miércoles, 8 de junio de 2016

El nuevo paradigma de la ciudad inteligente: aproximación social al concepto de smart city

El próximo 30 de junio estaré en Donostia-San Sebastián en el curso de verano Desarrollo local integral: nuevos enfoques, organizado por Garapen y REDEL y que se celebra el 30 de junio y el 1 de julio. Me han encargado ocuparme de una sesión titulada El nuevo paradigma de la ciudad inteligente: aproximación social al concepto de smart city, en la que intentaré presentar un marco de significación de la ciudad conectada que tenga sentido desde una dimensión social y de desarrollo local de la tecnología.


El curso se presenta así:

El modelo de desarrollo local está evolucionando mucho en los últimos años.  Desde una mirada más amplia y más profunda del territorio, el desarrollo local evoluciona hacia un modelo más integral que incorpora además del enfoque económico, el social y medioambiental.  Un modelo de trabajo en colaboración capaz de aunar y asentar proyectos estratégicos para el territorio desde la participación.
Al mismo tiempo, es un modelo que apuesta por contribuir al mantenimiento y calidad del empleo apostando por aquellos sectores con mayores oportunidades en el futuro.
En este curso queremos profundizar en el conocimiento de este nuevo modelo en gestación y con la participación de expertos y presentación de experiencias que nos ayuden a ir dando pasos en este sentido.

Aquí tienes el programa y la forma de inscribirse. Nos vemos por allí.

martes, 7 de junio de 2016

Ciudades y solucionismo

Uno de los principales elementos de insatisfacción respecto al relato más establecido de la smart city es su orientación a resolver unos problemas muy específicos de la ciudad en genérico. El prólogo a cualquier presentación, informe o estudio  que plantee las bondades de la ciudad inteligente estará preñado de alusiones cercanas a lo apocalíptico sobre la acelerada urbanización mundial, sobre los riesgos del cambio climático, sobre los problemas de acceso a los recursos naturales, sobre la inseguridad ciudadana, sobre los ineficientes y derrochadores sistemas de gestión pública, etc. Se trata de un paso introductorio y necesario para construir sobre él el imaginario tecnológico que resuelva estos problemas. Así, la smart city se presenta socialmente como una respuesta técnica a una lista selectiva de problemas definidos como prioritarios por sus proponentes y ofreciendo poner orden –por fín- en el caos producido por un modelo de desarrollo urbano que hasta ahora se ha manifestado incapaz y no inteligente.

Imagen: Web 0.0 project,  by  Biancoshock 
Buscando y seleccionando problemas

"Smart technology is a solution looking for a problem", señalaba recientemente Maarten Hajer, curador de la International Architecture Biennale Rotterdam 2016. De esta manera, siguiendo la misma lógica que dice que quien tiene un martillo sólo ve clavos, los problemas a resolver de una ciudad en la presentación dominante de la ciudad inteligente tienen que ver con la caja de herramientas tecnológicas de las empresas que han perfilado inicialmente este discurso. Esto lleva a que cuestiones como el acceso a la vivienda, la desigualdad, el cambio demográfico o la segregación espacial, por poner sólo algunos ejemplos, quedan fuera de este punto de partida, a pesar de ser, a todas luces, problemas básicos y fundamentales de cualquier entorno urbano. De esta manera, las preguntas iniciales (problemas) a los que se enfrenta la ciudad contemporánea están ya mediatizadas por la construcción del problema que se ha hecho desde las instancias que se han posicionado como proveedoras de las soluciones, imposibilitando el cuestionamiento de los condicionantes previos.

Ante problemas complejísimos, la solución aparece sencilla: aplicar inteligencia sobre las tecnologías para que estas traigan una solución inmediata a problemas intrínsecos a la naturaleza humana, a problemas presentes a los largo de la Historia, a problemas que dependen de complejas estructuras de poder, a problemas que dependen de comportamientos individuales, a problemas que, en definitiva, tienen mucho más que ver con la política, la sociología, la economía o, casi siempre, una mezcla de todo ello. Esta orientación a solucionar problemas está muy vinculada a una forma de pensamiento conectada con la búsqueda de la eficiencia, pero también con una concepción de la realidad mecanicista en la que para cualquier problema singular existiría también una solución singular, más allá de la visión de conjunto, de las interacciones entre problemas y de la complejidad de los mismos. Esta misma orientación a las soluciones es la que prima la consecución de respuestas tecnológicas para preguntas socio-políticas (problemas) para los que aún tenemos dificultades a la hora de definirlos.
“I get nervous when I hear people talk about how technology is going to change the world. I have been around technology enough to know its vast potential, but also its severe limitations. When coarsely applied to complex problems, technology often fails”. (Townsend,2013:17)
La era de internet nos ha traído una confianza creciente en el poder de cambiar las cosas. Sin duda, ha liberado muchos espacios para ampliar la libertad individual de la ciudadanía y no es el momento de describir este cambio. Sin embargo, la sociedad conectada también se ha imbuido de una capacidad de confiar en que las soluciones a los grandes problemas son sencillas y que basta la adición de sofisticación tecnológica suficiente allí donde no existe para cambiar el mundo, un pensamiento con suficiente tradición y de renovada actualidad como para saber que tal axioma está expuesto a profundas limitaciones prácticas cuando estamos ante problemas complejos (wicked problems).

De esta manera, el internet-centrismo (como lógica por la cual cualquier análisis de la realidad y cualquier propuesta pueden ser configuradas en función de las características ideales del funcionamiento de internet) vuelve su mirada también a la ciudad para solucionar sus perennes problemas con internet y la red como referencia para cualquier arreglo tecnológico. De esta manera, en la contundente refutación de esta lógica Morozov encuentra razones suficientes para sospechar de la viabilidad y la eficacia de las respuestas técnicas que la ideología californiana propone para el mundo . Esta lógica se basa, en grandes líneas, en identificar soluciones técnicamente brillantes antes de haber abordado con suficiencia la complejidad de los problemas que presuntamente trata de resolver, bien sea esto la creciente obesidad de la población occidental, la ineficiencia de la gestión de los espacios de aparcamiento en la ciudad, el problema del hambre en el mundo, etc.
“Part of the problem seems to lie in the public´s perchant for fetishizing the engineer as the ultimate savior, as if superb knowledge of technology could ever make up for ignorance of local norms, customs, nd regulations...Non-technologists may be more successful in identifying the shortcomings of technologies in given contexts. They may be better equipped to foresee how proposed technological solutions complement or compete with other available non-technological solutions as well as to anticipate the political and institutional backlash that can result from choices of technology”. (Morozov, 2010)
Imagen: Web 0.0 project,  by  Biancoshock 
No sólo hay problemas que solucionar

Se trata de un enfoque incompleto e injusto que olvida no sólo problemas más urgentes desde las políticas urbanas y las demandas sociales, sino también otras razones y lógicas con las que vivimos en las ciudades. Estas no son únicamente espacios de conveniencia o máquinas de satisfacción eficiente de deseos individuales para acceder a luz y agua, moverse en la ciudad, comprar, pedir cita a la administración, etc. Son eso y algo más, quizá la parte más sustancial de la urbanidad. Las ciudades son lugares para perder el tiempo, para pasear, andar sin rumbo, encontrarse con amigos e incluso con desconocidos, para sorprenderse y admirarse, aprender, jugar, denunciar públicamente, enamorarse y enfadarse, probar a hacer cosas supuestamente prohibidas o inesperadas, manifestarse, crear lo que no existe, etc.

Todas estas actividades son las que hacen interesante y soportable una vida cada vez más banal, programada, cercada por límites naturales e impuestos. La SC no ha tenido apenas respuestas para hacernos la vida más feliz, más vivible, más divertida, más completa; sólo nos ha prometido una vida más eficiente, menos conflictiva, y es desde otros imaginarios conexos al desarrollo de la ciudad digital donde podemos encontrar asideros y ejemplos para imaginar un presente más humano. Proyectos como Take a Seat, Whispering Clouds, Lighting Conductor, Why Sit When You Can Play, Tidy Street project, Hello Lamp Post, Pulse of the City, entre un largo etcétera) , nos invitan a pensar en proyectos tecnológicos capaces de enfrentarnos con la realidad de la ciudad más allá de la eficiencia que buscan sus gestores. Los usos creativos de la tecnología forman parte de una realidad cotidiana para centros de investigación, espacios de creación artística, organizaciones cívicas e instituciones (desde iMAL, Ars Electronica, i-DAT  Open Research Lab, pasando por agencias como Near Future Laboratory, o la ya extinta Berg).

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Townsend, Anthony (2013) Smart Cities: Big Data, Civic Hackers, and the Quest for a New Utopia. New York: W. W. Norton & Company
Morozov, Evgeny (2010) "Technological Utopianism", en Boston Review http://new.bostonreview.net/BR35.6/morozov.php  Último acceso el 28 de febrero de 2015

lunes, 16 de mayo de 2016

An urbanizing world and one size fits all solutions

The smart city as urban proposal seeks to provide a framework to explain and sort out the digital presence in the city that is becoming normal in the urban realm. As such, it represents the new urban utopia proposed as an all-encompassing explanation of many phenomena of change coalescing in urban life and city management. The complexity of the transition to a world (progressively) ubiquitous and (mostly) urban requires giving meaning and coherence to explain this reality.

The smart city has emerged triumphant as a model and social theory, integrating or co-opting previous narratives (sustainability) but using the usual claims (bureaucratic planning and better management of urban development). Despite its totalizing ambitions, the debate on smart cities has been very limited, biased, incomplete and precipitate. After starring in recent years much of the institutional debate (in the form of conferences, plans, pilot projects, etc.), the smart city is not able to explain itself understandably to discuss their explicit goals and implicit consequences.

Where cities are growing, Urban Age, LSE Cities 
The meaning of the technological innovations attached to the smart city storytelling in such an urban world (by percentage of population living in cities but also by the increasing number of large urban agglomerations) are so disparate (a world of urban realities as different as Lagos, New York or Jakarta) and are yet to be explored. It is not possible to keep on understanding and depicting technology as an alien space that we have to assume for granted, and society (cities) as a mere recipient of that technology. In the same way, it is not possible to frame the debate of the smart city as a relationship of cause and effects between the city as generic and technology as something that evolves independently outside the social reality.

This is especially symptomatic in the case of different urban contexts represented by what we might call the global north and south. While the litany of any public presentation of the smart cities is expected to begin asserting the largely urban character of the world's population, immediately its solutions are presented in renderings that resemble at best an idealized and futuristic vision of a modern city western. This denies, in principle, the point of departure since the protagonists of this global urbanization are forgotten. The particular technological imaginary of the smart city plays a generic message aspiring to be meaningful in any context, be it London, Amsterdam, Barcelona, Shanghai or Bangalore without considering the local specificities related to their structural, economic, social conditions that should be the starting point of any exploration of urban futures. Lack of contextualization is often present in many of the failed projects of implementing smart city projects.

As a result of the above, the range of solutions related to the smart city is usually presented generically, regardless of or social, technical, political, demographic or cultural circumstances. "One size fits all" defines this type of solution (smart grids, sensors, big data or any other product) that are meant to work and fit in Mumbai, Tel Aviv, Amsterdam, Valladolid, Detroit or Santiago de Chile.

viernes, 13 de mayo de 2016

1931: bienvenidos a la smart city

Como comenté, el paso 5 de mayo dí una conferencia en el Colegio de Ingenieros de Caminos de Cataluña. Dejo aquí la presentación que usé.



Fue un recorrido que hasta ahora tenía pendiente hacer completo y, por una vez, me dejó la sensación de haberlo contado como quería. Quería hacer una actualización de La tecnología no es suficiente: aprendiendo del semáforo revisando el modelo de ciudad del pasado siglo y la nueva propuesta urbana representada por la smart city.  Partía de una ficción (¿o no?) y era la de evitar la disputa sobre cuál es la definición de la smart city más adecuada y de si existe una ciudad inteligente, asumiendo que la ciudad inteligente nació hace tiempo. Hoy la inauguración de cualquier red de sensores, de fibra óptica, de farolas inteligentes o de una flota de coches eléctricos municipales no es capaz de crear las arremolinaciones populares que crearon los primeros semáforos (la foto, ya la he puesto alguna vez, corresponde a la instalación de un semáforo en Londres en 1931).

Photograph: Fox Photos/Getty Images 
Allí, en la pequeña magia tecnológica de sus circuitos y sus luces, ya estaban inscritas muchas de las características de la ciudad inteligente: automatismo, regulación, eficiencia, gestión,... La smart city, en buena medida, es una continuación más que una revolución. El semáforo como equipación técnica de la ciudad del siglo XX subida a un vehículo privado. Con la idea de llegar a una frase que uso mucho (“A good science fiction story should be able to predict not the automobile but the traffic jam”, de Frederik Pohl), correspondía un repaso de las consecuencias quizá inadvertidas pero irremediablemente negativas de ese modelo. Todo aquello que, tras décadas de pensar la ciudad en torno al coche, llevamos unos cuantos años tratando de resolver antes de que el cambio climático, la disolución de los espacios públicos, la segregación espacial,...terminen con nosotros.

People in The Netherlands admiring the first ever traffic jam. 1955 
Todo ello como punto de partida para señalar que no se nos da especialmente bien que las utopías salgan bien y que no somos muy hábiles a la hora de anticipar los efectos indeseados de las cosas que hoy nos parecen razonables y deseables. Tiempo para preguntas que aún deberíamos hacernos sobre cuáles son los "atascos" del futuro que traerá la smart city y que no podemos o no queremos ver: ¿Podemos planificar todo?, ¿Sólo vivimos en ciudades buscando eficiencia?, ¿Dónde está el cerebro de la ciudad inteligente?, ¿Y si falla?

Todo para llegar a la conclusión final: la forma física y material que toma la tecnología no es tan importante como las decisiones sobre su diseño, la normativa que la regula, las condiciones específicas en que se utiliza, etc. 

jueves, 12 de mayo de 2016

Smart cities: a quiet revolution

“Looking at the history of technology literally puts us in our place by suggesting that rather than ending time, space, and social relations as we have known them, the rise of cyberspace amounts to just another in a series of interesting, but ultimately banal exercises in the extension of human tools. They are potentially very profound extensions, but not enough to warrant claims about the end of anything, other than the end of a chapter in a seemingly never ending story. Indeed, the history of technology suggests that this would be far from the first time that we have laid claim to the end of history, the end of geography, and the end of politics. Practically every substantial technological change has been accompanied by similar claims. The chant goes on: This changes everything. Nothing will ever be the same again. History is over, again and again and again.”
Vincent Mosco (2004) The digital sublime. Myth, power and cybersapce, MIT Press, Cabridge

The beginning of the XXI century has deployed different technological developments in the urban and their potential for transforming cities today can barely be glimpsed. We are not good at advancing the future, nor at foreseeing the unintended consequences of progress. In any case, we know that all the Internet-based technologies are already the protagonists of urban innovations and the most significant technological advances in the coming years. The internet of the future is the framework for developments related to the Internet of things, cloud computing, big data or sensor technology. Its applications reach all scales, from changes in personal life habits to the transformation of business models in almost any industry. Likewise, any of the features of mobile technology-driven changing habits are eminently urban and shape new patterns in a process of social engineering, and have little to do with traditional habits a couple of decades ago. Lives under this scenario are a continual succession of digital traces from individuals, human groups or entire communities that are captured, stored, processed and exploited, remodelling preferences, customizations and adjustments in real time, while algorithmic regulations and other sorts of black boxes broaden their influence in everyday lives and decisions.

Delivering a Computer in 1957  Photograph via Norfolk Record Office 
These changes are usually presented as a profound revolution. Spectacularization of technology (or, at least, a particular set of technology developments) in the media tends to draw a revolution taking place. However, despite the enormous changes that have led to the panoply of advances associated with the networked society, this transition has been, if not stealthily, at least quiet and peaceful. Faced with the temptation to identify the emergence of the smart city as a new paradigm in urban management and understanding of urban reality, we must recognize that the digital urban layer has been present in academia and thinking about cities for a couple of decades at least. On the other hand, the digital colonization has occurred incrementally and gradually rather than in an explosive way. As individuals, organisations and societies we have incorporated into our daily work, our daily experience, our material means of life and our experienced spaces different devices, quite peacefully and intuitively.

The story of the leapfrog  into the smart city is much less epic than how it is usually depicted, and has more to do with a succession of steady, progressive, incremental and intuitive changes on our habits, conveniences, etc. Frequently, they have physically modified our streets and have transformed our social relations. As such, they have colonized virtually every sphere of our life following a process that began decades ago. It is, therefore, a vibrantly contemporary change. The presence of software in everyday life burst long ago in various fields (air navigation, business organization, financial flows and domestic equipment). This presence is now normal in our pockets, in the public space or public service management. The main jump has derived from the invasive nature of the functions of smart devices, which have individualized capacity intermediating through the network in the most common and even intimate activities of the connected  human life. Of course, this is a massive shift that has equipped us  with new capabilities (big data), through new devices (smartphones) or interfaces (internet of things) and new infrastructure (connectivity, data centers). However, essentially all occurred out of sight, in a diluted form in the sum of small daily acts that hold our existence.

sábado, 7 de mayo de 2016

Jane Jacobs y la tentación de simplificar la complejidad urbana

Esta semana se han celebrado 100 años del nacimiento de Jane Jacobs, imposible no enterarte si sigues medios más o menos relacionados con temas urbanos. Es imposible señalar tantos artículos que se han escrito, así que me conformo con destacar este en The Guardian (en su, por cierto, excelente serie de miradas a la historia reciente de las ciudades) sobre la oposición a Robert Moses y el modelo urbano que representaba. Una controversia tan simbólica y profunda que da para una ópera incluso, A Marvelous Order.

Celebrating Jane Jacobs. Ilustración de  James Gulliver Hancock 
Después de todos estos años, en el blog ha aparecido muchas veces como referencia y he dedicado también reseñas sobre la edición en castellano de Muerte y vida de las grandes ciudades  y de un libro de análisis de su pensamiento desde diferentes disciplinas, The urban wisdom of Jane Jacobs. Siempre tengo a mano sus libros y, aunque no soy muy aficionado a las citas, terminé por utilizar una, quizá una más desconocida, en la introducción a la tesis. Leyéndola de manera aislada, pero también en su contexto, refleja muy bien algunas de las cosas que trabajé y que sigue teniendo gran actualidad.

Señala las tentaciones totalizadoras y a la vez simplificadoras del pensamiento urbano recurrente que se transforma en modelos y utopías, pero también en estrategias descontextualizadoras y mágicas, una condena a chocar irremediablemente con la complejidad del funcionamiento que, en lugar de ser asumida como realidad se convierte en tentador objeto contra el que luchar y al que dominar mediante soluciones modernizadoras, racionalistas, centralizadoras, burocráticas, de una vez y para siempre.

Bonus track
De los múltiples videos y documentales que se pueden encontrar, este es uno de mis favoritos:




martes, 3 de mayo de 2016

Thinking smart cities in present tense

The most established  smart cities narrative is mainly based on future promises through the deployment of technologies that are yet to come that would generate social benefits in the near future, while citizens have the only option to wait to see them come true. The risk of this futuristic reading of urban technologies is forgetting and not acknowledging practices, solutions and technologies that are already happening, although possibly far from the spotlight of commercial presentations and mainstream reproduction of the smart city narrative. The discursive regime of the smart city systematically uses the future tense when depicting how a generic or particular smart city will be. Use of present tense is almost testimonial in this particular way of presenting the digital urban fabric orchestration, which is normally envisioned as a utopian scenario of expectations, presumed benefits and fancy and tidy bird’s-eye view models.

Public Blue Screens of Death Remind Us That Life Is a Farce 
This is certainly inherent to the way tech media tend to spectacularize, but it fails to recognize already available technologies and actors working today with mostly the same kind of technologies smart cities comprise, but in a completely different way (Smart cities of the future? It is already happening, but not in the way we are being told). The smart city has been preferably presented as a highly planned strategic orientation towards the future and consistently refractory to acknowledge other forms of collective construction of technology, nor other socio-political imaginaries. These forms generally bad fit with an imaginary which is generally illustrated through static images, hierarchical diagrams of vertical areas of municipal management, generic renderings and photographs of urban scenes out of context. These performative ways of presenting intelligent city have proofed to be incapable of capturing daily uses of technology and how they are embedded today into everyday life in the city.

This was, actually, the main proposition of the great article, Yesterday’s tomorrows: notes on ubiquitous computing’s, published in 2006 by Genevieve Bell and Paul Dourish. In this essay, the authors showed the preponderance of the use of the future tense in the proposals of ubiquitous computing and make the case to place the focus of ubiquitous computing into present complexities. The promises of urban computing and how its developments were imagined finally varied and embodied into urban spaces very differently from those visions. Given the distance between the imagined future and the present, we need to understand why the ideals of ubiquitous computing (in our case, the smart city) are always presented as the near future. So, this foreseen future may not reach anyway and is permanently postponed, or, on the contrary, it always comes to reality, but taking shape in different forms to those initially envisioned.

Clearly, the future of the connected city will take new forms in the coming decades, but this can not prevent us from understanding what is already happening and taking unexpected and derived forms not covered by the generic description of the smart city yet to arise. In fact, the breakthroughs of the broad field of digital technologies and their intersection with urban life are already configuring our everyday experiences, our infrastructures, our social understanding of privacy, etc., and this is taking place without the need to wait for others to build the (smart) city of the future. The more time we dedicate to think these changes as a proximate future, the more time we are wasting to understand its consequences and how alternative uses of current technologies and social practices are transforming nowadays cities. 

martes, 26 de abril de 2016

Smart cities as socio-technical imaginary

Until now I could not find the time to post this English summary of my PhD dissertation (December 2015) titled The smart city as socio-technical imaginary. The prefabrication of the urban digital utopia (La smart city como imaginario socio-tecnológico. La construción de la utopía urbana digital).
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The work conducted in 2013-2015 is aimed at reviewing the underlying assumptions at the prevailing discourse of smart cities as technological narrative and its implications for the contemporary urban agenda. The main objective is to provide an analytical framework for understanding the preconceptions that are behind the narrative of smart cities as it has been presented by its leading proponents. This discursive and practical imaginary refers to a series of theoretical concepts and assumptions with crucial implications in shaping urban but have been poorly attended so far in the mainstream storytelling. These elements are framed by the dominant players through a new discursive regime about cities and technology, with some immediate impact on city life and the role of urban policies.

The text proposes an understanding of the smart city narrative from its implications for public policies and in the light of social sciences. We develop a dissection of its explicit arguments and implied consequences typically pitched as self-fulfilled benefits. To do so, the concept of myth as ideological signifiers supporting this narrative is used to detect how the promises of sustainability, optimization, integration, etc. work to legitimate discourses, projects and initiatives. Based on its characterization as a hegemonic imaginary, we depict the ability of this discursive regime to move from the symbolic to the embodiment through projects that are transforming urban relations, spaces and ideologies around cities and technology.

Building upon this depiction of how the smart city discourse works, the text frames possible counter-hegemonic of the connected city and the possibility of finding and building other narratives and other visions that can widen this imaginary to bring it closer to the social conditions of the connected society and make it more meaningful. These under-represented practices in the hegemonic rhetoric offer new possibilities for collaboration and collective organization.

The text is structured into 5 parts, as follows:

PART I. PURPOSE OF THE STUDY AND RESEARCH DESIGN
Here we establish the object of study, the basis for the recognition of the digital trace of life in cities through different devices, infrastructure, services and flows that characterize the connected society. This serves to locate the context in which the smart city new storytelling emerges as representation of the contemporary city. Its problematization, its features (polysemy and hegemony, mainly) and the reasons from academic literature can be found for questioning are delimited, as well as its significant influence in the shift of the current agenda of cities and urban studies. In the same way, the research problem we wanted to solve initially arises: insufficient and problematic character of the smart city as a paradigm for understanding the dynamics of technological transition.

PART II. SMART CITY AND ITS DISCONTENTS
This chapter is aimed at building a conceptual framework to bring together the various criticisms and questionings that have emerged around the smart city as a generic discursive description of the networked city. This is not purely a descriptive exercise of what a smart city is, or even a compilation of projects or initiatives usually attached to the smart city narrative or self-proclaimed smart projects. We are not facing a recapitulation, a systematic state of the art or a technical assessment of its promises. On the contrary, based on our interest in putting the smart city in the light of social studies, we try to outline how this narrative is influencing urban policies. To do this, we link the smart city to deeper discussions related to the digital society, from new epistemologies derived from big data to the influence of the Californian ideology in the way we consume digital experiences and even activism in the network, through the comparison to other recent utopias or the incardination of the smart city in certain categories such as social representation of the city. In any case, despite what was stated above, this section includes a selective overview of the practical implementation of the intelligent city, as the types of projects selected are those that will help build the next section of the text. Without pretending to be a state of the art on the degree of development of the smart city or a categorization of different types of projects, we aim to depict the projects that have served as mainstream references for setting the imaginary through proposals that have achieved a great media attention. Thus, we draw a panorama that unfolds in both the ideological and narrative field and in the field of project implementation.

PART III. THE SMART CITY DISCOURSE ANALYSIS
This chapter constitutes the main contribution. It implies a systematization of arguments that are usually assumed and reproduced as the foundational features of smart cities and smartmentality. These arguments work as narrative myths on two levels: as explicit proclamations of the benefits of smart projects and as underlying assumptions implicit in the consequences of the smart city realization. The use of the myth here may seem at first glance a subjective or even cynical assessment. However, it helps us understand how social narratives automatically transmit values and cultural representations, promote make self-explanatory promises and hide the possibility of questioning. In this regard, the reference to the myth does not imply a refutation of the possible veracity or relevance of the smart city, but attempts to highlight the way in which any kind of social imaginary works, especially when they entail idealistic views about technology as it is our case. The set of myths presented here aims to provide a systematic overview of different levels of critical argument that the smart city has raised almost since it began to occupy a dominant position. In this sense, the chapter is a contribution by proposing a complete systematic of different positions that have already been advanced by other authors or from specific disciplines but not sufficiently ordered together. These myths, in short, are:
  1. The myth of operational efficiency: the obsession with optimization as the sole objective of urban services
  2. The myth of sustainability: the claim to a weak sustainability thinking based on behaviour irresponsibility
  3. The myth of economic competitiveness: technological accumulation as economic development factor
  4. The myth of integration: the pursue of a perfectly integrated infrastructures and a seamless urban experience
  5. The myth of simplification: reducing urban complexity to simulation models instead of thinking cities as wicked problems
  6. The myth of big data neutrality: the fiction of an aseptic, bias-free, objective and perfect knowledge through data.
  7. The myth of depoliticization: the ambition to reach a post-political scenario of urban management and control.
  8. The myth of technological smugness: identification of technology as the critical factor to solve any urban issue.
  9. The myth of intrinsic desirability: the inescapable and undisputable technological progress.
PART IV. URBANIZING TECHNOLOGY
This chapter intends to approach other relevant layers of discourse in understanding the digital skin of the city and the impact of the connected society in the way that cities work. In addition to offering a vindication of the multiplicity of narratives in pluralistic societies, the chapter focuses on some socio-technical practices in which we note a potential not enough acknowledged (urban interaction deisgn, city-making, media labs, urban media,...) . Thus, having affirmed the hegemonic nature of the smart city, at this point of the research the text proposes some criteria and concepts that build or recognize a counter-hegemonic discursive regime already operating, albeit outside the dominant discursive regime.

PART V. CONCLUSIONS AND RECOMENDATIONS
This last chapter suggests a number of conclusions and elements for future research of the city in the digital society. This section can be read as an open list of topics for a research agenda that complements the connected city or, where appropriate, exceed myths noted above.

In short, this research is intended as a criticism of a proposal for a new urban model that has established itself as dominant reference to explain the contemporary technological basis of city thinking.

More info:


Ciudades inteligentes: retos de diseño para las políticas urbanas

El jueves 5 de mayo comienza el curso “Enginyeria de la Ciutat Intel·ligent”, organizado por el Colegio de Ingenieros de Caminos de Cataluña. El primer módulo del curso incluye una jornada abierta en la que participaré con una aportación que he titulado Ciudades inteligentes: retos de diseño para las políticas urbanas. Básicamente, pretendo plantear algunas preguntas, a partir de la estructura de los mitos discursivos que planteo en la tesis, en torno a la forma en que se diseñan servicios inteligentes, sobre todo desde el punto de vista de la sostenibilidad o la ambición de la integración de infraestructuras.




Este es el programa:
16h – 18h | Lección inaugural:

  • Jordi Julià: La formación de la ciudad: Barcelona.
  • Alvaro Nicolás: El nuevo paradigma de la ciudad inteligente.

18h-18:30h | Coffee-Break
18:30h – 19:30h | Debate: La ciudad inteligente:

  • Pilar Conesa: Cómo hacer una ciudad más vivible, social y colaborativa.
  • Wouter Tebbens: ¿Cómo democratizar la ciudad inteligente?
  • Manu Fernández: El smart city como imaginario socio-tecnológico.

19:30h-20h | Inauguración oficial del curso:
  • Oriol Altisench, Decano del Colegio de Ingenieros de Caminos de Cataluña.

lunes, 25 de abril de 2016

Libro. Sharing cities

Las cosas van muy rápido. Se presentan como un desconcertante caos que apunta a cambios sociales y políticos incoherentes entre sí o, al menos, ambivalentes. Apuntamos a tendencias en las prioridades y expectativas sociales y de consumo de las nuevas generaciones, a la ruptura de los modelos tradicionales de muchos sectores económicos, a la emergencia de nuevas formas de acción colectiva, a la llegada a las instituciones de nuevas organizaciones políticas, a las formas digitales de acción colectiva propias de la sociedad conectada, a la renovación de las demandas sociales en la ciudad,… Anótense aquí muchas otras dinámicas que tratan de describir qué hay de nuevo en nuestras ciudades y encontraremos una gran variedad de realidades que reflejan una nueva realidad urbana.

Siempre empeñados en descubrir lo nuevo como si fuera un cambio paradigmático en lugar de una sucesión, una herencia o continuación histórica de la que podríamos aprender, pensar la ciudad se ha convertido en un lugar propicio para situar términos que aspiran a dar coherencia a cambios y sucesos que alguien necesita darles unidad. Esta pasión por crear términos programáticos (las ciudades utópicas) o diagnósticos ha sido constante y en los últimos tiempos se ha acrecentado. Llegaron (¿y se fueron?) las ciudades creativas, llegaron (¿dónde están?) las ciudades inteligentes y llegan ahora las ciudades colaborativas.

Sharing cities es el penúltimo término que busca darnos un marco coherente para explicar los ultimísimos cambios en la vida urbana. O la contextualización en el espacio urbano de un término más asentado como el de la sociedad colaborativa. Un término este que ha creado tanta tendencia como confusión, y que trata de explicar al mismo tiempo demasiadas cosas (y no todas necesariamente colaborativas). Por ello, las ciudades colaborativas aún necesitan explicarse mucho.
Este es el objetivo del libro Sharing cities. A case for truly smart and sustainable cities, recientemente publicado por Duncan McLaren y Julian Agyeman, quienes han unido sus bagajes en el activismo social y ecológico y la academia para construir un completo repaso de diferentes tendencias y cambios urbanos. Estamos ante un esfuerzo complejo: reunir conceptos, prácticas y proyectos urbanos de muy diferente orden y mirarlos a la luz de una posición de partida muy clara sobre cómo dar un sentido comunitario a la idea de compartir que vaya más allá del modelo monetario de tantos claroscuros que se ha transmitido a través de la llamada economía colaborativa.

De la economía colaborativa y su ejemplo paradigmático (Uber) a las ciudades compartidas hay un enorme trecho que no es fácil de saltar. No es cuestión de cambiar un sustantivo por otro y aspirar a que el adjetivo no pierda matices o, pero, pierda su sentido. Los autores son muy conscientes de ello y de ahí su empeño en construir un marco ambicioso y abierto con el objetivo de mantener la justicia social como criterio de discernimiento de dónde reside una verdadera ciudad del compartir. Desde su inicial paper preparado para Friends of the Earth en 2013 hasta convertirse en este compendio de reflexiones y tendencias de los últimos años, el libro es una magnífica referencia para evaluar los entresijos de muchas aplicaciones y servicios, teorías, artículos y proyectos municipales conexos a la idea de las ciudades colaborativas. Así, se trata de una mirada amplia, crítica y equilibrada a dinámicas expresamente conectadas al consumo colaborativo, pero también una contextualización de otras dinámicas urbanas de más tradición (desde los proyectos de reactivación de la vida pública en los espacios urbanos hasta los presupuestos participativos en el marco de la idea de las ciudades compartidas, pasando por la reivindicación de la producción colaborativa como elemento olvidado y más rompedor de la ecuación o la reclamación del papel de los municipios y la política local.

El libro está construido con una estructura compleja y puede resultar desigual en su lectura. Caben desde el análisis de estudios sociológicos sobre el papel de la confianza en las sociedades contemporáneas hasta la actualización del movimiento cooperativista en el siglo XXI, desde la contextualización de los movimientos urbanos de protesta hasta la revisión de los modelos de negocio de servicios como Uber, airBnB, etc. Por ello, el libro también cumple con su función de ser a la vez una mirada a diferentes tendencias que quieren asociarse al último término de moda y una crítica fundamentada de los cantos triunfalistas y superficiales en los que se ha apupado la economía colaborativa.

Si el libro What's Yours Is Mine: Against the Sharing Economy, de Tom Slee  es una referencia para revisar el lado oscuro de la visión más superficial de la economía colaborativa, Sharing cities supone un acercamiento crítico y propositivo al mismo tiempo sobre qué esperar de este fenómeno desde el punto de vista de la vida y la política urbana.

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Este texto fue publicado originalmente en el blog Seres Urbanos de El País el 21 de abril con el título Sharing cities: una mirada crítica y una reivindicación.  
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