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jueves, 12 de mayo de 2016

Smart cities: a quiet revolution

“Looking at the history of technology literally puts us in our place by suggesting that rather than ending time, space, and social relations as we have known them, the rise of cyberspace amounts to just another in a series of interesting, but ultimately banal exercises in the extension of human tools. They are potentially very profound extensions, but not enough to warrant claims about the end of anything, other than the end of a chapter in a seemingly never ending story. Indeed, the history of technology suggests that this would be far from the first time that we have laid claim to the end of history, the end of geography, and the end of politics. Practically every substantial technological change has been accompanied by similar claims. The chant goes on: This changes everything. Nothing will ever be the same again. History is over, again and again and again.”
Vincent Mosco (2004) The digital sublime. Myth, power and cybersapce, MIT Press, Cabridge

The beginning of the XXI century has deployed different technological developments in the urban and their potential for transforming cities today can barely be glimpsed. We are not good at advancing the future, nor at foreseeing the unintended consequences of progress. In any case, we know that all the Internet-based technologies are already the protagonists of urban innovations and the most significant technological advances in the coming years. The internet of the future is the framework for developments related to the Internet of things, cloud computing, big data or sensor technology. Its applications reach all scales, from changes in personal life habits to the transformation of business models in almost any industry. Likewise, any of the features of mobile technology-driven changing habits are eminently urban and shape new patterns in a process of social engineering, and have little to do with traditional habits a couple of decades ago. Lives under this scenario are a continual succession of digital traces from individuals, human groups or entire communities that are captured, stored, processed and exploited, remodelling preferences, customizations and adjustments in real time, while algorithmic regulations and other sorts of black boxes broaden their influence in everyday lives and decisions.

Delivering a Computer in 1957  Photograph via Norfolk Record Office 
These changes are usually presented as a profound revolution. Spectacularization of technology (or, at least, a particular set of technology developments) in the media tends to draw a revolution taking place. However, despite the enormous changes that have led to the panoply of advances associated with the networked society, this transition has been, if not stealthily, at least quiet and peaceful. Faced with the temptation to identify the emergence of the smart city as a new paradigm in urban management and understanding of urban reality, we must recognize that the digital urban layer has been present in academia and thinking about cities for a couple of decades at least. On the other hand, the digital colonization has occurred incrementally and gradually rather than in an explosive way. As individuals, organisations and societies we have incorporated into our daily work, our daily experience, our material means of life and our experienced spaces different devices, quite peacefully and intuitively.

The story of the leapfrog  into the smart city is much less epic than how it is usually depicted, and has more to do with a succession of steady, progressive, incremental and intuitive changes on our habits, conveniences, etc. Frequently, they have physically modified our streets and have transformed our social relations. As such, they have colonized virtually every sphere of our life following a process that began decades ago. It is, therefore, a vibrantly contemporary change. The presence of software in everyday life burst long ago in various fields (air navigation, business organization, financial flows and domestic equipment). This presence is now normal in our pockets, in the public space or public service management. The main jump has derived from the invasive nature of the functions of smart devices, which have individualized capacity intermediating through the network in the most common and even intimate activities of the connected  human life. Of course, this is a massive shift that has equipped us  with new capabilities (big data), through new devices (smartphones) or interfaces (internet of things) and new infrastructure (connectivity, data centers). However, essentially all occurred out of sight, in a diluted form in the sum of small daily acts that hold our existence.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

De la ciudad abierta y móvil a la ciudad emergente

La generalización de los dispositivos móviles y la disponibilidad de una amplia experiencia en el uso de herramientas digitales para la interacción social han creado un nuevo marco de actuación cívica que multiplica la capacidad de la ciudadanía para intervenir en los asuntos comunes. Respositorios como Civic Commons, The Civic Media Project, Social Tech Guide, Civic Patterns o Stack Cívico, entre otros, nos dan la dimensión de la acción cívica digital. Knight Foundation ha publicado un buen balance sobre la importancia de las tecnologías cívicas a la hora de posibilitar la creación de redes ciudadanas, la promoción de la inteligencia colectiva, el apoyo de proyectos sociales y comunitarios, el diseño de nuevos servicios o la promoción del debate político. De hecho, es esta tecnología la que menos tiempo ocupa en la narrativa de la smart city, dominada por su preferencia por tecnologías por llegar y no, por ejemplo, por el dispositivo por antonomasia de la era digital, el smartphone . En los últimos años hemos asistido a la irrupción de un nuevo discurso en torno a la ciudad que se focaliza en la idea de las smart cities como vehículo de transformación de lo urbano. Se trata de un debate hasta cierto punto polarizado por visiones muy distantes unas de otras respecto al papel de la tecnología en la ciudad y que encierra, en último término, una visión particular de la ciudad, sus agentes, el espacio físico y el espacio de los flujos de las relaciones que se dan en el entorno urbano. Prácticamente el único punto de unión en esta “batalla” por las smart cities reside en la asunción de que las tecnologías digitales implican un cambio de escenario sobre la forma en la que se organiza la vida en la ciudad, incidiendo en algunos casos sobre la mejora de la eficiencia en la gestión de los servicios públicos y las infraestructuras que soportan el funcionamiento urbano, mientras que en otros casos se incide en las tecnologías digitales como habilitadoras de una nueva acción colectiva con mayor autonomía de organización, creación y aportación.

Las tecnologías móviles aportan una renovada capacidad cívica de intermediación en la ciudad con un alto componente de creación colectiva y de intensificación de las dinámicas urbanas. Existen actualmente muchos casos de utilización exitosa de estas herramientas en muchas ciudades del mundo, tanto desde un impulso institucional como desde un impulso ciudadano. Las tecnologías móviles en la vida cotidiana en la ciudad se están utilizando para implicar a las comunidades locales en la generación de soluciones móviles concretas para sus ciudades, un marco de colaboración entre los ámbitos tecnológicos y no tecnológicos como vía para asegurar la adecuada contextualización de las aplicaciones móviles que se generen desde una visión cívica de las tecnologías móviles.Todas estas dinámicas comparten una visión en torno al valor cívico de las herramientas digitales como habilitadoras de procesos de cambio y concienciación. Sin embargo, la presencia de este valor cívico no es tan evidente, entendiendo valor cívico como el atributo propio de la vida en la ciudad o la incorporación de una variable urbana a las tecnologías en cuanto a promoción de la libertad, de la acción comunitaria, del compromiso social, la crítica social y la construcción de alternativas.

Real-Life Instagram Turns A City Into An Indictment Of Our Distracted Photo Culture 
Las tecnologías para afrontar soluciones locales a problemas de las ciudades están explorando esta vía. Mientras que determinadas dinámicas tipo hackathon o similares, basadas en la concentración de conocimiento y habilidades técnicas sobre el desarrollo de aplicaciones móviles buscan promover la creación de nuevas apps u otro tipo de soluciones de manera generalista, otras dinámicas están sumando a este conocimiento técnico un esfuerzo por dotar de contenido urbano a estas dinámicas creando contextos más eficaces  para la generación de soluciones hiper-locales y creando entornos de cooperación entre personas y colectivos comprometidos con la ciudad y, en algunos casos, también con las propias instituciones locales. Esto no nos puede hacer olvidar el riesgo de convertir los medios digitales en formas individualizadas y descomprometidas de intervenir en la vida pública. En este sentido, el autor apuesta claramente por añadir al diseño, el despliegue y la gestión de dispositivos, servicios, infraestructuras y plataformas digitales un sentido de pertenencia y apropiación ciudadana sobre los mismos para que la ciudadanía mantenga su agencia.

La apertura de datos abiertos es uno de los vectores asociados a la smart city en su relación con la ciudadanía. Ciudades en todo el mundo están liberando sus datos públicos posibilitando que desarrolladores y activistas trabajen en proyectos de reutilización del open data. La smart city se transforma entonces en un concepto abierto a la ciudadanía cuando reconocemos cómo se están desarrollando herramientas digitales de diferente tipo para favorecer formas de apropiación tecnológica y de democratización . Las smart cities también son lo que sucede en la intersección del urbanismo y la exploración artística a través de fachadas digitales y el uso creativo y participativo de las tecnologías digitales en el espacio público (con la red Connecting Cities , en la que participan Quartier del Spectacle Montreal , Federation Square Melbourne  o CAVI–Centre for Advanced Visualization and Interaction de la Universidad de Aarhus) y otras formas de pensamiento crítico en el espacio público (Urban Prototyping ) en las que el ciudadano se compromete, crea, organiza y comparte una plataforma común, la ciudad. El principal factor diferencial de estas iniciativas es que promueven un enfoque de “la tecnología en nuestras manos”, una concepción mucho más cercana a la realidad cotidiana del uso de tecnologías y de interacción con la ciudad que las visiones excesivamente jerárquicas y burocráticas que a veces destilan las propuestas de la SC. La tecnología-en-uso es una formulación que nos permite desbordar los límites tan estrechos que hemos mencionado hasta ahora sobre la concepción de la tecnología como un elemento estático. La cotidianeidad en el uso de tecnologías y la forma en que interactúan los individuos y las comunidades con su ciudad a través de diferentes dispositivos, sistemas o relaciones –no necesariamente digitales- se expresa a través de actos cuya suma y progresión adapta la tecnología a usos particulares. El valor fundamental, el hecho más rompedor no es, por ejemplo, la capacidad de automatizar el funcionamiento del sistema de alumbrado público mediante sensores y detección de presencia para encender o apagar unas luminarias. Por supuesto, esto ofrece grandes ventajas en la cuenta corriente de las finanzas de un ayuntamiento, una eficiencia operativa ampliada y un uso más racional de los recursos. Pero se trata de innovaciones incrementales. Es mucho más rompedora, sin embargo, la posibilidad de disponer de tecnologías que están cambiando y cambiarán nuestra propia actividad como ciudadanos y nuestra experiencia en la ciudad. Pensemos en la fabricación digital, por ejemplo, como un universo de tecnologías que pueden cambiar de manera fundamental la forma en la que entendemos la producción industrial hacia modelos descentralizados y la autosuficiencia, pero también los dispositivos móviles que ya están en nuestros bolsillos y que transforman la manera en la que interactuamos y nos relacionamos con el entorno. Tanto en un caso como en otro, ofrecen un potencial de auto-organización y de decisiones personales y colectivas que empoderan a la ciudadanía para tener más capacidad de acceder a información, de crear sus propios servicios y desarrollar sus propias soluciones y estrategias para vivir en la ciudad.

Muchos otros ejemplos se podrían mencionar de proyectos e iniciativas que se encajan en una esfera amplia de apropiación ciudadana de los medios digitales y sirven para ilustrar lo que los renders no pueden: un creciente número de personas están trabajando en lugares reales con problemas reales para desarrollar herramientas reales con tecnologías que ya están disponibles. La mejor manera de comprometer a la ciudadanía en el desarrollo de las smart cities es reconocer lo que ya está sucediendo. Existe aún excesivo interés en promesas altamente dependientes de infraestructuras y soluciones orientadas a resolver únicamente los problemas de las administraciones locales. Sin embargo, las reglas han cambiado de alguna forma en la sociedad digital: las personas pueden desarrollar proyectos transformadores con un catálogo de tecnologías y aplicaciones abiertas y colaborativas.

Proyectos como Thingful , diseñado como motor de búsqueda del internet de las cosas y los objetos conectados, implican nuevas vías de investigación más allá de los datos abiertos, proponiendo un nuevo marco  que supere el abierto-cerrado. Haque, su ideólogo y diseñador principal, destaca que el núcleo central de la cuestión de los datos radica no tanto en su carácter abierto sino en la titularidad (entitlement) no en el sentido restrictivo de propiedad sino en el de conjunto de capacidades que mantienen la agencia del titular de los datos digitales. De esta forma, los datos no deberían actuar bajo un régimen abierto-cerrado, sino bajo un régimen heterogéneo en el que el creador y propietario de datos y bases de datos mantiene la capacidad de elegir conscientemente las diferentes formas de acceso a sus datos en una multiplicidad de opciones. El mundo de los objetos conectados requiere explorar nuevos marcos, en especial para atender los desafíos sobre la privacidad. El proceso gradual de adopción de lo digital ha tenido como consecuencia cambios profundos pero inesperados e inauditos en la concepción social de la privacidad. Acostumbrados a aceptar las crípticas políticas de uso de datos de aplicaciones y servicios como Facebook, Google, Amazon, Uber, Change.org y otros, la vida en las redes sociales y, por extensión, en cualquier espacio digital, es un proceso dominado por la experiencia seamless con profundas implicaciones sobre el control de los datos personales. Su carácter sensible a nivel comercial pero también en cuanto a capacidad de establecer perfiles socio-demográficos, de control ciudadano o de vigilancia social acrecienta la carrera por disponer de datos personales digitales como el valor de intercambio fundamental en una red donde (casi) todo es aparentemente gratuito. El internet de las cosas, como siguiente evolución, no hará sino acrecentar esta condición a menos que podamos construir un nuevo modelo de relación con los datos personales basado en la transparencia, en el desvelamiento de las infraestructuras de datos que están detrás de los servicios que usamos y de los interfaces a los que nos sometemos de manera voluntaria o involuntaria.

Thingful
Una de estas formas de colaboración tiene que ver con la generación de nuevos servicios y la mejora de los ya existen apoyándose en la propia ciudadanía usuaria de los mismos y en las capacidades tecnológicas y el conocimiento local para orientarlos hacia las necesidades reales de la ciudadanía. Este conglomerado de instituciones, ciudadanía implicada y colectivos y empresas capaces de trabajar técnicamente junto a la Administración está siendo utilizado en muchas ciudades del mundo por diferentes grupos de agentes (desde organizaciones sociales a laboratorios de innovación pública) mediante distintas fórmulas (comunidades de práctica, hackathons, living labs, laboratorios cívicos,…) y se están demostrado exitosas para adaptar el funcionamiento de los servicios públicos a las nuevas demandas sociales a partir de tecnologías abiertas (hardware abierto, datos abiertos, redes abiertas y conocimiento abierto). Esto apunta a la emergencia de un nuevo campo de acción cívico, la innovación social digital (DSI, digital social innovation) , que daría unidad conceptual a este tipo de prácticas. Este campo incluye diferentes tipologías de activismo y movilización ciudadana, desde el movimiento maker y DIY proveniente del open software hasta los proyectos de inteligencia colectiva (crowdsourcing) y micro-financiación colectiva (crowdfunding), pasando por el propio movimiento del open data. Todos estos proyectos comparten una característica en común: la utilización de diferentes soportes digitales para renovar las prácticas de acción colectiva y la incidencia pública de las demandas, expectativas y necesidades sociales. Los usos más interesantes y productivos de la tecnología actual están sucediendo en manos de ciudadanos con equipos técnicos ya existentes, sean estos smartphones, placas de Arduino o Raspeberry Pi. Estos ejemplos ilustran la posibilidad de abrir nuevos canales para intervenir en nuestra realidad más cercana, para colaborar y también para traspasar los muros de lo que se puede y no se puede hacer. La participación en torno a comunidades y prácticas colaborativas, se va haciendo más sólida, o al menos dispone ahora de nuevas formas de organización. De la participación por representación a la participación con contribución. Menos quién eres y qué representas, y más qué puedes aportar. Menos obsesión por las soluciones/herramientas y más procesos/espacios de cooperación.

El punto de partida es reconocer que las mismas tecnologías sobre las que se construye el discurso anteriormente diseccionado son también las protagonistas de usos, prácticas e infraestructuras diferentes que optan a ser contra-hegemónicos. Los recursos técnicos básicos (sensores, conectividad, teléfonos inteligentes, datos digitales,…) están, de hecho, en manos de otros agentes alejados del régimen discursivo de la smart city y la construcción de la sociedad conectada no está en manos únicamente de las grandes compañías proponentes del imaginario hegemónico. Quizá por primera vez en mucho tiempo, las tecnologías protagonistas de la nueva fase de progreso técnico están relativamente democratizadas. Aun sujetas a fuertes contradicciones propias del cambio de modelo, a grandes esfuerzos en sentido contrario por los espacios de poder dominantes y a condiciones desiguales de acceso a las mismas, estas tecnologías están relativamente disponibles con un esfuerzo infinitamente menor que cualquier otra en el pasado reciente.
Signs from the near future
El concepto de apropiación de las herramientas sigue siendo clave en una nueva teoría de la acción colectiva basada en las tecnologías móviles y ofrece un panorama novedoso sobre cómo afrontar la construcción de procesos y dinámicas de interacción social desde el compromiso cívico y la acción comunitaria en las que lo digital juega el papel de canalizador de un proceso más complejo de activación de la participación social en los asuntos comunes de la ciudad. La web y todas las soluciones derivadas, en el despliegue social que con el que va configurándose, abre nuevas opciones para desarrollar herramientas de activismo y compromiso social que, sólo apenas unos años apenas podíamos imaginar. Ha abierto la posibilidad de diseñar instrumentos de relación social que nos hace más abiertos y colaborativos en entornos personalizables de participación. Sin embargo, esta idea de la Red como espacio de liberación de la participación ciudadana, a pesar de formar parte de las bases fundamentes de este imaginario, resulta polisémica y requiere de formulaciones más profundas que su simple mención, tal como suele hacerse en la SC.

Diferentes proyectos relacionados con problemáticas urbanas se han basado en este modelo (Change by us, Neighborland, Fix my Street, Open Plans,…), buscando la aportación colectiva de información, en especial a través de iniciativas de mapeado o simplemente utilizando aplicaciones móviles a través de las cuales los usuarios generan y comparten información. Sin embargo, el peligro reside en generar con ello esquemas de actuación en los que el ciudadano –el usuario de las aplicaciones o participante en los procesos basados en tecnologías móviles- tenga un papel excesivamente pasivo como mero recolector de información. Así, las iniciativas de ciencia ciudadana (Smart Citizen Kit, Air Quality Egg o todo el trabajo de Public Lab) o espacios como fablabs, maker spaces o laboratorios de innovación digital (Medialab Prado en Madrid o Laboratorio para la Ciudad en México D.F., por ejemplo) ofrecen una perspectiva más amplia de este tipo de ciudadanía digital activa.

La generalización de los dispositivos móviles ha hecho que la interacción con un espacio digital sea constante y diaria. Nuestra vida es un permanente camino de rastros digitales de la interacción con las dependencias públicas, con las máquinas canceladoras o cualquier otro punto de la esfera de objetos públicos conectados con los servicios y aplicaciones de nuestros dispositivos móviles, con las tarjetas bancarias, etc. Los ciudadanos somos un continuo de datos, meros generadores pasivos de información que va quedando por el camino del uso de las redes sociales. Mariposas revoloteando de un tema a otro, de una aplicación a otra, sin una dirección clara y perdidos en la confusión y a través de una sofisticada red de infraestructuras invisibles. Siguiendo este planteamiento, podemos vincular los dispositivos móviles en procesos de compromiso ciudadano real más allá del peligro de asignar al ciudadano un papel de mero recolector de información. Se trata de un punto clave para que las aplicaciones móviles que se puedan crear tengan un sentido urbano, en la medida en que las aplicaciones y servicios asociados a los urban media pueden tener diferentes impactos sobre la vida en la ciudad en función del concepto de ciudadanía, gobernanza o ensanchamiento democrático que pretenden promover con su uso.

Con estas consideraciones , las apps se convierten en una vía más para romper el modelo tradicional de intermediación institucional del ciudadano, que ahora amplía su capacidad para intervenir y hackear el gobierno para crear soluciones colectivas fuera de los circuitos tradicionales. Surge así, tenemos la posibilidad de dar una orientación ciudadana al discurso predominante del papel de la tecnología en la ciudad desde un sentido de apropiación ciudadana de las posibilidades tecnológicas digitales en el diseño de servicios y herramientas digitales, un cambio de perspectiva basado en tres pilares: la ciudad como plataforma para unos datos que deberían ser de "propiedad" colectiva, los medios digitales como instrumentos de acción colectiva, cocreación y auto-organización y la capacidad de sumar a más actores y públicos a los temas de interés público.

Jeff Hammerbacher, ex-empleado de Facebook, refiriéndose en general al mundo de internet de los social media, se lamentaba hace unos años: “The best minds of my generation are thinking about how to make people click ads”. Todo un lamento sobre la burbuja tecnológica que, al final, desvía gran parte del talento a intentar conseguir que hagamos click en la publicidad digital de cualquier tipo y por cualquier vía. De la misma manera, el interés por desarrollar aplicaciones digitales para intervenir en problemas cívicos o comunitarios puede hacer que nos centremos en crear aplicaciones y que el modelo de participación social que promuevan se base en usuarios haciendo click, usuarios alimentando pasivamente aplicaciones con los datos que suben en forma de “me gusta”, “denuncio”, etc. en lugar de promover un modelo de compromiso activo más allá del click en el que las apps formen parte de estrategias de participación creadoras de vínculos más estables. Slacktivismo o clicktivismo aparecen así como horizontes de aparente movilización gracias a la red que, sin embargo, podrían promover formas despolitizadas de intervención en los asuntos públicos.

miércoles, 2 de julio de 2014

Tesis. Imaginarios tecnológicos en la ciudad conectada

Como ya he ido comentado alguna vez en el blog, desde hace unos meses estoy trabajando en la tesis doctoral. Viejo proyecto aparcado allá por 2002 tras realizar los cursos de doctorado, con esta nueva fase profesional y personal se abría una oportunidad para tener un aliciente para escribir la tesis. Cosas de los diferentes planes de estudios que ha habido mientras estaba fuera del mundo universitario, ¡qué mejor aliciente que tener el plazo de febrero de 2016 para completarla!

No es una ambición académica. No me interesa nada la carrera académica, entre otras cosas porque estar fuera de ella durante tanto tiempo te convierte en un completo outsider y, esta es mi experiencia e impresión, una vez que estás fuera (y he estado fuera durante doce años), las barreras de entrada son absolutas. Al menos, tal como hemos montado el sistema aquí.

Es más una ambición por tener una excusa para investigar, leer y escribir de manera más organizada. Echo la vista atrás y este blog ha sido una magnífica herramienta para mis investigaciones, siempre de manera intuitiva, desorganizada y poco sistemática. Pero el paso de los años ha ido dejando un poso que quería aprovechar para estructurar mejor algunas cosas. Porque, a pesar de estar fuera de la academia y haberme dedicado a esa cosa genérica llamada consultoría en cualquiera de sus formas, me siento principalmente investigador. Investigador simplemente como resumen de un impulso personal primario: leer y escribir antes de tener una opinión formada (y ni siquiera por tenerla). Investigador artesanal quizá.


Pero también hay una razón más práctica. De la misma forma que no veo razón alguna para aspirar a entrar en la universidad en España, la tesis doctoral es un salvoconducto, un título habilitante, un identificador, un pasaporte. Es así. Te reconocen como doctor o nada. Y en estos meses, en dos momentos la oportunidad de salir a trabajar fuera se ha presentado muy cercana y, entre otras razones, no tener la tesis ha supuesto un obstáculo para algo que tarde o temprano se dará tal como andan las cosas por aquí. De mientras, la tesis es un incentivo, una excusa para construir una rutina de investigación y desarrollar un algo con sentido. Así de anti-académico siento que es el inicio, pero suficientemente estimulante.

Al mismo tiempo, también apostaría ahora a que no la termino, al menos en el plazo previsto. Estoy convencido, pero tengo que auto-engañarme. No importa si no llego. Sólo por el esfuerzo que está suponiendo en forma de producción de textos y de solidificar ideas, ya está valiendo la pena. Pero es cierto que en el día a día, la rutina es difícil de conseguir. Y el tiempo también es escaso entre viajes, proyectos y cuidados. De la misma forma, cambiar el registro a un formato y a un tono académico es casi una tortura, acostumbrado como estoy a formatos más ligeros y menos encorsetados. Por eso también creo que estoy aún en modo muy poco académico y creo que en el fondo, el problema no será el plazo sino simplemente llegar a la conclusión de que “esto no es una tesis doctoral”. Y tampoco importará mucho.

Otra cuestión ha sido elegir el tema de la tesis. Inicialmente aposté por el tema del urbanismo adaptativo y, en concreto, las formas institucionales y normativas de flexibilizar el urbanismo para admitir usos transitorios y otra serie de apropiaciones del espacio y el equipamiento público en desuso. Pero durante el proceso para matricular la tesis –durante el cual, por cierto, descubrí que hasta algo tan simple se puede convertir en una gran aventura en la universidad española si pretendes cambiar de facultad, de estudios de procedencia, etc., hasta el punto de perder un buen tiempo en el intento- he estado centrado en otros temas. En especial, la preparación de dos artículos (Smart cities of the future? It is already happening, but not in the way we are being told y La desilusión de las smart cities) me llevo a cambiar de idea, sobre todo cuando el último fue tomando unas dimensiones mayores de las esperadas.

Así que definitivamente, desde hace unos meses y posiblemente durante los próximos diez, una buena parte del tiempo irá dedicada a trabajar sobre Imaginarios tecnológicos en la ciudad conectada. Un título aún provisional, pero suficiente para centrar el tema.


El planteamiento de la tesis se basa en la revisión del discurso subyacente en la visión predominante de las smart cities como imaginario tecnológico dominante en la ciudad contemporánea. El objetivo principal es ofrecer un marco de análisis para comprender las preconcepciones que están detrás de esta determinada visión del papel de las tecnologías digitales en las ciudades. Este imaginario discursivo y práctico remite a la eficiencia en el consumo de recursos, la eficiencia en la gestión de los servicios públicos, la automatización y predicción de comportamientos y necesidades o la reducción de la complejidad urbana a una serie de variables críticas, aspectos centrales en la configuración de las políticas urbanas.

El trabajo propone una lectura desde las políticas públicas sobre la inteligencia urbana y el reconocimiento de una utilización de las tecnologías digitales que ya está sucediendo y que no pasa necesariamente por la mediación de las instituciones -ni forma parte de los proyectos de inversión-marketing de las smart cities- pero que ofrece nuevas posibilidades de colaboración y organización colectiva aprovechando las tecnologías en red para construir un imaginario tecnológico cercano a la experiencia cotidiana de la vida en la ciudad.

Percibo que desarrollar un trabajo así fuera de la vida universitaria (con sus congresos, seminarios, publicación de artículos, docencia,…) dificulta mucho las cosas. Las opciones para contrastar con otras personas, para discutir o descubrir nuevas ideas, para encontrar plazos intermedios a través de los cuáles avanzar nuevos textos, disponer de contactos habituales con otros centros de investigación,…son opciones que, sin disponer de ellas, me parecen muy útiles o, al menos, un aliciente para no distraerse y mantener el pulso. Alone in the wilderness. A cambio, supongo que tengo que buscarme mis propios espacios. Las conferencias siempre han sido un buen aliciente, al igual que los artículos que me piden de vez en cuando. En este último caso, el compromiso de aportar un artículo para el próximo número de Arte y políticas de identidad: La ciudad como interfaz: arte, juego y tecnología en el espacio público, es la principal excusa a corto plazo, de manera que el verano, igual que el año pasado, y contra todo pronóstico, se convierte en un periodo productivo para avanzar. También la participación en algunos de los proyectos en los que estoy involucrado (UrbanIxD, Madrid Laboratorio Urbano,…) sirven igualmente no sólo para “quitarme tiempo” para la tesis, sino para poder tener pequeños espacios de relación con otras personas, colectivos, instituciones y profesionales que son inspiración y aliciente para seguir avanzando.

Como aspiración, sí me gustaría que durante los próximos meses encuentre la forma de organizar algún tipo de actividad alrededor de la investigación en forma de seminarios o encuentros de trabajo. De nuevo, algo que intuyo sería mucho más fácil dentro de la universidad, pero no es el caso. En un mundo ideal, sería genial poder contar con un espacio de trabajo y discusión con algunos autores que están influyendo mucho en el avance de la investigación, para poder discutir y avanzar conceptos que estoy trabajando. Pero, de mientras, algunos encuentros como el último para el booksprint del que salió Urban interaction design: towards city-making me van salvando la papeleta. Por supuesto, también está el director de tesis, Imanol Zubero, que me está poniendo todas las facilidades posibles.

En su momento, pensé en abrir un canal de difusión para abrir la investigación. Sin embargo, por economía de tiempo y salud mental, lo he descartado. Al fin y al cabo, para eso ya está este blog y los diferentes canales que lo alimentan (Tumblr, Delicious, Twitter,…). Seguramente por eso el blog últimamente respira mucho este tema y sería complicarme mucho la vida publicar notas de investigación, reseñas de lecturas y demás en un espacio específico. Pero no descarto que aparezcan de forma esporádica en el blog, sobre todo pensando en ir publicando borradores o avances de algunos capítulos, compartiendo bibliografía, etc.

Así que este es el plan.

martes, 5 de noviembre de 2013

Smart cities. Big data, civic hackers and the quest for new utopia (book review)

It has been a long wait since Anthony Townsend announced he was working on a book on smart cities, but Smart cities. Big data, civic hackers and the quest for new utopia is here now. Some weeks ago it was made public and I spent the last few days reading it and jotting down almost every page. It is definitely a must-read book if you do not easily buy into the most established narrative of smart cities and feel the need to go beyond to explore what they really mean.

One of the most remarkable things about the book is that it comprises most of the names, authors, cities, companies, projects and research efforts that have played a role in influencing and shaping this trend in the last years from different perspectives. Thus, the book serves as a great overview for those approaching this field for the first time, but also for those who want to step back and put some perspective and what has been going on in this messy debate. In such a way, the book stands for a sort of archaeology work, from the first corporation that moved into smart cities as their new business strategy to the research groups, activists and grassroots movement tinkering digitally-driven local solutions.



More profoundly, Townsend makes the case for understanding the implications of the panoply of technologies involved in the smart city movement in an alternative way to the more mainstream one. Anecdotes and data illustrate a well-balanced set of reasonable doubts and forceful assertions, drawing a solid claim for move forward understanding of the role of citizens in this scenario of situated technologies. This potential is addressed considering the current maturity and promising emergent technologies, but particularly through a broad perspective of the different dimensions involved: the context for flagship projects like Songdo and also its lack of accomplishment, the rising market of smart cities and the role big companies are playing in defining a supply-based market where the demand is dubious in the terms these companies are profiling it (with a special mention here to the history of IBM, how they reached to smart cities, the underlying concepts behind their strategy, and, again, their most celebrated project, the Intelligent Operations Center in Rio de Janeiro, a precise dissection of its flaws and its pretended non-ideological model of city management), the limits of system models based on urban computing (and a clear explanation that the myth of quantitative urbanism is only enjoying a new comeback after previous failures in urban studies decades before), insightful comments on the role urban planning should take as a discipline able to connect the dots of the diverse implications of urban living and how cities work in a debate excessively dominated by engineers, a careful examination of widely spread approaches to a new science of cities (yes, Geoffrey West and his famous TED talk deserve  a revision),...

The book also navigates into more propositive arguments picking up trends, projects and concepts around that quest for a new utopia in which civic hacking can make a difference with detailed descriptions of the origin and impact of some significant projects working from a more civic-oriented perspective. Here again, you will enjoy some great stories (basically placed in U.S.) of civic hacking that exemplify the impact of the mix of open technologies, the will to solve local needs and certain collaborative contexts. Some familiar names of people and organisations that illustrate the planet of civic laboratories Townsend has been suggesting in the last few year. For example, the chapter on “Reinventing city hall” is a brilliant summary of the kind of problems forward thinking cities are facing: from market barriers from big companies to the risks of experimenting with smart technologies (I am glad to see how his analysis of the weaknesses of smart city apps contest model perfectly matches the kind of assumptions and critiques that were behind the UrbApps project and my assessment of hackathons), from the benefits and perils of open data strategies to the inefficiencies of urban innovation.

The book turns out to be a warning notice on undesired scenarios (Chapter 9, “Buggy, brittle and bugged” is dedicated to dysfunctional smart technologies –errors, unintended social consequences and, what is worse, deliberate anti-democratic uses of these technologies such as mass urban surveillance- but the whole book is full of cautionary assertions) and demonstrates clearly how these consequences are being intentionally hidden from public debate in the banalized version of smart cities. And naturally, the book concludes with a sum-up of crucial positions towards “a new civics for a smart century”, an invitation for all those involved in designing and delivering today´s cities (yes, there is no need to wait for the future), this is, all of us in the end, not only city leaders, geeks or urban planners, to take the best of mobile and networked technologies and make them work for freedom, quality of life, equality and creativity.

Anthony Townsend, among others, has been an inspiration all these years and some parts of the book perfectly recapitulate some of his previous articles and talks maybe you are familiar with. But here is a detailed, comprehensive and rounded proposition from a positive view of existing cities and a contextualized use of technologies in cities. Top-down visions are spreading a feeling of disappointment or fatigue of smart cities because they are proving to be so far from local councils´s needs and from how people use their cities and this book suggest a different approach in which more diversity of disciplines, broader sense of ownership, better-balanced expectations of what technologies can provide and a mix of engaged citizens should be the core.

I made one out of three so far. Adam Greenfield´s book is the next one.


You can also check some excerpts from the book, but surely won´t be enough:

lunes, 8 de abril de 2013

Majority report: claves del éxito de las herramientas de la democracia digital

Sito Veracuz me comentó hace unos meses uno de los proyectos en los que andaba en Play the City y que ya mencioné en un week picks. Majority Report es un proyecto de investigación que están llevando desde esta oficina radicada en Amsterdam y que trata de responder a una pregunta sencilla pero muy difícil de responder con claridad: ¿por qué algunas herramientas digitales funcionan y otras no?

El proyecto implica, por un lado, un esfuerzo de selección de herramientas de interacción con soporte digital para intervenir en cuestiones urbanas, comunitarias o públicas desde una perspectiva bastante amplia. Así, la base de datos de proyectos que están contemplando y que va aumentando gradualmente incluye aplicaciones móviles, plataformas de gobierno abierto, proyectos de open data, webs municipales de interacción con la ciudadanía, etc. Este trabajo de recopilación, junto con eventos públicos de análisis de estas herramientas, está aún abierto pero han publicado ya un avance de algunas ideas sobre el diseño y el uso de estas herramientas. Estos primeros criterios analizan aspectos como el diseño de la interface, cómo dar feedback al usuario que aporta contenido u opiniones, el lanzamiento del proyecto, etc.

Database Majority Report by Play the City
Al final, se trata de un gran misterio: ¿por qué algunas aplicaciones funcionan y otras no? ¿Cómo medir su éxito? ¿A qué aspirar realmente? Se trata de una cuestión de relevancia, y que me ha interesado sobre todo tras pensar en la trampa del solucionismo al que apelan muchas de estas herramientas pero que en la práctica se traduce en un uso prácticamente irrelevante. Yo he tratado de contribuir con algunos puntos que trataba en El valor cívico de las aplicaciones móviles, en el que aparecen algunas ideas que apuntan a los procesos de creación de este tipo de herramientas y a no apostarlo todo a la actividad digital e incluir formas de promover la interacción presencial entre usuarios para posibilitar formas más estables de participación. También en el libro From social butterfly to engaged citizen hay varios artículos que analizan el potencial de estas herramientas para crear procesos de participación y hay claves interesantes de diseño y de aproximación a la relación digital-presencial para entender por qué algunas de estas aplicaciones -muy pocas- consiguen tener una masa crítica y un impacto efectivo mientras muchas otras apenas alcanzan relevancia.

viernes, 25 de enero de 2013

Week picks #12


OPEN CITY

Open City is a group of volunteers that create web apps with open data to improve transparency, efficiency, and decision-making for governments and our democracy.

CITISENSE

With the proliferation of personal mobile computing via mobile phones and the advent of cheap, small sensors, we propose that a new kind of "citizen infrastructure", CitiSense, can be made pervasive at low cost and high value. Though challenges abound in mobile power management, data security, privacy, inference with commodity sensors, and "polite" user notification, the overriding challenge lies in the integration of the parts into a seamless yet modular whole that can make the most of each piece of the solution at every point in time through dynamic adaptation. Using existing integration methodologies would cause components to hide essential information from each other, limiting optimization possibilities. Emphasizing seamlessness and information sharing, on the other hand, would result in a monolithic solution that could not be modularly configured, adapted, maintained, or upgraded.


ICRI - Intel Collaborative Research Institute on Sustainable Connected Cities

This new institute - a cooperation between University College London (UCL), Imperial College London and Intel - is concerned with how to enable future cities to be more connected and sustainable. This will entail investigating, developing and deploying adaptive technologies that can optimize resource efficiency, and enable new services that support and enhance the quality of life of urban inhabitants and city visitors. There are many fundamental technical, social and urban challenges and opportunities that need to be addressed to accomplish this. Our approach is interdisciplinary, combining methodologies from computer science, the social sciences, interaction design and architecture to improve how cities are managed and maintained in order to ensure and enhance citizen well-being.




Week picks series features every Friday some initiatives and projects I found or want to highlight on this blog. It will help me to track new findings from community groups, startups or local governments working and delivering solutions relevant to the issues of this blog. I often bookmark them or save them on Tumblr while I wait to use them. Maybe this a good way.

jueves, 17 de enero de 2013

Tres libros que leeré en 2013: civic coders, the city as interface y ubiquitous computing

Este año, si se cumplen las previsiones, tendremos la suerte de poder leer los libros de tres nombres que forman parte de mi lista particular de gente que dice cosas sensatas sobre el papel de las tecnologías digitales en la vida urbana. Lo comento por si quieres estar pendiente y, sobre todo, por si quieres seguirles la pista si aún no lo haces.

BIG DATA, CIVIC CODERS, AND THE QUEST FOR A NEW UTOPIA parece que será el libro que Anthony Townsend publicará en octubre de 2013. Sus conferencias y sus escritos sobre las smart cities son un cuestionamiento coherente y solido de este tema, así que el libro promete desarrollar en especial una de las líneas de trabajo que está desarrollado desde el Institute for the Future sobre planet of civic laboratories.
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THE CITY AS INTERFACE. HOW NEW MEDIA ARE CHANGING THE CITY es el libro resultante de la tesis doctoral de Martijn de Waal y que nai010 publicará en marzo de 2013. Implicado en The Public Matters y en The Mobile City, desde donde ha organizado en los últimos años actividades de exploración del papel público de la esfera de objetos conectados y la posibilidad de apropiación cívica de estas tecnologías, le sigo la pista desde hace tiempo, así que el libro promete ser una buena referencia.
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THE CITY IS HERE FOR YOU TO USE: URBAN FORM AND EXPERIENCE IN THE AGE OF UBIQUITOUS COMPUTING es el prometido libro de Adam Greenfield, del que además ya tenemos un adelanto en forma de 100 proposiciones. Aún no hay una fecha esperada para la publicación, pero sin duda, al igual que Everyware, será un lectura central e influyente.
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viernes, 14 de diciembre de 2012

Week picks #8


MAJORITY REPORT

Everyday a new interactive city tool pops up and reaches you through the web, mobile devices or sensors in the city. These city platforms promise to provide you a more transparent governance, a greener future, more efficient mobility, better connected citizens or higher living quality.
Is this really the case?
Which one of these platforms actually make a real change?
We invite you to the Majority Report to puzzle over interactive city tools. Which platform are you using really effectively? Do you have a story of an interactive city tool which caused a change in your life? Would you mind giving your feedback in a public event?

COLLABORATIVE CITIES

Collaborative Cities is a documentary about people from vibrant cities across Europe and North America sharing resources, knowledge, skills, facilities and amazing experiences.
These people are rebuilding the education, agriculture, transportation, housing, and financial sectors. They are reinventing the world we live in. We want to tell their stories.

LLGA – CITIES PILOT THE FUTURE

LLGA|Cities Pilot the Future: Global Cities invite urban&social innovators to pilot their solutions. Submit now!
The call identifies cities needs and presents opportunities to solution providers so that urban and social innovation can be piloted, implemented and shared more efficiently.  The solutions that best meet the cities’ needs win the chance to pilot their innovation in a real environment.
The program follows a step-by-step process:
Call: Cities present opportunities for innovations to improve the lives of their citizens.
• Submit: Solution providers present their innovations for evaluation by cities
• Connect: Cities select the most promising solution providers to meet for 3 days in Sand Francisco
• Pilot: The best 30 solutions are piloted in real life in 30 cities
• Transform: Cities exchange results, make better investments and improve lives. Solution providers validate their products and enter new markets.


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