Mostrando entradas con la etiqueta articles. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta articles. Mostrar todas las entradas

miércoles, 1 de febrero de 2017

La condición inteligente de la ciudad

El nuevo número de Ciudad Sostenible incluye un extracto del libro Descifrar las smart cities. ¿Qué queremos decir cuando hablamos de smart cities?

////////////////////////

La smart city como propuesta urbana trata de ofrecer un marco para explicar y ordenar la presencia digital en la ciudad. Se trata del modelo urbano que ha sido ofrecido como explicación totalizadora de tantos fenómenos de cambio que apenas hemos esbozado anteriormente. La complejidad de la transición a un mundo (progresivamente) ubicuo y (mayoritariamente) urbano exige dar un sentido y coherencia para explicar el mundo en el que vivimos y que estamos construyendo y en el marco de esta necesidad la SC ha salido triunfante como modelo o teoría social de referencia a partir de una integración o co-optación de discursos previos (la sostenibilidad) y de pretensiones nada novedosas (la planificación y a gestión burocrática del desarrollo urbano). A pesar de sus ambiciones totalizadoras, el debate sobre la smart city ha sido muy limitado, sesgado, incompleto y precipitado. Tras los últimos años protagonizando gran parte del debate institucional (en forma de congresos, planes, proyectos piloto, etcétera), la ciudad inteligente no es capaz de explicarse a sí misma de manera comprensible para poder discutir sus consecuencias explícitas y sus efectos implícitos.

El significado de estas innovaciones tecnológicas en un mundo tan urbano (por porcentaje de población viviendo en ciudades pero también por el cada vez mayor número de grandes aglomeraciones urbanas) y a la vez tan dispar (un mundo en el que conviven realidades urbanas tan diferentes como Lagos, Nueva York, Jakarta o Santiago de Chile) está aún por explorar. El escenario aspiracional de la ciudad inteligente en la sociedad conectada sigue siendo aquel descrito por uno de sus pioneros, William Mitchell una personalización y adaptabilidad masiva de los servicios públicos y privados a través de los cuales las personas desarrollamos nuestras vidas para nuestra conveniencia. Cabe preguntarse en este momento si conveniencia y eficiencia es lo único que cabe esperar como ciudadanos del despliegue de la ubicuidad digital en la ciudad. Frente a la conveniencia que desde principios de siglo han añadido a nuestra vida tantos equipos capaces de adaptarse a nuestra realidad, de hacernos más sencillas las cosas, ahora somos más conscientes que hay otras consecuencias asociadas. Pérdida de autonomía (¿somos hoy más libres sujetos a los grandes monopolios de internet?), cambios en nuestras capacidades humanas (¿qué fue de nuestra memoria?), modificación de nuestros hábitos (¿qué hacíamos con tantos tiempos muertos antes del móvil?), creación de nuevos modelos de gobernanza y ejercicio del poder (¿quién controla hoy nuestro rastro digital?),.. Estas consecuencias no son necesariamente negativas, pero claramente nos obligan a cuestionarnos no hacia dónde vamos, sino hacia dónde queremos ir.

El seminal artículo de Mark Weiser (The Computer for the 21st Century) sobre la computación ubicua. Este breve texto representa uno de los escritos más influyentes y casi fundacionales de la tecnología digital tal como la conocemos hoy, en la medida en que predijo el paso de la época del ordenador personal a la era de la computación distribuida y fuera de las pantallas de los ordenadores. Su influencia ha sido central en las siguientes dos décadas en la agenda de investigación de las tecnologías ubicuas y su presencia cotidiana y en la retórica sobre sus prometedores efectos como una proyección para el futuro . Sin duda, su carácter visionario expresado en la conocida cita “the most profound technologies are those that disappear. They weave themselves into the fabric of everyday life until they are indistinguishable from it” se ha demostrado real a día de hoy, aunque posiblemente su despliegue material haya tomado derroteros y plasmaciones insospechadas o imprevistas en algunos casos.
En el caso específico del urbanismo y el planeamiento municipal, su intersección con las tecnologías conectadas también ha dado lugar a nuevas soluciones que tratan de encontrar nuevas dinámicas urbanísticas que incorporen soluciones digitales en sentido amplio. Esto pasa, en primer lugar, por la exploración de la realidad del funcionamiento urbano a través del uso del big data como nueva fase del estudio de los sistemas complejos en los entornos urbanos produciéndose así proyectos de modelización y de visualización de datos urbanos. Este tipo de proyectos de urbanismo sensorizado o urbanismo cuantitativo utilizan una variedad de técnicas de análisis basadas en los datos digitales urbanos que quedan plasmados en visualizaciones con un componente dinámico y, en muchas ocasiones, en tiempo real.

Más cercanos al ciudadano están los diferentes proyectos que están explorando cómo acercar la realidad cotidiana del espacio físico construido a través del uso de aplicaciones móviles para explorar y entender la capa digital de información alrededor del urbanismo (desde los diferentes sistemas de geolocalización a los que ya estamos acostumbrados para utilizar los medios de transporte público o para identificar o localizar diferentes recursos de la ciudad, desde problemas que requieren intervenciones de mantenimiento municipal hasta sistemas para localizar edificios y espacios abandonados o en desuso). Desde el punto de vista de la gestión interna municipal, la digitalización de la información está dando lugar, por su parte, a fórmulas más integradas de organización de la realidad urbanística y su cruce con otras realidades sectoriales, avanzando hacia soluciones más coherentes y a decisiones mejor informadas por parte de los gestores públicos. En último lugar, la presencia de objetos conectados en las calles de las ciudades continúa extendiéndose de manera natural (control de accesos a edificios a través de sistemas de identificación, soluciones automatizadas para áreas de peaje urbano, dispositivos de información pública, hotspots de conexión wi-fi, fachadas digitales interactivas, etc.), conformando una esfera de objetos públicos con los que la ciudadanía interactúa de manera más o menos consciente en la hidridación del espacio urbano y el espacio digital para desarrollar su vida en la ciudad.

Partimos, por tanto, desde este mismo momento, de la constatación de una nueva presencia en la ciudad, una nueva capa técnica que no sólo tiene un reflejo material en forma de infraestructuras, dispositivos públicos y personales, sino también un reflejo inmaterial en forma de flujos y transferencias de información, transacciones de todo tipo mediatizadas por interfaces digitales. Este es el entorno crecientemente generalizado en el que se desenvuelve la cotidianeidad urbana, en el que se transforman los servicios urbanos y en el que nace y se manifiesta un nuevo imaginario.

La invisibilidad es característica de las tecnologías que estamos tratando. Hasta ahora, cualquier otra gran transformación técnica de la Humanidad ha sido protagonizada por instrumentos materiales, tangibles físicamente e incluso pesados. Quizá el teléfono o el telégrafo se acerquen a esa invisibilidad pero, en último término, siempre han estado asociados a sus terminales, oficinas o líneas de comunicación y, en cualquier caso, su funcionamiento es relativamente sencillo en comparación con la complejísima red de infraestructuras, protocolos, software,… sobre la que se soporta la Red. Hoy tenemos los dispositivos conectados –con el smartphone como símbolo-, pero la transformación fundamental está en la conexión inalámbrica y la transferencia de información que generan. Datos, algoritmos y código son producto y resultado de la inteligencia ofrecida por los mecanismos materiales que usamos para conectarnos. Así, el teléfono móvil inteligente se ha convertido en el ejemplo perfecto de cómo un objeto absolutamente visible y material propio de la vida conectada es, sin embargo, resultado funcional de un sistema de redes complejas e infraestructuras (centros de datos, servidores,…) invisibles y desconocidas  que sostienen todo ello, pero radicalmente materiales y físicas. Esta pérdida de conexión sensorial con la base física de la Red podría explicar nuestra dificultad para captar las consecuencias profundas del cambio tecnológico que vivimos y hace que, en el día a día, la experiencia digital esté más cerca de lo inconsciente y la sensación de tener en nuestras manos una tecnología mágica sobre la que apenas tenemos capacidad de comprender sus consecuencias, su funcionamiento básico y las prerrogativas que le cedemos a cambio de su uso.

Estas cuestiones nos urgen a formular un modelo crítico para comprender la transición hacia una vida conectada que ha llegado de manera gradual pero abriendo importantes cuestionamientos sobre el significado de esta colonización digital. Podemos ver los sensores instalados en las farolas de alumbrado público, pagar el aparcamiento acercando nuestra tarjeta de crédito, seguir en tiempo real nuestro consumo energético o incluso, al menos entender, en qué consiste la plataforma de integración de datos que nuestro ayuntamiento está desarrollando a modo de sistema operativo. Podemos descargarnos una app en nuestro móvil, aceptar la política de cookies de una web o acordar con una empresa a través de un formulario web una determinada política de uso de nuestros datos personales. Pero aunque podamos tocar estos objetos o realizar estas acciones de manera consciente, su significado más íntimo en términos de quién hace qué con nuestros datos, qué control tenemos sobre las imágenes de video-vigilancia a las que estamos sometidos o por qué el buscador de información municipal nos ofrece unos datos u otros, sigue siendo una caja negra. Mucho más oscuro aún es comprender que nuestros datos personales están alojados en servidores y centros de datos de la Costa Este de Estados Unidos, que el diseño de ese sistema operativo de nuestra ciudad tiene su cerebro (servidor) en California o quién es dueño de los cables submarinos que nos conectan a la Red mundial. Por eso, a pesar de haber descubierto recientemente que nuestra sociedad y nuestras vidas, tan beneficiadas por estar conectadas, están también sometidas a los sistemas de espionaje masivo más complejos de la Historia, nuestra sensibilidad sobre los problemas, por ejemplo, de privacidad, sigue siendo muy baja. Esta realidad nos señala una necesidad imperiosa de disponer de recursos críticos para abordar estos cambios desde un debate social consciente, crítico y constructivo. Precisamente por el carácter invasivo e invisible que hemos señalado, las tecnologías que hoy disfrutamos tienen la capacidad de maravillarnos, instalarse cómodamente en nuestras rutinas y ser asumidas sin mayor cuestionamiento que la conveniencia que nos producen en nuestros quehaceres diarios. Pero si bien el enorme y complejo desafío de la privacidad y la seguridad se presenta como el más significativo y sensible a nivel personal, otros muchos desafíos se presentan en el horizonte de la esfera pública y comunitaria. Estos desafíos, en la medida en que se plasman a través del imaginario de la smart city en las formas de gobierno, en los arreglos institucionales a través de los cuáles se despliegan las infraestructuras básicas de la ciudad y nuevos servicios derivados de la esfera digital o en las expectativas sobre los límites de la democracia, abren la necesidad de cuestionar las asunciones implícitas detrás de estas tecnologías. 

martes, 10 de enero de 2017

Participación ciudadana. Hacia un enfoque creativo

El primer número de 180º, el primer número de una nueva revista que ha lanzado Global CAD, ya está aquí. Tuve la oportunidad de escribir una contribución hace ya unos cuantos meses, en la que abordo cómo se están superando los modelos más tediosos, rígidos e institucionales de la participación ciudadana. Este primer número, titulado Back to Local, tal como lo presenta así Fernando Casado, busca analizar "tendencias alternativas que reflejan un cambio de mentalidad comprometido a cambiar nuestros hábitos: desde nuestros modelos de consumo y producción a la forma en que gestionamos el conocimiento y cómo interactuamos entre nosotros.(...) Ante esta situación, la identidad de barrio ha recuperado su razón de ser, las asociaciones están en el punto de mira y las cooperativas están otra vez de moda. Unidos por la necesidad y respondiendo con creatividad y solidaridad a los retos de un futuro que amenaza con colapsar, los ciudadanos han vuelto a centrarse en ellos mismos, en el vecindario. Han regresado a lo que es local. El terreno de juego para esta revolución es la ciudad, la cual se esfuerza en adaptarse a una ciudadanía que ya no acepta ser representada, sino que solicita y demanda un nuevo modelo de gestión urbana basado en políticas de participación pública con un carácter más inclusivo."

En la revista puedes encontrar contribuciones de Antanas Mockus, Javi Creus, Raons Públiques, Gemma Soles o Lea Rekow, entre otros. Abajo puedes leer mi texto (una traducción ddel original en inglés) y la revista completa la puedes leer aquí.

//////////////////////////////////////

La participación de la comunidad en la  planificación urbana empieza a ser urgente.  A pesar de que las sociedades buscan  más acceso a información y transparencia  en las decisiones públicas, se enfrentan muchas veces con sistemas de  planificación oscuros y complejos cuando  se trata de desarrollo urbano. La participación  ciudadana necesita un proceso de  diseño que considere estratégicamente  cómo hacer de sus promesas una realidad.



El mundo en desarrollo está  siendo testigo de unas tasas  de urbanización sin precedentes.  Esto trae aparejada  una necesidad creciente por  generar nuevas herramientas  que ayuden a atender las demandas de las  comunidades a partir de un criterio inclusivo  y creativo que hagan de la planificación  participativa una estrategia de  alto impacto.

El diseño participativo ha ampliado  sus límites durante la última década. Las  encuestas, las audiencias públicas, las reuniones  de espacios abiertos, las consultas,  los diagnósticos participativos, ... eran  parte de las herramientas tradicionales  hace algunos años y siguen siendo lo que visualizamos cuando pensamos en participación.  Salas de reuniones, papeles, pizarras,  post-its y personas que se reúnen  para hablar, debatir, sugerir, dar su consentimiento,  etc. Además, esto se produce  en torno a temas específicos designados  por las autoridades como participativos.  Aunque esta breve descripción puede parecer  demasiado simplista e incluso injusta  dada la amplia gama de técnicas heterogéneas,  enfoques y herramientas, este ha  sido el marco general de la participación pública en las decisiones locales.

Después llegaron las tecnologías en  red y su generalización no sólo cambió  nuestra vida cotidiana, sino también  nuestra forma de pensar y nuestras expectativas.  La externalización abierta  de tareas, la producción entre pares, el intercambio  colaborativo, los bienes y servicios  comunes y otros conceptos e ideas  se están convirtiendo en parte de la forma  en la que entendemos cómo funcionan las  cosas y cómo los proyectos deberían ser  diseñados, gestionados y evaluados en diferentes esferas de la vida, desde el periodismo  y los medios de información hasta  el acceso a la producción cultural y el consumo.  Así que, ¿por qué los gobiernos y las  políticas públicas están tardando tanto  tiempo en adaptar sus procedimientos a la  forma en que vivimos? La respuesta es que  la innovación y el cambio local requieren  profundas mutaciones y liderazgos que  todavía son escasos.
La participación, así como todo tipo  de implicación en asuntos públicos, deben  ser entendidos detalladamente para  evitar las falsas expectativas y el síndrome  de fatiga participativa. Aquí es donde  debemos establecer una diferenciación  crucial, como Thomas J. Lodato abordara perfectamente en su artículo “Tres posturas  sobre el hackeo cívico”. Aunque el  texto está vinculado a un enfoque particular  de la participación cívica, el hackeo  civíco, también puede adaptarse perfectamente  a una visión más amplia de los  procesos participativos. La participación  en, la participación por y la participación  a través, conforman tres marcos diferentes  para entender el nivel de implicación  en asuntos públicos que los procesos particulares  de participación están promoviendo.  Tener esto presente es una forma  de establecer límites, el alcance y la ambición  de cómo se concretará la toma de  decisiones y la participación ciudadana.
Antes de mostrar cómo estas tendencias  están remodelando nuestro conocimiento  sobre el compromiso cívico en políticas  locales, podemos resumir algunos criterios  que aún son relevantes en el diseño de  procesos participativos:

POR QUÉ. DEMOCRACIA Y MEJORES  DECISIONES
La participación comunitaria  en políticas locales y las cuestiones  sociales, por lo general, vienen precedidas  por una respuesta negativa predecible:  “malgasta dinero, tiempo y recursos  que no nos podemos permitir. Hay una necesidad  urgente de tomar una decisión”.  Antes o después, aquellos que pretenden  promover un proceso participativo tendrán  que hacer frente a esta crítica y vale  la pena diseñar un proceso que abarque los  riesgos, el escepticismo y las desventajas.  La participación comunitaria puede suponer  más tiempo hasta que se tome una  decisión, mantener los conflictos paralizados,  implicar una pérdida percibida  de la autoridad de los organismos públicos  o añadir incertidumbre en el proceso  de toma de decisiones. Estas barreras,  entre otras, son problemas potenciales  a los que un diseño deliberado y sensato  puede enfrentarse. La planificación participativa  sin embargo, es más propensa  a producir mejor decisiones respecto al  entorno construido y la gente que lo disfruta.  Estas decisiones en conjunto están  mejor informadas, anticipan conflictos  potenciales, ponen de relieve la legitimidad  de las decisiones públicas, y crean  un sentido de corresponsabilidad en la  creación de los espacios urbanos. Pero, sobre  todo, perfeccionar la participación y  el compromiso cívico es la mejor manera  de adaptar el trabajo institucional y la burocracia a las expectativas crecientes  de las sociedades alrededor del mundo a  expresar su opinión a la hora de dar forma  a su propio entorno.

QUIÉN. TRANSPARENCIA E INCLUSIVIDAD
El principal reto de los proyectos  urbanos tiene que ver con la necesidad de  diseñarlos de un modo transparente e inclusivo,  diferenciando los papeles que los  distintos actores deberían desempeñar en función de su posición. El mapa de actores  involucrados en el proyecto no tiene  que ver con un largo listado de nombres.  El reto crucial es asegurar que desempeñen  su papel de un modo equilibrado  y que definan un conjunto diferente de  herramientas de participación, eventos  y maneras de contribuir de tal forma que  la mayoría de los intereses sociales estén  incluidos. Ciertas herramientas como los  sociogramas -un instrumento que mapea  las interacciones entre los diferentes grupos de personas- o las herramientas  de mapeos de actores son útiles para comprender  el papel que cada actor puede tener  en el proceso y definir la contribución  correcta en cada etapa del proceso. Nos  ayudan a profundizar en las relaciones  dentro de la comunidad y facilitan a los  diseñadores formas para involucrar a los  participantes.

QUÉ. DISEÑO PARA CADA CASO ESPECÍFICO
A pesar de que la planificación  participativa es una rama consolidada y ha  sido utilizada en diferentes áreas de las políticas  públicas, debe tenerse cuidado con  las copias. Existe la tentación de pensar  que lo que funcionó en un lugar podrá ser  implementado de forma mimética en otros.  Por supuesto, gracias a la amplitud de iniciativas  precedentes, las organizaciones  pueden inspirase de ellas, no hay necesidad  de empezar de cero. Los facilitadores  pueden encontrar fácilmente distintas guías, ejemplos inspiradores y consejos  prácticos. Pero una de las recomendaciones  más importantes que los planificadores  comunitarios y los facilitadores de la participación  dan es la adaptación del diseño  para cada proyecto. El diseño caso a caso  es la única manera de iniciar un proceso  que puede variar en función del tema, la  problemática urbana, las circunstancias  sociales, los recursos disponibles, etc.

Teniendo presentes estas primeras  ideas como principios del diseño para garantizar  la incorporación de la conciencia  del contexto a los procesos participativos,  necesitamos integrar una mejor comprensión  de las nuevas necesidades sociales y  expectativas de lo que en realidad llamamos participación. Hubo un tiempo  en el que la planificación participativa  representaba sólo una serie de reuniones  vespertinas aburridas. Probablemente esa  aún sea la principal imagen que visualizamos  a la hora de analizar un proceso  participativo. Las reuniones internas, que  son en realidad una manera muy limitada  para que la gente se involucre, son una  pequeña fracción de las diferentes herramientas  que pueden usarse para despertar  los intereses sociales y las contribuciones.  Aquí es donde la creatividad puede inspirar  a aquellos a cargo del diseño y la facilitación  de procesos, para entender que las  ideas pueden surgir de formas diferentes  y que la implicación en cuestiones locales y comunitarias pueden ser más proactivas:  ¿por qué no hacer ejercicios de dibujo  para incluir las visiones infantiles?, ¿por  qué no contar historias para incluir a las  personas mayores?, ¿por qué no salir de  los espacios cerrados?, ¿por qué no deshacerse  de los papeles y cuestionarios y usar  las paredes u otros formatos para recoger  ideas?, ¿qué hay de transformar físicamente  el espacio que se está discutiendo  para imaginar su uso potencial?, ¿qué pasa  con la participación de otros profesionales  además de arquitectos y urbanistas (artistas,  novelistas, fotógrafos,…) y pensar con una perspectiva diferente alejada de mapas,  ordenanzas y códigos? Llegados a este  punto, podemos mencionar un proyecto  que ilustra bien esta idea, Green My Favela  (Río de Janeiro, Brasil) como forma, entre  otras, de ejemplificar el tipo de programas  orientados a la acción que incluyen en su ADN un enfoque participativo basado en la  apropiación real y creativa de la ciudad. La participación ya no es cuestión de obsesionarse  con la representatividad e invitar  a otros para personalizar los intereses de  individuos o grupos, sino una cuestión de  quién puede aportar y contribuir con sus propias manos.

Los procesos participativos digitales  y los modos de involucrar colectivamente  están impulsando la planificación  comunitaria y la participación ciudadana  en asuntos públicos. Acoger nuevas herramientas digitales (desde las redes  sociales hasta la ciencia ciudadana, las  aplicaciones móviles, el código abierto y  la visualización espacial) han transformado  la forma en la que la participación cívica es diseñada, ampliando el alcance,  las personas involucradas, el tipo de contribuciones  y, en resumen, mejorando la  calidad de la participación comunitaria  en las ciudades. Esto puede tener una función  instrumental (haciendo un mapeo de  lo invisible en comunidades marginales),  pero ha resultado ser también una herramienta  poderosa, como en el caso bien  conocido de Kibera (Nairobi, Kenia), que  impulsa la construcción y el compromiso  de la comunidad.  Las tecnologías cívicas también han  tenido un gran impacto en la facilitación  de proyectos de crowdsourcing que demuestran cómo los ciudadanos pueden  transformar sus ciudades con sus  propias manos. Desde proyectos cívicos  de crowdfunding a través de Spacehive  y otras plataformas que recogen ideas (Change by us, por ejemplo), hasta intervenciones  tácticas para construir ca rriles bici de guerrilla, pasos de cebra,  huertos urbanos y reactivar espacios desocupados.  Todo esto, estas herramientas, proyectos y tendencias nos muestran un  nuevo equilibrio al alza sobre la relación  entre ciudadanos y gobierno. Con respecto  a estos cambios, vale la pena señalar el  criterio de diseño establecido en el documento  Governance for the Future: An  Inventor’s Toolkit, del Institute for the  Future como una buena guía en esos principios  previamente descritos que han  sido renovados mediante la expansión del  movimiento de innovación social. Nuevas  metodologías de implicación y enfoques  están siendo probados para entender  cómo la participación trabaja en una sociedad  interconectada (ver, por ejemplo,  Citizen Canvas).

La tecnología está impulsando la  innovación y la gobernanza no es una excepción.  Las instituciones y sus burocracias  son maquinarias pesadas que tardan  más en adaptarse que la colectividad a las nuevas demandas de sociedades abiertas  y gobernanzas democráticas más profundas.  Como tal, la tecnología es sólo un facilitador  de un cambio en la mentalidad  cultural subyacente. Este cambio está relacionado  con el movimiento colaborativo  y el movimiento de ciudades compartidas  (ver el Sharing Cities Toolkit, por ejemplo)  que es la manifestación de un nuevo  enfoque en la participación: no me digas  que no puedo hacerlo.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Los mitos implícitos del discurso de la smart city (Revista URBS)

Acaba de publicarse el nuevo número de URBS. Revista de estudios urbanos y ciencias sociales, con un monográfico titulado "Smart Cities: realidades y utopías de un nuevo imaginario urbano", en el que participo con el articulo La construcción del discurso de la smart city: mitos implícitos y sus consecuencias socio-políticas.

La verdad es que no estoy en la carrera por las publicaciones académicas, pero esta vez la convocatoria de artículos del monográfico editado por Mirela Fiori y Ramon Ribera-Fumaz me lo ponía demasiado fácil. El artículo es, de hecho, un extracto revisado de una parte de la tesis, aquella dedicada a lo que llamo los mitos implícitos (simplificación, neutralidad, despolitización, suficiencia y deseabilidad) y sobre los que ya he ido comentando en el blog desde hace un tiempo.


Dejo aquí los contenidos, a los que puedes acceder desde la página de la revista:

Smart Cities. Realidades y utopías de un nuevo imaginario urbano. Mirela Fiori, Ramon Ribera-Fumaz
Smart cities e big data: o cidadão produtor de dados. Raquel Renno Nunes
(Des)Conectando las smart cities con transformaciones urbanas: ¿Hacia una urbanidad ciudadregional compleja con múltiples grupos de interés?. Igor Calzada
Actores y modelos de gobernanza en las Smart cities. Mariona Tomàs Fornés, Blanca Cegarra Dueñas
¿Colaborativa o inteligente? La ciudad entre dos imaginarios. Valérie Peugeot
La construcción del discurso de la smart city: mitos implícitos y sus consecuencias socio-políticas. Manu Fernández González
La Cuarta Revolución Industrial, un relato desde el materialismo cultural. Raúl Oliván Cortés
Crónica de un negocio anunciado: operaciones de recalificación industrial en Barcelona y Buenos Aires. Natalia Lerena
De las smart cities a los smart citizens. La ciudadanía frente a la tecnología en la construcción de resiliencia urbana. Marta Suárez Casado
What the Foucault? Jorge Sánchez Naudín
Reseña de Fernández (2016) Descifrar las smart cities ¿Qué queremos decir cuando hablamos de smart cities?. Francisco Majuelos Martínez

martes, 8 de septiembre de 2015

Urban Interaction Design: La convergencia de disciplinas hacia una nueva forma de hacer ciudad

Resumen
En un momento de crisis del modelo tradicional de las políticas urbanas y coincidiendo con la generalización de una compleja infraestructura digital en la sociedad conectada, el papel de la ciudadanía se sitúa como gran debate. Si bien determinados discursos se presentan como irreversibles y unívocos respecto a esta relación entre vida urbana y tecnología, el artículo plantea la posibilidad de construir discursos alternativos a partir de diferentes prácticas de diseño de interacción urbana que están confluyendo en el espacio urbano como espacio para construir ciudad y ciudadanía.

Abstract
In a time of crisis in traditional urban policies and the generalization of a complex digital infrastructure in the networked society, the role of citizens stands as a crucial debate. While certain discourses are presented as irreversible and unequivocal on this relationship between urban living and technology, the article discusses the possibility of building alternative discourses from different urban interaction design practices that are converging in urban spaces are spaces for city-making and civic engagement.

Introducción
La forma de hacer ciudad es un proceso en crisis. Diferentes factores, desde cambios sociales, crisis de la política o transformación tecnológica, están contribuyendo a la materialización de un conflicto entre las formas institucionales de gobernar y dar forma a las ciudades y las expectativas de la ciudadanía sobre el papel que quiere tener en la ciudad que vive. Son muchos los movimientos sociales, las disciplinas académicas, los proyectos o las teorías que están contribuyendo en los últimos tiempos a la formación de un nuevo enfoque sobre cómo hacer ciudad que vaya más allá de las instituciones públicas y del urbanismo como instancias centrales o únicas de hacer ciudad.
El presente artículo plantea este punto de partida como escenario del cual emerge una disciplina naciente, a caballo entre el activismo, el arte y la cultura y la gestión urbana. Esta disciplina es el urban interaction design.

El origen de este artículo es, además, muy particular. Se alimenta directamente de una experiencia-experimento realizado en marzo de 2014 en el marco del proyecto UrbanIxD. Durante cinco días, un grupo de ocho investigadores con diferentes bagajes (algunos más cercanos al mundo académico, otros más al mundo del activismo; algunos más cercanos a la experimentación digital y las ciencias de la computación, otros más cercanos a los estudios urbanos) nos reunimos en un lugar aislado en Alemania para intentar definir este nuevo escenario y los contornos del urban interaction design. Siguiendo la metodología Booksprint, de aquella intensa experiencia de debate, análisis y escritura colectiva surgió un texto, Urban interaction design. Towards city making, que es la base del presente artículo. Dicho texto representa un acercamiento a la convergencia de disciplinas que están actuando en torno a la ciudad y su relación con la sociedad digital con una preocupación común a todas ellas: la apropiación de la tecnología para ampliar las capacidades de actuación de individuos, colectivos y comunidades en la construcción de las ciudades.

Hacer ciudad en tiempos de smart cities
Aunque de perfiles muy difusos y sometida a diferentes interpretaciones e intentos de definición, la idea de smart city parece haber triunfado como término que pretende aglutinar la relación entre las tecnologías contemporáneas y su despliegue en la ciudad. Sin entrar en su genealogía, las disputas terminológicas o las derivadas conceptuales,, conceptos y disciplinas conexas –como urban computing, urban informatics, ubiquitous computing, ambient informatics, pervasive computing, locative media, physical computing, tangible media, situated technologies,…- comparten una serie de tecnologías y aplicaciones. Todo ello ha ido dando forma a lo que, en una afortunada expresión, Adam Greenfield denominó Everyware (2006). Este escenario se define por la disolución de los ordenadores tal como los hemos conocido durante la primera etapa de la computación hasta el punto de confundirse con el propio entorno como espacio en el que la mediación y el procesado de la información acontece, ya sea en el espacio público, en los edificios, las infraestructuras, etc. Kitchin y Dodge (2011), con sus matices, han denominado a este escenario el híbrido Code/Space, una suerte de espacio nuevo conformado por dos categorías que hasta ahora funcionaban por separado (el espacio físico y el código informacional) y que ahora sólo pueden ser entendidas de manera unitaria para comprender el significado concreto para la experiencia humana de esta coexistencia. La generalización de tecnologías móviles y otras conexas han dado forma al mundo post-PC tal como lo imaginó Mark Weiser (Greenfield, 2006:11) y que implica la colonización de la vida diaria por las tecnologías de la información. Esta evolución tiene, además, una plasmación espacial como producción socio-material con una fuerte influencia en la vida cotidiana (Kitchin y Dodge 2011:13) y prácticamente cualquier hecho urbano está mediatizado por código de software.

Em este panorama, el posicionamiento discursivo (régimen discursivo) de la smart city ha incorporado elementos conceptuales con suficiente fuerza como para situar las políticas públicas en un punto crítico, a caballo entre la epopeya por someter las supuestamente caóticas e ineficientes ciudades a unas reglas de control automatizado que harán posible su funcionamiento eficiente y racional. Esta formulación, presente de manera explícita y muchas veces simplemente implícita en gran parte del discurso mediático y político alrededor de la ciudad inteligente encierra importantes cuestionamientos sobre la forma en la que se propone gobernar la esfera pública y la manera en la que se enmarcará también la esfera de relación privada y social en la ciudad. Para algunos autores (Vanolo 2014), estamos ante un proceso de infiltración de unos determinados conceptos y prácticas institucionales que utilizan el reclamo de la smart city como “código de conducta” de la nueva “governmentality” hacia la que se dirige la política urbana.

Se trata, de hecho, de una cuestión que al menos en la última década ha ido ganando posiciones en la agenda de investigación urbana, moviéndose inicialmente desde el optimismo tecnológico sobre el potencial de la computación ubicua hasta la distopía crítica sobre sus consecuencias más negativas:
Industries and governments began heralding the coming “Internet of Things,” where the global supply chain would be managed in ways that could create “smart objects” or a web-presence for consumer goods. Again popular media tended to focus on the surveillance possibilities, and ubiquitous or pervasive computing discourse began to take on a distinctly dystopian tone. (Galloway 2008:10)
Es precisamente el trabajo de Adam Greenfield (2006) uno de los primeros en abordar de forma sistemática el impacto de la generalización de las tecnologías ubicuas en la vida urbana. A través de una serie de tesis, Greenfield disecciona el significado de estas tecnologías desde una perspectiva del comportamiento del usuario de las mismas (la ciudadanía, al fin y al cabo), y plantea una serie de afirmaciones que el imaginario de la smart city ha obviado prácticamente. La inevitabilidad de estar expuesto a muchas de estas tecnologías, en condiciones de desconocimiento, falta de voluntariedad o inconsciencia, teniendo en cuenta sus implicaciones en términos de privacidad, seguridad o igualdad, plantea serios interrogantes que caen necesariamente en la esfera de la política pública y cómo se define por los diferentes agentes que actúan sobre ella. Porque, a pesar de su inevitabilidad, existen diferentes alternativas en su diseño y no existe un relato único o una manera exclusiva de desplegarse (Greenfield, 2006:121).

Con ello, apuntamos aquí un primer elemento crítico para pensar las nuevas formas de hacer ciudad: en un escenario de creciente instrumentación tecnológica del funcionamiento de la ciudad, e igualmente en un momento de renovación del discurso sobre las políticas urbanas dominado por el escenario de la smart city, emerge una disponibilidad de opciones discursivas y prácticas más allá de un supuesto determinismo tecnológico.

1. La ciudad instrumentada. Ni irreversible ni unívoca
Dicho todo lo anterior, el elemento subyacente en la narrativa de la ciudad inteligente es la ficción de la suficiencia tecnológica, una suerte de tecno-optimismo que protagoniza el ambiente alrededor de las smart cities. Todas las soluciones y propuestas sitúan los servicios o productos tecnológicos como la respuesta adecuada a los problemas que enfrentan las administraciones locales: dificultad en la escalabilidad de sus servicios, crecientes costes para los servicios públicos, pérdidas de eficiencia en las redes de infraestructuras, falta de interoperabilidad en los servicios, presión para personalizar los servicios públicos y adecuarlos a la demanda en tiempo real, etc.

Ante esta situación, la tentación de reducir todo a una respuesta tecnológica es evidente, pero exige preguntarnos cuánta tecnología es suficiente, en qué parte del ciclo de gestión de un servicio público es la tecnología el punto crítico o cuál es el nivel adecuado de tecnología que la ciudadanía puede y quiere utilizar en su vida diaria, tanto en su relación con la administración como para sus propias relaciones privadas y sociales.

De esta forma, siguiendo a Greenfield (2013), el régimen discursivo de la smart city presenta la tecnología como un objeto genérico. La forma de nombrar los nuevos productos o servicios que equiparán la smart city se alimenta de conceptos vagos, suficientemente atractivos pero inespecíficos, de manera que los catálogos comerciales conciben soluciones de “realidad aumentada”, “muros interactivos”, “monitorización inteligente”, “soluciones de salud a distancia”, etc. Sin embargo, lejos de ser una concesión al lenguaje comercial, necesariamente directo y reacio a las especificaciones técnicas, este recurso reproduce el fetichismo tecnológico de presentar tipologías genéricas de soluciones disponibles en el mercado, negando al debate la capacidad de discernir sobre sus usos concretos en determinados contextos, sobre las diferentes opciones de funcionamiento, las diferentes alternativas para financiarlos o las múltiples formas en las que su despliegue puede afectar a la ciudadanía. Con ello, se consigue centrar la tecnología como recurso “totémico” suficiente para imaginar la ciudad inteligente, dejando como una cuestión menor el viejo adagio “el diablo está en los detalles”.

Frente a este optimismo tecnológico, incluso desde las propias ciencias de la computación ubicua es fácil encontrar visiones más equilibradas sobre el potencial real de lo tecnológico en relación con el resto de cuestiones que tienen que ver con la vida en la ciudad. Así lo afirma Gene Becker (mencionado por Townsend 2013:113):
Ubicomp is hard, understanding people, context, and the world is hard, getting computers to handle everyday situations is hard, and expectations are set away too high. I used to say ubicomp was a ten-year problem; now I´m starting to think that it´s really a hundred-year problem
Los ejemplos podrían seguir: el potencial del open data frente a la transformación no puramente tecnológica que implica darle soporte bajo estrategias de open government, el potencial de la automatización del parking en superficie frente al modelo de movilidad que promueva una ciudad, etc. De hecho, podríamos atrevernos a decir que la tecnología es casi irrelevante en el éxito de las smart cities, de la misma manera que en muchas decisiones cotidianas de nuestra vida en la ciudad, las tecnologías asociadas al transporte o a la seguridad son mucho menos decisivas a la hora de acabar cogiendo a tiempo el metro o sentirnos seguros en una plaza que factores como el cuidado de lo común, la atención a las necesidades de las personas que están a nuestro alrededor, etc. Así, la inevitabilidad de las smart cities remite a la irrreversibiliddad tecnológica. Cualquier progreso humano parece quedar supeditado a la introducción de nuevos factores tecnológicos sin los cuáles, soluciones imaginativas a los problemas de las ciudades no serían posibles. Hill (2012:130) propone un caso ilustrativo para entender este supuesto. Frente al modelo del coche sin conductor, basado en la automatización de la movilidad como solución de, entre otras cosas, la siniestralidad y los riesgos de la carretera, podemos contraponer el modelo de los espacios compartidos (shared space) propugnado por Hans Monderman, una suerte de regulación libre de las intersecciones viarias, en el que se confía en el criterio de los conductores, influenciados bajo un cuidado diseño urbano que promueve la conducción cuidadosa y atenta al resto de vehículos y personas, la siniestralidad se reduce drásticamente. De esta manera, nos encontramos también con un interrogante clave a la hora de afrontar qué tipo de relación individual y colectiva podemos favorecer a través de la tecnología.

Esta suficiencia tecnológica encierra, además, una consecuencia subyacente: la tecnología será suficiente porque la tecnología será infalible. En la construcción del discurso ha sido básico apoyarse en las soluciones que estarán disponibles, sin mencionar no sólo las problemáticas conceptuales –tal como estamos abordando aquí- sino tampoco los problemas técnicos que pueden encerrar. Se trata de una cuestión absolutamente crítica en términos de privacidad de los datos y de la identidad de los usuarios de los sistemas inteligentes, de seguridad física, de estabilidad de las infraestructuras, etc. Estas situaciones, en el mejor de los casos son señaladas como excepciones menores frente al normal funcionamiento de los sistemas (Townsend 2013). Como señala Greenfield (2013), esta irreversibilidad está cargada de conceptos profundos para los estudios de la tecno-ciencia sobre la objetividad, el conocimiento perfecto, etc. Estos elementos se encuentran detrás de los lemas y textos sobre la smart city que apelan a la capacidad de ofrecer soluciones definitivas, soluciones únicas soluciones perfectas, soluciones indiscutibles políticamente o soluciones perfectamente integradas. Se trata de recursos comunes en cualquier material que analicemos que ofrezca la visión más optimista sobre la smart city.

Este posicionamiento oculta cuestiones que pueden resultar obvias en nuestra vida diaria y para las ciencias sociales, pero que son sistemáticamente olvidadas. Cuestiones como la imprevisibilidad de los usuarios de los sistemas inteligentes (¿y si, en realidad, no actuamos de manera racional frente a la información que nos ofrecen los contadores inteligentes?), el pequeño margen de actuación individual que siempre le quedará a cualquier policía sometido al más estricto de los sistemas inteligentes de gestión del tráfico a la hora de no castigar determinadas infracciones, la falta de información relacionada entre sistemas (con el clásico ejemplo de la corporación RAND y sus propuestas, basadas en modelos de dinámica urbana en la década de los 70 del siglo pasado en Nueva York), los sesgos de información o conocimiento (refiriéndonos aquí al también principio clásico de Heinsenberg), la inevitable necesidad de aplicar razonamientos ideológicos más allá de la calidad estadística que informe dicha decisión, los errores de medición, etc.


2. Nuevas prácticas urbanas en la sociedad conectada

2.1. La ciudad como plataforma
La mejor manera de comprometer a la ciudadanía en el desarrollo de las smart cities es reconocer lo que ya está sucediendo. Muchos ejemplos se podrían mencionar de proyectos e iniciativas que se encajan en una esfera amplia de apropiación ciudadana de los medios digitales (De Lange y De Waal, 2012) y sirven para ilustrar lo que los renders no pueden: un creciente número de personas están trabajando en lugares reales con problemas reales para desarrollar herramientas reales con tecnologías que ya están disponibles. Existe aún excesivo interés en promesas altamente dependientes de infraestructuras y soluciones orientadas a resolver únicamente los problemas de las administraciones locales. Sin embargo, las reglas han cambiado de alguna forma en la sociedad digital: las personas pueden desarrollar proyectos transformadores con un catálogo de tecnologías y aplicaciones abiertas y colaborativas:
An opposing force of entrepreneurs, hackers, and “citizen hacktivists” are pursuing a different vision of the future city. Their pitch: urban data can support cities that are more democratic, more responsive, and more resilient. These do-it-yourself (DIY) urbanists take a lightweight approach to exploiting urban data. They use off-the-shelf components, open-source hardware and software, and cooperative strategies.In the future, successful cities will need to integrate both models. Solutions will combine the scale of big platforms with citizen-driven innovations. To a degree, this integration is well under way, but urban leaders need to educate themselves and frame an agenda of openness, transparency, and inclusiveness. (Townsend, 2010)
Frente a la tentación de creer que las posibilidades de automatización del control y seguimiento de cualquier parámetro de la ciudad nos llevan a un escenario de objetivización de las decisiones sobre los diferentes aspectos de la vida urbana (decisiones sobre políticas de seguridad, de gestión del tráfico, de vivienda, de espacio público, etc.), la realidad es que nada de esto debería sustraer la necesidad del debate público sobre cuestiones cruciales. Urbanizar la tecnología significa, principalmente, asignar al desarrollo tecnológico una función instrumental para atender a las necesidades de un determinado contexto para alinearse con las condiciones locales. Por ello, el liderazgo de los proyectos de implantación no debería recaer nunca en el esfuerzo de ventas de las utilities, empresas y otros agentes con intereses comerciales en este mercado (Goodspeed 2014). Sin entrar ni siquiera en las dimensiones más globales sobre el control de internet y todas las dinámicas derivadas (desde el control de la privacidad por parte de los grandes operadores y de los propios gobiernos hasta las resistencias de los diferentes sectores industriales impactados por el cambio en los modelos de negocio), las preguntas y los debates siguen siendo los mismos: ¿para quién son las smart cities?, ¿quién las protagoniza?, ¿quién se queda fuera?, ¿promueven o no la inclusión o son sólo formas sofisticadas de perpetuación de las relaciones de poder establecidas?, ¿cómo salvaguardar lo público?, ¿y cómo salvaguardar lo común?, ¿cómo pueden favorecer modelos estables de implicación y participación ciudadana?


2.2. La tecnología como espacio abierto de intervención urbana
Revisado el discurso predominante en el escenario de la smart city, corresponde ahora a este capítulo plantear un imaginario tecnológico alternativo, no tanto desde un planteamiento dicotómico, sino para abordar otros escenarios posibles concurrente. Dicho escenario, de hecho, no es necesario dibujarlo aquí. Ya existe pero, según el marco conceptual que hemos planteado, dispone de recursos mucho más débiles. Y, sin embargo, existe y tiene la capacidad de encontrar su propio espacio.

La crítica a la smart city ha constituido un sólido argumentario y no queremos aquí reproducirlos, sino tratar de darles forma en un discurso organizado y sistemático. Para ello, el punto de partida es reconocer que las mismas tecnologías sobre las que se construye el discurso anteriormente diseccionado son también las protagonistas de usos, prácticas e infraestructuras diferentes más cercanas a contextos activistas, artísticos, culturales, etc. (Townsend 2013:9).

La generalización de los dispositivos móviles y la disponibilidad ya de una amplia experiencia en el uso de herramientas digitales para la interacción social han creado un nuevo marco de actuación cívica que multiplica la capacidad de la ciudadanía para intervenir en los asuntos comunes. De hecho, es esta tecnología la que menos tiempo ocupa en la narrativa de la smart city, dominada por su preferencia por tecnologías por llegar, tal como señala Greenfield (2013). En los últimos años hemos asistido a la irrupción de un nuevo discurso en torno a la ciudad que se focaliza en la idea de las smart cities como vehículo de transformación de lo urbano. Se trata de un debate hasta cierto punto polarizado por visiones muy distantes unas de otras respecto al papel de la tecnología en la ciudad y que encierra, en último término, una visión particular de la ciudad, sus agentes, el espacio físico y el espacio de los flujos de las relaciones que se dan en el entorno urbano. En este sentido, prácticamente el único punto de unión en esta “batalla” por las smart cities reside en la asunción de que las tecnologías digitales implican un cambio de escenario sobre la forma en la que se organiza la vida en la ciudad, incidiendo en algunos casos sobre la mejora de la eficiencia en la gestión de los servicios públicos y las infraestructuras que soportan el funcionamiento urbano, mientras que en otros casos se incide en las tecnologías digitales como habilitadoras de una nueva acción colectiva con mayor autonomía de organización, creación y aportación sin pasar por los filtros de lo público para crear herramientas de intervención y organización comunitaria para actuar sobre los asuntos públicos.

Como hemos planteado anteriormente, uno de los recursos básicos del régimen discursivo de la smart city es el de la irreversibilidad. Sin embargo, cualquier régimen discursivo, siguiendo a Foucault, puede fracturarse a través de los micro-circuitos del poder, de los resultados de la auto-regulación o de resistencias localizadas (Kitchin y Dodge 2011:19). En definitiva, a pesar de encontrarnos ante un régimen discursivo aparentemente sólido, jerarquizado y top-down, existen vías de planteamiento de escenarios y regímenes o imaginarios alternativos porque incluso en el caso del régimen más extensivo, no podrá nunca llegar a todos los lugares y en todos los momentos en la ciudad.

De esta forma, el concepto de apropiación de las herramientas sigue siendo clave en una nueva teoría de la acción colectiva basada en las tecnologías digitales en cualquiera de sus formas (De Lange y de Waal 2012) y en la construcción de procesos y dinámicas de interacción social desde el compromiso cívico y la acción comunitaria en las que lo digital juega el papel de canalizador de un proceso más complejo de activación de la participación social en los asuntos comunes de la ciudad. La web y todas las soluciones derivadas abren nuevas opciones para desarrollar herramientas de activismo y compromiso social que, sólo apenas unos años apenas podíamos imaginar. Ha abierto la posibilidad de diseñar instrumentos de relación social que nos hace más abiertos y colaborativos en entornos personalizables de participación. Este es, precisamente, el campo de actuación de diferentes prácticas que aquí denominamos urban interaction design:
(…) digital tools and new media are allowing communities to shape and support the formation of publics around specific issues, linking concern, voice, and access in a way that allows them to use the city as a vibrant platform from a bottom-up perspective. This, ultimately, is a large part of what urban interaction design aims to facilitate. (UrbanIxD 2014a:23)
La generalización de los dispositivos móviles ha hecho que la interacción con un espacio digital sea constante y diaria. Nuestra vida es un permanente camino de rastros digitales de la interacción con las dependencias públicas, con las máquinas canceladoras o cualquier otro punto de la esfera de objetos públicos conectados (deWaal 2013), con los servicios y aplicaciones de nuestros dispositivos móviles, con las tarjetas bancarias, etc. Los ciudadanos somos un continuo de datos, meros generadores pasivos de información que va quedando por el camino del uso de las redes sociales. Mariposas revoloteando de un tema a otro, de una aplicación a otra, sin una dirección clara y perdidos en la confusión.

Una respuesta a esta desazón errante del ser humano del siglo XXI es, precisamente, la posibilidad de crear soluciones en las que podamos ser activos generadores de información y recopiladores de datos para agregarlos conjuntamente a través de procesos de crowdsourcing, por ejemplo. Diferentes proyectos relacionados con problemáticas urbanas se han basado en este modelo, buscando la aportación colectiva de información, en especial a través de iniciativas de mapeado o simplemente utilizando aplicaciones móviles a través de las cuales los usuarios generan y comparten información. Sin embargo, el peligro reside en generar con ello esquemas de actuación en los que el ciudadano –el usuario de las aplicaciones o participante en los procesos basados en tecnologías móviles- tenga un papel excesivamente pasivo como mero recolector de información. Siguiendo este planteamiento, Iveson (2011) plantea algunas claves para vincular los dispositivos móviles y, en general, los diferentes instrumentos digitales, en procesos de compromiso ciudadano real más allá del peligro de asignar al ciudadano un papel de mero recolector de información siempre y cuando en su diseño se cuente con una estrategia activa de ofrecer un rol central a la ciudadanía. De esta manera, la acción colectiva en torno al activismo digital adquiere un potencial de politización para dar respuesta a problemas urbanos desde la pertenencia a la ciudad y la apropiación de las tecnologías, frente a modelos de utilización de las tecnologías digitales para meras estrategias de control –el caso más claro es el de las aplicaciones dirigidas a la seguridad o la identificación de actividades- o de responsabilización:
The sum of interactive technologies that are reshaping our societies is also transforming our aspirations and the possibilities for a broader and more active role in the way citizens and institutions interact with publics, governance, community problems, and the products we use, etc. Urban interaction design appears as a new framework to deal with this growing claim for involvement in the decisions that affect us at any level. As such, it contributes to a well established domain (the strong tradition of and experiences from participatory planning and design in any of its forms) of how to design mechanisms and processes that promote and give citizens access to being protagonists of the public policies and decision-making procedures that affect our everyday lives. In this sense, urban interaction design stands in an appropriate place to enrich the traditional tools, practices and mechanisms that have been designed in the last decades to deal with this concern. (UrbanIxD 2014a:25)
Figura 1. Portada del libro. Urban Interacion Design: towards city making. (UrbanIxD 2014a)

Bajo estas consideraciones, los medios digitales o urban media, como ejemplo paradigmático de nuevos recursos ciudadanos para la acción colectiva, se convierten en una vía más para romper el modelo tradicional de intermediación institucional del ciudadano, que ahora amplía su capacidad para intervenir y hackear el gobierno para crear soluciones colectivas fuera de los circuitos tradicionales. Surge así, la posibilidad de dar una orientación ciudadana al discurso predominante del papel de la tecnología en la ciudad desde un sentido de apropiación ciudadana de las posibilidades tecnológicas digitales en el diseño de servicios y herramientas digitales, un cambio de perspectiva basado en tres pilares: la ciudad como plataforma para unos datos que deberían ser de "propiedad" colectiva, los medios digitales como instrumentos de acción colectiva, cocreación y auto-organización y la capacidad de sumar a más actores y públicos a los temas de interés público.

La visión tecno-optimista tiene un engarce directo con una suerte de determinismo sobre la aplicación de las tecnologías smart en la ciudad, que idealmente funcionarían como una relación de causa-efecto permanente. Sin embargo, esta visión oculta la capacidad de modificación de esa relación que tienen quienes están sometidos al régimen del código en cualquier elemento de la ciudad (De Waal 2013). Desde esta perspectiva, diferentes autores, y en especial Bell y Dourish (2006) han apuntado la necesidad de transformar la agenda de investigación en la materia hacia el constructivismo social como el mejor esquema a través del cual comprender el uso real y práctico de las tecnologías en su contexto social:

Discutido el relato de la smart city y explicado su régimen discursivo y los efectos de su imaginario tecnológico, hemos clarificado la posibilidad de construir, pensar, desarrollar y hacer realidad otros imaginarios posibles, más allá de que hayamos presentado el storytelling de la smart city como hegemónico y pretendidamente consensual. En este sentido, y de forma breve, planteamos que es posible pensar y diseñar productos, servicios, infraestructuras, relaciones sociales, dispositivos, interfaces, arquitecturas administrativas, espacios urbanos,… de una manera diferente, de manera que se pueda influir en el desarrollo próximo de los espacios urbanos con desde una mirada diferente. O, como señalan Greenfield y Shepard (2007), “occupy the imaginary of technological development in order to infuence its impact on the urban environment”.

Esta manera implica construir un imaginario complejo capaz de incorporar el conocimiento de las diferentes ciencias y áreas de conocimiento implicadas en entender el funcionamiento de las ciudades, la vida en comunidad y el comportamiento individual en todo lo que tiene que ver con vivir con otros. Una manera que implique pensar en las ciudades que vivimos hoy como espacios de esperanza y no como lugares de los que huir hacia nuevas utopías escapistas. Una manera que ofrezca a la ciudadanía capacidad para actuar hoy (Fernández 2013) y ahora con más libertad sin tener que esperar a un futuro próximo para encontrar el potencial de las tecnologías inteligentes. Una manera no simplista de proponer soluciones para la ciudad basadas en la discusión democrática sobre cuáles son esos problemas y cómo los vamos a abordar y no en el fetichismo tecnológico de soluciones para todo simplistas y descontextualizadas.


3. Urban interaction design como espacio de encuentro de prácticas urbanas
Como señalábamos en la introducción, la inspiración del presente artículo reside en un trabajo desarrollado en 2014 que tuvo como resultado la publicación de Urban interaction design. Towards city making como plasmación de una serie de reflexiones sobre la convergencia de disciplinas en torno a las nuevas prácticas de hacer ciudad. Dicho trabajo asumía como punto de partida el hecho de que hacer ciudad ya no es únicamente un asunto de planificadores públicos o de urbanistas en sentido estricto:
(…) what we have observed is that 'the making of the city' is no longer just their concern. And no longer do their methodologies, expertise, and theories suffice to address the complex issues of the 21st century networked city. That's why increasingly we see designers of all sorts, IT specialists, urban anthropologists, philosophers, HCI researchers, artists and sociologists teaming up in coalitions that up to a few years ago were unthinkable. (UrbanIxD 2014a:4)
El diseño de interacción urbana se propone como referencia de diferentes métodos y aproximaciones a la realidad de la sociedad conectada que están confluyendo. Esta confluencia se refleja a nivel de métodos y técnicas de trabajo en la transdisciplinariedad (Fig. 2) como metodología de proyectos e intervenciones, perseguida ahora como forma de abordar las limitaciones de las técnicas propias de cada uno de los campos frente a la complejidad de la realidad urbana:
The feeling of inadequacy that stems from researcher/practitioner's inabilities to fully comprehend the complexity of the city, the existing conceptual disciplinary maps, and the limitations presented by the methods used within a singular disciplinary field, has impacted each discipline at different moments, prompting various reactions. (UrbanIxD 2014a:12)
Figura 2. Urban Interacion Design: methods and approaches. (UrbanIxD 2014a:14)

De esta forma, métodos como el mapeado (y, en general, las técnicas cartográficas propias de los estudios urbanos), el prototipado (una aproximación propia del diseño) o el DIY (desde el mundo de la tecnología) son cada vez más utilizados de manera indistinta por unos y otros y forman parte de la caja de herramientas típica de diferentes proyectos de intervención urbana. Esta transdisciplinariedad trata de responder a las limitaciones de los diferentes campos de conocimiento y de acción para afrontar proyectos más integrales, complejos y multidimensionales.

La complejidad de la sociedad conectada ha diluido de alguna forma los límites estancos de muchas disciplinas y, sobre todo, de muchas prácticas relacionadas con la ciudad. El diseño de interacción urbana es una respuesta a esa complejidad. Como señalaban Greenfield y Shepard (2007), campos como el diseño de interacción se han alimentado en los últimos tiempos de la contribución de otras disciplinas y campos de conocimiento, investigación y acción, conformando un nuevo espacio de encuentro multi-disciplinar.. Este espacio está formado por traiciones y metodologías que escapan del núcleo inicial de las comunidades del diseño de interacción, de las prácticas artísticas digitales o del activismo urbano. En cierta forma, es el ensanchamiento de cada una de estas disciplinas –y otras- el que marca los amplios horizontes de lo que aquí consideramos urban interaction design como lugar de encuentro del city-making de la ciudad contemporánea.
Some of the necessary insight can be supplied by people coming out of the user-experience (UX) community, but even there the focus has historically been on screen-based media. Some of it´s going to come from people who´s been through forma interaction-design programs. I daresay some of it´s going to come from artists and psychologists and ethnographers –communities external to architecture or to urban planning proper. The professional tools and conventions and mindsets that will be necessary to meet this set of challenges, I can tell you from experience, barely even exist yet. (UrbanIxD 2014a)
En este sentido, estamos ante una renovación de la agenda de investigación y de acción en las tres aéreas básicas que estamos abordando (UrbanIxD 2014b):
Lo urbano, como amplio contenedor de lo relacionado con la dimensión especial de las relaciones humanas
Lo interactivo como referencia a unas tecnologías determinadas, aquellas relacionadas con la comunicación conectada.
El diseño como referencia generica a las teorías y prácticas de construcción de experiencias y significados en objetos o procesos.

En cada una de estas tres grandes comunidades se está dando un proceso de salida de la zona de confort de las propias disciplinas y creándose nuevas relaciones, diálogos y prácticas (UrbanIxD 2014a:10):
(...) over the past few years we have seen a broad range of authors, institutions, organisations, projects, networks of practitioners and events who have started to explore territories beyond the comfort zone of their own disciplines because they see it as a necessary trajectory. To tackle complex issues in the networked city from a human and societal perspective, they have found it imperative to start to work together with partners across disciplinary and institutional boundaries.
Estas dinámicas están siendo impulsadas por diferentes tendencias en el diseño, organización e implementación de una nueva generación de proyectos de intervención en la ciudad con una aspiración clara: ampliar las capacidades de actuación de la ciudadanía como actores de la dinamización de la vida social en la ciudad, de la utilización de la ciudad como espacio de conflicto y negociación, de ampliación de los usos cívicos del espacio público de construcción creativa de la vida en la ciudad. En el terreno que nos ocupa, la dinámica más influyente ha sido la aparición de las lógicas amateur y la desprofesionalización de tecnologías y ámbitos de actuación supuestamente destinados a expertos profesionales en sentido estricto. La lógica DIY está en el ADN de muchas de las tecnologías que hoy forman parte del campo de acción del UIxD:
The disruption of clearly defined lines between who stands as active/passive, consumer/producer and creator/producer is also the case for most of the disciplines involved in urban interaction designer. For example, what is an architect or an urban planner in a time when dynamic city building is gaining more and more traction? What is urban computing in a time when we have technologies available that make it increasingly easy to become an active maker of tangible devices that reshape the experience of urban life? And how can this not be political? What is design? Who is a designer? (UrbanIxD 2014a:47)
Todo ello enmarca un nuevo campo de acción e investigación en torno a la forma de hacer ciudad en la sociedad conectada y la ciudad instrumentada. Se trata de un enfoque que trabaja en la intersección y los espacios difusos de campos tradicionalmente separados, pero que cada vez disponen de más puntos de encuentro en la acción en la ciudad. Estas conexiones pasan por el trabajo transdisciplinar, el diseño crítico y el posicionamiento de los promotores de proyectos de diseño de interacción urbana como facilitadores dentro de las comunidades donde trabajan.

Conclusiones
En el artículo hemos planteado, de manera muy breve, una valoración narrativa sobre la propuesta discursiva de las smart cities, como principal concepto mediático utilizado para explicar el futuro de la ciudad contemporánea. Ante esta realidad, hemos tratado de confrontar algunos conceptos que apuntan a la irreversibilidad y a la ausencia de alternativas posibles para construir otro relato más significativo para la ciudadanía. Este relato, y sus prácticas asociadas, tiene más que ver con el presente, con los espacios y proyectos que ya están actuando hoy a través de tecnologías cotidianas, libres, sociales y accesibles.

De esta forma, planteamos una lectura cotidiana de la presencia digital en la ciudad, una lectura política de la forma en que esta presencia se despliega con consecuencias que están detrás de los diseños específicos de estas tecnologías, una lectura de la tecnología como construcción social y cultural y no como una serie de adelantos dados por un progreso no controlable por la ciudadanía. Para ello, ofrecemos la perspectiva del urban interaction design como una propuesta conceptual que pueda dar cabida a esta serie de prácticas, reflexiones y proyectos que juegan en la confluencia del arte, el activismo y la tecnología como forma emergente de hacer ciudad.

Referencias
BELL, Genevieve y Paul DOURISH (2006). Yesterday´s tomorrows: notes on ubiquitous computing´s dominant vision, en Personal Ubiquitous Computing 2006
DE LANGE, Michiel, y Martijn DE WAAL (2012). Ownership in the Hybrid City. Amsterdam: Virtueel Platform
DE WAAL, Martijn (2011a). The ideas and ideals in urban media theory, en FOTH, Marcus, Laura FORLANO, Christine SATCHELL y Martin GIBBS (eds.) (2011). From Social Butterfly to Engaged Citizen: Urban Informatics, Social Media, Ubiquitous Computing, and Mobile Technology to Support Citizen Engagement, MIT Press, Cambridge
DE WAAL, Martijn (2013). The city as interface. How new media are changing the city. Rotterdam: Nai 010
FERNÁNDEZ, Manu (2013) Smart cities of the future”, en HEMMENT, Drew y Anthony TOWNSEND (2013), Smart citizens, Future Everything, Manchester
FOTH, Marcus, Laura FORLANO, Christine SATCHELL y Martin GIBBS (eds.) (2011). From Social Butterfly to Engaged Citizen: Urban Informatics, Social Media, Ubiquitous Computing, and Mobile Technology to Support Citizen Engagement. Cambridge: MIT Press
GALLOWAY, Anne (2008). A Brief History of the Future of Urban Computing and Locative Media, disertación de tesis doctoral. Ottawa: Carleton University
GOODSPEED, Robert (2014). Smart cities: moving beyond urban cybernetics to tackle wicked problems, en Cambridge Journal of Regions, Economy and Society Advance
GREENFIELD, Adam (2006). Everyware: The Dawning Age of Ubiquitous Computing. Berkeley: New Riders Publishing
GREENFIELD, Adam (2013). Against the smart city. Nueva York: Do Projects
GREENFIELD, Adam y Mark SHEPARD (2007). Urban computing and its discontents, situated Technologies Pamphets 1. Nueva York: The Architectural League of New York
HILL, Dan (2012). The city that smart citizens built, en City in a box Volume 34
IVESON, Kurt (2011). Mobile media and the strategies of urban citizenship: discipline, responsibilisation, politicisation, en FOTH, Marcus, Laura FORLANO, Christine SATCHELL y Martin GIBBS (eds.) (2011). From Social Butterfly to Engaged Citizen: Urban Informatics, Social Media, Ubiquitous Computing, and Mobile Technology to Support Citizen Engagement, MIT Press, Cambridge
KITCHIN, Rob (2014). The Real-time City? Big Data and Smart Urbanism. Geo Journal 79: 1–14.
KITCHIN, Rob y Martin DODGE (2011). Code/Space. Software and Everyday Life. Cambridge: MIT Press,
PAULOS, Eric (2009). Manifesto of open disruption and participation, en E. PAULOS, ed, Paulos.net
SHEPARD, Mark (2011). Sentient City. Ubiquitous Computing, Architecture, and the Future of Urban Space. Cambridge: MIT Press,
TOWNSEND, Anthony (2013). Smart Cities: Big Data, Civic Hackers, and the Quest for a New Utopia. New York: W. W. Norton & Company.
URBANIXD (2014a). Urban interaction design. Towards city making. Amsterdam: UrbanIxD,
URBANIXD (2014b). Interactions in hybrid urban space: the UrbanIxD exhibition. Catalogue. Zelina (Croacia): UrbanIxD
VANOLO, Alberto (2014). Smartmentality: The Smart City as Disciplinary Strategy, en Urban Studies 51(5) 2013:1-16)
WEISER, Mark (1991). The computer for the 21st century, en Scientific American, September 1991

Texto en PDF
Artículo publicado en el volumen 12 de la revista Arte y Políticas de Identidad 

miércoles, 2 de septiembre de 2015

La ciudad como interfaz: arte, juego y tecnología digital en el espacio público

Acaba de publicarse el volumen 12 de la revista Arte y Políticas de Identidad, coordinado por Clara Boj Tovar (Universidad de Murcia) y Diego Diaz García (Universitat Jaume I de Castelló), integrantes además de Lalalab, desde donde han desarrollado proyectos como Observatorio o Hybrid Play.

Hace ya tiempo que Clara me invitó a participar con un artículo (Urban Interaction Design: La convergencia de disciplinas hacia una nueva forma de hacer ciudad) y una revisión del libro de Martijn de Waal (La ciudad como interfaz: Cómo los medios digitales están transformando la ciudad), así que me alegro de que por fin estén disponibles.

Esta es la introducción al volumen:
En los últimos años la ciudad ha cobrado relevancia, no solamente como estructura urbanistica y arquitectónica en torno a la que se organiza la vida de millones de personas en todo el mundo sino también y especialmente como metáfora de nuestra forma de ser en común, como sistema complejo que modela y construye sociedad en sus dimensiones politica, económica, medioambiental e incluso emocional y afectiva. La reivindicación de la ciudad como espacio de construcción colectiva de la experiencia la convierten en el escenario para la puesta en práctica de otros modelos de convivencia y participación desde los que repensar el espacio público y su rol en la definición de un nuevo tiempo social para la ciudadanía. 
La búsqueda de nuevos modelos de gobernanza comienza por cambios en el concepto mismo de ciudad: dejar de pensar la ciudad como contenedor, espacio y estructura para entenderla como organismo vivo a través de cuyos nodos y membranas fluyen los espacios de relación entre individuos, entre individuos e instituciones e incluso entre individuos y el medio ambiente. La ciudad no es el lugar donde suceden los acontecimientos sino que su estructura, diseño y gobernanza modelan y forman parte de los mismos. 
Si por interfaz entendemos un agente o zona de comunicación entre sistemas, la ciudad organismo es fundamentalmente una ciudad interfaz de cuya concepción y diseño se desprende la capacidad de los ciudadanos de conectar entre sí, relacionarse, compartir y crear experienciasy en definitiva crear ciudad. 
En este deplazamiento conceptual desde la ciudad estructura hacia la ciudad interfaz cabe preguntarse cual es el papel que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación desempeñan en la construcción de imaginarios futuros para la ciudad que indudablemente es y será conectada e informacional. 
La expansión de las tecnologías digitales y la computación ubicua en el contexto urbano ha favorecido la aparición de nuevos modelos conceptuales para la metrópolis: ciudad inteligente, ciudad de datos, ciudad pop up, ciudad reactiva, ciudad sensible... Cada una de estas metáforas se articula en base a diferentes prioridades: funcionalidad, eficiencia, sostenibilidad, seguridad... pero todas comparten el mismo principio: la ciudad contemporánea es una ciudad híbrida donde se mezclan lo físico y lo digital, los datos y el cemento, la gente y los avatares, las calles y las redes sociales, las plazas y los chats. 
En este volúmen de Arte y Políticas de Identidad abordamos este tema de manera poliédrica mediante artículos e intervenciones que analizan el papel de las tecnologías en el diseño de las ciudades, la participación del arte contemporáneo en la definición crítica del espacio público híbrido y la relevancia del juego como activador del espacio social.
Contenidos
  • Introducción. Clara Boj
  • El futuro de la ciudad: ¿Una ciudad inteligente o una ciudad social? Martijn de Waal
  • Urban Interaction Design: La convergencia de disciplinas hacia una nueva forma de hacer ciudad. Manu Fernández 
  • Dattenspiel / Dataplay: From critical awareness to emancipation: four workshops led by artists for the citizens of Athens. Daphne Dragona
  • La revitalización del espacio público desde la comunicación y la práctica creativa neomedial: Nuevos lenguajes para el diálogo entre el ciudadano y el entorno urbano. Francisco Felip Miralles, Julia Galán Serrano
  • La emergencia de la multitud y las prácticas de crowdmapping: Reflexionando sobre los espacios posmodernos y sus narrativas. Juliana Caetano Nêto
  • Ciudad flujo: complejidad Y desorden. La superación de la homogeneidad y la jerarquía urbana y política. Rafael García Sánchez, Francisco Segado Vázquez
  • Ludocracia: El juego como herramienta de revitalización urbana en la ciudad interfaz. Jonathan reyes, Irene Reig, Aitor Deza, Antonio Moya, Rubén Tormo
  • Pixel Art: Estética de la necesidad o elogio del medio. José Luis Maravall Llagaria, José Vicente Martín Martínez
  • Curatorial Selection: A Decade that Goes from Locative Media to Resistance to the Privatization of the Public Realm. A Fragmentary and Subjective Walk into the Crossover Between Play, Technology and Urban Space. Régine Debatty
  • Celebraciones Híbridas: Una aproximación al uso de las nuevas tecnologías como facilitadoras
  • de la participación ciudadana en las celebraciones populares. El caso de las fallas de Valencia. María Oliver Sanz, Javier Molinero Domingo
  • La ciudad como interfaz: Cómo los medios digitales están transformando la ciudad. Manu Fernández 

jueves, 15 de mayo de 2014

Cities in a smarter world

An urbanizing world is the scenario where smart technologies will show their value. This is why smart cities have become a major topic as a framework to face the challenges of the future in terms of new forms of democratic procedures, enhanced public management tools, environmental sustainability goals, efficient infrastructures and so on. We are still trying to figure out how cities will be reshaped thanks to a wide array of digitally-enabled solutions that seek to integrate in how cities work.

It is not a future issue, indeed. Smart cities comprise different types of projects, strategies and visions, and most of them tend to set their promises in yet to come technologies and deployments, particularly those related to large investments and physical infrastructure upgrading.



This is just one part of the equation: smart cities as a promising mean for advanced public services and urban management to ease integration, efficient use of public budgets and better decisions for policy makers. But smart cities are mostly about how urban life everyday experience changes for individuals, communities and organisations. In this sense, smart cities can be thought in present tense, as a transformation that is already happening.

Urban media (from mobile technologies to Internet of things) determine the way we enjoy cities, the way we move around and the way we engage with others to share our lives. It happened as a silent revolution and societies have embodied new ways to design public services, to create digitally-enabled solutions for local needs, to build new platforms for social collaboration. This entails a smarter society exploring new forms of social interaction, engagement and ownership in its dawn, but already happening.

This is a short article Universitat Oberta de Catalunya asked me some weeks ago. It has been posted  on their blog Open Thoughts 2013 and especifically in their series Ready for a smarter world? 

lunes, 5 de mayo de 2014

Discursos emergentes para un nuevo urbanismo (Papers 57)

El año pasado Xavi Boneta, de la Diputación de Barcelona, lanzó a una serie de personas y colectivos una invitación sugerente: participar en el nuevo número de la Revista Papers (editada por el Instituto de Estudios Regionales y Metropolitanos de Barcelona) que estaba coordinando. El objetivo era reunir diferentes aportaciones con una  mirada crítica sobre cómo se vienen pensando y planificando tanto las ciudades como el territorio y sugerir nuevas vías de exploración teórica y práctica para entender los nuevos fenómenos urbanos y la agenda urbana.

A medio camino entre la reflexión académica y la orientación de las políticas públicas, el número 57 ha sido finalmente publicado bajo el título Discursos emergentes para un nuevo urbanismo e incluye los siguientes artículos:

DISCURSOS EMERGENTES PARA UN NUEVO URBANISMO
Xavier Boneta
CIUDAD GLOBAL ‘VERSUS’ CIUDAD LOCAL
José Fariña
LA ENSEÑANZA DEL URBANISMO COMO PROCESO GENERADOR DE CAMBIO
Xavier Matilla
SOBRE EL OFICIO DEL URBANISTA: OLVIDOS, EXPLOTACIÓN Y PRECARIEDAD
José María Echarte
OTRO URBANISMO ES POSIBLE. LA NUEVA  PRAXIS URBANA ANTE EL CAMBIO DE ÉPOCA
Guillermo Acero Caballero, Jon Aguirre Such, Jorge Arévalo Martín, Pilar Díaz Rodríguez, Iñaki Romero Fernández de Larrea
APUNTES PARA UNA REVISIÓN DEL PLANEAMIENTO URBANÍSTICO
Gemma Fernàndez
ENTRE LA EXCEPCIONALIDAD Y LA INFORMALIDAD: APUNTES PARA UN URBANISMO POSBURBUJA
Marc Martí-Costa, Alfons Recio, Miquel Pybus, Albert Arias, Pere Suau
LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA EN EL URBANISMO: POTENCIALES Y LÍMITES
Jordi Bonet
LA DESILUSIÓN DE LAS ‘SMART CITIES’. ESTÁ SUCEDIENDO, PERO NO EN LA FORMA EN LA QUE NOS LO HAN CONTADO
Manu Fernàndez
NUEVOS (Y VIEJOS) RETOS EN LA MOVILIDAD URBANA
Maties Serracant, Pau Avellaneda
DEL URBANISMO AL EQUILIBRIO GLOBAL
Marc Montlleó
NUEVOS RETOS ECONÓMICOS Y FINANCIEROS PARA LA PLANIFICACIÓN URBANÍSTICA
Miquel Morell

La propia introducción de Xavi es muy precisa sobre el por qué de este número, el enfoque y la selección de autores y refleja perfectamente cómo hemos abordado la elaboración y desde qué punto de partida.
A mí me tocó preparar un texto sobre las smart cities y, en general, el papel de la tecnología en la ciudad y su impacto en las políticas urbanas. En su momento, supuso toda una invitación a revisar escritos y lecturas de estos años y proponer un texto consolidado y mucho más acabado que los posts del blog. Un esfuerzo que me llevó a preparar un texto varias veces más extenso que la extensión prevista para el artículo. Así que el texto finalmente publicado es sólo una versión reducida de un trabajo que ha ido tomando dimensiones desde septiembre del año pasado y que supuso también el impulso definitivo para empezar a trabajar en la tesis doctoral. En cualquier caso, el texto publicado es suficientemente sólido y lo iré compartiendo estos días por aquí (además, obviamente de poder leerlo completo en la propia revista). Titulado La desilusión de las smart cities. Está sucediendo, pero no en la forma en la que nos lo han contado, el ensayo es una síntesis de los conceptos subyacentes en el discurso más estándar de las smart cities (mitos) que creo que son fundamentales para entender qué significado tienen las ciudades inteligentes para la vida urbana, así como una propuesta muy somera sobre cómo construir un discurso menos decepcionante sobre la promesa de las tecnologías urbanas.

Puedes descargar el documento completo aquí, publicado en catalán y castellano.

jueves, 31 de octubre de 2013

Smart cities of the future? It is already happening, but not in the way we are being told

Back in 2008, when the smart city movement was taking its first steps, Robert G. Hollands asked for ‘the real smart city to stand up’ . Since then, there has been an intense and ongoing debate around this subject, as well as a number of projects selfproclaiming their ‘smartness’. Great steps have been taken in some leading cities to explore how we turn digital innovation into public service improvements. But we still face the same question: how do we get citizens involved as active agents of this digital urban revolution?

Let us first consider how cities are described in presentations and commercial brochures. Often, the same common perspective is used— the view from above. When an urban system is viewed in this way, only infrastructures and urban form are visible — these renders do not depict people (and the complexity of social interactions) — smart cities, therefore, become a matter of managing infrastructures, designing cities from scratch and building an illusory feeling that everything can be under control. A city seems to be just a layout of streets, whilst what happens there remains hidden. This focus is sensible, useful and feasible, but only for certain urban issues concerning infrastructure and utility. In a networked society, citizens demand to play a more active and meaningful role.

Scale and perspective determine what you see and how you see it. From the street level, the intersection of urban life and technology raises issues, fields of knowledge, possibilities and consequences. All of this seems to be irrelevant in the smart city visions dominating the current landscape. They are unable to address meaning in terms of citizenship, politics, conflict, public space, etc, — permanent elements of collective life that remain beyond technological sophistication. Pursuing a future of cities based on the aspiration to predict a whole city will, at some point, need to confront the unexpected — the thing that makes life amazing and is part of the real cities we are living in today.


The best thing about digital technologies and their intersection with urban life is that great movements are already happening and there is no need to wait for others (companies or governments) to build new solutions. It is hard to see them from those top-down visions, as they evolve on a distributed basis. It is hard to see them because they are emerging thanks largely to the gathering of activists, technologists and people concerned with the problems of daily life; sometimes out of the spotlight of the current spectacularisation of smart cities. It is happening in places like Medialab Prado in Madrid, a collective innovation laboratory. It takes the form of people coding for social good in platforms such as Code for America, hackathons and other kind of collective action processes that are boosted by digital technologies. It emerges in collaborative processes between local government departments and citizens to improve public services to deliver beta version innovation.

The smart city becomes real when people can deal with open technologies to build their own public infrastructure for environmental monitoring or share a community network of wireless connections. The smart city promises make sense only when citizens become makers and crowdsource manufacturing for the needs of their neighbourhood. Hundreds of cities are making public data open; making it possible for developers, civic hackers and activists to reuse it and thus, broaden public information with new transparency tools. The smart city becomes an arena for smart citizens when we understand the ways people are engaging using available, locally provided, digital tools. Smart cities are what happens in the intersection of urbanism and art exploration through digital media facades and other kind of critical thinking interventions in public space in which citizens engage, build, organise, create and share a common platform— our cities.

All these examples illustrate what the renders can not: a growing number of people working in real places, with real problems, to build real solutions, with the technologies we have in our hands. The transformative power of this opportunity is still in its infancy. The way we engage citizens in the development of smart cities starts by acknowledging what is already going on. There is too much focus on yet-to-come promises based on infrastructures and solutions, oriented to solve only government efficiency needs.

However, the rules have changed in the digital era: thanks to open technologies, people can make real things together. But to do so in our cities, community engagement and strong physical connections are still relevant and the mix of digital knowledge and activism is needed more than ever, as is evidenced in the aforementioned examples. The good thing is that this is already happening, just not in the way mainstream visions predict.

This essay is part of Smart citizens, a book published by Future Everything and edited by Drew Hemment and Anthony Townsend.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...