sábado, 15 de noviembre de 2014

Smart cities: de la épica a lo cotidiano

Notas resumen y algunas reflexiones (y algunas citas y referencias como bonus track) tras la presentación de ayer en Destrucción Creativa en Zaragoza.

Soy terrible eligiendo títulos, pero esta vez me parecía que Smart cities: de la épica a lo cotidiano podía tener sentido en estas jornadas de Destrucción Creativa. Trataba de captar  la idea que quería proponer como punto de partida del debate posterior y también para sugerir algunas ideas para los talleres del sábado. En este sentido la presencia tecnológica en la ciudad-y su plasmación en forma de smart city- quería ser un pretexto para explicar uno de los marcos posibles para afrontar los retos de la ciudad contemporánea, su gestión pública y su apropiación por parte de la ciudadanía. La idea, en definitiva, era reflexionar sobre la posibilidad de crear nuevas formas de relación ciudadana con la gestión pública de la ciudad y utilizar la nueva utopía urbana de la ciudad inteligente como marco para revisar su sentido utópico, sus significados e implicaciones en términos de políticas públicas y organización social de la ciudad. Sin embargo, mi sensación es que la intervención estrechó demasiado el debate posterior e hizo que nos centráramos demasiado en lo tecnológico, precisamente lo que quería evitar. Error mío.


En cualquier caso, me proponía hacer una lectura de un recurso dominante hoy en la narrativa y la agenda de la ciudad. Las smart cities, las ciudades inteligentes o, en general, la relación que podemos construir sobre el papel de la tecnología en la vida colectiva. Es uno de los marcos, sólo uno, a través del cual poder abrir el diálogo: cómo afrontar la tensión entre ciudadanía y gestores en términos de una nueva interlocución, un nuevo equilibrio que necesitamos inventar en un momento de clara tensión social y desafío a las reglas tradicionales de gobierno de la ciudad. Todo esto, además, en el marco de las otras temáticas de las jornadas (mercados, ciencia y política).

No era el momento de entrar a definir qué es una smart city, ni los proyectos con los que se suele relacionar ni sus actores. Pero sí me interesaba destacar el proyecto del Centro de Operaciones Inteligentes de Río de Janeiro. Este parece representar la visión más canónica de la smart city, el modelo más acabado de gestión inteligente de la ciudad. Y lo que tenemos, siento decirlo, no es nada nuevo en cuanto a su configuración física –una sala de control destinada a dar información a los gestores, un espacio cerrado y centralizado de control que aspira a ser omnisciente, un sistema de información en tiempo real sobre lo que sucede en la ciudad- y, al mismo tiempo, representa una nueva escala en la capacidad de gestionar grandes datos sobre la ciudad y la capacidad de repensar la toma de decisiones públicas y la relación de la ciudadanía con los servicios gestionados por los destinatarios/usuarios de esta proyecto.


Esto es lo que viene. O lo que parece venir. Este es uno de los escenarios que se proponen Y tenemos que comprenderlo. En este sentido, me venía bien la frase de Frederik Phol: una buena historia de ficción ha de ser capaz no de prever el coche sino los atascos (gracias Martin por descubrirme la cita). Este es el reto que tenemos. Entender las consecuencias sobre nuestras vidas, sobre nuestra cultura, sobre nuestros espacios físicos. Y no estoy tan seguro de que estemos pensando en los “atascos” derivados de la smart city (falta de privacidad, control social, etc.) sino únicamente en los productos y servicios que definen la ciudad inteligente.

De hecho, ya hemos pasado por eso. Nuestras ciudades, en buena medida y con diferente profundidad, son resultado de un régimen discursivo construido en la primera mitad del siglo XX y que tiene en la Feria Mundial de Nueva York y la propuesta Futurama de General Motors su antecedente más cercano. Entonces también se constituyó todo un aparato promocional, científico y cultural en torno al coche como gran catalizador de la transformación de la ciudad. Y ya entonces, ensayistas como Walter Lippman descubrieron un patrón que hoy también reconocemos. En aquel caso, una gran empresa como General Motors destinando una cantidad importante de recursos mediáticos para convencer al público sobre la bondad de sus propuestas para movilizar la transformación de la ciudad.

General Motors has spent a small fortune to convince American public that if it wishes to enjoy the full benefit of private enterprise in motor manufacturing, it will have to rebuild its cities and its highways by public enterprise.  WALTER LIPPMAN

En esta misma situación estamos ahora, en el surgimiento de una nueva utopía urbana que será capaz de modelar la estructura física de la ciudad, tejer las nuevas relaciones personales y comunitarias, reorganizar nuestras instituciones y mecanismos de toma de decisiones, de reestructurar uestro abanico de opciones vitales. Todo eso, tal como lo hemos conocido en las últimas décadas, ha sido producto en gran parte del mundo de la fenomenal capacidad de transformación que ha tenido la utopía de la ciudad moderna y su asociación con la cultura y la industria del automóvil. Así que surge como contestación una respuesta entre incómoda y sorprendida en forma de descontento sobre hacia dónde nos lleva la instrumentación digital de la ciudad. Una contestación que ordenaba en tres ideas iniciales:

1. La tecnología no es suficiente, o la necesidad de integrar elementos no tecnológicos mucho más decisivos a la hora de diseñar nuestras ciudades. De manera, por usar el ejemplo de la ilustración que el primer objeto inteligente implantado en las ciudades –el semáforo- ha sido mucho más decisivo por las decisiones de diseño –la opción de dar la prioridad al tráfico rodado y no a los peatones- que por sus partes mecánicas o electrónicas.

2. Por otro lado, y no insistí lo suficiente en esto, está la idea de que no hay necesidad de esperar, o el empeño en presentar la ciudad inteligente y sus productos y servicios asociados como algo por venir conjugado en futuro. Esto tiene que ver, precisamente, con la necesidad de trascender de debates dicotómicos (bottom-up/top-down) o de oposición (smart cities/smart citizens). Es lo que en otras ocasiones he llamado el diálogo de sordos que se ha producido en este tema, y que creo que es más útil presentar como una relación complementaria entre el presente y el futuro. Esto es, el reconocimiento de que la smart city se manifiesta ya hoy en formas a veces no visibilizadas, menos espectacularizadas y mucho más distribuidas que los relatos de smart city construidos en futuro (como explicaba aquí).
The dominant tense of ubiquitous computing writing is what we might call the ‘‘proximate future.’’ That is, motivations and frames are often written not merely in the future tense, describing events and settings to come, but describe a proximate future, one ‘‘just around the corner.’’ The proximate future is invoke in observations that ‘‘Internet penetration will shortly reach...’’ or ‘‘We are entering a period when...’’ or ‘‘New technological opportunities are emerging that...’’ or ‘‘Mobile phones are becoming the dominant form of...’ Genevieve Bell y Paul Dourish
3. En definitiva, es el tiempo de plantearnos las preguntas, cuantas más mejor, antes de que nos vuelva a pasar: darnos cuenta demasiado tarde de las consecuencias negativas de las grandes promesas urbanas (en el caso de la ciudad moderna del siglo XX, en forma de consumo de territorio, de consumo insostenible de combustibles fósiles, de fragmentación de la vida social, de destrucción de comunidades, de dependencia del vehículo privado, de abandono de la vida social de los espacios públicos, etc.).

Más allá de esto, dos ideas tratan de infiltrarse: el pesimismo sobre las siempre “caóticas, peligrosas, ingobernables” ciudades que tenemos y, al mismo tiempo, un optimismo absoluto sobre la posibilidad de construir un nuevo modelo definitivo, altamente planificado y jerárquico de resolver para siempre este desastre.
In its campaign, IBM constantly emphasizes the problems and shortcomings of the contemporary city. In general terms, the company argues that with ‘rising urban populations, ageing infrastructures, and shrinking tax revenues today’s cities demand more than traditional solutions’. Across domains, cities, in IBM’s urban theory, are facing the same issues: ‘growing demands’, ‘tightening budgets’, ‘financial deficits’, ‘volatile markets’, ‘growing complexities’, ‘pollution’, ‘urban growth’. The city is in other words a ‘sick city’ permeated by a series of pathologies. Söderström, Paasche y Klauser 
Este planteamiento nos ofrece una visión epopéyica de la ciudad, una misión heroica que dejamos en manos de grandes salvadores de la ciudad, pero esconde la cotidianeidad de la vida en la ciudad y del uso tranquilo de tecnologías ya disponibles hoy en día.
It´s worth noting that much of the publicity for smarter cities and a smarter planet centers on what ‘will’ happen, rather than what ‘might’ or, more importantly, what ‘is’ happening; for all the advertising dollars spent on insisting on the inevitability of various futuristic scenarios, in my view the most interesting and creative urban technology developments are taking place in the hands of citizens, citizen-groups, and small agile businesses Usman Haque 
De esta forma, la ya manida frase de Cedric Price sigue teniendo sentido: la tecnología es la respuesta pero, ¿cuál era la pregunta?


La pregunta es qué ciudad queremos hoy o, más específicamente en el marco de las jornadas, qué ciudad para qué ciudadanía y qué mecanismo construir para que sea un espacio de libertad y más democracia (en la sociedad conectada digital). Para abrir este debate sugerí algunos elementos que pienso que están hoy configurándose. Y de nuestra capacidad de entenderlos, modelarlos de manera activa y/o confrontarlos en su caso depende la forma que tome la ciudad en este nuevo escenario y su plasmación práctica en servicios, infraestructuras, instituciones, políticas, etc.

EFICIENCIA OPERATIVA – O la obsesión por la optimización como objetivo último de los servicios urbanos
The city is its people. We don’t make cities in order to make buildings and infrastructure. We make cities in order to come together, to create wealth, culture, more people. As social animals, we create the city to be with other people, to work, live, play. Buildings, vehicles and infrastructure are mere enablers, not drivers. They are a side-effect, a by-product, of people and culture. Of choosing the city. (…)The smart city vision, however, is focused on these second order outcomes, and often with one overriding motivation: efficiency. Dan Hill
SOSTENIBILIDAD - O el reclamo a una sostenibilidad débil basada en la irresponsabilidad de los comportamientos
Smart cities ‘from scratch’ are illustrative of a political and corporate discourse that largely equates sustainability with the possibilities opened by technology to improve efficiency and to reduce resources’ consumption (of energy, fuels, water, etc). However, from a political ecology perspective, new technologies often lead to similar or even increased consumption levels (under new names) rather than fostering broader changes in production and consumption patterns towards reduced ecological impacts. Luis Carvalho
SIMPLIFICACIÓN – O la reducción de la complejidad a modelos de simulación en lugar de afrontar la ciudad como un wicked problem
The subject of urban planning, they argue, is wicked problems, which have no definitive description, involve value judgments, and take place in unique contexts that make it difficult to accurately test solutions. As a consequence, any method of addressing them is inherently political. Many of the problems targeted by smart cities projects, from mudslides to climate change, are wicked problems. Rob Goodspeed 
NEUTRALIDAD – O la ficción de un conocimiento aséptico, sin sesgos, perfecto y objetivo a partir del big data
The data streams generated by the Sentient city may seem like instances of objective data gathering, whereas in reality they are far from it. For starters, the decision regarding which data to collect and which to ignore and how to classify it, is already a highly political choice. Next, the data generatd by the Sentient city is interpreted by software algorithms and actuation devices, and there is nothing objective about that either: is is a highly normative process, where subjective values, legal codes and power relations are turned into software codde on the base of which sentient technology ddecides, acts and discriminates”. Martijn de Waal
DESPOLITIZACIÓN – O la aspiración de conseguir mediante más información un sistema de irresponsabilidad en las decisiones y un horizonte post-político de la gestión urbana
Smart city advocates imagine themselves as creating technologies, techniques and visions that are scientific, objective, commonsensical and apolitical. In general, there is little critical reflection on the wider implications of technologically rooted entrepreneurial urban development, or the consequences of networked urbanism, for city administrations and citizens”.  Rob Kitchin
SUFICIENCIA TECNOLÓGICA – O el determinismo que identifica la tecnología como el elemento crítico en cualquier cuestión relacionada con la ciudad
What we encounter in this statement is an unreconstructed logical positivism, which, among other things, implicitly holds that the world is in principle perfectly knowable, its contents enumerable and their relations capable of being meaningfully encoded in th state of a technical system, without bias or distorition. Adam Greenfield
INTEGRACIÓN – O la aspiración de un sistema de gestión y control perfectamente integrado y una experiencia urbana sin fricciones
In other words, infrastructures are messy. The messiness that we experience in laboratory ubiquitous computing infrastructures is not a property of prototype technologies, of the bleeding edge, or of pragmatic compromise; messiness is a property of infrastructure itself. Infrastructures are inherently messy; uneven in their operation and their availability. The notion of a seamless and uniform infrastructure is, at best, a chimera. Genevieve Bell y Paul Dourish 
No dió tiempo para mucho más salvo para sugerir dos textos para afrontar las nuevas formas de relación instituciones y ciudadanía en la ciudad en el marco de la smart city, ambos desarrollados por Frank Kresin en las actividades de Waag Society: Design rules for smarter cities y Manifesto for smart citizens.

martes, 11 de noviembre de 2014

Urbanizar la tecnología en la sociedad conectada

La Agrupació d´Arquitectes Urbanistes de Catalunya ha organizado para el 25 de noviembre una sesión -aquí más info- sobre las smart cities desde una mirada crítica sobre su impacto social y urbanístico. Xavi Matilla, que moderará el debate, me ha invitado a ofrecer una intervención inicial que aporte elementos al debate posterior y que he titulado Urbanizar la tecnología en la sociedad conectada. Tomo la expresión de Saskia Sassen como idea inicial para desentrañar el significado del régimen discursivo de la smart city sobre la vida urbana (y, por extensión, de esta determinada visión particular de establecer la relación ciudad/tecnología) y, de paso, como oportunidad para presentar algunos avances de la tesis.


Tras la conferencia, tendremos un debate con Adolf Sotoca Garcia (doctor arquitecto, professor DUOT-UPC / CSA arquitectes,), Sophie Demigneaux (arquitecta), Arnau Andrés Gallart (arquitecto, LaCol) y  Martina Fabré (estudiante de arquitectura ETSAV).

Nos vemos en el Colegio de Arquitectos el día 25 a las 19:30.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Civic engagement in urban development, en Smart City Expo

Este año también estaré en Barcelona en el Smart City Expo World Congress de Barcelona (aquí el programa completo en PDF, con un montón de buenos nombres que aparecen a menudo en este blog). Como el año pasado, estaré de moderador en una sesión titulada esta vez Civic engagement in urban development. Será el martes 18 de noviembre a las 12:15 y este es el planteamiento y los ponentes:

In recent years, the participation of citizens in decision-making processes has become an important issue. Through bottom-up, collaborative and participatory urban development initiatives, these processes are starting to change. Nowadays, there are many projects being developed where the will of residents is playing a major role in the construction and management of the city.

Usman Haque (Umbrellium)
Trained as an architect, Usman is founding partner of Umbrellium and Thingful.net, a search engine for the Internet of Things. Earlier, he launched the Internet of Things data infrastructure and community platform Pachube.com, acquired by LogMeIn in 2011.

Cristina Ampatzidou (University of Amsterdam)
Urbanist, Researcher, Founder & Editor In-chief at Amateur Cities. Embedded researcher for the Amsterdam Hackable Metropolis project

Peter Finnegan (Dublin City Council)
A thought leader on the smart city, Peter is Director of International Relations & Economy in Dublin City. In this position he has played a leading role in the development of Dublin as a Smart City and led on the Digital Masterplan for Dublin.

Dan Getelman (Code for America)
Dan is a software entrepreneur from New York City. As a Code for America Fellow, he helped build Transitmix, a modern mapping tool for transit planners. He also built AddressIQ, which helps reduce emergency room usage. Previously, he co-founded Lore, an ed-tech startup acquired by Noodle in 2013.

Flemming Borreskov (IFHP/DAC)
Flemming is the President of The International Federation for Housing and Planning (IFHP), Chairman of Danish Architecture Centre (DAC) and Special Advisor to UN Global Compact Foundation. He is also founder and President of Catalytic Society.


Si vas a estar por allí, procura pasarte porque creo que puede ser una buena oportunidad de escuchar algunas experiencias y personas (aquí me pongo en plan fan boy de Usman Haque) con perspectiva sobre cómo diseñar procesos y proyectos de implicación social para la ciudad, y con una buena mezcla de visiones. 

miércoles, 29 de octubre de 2014

Destrucción creativa - ¿Cómo compartir la ciudad?

Los días 14 y 15 de noviembre se celebrará la tercera edición de las jornadas Destrucción creativa, organizadas por ZZZINC, La Hidra y Etopia. Aunque en años anteriores no he podido asistir, siempre ví esas ediciones como un encuentro intenso de personas, proyectos e iniciativas de mucho interés. Este año voy a tener la oportunidad de estar y creo que es un planazo todo el programa. Una suma de temas actuales, conferencias y talleres-laboratorio que se presentan así:
Por un lado, revisaremos las narrativas utópicas presentes en cada uno de esos escenarios. La ciudad como espacio medular del cambio social y productivo, la democracia como ágora permanente para la toma de decisiones, el mercado como espacio que automáticamente garantiza la interacción entre iguales, la ciencia ciudadana como expresión tangible de la disolución de los muros entre expertos y amateurs. Queremos recuperar estas narrativas utópicas para ver cuánto queda de ellas o cómo se han transformado al entrar en contacto con la realidad empírica. Para ello, el viernes 14 de noviembre tendremos toda una jornada con 4 paneles dedicados a cada uno de esos ámbitos temáticos. 
Por otro lado, dedicaremos una segunda jornada intensiva para plantear escenarios futuros posibles, un ejercicio de diseño especulativo con el que poder imaginar las prácticas actuales en un espacio temporal que todavía está por venir. Con ese objetivo, el sábado 15 de noviembre se realizarán 4 talleres donde lanzar análisis prospectivos que puedan ser útiles para las experiencias invitadas y las prácticas locales. Ideas, ejemplos y reflexiones que creemos han de situarse en el centro del actual cambio de época.

Me han invitado a compartir unas reflexiones iniciales para el debate de la sesión ¿Cómo compartir la ciudad?, en el que intervendrán Iñaki Romero (Paisaje Transversal), Daniel Sarasa (Milla digital) y Julia López Ventura (Habitat Urbà Ayuntamiento de Barcelona) con el siguiente planteamiento:
En los últimos años, el discurso de la innovación alrededor de las ciudades ha girado alrededor de dos ejes: una visión vertical en la que se usan nuevas tecnologías y procesos en pos de la eficiencia (las políticas de la “smart city”), y una emergente en que ciudadanos autoorganizados intervienen en dar forma al tejido de la ciudad, y asumen responsabilidades en su gestión (bautizados en contraposición como “Smart Citizens”).
En esta sesión queremos avanzar más allá de este dualismo y profundizar en qué mecanismos de interlocución pueden establecerse entre ciudadanos y gestores tanto a nivel político e institucional como tecnológico, con el objetivo de “compartir” de manera mucho más directa los proceso de toma de decisión que acaban dando forma a la ciudad que habitamos. 
Entre otras cuestiones, es necesario no solo poner en diálogo estas formas de entender la gestión urbana, sino conocer si existen vías efectivas para consolidar los modelos que se prefiguran en los procesos de autogestión ciudadana. Es preciso preguntarse si la autoorganización cabalga sobre el deseo de una ciudad más participada o bajo la demanda de nuevos marcos legislativos que reconozcan y garanticen otras formas de propiedad urbana a las practicadas en el ciclo immobilario.
Mi intervención estará centrada en la narrativa de las smart cities, en parte como provocación y en parte para establecer algunas ideas que después puedan surgir en el debate sobre la relación entre infraestructuras abiertas, trabajo en red, políticas públicas y tecnología. Pero aún tengo unas semanas para madurarlo porque creo que el reto está en plantear un escenario de diálogo en el que poder encontrar conexiones entre prácticas y discursos que están muy poco conectados. Es lo que a veces he llamado el diálogo de sordos. No hay necesidad de empeñarse forzosamente en encontrar esa relación, digamos, proyectos ciudadanos y proyectos institucionales. Todo tiene su espacio. Pero sí me he empeñado a veces en la necesidad de romper la tendencia a caminar por separado cuando hay caminos que pueden recorrerse juntos.

Por eso esta sesión me parece un reto muy oportuno. Sin necesidad de rebajar el discurso de fondo ni la fuerza conceptual de nuevos planteamientos para "hacer ciudad" -sea en el campo de la organización de proyectos, de la vivienda, de la tecnología, de la cultura,...- ni tampoco de aspirar a la institucionalización como vía única para poder tener una interlocución con la Administración. Quizá sea necesario, por poner el caso específico de las smart cities, superar la contraposición top-down vs. bottom-up por reduccionista y poco práctica (perfecta aquí la definición de partida de la sesión). Tal vez no. Quizá hay que avanzar hacia nuevos instrumentos y nuevas culturas de relación de la burocracia con iniciativas ciudadanas que siempre ha entendido como excepciones y que cada vez son más la forma de encarar las nuevas prácticas sociales. Así que, seguramente, esta vez, como intervención inicial, plantearé dudas y ocurrencias más que certezas, y no tanto una intervención más acabada. No es sencillo porque será complejo aprender de nuevo a negociar estas relaciones, inventar nuevas rutinas y procedimientos en las instituciones públicas que quieran transitar este proceso, reconocer los invisibles de la ciudad, etc.

Más allá de esta sesión específica, lo bueno es que todo el programa tiene una pinta magnífica. Repensar el mercado con tantos temas que están hoy en debate (con tanto que pensar sobre eso de la economía colaborativa y sus diferentes y resbaladizos perfiles, por ejemplo), comprender los cambios y contradicciones en el campo del conocimiento científico o debatir sobre los retos más prácticos de la democracia que se nos viene encima. Y para terminar, un día entero de talleres para dar forma a los debates del viernes. Casi anda. 

martes, 28 de octubre de 2014

Hacer ciudad: nuevas formas de participación ciudadana (Castro Urdiales, 31 de octubre)

Este viernes 31 estaré en Castro Urdiales dando una conferencia en el marco del ciclo de encuentros ciudadanos que organiza Castro Verde. Para mí es especial por mis vínculos allí, y también por la posibilidad de compartir algunas ideas sobre nuevas formas de acción política y de participación física en la construcción de la ciudad, en el diseño de proyectos.

He titulado la exposición Hacer ciudad: nuevas formas de participación ciudadana y la idea es hacer un recorrido inicial de contexto sobre la realidad del activismo y la creación de alternativas en la manera de hacer ciudad, siempre con el riesgo de wishful thinking pero, en cualquier caso, con una creciente ruptura entre las maneras formalistas y rígidas del urbanismo y las aspiraciones y capacidades de una ciudadanía con mayor capacidad de organización, de construcción formas diferentes de diseñar, crear y gestionar espacios y procesos más cercanos a sus necesidades. Así que ahí irá algo de lo que suelo presentar como urbanismo adaptativo en sus diferentes formas, pero también algo sobre dinámicas de participación ciudadana. Habrá tiempo también para hablar de la sobre y la mala regulación vía ordenanzas "cívicas", para ilustrar algunos proyectos de transformación directa del espacio urbano y la creación de modelos auto-gestionados, etc.


lunes, 27 de octubre de 2014

Curso. La utilización temporal de los vacíos urbanos (Barcelona, 24-26 noviembre)

Del 24 al 26 de noviembre CUIMPB organiza en Barcelona el curso La utilización temporal de los vacíos urbanos, del que soy codirector junto a Judith Gifreu y con la coordinación de la Oficina Técnica de Estrategias para el Desarrollo Económico de la Diputació de Barcelona (es decir, el trabajo de verdad, gracias, Xavi). El contexto del curso está planteado en esta introducción:
La crisis económica y financiera se manifiesta en nuestras ciudades y pueblos mediante numerosos espacios abandonados que todavía no tienen un uso definido o que a pesar de tenerlo no se están ejecutando por falta de medios o de expectativas para su activación.
En este sentido crece el interés para proporcionar algún tipo de uso temporal a estos espacios, también los considerados infrautilizados, que sea susceptible de acoger actividades diversas. Se observa una notable proliferación de iniciativas y de proyectos tanto desde instancias públicas como privadas o de la sociedad civil. Unas iniciativas y proyectos que, en ocasiones, se basan más en el voluntarismo y el deseo de dar respuestas más o menos inmediatas a los problemas derivados de la crisis que a la articulación de una política local claramente definida.
La Diputación de Barcelona, como receptora de estas inquietudes e iniciativas procedentes del mundo local, culmina con este seminario un proceso de trabajo de casi un año, con la voluntad de integrar reflexión académica, prácticas ciudadanas y políticas públicas en un enfoque que combine la escala local y la mirada a las experiencias internacionales y que proporcione orientaciones y herramientas de trabajo de utilidad para los municipios a la hora de afrontar los retos económicos, jurídicos y sociales que plantean este tipo de actuaciones.

Cosas que te sonarán si has seguido el blog en los últimos años. Puedes revisar el programa, pero ya adelanto algunos de los nombres y sesiones que más ilusión me hacen y creo que pueden ser una buena aportación:

Estrategias transitorias en el uso de los espacios públicos. Procesos, condicionantes y organización
Alison Killing

El rol de las administraciones públicas en la activación de los espacios vacíos. Capital social y nueva gobernanza
Quim Brugué

Panel de experiencias y debate. Espacio público y gobernanza
- Recopilación de experiencias internacionales. Manu Fernández
- Todo por la praxis, Madrid. Diego Peris
- ZAWP, Bilbao. Ruth Mayoral
- Usos temporales para espacios vacíos, Diputació de Barcelona. Oriol Estela
- Observatorio de la Urbanización, Vilassar. Francesc Muñoz
- Estrategia Convoy, Xàbia. Ramon Marrades
- CoBoi, Sant Boi de Llobregat. Francesc Gutiérrez

Espacios vacíos y activación económica, las claves de una oportunidad
Ramon Marrades

Prácticas artísticas y proyectos culturales como forma de apropiación y activación de los espacios vacíos
Michiel Van Iersel

Mesa redonda y debate. El "mientras" como herramienta de transformación urbana: oportunidades y límites
Carles Baiges, Rubén Martínez, Xavier Matilla, Diego Peris

La ciudad temporal: retos y condicionantes
Peter Bishop

Es evidente que este tipo de proyectos han ganado mucha atención y el planteamiento del curso quiere ser una discusión realista a partir de preguntas que son fundamentales: ¿los ven los ayuntamientos como una moda o una vía fácil?, ¿son sólo una vía de escape profesional?, ¿es el 2mientras tanto" una distracción ante los retos de fondo y estructurales de las políticas urbanas?, ¿hastta dónde legan las barreras jurídicas y dónde empiezan las culturales o burocráticas?, ¿cómo abordar la institucionalización sin institucionalizarse?, ¿cómo dotarlos de capacidad transformadora?, ¿cuál es el papel real de las comunidades locales organizadas en torno a ellos?, ¿dónde acaba la diversión y empieza la precarización?, etc. Son esas las cuestiones que al menos a ní mee gustaría que se debatieran más allá del reconocimiento de estos proyectos. 

martes, 21 de octubre de 2014

El mito de la eficiencia operativa en la smart city (PhD brief notes #6)

Uno de los argumentos más repetidos en la retórica de las smart cities es de la capacidad de aportar una base tecnológica sobre la que sustentar la operativa de los gobiernos locales en la gestión pública de los diferentes servicios públicos que tienen presencia en la ciudad. Es aquí donde cobran sentido los renders a vista de pájaro que dominan el paisaje de presentaciones en congresos, catálogos comerciales y propuestas estratégicas: la promesa de una interconexión perfecta de todos los servicios, normalmente con la aspiración de contar con un elemento aglutinador que suele tomar el nombre de sistema operativo urbano y la forma de un centro de mandos. En este sentido, el Intelligent Operations Center de Río de Janeiro y desarrollado por IBM se ha convertido en el ejemplo de referencia sobre la aspiración de contar con un sistema centralizado, jerarquizado y automatizado de mando y control de una ciudad inteligente como epítome final de la optimización máxima de los flujos de información y la toma de decisiones en una ciudad como traslación directa de los modos de pensar y gestionar de la cultura empresarial, tal como señala Greenfield (2013):
“The emphasis placed on “optimization” in these accounts is a frank instance of semantic contamination, in which an idea endemic to the culture of business administration has effectively been copy-and-pasted into a realm where it has no place and makes no sense. (...). but the blithe language of efficiency masks some sloppy thinking. What may be perfectly appropriate in a hierarchical, highly structures organization with known, quantifiable goals is fundamentally unsuitable to the protean entities we know as cities”.
Se trata de un proyecto tentador. A modo de panóptico del siglo XXI, la ciudad se convierte es un gran escenario donde, a través de la gestión del big data generado en el océano de datos que se producen en una ciudad, el gestor público cuenta con información suficiente y relevante para controlar el estado de las diferentes áreas de la ciudad, acompasar el despliegue de los servicios a las necesidades en tiempo real, verificar umbrales, alertas y avisos, etc. Con ello, la gestión de la ciudad tenderá al óptimo de gasto e inversión, ahorrando costes y haciendo más eficiente la gestión urbana.
Esta lógica descansa en una irresuelta indefinición del régimen discursivo de la smart city. Mientras que, por un lado, pretende ofrecer una visión integral de la ciudad como sistema complejo que sostiene una comunidad de habitantes (en el mejor de los casos), por otro lado en su vertiente más propositiva (esto es, en el detalle de los productos y servicios asociados al mercado de la smart city) el discurso torna a dirigirse exclusivamente a los potenciales clientes compradores de esos productos y servicios o, en su defecto, a los gestores y operadores de los sistemas inteligentes. Esta dicotomía produce que, de hecho, la confusión entre el concepto “”ciudad” y el concepto “ayuntamiento” sea permanente y, en último término, esconda una lógica basada en dirigir los objetivos de la smart city –en este caso, la optimización- a los gestores públicos de la ciudad, resultando así escasamente significativa para la ciudadanía:
“While this approach perpetuates 20th Century strategies that gave birth to cities such as Chandigarh and Brasilia, the critiques of tabula-rasa urbanism do not need repeating here. We’ve long known urban life is not circumscribed by instrumental concerns for optimisation and efficiency. More problematic is how this approach promotes a technocratic view of the city and urban development, the corporatisation of civic governance, and the dependence on proprietary software, systems and services that leads to a form of municipal technological lock-in”. (Shepard y Simeti 2013)


El objetivo por tanto es convertir, a hombros de la ciencia de la gestión empresarial, la maquinaria pública en un sistema de máxima optimización operativa, de manera que todos los esfuerzos de la política municipal quedan circunscritos a la eficiencia en el gasto, la inversión y el consumo de recursos. Como refleja Greenfield (2013), “The smart city iss clearly underrstood to reside in an ensemble of technologies at a scale that can only be acquired and deployed by state actors, and that requieeres expenditure at a level generally financed by bond issue”. Esto hace que la apelación más directa en la narrativa de la smart city se dirija a alcaldes, líderes municipales, gestores de empresas públicas y altos funcionarios que, no sorprendentemente, es el círculo de interesados por la smart city que ha sido más activo y se ha sentido más interpelado. De manera más que anecdótica, la ciudadanía, la comunidad o los actores sociales aparecen, en el mejor de los casos, en el último lugar de la lista de “stakeholders” o agentes interesados a los que se dirigen los documentos comerciales de las empresas del sector de la smart city, reflejando el desinterés por este tipo de agentes, la incomodidad por tener que incluirlos aunque no sean potenciales compradores (en el mejor de los casos, su papel será reducido al de usuarios pasivos o beneficiarios indeterminados) o directamente por la incapacidad o desconocimiento para ofrecerles un relato cercano. Siguiendo de nuevo a Greenfield (2013):
“(…) we´d conclude that urban technology is exclusively a matter of enterprise-scale systems, sold by vendors of similar gauge, to institutions they are familiar with, through existing procurement channels”.
¿Cuáles son las debilidades de esta lógica? Por un lado, si la plasmación real de una smart city es contar con centro de operaciones, estamos ante una propuesta altamente burocrática y jerarquizada, formalizada finalmente en un cuarto de máquinas desde el que dirigir la actividad institucional y reduciendo el sentido amplio de la inteligencia urbana a una serie de indicadores y pantallas de información cuyo destinatario último es el poder político. Por otro lado, a pesar de apelar a la eficiencia en la prestación de servicios, resulta un proyecto altamente costoso, inasumible para la mayor parte de los municipios que puedan interesarse por lo que les pueda ofrecer la smart city. Y, en último lugar, ofrece una imagen reduccionista de la labor de gestión urbana otorgando a los indicadores –ahora filtrados a través de modelos de gestión del big data y desplegados en tiempo real- una relevancia que arrincona otros factores intangibles y cualitativos que tienen que ver con las decisiones públicas. O en palabras de Dan Hill en Essay: On the smart city; Or, a 'manifesto' for smart citizens instead:
"The city is its people. We don’t make cities in order to make buildings and infrastructure. We make cities in order to come together, to create wealth, culture, more people. As social animals, we create the city to be with other people, to work, live, play. Buildings, vehicles and infrastructure are mere enablers, not drivers. They are a side-effect, a by-product, of people and culture. Of choosing the city. (…)The smart city vision, however, is focused on these second order outcomes, and often with one overriding motivation: efficiency".
Abundando en el papel sustancial de la ineficiencia como realidad cotidiana de la vida en la ciudad, Greenfield (2013) apunta que “(…) the relentless focus on abstract efficiency is ttroubling in a different way as well. Positioning efficiency as the only index of value availaable to us overlooks tthe many simple pleasures affordded by city life that would be uttterly unimproved by any opttimization, and might well be ddestroyed in the atttempt”.

Frente a esta posición, una nueva ciencia de las ciudades, como suma de las predicciones cuantitativas del big data, las auto-denominadas tecnologías inteligentes o el Internet de las Cosas, asegura que todo va a ser predecible y todos los rincones de la ciudad serán examinados en el marco de una compleja red de sensores y dispositivos de cualquier tipo. Supuestamente, unas leyes ocultas de la ciudad organizan la vida colectiva y hoy somos capaces de descifrarlas a través de nuevas técnicas cuantitativas que nos ofrecen un conocimiento neutro y verificable, indiscutible, ideológicamente inofensivo y abstracto. Ante este escenario, el único reto es conseguir desde el gobierno de la ciudad una eficiencia perfecta en la forma en que gestiona sus recursos atendiendo a cálculos fríos, algoritmos predefinidos, quedando delimitada la labor de los gobiernos locales a una labor mecánica, burocrática y gerencial.

El paradigma Datos>Información>Conocimiento>Sabiduría (Haque 2012:141) se transforma en verdad irrefutable y la mistificación de la generación y acumulación de datos se convierte en objetivo primordial bajo la promesa de que, posteriormente, esos datos serán tratados a través de técnicas de big data para ofrecer un conocimiento perfecto a los gestores urbanos. Este paradigma o relación lógica entre datos digitales y sabiduría para la toma de decisiones públicas adolece de diferentes problemas conceptuales que ninguno de los proponentes de las smart cities parece querer evidenciar. La puridad de los datos se transmite en esa lógica como característica subyacente en un contexto, el de la gestión urbana, en el que esta puridad es una entelequia bajo los supuestos de racionalidad, lógica e imparcialidad (Haque 2012:141).

Monitorizar, optimizar, planear o maximizar suelen ser verbos presentes en gran parte de las definiciones y relatos sobre la smart city. ¿A eso se reduce el papel de un gobierno local? En realidad, el uso de este tipo de verbos denota una confusión altamente extendida como es el uso del término “city” para referirse exclusivamente al gobierno municipal, una reducción que obviamente implica unas determinadas preocupaciones –como veíamos anteriormente, la priorización de la eficiencia de los servicios públicos- y una determinada concepción de los proyectos de ciudad inteligente, centrados en la esfera institucional. De esta manera, la complejidad de lo que acontece en la ciudad queda fuera de la preocupación de las estrategias que parten de una visión institucional y a vista de pájaro. Cuando la ciudad se ve desde arriba, a vista de pájaro, tal como suele presentarse en las miméticas presentaciones que se suelen hacer sobre el tema – fabulosos renders asépticos de ciudades ideales-, vemos sólo una escala en la que lo más fácil de percibir son las infraestructuras. Y cuando ves infraestructuras, aspirar a automatizar su control y gestión es la primera tentación razonable, pero la ciudad es mucho más que eso. Así, la escala, el punto de vista, determina qué ves y cómo lo ves. Es al bajar la escala hasta el nivel de la calle cuando podemos descubrir otras cosas que la visión anterior nos escondía.

Este es, en parte, el origen de la gran confusión que existe cuando se emplea el paradigma de las smart cities: dos posiciones divergentes sobre el punto de vista que no es puramente estética o semántica, sino que implica diferentes concepciones del hecho urbano, las necesidades a las que responder y las herramientas a desarrollar. Ambas son necesarias, pero creo que es conveniente descifrar bien desde qué punto de vista se está hablando para no perderse en el totum revolutum. Y comprender bien lo que significa la ciudad. Al tomar la dimensión “ciudad” -como referencia macro a vista de pájaro- como marco se corre el riesgo de perder la idea de ciudadanía, de política, de conflicto, de espacio público, etc, elementos permanentes de la vida colectiva que seguirán estando presentes más allá de los avances tecnológicos. Esto queda oculto tras las imágenes futuristas, los rascacielos, el asfalto, la forma urbana, la red viaria o la red de distribución eléctrica, los ámbitos que es más fácil encontrar desde una perspectiva macro y top-down del análisis sobre el papel de las tecnologías urbanas.

De esta manera, todas las tecnologías que desde la década de los 80 del siglo pasado han sido desarrolladas alrededor del concepto de “urban computing (Greenfield y Shepard 2007) parecen querer ser dispuestas por los proponentes de las smart cities al servicio de la eficiencia como objetivo último de las políticas públicas urbanas. El deseo de control de toda la información generada en una ciudad desde diferentes dispositivos, sistemas e infraestructuras persigue el propósito de producir eficiencia (Hill 2012:129) en objetivos de segundo nivel (energía, edificación, movilidad,…). Sin embargo,
There is much more to urban life than efficiency. In fact, many of its primary drivers –culture, commerce, community, conviviality- are intrinsically inefficient, or at least tangential to the idea of efficiency” (Hill 2012:129).
En la construcción de la idea de eficiencia juega también un papel fundamental la idea consecuente de control como aspiración. El control, definido en términos abstractos pro insertado como eje fundamental del imaginario de la smart city, actúa como un catalizador de la optimización del funcionamiento de la ciudad, ya que dicha optimización requeriría de fuertes capacidades de control –a través del procesamiento neutral de información pero, como apuntaremos más adelante, con un importante trasfondo ideológico- para habilitar en la toma de decisiones un mecanismo de superación de incongruencias, comportamientos sorpresivos, inadecuados o no permitidos, etc. De esta forma, tal como apunta Greenfield (2013), en relación a este tipo de hechos imprevistos que la eficiencia necesita reducir al máximo,
“Most importantly of all, they are an articulation of a given community´s demand for control oveer the terms of its own existence. Any atttempt to suppress this class of behavior in the name off optimal functioning, then, is not merely a clear arogation of a citizenry´s right to self-expression, but also deprives the city itself of one of the most important feedback machanisms”.
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GREENFIELD, Adam (2013) Against the smart city, Do Projects, Nueva York
SHEPARD, Mark y Antonina SIMETI (2013) “What´s so smart about the smart citizen”, en HEMMENT, Drew y Anthony TOWNSEND (2013), Smart citizens, Future Everything, Manchester
HAQUE, Usman (2012) “What is a city that it would be smart?”, en City in a box Volume 34
GREENFIELD, Adam y Mark SHEPARD (2007) Urban computing and its discontents, situated Technologies Pamphets 1, The Architectural League of New York, New York
HILL, Dan (2012)”The city that smart citizens built”, en City in a box Volume 34

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Tras la primera presentación que hice de la estructura de la tesis (The myths behind the smart city technological imaginary (PhD brief notes #1)), a partir de ahora iré publicando algunos retazos del texto, que va avanzando. En algunos casos serán notas bastante desestructuradas o incluso una sucesión de citas, pero igual sirven como guía para entender cómo va evolucionado los temas que voy trabajando, qué referencias nuevas van apareciendo, etc. 

miércoles, 8 de octubre de 2014

Smart cities. El mito de la deseabilidad intrínseca (PhD brief notes #5)

El imaginario construido en torno a la smart city y a la ciudad digital contemporánea es, en buena medida, la plasmación en el espacio de un relato previo y más amplio en torno a la incorporación a la sociedad de las tecnologías digitales. En este sentido, se alimenta de ideas sobre la irreversibilidad del desarrollo tecnológico (lo quieras o no, tendrán que incorporarte; quien se incorpore el primero podrá ser el líder de esta revolución; etc.) y su deseabilidad. La ciudad inteligente se convierte, de esta manera, en el último estadio de una infiltración total de la infraestrcutura digital en todos sus aspectos técnicos e ideológicos sobre la capa física de la vida en la era digital, sus instituciones y su sistema de gobierno. Siguiendo a Vanolo (2014:892), esta deseabilidad se manifiesta en dos sentidos:
“On the one hand, the idea that ‘technologies will save us’ guards technological- related activities against criticism; on the other, it boosts the idea that technological networks and governmental practices will automatically guarantee better cities, regardless, for example, of the development trajectories of local societies, the nature of technological developments, the difficulty of reducing the chaos and complexity of ecosystems to a handful of statistics and indicators which have to be fully monitored and controlled, and the need for debates, rules and forms of control in order to achieve virtuous coupling between technology and society”.
No existe alternativa. ¿Cómo no convertirse en una smart city en estos tiempos? Quienes difunden sus bondades tan sólo tienen que remitir a un “¿no querrás ser el último?”. Haque (2012:141) identifica este elemento como una motivación o recurso discursivo central del llamamiento a la conversión en ciudades inteligentes:
“(…) an idea that has gained a lot of currrency as the internet has become inccreasingly important in our lives, individually and collectively: that anything networked must necessarily be good and desirable”. 

De la misma forma, el storytelling de las compañías (que, como hemos visto, ha sido el principal vehículo movilizador del imaginario en torno a la smart city) se presenta como paso obligado:
“(...) to a large extent propelled by attempts to create an ‘obligatory passage point’ in the transformation of cities into ‘smart’ ones. In other words, it is conceived to channel urban development strategies through the technological solutions of IT companies” (Söderström, Paasche Klauser (2014)
 Ycomo señala Hollands (2014),
“Despite its inherent positivity, in a recent commentary, the renowned urban sociologist Richard Sennett has questioned the logic of the smart city and the largely accepted notion that we should increasingly rely on digital technology to plan our urban environment.”
Esta deseabilidad intrínseca está íntimamente relacionada con las bondades perfectas que se asocian a laa smart city. Como destaca Townsend (2013:276),
“We´d like to think of smart technology as a benevolent omniscience, always acting in our interests. That´s certainly the pitch by technology giants, governments, and start-ups alike. But the proliferation of surveillance mechanisms isn´t an accident. Government, who ought to be the ones drawing a line to protect us, can´t keep themselves away form the stuff”. 
De la misma manera, Galloway (2008:160) destaca cómo funciona este mecanismo psicológico y sociológico de aceptación de las novedades tecnológicas:
“I was thinking about the connections between technosocial expectations and the kind of ‘soft’ technological determinism embodied in people’s assumptions that technological ‘progress’ in these areas is inevitable”.
Esta deseabilidad es fruto, como hemos revisado ya siguiendo especialmente a Greenfield (2013), del modo en que el imaginario de la smart city se reproduce, un mecanismo que produce principalente una sensación de presunto consenso y pretendida certeza en las asunciones y datos que las empresas de la smart city colocan como mensajes en sus productos promocionales (objeto principal de producción dde dicho régimen discursivo). A través de la transmisión y repetición acrítica de los mensajes de descripción genérica de la smart city, pero también de las diferentes versiones de cada casa comercial, el imaginario se ha dotado de un mensaje, unos lemas y, en definitiva, tal como estamos abordando en este texto, una base conceptual apenas puesta en cuestión por sus receptores, y asumida como consenso válido y deseable.

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GALLOWAY, Anne (2008), A Brief History of the Future of Urban Computing and Locative Media, disertación de tesis doctoral, Carleton University Ottawa
GREENFIELD, Adam (2013) Against the smart city, Do Projects, Nueva York
HAQUE, Usman (2012) “What is a city that it would be smart?”, en City in a box Volume 34
SÖDERSTRÖM, Ola, Till PAASCHE & Francisco KLAUSER (2014) “Smart cities as corporate storytelling”, en City: analysis of urban trends, culture, theory, policy, action, 18:3, 307-320
TOWNSEND, Anthony (2013) Smart Cities: Big Data, Civic Hackers, and the Quest for a New Utopia. New York: W. W. Norton & Company.
VANOLO, Alberto (2014) “Smartmentality: The Smart City as Disciplinary Strategy”, en Urban Studies 51(5) 2013:1-16)

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Tras la primera presentación que hice de la estructura de la tesis (The myths behind the smart city technological imaginary (PhD brief notes #1)), a partir de ahora iré publicando algunos retazos del texto, que va avanzando. En algunos casos serán notas bastante desestructuradas o incluso una sucesión de citas, pero igual sirven como guía para entender cómo va evolucionado los temas que voy trabajando, qué referencias nuevas van apareciendo, etc. 

lunes, 29 de septiembre de 2014

Smart cities. El mito de la integración y la retórica de la experiencia seamless (PhD brief notes #4)

Uno de los argumentos más utilizados para explicar el potencial de las tecnologías smart es el de su capacidad de integrar todos los sistemas de información y gestión que rodean la compleja gestión de los servicios urbanos. En esencia, esta aspiración busca un modelo de gestión centralizada en el que todos los mecanismos de toma de decisiones sobre cualquier elemento de la ciudad y sus infraestructuras descansan sobre un modelo ideal de integración de los sistemas de movilidad, de abastecimiento de agua, de información ciudadana, de gestión de residuos sólidos urbanos, etc. De esta manera, gracias a la integración, se consiguen dos objetivos básicos:
  • Por un lado, una mejora en la toma de decisiones públicas gracias a la disponibilidad de información contextualizada sobre diferentes parámetros en relación a otros conexos (por ejemplo, el sistema de gestión de emergencias perfectamente sincronizado con los modelos de gestión de flujos de tráfico, la información de disponibilidad en tiempo real de la flota de vehículos públicos de atención ciudadana, etc.). Es lo que llamaremos la integración de infraestructuras públicas.
  • Por otro lado, de cara a la ciudadanía, una experiencia sin interrupciones ni fricciones (seamless), que permite al ciudadano transitar en su vida diaria a través de los diferentes dispositivos, plataformas e interfaces de relación con la esfera pública inteligente sin incurrir en costes de transición de un sistema a otro (por ejemplo, mediante el uso de sistemas de identificación personal interconectados entre diferentes servicios a través de tarjetas ciudadanas que permiten el acceso a los medios de transporte público, a las actividades culturales, a la identificación para el pago de impuestos, etc). Es lo que llamaremos la integración de la experiencia pública conectada o, en palabras de Greenfield y Shepard (2007), “digitally-enhanced lifestyle consumerism, a narrative of effortless ease and convenience and security
Via Official seasons
Respecto a la integración de infraestructuras públicas, el objetivo lo describe sintéticamente McCullough (2014:198), al afirmar la preeminencia de la idea de la ciudad como sistema de sistemas:
“Seen from the top, where IBM provides consultation to policy makers and infrastructure builders, the challenge is to integrate. The city is a “system of systems”, which integrates core services in transportation, health care, public safety, nd public education”
A la hora de entender su significado, empezaremos por seguir algunas de las conclusiones de Bell y Dourish (2006), que analizan dos de los casos pioneros de implantación masiva de infraestructuras inteligentes en Singapur y Seúl desde una teoría crítica de las infraestructuras tecnológicas, caracterizadas, según los autores por su carácter imperfecto (frente a la supuesta perfectibilidad de su despliegue y funcionamiento):
In other words, infrastructures are messy. The messiness that we experience in laboratory ubiquitous computing infrastructures is not a property of prototype technologies, of the bleeding edge, or of pragmatic compromise; messiness is a property of infrastructure itself. Infrastructures are inherently messy; uneven in their operation and their availability. The notion of a seamless and uniform infrastructure is, at best, a chimera, and at worst, to draw on aboriginal Australian myth, a mulywonk—a fearsome creature that might be invoked to steer people away from certain paths, places, or actions. “
Respecto a la integración de la experiencia pública conectada, es decir, de una experiencia mediatizada por la tecnología en la que no hay lugar a las dudas, los inconvenientes, los esfuerzos extra, los retrasos o la preocupación en el uso de los mecanismos inteligentes, de nuevo nos encontramos ante una pretensión que necesita pasar el filtro de la realidad y el filtro de la evaluación ética. Desde el punto de vista ético, de nuevo el análisis de Adam Greenfield en Everyware (2006) nos permite situar unos primeros cuestionamientos éticos a la hora d enfrentar el diseño de sistemas inteligentes de servicio a la ciudadanía (Greenfield 2006: 235-247):
  • En caso de fallo, estos sistemas deben asegurar la seguridad física, psíquica y financiera de los usuarios, de manera que un potencial error, fallo limitado o bloqueo absoluto del sistema inteligente no produzca en ningún caso riesgo o daño alguno al usuario.
  • Los sistemas inteligentes han de ser diseñados de manera que sea transparente e inmediato el reconocimiento de su presencia y sus aplicaciones por parte del usuario, de manera que se evite que el usuario opere con el sistema de manera inconsciente o inadvertida.
  • El comportamiento normal del sistema ha de evitar generar sistemas de abuso, humillación o rechazo social para sus usuarios.
  • El sistema inteligente no debe introducir complicaciones indebidas en sus operaciones ordinarias para el usuario. 
  • El sistema inteligente ha de ser diseñado para contener una forma fácil para salir de su ámbito de actuación en cualquier momento y situación.
En este mismo orden de cosas, y también desde el punto e vista especifico de la computación ubicua –uno de los drivers de muchas de las soluciones del catálogo propuesto de las smart cities- podemos destacar las notas realistas de Galloway (2008:268) sobre esa aspiración a un mundo de integración absoluta, sin obstáculos, natural e imperceptible:
“I believe that the kind of world envisioned by ubiquitous computing will never have the perfectly seamless or stable infrastructure necessary to make it work at its most global and totalising scale. Computer technologies, including the internet, have always rolled out unevenly and without clear plans—and much of our technological infrastructure is already a mash of disparate parts made to do the best they can until they break, or something better comes along.” 
Este escenario es presentado en el nuevo imaginario tecnológico de la ciudad inteligente como un constante flujo de relaciones que ahora podemos prever y determinar, cuando, en realidad, “(…) the kinds of social relations and interactions that are advocated in urban computing and locative media visions are equally uncertain, inconsistent and unstable” Galloway (2008:269) y representan la definición misma de la vida en la ciudad, representada precisamente por situaciones de discontinuidad de un sistema a otro:
“Much of what is interesting and valuable in urban life happenns precisely at the means, at the hinges or interfaces between different states of being.” (Greenfield 2013)
La retórica semalessness - tal como se presenta se presenta esta promesa desde las principales empresas del movimiento smart city: “In this context, “semaless” means that the user perceives no interruption in the flow of a technically-mediated experience, even though that experience may be produced by the interaction of heterogenerous systems” (Greenfield 2013)- es una constante casi desde el inicio de los estudios de las tecnologías de información ubicua, en paralelo a su reputación tanto desde dentro como desde fuera del campo propio de la computación ubicua. Sin embargo, la promesa de un escenario de perfecta integración de los servicios a través de los cuales es mediatizada la vida en la ciudad sigue siendo una promesa central y crítica del relato de la smart city, basada en la descontextualización social sobre el uso práctico de las infraestructuras desplegadas en la ciudad, tal como apuntan Bell y Dourish (2006):
“They are sites of negotiation and contest, compromise and coordination, approximation and partial agreement. They are unevenly distributed and unevenly available. They are continually in flux, and brought into local stability only through active engagement and coordination. Infrastructure itself is a relational property; it describes a relationship between technology, people, and practice. In this environment, then, thinking of infrastructure as stable, as uniform, as seamless, and as universally available is clearly problematic. It is not merely a dream of a world not yet realized; it is a dream of a world that could never be realized.”
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BELL, Genevieve y Paul DOURISH (2006) “Yesterday´s tomorrows: notes on ubiquitous computing´s dominant vision”, en Personal Ubiquitous Computing 2006
GALLOWAY, Anne (2008), A Brief History of the Future of Urban Computing and Locative Media, disertación de tesis doctoral, Carleton University Ottawa
GREENFIELD, Adam (2006) Everyware: The Dawning Age of Ubiquitous Computing, New Riders Publishing, Berkeley
GREENFIELD, Adam y Mark SHEPARD (2007) Urban computing and its discontents, situated Technologies Pamphets 1, The Architectural League of New York, New York
GREENFIELD, Adam (2013) Against the smart city, Do Projects, Nueva York
McCULLOUGH, Malcolm (2014) Ambient commons. Attention in the age of embodied information, MIT Press, Cambridge
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Tras la primera presentación que hice de la estructura de la tesis (The myths behind the smart city technological imaginary (PhD brief notes #1)), a partir de ahora iré publicando algunos retazos del texto, que va avanzando. En algunos casos serán notas bastante desestructuradas o incluso una sucesión de citas, pero igual sirven como guía para entender cómo va evolucionado los temas que voy trabajando, qué referencias nuevas van apareciendo, etc. 

jueves, 18 de septiembre de 2014

Smart cities. Entre el pesimismo sobre la ciudad y el utopismo urbano (PhD brief notes #3)

La construcción del imaginario de la smart city responde a un esquema básico de identificación de problemas y soluciones. Problemas señalados por los agentes creadores del imaginario y soluciones que son precisamente las que esos creadores disponen en su portfolio comercial.
“In its campaign, IBM constantly emphasizes the problems and shortcomings of the contemporary city. In general terms, the company argues that with ‘rising urban populations, ageing infrastructures, and shrinking tax revenues today’s cities demand more than traditional solutions’. Across domains, cities, in IBM’s urban theory, are facing the same issues: ‘growing demands’, ‘tightening budgets’, ‘financial deficits’, ‘volatile markets’, ‘growing complexities’, ‘pollution’, ‘urban growth’. The city is in other words a ‘sick city’ permeated by a series of pathologies. To confront them, municipalities are hampered by ‘inadequate systems to serve basic needs’, ‘obsolete’ or ‘broken technologies’, ‘litigation costs’, ‘benefit frauds’ and ‘wasted time’. In short, the picture is grim and cities appear close to a fatal breakdown”.  (SÖDERSTRÖM, PAASCHE y KLAUSER, 2014)
Desde esta problematización, el recurso a la utopía urbana es inmediato. La smart city es, en este sentido, una nueva utopía como anteriormente lo han sido tantos y tantos modelos urbanos que a lo largo de la Historia han querido ofrecer una solución definitiva y universal a los problemas urbanos. Utopía, en este sentido, es la otra cara del pesimismo en torno a la ciudad. La ciudad jardín como utopía ante la insalubre vida en las naciente sociedad industrial. La ciudad Futurama de la Feria Mundial de Nueva York de 1939, momento de esplendor de la ciudad del automóvil y de General Motors como agente creador de su régimen discursivo . Es sintomático e ilustrativo, tal como rescata Townsend, este párrafo descritivo de la Feria Mundial de Nueva York del ensayista Walter Lippman:
“General Motors has spent a small fortune to convince american public that if it wishes to enjoy the full benefit of prívate enterprise in motor manufacturing, it will have to rebuild its cities and its highways by public enterprise”.
La ciudad radiante como utopía ante la desordenada ciudad del siglo XX. La smart city como utopía ante la compleja y desorganizada ciudad contemporánea, una utopía que cierra los ojos ante el fracaso de utopías previas:
“The disappointing legacy of the Garden cities and the battles over motorization are a sobering lesson for those who think they can master-plan smart cities in the coming century” (TOWNSEND 2013:107). 
De hecho, la propia utopía de la ciudad motorizada imaginaba un futuro objetual –el coche- en lugar de las consecuencias de su generalización. En este sentido, una buena ciencia ficción, como bien expresó Frederik Pohl, no es aquella que imagina el coche, sino que imagina los atascos de tráfico (“A good science fiction story should be able to predict not the automobile but the traffic jam.”). Por ello, esta historia de los últimos 50 años tiene mucho que enseñarnos sobre el exceso de optimismo en torno a una determinada tecnología (McCULLOUGH 2014:29):
“Social historians often warn of the unintended consequences of sudden infatuations with new technologies. Just as Americans rushed to do anything and everything in cars half a century ago, so, today, people worldwide are rushing to do anything and everything on socially linked smart devices, often all at once. It was decades before experts recognized the physical, social, and environmental health consequences of overreliance on the automobile. How long will it take to recognize the consequences of much wider overreliance on smart devices?”
De la misma forma, hoy desde la smart city se imaginan los diferentes productos que reconfigurarán las ciudades, pero apenas se presta atención a sus consecuencias. Si no pudimos prever la contaminación, la obesidad, el consumo de territorio, la dependencia del petróleo, la inseguridad viaria o el cambio climático, ¿qué consecuencias no está atendiendo el marco de la smart city y que aparecerán en las próximas décadas? Como afirma GREENFIELD (2013) refiriéndose a los valores que encerraba la ciudad moderna del CIAM y la manera en que la smart city más canónica se asemeja a ella, sabemos cuál es el balance de ese utopismo de la primera mitad del siglo XX:
“We know –empirically, conclusively, decisively- what citties designed according to these principles look and feel today. We know how they work. And waht we know isn´t very promising for the future of any putatively smart city planned along similar lines”.(GREENFIELD 2013)
Resulta sintomático e ilustrativo hacer el recorrido a través de las descripciones sobre la realidad actual de las ciudades –siempre pensadas en términos genéricos descontextualizados y con un claro sesgo hacia la ciudad en países desarrollados con una dotación previa de infraestructuras que hay que renovar- para entender este pesimismo. Se trata de un pesimismo que, además, selecciona una serie de problemas a resolver: un tráfico caótico, unas infraestructuras de saneamiento de agua ineficientes, una red eléctrica deficitaria,… No es nada pesimista sobre los problemas de acceso a los servicios básicos, sobre la falta de democracia, sobre los conflictos sociales, etc.

En realidad, la smart city tiene poco que ver con las ciudades, razón por la cual podemos afirmar que en su despliegue discursivo no hay apenas referencia alguna al conocimiento generado desde las ciencias sociales en los últimos años sobre la ciudad y sus diferentes dimensiones. De esta forma es como opera el mito de la suficiencia tecnológica, al trasladar la idea de que el consumo de energía es una cuestión puramente tecnológica (smart grids y sus diferentes componentes), la seguridad pública es una cuestión puramente tecnológica (las cámaras de video-vigilancia, los sistemas de reconocimiento facial,…), la ordenación del tráfico es una cuestión puramente tecnológica (el procesamiento de datos en tiempo real, las salas de control, los sistemas de identificación automática de matrículas para las multas, etc.) y así sucesivamente en todos los vectores horizontales y verticales de la representación sistémica de la smart city. De esta manera, los proponentes principales de este imaginario –al fin y al cabo, operadores en el negocio de la smart city- obvian cualquier otro elemento extemporáneo respecto a la tecnología: la normativa, el diseño de los objetos inteligentes, los conceptos más complejos y profundos sobre la ecología urbana, la realidad multidimensional de la seguridad pública, el funcionamiento de las economías urbanas, los condicionantes de la política local, las capacidades internas de la administración pública, etc.
“It´s just barely possible that their effort will produce impressive pictures for a website or a brochure –something staged nd static, in other words- but it badly mistakes the dynamics that undergrid the quality of urban life. That is to say that skylines, bustling street scenes and gemlike little parks are epiphenomenal. Like the other features and amenities being called out here, they arise in response to the needs of a great many of people of different proclivities, interacting with one aanother over reasonably long periods of time. And these, of course, are precisely the elements that are missing from Songdo and its peers”. 
(GREENFIELD 2013)
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GREENFIELD, Adam (2013) Against the smart city, Do Projects, Nueva York
McCULLOUGH, Malcolm (2014) Ambient commons. Attention in the age of embodied information, MIT Press, Cambridge
SÖDERSTRÖM, Ola, Till PAASCHE y Francisco KLAUSER (2014) “Smart cities as corporate storytelling”, en City: analysis of urban trends, culture, theory, policy, action, 18:3, 307-320
TOWNSEND, Anthony (2013) Smart Cities: Big Data, Civic Hackers, and the Quest for a New Utopia. New York: W. W. Norton & Company.
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Tras la primera presentación que hice de la estructura de la tesis (The myths behind the smart city technological imaginary (PhD brief notes #1)), a partir de ahora iré publicando algunos retazos del texto, que va avanzando. En algunos casos serán notas bastante desestructuradas o incluso una sucesión de citas, pero igual sirven como guía para entender cómo va evolucionado los temas que voy trabajando, qué referencias nuevas van apareciendo, etc. 



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