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jueves, 23 de abril de 2020

Coronavirus: medio ambiente y sostenibilidad

Ayer fue la celebración del Día de la Tierra, 50 años y un lema por la acción climática. En estos tiempos, estas semanas, estos días, se escucha que es la hora del Green Deal, tanto tiempo reclamado, tantas veces arrinconado para mejor ocasión. ¿Es esta la ocasión? Algunos dirigentes políticos apelan a esta transformación de la base productiva y social, porque por algún sitio habrá que empezar a reconstruir. Y a falta de ideas mejores, esto siempre queda funciona (perdón por el cinismo). Que los programas de estímulo que traten de volver a poner en marcha el sector productivo tengan en cuenta las prioridades de sostenibilidad y miren al largo plazo. Esa recurrente introspección europea sobre qué somos y qué seremos, suena de nuevo la música de una reconstrucción europea con signo verde, pero si ya suena poco realista por experiencias pasadas (íbamos a refundar el capitalismo hace unos años), más difícil resulta verla posible ahora ante el ascenso del populismo, del nacionalismo y el miedo. Que lo veamos.
Photo by Edwin Hooper on Unsplash

Optimistas o pesimistas, parece claro que es un momento para pensar en macro ahora que nos vemos confinados en nuestras micro vidas, a pesar de las urgencias. Esa Agenda 2030, esos Objetivos de Desarrollo Sostenible, de repente son algo mucho más real, cercano y concreto que lo que parecían hace unas semanas. Y todos esos objetivos tienen que ver con la realidad de la pandemia. Deberían servir como guión para empezar a trabajar.


La cuestión es si el “esto lo cambia todo” que oímos estos días realmente cambia la agenda global de la sostenibilidad. Ojalá sirviera al menos para tener a la ciencia encima de la mesa cuando se toman decisiones sobre cambio climático, sobre energía,… 

Me cuesta mucho más ver todo esto como un mensaje de la naturaleza. Darle formas, acción humana, es reduccionista y nos hace perder la perspectiva. Ayuda, quizá, a alzar la voz, pero es precisamente la actividad humana sobre la naturaleza lo que desata las fuerzas a las que tememos, sea el virus, sea el cambio climático. La destrucción e invasión progresiva de los hábitats naturales está detrás de nuestra mayor exposición como especie a virus que en otras condiciones se mantendrían fuera del círculo de los humanos. Así que tocaría alejarse ya de estos espacios y de la fauna salvaje en nuestra carrera por ocupar cualquier territorio. Porque sólo estamos viendo la punta del iceberg de estos patógenos, que no entienden de límites en su asalto a las especies animales.

Enfermedades infecciosas emergentes de origen zoonótico. Este es el tema, aunque sea difícil de memorizar. Pero lo haremos, obligados por una forma de habitar la tierra que nos arroja a la cara las consecuencias. Así que las políticas de salud pública, de riesgos o de resiliencia deberán incluir un tema ineludible: la salud planetaria y la degradación ambiental. Ha tenido que descubrirse frágil la salud global y la economía para entender lo que sólo veíamos como fragilidad en cuanto a hábitats naturales, océanos, bosques primarios, biodiversidad,…algo que ya no nos puede ser ajeno.

El desastre es a nivel ecológico, pero no es de origen natural. Y ya que nos vamos a preocupar por la salud y nuestra exposición a nuevos virus, podríamos aprovechar para incluir en la ecuación otras enfermedades y costes sanitarios vinculados a la actividad humana. Imaginar que esas mismas tablas de seguimiento diario de la pandemia se usaran para informarnos de las enfermedades respiratorias vinculadas a la contaminación atmosférica en entornos urbanos, por ejemplo.

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No es fácil escribir sobre esta cuestión pero me he propuesto ordenar al menos algunas lecturas que voy sistematizando. Son apuntes dispersos y poco sistemáticos, como casi todo en este blog desde hace 12 años, pero al menos servirán para detectar algunos temas que creo serán relevantes en los próximos meses o años. 

Posts previos:

lunes, 11 de julio de 2016

Ciudades inteligentes, ¿atajos hacia la sostenibilidad?

La lógica de la sostenibilidad de la smart city encaja con otras formas de proponer atajos. El enfoque gizmo green como forma de denotar la fetichización de objetos sostenibles desconectados de los problemas estructurales en los que participan ha sido señalado en la misma dirección que apuntamos. En un mundo que propone constantemente que cualquier problema puede tener una solución sencilla (pastillas para perder peso en unos días sin necesidad de ir al gimnasio, aprender un idioma en veinte días con quinientas palabras, viajar sin complicaciones logísticas, estudiar sin esfuerzo,…), la solución a la sostenibilidad también pasa por comprar bombillas eficientes, coches híbridos, apps para ordenar el tráfico, etc. 

La smart city, al inscribir la solución de los problemas de la ciudad a través de un mercado de soluciones industriales, sitúa en la compra, actualización o implantación de productos y servicios identificables dicha solución. En gran parte de los casos, el discurso remite a la necesidad de hacer un uso más eficiente del agua o la energía en la provisión de servicios públicos, desarrollando redes de distribución más eficientes gracias al uso de sistemas de control automático de fugas, a la gestión en tiempo real del consumo eléctrico o a la extensión de sistemas distribuidos. De esta manera, de la amplitud de ámbitos y criterios relacionados con la sostenibilidad se están seleccionando exclusivamente aquellos que tienen que ver con infraestructuras sobre las que la ciudadanía tiene un papel pasivo. Con ello, el campo de acción para abordar los problemas ambientales derivados del consumo de recursos que tienen que ver con el lado del consumo no forma parte de las prioridades.

Via Urban Words
En este sentido, Masdar se ha constituido como el modelo protagonista de los últimos años al ofrecer una visión renderizada de una promesa de sostenibilidad a través de la aplicación de las mejores tecnologías disponibles. De hecho, su promoción ha explotado más los valores de la sostenibilidad que los de la inteligencia urbana aunque, como hemos visto, ambos pueden ser utilizados de manera indistinta en unos proyectos u otros según el contexto. Masdar ejemplifica perfectamente cómo la lógica de la sostenibilidad ha sido co-optada como parapeto para mantener unas formas de desarrollo urbano dominadas por la acumulación de capital y la dominación especulativa y ello, incluso, aun pasando de los discursos a los hechos y desplegando en ese lugar tecnologías que, efectivamente, suponen la aplicación de gran parte de las mejores tecnologías disponibles en el campo de la eco-innovación. A pesar de ello, hoy seguimos esperando a conocer el resultado de los indicadores de rendimiento ambiental que nos permitan evaluar el comportamiento ecológico de esta ciudad o si sus proyecciones sólo forman parte de un nuevo discurso utópico. 

También Songdo, a pesar de apostar primordialmente por la tecnología ubicua como su principal atributo, ha utilizado la sostenibilidad como elemento diferenciador. Se trata de una justificación especialmente explícita en los proyectos de smart city from scratch, que buscan idealmente diseñar un modelo urbano desde cero para demostrar el potencial ambiental de las nuevas tecnologías inteligentes, prestando escasa atención a la complejidad de las relaciones entre sociedad, tecnología y sostenibilidad. De esta manera, se establece una relación lineal entre sostenibilidad y tecnología como vía para la mejora del comportamiento ambiental y la eficiencia en el consumo de recursos de sistemas e infraestructuras abstrayéndose de otras consideraciones desde la ecología política, la economía ecológica, el metabolismo urbano o la psicología ambiental.

miércoles, 6 de julio de 2016

Responsabilidad moral, sostenibilidad y tecnologías inteligentes

El despliegue retórico de la smart city en relación a la sostenibilidad se presenta normalmente en forma de mejoras en la calidad de vida de un ciudadano genérico (igual para un habitante de Manhattan que de un recién llegado a los suburbios de Lagos, una persona mayor de los arrabales de Shanghai que un adolescente de Helsinki, una familia de Madrid que una familia de Managua), pero sin que ello implique ningún cambio fundamental en sus modos de vida y consumo. Esto, que es un elemento asentado desde cualquier perspectiva de los estudios de la sostenibilidad urbana como un elemento básico, queda arrinconado en beneficio de una promesa de sostenibilidad sin esfuerzo, sin cuestionamientos y sin responsabilización. 

Esta misma proposición se realiza, además, desde alusiones genéricas a estándares de desarrollo sostenible aceptados internacionalmente como formas de sostenibilidad global pero con muy pocos asideros en las más complicadas definiciones de la ecología urbana, el espacio en el que el genérico “desarrollo sostenible” adquiere formas y sentidos mucho más intrincados. Masdar, PlanIT Valley o cualquier otra eco-ciudad de última generación han asociado su éxito en materia de sostenibilidad a la adición de nuevos componentes digitales, siempre bajo el control de entidades privadas u otras formas de corporativización de la gestión de estos espacios y la promoción del urbanismo emprendedor. De esta manera, la sostenibilidad se convierte en un nuevo significante vacío (aunque cargada de valores legitimadores mitológicos) porque cualquier alusión al contexto local específico es ignorada (al menos, mientras no se adentre el discurso en el terreno de proyectos específicos a través de contratos y proyectos de colaboración con instituciones concretas). En definitiva, en sus formas discursivas dominantes, la smart city se ha presentado con una referencia ingenua e inespecífica a la ciudad a la hora de presentar su propuesta de valor real para un problema de dimensiones colosales como es el del desarrollo sostenible y su vinculación con la escala local.

Estos problemas enlazan con discusiones ya conocidas en el ámbito de los estudios de la tecno-cultura, que siguen sin recibir suficiente atención en el relato de la smart city. Así, el problema de la reversibilidad de las tecnologías, que apela a la necesidad de mantener la capacidad de ejercer decisiones morales en el uso de cualquier aparato tecnológico, parece ser obviado en aras a un futuro en el que la inteligencia de las cosas y de las ciudades será capaz de tomar decisiones por nosotros. En términos de consumo sostenible, no tendremos otra opción más que comportarnos como los medios técnicos nos digan que debemos hacerlo (o en las formas que admitan como posibles según su diseño). Es así cómo gran parte de las soluciones relacionadas con la smart city, sobre todo en lo que tiene que ver con infraestructuras y servicios urbanos, son diseñadas de manera que sólo una opción de uso es posible, una opción, por lo demás, definida como técnicamente posible y socialmente aceptable, por un conglomerado de decisores en el que las instituciones públicas son sólo una parte, muchas veces con escasa capacidad de decisión frente a otros decisores contiguos como son los proveedores del servicio en cuestión.

Todo ello hace que el comportamiento moral, la posibilidad de elegir entre diversas opciones para resolver una determinada situación en nuestra vida social, pueda quedar abandonada en aras a una eficiencia cotidiana que nos ofrece inteligencia pero podría convertirnos en moralmente idiotas, también en cuestiones relativas al compromiso individual por el medio ambiente. La eficiencia, de nuevo, esconde la necesidad del debate social y la deliberación personal sobre las consecuencias de nuestros actos desde un pensamiento complejo que trate de entender las causas y los efectos de un determinado problema. El mejor ejemplo que ilustra esta situación es el de los sistemas inteligentes de gestión del aparcamiento en superficie, una panoplia de diferentes innovaciones (desde sensores a aplicaciones) que buscan optimizar el uso del espacio público dedicado a aparcar los coches, optimizar el tiempo que los conductores invierten en conducir, optimizar los flujos de tráfico e, incluso, optimizar los ingresos de los sistemas de estacionamiento regulado en base a precios cambiantes en función de la mayor o menor disponibilidad de espacios libres en un determinado momento. En la mayor parte de los casos, todo el ensamblaje técnico está dirigido a hacer más eficiente el tráfico y el ciudadano se encuentra mediatizado por este sistema que constantemente invita a mantener las bases estructurales de la movilidad, bajo la legitimación argumentativa de que todo ello contribuirá a un modelo de movilidad y transporte urbanos más sostenible por la optimización de los tráficos. De esta forma, un cuestionamiento más profundo sobre el excesivo espacio que las ciudades dedican al aparcamiento, sobre la insostenibilidad del uso de combustibles fósiles o incluso la escasa lógica de un sistema que privatiza el espacio público bajo la presión social que pretende que el aparcamiento sea una suerte de derecho gratuito, quedan abandonados y fuera del esquema de decisiones. Sin embargo, todas estas consideraciones, que son las que podrían realmente atacar un wicked problem netamente urbano como es el de la movilidad, son vistas como una intrusión moral en un debate puramente tecnológico.

City built for individual drivers is already unwalkable. Imagine sprawl *driverless*-car city will bring (via Taras Grescoe on Twitter)
En este sentido, uno de los conceptos clave más profundos de los estudios sobre la sostenibilidad es el que tiene que ver con la responsabilidad. Soluciones como las smart grids, los edificios inteligentes o los materiales inteligentes enuncian un presente-futuro en el cual las decisiones más lógicas en términos de eficiencia en el consumo de recursos se darán de forma automática a través de la auto-regulación de los sistemas inteligentes y a través de una información más precisa y en tiempo real por la cual los consumidores podrán ajustar sus preferencias y decisiones de consumo. Prometen, en definitiva, que el sujeto no necesitará tomar decisiones conscientes o intervenir activamente para encontrar el modo de consumo más eficiente (sostenible). De esta manera, la smart city ofrece previsiones de soluciones para los acuciantes problemas del cambio climático, por ejemplo, que no requieren cambios o acciones adicionales por parte del usuario de los sistemas inteligentes. Bastará la sofisticación de estos sistemas para que ellos hagan el trabajo por nosotros, de manera que ofrecen el espejismo de continuar con el statu quo de mantener los mismos patrones de consumo, las mismas tasas de urbanización y ocupación del suelo o los mismos modos dominantes de movilidad. No sólo operarán en sustitución de nuestra voluntad o compromiso por limitar nuestro consumo energético individual mediante acciones conscientes de apagar las luces innecesarias en casas y edificios, sino que nos evitarán la carga moral de actuar con responsabilidad ecológica.

Frente a esto, algunas dinámicas como el adversarial design o el critical design buscan visibilizar las contradicciones de nuestro tiempo y las diferentes decisiones de diseño que podrían hacer de la tecnología un elemento de debate moral más abierto para usuarios –ciudadanos- que siguen siendo mayores de edad intelectualmente, capaces de pensar, deliberar y organizar sus propias decisiones sin que tenga que intervenir un determinado diseño tecnológico que le deje sin opciones de elegir. El despliegue de la smart city ha sido desde el inicio un proyecto que no ha tenido en mente la necesidad de hacer visibles sus entrañas tecnológicas como paso previo para que la ciudadanía pueda actuar críticamente en esos sistemas inteligentes que mediatizan su vida. Visibilizar el ensamblaje tecnológico e ideológico de las tecnologías inteligentes aparece como un elemento crítico en el diseño de sistemas conectados para una ciudadanía con agencia real para actuar más allá de los límites que imponen y normativizan las tecnologías definidas bajo la narrativa de la ciudad inteligente.

miércoles, 4 de junio de 2014

Espacio Público y Participación Ciudadana (Santander, 30 de julio)

La Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en el marco de sus cursos de verano, ha organizado un próximo curso relacionado con la sostenibilidad urbana en el que tendré la oportunidad de participar. Bajo la dirección del Plan Estratégico de Santander y el Banco Interamericano de Desarrollo, tendrá lugar del 28 de julio al 1 de agosto con el siguiente programa:

28 de Julio de 2014  
  • La ciudad como epicentro de desarrollo económico. 
  • El fenómeno de urbanización a nivel global, y el caso de América Latina. 
  • Modelo de planificación para la Sostenibilidad de ciudades del BID 
29 de Julio de 2014 
  • La Sostenibilidad Ambiental y Climática 
30 de Julio de 2014 
  • Espacio público y participación ciudadana 
  • Diseño Urbano, Sostenible e Integral 
  • La movilidad y el desarrollo urbano como elementos de planificación conjunta 
  • El desarrollo de aplicaciones inteligentes para mejorar la gestión integral de ciudades: La Ciudad Inteligente 
31 de Julio de 2014 
  • La Sostenibilidad Fiscal y Gobernabilidad 
  • Financiación de infraestructura 
  • Casos y Experiencias Internacionales 

1 de Agosto de 2014 
  • Visión de los bancos de desarrollo sobre la sostenibilidad de Ciudades 
Yo participaré en la sesión dedicada al espacio público y la participación ciudadana (30 de julio) y estoy empezando a preparar la intervención, así que seguramente en los próximos días iré publicando en el blog las ideas que surjan en el proceso.

Puedes acceder aquí al programa.

martes, 26 de noviembre de 2013

Uso de espacio y modos de transporte

Una nueva variación sobre el mismo tema que ya ha aparecido en el blog en La percepción subjetiva del espacio público. Un ejemplo, Repensando la superficie dedicada al coche o Aparcar en un mundo de petróleo barato. La clásica imagen que compara el espacio ocupado para mover el mismo número de personas según utilicen el vehículo privado o el transporte público. La imagen de abajo la ha publicado la la autoridad regional de transporte de Baden-Wettingen (Suiza).


Visto de otra manera, la infografía de abajo, realizada por el Asian Development Bank, detalla la cantidad de personas que puede mover en una hora un carril de 3,5 metros de ancho en un viario urbano, señalando el nivel de eficiencia en el uso del espacio de diferentes modos de transporte.



miércoles, 13 de noviembre de 2013

Ciudades sostenibles en Master Cleantech de la Universidad de Deusto

Esta semana voy a dar unas sesiones en el Master de medio ambiente y tecnologías limpias (cleantech) de la Universidad de Deusto. Es un programa que cubre de manera amplia los diferentes aspectos relacionados con la eco-innovación y en el que tiene cabida también la variable urbana, que es el tema que abordaré estos días.

En este marco sobre la ciudad sostenible he planteado dos grandes bloques. Por un lado, un bloque sobre sobre la importancia de la sostenibilidad de las ciudades en un mundo urbano, en el que cabe un análisis de estadísticas y patrones de urbanización mundial y sus diferencias regionales, así como un repaso a algunas dinámicas de concentración de la economía urbana global en entornos locales. Son algunos elementos de contexto para entrar después en cuestiones más específicas: el cambio climático como expresión de la tensión global-local en relación a los impactos ambientales de esos patrones de desarrollo, un marco para el urbanismo sostenible y los instrumentos de ordenación y planeamiento y, por último, un repaso sintético de nuevas prácticas y tipologías de proyectos urbanos en línea con la sostenibilidad.

El segundo bloque es más cercano aún a las tecnologías limpias de manera específica ya que es el momento perfecto para conectar lo anterior –el contexto urbano- con las tecnologías urbanas y la omnipresente smart city. Aquí, a pesar de ser muy crítico y empeñado en matizar tantas promesas del discurso de la ciudad inteligente, tengo que ser descriptivo, al menos en la primera parte. Así que será una especie de estado de la cuestión en relación a los vectores tecnológicos y los sectores de servicios urbanos más implicados en el desarrollo de una nueva generación de soluciones urbanas sostenibles. Titánico esfuerzo para el poco tiempo disponible, pero estará bien dibujar el contexto y sus actores (gobiernos locales, ciudadanía,  empresas tecnológicas, utilities, prestadoras de servicios,…) antes de entrar en la necesidad de urbanizar la tecnología, punto en el que tocará profundizar en el significado de estos cambios tecnológicos, en dónde reside la eco-innovación que prometen  y su capacidad real de transformar los patrones de desarrollo sostenible.

Dicho todo esto, en realidad, con no aburrir y poder provocar un buen debate de fondo me conformo.

martes, 16 de abril de 2013

Jornadas. El futuro de la ciudad: accesibilidad y movilidad

La FEMP y el ayuntamiento de Granada organizan estas jornadas sobre movilidad y accesibilidad que tendrán lugar los próximos 29 y 30 de abril. El encuentro se plantea cómo abordar estrategias de intervención integral en materia de accesibilidad en los siguientes términos:

La realidad de nuestras ciudades, permanentemente sometida a procesos de cambio, en el comienzo de este siglo ha introducido nuevos ritmos y nuevos escenarios, de modo que los modelos de planificación, tradicionalmente de carácter sectorial, sobre los diferentes ámbitos de la sociedad urbana requieren un enfoque más estructural en su redacción y, sobre todo, en sus modelos de financiación y gestión.

Los problemas de accesibilidad en los medios urbanos, particularmente, deben comenzar a conformar una disciplina integrada en el instrumentario y en la lectura de nuestras ciudades.

En un momento en que los parámetros clásicos del urbanismo están sujetos a revisión, estas jornadas pretenden esbozar un punto de partida para la elaboración de una estrategia integrada que aúne las diferentes disciplinas con las que se deben abordar nuestras ciudades para hacerlas más accesibles.




Participaré en la sesión inaugural bajo el título El urbanismo como instrumento real para la transformación social, creador de ciudad. Mi planteamiento será presentar una lectura integral de las relaciones entre movilidad, accesibilidad, sostenibilidad y políticas urbanas (casi nada) como buenamente pueda.

El curso está dirigido a técnicos y responsables municipales relacionados con las Áreas de Accesibilidad, Movilidad, Territorio y Urbanismo.

Más información sobre el programa

martes, 8 de enero de 2013

Book. Green cities of Europe

Timothy Beatley has edited a remarkable collection of essays depicting some of the most prominent examples of sustainable local policies in Europe (the usual suspects in most of the cases, but also other cities with even more complex urban systems such as London or Paris). Again, a look from the United States on the experience of European cities in delivering green policies, with contributions from professionals involved in these policies throughout the years:  Lucie Laurian (Paris), Dale Medearis and Wulf Daseking (Freiburg), Michaela Brüel (Copenhagen), Maria Jaakkola (Helsinki), Marta Moretti (Venice), Luis Andrés Orive and Rebeca Dios Lema (Vitoria-Gasteiz) and Camilla Ween (London).


Green cities of Europe can serve as an incomplete catalogue of leading cities in Europe (pioneers to some extent in the case of Freiburg, Vitoria-Gasteiz or Copenhagen, for instance) and their major achievements in terms of promoting sustainable patters in urbanism, a better metabolic approach on energy consumption, the integration of biodiversity actions, clear focus on urban spaces as catalysers of social activity and emotional ownership  or robust public transportation systems, among other green urban strategies. The success and sometimes visionary work of these cities has become an inspiration for other cities pursuing innovative actions to commit to sustainable strategies in their policies in what appears to be a proposition for the European Dream for US cities. As such, this directory of seven stories provide readers with practices in different urban policy fields that illustrate how long can decisive local authorities go on their own.

TABLE OF CONTENTS
Chapter 1. Introduction: Why Study European Cities?
Timothy Beatley

Chapter 2. Paris, France: A 21st-Century Eco-City
Lucie Laurian

Chapter 3. Freiburg, Germany: Germany’s Eco-Capital
Dale Medearis and Wulf Daseking

Chapter 4. Copenhagen, Denmark: Green City amid the Finger Metropolis
Michaela Brüel

Chapter 5. Helsinki, Finland: Greenness and Urban Form
Maria Jaakkola

Chapter 6. Venice, Italy: Balancing Antiquity and Sustainability
Marta Moretti

Chapter 7. Vitoria-Gasteiz, Spain: From Urban Greenbelt to Regional Green Infrastructure
Luis Andrés Orive and Rebeca Dios Lema

Chapter 8. London, England: A Global and Sustainable Capital City
Camilla Ween

Chapter 9. Conclusion: Green Cities of Europe as Compelling Models
Timothy Beatley

jueves, 6 de octubre de 2011

Sostenibilidad en tiempos de austeridad


Las cosas están como están, no hace falta insistir mucho. Las noticias nos recuerdan constantemente que no cabe otro caso que seguir en este estado de pesimismo en el que estamos. Llega la austeridad como principio de gestión pública. Frente a una abundancia que sólo era ilusoria, el ajuste y la falta de presupuesto para las políticas locales se imponen como un mantra.

Philip Monaghan ha publicado recientemente un libro que remite a esta situación y apela a quienes están implicados en la gestión pública local a no entrar en parálisis y, sobre todo, a no encontrar en la austeridad una excusa para abandonar la transformación sostenible de las ciudades. Sustainability in austerity. How local government can deliver during times of crisis está escrito para server de referencia sobre acciones concretas que desde el punto de vista de la sostenibilidad siguen siendo posibles en estos tiempos, bien porque su coste de implantación es reducido o bien porque, sobre todo, son capaces de generar rendimientos económicos que las justifiquen.


Como texto que pretende cumplir la función de un manual, las sugerencias seguramente pueden resultar muy teóricas si no se ponen en el contexto de cada organización municipal, contexto en el que entran muchas variables: liderazgo institucional, capacidad de impulso, realismo y coherencia en la propia estrategia (cuando la hay), capacidades técnicas, etc. Más allá de esto, el libro detalla algo más de cien medidas supuestamente neutras en términos económicos. Algunas de ellas tienen que ver con la reestructuración de órganos internos de decisión para integrar la sostenibilidad en las políticas municipales (algo que, de hecho, ni siquiera tiene que ver con los actuales tiempos de austeridad, sino con la siempre necesaria tarea de ser coherentes en las decisiones). Otras ideas caen en el ámbito del sentido común, casi. Porque, de alguna forma, las pequeñas acciones de sostenibilidad tienen un fuerte componente de racionalidad económica. Por eso, aunque las grandes transformaciones del urbanismo sostenible requieren en muchos casos fuertes inversiones, siempre quedan actuaciones a las que no se puede renunciar y que siguen disponibles en tiempos de austeridad: la gestión eficiente de la calefacción o el aire acondicionado en los edificios públicos o la iluminación de calles y edificios.

Una colección de tipologías de acciones que, en cualquier caso, ya son bien conocidas, pero para las que la austeridad no debería funcionar como obstáculo. O un recordatorio de que la gestión eficiente del gasto público tiene muchos más agujeros de los que a veces vemos y que la sostenibilidad no tiene por qué suponer siempre grandes costes de transformación.

miércoles, 23 de febrero de 2011

De la ciudad sostenible a la smart city. No perder la perspectiva


@manufernandez
Smart cities por todos lados. Ahora toca hablar de esto. Borrón y cuenta nueva, que llegan nuevos aires y nuevos generadores de discurso en torno a la ciudad. Sueños imaginarios de ciudades perfectas en un mar de ubicuidad digital donde la información fluye perfecta,  la ciudadanía se conecta a los flujos de información urbana para operar en tiempo real y la web nos da otro paraíso más. Tengo la impresión de que tenemos que correr un poco menos. Que la tecnología está bien, pero en su medida y, total, siempre depende del uso que hagamos de ella. Y, según de quién venga y del control que tengamos sobre ella, la cosa tiene una pinta u otra.

Si utilizamos como barómetro la presencia del tema en publicaciones no especializadas, al poner todas las referencias juntas entendemos bien que estamos ante una nueva ola. De una selección desordenada podemos destacar casos como TIME, que dedica un especial al tema, Guardian publica una sección (de nuevo con IBM de por medio) titulada Smater Cities, The Times también dedicó un suplemento al tema hace unos meses, Financial Times tiene un completísimo especial dedicado a The future of cities que, si bien, es de todos los ejemplos, el de mirada más amplia, dedica atención especial al papel de la tecnología en la transformación de las ciudades, National Building Museum (en colaboración con IBM) abre un programa de reflexión (Intelligent Cities Initiative), Institute for the Future publica un completo mapa de tecnologías que afectarán a las ciudades en el futuro, GOOD destaca entre las publicaciones digitales con Cities rethought, e incluso El País publicó un reportaje sobre el tema. Por no hablar de medios más especializados, tanto desde ámbitos de análisis urbano como desde entornos más vinculados a lo digital en sentido amplio.
Mi impresión desde hace un tiempo es que todo esto es demasiado confuso, fruto de los acercamientos y disciplinas diversas que se están aproximando al tema (lo cual es bueno) y también fruto de visiones más interesadas por vincular el término a unas cuestiones más que a otras (lo cual es un poco más preocupante). Así que estos son unos apuntes más bien fragmentarios pero con los que intento al menos organizar las piezas del debate y desbrozar un poco los aspectos más críticos. Y, como ha quedado un poco largo, lo publicaré poco a poco. Este primer post es una introducción a la confusión terminológica, y después vendrán otros sobre la relación de este tema con la energía y el mundo digital, sobre su vinculación a determinados sectores industriales y la oportunidad de transformación tecnológica que puede representar y, también, una revisión de los proyectos que hoy en día se están definiendo como "smart cities". Terminaré con una revisión de las consecuencias sociales y políticas de estos planteamientos.

De la ciudad sostenible a la smart city
Parto, en primer lugar, de una constatación que apuntaba Nate Berg hace unas semanas ('Smart Growth' Replaced by 'Intelligent Cities') a partir de un artículo en USA Today (Will 'intelligent cities' put an end to suburban sprawl?): smart cities como nuevo eslabón léxico en el discurso urbano que sustituye a otros que hemos utilizado en los últimos tiempos como ciudades sostenibles o smart growth, dos términos que no son sinónimos exactamente pero comparten -frente a smart cities- la exclusión de lo tecnológico como elemento central de las propuestas de mejora urbana. ¿Se acabó el sueño de la sostenibilidad local y empieza la utopía de la ciudad tecno-inteligente? ¿Gato por liebre?
Tengo muchas dudas de que la solución a los problemas de sostenibilidad a todos los niveles -también a escala local- venga de la mano de milagrosas soluciones tecnológicas. Es una duda de principio que, después, admite que, evidentemente, la eco-innovación aplicada al funcionamiento urbano tiene mucho que ofrecer en forma de mejora de eficiencia en el metabolismo urbano pasivo, es decir, todo aquello donde el uso humano de la tecnología y los patrones de comportamiento y consumo no tengan mucho que decir. Por poner un ejemplo: las smart grids suenan bien, y generarán una gestión por parte de los propietarios de la red y de las empresas distribuidoras más eficientes, pero hasta ahí. El eslabón débil de la cadena es el consumidor final donde, se me ocurre, que es mucho más eficaz ambientalmente un sistema de precios inteligente más que contador inteligente.
Además, como casi todo en esta época, la ola smart city no tiene memoria y corre el riesgo de olvidar los desarrollos teóricos y las propuestas previas. ¿No habíamos quedado en que las estrategias sostenibles eran, sobre todo, una manera inteligente de vivir? ¿Qué va a venir a enseñarnos ahora la smart city? Quizá un poco cínico pero, ojo, que no se nos olvide. Leo estas once ideas y me parecen un acercamiento mucho más inteligente a la ciudad inteligente y sostenible. No son necesariamente incompatibles, pero a veces lo parecen y, sobre todo, lo nuevo -smart city- no construye realmente sobre lo que hasta ahora parecía algo que empezaba a asentarse. Esto lo explica muy bien Brent Toderian en "Intelligent City Model" Complements Smart Growth - Doesn't Replace It!, con una anécdota en España precisamente y que comparto completamente:
At a conference late last year in Spain, I found myself on panels discussing new technologies that will improve cities, surrounded by tech-company reps hard-pitching to a global audience. I likely disappointed them, by stating that in my opinion the "technologies" that will do the most good, are not new - compact, mixed-use, walkable communities; bikes, separated bike lanes and bike sharing; transit; small scale innovation like wheeled-luggage; simple techniques that we've forgotten like passive building design; or globally-understood tech like district/neighbourhood energy based on renewable resources. But those big companies weren't selling those products. They were selling smart city solutions.

Smart city vs. Intelligent city
De lo anterior podemos constatar, en segundo lugar, puestos a pensar sólo en terminología, que tenemos dos términos que aluden a conceptos diferentes o que, entiendo, tenemos que evitar que sean sinónimos. Intelligent cities y smart cities. El segundo de ellos está bastante más extendido y es el que representa la novedad conceptual, porque es el que evoca la carga tecnológica vinculada a las smart grids, las tecnologías de la información o las infraestructuras inteligentes.
La disputa terminológica no llega a más, es lo de menos. Más importante es que esté presente la inteligencia, con o sin tecnología. ¿Es Masdar una ciudad inteligente? Pues yo creo que no, por muy inteligente que sea toda la técnica puesta al servicio del modelo más completo de construcción ex-novo de una ciudad. No, no es inteligente construir en el desierto de esa manera. ¿Es más inteligente una ciudad por disponer de, digamos, un sistema de metro hiper-tecnológico pero no equilibra suficientemente los diferentes modos de movilidad urbana? ¿Es una ciudad más inteligente por desarrollar un nuevo barrio con todas las prestaciones de una smart city mientras dispone de solares, edificios y locales sin uso?
Posiblemente cínico. O no. Simplemente, que corremos el riesgo de tener la mirada demasiado focalizada, de perder el horizonte y el objetivo. Podrían decir que no tiene nada que ver la línea de desarrollo de la sensórica aplicada, digamos, a la gestión del tráfico con la regeneración y recuperación de la ciudad ya construida. Y aquí es donde volvemos a encontrar otro riesgo de perdernos algo: una ciudad pensada inteligentemente, no una ciudad con artefactos inteligentes.
Continuará....
Imagen tomada de Stuck in customs en Flickr bajo licencia CC BY-NC-SA 2.0

martes, 22 de febrero de 2011

Buscando un modelo urbano para las ciudades en transición


Continuación de La necesidad del debate de la sostenibilidad local y Un reto global para un mundo urbano.
Estas transformaciones son la clave para entender por qué tenemos que repensar el modelo urbano dominante. La cuestión es hacia dónde avanzar, cuál es el nuevo modelo urbano a seguir. Un desarrollo urbano sostenible pasa por algunos criterios de referencia. Por un lado, es necesario que las políticas de competitividad económica local se integren a largo plazo y se orienten a una visión sistémica de las ciudades, poniendo la cohesión social y el derecho a la ciudad como objetivos irrenunciables, junto con la promoción de un modelo económico e industrial respetoso con el medio ambiente y que no haga depender el progreso económico del aumento del consumo de recursos. Por otro lado, hace falta repensar las ciudades en cuanto a su escala y estructura, porque ambos factores condicionan ampliamente las presiones sobre el medio ambiente y la calidad de vida que ejercen la edificación, el urbanismo o el transporte y la movilidad urbanas. Este último elemento es de particular significación. Hemos asistido en las dos últimas décadas a un proceso de extensión de las formas de urbanización dispersa que significan el principal patrón de insostenibilidad de las ciudades que hoy hemos heredado. Este es un patrón que ha modificado, como decíamos, tanto la escala como la estructura de nuestras ciudades, transformando su funcionamiento. Y, la ciudad entendida en términos metabólicos, funciona como un organismo altamente demandante de recursos y generador de residuos.
De forma general, una ciudad más sostenible en términos ambientales ha de ser capaz de reducir el consumo de energía y de materias primas de las actividades típicamente urbanas (transporte, edificación), integrar el respeto al entorno natural y la presencia de biodiversidad dentro de la propia ciudad, minimizar la demanda de transporte, reconducir las políticas expansivas de consumo de suelo, asegurar una salud urbana que elimine al máximo los efectos perjudiciales para la salud del funcionamiento urbano y, en último lugar, organizar de forma adecuada los flujos de materiales con su entorno. Una ciudad cuyo diseño y funcionamiento esté pensado para las personas que la habitan.
Siguiendo estas pautas generales, en los últimos tiempos las ecociudades han aparecido como promesa para traer la sostenibilidad urbana. Se plantean como proyectos integrales de construcción de espacios utópicos de desarrollo de nuevos entornos habitables que cumplen al máximo con los requerimientos de reducción de emisiones de CO2 (zero emissions), de residuos (zero waste), etc. Encierran una visión optimista (se puede construir desde sus bases una estructura urbana capaz de ser sostenible por sí misma y de mantener un equilibrio sistémico en su funcionamiento ecológico) pero también una visión pesimista (es imposible conseguirlo en la ciudad ya construida y no merece la pena dedicar esfuerzos a resolver la insostenibilidad del modelo urbano actual).
Se trata de un debate es urgente; primero, porque las grúas se han parado y los cantos de sirena del cambio de modelo productivo hablan de sostenibilidad y la tentación puede ser aspirar a crear nueva actividad en el sector de la construcción promoviendo desarrollos en forma de ecociudades ex novo. Y, en segundo lugar, porque lo absolutamente urgente es la apuesta decidida por la rehabilitación del parque de vivienda privada, áreas industriales y equipamientos y edificios públicos. Estas ecociudades han podido tener cierto valor demostrativo, como experiencias piloto de posibilidad de aplicación de nuevas soluciones tecnológicas para los sistemas de calefacción, de aislamiento y de consumo de energía en los edificios, pero no son una solución generalizable si se conciben como una nueva etapa urbanizadora. En un país en el que hay miles de viviendas vacías y desarrollos urbanos incompletos no debería construirse ninguna vivienda más en realidad, al menos si atendemos a razones objetivas de utilidad social de la vivienda, y cualquier desarrollo urbanístico que se justifique por sus bondades sostenibles será falso o, en el mejor de los casos, un error bienintencionado. En cambio, una apuesta radical por la regeneración integral del tejido urbano actual representa una fantástica oportunidad de hacer realidad las promesas de la sostenibilidad: recuperar el parque de vivienda más obsoleto para mejorar las condiciones de habitabilidad de los barrios más olvidados de nuestras ciudades, recuperar y reutilizarlos  espacios públicos para dotarlos de sentido en la vida comunitaria, rehabilitar edificios públicos y privados para mejorar su eficiencia energética y que sean activos en la producción de energía renovable, redensificar el suelo ya construido para evitar la ocupación de más suelo, convertir en una prioridad que las ciudades empiecen a pensar en hacer la transición hacia un escenario post-petróleo y, por último, activar los usos comerciales de los centros históricos y los barrios de las ciudades son algunas de las actuaciones que mejor puede ayudar a la transición urbana.

martes, 8 de febrero de 2011

Un reto global para un mundo urbano


Continuación de La necesidad del debate de la sostenibilidad local.
Pensar en las ciudades sostenibles es, en realidad, un desafío global. En Europa, uno de los continentes más urbanizados, en torno al 75 % de la población vive en zonas urbanas, y se prevé que hacia 2020 la cifra aumentará hasta el 80 %. Como consecuencia de ello la demanda de suelo en las ciudades y sus alrededores es cada vez mayor y, acompañado de ello, el consumo de materiales y recursos y la generación de residuos y emisiones, al ser el estilo de vida urbano altamente consumidor de recursos y difícilmente sostenible. La expansión urbana descontrolada está remodelando los paisajes y afectando a la calidad de vida de las personas y el entorno como nunca antes había ocurrido. Si a principios del siglo XX sólo un 10% de la población mundial vivía en asentamientos urbanos, en 2007 esta cifra superó el 50% y se espera que en el año 2050 un 75% de la población mundial viva en ciudades. Este cambio demográfico tiene, además, perfiles muy diferentes en todo el globo. Las ciudades de mayor crecimiento poblacional previsto para los próximos años están localizadas prácticamente fuera del mundo desarrollado: Lagos, Kinshasa, Jakarta, Karachi, Delhi, Dhaka, Nairobi, Manila, Sao Paulo, Guangzhou, Shanghai, Bangalore y una larga lista de ciudades asiáticas y africanas están viendo crecer ya su población en una tendencia que continuará a lo largo del tiempo. Hoy ya hay más ciudades mayores de un millón de habitantes en China (97) o India (40) que en los Estados Unidos (39), y más en América Latina y el Caribe (57) o África (41) que en Europa (40). El siglo XXI se ha convertido en una era urbana que requiere repensar la forma en que se desarrollarán las ciudades en los próximos años. Cuando el mundo occidental lleva apenas un par de décadas tratando de incorporar el discurso de la sostenibilidad y a duras penas llevarlo a la práctica para sostener el modelo de vida que henos conocido, en diferentes lugares del mundo se está dando un proceso urbanizador de escala y rapidez desconocidas. El caso más paradigmático es el de China. Se prevé que en 2030 más de mil millones de chinos vivirán en ciudades, lo que supone que en los próximos años se creará una nueva Pekín al año, y la mayor parte de este crecimiento urbano sucederá en lo que hoy son pequeñas ciudades y no en las grandes megaciudades ya existentes en el país.
La ciudad es, en cualquier caso, un fabuloso invento, un extraordinario artefacto de vida colectiva que posibilita el avance social. Las ciudades actúan como motores del progreso impulsando la innovación y el avance en temas culturales, intelectuales, educativos y tecnológicos. Actúan como economías de aglomeración al igual que históricamente sirvieron también de espacios de libertad y protección, ofreciendo promesas de prosperidad y progreso a sus habitantes recién llegados y a los ya instalados. Sin embargo, los costes de esta urbanización del mundo son evidentes. Este proceso multiplica en muchas ocasiones las condiciones de desigualdad social y crea problemas por la baja calidad de los asentamientos urbanos. Se trata de la gran contradicción de la vida en la ciudad; como afirmaba el informe State of World Population 2007 de las Naciones Unidas, "ningún país en la era industrial ha conseguido crecimientos económicos significativos sin urbanización. Las ciudades concentran pobreza, pero también representan la principal esperanza para salir de ella".

Las ciudades son sistemas complejos de convivencia y su funcionamiento depende, en términos metabólicos, de la entrada de recursos en forma de materias primas (energía, agua,...) y materiales que son después expulsados en forma de residuos y emisiones. La concentración de actividades y personas, algo tan propio de la vida urbana, genera altas necesidades de transporte para que las personas y las mercancías se muevan, demanda una enorme cantidad de energía para iluminación, calefacción, aire acondicionado, refrigeración,... Siendo muy sintéticos, este es el marco general para entender los problemas de sostenibilidad de las ciudades y a partir de ellos se derivan sus consecuencias en cuanto a agotamiento de recursos -siendo el techo del petróleo el principal riesgo a día de hoy-, el consumo creciente de recursos como el agua, la demanda de mayores necesidades energéticas, el acceso desigualitario a los recursos a nivel global y también a nivel local, etc.
La sostenibilidad se ha transformado, por tanto, en un desafío básicamente urbano y la forma en que pensemos y se diseñen las ciudades del futuro -y, no lo olvidemos, especialmente en los países emergentes- será definitivo para poder asegurar un desarrollo humano sostenible en el futuro. Las principales presiones ambientales sobre el medio ambiente proceden del modo de vida urbano, empujadas por fuerzas motrices (hábitos sociales, demografía, modelo de ocupación del suelo,...) sobre las que la capacidad de actuación no es sencilla desde los gobiernos locales. La necesidad de repensar el funcionamiento de las ciudades se ha convertido en más imperiosa si cabe para poder asegurar la calidad de vida a nivel global. Repensar las ciudades en términos de sostenibilidad es el modelo de referencia más asentado en el que queda fijarnos y su aplicación práctica requiere de una acción decidida y coherente, y utilizando estrategias diversificadas. Nueva York, Tokyo u otras ciudades-globales, que actúan como nodos de la economía global y cuentan con una población relativamente estable y una tendencia de ocupación del suelo que tiende a agotarlo y a ocuparse tomando formas suburbanas en las periferias de los centros urbanos. Lo mismo sucede, a muy grandes rasgos, en las ciudades de nuestro entorno, las grandes capitales europeas, que participan igualmente de la economía global y con dinámicas de ocupación del suelo, de necesidades de transporte y de consumo de recursos y materiales muy inerciales. Diferente es el reto de las ciudades de tamaño medio, que en la actualidad se debaten por poder participar en su propia escala en las dinámicas de intercambio económico y la lucha por participar en la competencia urbana a nivel global, necesitando para ello aportar nuevos crecimientos poblacionales, nuevas necesidades de consumo de suelo, etc. Y, por último, tenemos a todas las "nuevas" ciudades que surgen de la nueva geopolítica urbana, situadas en entornos inestables políticamente, muy desigualitarios a nivel social y que cuentan con escasa capacidad económica para atender la llegada de nueva población, que se asienta en nuevas extensiones urbanas en difíciles condiciones de calidad habitacional.
Todas estas situaciones, descritas de forma muy gruesa, forman parte de un mismo desafío, que tendrá una incidencia fundamental en la calidad de vida de los habitantes de las ciudades y determinará las condiciones de supervivencia del planeta. La expansión económica y la expansión de los medios de transporte han posibilitado que en las últimas décadas la morfología y el funcionamiento de nuestras ciudades haya cambiado sustancialmente, y hemos transitado así hacia un modelo de ocupación del suelo que ha promovido el crecimiento territorial de las áreas metropolitanas españolas, de sus grandes ciudades y también del sistema de ciudades intermedias. En todas estas escalas se ha producido un cambio respecto a la forma tradicional de nuestras ciudades, a través de la extensión de los desarrollos en baja densidad, de la extensión de las segundas residencias en el litoral, la expulsión de los centros urbanos de las funciones comerciales antes bien integradas en los centros y hoy en las periferias urbanas y, por último, de la promoción de desarrollos monofuncionales y diferenciados para las actividades económicas y la vivienda. Como afirmábamos en el inicio del artículo, se trata de un fenómeno que está en el corazón de la crisis económica actual y nos obliga a reflexionarlo en términos de modelo de desarrollo económico sostenible.
Continuará con Buscando un modelo urbano para las ciudades en transición
Foto tomada de Earth Observatory

jueves, 3 de febrero de 2011

Créanlo: “España se consolida como el país más premiado por Naciones Unidas por sus mejores prácticas urbanas”


El titular es confuso, ¿verdad? Léalo en voz alta, igual suena más creíble. No, ¿verdad? Por supuesto, el titular tiene truco, porque hace referencia a los premios recibidos por dos experiencias municipales en el marco del VIII Concurso de Buenas Prácticas de Naciones Unidas-Premio Internacional Dubai 2010. Premiar, premiar, pues sí, será por premios, pero donde pone España habrá que sustituir mejor por los municipios que se han ganado esos premios, todos merecidos. Pero, España, así en genérico, difícil que sea reconocida en el mundo por sus mejores prácticas urbanas.

El catálogo de buenas prácticas urbanas que promueve la ONU es una fenomenal fuente de información para conocer buenos proyectos de desarrollo urbano en todos los niveles (económico, social, ambiental, comunitarios, etc.), pero lo que de verdad hace falta, y en eso España podría aportar muchos casos, es un catálogo de malas prácticas urbanas. El origen del titular optimista del año es el Ministerio de Fomento, que se felicita así de que España siga contando a lo largo de las diferentes ediciones del premio con casos reconocidos por su ejemplaridad; en el caso de la edición de 2010, el ayuntamiento de Barcelona y su Agenda 21 Escolar y Noain y su Plan de Lucha contra el Cambio Climático. Explicado así el dichoso titular, la cosa tiene algo más de sentido. ¿O no?

Imagen tomada de soonerpa en Flickr bajo licencia CC BY-NC-ND 2.0

martes, 1 de febrero de 2011

Libro. The principles of green urbanism. Transforming the city for sustainability


The principles of green urbanism. Transforming the city for sustainability está escrito por Steffen Lehman, UNESCO Chair in Sustainable Urban Development for Asia and the Pacific y también fundador del s_Lab Space Observatory, y representa uno de los mejores compendios que se puede encontrar sobre estrategias y tácticas de sostenibilidad urbana. Una obra extensa, principalmente porque contiene un largo capítulo (que desentona un poco, pero que responde al contexto en el que se escribe el libro, fruto de una exposición y los trabajos de diseño urbano que lleva a cabo el escritor con una serie de alumnos) dedicado a exponer propuestas de renovación urbana en Newcastle (Australia), con profusión de gráficos y ejemplos ilustrativos de intervenciones urbanas en todo el mundo. Los contenidos a veces no parecen bien estructurados pero, más allá de esto, el libro consigue repasar la mayor parte de las propuestas de urbanismo sostenible, con una especial dedicación a la cuestión energética que, hoy en día, está ya consolidada como el gran problema de las ciudades.

De entre todos los contenidos podemos resaltar un listado de más de cien nombres de personas destacadas en la teoría y práctica del urbanismo sostenible, tarea complicada y subjetiva necesariamente, pero curiosa al menos para quien quiera encontrar referencias que seguir. Pero, sobre todo, destacaría del libro la gran cantidad de casos y ejemplos que ofrece, recogiendo escalas diferentes y, sobre todo, realidades muy diferentes, algo en lo que muchas veces fallan este tipo de recopilaciones, demasiado centradas en los proyectos de maquetas espectaculares, de firmas reconocibles, o de atracción mediática. India y China ocupaban buena parte del libro, posiblemente, debido a los intereses de la investigación del autor, pero también, indudablemente, porque cada uno a su manera, son los dos países que van a marcar el futuro del mundo en muchos aspectos, no sólo de calidad de vida urbana sino de la economía en general. También resultan de interés, para alguien con tendencia a ser demasiado metódico como yo, otras partes del libro donde se repasa el surgimiento de la idea de la ciudad sostenible, su recorrido teórico histórico y las propuestas utópicas que siempre han acompañado a las diferentes teorías o, mejor, variaciones del mismo tema. Siempre reconforta un poco volver a ejercitar la memoria y recorrer la historia a través de nombres y propuestas en tiempos de fugacidad.
Ya he escrito varias veces que lo de las eco-ciudades no me convence, no cuela. Lo que toca es rehabilitar, un gran proceso de reconversión urbana. Ningún edificio nuevo va a conseguir ahorrar energía. Materialmente imposible. En esto, el libro no cae en la trampa, y aunque sí aparecen los inevitables ejemplos de Masdar, BedZED o Hammarby Sjöstad (junto a varios más, lo que vuelve a constituir una buena recopilación de casos bien descritos con abundancia de detalles), el tema central es la necesidad de reconvertir la ciudad construida. Al contrario, creo que el libro descansa sobre la idea central de la regeneración urbana a diferentes escalas, tanto urbanística como arquitectónica. Sobre esta cuestión, además de una importante colección de principios, el libro recoge un buen catálogo de propuestas de eficiencia energética en edificios, de transporte urbano, de soluciones tecnológicas vía smart grids o de nuevos materiales para la construcción e, incluso, de iniciativas de recuperación temporal de espacios públicos, infraestructuras y equipamientos, un tema fundamental. Aquí añado dos iniciativas que no conocía que sumo a otras que ya hemos visto por aquí en los últimos meses (locales y centros comerciales, principalmente) como son Back to the city y Renew Newcastle, desarrolladas ya a finales de la década pasada. Para quien esté interesado en estrategias de reapropiación colectiva y reutilización de la ciudad puede investigar un poco más.

miércoles, 19 de enero de 2011

La necesidad del debate de la sostenibilidad local


Como mencioné hace unos días, voy a publicar por partes el artículo que escribí para la Revista VIA, Las ciudades, núcleo duro de la sostenibilidad en el futuro. Aquí va el capítulo inicial en el que trato de recoger algunas ideas sobre por qué la escala local tiene tanta incidencia en el debate sobre la sostenibilidad. Continuará....
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El estudio crítico de la ciudad como problema no es algo nuevo relacionado con la emergencia de las teorías del desarrollo humano sostenible a partir de las cuáles se ha definido el discurso de la insostenibilidad del modelo de vida urbano. De hecho, se trata de una preocupación existente desde que las ciudades existen y ya en la Roma imperial hubo de atenderse a los problemas de higiene relacionados con la vida en común en una gran urbe. El concepto de sostenibilidad ha venido a sofisticar un análisis que siempre ha existido, dotándolo, por supuesto, de mayor rigor y conocimiento científico, de nuevos criterios y, sobre todo, de una visión más integral sobre el desarrollo humano. La ciudad sostenible es una nueva utopía, pero conviene recordar que históricamente -y sólo nos referiremos a la Historia más cercana- se han planteado diferentes modelos que trataban de ofrecer una utopía urbana: la teoría general de la urbanización de Ildefonso Cerdá, la ciudad lineal de Arturo Soria, la ciudad jardín de Ebenezer Howard, la ciudad orgánica de Patrick Geddes y Lewis Mumford, la ciudad social de Jane Jacobs, etc. Con todas estas teorías, y muchas otras no mencionadas, se ha buscado dar respuesta a las dificultades de encontrar un equilibrio entre la vida urbana y su tendencia a generar problemas sociales y ambientales. Esta cuestión es la que subyace, también, en la discusión sobre la ciudad sostenible.
Abordar la sostenibilidad del modelo urbano dominante en la actualidad es hacer frente también a la coyuntura económica y social que atravesamos a finales de 2010. El paradigma de crecimiento que ha vivido nuestro país en los últimos años ha descansado, en buena medida, sobre las bases territoriales de ocupación del suelo y sobre el sistema de financiación municipal, dos elementos presentes en cualquier reflexión sobre el origen de la crisis económica actual. El modelo de crecimiento se ha agotado porque, mientras podía sostenerse en base a las bondades económicas que ha generado el sector de la construcción, la pregunta sobre la sostenibilidad del modelo urbano parecía una excentricidad de los aguafiestas que querían poner en duda el éxito de un crecimiento que parecía no agotarse. Pero la fiesta terminó y ahora que la excusa del crecimiento ya no existe, se presenta más claro el pasivo ambiental, social y económico que ha dejado el proceso urbanizador en la mayor parte de nuestro territorio y en nuestra economía. Así que, bien por profundo convencimiento sobre la necesidad de abordar el debate de la sostenibilidad urbana, o bien simplemente porque tenemos la obligación de repensar las ciudades y la gestión urbana en tiempos de incertidumbre económica, la pregunta es absolutamente necesaria: ¿Qué modelo de ciudad queremos?
La sostenibilidad ha sido uno de los conceptos que han emergido en las últimas décadas con más fuerza y, sin embargo, aún sigue siendo controvertida su definición teórica y su aplicación práctica. La definición teórica se enfrenta a la complejidad de incluir en una sola enunciación un concepto que tiene el potencial de convertirse en un nuevo paradigma para entender el desarrollo social de la vida en la Tierra, incluyendo variables económicas, ambientales, sociales, culturales y éticas. Se suele aceptar 1987 como la fecha del nacimiento oficial del término desarrollo sostenible, con ocasión de la publicación del informe de la Comisión Brundtland pero desde entonces la literatura ha desarrollado una ingente cantidad de análisis tratando de encontrar las relaciones entre esas variables, la predominancia o no de unas sobre otras y la forma de medirla. Por su parte, la aplicación práctica a escala local se ha enfrentado a indudables problemas de liderazgo, de incapacidad para romper las dinámicas tradicionales, de incoherencia entre los discursos y las acciones reales de agentes públicos y privados y, en último término, de utilización interesada y meramente discursiva del término. Hemos asistido en estos años, en realidad, a una aplicación contradictoria del paradigma de la sostenibilidad porque, a pesar de que muchas políticas y discursos urbanos se han realizado en su nombre, la realidad ha demostrado que las ciudades se ha convertido en el principal origen de las presiones ambientales.
El papel de las ciudades en el compromiso por el desarrollo sostenible tardó en identificarse. Inicialmente el debate puso su acento sobre los problemas globales (pérdida de biodiversidad, desertificación y deforestación, reducción de la capa de ozono, contaminación atmosférica, calentamiento global, etc.) y se buscaban respuestas desde las instituciones globales. En la Cumbre de Río en 1992 por primera vez se identificó de forma nítida la necesidad de actuar a nivel de los gobiernos locales. Fue el origen del movimiento de las Agendas 21 Locales, un instrumento nacido como una gran promesa y que con el tiempo ha envejecido mal. De alguna forma, la suma de acciones locales -a pesar del impresionante número de ciudades y pueblos que han puesto en marcha estos mecanismos, con mayor o menor nivel de compromiso- no ha llevado a una transformación radical del modelo de desarrollo. Al contrario, las fuerzas motrices que empujan el funcionamiento económico han resultado ser mucho más pesadas y difíciles de mover.
Estas dudas obligan a reflexionar sobre la capacidad real del ámbito local para intervenir en los aspectos clave de la sostenibilidad o, mejor, en el núcleo duro de la insostenibilidad. Desde luego, es evidente que estamos en un contexto de repolitización de lo local y las entidades locales son, sin duda, un agente importante para generar un cambio de tendencia y para llegar al ciudadano y a los hábitos de consumo. Y, en cierta forma, muchos de ellos están haciendo sus deberes, al menos en aquellos elementos en los que pueden intervenir (gestión de residuos sólidos urbanos, sensibilización ciudadana, protección de espacios verdes, etc.), pero parece complicado que la suma de decisiones individuales de los municipios más comprometidos pueda implicar un cambio en los grandes factores de la insostenibilidad: transporte de personas y mercancías, generación de residuos, consumo de recursos naturales (agua, principalmente), ocupación de suelo, emisión de gases de efecto invernadero, etc...

martes, 11 de enero de 2011

¿Qué contenidos tendrá la Ley de Calidad y Sostenibilidad del Medio Urbano?


La Secretaría de Estado de Vivienda y Actuaciones Urbanas ha anunciado que están trabajando en la elaboración de la Ley de Calidad y Sostenibilidad del Medio Urbano, prevista para los próximos meses. Esta ley, de la que tampoco se sabe mucho más, está en fase de anteproyecto y, en principio, parece estar dirigida a establecer un marco normativo para sostener el esfuerzo que quiere hacerse en los próximos años en materia de rehabilitación de vivienda y regeneración urbana. Ni en la web de La Moncloa ni en la del Congreso de los Diputados he sido capaz de encontrar algún tipo de información adicional, será que no consigo encontrar el camino. En la web de la Secretaría de Vivienda y Actuaciones Urbanas tampoco he tenido suerte, a pesar de que parece ser el órgano encargado de su preparación.
Lo cierto es que cuando esta secretaría tenía nivel de Ministerio de Vivienda ya se aprobó la constitución del  Observatorio de la Vulnerabilidad Urbana y se lanzó el Sistema de Información Urbana, al tiempo que se aprobaba el Libro blanco de la sostenibilidad en el planeamiento urbanístico español. Veremos a ver qué contenidos concretos desarrolla esta ley y, sobre todo, si es capaz de superar el enfoque de rehabilitación de edificios y dar un marco más amplio para promover la regeneración integral de barrios. Obviamente, teniendo en cuenta el reparto competencial que en este aspecto asigna a las Comunidades Autónomas la mayor parte del peso regulador e incentivador. Si alguien tiene algo más de información...
Siendo como es una gran incógnita, podemos elucubrar sin miedo. Como mencionaba antes, si su enfoque es de rehabilitación, ya tenemos dos caminos: la rehabilitación de edificios, a pequeña escala y en clave física, o la regeneración integral de barrios a gran escala y considerando claves sociales. Si va por la primera vía, apostemos a que la justificación será, una vez más, salvar al sector de la construcción. Ya he comentado alguna vez que esto sería mejor que nada, aunque sólo nos acordemos de la rehabilitación de la ciudad construida ahora que la vivienda nueva no da más de sí. La segunda vía, dirán, es más complicada, precisamente porque al ser más integral, corre el riesgo evidente de entrar en competencias de otros Ministerios y, en mayor medida, de otros niveles administrativos. Posiblemente, pero aún así, merecería la pena si este gobierno tuviera capacidad de liderazgo para construir un modelo alternativo de desarrollo económico y social para este país, reto en el que una estrategia estatal de regeneración integral de barrios, aunque sea muy declarativa para que luego el resto de niveles administrativos la desarrollaran, sería muy oportuna.
Por otro lado, si hacemos caso al título (calidad y sostenibilidad del medio urbano), sus contenidos deberían ir mucho más allá de la mera rehabilitación, ya que esta sólo sería una de las formas de intervención para logar esa calidad y sostenibilidad del medio urbano. ¿Tocará esta ley, por ejemplo, los temas de movilidad? ¿El consumo de recursos naturales o la generación y gestión de residuos? Apostemos a que no van por ahí los tiros. La Estrategia Española de Sostenibilidad Urbana y Local está ahí desde hace tiempo como meras directrices y con menos incidencia, aunque sea política, de la que inicialmente se esperaba. Siendo esto así, mejor sería darle otro nombre a la ley antes de crear confusiones, que ya sabemos que el gobierno no ha sido especialmente hábil a la hora de legislar cosas sostenibles y mezclarlas con disposiciones adicionales, tirando por tierra un nombre de ley.
No es la única ley estatal actualmente en preparación que afectará a los municipios. La nueva Ley de Gobierno Local está ya en preparación y actualizará la definición de competencias municipales y el modelo de financiación local para los próximos años. Pero ese ya es otro tema, y de los gordos.

jueves, 6 de enero de 2011

Las ciudades, núcleo duro de la sostenibilidad en el futuro


Narcis Sastre me pidió hace unos meses que escribiera un artículo para la revista VIA, que publica el Centre d´Estudis Jordi Pujol. Narcís me invitaba a hablar de la sostenibilidad urbana como idea principal, y quedaba de mi parte enfocarlo en algo más concreto. Como últimamente todos los caminos me llevan a hablar de la necesidad urgente de mirar la ciudad con gafas de rehabilitación y reutilización, por ahí han salido los tiros en el artículo. El objetivo del artículo es presentar las relaciones entre el mundo urbano y el desarrollo sostenible, identificando los retos a los que se enfrentan las ciudades en los próximos años para seguir sosteniendo un proyecto colectivo inclusivo, dinámico y sostenible. Ante un mundo que asiste a un proceso galopante de urbanización protagonizado por los países emergentes, las ciudades representan el principal caballo de batalla para poder asegurar un desarrollo social equilibrado que pueda mantenerse en el tiempo. Casi nada.

Estel número 14 de la revista incluye diferentes artículos sobre temas urbanos y relacionados con la ciudad, en concreto:
Dejo colgado el artículo tal como ha sido publicado en su traducción al catalán, y en los próximos días iré publicando los capítulos del artículo:
  • La necesidad del debate de la sostenibilidad local
  • Un reto global para un mundo urbano
  • Buscando un modelo urbano para las ciudades en transición
Las ciudades, núcleo duro de la sostenibilidad en el futuro

miércoles, 11 de agosto de 2010

Libro. Governing for Sustainable Urban Development


Yvonne Rydin es profesora de planeamiento, medio ambiente y política pública en la Batlett School of Planning y ha publicado un nuevo libro, Governing for Sustainable Urban Development, centrado en algunos aspectos concretos de la gestión pública del desarrollo urbanístico de las ciudades, especialmente para el caso británico.
El libro se inicia con dos capítulos introductorios sobre un debate bastante típico  y que no añade grandes cosas sobre el concepto de desarrollo sostenible y las dimensiones de la sostenibilidad y cómo afectan estas a la agenda de la gestión urbana. Más interesante me ha resultado el capítulo Producing urban development, en el que la autora explica el cambio del modelo teórico lineal del desarrollo urbanístico al modelo actual, con más actores y más complejo (marcos regulatorios multi-nivel, modelos de financiación más complejos y un sector de la construcción en el que participan diferentes manos). El resto del libro también tiene algunos aspectos de interés, sobre todo para conocer mejor cómo ha ido definiéndose en el Reino Unido un sistema bastante complejo de regulaciones constructivas, de sistemas de incentivos económicos y fiscales y de utilización de etiquetas y certificaciones para mejorar la sostenibilidad de la producción de nuevos desarrollos urbanos.

Aunque el título del libro no lo avanza, la mayor parte de los contenidos están relacionados con las políticas de lucha contra el cambio climático en el sector de la construcción y en el diseño y planeamiento urbano. La preocupación por impulsar desarrollos urbanos cuyo funcionamiento demande una baja cantidad de energía y que lleve idealmente a formas urbanos de bajas emisiones de CO2 está detrás de la mayor parte de los cambios regulatorios que se describen, y también de los sistemas de certificación y evaluación energética de edificios como el BREEAM ((Building Research Establishment´s Environmental Assessment Method), REAP (Resource and Energy Analysis Programme). En general, la lectura deja la sensación de que los británicos están apostando fuerte por este tema y, de hecho, creo que llevan la delantera en muchos aspectos a la hora de definir un sistema que incentive los desarrollos urbanísticos neutros en carbono (zero-carbon developments), aunque aquí están encontrando dificultades para sistematizar normativamente qué significaría esta figura para así poder impulsar un sistema de incentivos fiscales. Así el Tesoro ya ha anunciado que su equivalente al impuesto de transmisiones patrimoniales acogería una exención para las viviendas que sean altamente eficientes a nivel energético, pero están teniendo dificultades para objetivar una definición que ofrezca suficiente seguridad jurídica. El desarrollo conocido como BedZED (Beddington Zero Energy Development, en Wallington, en el sur de Londres) se expone como ejemplo paradigmático de este tipo de desarrollos.
Igualmente hay espacio para el tema de las eco-ciudades y cómo se han promovido en el Reino Unido a través de un curioso sistema de concurso, sistema que repasamos por encima hace un tiempo en Por qué las ecociudaes no serán la solución:
En una importante polémica hace casi dos años (circunscrita al caso británico, pero de interés general), Simon Jenkins, periodista especializado en temas urbanos y arquitectónicos de The Guardian, señaló de forma clara dónde está el problema y escribió un artículo completo (Ecotowns are the greatest try-on in the history of property speculation) donde destaca una frase lapidaria: "Building new houses emits 4.5 times more carbon than rehabilitating old ones, new eco-towns are a big failure". Dermot Finch, director del Centre for Cities acudió unos días después con argumentos similares en Eco-towns are not the answer to climate change or housing needs e incluso el propio Richard Rogerseco-ciudades en el país. A pesar de esta polémica, finalmente a mediados de 2009 el gobierno británico apoyó la construcción de cuatro eco-towns, con la oposición, entre otros, del movimiento en defensa del territorio rural. intervino con una respuesta en el propio periódico, apoyando estos planteamientos críticos y sugiriendo a las autoridades abandonar la idea de apoyar la construcción de una serie de eco-ciudades en el país. A pesar de esta polémica, finalmente a mediados de 2009 el gobierno británico apoyó la construcción de cuatro eco-towns, con la oposición, entre otros, del movimiento en defensa del territorio rural.
El Eco-towns Programme fue lanzado en 2007 por el Department of Communities and Local Government invitando a enviar propuestas de nuevos desarrollos que cumplieran una serie de características básicas, se recibieron 57 propuestas, de las que 11 pasaron a una lista corta de la que salieron finalmente en 2009 los cuatro desarrollos que podrían acogerse al apoyo del programa en Whitehill-Bordon (Hampshire), Rackheath (Norfolk), northwest Bicester (Oxfordshire) y St. Austell (Cornwall), que deberán seguir unos criterios estrcitos para cumplir ahora con las condiciones.

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