lunes, 3 de febrero de 2020

Entrevista. Así será la revolución que hará posible las futuras smart cities

Hace un par de semanas me pidieron unas notas para un reportaje que se publicó en El Mundo y Expansión sobre el futuro de las ciudades, dentro de una serie titulada Creer en el Futuro. Aquí va el texto que preparé, del cuál se extrajeron algunas ideas para dicho reportaje.

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¿Cómo está cambiando el concepto de “ciudad” como tal y hacia dónde va a evolucionar? 
La concepción de la ciudad va evolucionando a lo largo del tiempo, algo lógico si pensamos que la ciudad es una manifestación de los ideales, los conflictos, la economía, las relaciones sociales,…de cada época. Esa concepción se manifiesta físicamente en la manera en que se construyen y desarrollan las ciudades en cada momento, pero se manifiestan también en nuestro pensamiento sobre la ciudad, cómo las entendemos y, sobre todo, cómo las imaginamos. Esto último tiene que ver con el modelo de ciudad o las utopías urbanas que podamos pensar. Dicho esto, existen diferentes marcos que en los últimos años han tratado de capturar esta evolución posible o deseable de la ciudad, desde la ciudad inteligente a la ciudad creativa. Son referencias aspiracionales, pero creo que de fondo hay una evolución mucho más probable (y deseable) hacia la ciudad sostenible. De todas las transformaciones que veremos, la mayoría serán cambios incrementales pero será en temas como el espacio urbano dedicado a la movilidad, la densidad de la construcción o la racionalización del uso de los recursos donde podríamos ver más cambios de fondo.

Según tu opinión, ¿cuáles son los mayores desafíos a los que se enfrentan las ciudades del futuro? 
Podría identificar los siguientes:
• Las condiciones de equidad para poder vivir en unas ciudades con muchos riesgos de ver privatizados muchos de sus servicios, como la movilidad o la vivienda, que están crecientemente gestionados a través de plataformas e intermediarios nuevos que están cambiando el siempre frágil equilibrio para mantener el valor público de la ciudad. Fenómenos como el de la acaparación de vivienda para usos turísticos temporales son hoy un desafío social y político de primer nivel para poder comprender las ciudades de hoy y del futuro.
• Encontrar un nuevo modelo de movilidad urbana. Es un consenso que el modelo de la ciudad centrada en el vehículo privado del siglo XX ya no nos vale. Esto se manifiesta con contradicciones, medidas tentativas, soluciones aún parciales, debates cortoplacistas,…pero ya no tenemos dudas de que el modelo del que venimos tiene demasiados costes sociales, económicos y ambientales, y son muchas más las oportunidades de cambiar el orden de prioridades que hemos venido usando.
• La escala siempre es un a cuestión no resuelta en cualquier ciudad; la escala tiene que ver, entre otras cosas, con la dimensión metropolitana de muchas áreas urbanas, y con diferenciar la ciudad física, la ciudad administrativa y la ciudad funcional, la realmente vivida y que traspasa muchas fronteras locales a la hora de vivir, trabajar, etc. Esto es un desafío de gestión pública, siempre difícil de resolver, pero puede que a lomos de la capacidad de gestión de datos del funcionamiento urbano, podamos acercarnos a una gestión más eficaz, realista y organizada de la ciudad como espacio de vida y no como espacio de competencias.

¿Cuáles serán las tecnologías habilitadoras que más se implementarán en las Smart cities de los próximos años? 
En el ámbito de las ciudades inteligentes, creo que hay dos vectores tecnológicos básicos que tienen ya el camino muy claro, al menos en cuanto a su necesidad y el camino para su implementación. Por un lado, todo lo relacionado con la centralización de la capacidad de gestión de información urbana. Esto alcanza desde la instalación de sistemas de big data hasta la inteligencia artificial, pasando por su explotación a través de plataformas físicas y virtuales de datos. Todo ello irá sumándose por acumulación, seguro que no siempre de manera organizada ni sistemática, pero irá añadiendo nuevas capacidades de gestión y de comprensión del funcionamiento de la ciudad y sus servicios. Por otro lado, si hay un ámbito en el que la inteligencia urbana ha tenido ya éxito y se ha manifestado comprensible para la ciudadanía es el de la movilidad. Nos movemos de forma diferente, cada vez más: quién más, quién menos, ha usado algún servicio online de mapas en su móvil para desplazarse, ha usado un servicio de compartir vehículo, ha usado nuevos servicios que antes no existían para el transporte urbano, ha usado un coche eléctrico, o un servicio público de bicicletas eléctricas, etc. Todo ese conjunto forma parte de una transformación, con sus contradicciones y conflictos, inteligente de la ciudad.



¿Podrías nombrarme algunas soluciones prácticas ya concretas que se darán en las ciudades con la implementación de las TIC y que resuelvan problemas cotidianos? ¿En qué medida será clave una buena gestión de los datos? 
Será la prueba del algodón. De la misma forma que se dice que una empresa en el año 2020 debería entenderse, en gran medida, como una empresa de software, la gestión de a ciudad será también la gestión de su software y de sus datos. El reto no será tanto la capacidad de integración y explotación cruzada, sino cómo encontrarles un valor público a esos datos, como gestionarlos desde criterios públicos y de soberanía tecnológica, precisamente para asegurar que esos datos se usen y gestionen de manera respetuosa con las libertades públicas, con capacidad autónoma por parte de las autoridades locales para tomar decisiones sin dependencias de operadores privados, etc.

¿Por qué es importante que se incluya al ciudadano en este cambio , y no sólo como mero espectador?
La razón es simple: porque no puede ser ya de otra forma. Es un imperativo democrático, pero también responde la lógica de la sociedad conectada, en la que vamos aprendiendo que cuestiones como la personalización, la inmediatez, la transparencia, la desintermediación,….son reglas de funcionamiento comunes en muchos servicios que usamos en nuestro día a día cotidiano. Así que, ¿por qué no deberíamos esperar eso mismo de lo público, de las instituciones que definen y gestionan el desarrollo y el funcionamiento de las ciudades?

Y por último ya en nuestro país, ¿en qué punto estamos en España en el desarrollo de ciudades inteligentes? ¿Qué aplicaciones podemos ver ya hoy día implementadas en las Smart cities más punteras a nivel nacional? 
Diría que España ha sido uno de los países más activos en este tema. Mi hipótesis es que uno de los argumentos de “venta” de la smart city ha sido prometer eficiencia, no sólo en el funcionamiento de sistemas y servicios, sino también en el uso de los recursos públicos (v.g., sistemas de iluminación inteligente para hacer un uso eficiente de la energía y también de los presupuestos). Este es un caldo de cultivo ideal para el periodo de ajuste, por lo que muchos ayuntamientos han oído bien esta melodía. Igualmente decisivo ha sido que, si bien existía este “ambiente” con ganas de hacer cosas en esta línea, las instituciones supralocales han tenido la visión de facilitar este desarrollo, y especialmente destacable ha sido todo lo que se ha hecho alrededor del Plan Nacional de Ciudades Inteligentes, un elemento distintivo de nuestro país, pionero en muchos casos, y que ha ofrecido un campo de juego para los operadores privados y los agentes públicos para dar los primeros pasos. Santander ha destacado desde el principio ya que ha acogido uno de los proyectos de más alcance en cuanto a la sensorización de la ciudad pero, en general, los proyectos relevantes pueden ser diversos si nos fijamos más en términos sectoriales. Ciudades como Barcelona o Zaragoza han destacado, entre otras cosas, por su apuesta por temas relacionadas con datos e infraestructuras abiertas o por darle un componente ciudadano a la tecnología digital, Valencia con un de los proyectos más avanzados de plataforma de centralización de datos, etc. Pero otros casos menos “tecnológicos” también merecen ser destacados, aunque muchas veces no se vendan como inteligentes y, sin embargo, representan transformaciones o caminos de futuro para las ciudades mucho más ambiciosos. Pienso en el largo y ambicioso proceso de peatonalización y recuperación del espacio urbano ara la ciudadanía en Pontevedra, los proyectos de sostenibilidad urbana en Vitoria-Gasteiz. 

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1 comentario :

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