miércoles, 1 de febrero de 2017

La condición inteligente de la ciudad

El nuevo número de Ciudad Sostenible incluye un extracto del libro Descifrar las smart cities. ¿Qué queremos decir cuando hablamos de smart cities?

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La smart city como propuesta urbana trata de ofrecer un marco para explicar y ordenar la presencia digital en la ciudad. Se trata del modelo urbano que ha sido ofrecido como explicación totalizadora de tantos fenómenos de cambio que apenas hemos esbozado anteriormente. La complejidad de la transición a un mundo (progresivamente) ubicuo y (mayoritariamente) urbano exige dar un sentido y coherencia para explicar el mundo en el que vivimos y que estamos construyendo y en el marco de esta necesidad la SC ha salido triunfante como modelo o teoría social de referencia a partir de una integración o co-optación de discursos previos (la sostenibilidad) y de pretensiones nada novedosas (la planificación y a gestión burocrática del desarrollo urbano). A pesar de sus ambiciones totalizadoras, el debate sobre la smart city ha sido muy limitado, sesgado, incompleto y precipitado. Tras los últimos años protagonizando gran parte del debate institucional (en forma de congresos, planes, proyectos piloto, etcétera), la ciudad inteligente no es capaz de explicarse a sí misma de manera comprensible para poder discutir sus consecuencias explícitas y sus efectos implícitos.

El significado de estas innovaciones tecnológicas en un mundo tan urbano (por porcentaje de población viviendo en ciudades pero también por el cada vez mayor número de grandes aglomeraciones urbanas) y a la vez tan dispar (un mundo en el que conviven realidades urbanas tan diferentes como Lagos, Nueva York, Jakarta o Santiago de Chile) está aún por explorar. El escenario aspiracional de la ciudad inteligente en la sociedad conectada sigue siendo aquel descrito por uno de sus pioneros, William Mitchell una personalización y adaptabilidad masiva de los servicios públicos y privados a través de los cuales las personas desarrollamos nuestras vidas para nuestra conveniencia. Cabe preguntarse en este momento si conveniencia y eficiencia es lo único que cabe esperar como ciudadanos del despliegue de la ubicuidad digital en la ciudad. Frente a la conveniencia que desde principios de siglo han añadido a nuestra vida tantos equipos capaces de adaptarse a nuestra realidad, de hacernos más sencillas las cosas, ahora somos más conscientes que hay otras consecuencias asociadas. Pérdida de autonomía (¿somos hoy más libres sujetos a los grandes monopolios de internet?), cambios en nuestras capacidades humanas (¿qué fue de nuestra memoria?), modificación de nuestros hábitos (¿qué hacíamos con tantos tiempos muertos antes del móvil?), creación de nuevos modelos de gobernanza y ejercicio del poder (¿quién controla hoy nuestro rastro digital?),.. Estas consecuencias no son necesariamente negativas, pero claramente nos obligan a cuestionarnos no hacia dónde vamos, sino hacia dónde queremos ir.

El seminal artículo de Mark Weiser (The Computer for the 21st Century) sobre la computación ubicua. Este breve texto representa uno de los escritos más influyentes y casi fundacionales de la tecnología digital tal como la conocemos hoy, en la medida en que predijo el paso de la época del ordenador personal a la era de la computación distribuida y fuera de las pantallas de los ordenadores. Su influencia ha sido central en las siguientes dos décadas en la agenda de investigación de las tecnologías ubicuas y su presencia cotidiana y en la retórica sobre sus prometedores efectos como una proyección para el futuro . Sin duda, su carácter visionario expresado en la conocida cita “the most profound technologies are those that disappear. They weave themselves into the fabric of everyday life until they are indistinguishable from it” se ha demostrado real a día de hoy, aunque posiblemente su despliegue material haya tomado derroteros y plasmaciones insospechadas o imprevistas en algunos casos.
En el caso específico del urbanismo y el planeamiento municipal, su intersección con las tecnologías conectadas también ha dado lugar a nuevas soluciones que tratan de encontrar nuevas dinámicas urbanísticas que incorporen soluciones digitales en sentido amplio. Esto pasa, en primer lugar, por la exploración de la realidad del funcionamiento urbano a través del uso del big data como nueva fase del estudio de los sistemas complejos en los entornos urbanos produciéndose así proyectos de modelización y de visualización de datos urbanos. Este tipo de proyectos de urbanismo sensorizado o urbanismo cuantitativo utilizan una variedad de técnicas de análisis basadas en los datos digitales urbanos que quedan plasmados en visualizaciones con un componente dinámico y, en muchas ocasiones, en tiempo real.

Más cercanos al ciudadano están los diferentes proyectos que están explorando cómo acercar la realidad cotidiana del espacio físico construido a través del uso de aplicaciones móviles para explorar y entender la capa digital de información alrededor del urbanismo (desde los diferentes sistemas de geolocalización a los que ya estamos acostumbrados para utilizar los medios de transporte público o para identificar o localizar diferentes recursos de la ciudad, desde problemas que requieren intervenciones de mantenimiento municipal hasta sistemas para localizar edificios y espacios abandonados o en desuso). Desde el punto de vista de la gestión interna municipal, la digitalización de la información está dando lugar, por su parte, a fórmulas más integradas de organización de la realidad urbanística y su cruce con otras realidades sectoriales, avanzando hacia soluciones más coherentes y a decisiones mejor informadas por parte de los gestores públicos. En último lugar, la presencia de objetos conectados en las calles de las ciudades continúa extendiéndose de manera natural (control de accesos a edificios a través de sistemas de identificación, soluciones automatizadas para áreas de peaje urbano, dispositivos de información pública, hotspots de conexión wi-fi, fachadas digitales interactivas, etc.), conformando una esfera de objetos públicos con los que la ciudadanía interactúa de manera más o menos consciente en la hidridación del espacio urbano y el espacio digital para desarrollar su vida en la ciudad.

Partimos, por tanto, desde este mismo momento, de la constatación de una nueva presencia en la ciudad, una nueva capa técnica que no sólo tiene un reflejo material en forma de infraestructuras, dispositivos públicos y personales, sino también un reflejo inmaterial en forma de flujos y transferencias de información, transacciones de todo tipo mediatizadas por interfaces digitales. Este es el entorno crecientemente generalizado en el que se desenvuelve la cotidianeidad urbana, en el que se transforman los servicios urbanos y en el que nace y se manifiesta un nuevo imaginario.

La invisibilidad es característica de las tecnologías que estamos tratando. Hasta ahora, cualquier otra gran transformación técnica de la Humanidad ha sido protagonizada por instrumentos materiales, tangibles físicamente e incluso pesados. Quizá el teléfono o el telégrafo se acerquen a esa invisibilidad pero, en último término, siempre han estado asociados a sus terminales, oficinas o líneas de comunicación y, en cualquier caso, su funcionamiento es relativamente sencillo en comparación con la complejísima red de infraestructuras, protocolos, software,… sobre la que se soporta la Red. Hoy tenemos los dispositivos conectados –con el smartphone como símbolo-, pero la transformación fundamental está en la conexión inalámbrica y la transferencia de información que generan. Datos, algoritmos y código son producto y resultado de la inteligencia ofrecida por los mecanismos materiales que usamos para conectarnos. Así, el teléfono móvil inteligente se ha convertido en el ejemplo perfecto de cómo un objeto absolutamente visible y material propio de la vida conectada es, sin embargo, resultado funcional de un sistema de redes complejas e infraestructuras (centros de datos, servidores,…) invisibles y desconocidas  que sostienen todo ello, pero radicalmente materiales y físicas. Esta pérdida de conexión sensorial con la base física de la Red podría explicar nuestra dificultad para captar las consecuencias profundas del cambio tecnológico que vivimos y hace que, en el día a día, la experiencia digital esté más cerca de lo inconsciente y la sensación de tener en nuestras manos una tecnología mágica sobre la que apenas tenemos capacidad de comprender sus consecuencias, su funcionamiento básico y las prerrogativas que le cedemos a cambio de su uso.

Estas cuestiones nos urgen a formular un modelo crítico para comprender la transición hacia una vida conectada que ha llegado de manera gradual pero abriendo importantes cuestionamientos sobre el significado de esta colonización digital. Podemos ver los sensores instalados en las farolas de alumbrado público, pagar el aparcamiento acercando nuestra tarjeta de crédito, seguir en tiempo real nuestro consumo energético o incluso, al menos entender, en qué consiste la plataforma de integración de datos que nuestro ayuntamiento está desarrollando a modo de sistema operativo. Podemos descargarnos una app en nuestro móvil, aceptar la política de cookies de una web o acordar con una empresa a través de un formulario web una determinada política de uso de nuestros datos personales. Pero aunque podamos tocar estos objetos o realizar estas acciones de manera consciente, su significado más íntimo en términos de quién hace qué con nuestros datos, qué control tenemos sobre las imágenes de video-vigilancia a las que estamos sometidos o por qué el buscador de información municipal nos ofrece unos datos u otros, sigue siendo una caja negra. Mucho más oscuro aún es comprender que nuestros datos personales están alojados en servidores y centros de datos de la Costa Este de Estados Unidos, que el diseño de ese sistema operativo de nuestra ciudad tiene su cerebro (servidor) en California o quién es dueño de los cables submarinos que nos conectan a la Red mundial. Por eso, a pesar de haber descubierto recientemente que nuestra sociedad y nuestras vidas, tan beneficiadas por estar conectadas, están también sometidas a los sistemas de espionaje masivo más complejos de la Historia, nuestra sensibilidad sobre los problemas, por ejemplo, de privacidad, sigue siendo muy baja. Esta realidad nos señala una necesidad imperiosa de disponer de recursos críticos para abordar estos cambios desde un debate social consciente, crítico y constructivo. Precisamente por el carácter invasivo e invisible que hemos señalado, las tecnologías que hoy disfrutamos tienen la capacidad de maravillarnos, instalarse cómodamente en nuestras rutinas y ser asumidas sin mayor cuestionamiento que la conveniencia que nos producen en nuestros quehaceres diarios. Pero si bien el enorme y complejo desafío de la privacidad y la seguridad se presenta como el más significativo y sensible a nivel personal, otros muchos desafíos se presentan en el horizonte de la esfera pública y comunitaria. Estos desafíos, en la medida en que se plasman a través del imaginario de la smart city en las formas de gobierno, en los arreglos institucionales a través de los cuáles se despliegan las infraestructuras básicas de la ciudad y nuevos servicios derivados de la esfera digital o en las expectativas sobre los límites de la democracia, abren la necesidad de cuestionar las asunciones implícitas detrás de estas tecnologías. 

martes, 24 de enero de 2017

La ciudad relacional en la sociedad conectada (8 de febrero, Alicante)

El próximo miércoles 8 de febrero estaré en Alicante en el marco del ciclo de conferencias Urbanismo Transversal organizado por el Área de Urbanística y Ordenación del Territorio de la Universidad de Alicante. El curso, compuesto de diferentes sesiones entre noviembre de 2016 y abril de 2017, cuenta también con la participación de Javier Ruiz (Unviersidad Politécnica de Madrid), Gabrielle Pasqui (Politecnico di Milano), Carla Narciso (Universidad Nacional Autónoma de México), Juan Luis Rivas y Belén Bravo (Universidad de Granada) y Lisa Reber (Arizona State University).

Desde un planteamiento abierto a analizar nuevas teorías y conceptos alrededor del urbanismo, mi aportación se titula "La ciudad relacional en la sociedad conectada" y la he encuadrado así:

"La forma de hacer ciudad es un proceso en crisis. Diferentes factores, desde cambios sociales, crisis de la política o transformación tecnológica, están contribuyendo a la materialización de un conflicto entre las formas institucionales de gobernar y dar forma a las ciudades y las expectativas de la ciudadanía sobre el papel que quiere tener en la ciudad que vive. Son muchos los movimientos sociales, las disciplinas académicas, los proyectos o las teorías que están contribuyendo en los últimos tiempos a la formación de un nuevo enfoque sobre cómo hacer ciudad que vaya más allá de las instituciones públicas y del urbanismo como instancias centrales o únicas de hacer ciudad. Hacer ciudad ya no es únicamente un asunto de planificadores públicos o de urbanistas en sentido estricto. Las metodologías, conocimientos y teorías que diseñan y construyen la ciudad y sus proyectos en el día a día han desbordado el campo de acción de las ciencias urbanas tradicionales. Con estas premisas, la sesión quiere revisar más concretamente el impacto de las ciudades inteligentes como modelo urbano y su significado en las nuevas prácticas del urbanismo, la gestión de la ciudad, las dinámicas de participación ciudadana, etc."

martes, 10 de enero de 2017

Participación ciudadana. Hacia un enfoque creativo

El primer número de 180º, el primer número de una nueva revista que ha lanzado Global CAD, ya está aquí. Tuve la oportunidad de escribir una contribución hace ya unos cuantos meses, en la que abordo cómo se están superando los modelos más tediosos, rígidos e institucionales de la participación ciudadana. Este primer número, titulado Back to Local, tal como lo presenta así Fernando Casado, busca analizar "tendencias alternativas que reflejan un cambio de mentalidad comprometido a cambiar nuestros hábitos: desde nuestros modelos de consumo y producción a la forma en que gestionamos el conocimiento y cómo interactuamos entre nosotros.(...) Ante esta situación, la identidad de barrio ha recuperado su razón de ser, las asociaciones están en el punto de mira y las cooperativas están otra vez de moda. Unidos por la necesidad y respondiendo con creatividad y solidaridad a los retos de un futuro que amenaza con colapsar, los ciudadanos han vuelto a centrarse en ellos mismos, en el vecindario. Han regresado a lo que es local. El terreno de juego para esta revolución es la ciudad, la cual se esfuerza en adaptarse a una ciudadanía que ya no acepta ser representada, sino que solicita y demanda un nuevo modelo de gestión urbana basado en políticas de participación pública con un carácter más inclusivo."

En la revista puedes encontrar contribuciones de Antanas Mockus, Javi Creus, Raons Públiques, Gemma Soles o Lea Rekow, entre otros. Abajo puedes leer mi texto (una traducción ddel original en inglés) y la revista completa la puedes leer aquí.

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La participación de la comunidad en la  planificación urbana empieza a ser urgente.  A pesar de que las sociedades buscan  más acceso a información y transparencia  en las decisiones públicas, se enfrentan muchas veces con sistemas de  planificación oscuros y complejos cuando  se trata de desarrollo urbano. La participación  ciudadana necesita un proceso de  diseño que considere estratégicamente  cómo hacer de sus promesas una realidad.



El mundo en desarrollo está  siendo testigo de unas tasas  de urbanización sin precedentes.  Esto trae aparejada  una necesidad creciente por  generar nuevas herramientas  que ayuden a atender las demandas de las  comunidades a partir de un criterio inclusivo  y creativo que hagan de la planificación  participativa una estrategia de  alto impacto.

El diseño participativo ha ampliado  sus límites durante la última década. Las  encuestas, las audiencias públicas, las reuniones  de espacios abiertos, las consultas,  los diagnósticos participativos, ... eran  parte de las herramientas tradicionales  hace algunos años y siguen siendo lo que visualizamos cuando pensamos en participación.  Salas de reuniones, papeles, pizarras,  post-its y personas que se reúnen  para hablar, debatir, sugerir, dar su consentimiento,  etc. Además, esto se produce  en torno a temas específicos designados  por las autoridades como participativos.  Aunque esta breve descripción puede parecer  demasiado simplista e incluso injusta  dada la amplia gama de técnicas heterogéneas,  enfoques y herramientas, este ha  sido el marco general de la participación pública en las decisiones locales.

Después llegaron las tecnologías en  red y su generalización no sólo cambió  nuestra vida cotidiana, sino también  nuestra forma de pensar y nuestras expectativas.  La externalización abierta  de tareas, la producción entre pares, el intercambio  colaborativo, los bienes y servicios  comunes y otros conceptos e ideas  se están convirtiendo en parte de la forma  en la que entendemos cómo funcionan las  cosas y cómo los proyectos deberían ser  diseñados, gestionados y evaluados en diferentes esferas de la vida, desde el periodismo  y los medios de información hasta  el acceso a la producción cultural y el consumo.  Así que, ¿por qué los gobiernos y las  políticas públicas están tardando tanto  tiempo en adaptar sus procedimientos a la  forma en que vivimos? La respuesta es que  la innovación y el cambio local requieren  profundas mutaciones y liderazgos que  todavía son escasos.
La participación, así como todo tipo  de implicación en asuntos públicos, deben  ser entendidos detalladamente para  evitar las falsas expectativas y el síndrome  de fatiga participativa. Aquí es donde  debemos establecer una diferenciación  crucial, como Thomas J. Lodato abordara perfectamente en su artículo “Tres posturas  sobre el hackeo cívico”. Aunque el  texto está vinculado a un enfoque particular  de la participación cívica, el hackeo  civíco, también puede adaptarse perfectamente  a una visión más amplia de los  procesos participativos. La participación  en, la participación por y la participación  a través, conforman tres marcos diferentes  para entender el nivel de implicación  en asuntos públicos que los procesos particulares  de participación están promoviendo.  Tener esto presente es una forma  de establecer límites, el alcance y la ambición  de cómo se concretará la toma de  decisiones y la participación ciudadana.
Antes de mostrar cómo estas tendencias  están remodelando nuestro conocimiento  sobre el compromiso cívico en políticas  locales, podemos resumir algunos criterios  que aún son relevantes en el diseño de  procesos participativos:

POR QUÉ. DEMOCRACIA Y MEJORES  DECISIONES
La participación comunitaria  en políticas locales y las cuestiones  sociales, por lo general, vienen precedidas  por una respuesta negativa predecible:  “malgasta dinero, tiempo y recursos  que no nos podemos permitir. Hay una necesidad  urgente de tomar una decisión”.  Antes o después, aquellos que pretenden  promover un proceso participativo tendrán  que hacer frente a esta crítica y vale  la pena diseñar un proceso que abarque los  riesgos, el escepticismo y las desventajas.  La participación comunitaria puede suponer  más tiempo hasta que se tome una  decisión, mantener los conflictos paralizados,  implicar una pérdida percibida  de la autoridad de los organismos públicos  o añadir incertidumbre en el proceso  de toma de decisiones. Estas barreras,  entre otras, son problemas potenciales  a los que un diseño deliberado y sensato  puede enfrentarse. La planificación participativa  sin embargo, es más propensa  a producir mejor decisiones respecto al  entorno construido y la gente que lo disfruta.  Estas decisiones en conjunto están  mejor informadas, anticipan conflictos  potenciales, ponen de relieve la legitimidad  de las decisiones públicas, y crean  un sentido de corresponsabilidad en la  creación de los espacios urbanos. Pero, sobre  todo, perfeccionar la participación y  el compromiso cívico es la mejor manera  de adaptar el trabajo institucional y la burocracia a las expectativas crecientes  de las sociedades alrededor del mundo a  expresar su opinión a la hora de dar forma  a su propio entorno.

QUIÉN. TRANSPARENCIA E INCLUSIVIDAD
El principal reto de los proyectos  urbanos tiene que ver con la necesidad de  diseñarlos de un modo transparente e inclusivo,  diferenciando los papeles que los  distintos actores deberían desempeñar en función de su posición. El mapa de actores  involucrados en el proyecto no tiene  que ver con un largo listado de nombres.  El reto crucial es asegurar que desempeñen  su papel de un modo equilibrado  y que definan un conjunto diferente de  herramientas de participación, eventos  y maneras de contribuir de tal forma que  la mayoría de los intereses sociales estén  incluidos. Ciertas herramientas como los  sociogramas -un instrumento que mapea  las interacciones entre los diferentes grupos de personas- o las herramientas  de mapeos de actores son útiles para comprender  el papel que cada actor puede tener  en el proceso y definir la contribución  correcta en cada etapa del proceso. Nos  ayudan a profundizar en las relaciones  dentro de la comunidad y facilitan a los  diseñadores formas para involucrar a los  participantes.

QUÉ. DISEÑO PARA CADA CASO ESPECÍFICO
A pesar de que la planificación  participativa es una rama consolidada y ha  sido utilizada en diferentes áreas de las políticas  públicas, debe tenerse cuidado con  las copias. Existe la tentación de pensar  que lo que funcionó en un lugar podrá ser  implementado de forma mimética en otros.  Por supuesto, gracias a la amplitud de iniciativas  precedentes, las organizaciones  pueden inspirase de ellas, no hay necesidad  de empezar de cero. Los facilitadores  pueden encontrar fácilmente distintas guías, ejemplos inspiradores y consejos  prácticos. Pero una de las recomendaciones  más importantes que los planificadores  comunitarios y los facilitadores de la participación  dan es la adaptación del diseño  para cada proyecto. El diseño caso a caso  es la única manera de iniciar un proceso  que puede variar en función del tema, la  problemática urbana, las circunstancias  sociales, los recursos disponibles, etc.

Teniendo presentes estas primeras  ideas como principios del diseño para garantizar  la incorporación de la conciencia  del contexto a los procesos participativos,  necesitamos integrar una mejor comprensión  de las nuevas necesidades sociales y  expectativas de lo que en realidad llamamos participación. Hubo un tiempo  en el que la planificación participativa  representaba sólo una serie de reuniones  vespertinas aburridas. Probablemente esa  aún sea la principal imagen que visualizamos  a la hora de analizar un proceso  participativo. Las reuniones internas, que  son en realidad una manera muy limitada  para que la gente se involucre, son una  pequeña fracción de las diferentes herramientas  que pueden usarse para despertar  los intereses sociales y las contribuciones.  Aquí es donde la creatividad puede inspirar  a aquellos a cargo del diseño y la facilitación  de procesos, para entender que las  ideas pueden surgir de formas diferentes  y que la implicación en cuestiones locales y comunitarias pueden ser más proactivas:  ¿por qué no hacer ejercicios de dibujo  para incluir las visiones infantiles?, ¿por  qué no contar historias para incluir a las  personas mayores?, ¿por qué no salir de  los espacios cerrados?, ¿por qué no deshacerse  de los papeles y cuestionarios y usar  las paredes u otros formatos para recoger  ideas?, ¿qué hay de transformar físicamente  el espacio que se está discutiendo  para imaginar su uso potencial?, ¿qué pasa  con la participación de otros profesionales  además de arquitectos y urbanistas (artistas,  novelistas, fotógrafos,…) y pensar con una perspectiva diferente alejada de mapas,  ordenanzas y códigos? Llegados a este  punto, podemos mencionar un proyecto  que ilustra bien esta idea, Green My Favela  (Río de Janeiro, Brasil) como forma, entre  otras, de ejemplificar el tipo de programas  orientados a la acción que incluyen en su ADN un enfoque participativo basado en la  apropiación real y creativa de la ciudad. La participación ya no es cuestión de obsesionarse  con la representatividad e invitar  a otros para personalizar los intereses de  individuos o grupos, sino una cuestión de  quién puede aportar y contribuir con sus propias manos.

Los procesos participativos digitales  y los modos de involucrar colectivamente  están impulsando la planificación  comunitaria y la participación ciudadana  en asuntos públicos. Acoger nuevas herramientas digitales (desde las redes  sociales hasta la ciencia ciudadana, las  aplicaciones móviles, el código abierto y  la visualización espacial) han transformado  la forma en la que la participación cívica es diseñada, ampliando el alcance,  las personas involucradas, el tipo de contribuciones  y, en resumen, mejorando la  calidad de la participación comunitaria  en las ciudades. Esto puede tener una función  instrumental (haciendo un mapeo de  lo invisible en comunidades marginales),  pero ha resultado ser también una herramienta  poderosa, como en el caso bien  conocido de Kibera (Nairobi, Kenia), que  impulsa la construcción y el compromiso  de la comunidad.  Las tecnologías cívicas también han  tenido un gran impacto en la facilitación  de proyectos de crowdsourcing que demuestran cómo los ciudadanos pueden  transformar sus ciudades con sus  propias manos. Desde proyectos cívicos  de crowdfunding a través de Spacehive  y otras plataformas que recogen ideas (Change by us, por ejemplo), hasta intervenciones  tácticas para construir ca rriles bici de guerrilla, pasos de cebra,  huertos urbanos y reactivar espacios desocupados.  Todo esto, estas herramientas, proyectos y tendencias nos muestran un  nuevo equilibrio al alza sobre la relación  entre ciudadanos y gobierno. Con respecto  a estos cambios, vale la pena señalar el  criterio de diseño establecido en el documento  Governance for the Future: An  Inventor’s Toolkit, del Institute for the  Future como una buena guía en esos principios  previamente descritos que han  sido renovados mediante la expansión del  movimiento de innovación social. Nuevas  metodologías de implicación y enfoques  están siendo probados para entender  cómo la participación trabaja en una sociedad  interconectada (ver, por ejemplo,  Citizen Canvas).

La tecnología está impulsando la  innovación y la gobernanza no es una excepción.  Las instituciones y sus burocracias  son maquinarias pesadas que tardan  más en adaptarse que la colectividad a las nuevas demandas de sociedades abiertas  y gobernanzas democráticas más profundas.  Como tal, la tecnología es sólo un facilitador  de un cambio en la mentalidad  cultural subyacente. Este cambio está relacionado  con el movimiento colaborativo  y el movimiento de ciudades compartidas  (ver el Sharing Cities Toolkit, por ejemplo)  que es la manifestación de un nuevo  enfoque en la participación: no me digas  que no puedo hacerlo.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Towards a creative approach on community engagement

The first issue of 180º, a new magazine by Global CAD, is already here and I am happy I had the chance to contribute with an essay on participatory processes and how to make the best of community engagement. This #1 issue is titled Back to Local, and as Fernando Casado puts it, "it analyses alternative trends reflecting a change of mentality committed to modifying our habits: from our consumer patterns to ways of production, to the manner in which we manage generated knowledge and how we interact with each other. (...) Faced with this situation, neighborhood identity has regained its reason for being, community associations are in the spotlight and cooperatives are again in vogue. United by necessity, and responding with creativity and solidarity to the collapse of a future that, perhaps prematurely, we took as a given, citizens have returned to focus on themselves, on the neighborhood. They have returned to what is local. The playing field for this revolution is the city, which is striving to adapt to a citizenry that no longer allows for being represented, and demands a new model of urban management based on participatory public policies accented by inclusiveness."

You can find contibutions from Antanas Mockus, Javi Creus, Raons Públiques, Gemma Soles or Lea Rekow, among others, and below is my text. The full magazine is here.

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Community engagement in urban planning is becoming a matter of urgency. While societies are seeking more access to information and transparency in public decisions, when it comes to urban development they are most of the time faced with obscure and intricate planning systems. Citizen participation calls for a design process that strategically considers how to make its promises a tangible reality.


The developing world is witnessing an unprecedented rate of urbanisation. This leads to a growing need for a new generation of tools that help address community demands from an inclusive and creative perspective, to make participatory planning a high impact strategy.

Participatory design has broadened its scope in the last decade. Surveys, public hearings, open space meetings, consultations and participatory appraisals were part and parcel of the traditional tool kit, and are still what comes to mind when we think about participation. Meeting rooms, papers, chalkboards, post-its and people gathering to talk, discuss, suggest and consent. This occurs around specific topics designated by authorities as participatory. Though this brief description may seem overly simplistic and even unfair within the wide array of heterogeneous techniques, approaches and tools, such has been the general framework of public participation in local decisions. Then networked technologies arrived and became widespread, and not only changed our everyday life, but also our mindsets and expectations. Crowdsourcing, peer-to-peer production, collaborative sharing, commons and other concepts and ideas are becoming part of the way we understand how things and projects should be designed, managed and evaluated in different spheres of life, from journalism and media information access to cultural production and consumption. So why it is that governments and public policies are taking so long to adapt their procedures to the way we live? Because local innovation and change call for in-depth changes and leadership that are still lacking.

Public participation and involvement in public issues has to be properly understood to avoid false expectations and participation fatigue syndrome. Here is where a crucial differentiation must be made, as Thomas J. Lodato seamlessly addressed in his article ‘Three Positions on Civic Hacking’. Though the text is linked to a particular approach to civic engagement, i.e. civic hacking, it can perfectly apply to our broader outlook on participatory processes. Participation in, participation by and participation through are three different frameworks for understanding the level of engagement in public issues promoted by certain participa tion processes. Keeping this in mind is a way to set the limits, the scope and the ambition of the extent to which decision- making and citizen involvement will take shape.

Before showing how these trends are reshaping our understanding of civic engagement in local policies, we can sum up a number of criteria for designing participatory processes that are still relevant:

WHY? DEMOCRACY AND BETTER CHOICES
Community participation in local policies and social issues usually comes with the predictable backlash: ‘It wastes money, time and resources, which we cannot afford. There is an urgent need to make a decision’. Sooner or later, those seeking to promote a participatory process will have to face this critique, and it is worthwhile to design the process in a way that counters the risks, scepticism and drawbacks. Community engagement may mean more time until a decision is made, may keep conflicts stagnant, may imply a perceived loss in public bodies’ authority, or add uncertainty in the decision- making process. These stumbling blocks, to name but a few, are potential issues that deliberate and sensible designing can cope with. Participatory planning, however, is more likely to yield better decisions as regards the built environment and the beneficiaries. On the whole, these decisions are better informed, anticipate potential conflicts, enhance the legitimacy of public decisions and create a sense of co-responsibility with urban spaces. But, above all, enhancing participation and civic engagement is the best way to adapt institutional work, red tape and bureaucracy to the growing expectations of societies around the world, so that they can have their say in shaping their own environment.

WHO ? OPENNESS AND INCLUSIVENESS 
The main challenge facing participatory urban projects relates to the need for open and inclusive design, and to differentiating the roles various stakeholders should play depending on their position. The map of stakeholders involved in the project does not necessarily have to be a long list of names. The crucial challenge is ensuring that said stakeholders play a balanced role; different set of participatory tools, events and means of contributing are defined so the largest number of social interests are covered. Certain tools such as sociograms– a tool that maps interactions between different groups of people – or stakeholder mapping tools, become very useful for understanding what role each player may have in the process and defining the right contribution everyone can make at every stage of the process. They help you to dive into the relationships within the community and help designers understand how to engage participants in the process.

WHAT ? CASE-SPECIFIC DESIGN 
Though participatory planning is a well-established field and has been used in different public policy areas, beware of copycatting. There is a temptation to expect that what worked in one place can mimetically be implemented in another. Of course, thanks to the extensive background of initiatives, organisations and practices we can draw inspiration from, there is no need to start from scratch. Different manuals, inspiring examples and practical tips for facilitators can easily be found. However, one of the most important pieces of advice community planners and participation facilitators will give you is to approach every project with a new design. Caseby- case design is the only way to establish a process that can vary depending on the topic, urban issue, social circumstances or available resources.

HOW ? SUITABLE TOOLS FOR DIFFERENT GROUPS, NEEDS AND GOALS 
One major misunderstanding about how to design inclusive and democratic participatory processes is to think that everyone should take part in the same way at every stage of the process, whatever the type of project. A well-designed process must be able to dissect the different process stages to determine which agents, organisations and individuals should preferably be involved. This may sound counterintuitive, but here is where the different levels can shed some light. In the early stages of the process, when documentation and the project’s starting point context are crucial, those who can contribute the most differ from those who should be involved in the later stages, when decisions, commitments and implementation choices are key. Defining different tools for different stages is a design principle that can facilitate stakeholder identification at each stage, and help determine when and how every potential participant should take part to provide the optimum input. Here is when inclusiveness is a must.

Bearing in mind these first ideas as design principles to ensure context awareness is incorporated in participatory processes, we need to integrate a better understanding of new societal needs and expectations on what we actually call participation. There was a time when participatory planning just meant a series of boring meetings late in the afternoon. This is probably still the main image that comes to mind when we think there is a participatory process discussing an urban initiative. Discussion meetings, which are in fact a very narrow way to make people engage, are just a small fraction of the different tools we can use to raise social interests and contributions. Here is where creativity can inspire those in charge of designing and facilitating the process, to understand that ideas can flow in many different ways, and involvement in local and community issues can be much more proactive. What about developing exercises to include the perspective of children? What about storytelling to include elderly people? What about getting out of meeting rooms and meeting in open spaces? What about getting rid of paper and questionnaires, and using walls or other supports to collect ideas? What about physically transforming the place under discussion to imagine its potential use? What about involving other pro fessionals apart from architects and urban planners (such as artists, novelists, photographers) and thinking outside the box laden with maps, ordinances and zoning codes? At this point, a good illustrative project can be mentioned, Green My Favela (Rio de Janeiro, Brazil) as a means (among others) of exemplifying the kind of action-oriented projects whose DNA comprises a participatory approach based on real and creative appropriation of the city. Participation is no longer a matter of getting obsessed about representativeness, and inviting others as representative individuals of groups or interests, but a matter of who can bring something to the table and contribute with their own hands. Digitally-enabled participatory processes and ways to collectively engage in urban issues are boosting community planning and citizen involvement in public matters. Embracing new digital tools, from social media to citizen science, from mobile apps to open data and spatial visualisation, have transformed the way civic participation can be designed, broadening the scope, the people involved, the kind of input and, ultimately, enhancing the quality of community engagement in cities. This may have an instrumental role (mapping the invisible in slum communities), but it turns out to be a powerful tool, such as in the very well known case of Kibera (Nairobi, Kenya), for boosting community building and engagement. Civic technologies have also had a huge impact on facilitating crowdsourcing projects that demonstrate how citizens can transform their cities with their own hands. From crowdfunding civic projects via Spacehive and other platforms, to collecting ideas through online platforms (Change by Us, for example), from tactical interventions to building guerrilla bike lanes, crosswalks and urban farms, and activating vacant sites. All these tools, projects and trends show us a new balance on the rise as regards the relationship between citizens and governance. In terms of these changes, it is worthwhile noting the design criteria established in Governance for the Future: An Inventor’s Toolkit, by Institute for the Future as good guidance on how those principles previously described have been renewed by the expanding social innovation movement. New engagement methodologies and approaches are being tested with a broad understanding of how participation works in the networked society (for an example, see Citizen Canvas).

Technology driving innovation and governance is no exception. Institutions and their bureaucracy are heavy machineries that are taking longer than society to adapt to the new demands for open societies and more in-depth democratic governance. As such, technology is only an enabler of an underlying shift in cultural mindset. This change is related to the collaborative and sharing cities movement (see the Sharing Cities Toolkit, for example), which is the manifestation of a new approach to participation: don’t tell me I can’t do it.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

EibarLAB - Smart cities. Ciudad e industrias 4.0

El 1 de diciembre toca estar en Eibar, en una nueva sesión del ciclo EibarLABS organizado por la asociación Hirikiten, cuyo ojetivo principal es "investigar de una manera experimental y práctica, sobre la posibilidad de generar una interacción entre conocimientos de la industria tradicional y las nuevas tecnologías  impulsando a su vez, el trabajo en equipo entre personas de diferentes edades y disciplinas. EibarLAB´s quiere rescatar, reforzar e impulsar la red laboral y cultural de Eibar."

En sesiones anteriores, el ciclo se ha centrado en cuestiones muy prácticas y productivas como el mapping audiovisual o la fabricación de pantallas LED y para esta sesión de diciembre me han pedido que aporte una visión compleja y critica sobre el horizonte de las tecnologías urbanas y sus conexiones con la ciudad productiva, la ciudad lúdica, etc. Será una intervención relativamente corta a partir de Descifrar las smart cities, y luego habrá una mesa redonda. He titulado mi intervención La smart city ya está aquí...y hay cosas que no encajan y me he propuesto plantear en media hora algunas cosas que me siguen poniendo nervioso de la smart city y, en realidad, superando el término, algunos conflictos socio-políticos que plantean las tecnologías en el espacio urbano. Habrá también algunas pinceladas sobre la vuelta a las ciudades productivas y las tecnologías asociadas a ello. Serán elementos para el debate posterior.


Hirikiten es un grupo de trabajo creado en 2014 con el fin de experimentar nuevas y diferentes maneras de hacer arquitectura y ciudad. El equipo nace del deseo de llevar a cabo la prueba piloto del proyecto de investigación Berreibar, proyecto en el que además de otras personas trabaja durante 3 años el actual equipo de Hirikiten. La motivación de Hirikiten es hacer arquitectura más allá de lo convencional. Creemos en  el trabajo en equipo y en la multidisciplinariedad. Con nuestro esfuerzo queremos generar ciudades proactivas,  concienciando a su vez a la ciudadanía de su patrimonio industrial. Nos gustaría que estos  talleres sirvieran  para fomentar y fortalecer la red laboral de nuestro entorno.


jueves, 17 de noviembre de 2016

Civic Factory Fest: Estrategias adaptativas de regeneración urbana

Igual ya te has enterado. Incluso igual estás en el ajo, porque sé que muchos seguidores del blog andáis metidos en esto. La cosa es que en Valencia un grupo de buena gente ha preparado con envidiable entusiasmo una movida importante.

Civic Factory Fest es muchas cosas a la vez y me las voy a perder casi todas. Es taller, es exposición, es foro,... Así se define:
¿Cómo imaginamos la Valencia de mañana? ¿ Y si fuéramos capaces de combinar la inteligencia, experiencia y habilidades de todos los actores de la ciudad para dar respuesta a los retos a los que se enfrenta nuestra ciudad? ¿Y si además fuéramos capaces de hacerlo conectando con colectivos, proyectos y expertos de la comunidad internacional?
Civic Factory es un espacio para la construcción colectiva de la ciudad. Se trata de una plataforma que promueve la confluencia entre los distintos actores que construyen y habitan la ciudad: sector público, ciudadanía, universidad, sector privado, entidades culturales y profesionales. Así, desde Civic Factory se promueven dinámicas colaborativas que llevan a estos actores a compartir sus recursos, conocimientos, habilidades y experiencia frente a la ciudad para dar respuesta a los problemas de la misma.

Esa es la definición fría, pero Civic Factory Fest es lo que ya está pasando. Un mes de actividades que empezaron a principios de noviembre, que buscan ser encuentro y también práctica a partir del prototipado del Edificio Alinghi en la Marina Real Juan Carlos I de Valencia para reimaginarlo y diseñarlo como espacio cívico para la ciudad. Casi nada.

Tendré la suerte de participar en el Foro, pensado como "la apertura total de Civic Factory a la ciudad de Valencia. Es durante esta fase cuando tiene lugar la puesta en marcha y testeo de Civic Factory como espacio abierto a toda la ciudadanía. Durante el foro y con un carácter festivo tendrá lugar la presentación de los grupos de trabajo y construcción colectiva en torno a las distintas áreas con toda la ciudad". Será el sábado 29 a las 11.30, con una intervención titulada Estrategias adaptativas de regeneración urbana. Será una vuelta a un tema clásico, justo ahora que vuelve también con la publicación del libro La utilización temporal de los vacíos urbanos.

De paso, también habrá una presentación del libro Descifrar las smart cities, de la que daré más detalles pronto pero, en cualquier caso, será el mismo día, un poco después de esta sesión.




martes, 15 de noviembre de 2016

La utilización temporal de los vacíos urbanos - Introducción

Hace unos días adelanté la fecha de la presentación del libro El uso temporal de los vacíos urbanos, que tiene lugar hoy. El libro ya está disponible en la librería de la Diputación de Barcelona en su versión en catalán y castellano.

El libro se inicia con una introducción que preparé en su momento y, aunque sucinta, espero que capte el objetivo con el que preparamos tanto el curso como esta publicación. Era finales de 2014 pero todo sigue siendo válido. Si acaso, podríamos pensar en añadir mayor variedad de tipologías de proyectos o incidir en más contradicciones o debates alrededor del uso temporal, la recuperación de los vacíos, las tensiones en la institucionalización, etc. Aún así, creo que es un compendio amplio y ambicioso que espero sea de utilidad.

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Es fácil acordarse de vez en cuando del comienzo de Historia de dos ciudades, el fantástico libro de Charles Dickens, y quizá ya es un lugar común demasiado socorrido, pero no podemos evitar pensar en aquellas palabras al situar el contexto en el que surge este libro:“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto.” Tiempos de políticas de austeridad y tiempos de cambios políticos, dos procesos en los que se inserta el curso que ha dado origen al presente libro.


Años de políticas de ajuste, recortes y protestas sociales han marcado las políticas urbanas, pero también han hecho emerger nuevos movimientos urbanos y florecer dinámicas que reclaman un tiempo nuevo para las personas y para el municipalismo. El curso La utilización temporal de los vacíos urbanos, organizado por la Diputación de Barcelona junto con el Consorcio Universidad Internacional Menéndez Pelayo – Centre Ernest Lluch en noviembre de 2014 se situaba en este escenario con el objetivo de analizar las prácticas urbanas transitorias desde una perspectiva crítica.

La cuestión de la permanencia y la temporalidad del urbanismo y las ciudades es una tensión constante. Peter Bishop, uno de los conferenciantes y autor de uno de los capítulos de este libro, insistió en entender los proyectos temporales o de reclamación transitoria de la ciudad como una cuestión propia del uso de las ciudades en cualquiera de sus épocas. Ya sea en forma de adaptaciones ad hoc, de ocupaciones, de usos informales, de actividades fugaces o de reclamaciones prácticas del espacio público, la ciudad es una sucesión de actos y proyectos que adaptan la materialidad de la ciudad a las necesidades. Sin embargo, el renovado interés por las prácticas urbanas que buscan la activación de espacios y recursos urbanos de diferente signo para dotarlos de actividad más o menos transitoria nos apunta a dos realidades actuales: la existencia de vacíos y ruinas como resultado de la crisis económica y el florecimiento del activismo urbano en torno a espacios  de conflicto y con la aspiración de reclamar la capacidad de organización colectiva para el ensanchamiento del derecho a la ciudad y el derecho a infraestructurar la ciudad.

Ambos procesos han confluido en una nueva generación de proyectos urbanos que, desde diferentes perspectivas, formas de organización, relación con las instituciones o motivaciones, están explorando los límites de la posibilidad de introducir usos temporales para espacios en el limbo de una expectativa de uso que no cumplen. La proliferación de proyectos en los últimos tiempos que apelan a la reutilización más o menos transitoria de espacios, edificios o equipamientos en el limbo de unas expectativas planificadas no cumplidas ha construido una celebrada tendencia urbana. De límites porosos y emparentada con conceptos conexos (desde el urbanismo táctico a la ocupación, la utilización temporal de vacíos urbanos se ha extendido como práctica urbana con objetivos de contestación y reclamación, con vocación espectacularizante y performativa o incluso como respuesta institucional, acogiendo así a modelos de intervención, finalidades y modelos de gestión y financiación de muy diferente signo.

La propuesta del curso y su resultado en forma de esta publicación partía de dos inquietudes. Por un lado, el reconocimiento de proyectos y actitudes respecto al cuidado de la ciudad construida de proyectos que (y sus protagonistas) que ahora parecen disfrutar del favor de la agenda institucional cuando hasta hace bien poco, durante la fase expansiva anterior a la crisis, fueron vistos como outsiders. Surge así una hipótesis de partida: ahora que no hay dinero para las grandes inversiones en la ciudad, esta proliferación podría ser sólo una respuesta de urgencia y no un cuestionamiento profundo de las dinámicas que realmente hacen ciudad. Por otro lado, queríamos aprovechar la oportunidad de plantear críticamente algunas contradicciones presentes en este contexto de iniciativas tan diversas. Esta apuesta se manifiesta en contribuciones que en unos casos atienden a cuestiones prácticas a la hora de dar soporte o impulsar este tipo de iniciativas, incluyendo tanto perspectivas jurídicas como visiones sobre los modelos de sostenimiento de la gestión de este tipo de procesos, pero que en otros casos remiten a interrogantes más profundos. Estamos ante un libro que quiere desbordar la fase celebratoria para situar desde la experiencia de proyectos concretos y desde sus diferentes agentes (activistas sociales, productores culturales, colectivos de arquitectos y otros profesionales relacionados con la ciudad, gestores políticos y técnicos,…) algunos elementos críticos sobre el significado de esta dinámica de la reutilización temporal de espacios en la ciudad.

Estas preguntas razonables están presentes a lo largo del texto pero podemos apuntar aquí algunas de ellas: el manejo de la incertidumbre de proyectos urbanos con una clara vocación de aportar valor social pero que se desarrollan en condiciones inestables; el riesgo de desarrollar estos proyectos en condiciones de precariedad profesional porque puedan ser la única forma de acceder a la actividad de sus implicados; el equilibrio entre el ensanchamiento de la capacidad y la iniciativa ciudadana frente a la retirada de las instituciones públicas a la hora de dar respuesta a las necesidades sociales; derivado de lo anterior, los límites entre la acción autónoma y la espontaneidad inherente a muchos de estos proyectos y la pulsión por institucionalizar como forma de dignificación, de domesticación o de control, según los casos; la capacidad real de las instituciones para transformar sus procedimientos, su cultura y sus principios de funcionamiento para entender y acompasar las transformaciones socio-culturales que están detrás de estas prácticas; el riesgo de convertir estas prácticas en entretenimientos y no como medios para buscar cambios más profundos, estables y estratégicos en la forma de hacer ciudad y trascender así lo local y lo anecdótico; derivado de lo anterior, la distancia entre las prácticas concretas y su capacidad de incidir en el urbanismo vigente y las políticas públicas; las condiciones a construir para poder aprovechar la emergencia de estas prácticas para abrir un debate no dicotómico y constructivo entre los diferentes intereses y posiciones implicadas; etc.

No se agotan aquí los debates de fondo presentes en este escenario. Las diferentes contribuciones incluidas en esta publicación tratan de situarse en contradicciones de este tipo. El primer bloque de capítulos, aportados por Peter Bishop, Francesc Muñoz, Alison Killing, Mara Ferreri, navega entre la contextualización y justificación del renovado interés por los usos transitorios en la ciudad, y las limitaciones conceptuales y prácticas de diferentes experiencias. Por su parte, el bloque dedicado a los aspectos jurídicos, si bien puede resultar de naturaleza técnica por su propia naturaleza, implica un acercamiento realista y propositivo a la vez a una cuestión que muchas veces ha sido arrinconada en estos debates por más que sea un elemento absolutamente sustancial. El bloque de contribuciones dedicado a la esfera de la gobernanza trata de ser una exploración sobre el significado de este tipo de proyectos en términos de empoderamiento comunitario teniendo presentes los interrogantes sobre el riesgo de explotación de la austeridad, precariedad y la tensión entre la acción cívica, lo público y los bienes comunes urbanos. Estas contradicciones están presentes en lo que hemos denominado las visiones sectoriales del urbanismo transitorio, un conjunto de artículos que, sin ánimo de ser exhaustivo, quiere ofrecer una mirada a la vinculación de la transitoriedad urbana con otras dinámicas como las nuevas formas de promoción económica local, el urbanismo o las prácticas artísticas en el espacio público.

La mayor parte de estas contribuciones están realizadas desde la experiencia en primera persona de sus autores o la cercanía práctica a dinámicas de este tipo. Se unen así al último bloque de contenidos, centrado específicamente en ilustrar de manera realista la lectura que diferentes tipologías de agentes realizan de su involucración en proyectos de este tipo. En ellas encontraremos las incertidumbres, convicciones y pistas para explorar hacia dónde puede avanzar la ciudad transitoria para contribuir a un ensanchamiento de la ciudad como espacio de posibilidades.

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jueves, 10 de noviembre de 2016

Presentación en Bilbao: Descifrar las smart cities (29 de noviembre)

También habrá presentación del libro en Bilbao. Toca en casa, cómo no. Será el martes 29 de noviembre, en Icaza Colaborando, que han puesto todas las facilidades para poder acoger la sesión en su espacio. Será algo sencillo e informal, de nuevo una excusa para poder hablar un poco del tema entre quienes se acerquen. Introduciré las claves principales que desarrollo en el libro y eso debería ser suficiente para poder hacernos algunas preguntas para debatir. Empezaremos a las 19.00 y oficialmente no será más de una hora, pero seguro que podemos estirar la tarde dentro o fuera.


La entrada es libre pero para poder organizarnos mejor he preparado esta página para que puedas avisar que vas a venir.

Ubicación
Icaza Colaborando S2M
Alameda Mazarredo 47 Planta Baja
48009 Bilbao

Si te interesan los temas urbanos, las tecnologías cotidianas y las más rupturistas, si no tienes nada mejor que hacer, si me has seguido la pista últimamente o me la has perdido hace tiempo, si quieres saber de qué va esto de las ciudades inteligentes, si lo sabes y no te convence o incluso si eres un entusiasta,... Pásate y/o pásalo: https://descifrarlassmartcities-bilbao.eventbrite.com/

lunes, 7 de noviembre de 2016

Imaginábamos coches voladores y nos dieron Uber

Llevo recopiladas decenas de artículos los tres últimos años sobre dos cosas a las que aún no consigo dar una formulación coherente: Uber y todas sus derivadas + el coche autónomo.  Si tuviera más tiempo y algo más de calma me propondría analizar con más profundidad esto que nos ofrecen como innovaciones disruptivas de la movilidad urbana. A falta de tiempo, empezaré estas semanas por unos retazos.

1. Jon Orcutt hizo en su momento una adaptación de una imagen icónica de la movilidad sostenible y la adaptó a la actualidad. Como siempre, desde el tecno-optimismo se podrá decir que esta imagen, como reducción, es cínica pero, si en algo acierta, es en situar el objetivo, no vaya a ser que nos perdamos con las prisas y la fascinación. No está claro cómo los diferentes sistemas para compartir coche y las diferentes opciones de vehículos autónomos transformarán las ciudades y la vida cotidiana. Hay debate, opciones e interrogantes, pero es cierto que han sido empresas como Uber o Tesla las que, sin previo aviso y sin que formaran parte del paisaje de planes de movilidad, estrategias de ciudad inteligente, etc., han transformado el espacio de lo posible/imaginable. Lo interesante, la profundo, es cómo cambian el marco (por ejemplo, los temas laborales en el caso de Uber, los temas de espacio urbano o los relacionados con la inteligencia artificial en el caso del coche autónomo).



2. No sé si a estas alturas queríamos, pero durante décadas los coches voladores eran la referencia simbólica del futuro. La cosa tuvo su momento y había desaparecido del paisaje. Al fin y al cabo, más o menos habíamos acabado convenidos de la necesidad de dar prioridad a los modos colectivos de movilidad y el transporte público. Tranquilidad, en Uber ya están estudiando la viabilidad de los coches voladores (On-Demand Urban Air Transportation mola más). No sé hasta qué punto la cosa va en serio o es sólo una de las mil pajas mentales que hay que hacerse para una triunfe. O las necesarias maniobras de distracción que hay que montar. O juegos florales, no sé.


3. Una imagen distópica: Uber troleando con drones publicitarios a los conductores atascados en el tráfico. Suena ingenioso, pero empieza a tener la pinta del futuro próximo que (no) estábamos imaginando.

Uber’s Ad-Toting Drones Are Heckling Drivers Stuck in Traffic

viernes, 4 de noviembre de 2016

Los mitos implícitos del discurso de la smart city (Revista URBS)

Acaba de publicarse el nuevo número de URBS. Revista de estudios urbanos y ciencias sociales, con un monográfico titulado "Smart Cities: realidades y utopías de un nuevo imaginario urbano", en el que participo con el articulo La construcción del discurso de la smart city: mitos implícitos y sus consecuencias socio-políticas.

La verdad es que no estoy en la carrera por las publicaciones académicas, pero esta vez la convocatoria de artículos del monográfico editado por Mirela Fiori y Ramon Ribera-Fumaz me lo ponía demasiado fácil. El artículo es, de hecho, un extracto revisado de una parte de la tesis, aquella dedicada a lo que llamo los mitos implícitos (simplificación, neutralidad, despolitización, suficiencia y deseabilidad) y sobre los que ya he ido comentando en el blog desde hace un tiempo.


Dejo aquí los contenidos, a los que puedes acceder desde la página de la revista:

Smart Cities. Realidades y utopías de un nuevo imaginario urbano. Mirela Fiori, Ramon Ribera-Fumaz
Smart cities e big data: o cidadão produtor de dados. Raquel Renno Nunes
(Des)Conectando las smart cities con transformaciones urbanas: ¿Hacia una urbanidad ciudadregional compleja con múltiples grupos de interés?. Igor Calzada
Actores y modelos de gobernanza en las Smart cities. Mariona Tomàs Fornés, Blanca Cegarra Dueñas
¿Colaborativa o inteligente? La ciudad entre dos imaginarios. Valérie Peugeot
La construcción del discurso de la smart city: mitos implícitos y sus consecuencias socio-políticas. Manu Fernández González
La Cuarta Revolución Industrial, un relato desde el materialismo cultural. Raúl Oliván Cortés
Crónica de un negocio anunciado: operaciones de recalificación industrial en Barcelona y Buenos Aires. Natalia Lerena
De las smart cities a los smart citizens. La ciudadanía frente a la tecnología en la construcción de resiliencia urbana. Marta Suárez Casado
What the Foucault? Jorge Sánchez Naudín
Reseña de Fernández (2016) Descifrar las smart cities ¿Qué queremos decir cuando hablamos de smart cities?. Francisco Majuelos Martínez

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