miércoles, 13 de julio de 2016

Habrá libro al final (y llegará otro)

El proyecto de publicar un libro como resultado de la tesis ha dado varias vueltas estos meses, pero finalmente ya está aquí, o casi. No ha salido como estaba previsto, así que he optado finalmente por hacer una autoedición del texto, que podrás encontrar pronto, seguramente a mediados de septiembre. No se me dan bien los buenos titulares, por lo que no se me ha ocurrido nada mejor que titularlo Descifrar las smart cities. ¿Qué queremos decir cuando hablamos de ciudades inteligentes?

En realidad, sabes que el texto íntegro de la tesis está disponible para bajártelo o consultarlo. El libro es sólo la necesidad de llegar a donde quería llegar cuando empecé con la tesis y el pulso personal por poder publicar algo parecido a un objeto llamado libro. Cosas de haber estado siempre rodeado de ellos y de tener una querencia especial por ellos. También las ganas de tener un punto en el que concentrar gran parte del trabajo de los últimos años, pero sin la pesadez y el aburrimiento de los textos académicos.

El texto resultante es, por tanto, una adaptación de la tesis. Teóricamente, más accesible y fácil de leer. Han desaparecido la mayoría de las notas al pie, referencias a autores, citas de libros, informes y artículos académicos y periodísticos, pero también algunos capítulos demasiado tediosos, párrafos densos, imágenes y otras partes poco relevantes. Se pierden, por tanto, detalles relevantes a nivel personal, pero quizá no tanto para el lector. Se pierden también los rastros de muchos temas e ideas que desarrollo en el texto y que no son más que variaciones sobre cossas mejor planteadas por otros anteriormente. Es el peaje para hacerlo menos pesado, supongo. El texto conserva, sin embargo, la estructura y el objetivo principal: proponer un marco ordenado de diferentes formulaciones críticas sobre la ciudad inteligente y una disección de los argumentos con los que suele presentarse.

Con ello, el índice final es el siguiente:

La smart city, ¿algo más que una moda?                                                               
1. El rastro digital de la vida en la ciudad                                                             
2. El surgimiento de la ciudad inteligente como nueva utopía urbana             
3. Proyectos de ciudad inteligente. El despliegue práctico de la smart city      
4. ¿Qué queremos decir cuando hablamos de ciudad inteligente?                    
5. Urbanizar la tecnología. El papel de la ciudadanía en la ciudad digital         

Imagen: Global Street Art
El libro estará disponible para su descarga en diferentes formatos (pdf y diferentes formatos de libro electrónico) y también en impresión bajo demanda, disponible bajo distribución de  Penguin Random House en librerías y también en Amazon, Google Play Libros, Barnes & Noble, etc.

Pronto contaré más.

Será un punto y seguido. En el proceso de estos meses para resolver cómo terminaba esta fase ha surgido la opción de construir un nuevo texto, avanzar más allá de donde pude llegar en diciembre de 2015 para la defensa de la tesis y actualizar el planteamiento. Las cosas van demasiado rápido y siento la necesidad de incluir nuevas perspectivas, tecnologías y desafíos de estos últimos tiempos. Con ello, ha surgido la opción de empezar un nuevo proyecto editorial que está previsto para principios de 2018. Largo me lo fías. Pero, en realidad, está ahí cerca. Ya no tendrá la excusa de defender la tesis, pero sí el compromiso de trabajar con un editor que me ayudará en el camino.

Salir de una para entrar en otra, pero esta vez sin las constricciones de la lógica académica y sin la necesidad de circunscribir todo alrededor de un objeto de estudio. Será más fácil hacer ramificaciones a otros temas diferentes a los específicos de las smart cities, abordar cuestiones más interesantes y crear conexiones con otras dinámicas más relacionadas con la vida en las ciudades. Seguirá siendo, en cualquier caso, un texto cercano a las tecnologías urbanas pero creo que más interesante y directo. O eso espero.

lunes, 11 de julio de 2016

Ciudades inteligentes, ¿atajos hacia la sostenibilidad?

La lógica de la sostenibilidad de la smart city encaja con otras formas de proponer atajos. El enfoque gizmo green como forma de denotar la fetichización de objetos sostenibles desconectados de los problemas estructurales en los que participan ha sido señalado en la misma dirección que apuntamos. En un mundo que propone constantemente que cualquier problema puede tener una solución sencilla (pastillas para perder peso en unos días sin necesidad de ir al gimnasio, aprender un idioma en veinte días con quinientas palabras, viajar sin complicaciones logísticas, estudiar sin esfuerzo,…), la solución a la sostenibilidad también pasa por comprar bombillas eficientes, coches híbridos, apps para ordenar el tráfico, etc. 

La smart city, al inscribir la solución de los problemas de la ciudad a través de un mercado de soluciones industriales, sitúa en la compra, actualización o implantación de productos y servicios identificables dicha solución. En gran parte de los casos, el discurso remite a la necesidad de hacer un uso más eficiente del agua o la energía en la provisión de servicios públicos, desarrollando redes de distribución más eficientes gracias al uso de sistemas de control automático de fugas, a la gestión en tiempo real del consumo eléctrico o a la extensión de sistemas distribuidos. De esta manera, de la amplitud de ámbitos y criterios relacionados con la sostenibilidad se están seleccionando exclusivamente aquellos que tienen que ver con infraestructuras sobre las que la ciudadanía tiene un papel pasivo. Con ello, el campo de acción para abordar los problemas ambientales derivados del consumo de recursos que tienen que ver con el lado del consumo no forma parte de las prioridades.

Via Urban Words
En este sentido, Masdar se ha constituido como el modelo protagonista de los últimos años al ofrecer una visión renderizada de una promesa de sostenibilidad a través de la aplicación de las mejores tecnologías disponibles. De hecho, su promoción ha explotado más los valores de la sostenibilidad que los de la inteligencia urbana aunque, como hemos visto, ambos pueden ser utilizados de manera indistinta en unos proyectos u otros según el contexto. Masdar ejemplifica perfectamente cómo la lógica de la sostenibilidad ha sido co-optada como parapeto para mantener unas formas de desarrollo urbano dominadas por la acumulación de capital y la dominación especulativa y ello, incluso, aun pasando de los discursos a los hechos y desplegando en ese lugar tecnologías que, efectivamente, suponen la aplicación de gran parte de las mejores tecnologías disponibles en el campo de la eco-innovación. A pesar de ello, hoy seguimos esperando a conocer el resultado de los indicadores de rendimiento ambiental que nos permitan evaluar el comportamiento ecológico de esta ciudad o si sus proyecciones sólo forman parte de un nuevo discurso utópico. 

También Songdo, a pesar de apostar primordialmente por la tecnología ubicua como su principal atributo, ha utilizado la sostenibilidad como elemento diferenciador. Se trata de una justificación especialmente explícita en los proyectos de smart city from scratch, que buscan idealmente diseñar un modelo urbano desde cero para demostrar el potencial ambiental de las nuevas tecnologías inteligentes, prestando escasa atención a la complejidad de las relaciones entre sociedad, tecnología y sostenibilidad. De esta manera, se establece una relación lineal entre sostenibilidad y tecnología como vía para la mejora del comportamiento ambiental y la eficiencia en el consumo de recursos de sistemas e infraestructuras abstrayéndose de otras consideraciones desde la ecología política, la economía ecológica, el metabolismo urbano o la psicología ambiental.

miércoles, 6 de julio de 2016

Responsabilidad moral, sostenibilidad y tecnologías inteligentes

El despliegue retórico de la smart city en relación a la sostenibilidad se presenta normalmente en forma de mejoras en la calidad de vida de un ciudadano genérico (igual para un habitante de Manhattan que de un recién llegado a los suburbios de Lagos, una persona mayor de los arrabales de Shanghai que un adolescente de Helsinki, una familia de Madrid que una familia de Managua), pero sin que ello implique ningún cambio fundamental en sus modos de vida y consumo. Esto, que es un elemento asentado desde cualquier perspectiva de los estudios de la sostenibilidad urbana como un elemento básico, queda arrinconado en beneficio de una promesa de sostenibilidad sin esfuerzo, sin cuestionamientos y sin responsabilización. 

Esta misma proposición se realiza, además, desde alusiones genéricas a estándares de desarrollo sostenible aceptados internacionalmente como formas de sostenibilidad global pero con muy pocos asideros en las más complicadas definiciones de la ecología urbana, el espacio en el que el genérico “desarrollo sostenible” adquiere formas y sentidos mucho más intrincados. Masdar, PlanIT Valley o cualquier otra eco-ciudad de última generación han asociado su éxito en materia de sostenibilidad a la adición de nuevos componentes digitales, siempre bajo el control de entidades privadas u otras formas de corporativización de la gestión de estos espacios y la promoción del urbanismo emprendedor. De esta manera, la sostenibilidad se convierte en un nuevo significante vacío (aunque cargada de valores legitimadores mitológicos) porque cualquier alusión al contexto local específico es ignorada (al menos, mientras no se adentre el discurso en el terreno de proyectos específicos a través de contratos y proyectos de colaboración con instituciones concretas). En definitiva, en sus formas discursivas dominantes, la smart city se ha presentado con una referencia ingenua e inespecífica a la ciudad a la hora de presentar su propuesta de valor real para un problema de dimensiones colosales como es el del desarrollo sostenible y su vinculación con la escala local.

Estos problemas enlazan con discusiones ya conocidas en el ámbito de los estudios de la tecno-cultura, que siguen sin recibir suficiente atención en el relato de la smart city. Así, el problema de la reversibilidad de las tecnologías, que apela a la necesidad de mantener la capacidad de ejercer decisiones morales en el uso de cualquier aparato tecnológico, parece ser obviado en aras a un futuro en el que la inteligencia de las cosas y de las ciudades será capaz de tomar decisiones por nosotros. En términos de consumo sostenible, no tendremos otra opción más que comportarnos como los medios técnicos nos digan que debemos hacerlo (o en las formas que admitan como posibles según su diseño). Es así cómo gran parte de las soluciones relacionadas con la smart city, sobre todo en lo que tiene que ver con infraestructuras y servicios urbanos, son diseñadas de manera que sólo una opción de uso es posible, una opción, por lo demás, definida como técnicamente posible y socialmente aceptable, por un conglomerado de decisores en el que las instituciones públicas son sólo una parte, muchas veces con escasa capacidad de decisión frente a otros decisores contiguos como son los proveedores del servicio en cuestión.

Todo ello hace que el comportamiento moral, la posibilidad de elegir entre diversas opciones para resolver una determinada situación en nuestra vida social, pueda quedar abandonada en aras a una eficiencia cotidiana que nos ofrece inteligencia pero podría convertirnos en moralmente idiotas, también en cuestiones relativas al compromiso individual por el medio ambiente. La eficiencia, de nuevo, esconde la necesidad del debate social y la deliberación personal sobre las consecuencias de nuestros actos desde un pensamiento complejo que trate de entender las causas y los efectos de un determinado problema. El mejor ejemplo que ilustra esta situación es el de los sistemas inteligentes de gestión del aparcamiento en superficie, una panoplia de diferentes innovaciones (desde sensores a aplicaciones) que buscan optimizar el uso del espacio público dedicado a aparcar los coches, optimizar el tiempo que los conductores invierten en conducir, optimizar los flujos de tráfico e, incluso, optimizar los ingresos de los sistemas de estacionamiento regulado en base a precios cambiantes en función de la mayor o menor disponibilidad de espacios libres en un determinado momento. En la mayor parte de los casos, todo el ensamblaje técnico está dirigido a hacer más eficiente el tráfico y el ciudadano se encuentra mediatizado por este sistema que constantemente invita a mantener las bases estructurales de la movilidad, bajo la legitimación argumentativa de que todo ello contribuirá a un modelo de movilidad y transporte urbanos más sostenible por la optimización de los tráficos. De esta forma, un cuestionamiento más profundo sobre el excesivo espacio que las ciudades dedican al aparcamiento, sobre la insostenibilidad del uso de combustibles fósiles o incluso la escasa lógica de un sistema que privatiza el espacio público bajo la presión social que pretende que el aparcamiento sea una suerte de derecho gratuito, quedan abandonados y fuera del esquema de decisiones. Sin embargo, todas estas consideraciones, que son las que podrían realmente atacar un wicked problem netamente urbano como es el de la movilidad, son vistas como una intrusión moral en un debate puramente tecnológico.

City built for individual drivers is already unwalkable. Imagine sprawl *driverless*-car city will bring (via Taras Grescoe on Twitter)
En este sentido, uno de los conceptos clave más profundos de los estudios sobre la sostenibilidad es el que tiene que ver con la responsabilidad. Soluciones como las smart grids, los edificios inteligentes o los materiales inteligentes enuncian un presente-futuro en el cual las decisiones más lógicas en términos de eficiencia en el consumo de recursos se darán de forma automática a través de la auto-regulación de los sistemas inteligentes y a través de una información más precisa y en tiempo real por la cual los consumidores podrán ajustar sus preferencias y decisiones de consumo. Prometen, en definitiva, que el sujeto no necesitará tomar decisiones conscientes o intervenir activamente para encontrar el modo de consumo más eficiente (sostenible). De esta manera, la smart city ofrece previsiones de soluciones para los acuciantes problemas del cambio climático, por ejemplo, que no requieren cambios o acciones adicionales por parte del usuario de los sistemas inteligentes. Bastará la sofisticación de estos sistemas para que ellos hagan el trabajo por nosotros, de manera que ofrecen el espejismo de continuar con el statu quo de mantener los mismos patrones de consumo, las mismas tasas de urbanización y ocupación del suelo o los mismos modos dominantes de movilidad. No sólo operarán en sustitución de nuestra voluntad o compromiso por limitar nuestro consumo energético individual mediante acciones conscientes de apagar las luces innecesarias en casas y edificios, sino que nos evitarán la carga moral de actuar con responsabilidad ecológica.

Frente a esto, algunas dinámicas como el adversarial design o el critical design buscan visibilizar las contradicciones de nuestro tiempo y las diferentes decisiones de diseño que podrían hacer de la tecnología un elemento de debate moral más abierto para usuarios –ciudadanos- que siguen siendo mayores de edad intelectualmente, capaces de pensar, deliberar y organizar sus propias decisiones sin que tenga que intervenir un determinado diseño tecnológico que le deje sin opciones de elegir. El despliegue de la smart city ha sido desde el inicio un proyecto que no ha tenido en mente la necesidad de hacer visibles sus entrañas tecnológicas como paso previo para que la ciudadanía pueda actuar críticamente en esos sistemas inteligentes que mediatizan su vida. Visibilizar el ensamblaje tecnológico e ideológico de las tecnologías inteligentes aparece como un elemento crítico en el diseño de sistemas conectados para una ciudadanía con agencia real para actuar más allá de los límites que imponen y normativizan las tecnologías definidas bajo la narrativa de la ciudad inteligente.

jueves, 30 de junio de 2016

Dale a un burócrata un ordenador

Naturally, bureaucrats can be expected to embrace a technology that helps to create the illusion that decisions are not under their control. Because of its seeming intelligence and impartiality, a computer has an almost magical tendency to direct attention away from the people in charge of bureaucratic functions and toward itself, as if the computer were the true source of authority. A bureaucrat armed with a computer is the unacknowledged legislator of our age, and a terrible burden to bear.
Neil Postman (1993). Technopoly: The Surrender of Culture to Technology.

Fuente: Extreme Tech

Lewis Mumford señaló cómo el despliegue material de la tecnología no es un proceso automático ni la tecnología es un factor a priorístico, sino que se produce en un contexto sobre el que se innova también en términos políticos o jurídicos, por ejemplo, para dar soporte a esa tecnología. La tecnología encuentra acomodo en el mundo no por un destino indefectible por el cual la técnica tal como se manifiesta en cada momento se impone de manera natural, sino porque es desarrollada bajo unas condiciones de promoción de la ciencia, de la incentivación de la investigación, de la facilidad para la inversión y de la dirección controlada del avance científico. De la misma manera, la tecnología se encarna en la vida no únicamente como objeto o producto físico con capacidad de presencia propia, sino a través de los instrumentos de la cultura, del poder, de las instituciones o de la normativa.

Pensemos, por ejemplo, en cómo la viabilidad de diferentes aplicaciones pensadas para actualizar digitalmente las viviendas y edificios (smart homes y smart buildings) se juega tanto en sus funcionalidades como en su inserción dentro de un marco legislativo y regulado relacionado con estándares, limitaciones derivadas de las obligaciones de conservación (por ejemplo, en barrios y edificios históricos catalogados como patrimonio), etc. Todos estos puntos forman parte del mundo de la disputa política, de las preferencias, de las opciones ideológicas y de las vicisitudes sociales. A pesar de ello, es fácil encontrar apelaciones más o menos inconscientes al carácter autónomo de la tecnología actual disponible para el progreso urbano, apoyándose para ello en los grandes datos como vector transversal asociado a la mayoría de las innovaciones que forman parte del catálogo de soluciones smart. En la esfera pública, el mundo de las evidencias hará el resto para conseguir una gestión burocrática y pacífica de la ciudad sin que la política tenga papel relevante en el automatismo de los datos.

Bajo esta lógica, la gestión de la ciudad y de sus servicios asociados quedaría por fin sometida a un sistema de reglas, datos y decisiones objetivas, basadas en los datos, de manera que servirían también para justificar y eludir la responsabilidad de las consecuencias de las decisiones públicas bajo la justificación “no he sido yo, lo dicen los datos”, que dice Usman Haque. Dicho de otro modo, la tecnología ofrece también la ilusión de que a través de ella se pierda no sólo la responsabilidad de las decisiones, sino el control sobre las mismas, un escenario que reflejaría la aspiración última de una gestión pública burocrática que sitúa en los procedimiento, técnicas y, en última instancia, las máquinas la fuente de la autoridad política.

miércoles, 8 de junio de 2016

El nuevo paradigma de la ciudad inteligente: aproximación social al concepto de smart city

El próximo 30 de junio estaré en Donostia-San Sebastián en el curso de verano Desarrollo local integral: nuevos enfoques, organizado por Garapen y REDEL y que se celebra el 30 de junio y el 1 de julio. Me han encargado ocuparme de una sesión titulada El nuevo paradigma de la ciudad inteligente: aproximación social al concepto de smart city, en la que intentaré presentar un marco de significación de la ciudad conectada que tenga sentido desde una dimensión social y de desarrollo local de la tecnología.


El curso se presenta así:

El modelo de desarrollo local está evolucionando mucho en los últimos años.  Desde una mirada más amplia y más profunda del territorio, el desarrollo local evoluciona hacia un modelo más integral que incorpora además del enfoque económico, el social y medioambiental.  Un modelo de trabajo en colaboración capaz de aunar y asentar proyectos estratégicos para el territorio desde la participación.
Al mismo tiempo, es un modelo que apuesta por contribuir al mantenimiento y calidad del empleo apostando por aquellos sectores con mayores oportunidades en el futuro.
En este curso queremos profundizar en el conocimiento de este nuevo modelo en gestación y con la participación de expertos y presentación de experiencias que nos ayuden a ir dando pasos en este sentido.

Aquí tienes el programa y la forma de inscribirse. Nos vemos por allí.

martes, 7 de junio de 2016

Ciudades y solucionismo

Uno de los principales elementos de insatisfacción respecto al relato más establecido de la smart city es su orientación a resolver unos problemas muy específicos de la ciudad en genérico. El prólogo a cualquier presentación, informe o estudio  que plantee las bondades de la ciudad inteligente estará preñado de alusiones cercanas a lo apocalíptico sobre la acelerada urbanización mundial, sobre los riesgos del cambio climático, sobre los problemas de acceso a los recursos naturales, sobre la inseguridad ciudadana, sobre los ineficientes y derrochadores sistemas de gestión pública, etc. Se trata de un paso introductorio y necesario para construir sobre él el imaginario tecnológico que resuelva estos problemas. Así, la smart city se presenta socialmente como una respuesta técnica a una lista selectiva de problemas definidos como prioritarios por sus proponentes y ofreciendo poner orden –por fín- en el caos producido por un modelo de desarrollo urbano que hasta ahora se ha manifestado incapaz y no inteligente.

Imagen: Web 0.0 project,  by  Biancoshock 
Buscando y seleccionando problemas

"Smart technology is a solution looking for a problem", señalaba recientemente Maarten Hajer, curador de la International Architecture Biennale Rotterdam 2016. De esta manera, siguiendo la misma lógica que dice que quien tiene un martillo sólo ve clavos, los problemas a resolver de una ciudad en la presentación dominante de la ciudad inteligente tienen que ver con la caja de herramientas tecnológicas de las empresas que han perfilado inicialmente este discurso. Esto lleva a que cuestiones como el acceso a la vivienda, la desigualdad, el cambio demográfico o la segregación espacial, por poner sólo algunos ejemplos, quedan fuera de este punto de partida, a pesar de ser, a todas luces, problemas básicos y fundamentales de cualquier entorno urbano. De esta manera, las preguntas iniciales (problemas) a los que se enfrenta la ciudad contemporánea están ya mediatizadas por la construcción del problema que se ha hecho desde las instancias que se han posicionado como proveedoras de las soluciones, imposibilitando el cuestionamiento de los condicionantes previos.

Ante problemas complejísimos, la solución aparece sencilla: aplicar inteligencia sobre las tecnologías para que estas traigan una solución inmediata a problemas intrínsecos a la naturaleza humana, a problemas presentes a los largo de la Historia, a problemas que dependen de complejas estructuras de poder, a problemas que dependen de comportamientos individuales, a problemas que, en definitiva, tienen mucho más que ver con la política, la sociología, la economía o, casi siempre, una mezcla de todo ello. Esta orientación a solucionar problemas está muy vinculada a una forma de pensamiento conectada con la búsqueda de la eficiencia, pero también con una concepción de la realidad mecanicista en la que para cualquier problema singular existiría también una solución singular, más allá de la visión de conjunto, de las interacciones entre problemas y de la complejidad de los mismos. Esta misma orientación a las soluciones es la que prima la consecución de respuestas tecnológicas para preguntas socio-políticas (problemas) para los que aún tenemos dificultades a la hora de definirlos.
“I get nervous when I hear people talk about how technology is going to change the world. I have been around technology enough to know its vast potential, but also its severe limitations. When coarsely applied to complex problems, technology often fails”. (Townsend,2013:17)
La era de internet nos ha traído una confianza creciente en el poder de cambiar las cosas. Sin duda, ha liberado muchos espacios para ampliar la libertad individual de la ciudadanía y no es el momento de describir este cambio. Sin embargo, la sociedad conectada también se ha imbuido de una capacidad de confiar en que las soluciones a los grandes problemas son sencillas y que basta la adición de sofisticación tecnológica suficiente allí donde no existe para cambiar el mundo, un pensamiento con suficiente tradición y de renovada actualidad como para saber que tal axioma está expuesto a profundas limitaciones prácticas cuando estamos ante problemas complejos (wicked problems).

De esta manera, el internet-centrismo (como lógica por la cual cualquier análisis de la realidad y cualquier propuesta pueden ser configuradas en función de las características ideales del funcionamiento de internet) vuelve su mirada también a la ciudad para solucionar sus perennes problemas con internet y la red como referencia para cualquier arreglo tecnológico. De esta manera, en la contundente refutación de esta lógica Morozov encuentra razones suficientes para sospechar de la viabilidad y la eficacia de las respuestas técnicas que la ideología californiana propone para el mundo . Esta lógica se basa, en grandes líneas, en identificar soluciones técnicamente brillantes antes de haber abordado con suficiencia la complejidad de los problemas que presuntamente trata de resolver, bien sea esto la creciente obesidad de la población occidental, la ineficiencia de la gestión de los espacios de aparcamiento en la ciudad, el problema del hambre en el mundo, etc.
“Part of the problem seems to lie in the public´s perchant for fetishizing the engineer as the ultimate savior, as if superb knowledge of technology could ever make up for ignorance of local norms, customs, nd regulations...Non-technologists may be more successful in identifying the shortcomings of technologies in given contexts. They may be better equipped to foresee how proposed technological solutions complement or compete with other available non-technological solutions as well as to anticipate the political and institutional backlash that can result from choices of technology”. (Morozov, 2010)
Imagen: Web 0.0 project,  by  Biancoshock 
No sólo hay problemas que solucionar

Se trata de un enfoque incompleto e injusto que olvida no sólo problemas más urgentes desde las políticas urbanas y las demandas sociales, sino también otras razones y lógicas con las que vivimos en las ciudades. Estas no son únicamente espacios de conveniencia o máquinas de satisfacción eficiente de deseos individuales para acceder a luz y agua, moverse en la ciudad, comprar, pedir cita a la administración, etc. Son eso y algo más, quizá la parte más sustancial de la urbanidad. Las ciudades son lugares para perder el tiempo, para pasear, andar sin rumbo, encontrarse con amigos e incluso con desconocidos, para sorprenderse y admirarse, aprender, jugar, denunciar públicamente, enamorarse y enfadarse, probar a hacer cosas supuestamente prohibidas o inesperadas, manifestarse, crear lo que no existe, etc.

Todas estas actividades son las que hacen interesante y soportable una vida cada vez más banal, programada, cercada por límites naturales e impuestos. La SC no ha tenido apenas respuestas para hacernos la vida más feliz, más vivible, más divertida, más completa; sólo nos ha prometido una vida más eficiente, menos conflictiva, y es desde otros imaginarios conexos al desarrollo de la ciudad digital donde podemos encontrar asideros y ejemplos para imaginar un presente más humano. Proyectos como Take a Seat, Whispering Clouds, Lighting Conductor, Why Sit When You Can Play, Tidy Street project, Hello Lamp Post, Pulse of the City, entre un largo etcétera) , nos invitan a pensar en proyectos tecnológicos capaces de enfrentarnos con la realidad de la ciudad más allá de la eficiencia que buscan sus gestores. Los usos creativos de la tecnología forman parte de una realidad cotidiana para centros de investigación, espacios de creación artística, organizaciones cívicas e instituciones (desde iMAL, Ars Electronica, i-DAT  Open Research Lab, pasando por agencias como Near Future Laboratory, o la ya extinta Berg).

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Townsend, Anthony (2013) Smart Cities: Big Data, Civic Hackers, and the Quest for a New Utopia. New York: W. W. Norton & Company
Morozov, Evgeny (2010) "Technological Utopianism", en Boston Review http://new.bostonreview.net/BR35.6/morozov.php  Último acceso el 28 de febrero de 2015

lunes, 16 de mayo de 2016

An urbanizing world and one size fits all solutions

The smart city as urban proposal seeks to provide a framework to explain and sort out the digital presence in the city that is becoming normal in the urban realm. As such, it represents the new urban utopia proposed as an all-encompassing explanation of many phenomena of change coalescing in urban life and city management. The complexity of the transition to a world (progressively) ubiquitous and (mostly) urban requires giving meaning and coherence to explain this reality.

The smart city has emerged triumphant as a model and social theory, integrating or co-opting previous narratives (sustainability) but using the usual claims (bureaucratic planning and better management of urban development). Despite its totalizing ambitions, the debate on smart cities has been very limited, biased, incomplete and precipitate. After starring in recent years much of the institutional debate (in the form of conferences, plans, pilot projects, etc.), the smart city is not able to explain itself understandably to discuss their explicit goals and implicit consequences.

Where cities are growing, Urban Age, LSE Cities 
The meaning of the technological innovations attached to the smart city storytelling in such an urban world (by percentage of population living in cities but also by the increasing number of large urban agglomerations) are so disparate (a world of urban realities as different as Lagos, New York or Jakarta) and are yet to be explored. It is not possible to keep on understanding and depicting technology as an alien space that we have to assume for granted, and society (cities) as a mere recipient of that technology. In the same way, it is not possible to frame the debate of the smart city as a relationship of cause and effects between the city as generic and technology as something that evolves independently outside the social reality.

This is especially symptomatic in the case of different urban contexts represented by what we might call the global north and south. While the litany of any public presentation of the smart cities is expected to begin asserting the largely urban character of the world's population, immediately its solutions are presented in renderings that resemble at best an idealized and futuristic vision of a modern city western. This denies, in principle, the point of departure since the protagonists of this global urbanization are forgotten. The particular technological imaginary of the smart city plays a generic message aspiring to be meaningful in any context, be it London, Amsterdam, Barcelona, Shanghai or Bangalore without considering the local specificities related to their structural, economic, social conditions that should be the starting point of any exploration of urban futures. Lack of contextualization is often present in many of the failed projects of implementing smart city projects.

As a result of the above, the range of solutions related to the smart city is usually presented generically, regardless of or social, technical, political, demographic or cultural circumstances. "One size fits all" defines this type of solution (smart grids, sensors, big data or any other product) that are meant to work and fit in Mumbai, Tel Aviv, Amsterdam, Valladolid, Detroit or Santiago de Chile.

viernes, 13 de mayo de 2016

1931: bienvenidos a la smart city

Como comenté, el paso 5 de mayo dí una conferencia en el Colegio de Ingenieros de Caminos de Cataluña. Dejo aquí la presentación que usé.



Fue un recorrido que hasta ahora tenía pendiente hacer completo y, por una vez, me dejó la sensación de haberlo contado como quería. Quería hacer una actualización de La tecnología no es suficiente: aprendiendo del semáforo revisando el modelo de ciudad del pasado siglo y la nueva propuesta urbana representada por la smart city.  Partía de una ficción (¿o no?) y era la de evitar la disputa sobre cuál es la definición de la smart city más adecuada y de si existe una ciudad inteligente, asumiendo que la ciudad inteligente nació hace tiempo. Hoy la inauguración de cualquier red de sensores, de fibra óptica, de farolas inteligentes o de una flota de coches eléctricos municipales no es capaz de crear las arremolinaciones populares que crearon los primeros semáforos (la foto, ya la he puesto alguna vez, corresponde a la instalación de un semáforo en Londres en 1931).

Photograph: Fox Photos/Getty Images 
Allí, en la pequeña magia tecnológica de sus circuitos y sus luces, ya estaban inscritas muchas de las características de la ciudad inteligente: automatismo, regulación, eficiencia, gestión,... La smart city, en buena medida, es una continuación más que una revolución. El semáforo como equipación técnica de la ciudad del siglo XX subida a un vehículo privado. Con la idea de llegar a una frase que uso mucho (“A good science fiction story should be able to predict not the automobile but the traffic jam”, de Frederik Pohl), correspondía un repaso de las consecuencias quizá inadvertidas pero irremediablemente negativas de ese modelo. Todo aquello que, tras décadas de pensar la ciudad en torno al coche, llevamos unos cuantos años tratando de resolver antes de que el cambio climático, la disolución de los espacios públicos, la segregación espacial,...terminen con nosotros.

People in The Netherlands admiring the first ever traffic jam. 1955 
Todo ello como punto de partida para señalar que no se nos da especialmente bien que las utopías salgan bien y que no somos muy hábiles a la hora de anticipar los efectos indeseados de las cosas que hoy nos parecen razonables y deseables. Tiempo para preguntas que aún deberíamos hacernos sobre cuáles son los "atascos" del futuro que traerá la smart city y que no podemos o no queremos ver: ¿Podemos planificar todo?, ¿Sólo vivimos en ciudades buscando eficiencia?, ¿Dónde está el cerebro de la ciudad inteligente?, ¿Y si falla?

Todo para llegar a la conclusión final: la forma física y material que toma la tecnología no es tan importante como las decisiones sobre su diseño, la normativa que la regula, las condiciones específicas en que se utiliza, etc. 

jueves, 12 de mayo de 2016

Smart cities: a quiet revolution

“Looking at the history of technology literally puts us in our place by suggesting that rather than ending time, space, and social relations as we have known them, the rise of cyberspace amounts to just another in a series of interesting, but ultimately banal exercises in the extension of human tools. They are potentially very profound extensions, but not enough to warrant claims about the end of anything, other than the end of a chapter in a seemingly never ending story. Indeed, the history of technology suggests that this would be far from the first time that we have laid claim to the end of history, the end of geography, and the end of politics. Practically every substantial technological change has been accompanied by similar claims. The chant goes on: This changes everything. Nothing will ever be the same again. History is over, again and again and again.”
Vincent Mosco (2004) The digital sublime. Myth, power and cybersapce, MIT Press, Cabridge

The beginning of the XXI century has deployed different technological developments in the urban and their potential for transforming cities today can barely be glimpsed. We are not good at advancing the future, nor at foreseeing the unintended consequences of progress. In any case, we know that all the Internet-based technologies are already the protagonists of urban innovations and the most significant technological advances in the coming years. The internet of the future is the framework for developments related to the Internet of things, cloud computing, big data or sensor technology. Its applications reach all scales, from changes in personal life habits to the transformation of business models in almost any industry. Likewise, any of the features of mobile technology-driven changing habits are eminently urban and shape new patterns in a process of social engineering, and have little to do with traditional habits a couple of decades ago. Lives under this scenario are a continual succession of digital traces from individuals, human groups or entire communities that are captured, stored, processed and exploited, remodelling preferences, customizations and adjustments in real time, while algorithmic regulations and other sorts of black boxes broaden their influence in everyday lives and decisions.

Delivering a Computer in 1957  Photograph via Norfolk Record Office 
These changes are usually presented as a profound revolution. Spectacularization of technology (or, at least, a particular set of technology developments) in the media tends to draw a revolution taking place. However, despite the enormous changes that have led to the panoply of advances associated with the networked society, this transition has been, if not stealthily, at least quiet and peaceful. Faced with the temptation to identify the emergence of the smart city as a new paradigm in urban management and understanding of urban reality, we must recognize that the digital urban layer has been present in academia and thinking about cities for a couple of decades at least. On the other hand, the digital colonization has occurred incrementally and gradually rather than in an explosive way. As individuals, organisations and societies we have incorporated into our daily work, our daily experience, our material means of life and our experienced spaces different devices, quite peacefully and intuitively.

The story of the leapfrog  into the smart city is much less epic than how it is usually depicted, and has more to do with a succession of steady, progressive, incremental and intuitive changes on our habits, conveniences, etc. Frequently, they have physically modified our streets and have transformed our social relations. As such, they have colonized virtually every sphere of our life following a process that began decades ago. It is, therefore, a vibrantly contemporary change. The presence of software in everyday life burst long ago in various fields (air navigation, business organization, financial flows and domestic equipment). This presence is now normal in our pockets, in the public space or public service management. The main jump has derived from the invasive nature of the functions of smart devices, which have individualized capacity intermediating through the network in the most common and even intimate activities of the connected  human life. Of course, this is a massive shift that has equipped us  with new capabilities (big data), through new devices (smartphones) or interfaces (internet of things) and new infrastructure (connectivity, data centers). However, essentially all occurred out of sight, in a diluted form in the sum of small daily acts that hold our existence.

sábado, 7 de mayo de 2016

Jane Jacobs y la tentación de simplificar la complejidad urbana

Esta semana se han celebrado 100 años del nacimiento de Jane Jacobs, imposible no enterarte si sigues medios más o menos relacionados con temas urbanos. Es imposible señalar tantos artículos que se han escrito, así que me conformo con destacar este en The Guardian (en su, por cierto, excelente serie de miradas a la historia reciente de las ciudades) sobre la oposición a Robert Moses y el modelo urbano que representaba. Una controversia tan simbólica y profunda que da para una ópera incluso, A Marvelous Order.

Celebrating Jane Jacobs. Ilustración de  James Gulliver Hancock 
Después de todos estos años, en el blog ha aparecido muchas veces como referencia y he dedicado también reseñas sobre la edición en castellano de Muerte y vida de las grandes ciudades  y de un libro de análisis de su pensamiento desde diferentes disciplinas, The urban wisdom of Jane Jacobs. Siempre tengo a mano sus libros y, aunque no soy muy aficionado a las citas, terminé por utilizar una, quizá una más desconocida, en la introducción a la tesis. Leyéndola de manera aislada, pero también en su contexto, refleja muy bien algunas de las cosas que trabajé y que sigue teniendo gran actualidad.

Señala las tentaciones totalizadoras y a la vez simplificadoras del pensamiento urbano recurrente que se transforma en modelos y utopías, pero también en estrategias descontextualizadoras y mágicas, una condena a chocar irremediablemente con la complejidad del funcionamiento que, en lugar de ser asumida como realidad se convierte en tentador objeto contra el que luchar y al que dominar mediante soluciones modernizadoras, racionalistas, centralizadoras, burocráticas, de una vez y para siempre.

Bonus track
De los múltiples videos y documentales que se pueden encontrar, este es uno de mis favoritos:




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