado en su vertiente más propositiva (esto es, en el detalle de los productos y servicios asociados al mercado de la smart city) el discurso torna a dirigirse exclusivamente a los potenciales clientes compradores de esos productos y servicios o, en su defecto, a los gestores y operadores de los sistemas inteligentes. Esta dicotomía produce que, de hecho, la confusión entre el concepto “”ciudad” y el concepto “ayuntamiento” sea permanente y, en último término, esconda una lógica basada en dirigir los objetivos de la smart city –en este caso, la optimización- a los gestores públicos de la ciudad, resultando así escasamente significativa para la ciudadanía:
“While this approach perpetuates 20th Century strategies that gave birth to cities such as Chandigarh and Brasilia, the critiques of tabula-rasa urbanism do not need repeating here. We’ve long known urban life is not circumscribed by instrumental concerns for optimisation and efficiency. More problematic is how this approach promotes a technocratic view of the city and urban development, the corporatisation of civic governance, and the dependence on proprietary software, systems and services that leads to a form of municipal technological lock-in”. (Shepard y Simeti 2013)


El objetivo por tanto es convertir, a hombros de la ciencia de la gestión empresarial, la maquinaria pública en un sistema de máxima optimización operativa, de manera que todos los esfuerzos de la política municipal quedan circunscritos a la eficiencia en el gasto, la inversión y el consumo de recursos. Como refleja Greenfield (2013), “The smart city iss clearly underrstood to reside in an ensemble of technologies at a scale that can only be acquired and deployed by state actors, and that requieeres expenditure at a level generally financed by bond issue”. Esto hace que la apelación más directa en la narrativa de la smart city se dirija a alcaldes, líderes municipales, gestores de empresas públicas y altos funcionarios que, no sorprendentemente, es el círculo de interesados por la smart city que ha sido más activo y se ha sentido más interpelado. De manera más que anecdótica, la ciudadanía, la comunidad o los actores sociales aparecen, en el mejor de los casos, en el último lugar de la lista de “stakeholders” o agentes interesados a los que se dirigen los documentos comerciales de las empresas del sector de la smart city, reflejando el desinterés por este tipo de agentes, la incomodidad por tener que incluirlos aunque no sean potenciales compradores (en el mejor de los casos, su papel será reducido al de usuarios pasivos o beneficiarios indeterminados) o directamente por la incapacidad o desconocimiento para ofrecerles un relato cercano. Siguiendo de nuevo a Greenfield (2013):
“(…) we´d conclude that urban technology is exclusively a matter of enterprise-scale systems, sold by vendors of similar gauge, to institutions they are familiar with, through existing procurement channels”.
¿Cuáles son las debilidades de esta lógica? Por un lado, si la plasmación real de una smart city es contar con centro de operaciones, estamos ante una propuesta altamente burocrática y jerarquizada, formalizada finalmente en un cuarto de máquinas desde el que dirigir la actividad institucional y reduciendo el sentido amplio de la inteligencia urbana a una serie de indicadores y pantallas de información cuyo destinatario último es el poder político. Por otro lado, a pesar de apelar a la eficiencia en la prestación de servicios, resulta un proyecto altamente costoso, inasumible para la mayor parte de los municipios que puedan interesarse por lo que les pueda ofrecer la smart city. Y, en último lugar, ofrece una imagen reduccionista de la labor de gestión urbana otorgando a los indicadores –ahora filtrados a través de modelos de gestión del big data y desplegados en tiempo real- una relevancia que arrincona otros factores intangibles y cualitativos que tienen que ver con las decisiones públicas. O en palabras de Dan Hill en Essay: On the smart city; Or, a 'manifesto' for smart citizens instead:
"The city is its people. We don’t make cities in order to make buildings and infrastructure. We make cities in order to come together, to create wealth, culture, more people. As social animals, we create the city to be with other people, to work, live, play. Buildings, vehicles and infrastructure are mere enablers, not drivers. They are a side-effect, a by-product, of people and culture. Of choosing the city. (…)The smart city vision, however, is focused on these second order outcomes, and often with one overriding motivation: efficiency".
Abundando en el papel sustancial de la ineficiencia como realidad cotidiana de la vida en la ciudad, Greenfield (2013) apunta que “(…) the relentless focus on abstract efficiency is ttroubling in a different way as well. Positioning efficiency as the only index of value availaable to us overlooks tthe many simple pleasures affordded by city life that would be uttterly unimproved by any opttimization, and might well be ddestroyed in the atttempt”.

Frente a esta posición, una nueva ciencia de las ciudades, como suma de las predicciones cuantitativas del big data, las auto-denominadas tecnologías inteligentes o el Internet de las Cosas, asegura que todo va a ser predecible y todos los rincones de la ciudad serán examinados en el marco de una compleja red de sensores y dispositivos de cualquier tipo. Supuestamente, unas leyes ocultas de la ciudad organizan la vida colectiva y hoy somos capaces de descifrarlas a través de nuevas técnicas cuantitativas que nos ofrecen un conocimiento neutro y verificable, indiscutible, ideológicamente inofensivo y abstracto. Ante este escenario, el único reto es conseguir desde el gobierno de la ciudad una eficiencia perfecta en la forma en que gestiona sus recursos atendiendo a cálculos fríos, algoritmos predefinidos, quedando delimitada la labor de los gobiernos locales a una labor mecánica, burocrática y gerencial.

El paradigma Datos>Información>Conocimiento>Sabiduría (Haque 2012:141) se transforma en verdad irrefutable y la mistificación de la generación y acumulación de datos se convierte en objetivo primordial bajo la promesa de que, posteriormente, esos datos serán tratados a través de técnicas de big data para ofrecer un conocimiento perfecto a los gestores urbanos. Este paradigma o relación lógica entre datos digitales y sabiduría para la toma de decisiones públicas adolece de diferentes problemas conceptuales que ninguno de los proponentes de las smart cities parece querer evidenciar. La puridad de los datos se transmite en esa lógica como característica subyacente en un contexto, el de la gestión urbana, en el que esta puridad es una entelequia bajo los supuestos de racionalidad, lógica e imparcialidad (Haque 2012:141).

Monitorizar, optimizar, planear o maximizar suelen ser verbos presentes en gran parte de las definiciones y relatos sobre la smart city. ¿A eso se reduce el papel de un gobierno local? En realidad, el uso de este tipo de verbos denota una confusión altamente extendida como es el uso del término “city” para referirse exclusivamente al gobierno municipal, una reducción que obviamente implica unas determinadas preocupaciones –como veíamos anteriormente, la priorización de la eficiencia de los servicios públicos- y una determinada concepción de los proyectos de ciudad inteligente, centrados en la esfera institucional. De esta manera, la complejidad de lo que acontece en la ciudad queda fuera de la preocupación de las estrategias que parten de una visión institucional y a vista de pájaro. Cuando la ciudad se ve desde arriba, a vista de pájaro, tal como suele presentarse en las miméticas presentaciones que se suelen hacer sobre el tema – fabulosos renders asépticos de ciudades ideales-, vemos sólo una escala en la que lo más fácil de percibir son las infraestructuras. Y cuando ves infraestructuras, aspirar a automatizar su control y gestión es la primera tentación razonable, pero la ciudad es mucho más que eso. Así, la escala, el punto de vista, determina qué ves y cómo lo ves. Es al bajar la escala hasta el nivel de la calle cuando podemos descubrir otras cosas que la visión anterior nos escondía.

Este es, en parte, el origen de la gran confusión que existe cuando se emplea el paradigma de las smart cities: dos posiciones divergentes sobre el punto de vista que no es puramente estética o semántica, sino que implica diferentes concepciones del hecho urbano, las necesidades a las que responder y las herramientas a desarrollar. Ambas son necesarias, pero creo que es conveniente descifrar bien desde qué punto de vista se está hablando para no perderse en el totum revolutum. Y comprender bien lo que significa la ciudad. Al tomar la dimensión “ciudad” -como referencia macro a vista de pájaro- como marco se corre el riesgo de perder la idea de ciudadanía, de política, de conflicto, de espacio público, etc, elementos permanentes de la vida colectiva que seguirán estando presentes más allá de los avances tecnológicos. Esto queda oculto tras las imágenes futuristas, los rascacielos, el asfalto, la forma urbana, la red viaria o la red de distribución eléctrica, los ámbitos que es más fácil encontrar desde una perspectiva macro y top-down del análisis sobre el papel de las tecnologías urbanas.

De esta manera, todas las tecnologías que desde la década de los 80 del siglo pasado han sido desarrolladas alrededor del concepto de “urban computing (Greenfield y Shepard 2007) parecen querer ser dispuestas por los proponentes de las smart cities al servicio de la eficiencia como objetivo último de las políticas públicas urbanas. El deseo de control de toda la información generada en una ciudad desde diferentes dispositivos, sistemas e infraestructuras persigue el propósito de producir eficiencia (Hill 2012:129) en objetivos de segundo nivel (energía, edificación, movilidad,…). Sin embargo,
There is much more to urban life than efficiency. In fact, many of its primary drivers –culture, commerce, community, conviviality- are intrinsically inefficient, or at least tangential to the idea of efficiency” (Hill 2012:129).
En la construcción de la idea de eficiencia juega también un papel fundamental la idea consecuente de control como aspiración. El control, definido en términos abstractos pro insertado como eje fundamental del imaginario de la smart city, actúa como un catalizador de la optimización del funcionamiento de la ciudad, ya que dicha optimización requeriría de fuertes capacidades de control –a través del procesamiento neutral de información pero, como apuntaremos más adelante, con un importante trasfondo ideológico- para habilitar en la toma de decisiones un mecanismo de superación de incongruencias, comportamientos sorpresivos, inadecuados o no permitidos, etc. De esta forma, tal como apunta Greenfield (2013), en relación a este tipo de hechos imprevistos que la eficiencia necesita reducir al máximo,
“Most importantly of all, they are an articulation of a given community´s demand for control oveer the terms of its own existence. Any atttempt to suppress this class of behavior in the name off optimal functioning, then, is not merely a clear arogation of a citizenry´s right to self-expression, but also deprives the city itself of one of the most important feedback machanisms”.
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GREENFIELD, Adam (2013) Against the smart city, Do Projects, Nueva York
SHEPARD, Mark y Antonina SIMETI (2013) “What´s so smart about the smart citizen”, en HEMMENT, Drew y Anthony TOWNSEND (2013), Smart citizens, Future Everything, Manchester
HAQUE, Usman (2012) “What is a city that it would be smart?”, en City in a box Volume 34
GREENFIELD, Adam y Mark SHEPARD (2007) Urban computing and its discontents, situated Technologies Pamphets 1, The Architectural League of New York, New York
HILL, Dan (2012)”The city that smart citizens built”, en City in a box Volume 34

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Tras la primera presentación que hice de la estructura de la tesis (The myths behind the smart city technological imaginary (PhD brief notes #1)), a partir de ahora iré publicando algunos retazos del texto, que va avanzando. En algunos casos serán notas bastante desestructuradas o incluso una sucesión de citas, pero igual sirven como guía para entender cómo va evolucionado los temas que voy trabajando, qué referencias nuevas van apareciendo, etc. 

miércoles, 8 de octubre de 2014

Smart cities. El mito de la deseabilidad intrínseca (PhD brief notes #5)

El imaginario construido en torno a la smart city y a la ciudad digital contemporánea es, en buena medida, la plasmación en el espacio de un relato previo y más amplio en torno a la incorporación a la sociedad de las tecnologías digitales. En este sentido, se alimenta de ideas sobre la irreversibilidad del desarrollo tecnológico (lo quieras o no, tendrán que incorporarte; quien se incorpore el primero podrá ser el líder de esta revolución; etc.) y su deseabilidad. La ciudad inteligente se convierte, de esta manera, en el último estadio de una infiltración total de la infraestrcutura digital en todos sus aspectos técnicos e ideológicos sobre la capa física de la vida en la era digital, sus instituciones y su sistema de gobierno. Siguiendo a Vanolo (2014:892), esta deseabilidad se manifiesta en dos sentidos:
“On the one hand, the idea that ‘technologies will save us’ guards technological- related activities against criticism; on the other, it boosts the idea that technological networks and governmental practices will automatically guarantee better cities, regardless, for example, of the development trajectories of local societies, the nature of technological developments, the difficulty of reducing the chaos and complexity of ecosystems to a handful of statistics and indicators which have to be fully monitored and controlled, and the need for debates, rules and forms of control in order to achieve virtuous coupling between technology and society”.
No existe alternativa. ¿Cómo no convertirse en una smart city en estos tiempos? Quienes difunden sus bondades tan sólo tienen que remitir a un “¿no querrás ser el último?”. Haque (2012:141) identifica este elemento como una motivación o recurso discursivo central del llamamiento a la conversión en ciudades inteligentes:
“(…) an idea that has gained a lot of currrency as the internet has become inccreasingly important in our lives, individually and collectively: that anything networked must necessarily be good and desirable”. 

De la misma forma, el storytelling de las compañías (que, como hemos visto, ha sido el principal vehículo movilizador del imaginario en torno a la smart city) se presenta como paso obligado:
“(...) to a large extent propelled by attempts to create an ‘obligatory passage point’ in the transformation of cities into ‘smart’ ones. In other words, it is conceived to channel urban development strategies through the technological solutions of IT companies” (Söderström, Paasche Klauser (2014)
 Ycomo señala Hollands (2014),
“Despite its inherent positivity, in a recent commentary, the renowned urban sociologist Richard Sennett has questioned the logic of the smart city and the largely accepted notion that we should increasingly rely on digital technology to plan our urban environment.”
Esta deseabilidad intrínseca está íntimamente relacionada con las bondades perfectas que se asocian a laa smart city. Como destaca Townsend (2013:276),
“We´d like to think of smart technology as a benevolent omniscience, always acting in our interests. That´s certainly the pitch by technology giants, governments, and start-ups alike. But the proliferation of surveillance mechanisms isn´t an accident. Government, who ought to be the ones drawing a line to protect us, can´t keep themselves away form the stuff”. 
De la misma manera, Galloway (2008:160) destaca cómo funciona este mecanismo psicológico y sociológico de aceptación de las novedades tecnológicas:
“I was thinking about the connections between technosocial expectations and the kind of ‘soft’ technological determinism embodied in people’s assumptions that technological ‘progress’ in these areas is inevitable”.
Esta deseabilidad es fruto, como hemos revisado ya siguiendo especialmente a Greenfield (2013), del modo en que el imaginario de la smart city se reproduce, un mecanismo que produce principalente una sensación de presunto consenso y pretendida certeza en las asunciones y datos que las empresas de la smart city colocan como mensajes en sus productos promocionales (objeto principal de producción dde dicho régimen discursivo). A través de la transmisión y repetición acrítica de los mensajes de descripción genérica de la smart city, pero también de las diferentes versiones de cada casa comercial, el imaginario se ha dotado de un mensaje, unos lemas y, en definitiva, tal como estamos abordando en este texto, una base conceptual apenas puesta en cuestión por sus receptores, y asumida como consenso válido y deseable.

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GALLOWAY, Anne (2008), A Brief History of the Future of Urban Computing and Locative Media, disertación de tesis doctoral, Carleton University Ottawa
GREENFIELD, Adam (2013) Against the smart city, Do Projects, Nueva York
HAQUE, Usman (2012) “What is a city that it would be smart?”, en City in a box Volume 34
SÖDERSTRÖM, Ola, Till PAASCHE & Francisco KLAUSER (2014) “Smart cities as corporate storytelling”, en City: analysis of urban trends, culture, theory, policy, action, 18:3, 307-320
TOWNSEND, Anthony (2013) Smart Cities: Big Data, Civic Hackers, and the Quest for a New Utopia. New York: W. W. Norton & Company.
VANOLO, Alberto (2014) “Smartmentality: The Smart City as Disciplinary Strategy”, en Urban Studies 51(5) 2013:1-16)

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Tras la primera presentación que hice de la estructura de la tesis (The myths behind the smart city technological imaginary (PhD brief notes #1)), a partir de ahora iré publicando algunos retazos del texto, que va avanzando. En algunos casos serán notas bastante desestructuradas o incluso una sucesión de citas, pero igual sirven como guía para entender cómo va evolucionado los temas que voy trabajando, qué referencias nuevas van apareciendo, etc. 

lunes, 29 de septiembre de 2014

Smart cities. El mito de la integración y la retórica de la experiencia seamless (PhD brief notes #4)

Uno de los argumentos más utilizados para explicar el potencial de las tecnologías smart es el de su capacidad de integrar todos los sistemas de información y gestión que rodean la compleja gestión de los servicios urbanos. En esencia, esta aspiración busca un modelo de gestión centralizada en el que todos los mecanismos de toma de decisiones sobre cualquier elemento de la ciudad y sus infraestructuras descansan sobre un modelo ideal de integración de los sistemas de movilidad, de abastecimiento de agua, de información ciudadana, de gestión de residuos sólidos urbanos, etc. De esta manera, gracias a la integración, se consiguen dos objetivos básicos:
  • Por un lado, una mejora en la toma de decisiones públicas gracias a la disponibilidad de información contextualizada sobre diferentes parámetros en relación a otros conexos (por ejemplo, el sistema de gestión de emergencias perfectamente sincronizado con los modelos de gestión de flujos de tráfico, la información de disponibilidad en tiempo real de la flota de vehículos públicos de atención ciudadana, etc.). Es lo que llamaremos la integración de infraestructuras públicas.
  • Por otro lado, de cara a la ciudadanía, una experiencia sin interrupciones ni fricciones (seamless), que permite al ciudadano transitar en su vida diaria a través de los diferentes dispositivos, plataformas e interfaces de relación con la esfera pública inteligente sin incurrir en costes de transición de un sistema a otro (por ejemplo, mediante el uso de sistemas de identificación personal interconectados entre diferentes servicios a través de tarjetas ciudadanas que permiten el acceso a los medios de transporte público, a las actividades culturales, a la identificación para el pago de impuestos, etc). Es lo que llamaremos la integración de la experiencia pública conectada o, en palabras de Greenfield y Shepard (2007), “digitally-enhanced lifestyle consumerism, a narrative of effortless ease and convenience and security
Via Official seasons
Respecto a la integración de infraestructuras públicas, el objetivo lo describe sintéticamente McCullough (2014:198), al afirmar la preeminencia de la idea de la ciudad como sistema de sistemas:
“Seen from the top, where IBM provides consultation to policy makers and infrastructure builders, the challenge is to integrate. The city is a “system of systems”, which integrates core services in transportation, health care, public safety, nd public education”
A la hora de entender su significado, empezaremos por seguir algunas de las conclusiones de Bell y Dourish (2006), que analizan dos de los casos pioneros de implantación masiva de infraestructuras inteligentes en Singapur y Seúl desde una teoría crítica de las infraestructuras tecnológicas, caracterizadas, según los autores por su carácter imperfecto (frente a la supuesta perfectibilidad de su despliegue y funcionamiento):
In other words, infrastructures are messy. The messiness that we experience in laboratory ubiquitous computing infrastructures is not a property of prototype technologies, of the bleeding edge, or of pragmatic compromise; messiness is a property of infrastructure itself. Infrastructures are inherently messy; uneven in their operation and their availability. The notion of a seamless and uniform infrastructure is, at best, a chimera, and at worst, to draw on aboriginal Australian myth, a mulywonk—a fearsome creature that might be invoked to steer people away from certain paths, places, or actions. “
Respecto a la integración de la experiencia pública conectada, es decir, de una experiencia mediatizada por la tecnología en la que no hay lugar a las dudas, los inconvenientes, los esfuerzos extra, los retrasos o la preocupación en el uso de los mecanismos inteligentes, de nuevo nos encontramos ante una pretensión que necesita pasar el filtro de la realidad y el filtro de la evaluación ética. Desde el punto de vista ético, de nuevo el análisis de Adam Greenfield en Everyware (2006) nos permite situar unos primeros cuestionamientos éticos a la hora d enfrentar el diseño de sistemas inteligentes de servicio a la ciudadanía (Greenfield 2006: 235-247):
  • En caso de fallo, estos sistemas deben asegurar la seguridad física, psíquica y financiera de los usuarios, de manera que un potencial error, fallo limitado o bloqueo absoluto del sistema inteligente no produzca en ningún caso riesgo o daño alguno al usuario.
  • Los sistemas inteligentes han de ser diseñados de manera que sea transparente e inmediato el reconocimiento de su presencia y sus aplicaciones por parte del usuario, de manera que se evite que el usuario opere con el sistema de manera inconsciente o inadvertida.
  • El comportamiento normal del sistema ha de evitar generar sistemas de abuso, humillación o rechazo social para sus usuarios.
  • El sistema inteligente no debe introducir complicaciones indebidas en sus operaciones ordinarias para el usuario. 
  • El sistema inteligente ha de ser diseñado para contener una forma fácil para salir de su ámbito de actuación en cualquier momento y situación.
En este mismo orden de cosas, y también desde el punto e vista especifico de la computación ubicua –uno de los drivers de muchas de las soluciones del catálogo propuesto de las smart cities- podemos destacar las notas realistas de Galloway (2008:268) sobre esa aspiración a un mundo de integración absoluta, sin obstáculos, natural e imperceptible:
“I believe that the kind of world envisioned by ubiquitous computing will never have the perfectly seamless or stable infrastructure necessary to make it work at its most global and totalising scale. Computer technologies, including the internet, have always rolled out unevenly and without clear plans—and much of our technological infrastructure is already a mash of disparate parts made to do the best they can until they break, or something better comes along.” 
Este escenario es presentado en el nuevo imaginario tecnológico de la ciudad inteligente como un constante flujo de relaciones que ahora podemos prever y determinar, cuando, en realidad, “(…) the kinds of social relations and interactions that are advocated in urban computing and locative media visions are equally uncertain, inconsistent and unstable” Galloway (2008:269) y representan la definición misma de la vida en la ciudad, representada precisamente por situaciones de discontinuidad de un sistema a otro:
“Much of what is interesting and valuable in urban life happenns precisely at the means, at the hinges or interfaces between different states of being.” (Greenfield 2013)
La retórica semalessness - tal como se presenta se presenta esta promesa desde las principales empresas del movimiento smart city: “In this context, “semaless” means that the user perceives no interruption in the flow of a technically-mediated experience, even though that experience may be produced by the interaction of heterogenerous systems” (Greenfield 2013)- es una constante casi desde el inicio de los estudios de las tecnologías de información ubicua, en paralelo a su reputación tanto desde dentro como desde fuera del campo propio de la computación ubicua. Sin embargo, la promesa de un escenario de perfecta integración de los servicios a través de los cuales es mediatizada la vida en la ciudad sigue siendo una promesa central y crítica del relato de la smart city, basada en la descontextualización social sobre el uso práctico de las infraestructuras desplegadas en la ciudad, tal como apuntan Bell y Dourish (2006):
“They are sites of negotiation and contest, compromise and coordination, approximation and partial agreement. They are unevenly distributed and unevenly available. They are continually in flux, and brought into local stability only through active engagement and coordination. Infrastructure itself is a relational property; it describes a relationship between technology, people, and practice. In this environment, then, thinking of infrastructure as stable, as uniform, as seamless, and as universally available is clearly problematic. It is not merely a dream of a world not yet realized; it is a dream of a world that could never be realized.”
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BELL, Genevieve y Paul DOURISH (2006) “Yesterday´s tomorrows: notes on ubiquitous computing´s dominant vision”, en Personal Ubiquitous Computing 2006
GALLOWAY, Anne (2008), A Brief History of the Future of Urban Computing and Locative Media, disertación de tesis doctoral, Carleton University Ottawa
GREENFIELD, Adam (2006) Everyware: The Dawning Age of Ubiquitous Computing, New Riders Publishing, Berkeley
GREENFIELD, Adam y Mark SHEPARD (2007) Urban computing and its discontents, situated Technologies Pamphets 1, The Architectural League of New York, New York
GREENFIELD, Adam (2013) Against the smart city, Do Projects, Nueva York
McCULLOUGH, Malcolm (2014) Ambient commons. Attention in the age of embodied information, MIT Press, Cambridge
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Tras la primera presentación que hice de la estructura de la tesis (The myths behind the smart city technological imaginary (PhD brief notes #1)), a partir de ahora iré publicando algunos retazos del texto, que va avanzando. En algunos casos serán notas bastante desestructuradas o incluso una sucesión de citas, pero igual sirven como guía para entender cómo va evolucionado los temas que voy trabajando, qué referencias nuevas van apareciendo, etc. 

jueves, 18 de septiembre de 2014

Smart cities. Entre el pesimismo sobre la ciudad y el utopismo urbano (PhD brief notes #3)

La construcción del imaginario de la smart city responde a un esquema básico de identificación de problemas y soluciones. Problemas señalados por los agentes creadores del imaginario y soluciones que son precisamente las que esos creadores disponen en su portfolio comercial.
“In its campaign, IBM constantly emphasizes the problems and shortcomings of the contemporary city. In general terms, the company argues that with ‘rising urban populations, ageing infrastructures, and shrinking tax revenues today’s cities demand more than traditional solutions’. Across domains, cities, in IBM’s urban theory, are facing the same issues: ‘growing demands’, ‘tightening budgets’, ‘financial deficits’, ‘volatile markets’, ‘growing complexities’, ‘pollution’, ‘urban growth’. The city is in other words a ‘sick city’ permeated by a series of pathologies. To confront them, municipalities are hampered by ‘inadequate systems to serve basic needs’, ‘obsolete’ or ‘broken technologies’, ‘litigation costs’, ‘benefit frauds’ and ‘wasted time’. In short, the picture is grim and cities appear close to a fatal breakdown”.  (SÖDERSTRÖM, PAASCHE y KLAUSER, 2014)
Desde esta problematización, el recurso a la utopía urbana es inmediato. La smart city es, en este sentido, una nueva utopía como anteriormente lo han sido tantos y tantos modelos urbanos que a lo largo de la Historia han querido ofrecer una solución definitiva y universal a los problemas urbanos. Utopía, en este sentido, es la otra cara del pesimismo en torno a la ciudad. La ciudad jardín como utopía ante la insalubre vida en las naciente sociedad industrial. La ciudad Futurama de la Feria Mundial de Nueva York de 1939, momento de esplendor de la ciudad del automóvil y de General Motors como agente creador de su régimen discursivo . Es sintomático e ilustrativo, tal como rescata Townsend, este párrafo descritivo de la Feria Mundial de Nueva York del ensayista Walter Lippman:
“General Motors has spent a small fortune to convince american public that if it wishes to enjoy the full benefit of prívate enterprise in motor manufacturing, it will have to rebuild its cities and its highways by public enterprise”.
La ciudad radiante como utopía ante la desordenada ciudad del siglo XX. La smart city como utopía ante la compleja y desorganizada ciudad contemporánea, una utopía que cierra los ojos ante el fracaso de utopías previas:
“The disappointing legacy of the Garden cities and the battles over motorization are a sobering lesson for those who think they can master-plan smart cities in the coming century” (TOWNSEND 2013:107). 
De hecho, la propia utopía de la ciudad motorizada imaginaba un futuro objetual –el coche- en lugar de las consecuencias de su generalización. En este sentido, una buena ciencia ficción, como bien expresó Frederik Pohl, no es aquella que imagina el coche, sino que imagina los atascos de tráfico (“A good science fiction story should be able to predict not the automobile but the traffic jam.”). Por ello, esta historia de los últimos 50 años tiene mucho que enseñarnos sobre el exceso de optimismo en torno a una determinada tecnología (McCULLOUGH 2014:29):
“Social historians often warn of the unintended consequences of sudden infatuations with new technologies. Just as Americans rushed to do anything and everything in cars half a century ago, so, today, people worldwide are rushing to do anything and everything on socially linked smart devices, often all at once. It was decades before experts recognized the physical, social, and environmental health consequences of overreliance on the automobile. How long will it take to recognize the consequences of much wider overreliance on smart devices?”
De la misma forma, hoy desde la smart city se imaginan los diferentes productos que reconfigurarán las ciudades, pero apenas se presta atención a sus consecuencias. Si no pudimos prever la contaminación, la obesidad, el consumo de territorio, la dependencia del petróleo, la inseguridad viaria o el cambio climático, ¿qué consecuencias no está atendiendo el marco de la smart city y que aparecerán en las próximas décadas? Como afirma GREENFIELD (2013) refiriéndose a los valores que encerraba la ciudad moderna del CIAM y la manera en que la smart city más canónica se asemeja a ella, sabemos cuál es el balance de ese utopismo de la primera mitad del siglo XX:
“We know –empirically, conclusively, decisively- what citties designed according to these principles look and feel today. We know how they work. And waht we know isn´t very promising for the future of any putatively smart city planned along similar lines”.(GREENFIELD 2013)
Resulta sintomático e ilustrativo hacer el recorrido a través de las descripciones sobre la realidad actual de las ciudades –siempre pensadas en términos genéricos descontextualizados y con un claro sesgo hacia la ciudad en países desarrollados con una dotación previa de infraestructuras que hay que renovar- para entender este pesimismo. Se trata de un pesimismo que, además, selecciona una serie de problemas a resolver: un tráfico caótico, unas infraestructuras de saneamiento de agua ineficientes, una red eléctrica deficitaria,… No es nada pesimista sobre los problemas de acceso a los servicios básicos, sobre la falta de democracia, sobre los conflictos sociales, etc.

En realidad, la smart city tiene poco que ver con las ciudades, razón por la cual podemos afirmar que en su despliegue discursivo no hay apenas referencia alguna al conocimiento generado desde las ciencias sociales en los últimos años sobre la ciudad y sus diferentes dimensiones. De esta forma es como opera el mito de la suficiencia tecnológica, al trasladar la idea de que el consumo de energía es una cuestión puramente tecnológica (smart grids y sus diferentes componentes), la seguridad pública es una cuestión puramente tecnológica (las cámaras de video-vigilancia, los sistemas de reconocimiento facial,…), la ordenación del tráfico es una cuestión puramente tecnológica (el procesamiento de datos en tiempo real, las salas de control, los sistemas de identificación automática de matrículas para las multas, etc.) y así sucesivamente en todos los vectores horizontales y verticales de la representación sistémica de la smart city. De esta manera, los proponentes principales de este imaginario –al fin y al cabo, operadores en el negocio de la smart city- obvian cualquier otro elemento extemporáneo respecto a la tecnología: la normativa, el diseño de los objetos inteligentes, los conceptos más complejos y profundos sobre la ecología urbana, la realidad multidimensional de la seguridad pública, el funcionamiento de las economías urbanas, los condicionantes de la política local, las capacidades internas de la administración pública, etc.
“It´s just barely possible that their effort will produce impressive pictures for a website or a brochure –something staged nd static, in other words- but it badly mistakes the dynamics that undergrid the quality of urban life. That is to say that skylines, bustling street scenes and gemlike little parks are epiphenomenal. Like the other features and amenities being called out here, they arise in response to the needs of a great many of people of different proclivities, interacting with one aanother over reasonably long periods of time. And these, of course, are precisely the elements that are missing from Songdo and its peers”. 
(GREENFIELD 2013)
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GREENFIELD, Adam (2013) Against the smart city, Do Projects, Nueva York
McCULLOUGH, Malcolm (2014) Ambient commons. Attention in the age of embodied information, MIT Press, Cambridge
SÖDERSTRÖM, Ola, Till PAASCHE y Francisco KLAUSER (2014) “Smart cities as corporate storytelling”, en City: analysis of urban trends, culture, theory, policy, action, 18:3, 307-320
TOWNSEND, Anthony (2013) Smart Cities: Big Data, Civic Hackers, and the Quest for a New Utopia. New York: W. W. Norton & Company.
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Tras la primera presentación que hice de la estructura de la tesis (The myths behind the smart city technological imaginary (PhD brief notes #1)), a partir de ahora iré publicando algunos retazos del texto, que va avanzando. En algunos casos serán notas bastante desestructuradas o incluso una sucesión de citas, pero igual sirven como guía para entender cómo va evolucionado los temas que voy trabajando, qué referencias nuevas van apareciendo, etc. 



miércoles, 17 de septiembre de 2014

La smart city y el futuro próximo (PhD brief notes #2)

Las promesas de la smart city son construidas a partir de una sistemática apelación al futuro (GREENFIELD 2013):
"In setting out to construct a proximate future, the operative words are “will” and “can”; statements are marked by an odd sideways tense in which present and future are collapsed, and no distinction is made between the subjunctive mode and the indicative”.
Esta cuestión la planteaban BELL y DOURISH (2006:134) en un artículo certero sobre la utilización del tiempo futuro como recurso discursivo en la tecnología (y, específicamente, en el área de la computación ubicua):
 “(…) the dominant tense of ubiquitous computing writing is what we might call the ‘‘proximate future.’’ That is, motivations and frames are often written not merely in the future tense, describing events and settings to come, but describe a proximate future, one ‘‘just around the corner.’’ The proximate future is invoke in observations that ‘‘Internet penetration will shortly reach...’’ or ‘‘We are entering a period when...’’ or ‘‘New technological opportunities are emerging that...’’ or ‘‘Mobile phones are becoming the dominant form of...’’ A brief perusal of proceedings of recent conferences confirms the pervasive sense of the proximate future; of the 108 papers comprising the Ubicomp conference proceedings between 2001 and 2004, fully 47% of the papers are oriented towards a proximate (and inevitable) technological future (e.g., from only Ubicomp 2004, and more.) Indeed, Weiser’s foundational article originally published at the start of the last decade of the twentieth century and entitled ‘‘The computer for the twenty-first century’’ is, similarly, built around a vision of the proximate future, the future just around the corner or over the horizon”.
Los autores reconocen, en el momento de escribir el articulo, que el bagaje desde que los estudios de computación ubicua empezaron a imaginar el futuro ha sido muy diferente a como esos estudios pensaron que se desarrollaría, por lo que plantean pensar desde el presente:
“The ubicomp world was meant to be clean and orderly;it turns out instead to be a messy one. Rather than being invisible or unobtrusive, ubicomp devices are highly present, visible, and branded, but perhaps still unremarkable in the sense explored by Tolmie et al. Ubicomp has turned out to be characterized by improvisation and appropriation; by technologies lashed together and maintained in synch only through considerable efforts; by surprising appropriations of technology for purposes never imagined by their inventors and often radically opposed to them; by widely different social, cultural and legislative interpretations of the goals of technology; by flex, slop, and play.” (BELL y DOURISH 2006)
Source: Signs from the near future
Además, ante la distancia entre el futuro imaginado y el presente realizado, los autores plantean dos escenarios para entender por qué el ideal de la computación ubicua –en nuestro caso, de la smat city- se plantea siempre como un futuro próximo. Un razonamiento sería pensar que ese ideal futuro es un imposible, que no se puede llegar a él. En este sentido, ese futuro próximo sería un futuro pospuesto indefinidamente. Frente a esta primera respuesta, ofrecen una segunda : en realidad, el futuro próximo ya ha llegado, de manera que el ideal imaginado de la computación ubicua se ha cumplido pero hoy ha tomado una forma diferente a la inicialmente pensada. No son, en cualquier caso, respuestas excluyentes, como señalan los autores. Evidentemente, el futuro de la ciudad de la sociedad conectada tomará formas nuevas en las próximas décadas, pero ello no puede impedirnos entender que ya está sucediendo.

De nuevo, no estamos ante una cuestión meramente estilística, sino que denota un posicionamiento previo sobre las condiciones en las que los desarrollos tecnológicos se desplegarán en la ciudad, quién será su responsable y cómo se repartirán los costes y los beneficios. Así, situando el potencial de realización de los beneficios de las smart cities en el futuro, implícitamente se sustrae la agencia de quienes no están incluidos en la propuesta de un determinado producto smart presentado en futuro. La responsabilidad de su desarrollo queda en manos de su proponente, mientras que los demás (de manera implícita también, la ciudadanía) queda al margen y no le queda más que esperar a ver cómo se concreta el proyecto. De la misma forma, detrás de este uso del tiempo futuro se esconde una estrategia de financiación del proyecto: invertir hoy para disponer de beneficios en el futuro (retornos económicos, ahorros o beneficios sociales), consiguiendo con ello sustraer el debate sobre la oportunidad de la inversión hoy (en la mayor parte de los casos muy importante dada la actual escasez de recursos económicos y también generalmente escondida entre difusos mecanismos de colaboración público-privada) porque, en cualquier caso, los beneficios futuros (por tanto, únicamente esperados y no reales) serán mayores.

Este mecanismo despliega, además, una consecuencia aún más importante: las soluciones, dispositivos, interacciones o recursos susceptibles de ser catalogados como inteligentes son aquellos que veremos en ese futuro cercano, sustrayendo de la mirada aquellos ya existentes. Esta cuestión opera, a su vez, en dos niveles. Por un lado, sitúa la cuestión de la ciudad inteligente como una utopía más o menos cercana pero, en cualquier caso, por llegar. Es, por decirlo de alguna manera, el recursos a la insatisfacción del cliente (“aún no dispones de este producto que te hará ser feliz”), creando la actual abundancia de interés por comprar e implementar proyectos de smart city. Pero, por otro lado, funciona negando cualquier reconocimiento a proyectos, iniciativas o mecanismos ya existentes que perfectamente pudieran estar integrando hoy ya, de una manera mucho más natural desde la perspectiva del día a día de la vida en la ciudad, ese nuevo mix entre ciudad-tecnología que, en cualquier caso, ha sido siempre una constante en la historia de la ciudad a través de diferentes evoluciones tecnológicas.
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BELL, Genevieve y Paul DOURISH (2006) “Yesterday´s tomorrows: notes on ubiquitous computing´s dominant vision”, en Personal Ubiquitous Computing 2006
GREENFIELD, Adam (2013) Against the smart city,  Do Projects, Nueva York
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Tras la primera presentación que hice de la estructura de la tesis (The myths behind the smart city technological imaginary (PhD brief notes #1)), a partir de ahora iré publicando algunos retazos del texto, que va avanzando. En algunos casos serán notas bastante desestructuradas o incluso una sucesión de citas, pero igual sirven como guía para entender cómo va evolucionado los temas que voy trabajando, qué referencias nuevas van apareciendo, etc. 

lunes, 15 de septiembre de 2014

Aceras divididas. Podría no ser ficción

Ya mencioné hace bastante un caso curioso de regulación del espacio público a través de micro-regulaciones de la acera (Aceras rápidas. Perder el espacio público baldosa a baldosa) como formas de control social. Aquí van otras curiosidades que tenía guardadas o que me he cruzado estos días, pero en este caso son ficciones.

1. Se supone que se ha señalado un espacio dedicado a quien esté usando el teléfono móvil, en Chongqing (via), separando así a quien camina felizmente de quien camina como zombie movilizado. Hasta donde sé no es un fake, pero vaya usted a saber, sobre todo porque es sospechosamente parecido al de abajo (y posterior en el tiempo) y no hay ninguna indicación de una autoridad pública en las señales. En cualquier caso, hay quien lo da como verosímil.
(((Nota: y via Sito descubrimos la realidad y, efectivamente, no es una calle estandar, sino una indicación en un parque temático: A Chinese city’s “no cellphones” sidewalk lane isn’t original—and it’s not on a real street Un fake a medias, o algo así))).

2. Un carril rápido para evitar a quienes van andando y usando el móvil (via Smartphone Zombies, Please Stay Out Of The Fast Lane). Este es claramente un fake, o más precisamente, una especie de experimento social para ver si la gente se acomodaba a esta nueva "regulación" de la acera. Detrás de la instalación temporal de estas señales en una acera en Washington DC está National Geographic, que está rodando una serie de audiovisuales (titulado Mind over masses) sobre el impacto de las señales de control y regulación sobre el comportamiento de la gente en espacios públicos.

3. Las dos siguientes imágenes están muy relacionadas con las anteriores y son más conocidas. Son los ejemplos que surgieron en algunas ciudades (que yo sepa, primero en Nueva York y posteriormente en otras ciudades como Barcelona) para destacar la invasión del espacio urbano por parte de los turistas, dibujando para ello señales que supuestamente indicaban el espacio dedicado a locales y visitantes como forma de reivindicación/protesta sobre la masificación turística.


4. Por último, hace tiempo me encontré otra foto con un cartel que parece codificar las normas de uso de un espacio público peatonalizado en Alemania (más info), en lo que parece un exceso de regulación sobre cómo cambiar de dirección, número de personas admitidas en cada carril, cómo adelantar a un caminante, etcétera. En su momento busqué si era verdad que estaba instalado porque realmente parece algo enloquecido y cercano a una especie de Instrucciones para pasear una calle de Cortazar. Ya no recuerdo la fuente y me costó enterarme (cosas de no saber alemán), pero llegué a la conclusión de que no era un cartel legal sino una intervención no reivindicada de alguien que quiso plantear las contradicciones de este tipo de control de los espacios públicos.


miércoles, 10 de septiembre de 2014

Book: Ambient commons. Attention in the age of embodied information

Acabo de terminar de leer Ambient commons. Attention in the age of embodied information. El libro me interesa porque el autor, Malcolm McCullough, es uno de esos nuevos descubrimientos que estoy encontrando en el proceso de la tesis, principalmente por su libro Digital ground. Architecture, pervasive computing, and environmental knowing. Ambient commons ha resultado un libro algo más alejado de mis intereses de lo que esperaba pero, al mismo tiempo, se trata de un texto que abre muchas opciones porque es, ante todo, un libro amplio en cuanto a los temas que aborda, siempre con los medios digitales como centro de atención.


Básicamente, se trata de un estudio en torno a la atención en la sociedad conectada y, en especial, sobre las contradicciones y problemáticas que genera la extensión de soportes, dispositivos, infraestructuras y aplicaciones digitales que  han dejado de ser invisibles y forman parte sustancial del espacio físico. Diferentes dispositivos colonizan nuestra forma de movernos en la ciudad, las fachadas de los edificios, el propio funcionamiento de los mismos, etc. y pelean por atraer nuestra atención. La información, así, traspasa nuestra memoria y nuestros ojos y toma forma física entre la intrusión, la utilidad, la superabundancia o la contaminación sensorial. La vida ordinaria y los objetos más cotidianos han incorporado estas capas de información valiéndose de recursos de diseño urbano y arquitectónico para configurar nuevos recursos culturales del entorno que habitamos. Su presencia, a fuerza de imponerse de manera desordenada, gradual y pervasiva, se hace inconsciente en nuestras decisiones y transacciones diarias, pero modifica nuestra capacidad de comprender y leer la ciudad y nuestra propia vida.

Estas son algunas de las reflexiones de fondo del autor a la hora de desarrollar un texto a caballo entre muchas disciplinas, desde la arquitectura a las ciencias de la computación, pasando por la psicología, la epistemología, el diseño de interacción o la neurociencia. Así, McCullough ofrece una lectura de la realidad (y sus implicaciones) sobre la experiencia tecnológica de la computación urbana en temas tan específicos como las señales y anuncios que pueblan las ciudades, el arte urbano, las fachadas, los edificios inteligentes, el aire,  y las condiciones de confort,  los mapas y el wayshowing o la música y el sonido. Con ello, la propuesta del autor quiere ser una llamada de atención a considerar con mayor preocupación esta generalización de dispositivos en los diferentes elementos de la ciudad. Frente a al tecno-determinismo fatalista hace falta una lectura cultural de la transformación del espacio urbano en todas sus dimensiones (con una llamada de atención especial del autor al silencio como especie en peligro de extinción) que nos permita tomar el control sobre lo que el autor considera un procomún, las condiciones sensoriales de la ciudad. A través de una multitud de ejemplos de experiencias cotidianas, proyectos y lecturas, el libro es una invitación –una más, nunca suficientes- a evitar la banalización tecnológica para que no sea demasiado tarde:
“Social historians often warn of the unintended consequences of sudden infatuations with new technologies. Just as Americans rushed to do anything and everything in cars half a century ago, so, today, people worldwide are rushing to do anything and everything on socially linked smart devices, often all at once. It was decades before experts recognized the physical, social, and environmental health consequences of overreliance on the automobile. How long will it take to recognize the consequences of much wider overreliance on smart devices?”
Aquí dos reseñas de Dan Hill y David Bollier.

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