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jueves, 11 de junio de 2009

¿Están en Asia Central las Dubai de los próximos años?

Quien tenga algo de ganas, un poco de curiosidad y una pizca de tiempo, le animo a leer un libro, El segundo mundo. Imperios e influencia en el nuevo orden mundial. Algunos lo han querido comparar con obras clásicas de los estudios históricos, esas esfuerzos enciclopédicos que ya nadie lee y que cada vez se citan menos. Supongo que será una comparación exagerada, porque los estudios de Spengler o Toynbee -que no, no he leido por supuesto- tienen una magnitud más erudita y omnicomprensiva. Pero tiene mérito el esfuerzo que ha hecho su autor, Parag Khanna, al recorrer por sí mismo todo el mundo buscando datos y experiencias con los que alimentar su investigación. Por supuesto, superficial, porque no puede ser de otra forma un libro que repasa el devenir histórico y la realidad política actual de todos los rincones del globo, exceptuando África, por cierto, lo cual refuerza quizá definitivamente la idea de que el continente negro ha quedado ya fuera de cualquier lógica geopolítica que no pase por su total papel subordinado, a excepción quizá del Mediterráneo y de África del Sur.

Y es que el libro es una actualización del término "segundo mundo", concepto utilizado hace años para designar a las economías socialistas, y que hoy Khanna propone destinar a los países situados en la órbita de influencia de las tres grandes potencias (Estado Unidos, China y unión Europea). La tesis principal del libro es que dónde acabe situándose la influencia de estas tres zonas geopolíticas en cada uno de los países que conforman ese segundo mundo será definitorio para establecer una próxima supremacía mundial de una nueva potencia. Venezuela, México, Colombia, Kazajstan, Uzbekistan, Georgia, Indonesia, Vietnam, Mongolia, Turkmenistan, Tailandia, Malasia, Egipto,....¿de qué lado de la balanza caerán definitivamente en esta etapa de reconfiguración imperial?

Total, leer el libro me ha servido, además de para refrescar referencias geográficas, recordar y volver a olvidar episodios históricos y algunos recientes (por ejemplo, ¿qué pasó realmente en todas aquellas "revoluciones" naranjas, azules y rojas en Georgia, Bielorrusia y demás?) y entender, sobre todo, la enorme presencia de China en todo el mundo a través de inversiones silenciosas en algunos casos y sonoras en otros. Y, de paso, me ha servido para bajar de escala, hasta las ciudades, y sorprenderme en especial de la emergencia urbana del Asia Central, con ciudades desconocidas en general y otras de carácter emergente como Astana o Baku.



Mi hipótesis es que están allí las ciudades que en los próximos años vivirán un intenso desarrollo y será además completamente desequilibrado socialmente. Ninguna de ellas es una de las ciudades que se convertirán en mega ciudades por población. Esas quedan para el tercer mundo directamente, y ese galopante proceso de urbanización apenas se verá compensado por desarrollo económico. En cambio, en el entorno del Asia Central se sitúan ciudades que, por la posición geoestratégica de sus países principalmente en cuanto a disponibilidad de petróleo y gas, están viviendo o vivirán procesos espectaculares de acumulación de capital. Y ello bajo regímenes claramente dictatoriales, nepotistas y alucinados (el caso de Turkmenistan es un buen ejemplo). Ciudades que posiblemente seguirán la senda ya conocida de Dubai en algunos casos. Dubai, una ciudad que en 1990 apenas disponía de red de alcantarillado y hoy es una realidad urbana difícil de entender con las lógicas y las escalas tradicionales.

Son ciudades que navegan entre el nepotismo y la burocracia soviética, con un urbanismo funcionalista deudor del triunfalismo y optimismo comunista, que se constituyen como cabeceras de sus desestructurados países para centralizar desde ellas un poderío económico basado en la extracción y venta al mejor postor de sus recursos naturales sin mantener reglas democráticas y transparentes. Ciudades que empiezan a hacer uso de ese nuevo producto globalizado, el arquitecto estrella, para manifestar su grandeza (inevitable recordar el libro La arquitectura del poder). Ciudades que en pocos años serán nuevos centros de ostentación y lujo rodeado de penuria social y esclavitud del siglo XXI.

Así que he recopilado algunas fotos (no pretenden ser más que ilustrativas) para ordenar aunque sea visualmente el catálogo de ciudades que podrían llegar a convertirse en las próximas Dubai:
  • Astana, en Kazajstan
  • Almaty, también en Kazajstan
  • Taskent, en Uzbekistan
  • Biskek, en Kirgistan
  • Dusanbé, en Tayikistan
  • Asjabad, en Turkmenistan
  • Baku, en Azerbayan
He incluido también tres ciudades más que pertenecen geográficamente a esta misma zona, aunque diferentes circunstancias hacen casi imposible imaginarse que puedan tener un futuro mucho más diferente que el que tienen hoy:
  • Kabul, en Afganistan
  • Herat, en Afganistan, conocida además por ser una ciudad sometida a la narcotectura.
  • Islamabad, en Pakistan
Y, de paso, tenemos a Armenia y Georgia, que no siempre entran en las clasificaciones de Asia Central:
  • Erevan, en Armenia
  • Tblisi, en Georgia
Gracias a Ethel, La Ciudad Viva, Citilab y Carlos Cesar Álvarez por ayudarme a encontrar fotos.

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miércoles, 7 de enero de 2009

Hipótesis improvisada, imposible y puramente retórica: reducir competencias locales de urbanismo

Por casualidad, uno se encuentra en la Wikipedia con este mapa de 2004 de los municipios españoles y se pregunta: ¿no serán demasiados? Exactamente, 8.112 a principios de 2008.

¿Se podría hacer un balance de los aspectos positivos y negativos de la descentralización local? Una pregunta retórica, porque creo que es imposible. Demasiados estómagos agradecidos viviendo del cuento del poder local, el provincial, el autonómico, el nacional, el comunitario,...demasiada gente interesada en tener cuantas más ventanillas mejor, para que haya muchos despachos y sillones, y para que se pueda chupar del bote.

En los positivos, el discurso es conocido y casi un lugar común: repolitización local, cercanía de las instituciones a la ciudadanía, eficacia en la provisión de servicios públicos, etc, ya los conocemos y me los creo la mayoría de ellos. Pero viendo este tupido mapa de límites, fronteras, parcelas y divisiones administrativas y competenciales, me vienen a la cabeza, por ejemplo, demasiados condanos, marcas y ducados urbanísticos, un modelo de gestión territorial basado en prioridades locales sin una visión de conjunto del territorio.

¿Es imaginable la eliminación de las competencias urbanísticas a nivel local? ¿O seguiremos dejando la gestión del territorio, las decisiones sobre las necesidades de vivienda y su localización, la instalación de polígonos industriales y empresariales,....en las manos de instituciones debilitadas y sin capacidad de enfrentarse a los lobbys del hormigón, a las corrupciones de los constructores y a las tendencias económicas?

lunes, 7 de abril de 2008

Urbanismo, problemas de gobernabilidad

El fenómeno de la corrupción y las relaciones clientelares entre los actores económicos del desarrollo urbano y las instituciones públicas locales. Aunque sea de forma breve, en el presente artículo quiero abordar esta situación desde la perspectiva de la gobernabilidad en tres aspectos.

LAS CONDICIONES SOCIALES Y CULTURALES PARA UNA BUENA
GOBERNANZA

Podríamos entender, por un lado, que el fenómeno de la corrupción se aprovecha de los resortes sociales que promocionan y dignifican actitudes de ostentación, de gusto por determinada concepción de la modernidad basada en las infraestructuras y los mega-proyectos, de falta de consideración a los valores ambientales y de promoción social de determinado tipo de inversores y empresarios. En muchos casos, la corrupción urbanística es un delito socialmente consentido, por lo que es necesaria una sociedad fuerte, con una cultura del territorio a largo plazo, una sociedad capaz de reprobar colectivamente las formas de degradación urbana y los procesos más oscuros de intervención urbanística.

LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA EN EL PROCESO DE DECISIONES PÚBLICAS

Otra vertiente de análisis sería la falta de transparencia, información y participación social en las decisiones del proceso urbanístico, entendiendo que un mayor control y una mejor integración de todos los intereses en juego en el desarrollo municipal pueden asegurar mejor no sólo la legalidad del proceso sino también la adecuación de los resultados al interés general. En este ámbito sí tenemos ejemplos de legislaciones que han querido avanzar en este aspecto como vía de profundización democrática y de establecimiento de mecanismos de control de la corrupción. Así, la legislación más innovadora en el tiempo en esta materia fue la catalana, que en 2002 abrió la posibilidad a que cualquier municipio creara un Consejo Asesor Urbanístico y apruebe un Programa de Participación Ciudadana. Planteamientos similares ha incorporado la ley vasca de 2006. Por su parte, la recientemente aprobada legislación estatal, destaca, en cambio, la significación que se le da a la ciudadanía como sujeto de derechos y obligaciones en materia de urbanismo, ofreciendo así un estatuto subjetivo al interés general en el proceso urbanístico. En este caso, la legislación estatal apuesta por reforzar el derecho de información, al incidir en las diferentes vías de puesta a disposición de los ciudadanos de la información relacionada con los procedimientos urbanísticos, una condición necesaria para poder ejercer de manera efectiva el derecho de participación.El tiempo dirá si estos mecanismos son suficientes, si bien los procesos de participación necesitan de ciertas condiciones sociales, nuevamente (por ejemplo, una mayor cultura de participación) para que puedan desarrollarse con cierto éxito.

LA ACTUACIÓN INDIVIDUAL (Y EL MARCO INSTITUCIONAL EN EL QUE SE DESARROLLA ESTA ACTUACIÓN) DE LOS RESPONSABLES PÚBLICOS DE NIVEL TÉCNICO Y POLÍTICO

En tercer lugar, otro aspecto de la gobernabilidad de las políticas urbanísticas tiene que ver con los propios resortes institucionales de control de la actuación de las instituciones. Aquí, en el ámbito municipal, la figura clave es la de los/as interventores/as municipales, que son los funcionarios públicos encargados de velar por el correcto uso de los fondos públicos (función de control y fiscalización interna de la gestión económico-administrativa y presupuestaria). Sin entrar en muchos detalles, sería conveniente reforzar, por ejemplo, la figura del interventor municipal, independiente del propio Ayuntamiento, de los cargos políticos municipales a los que debe controlar. La falta de precisión en su encaje institucional con el resto de organismos encargados del control de los presupuestos públicos (por ejemplo, los tribunales de cuentas) y la falta de reconocimiento por parte de la sociedad de su función, son obstáculos que una vez salvados podrían reforzar la actividad de la intervención municipal. Tenemos, por tanto, una materia que puede parecer fácil de corregir con medidas legislativas, pero que, tiene mucho más que ver con la independencia de los funcionarios públicos, con la concepción de los cargos políticos, con el concepto social de ilegalidad, etc., elementos que tampoco pueden resolverse únicamente a base de legislación.

En definitiva, tres elementos sobre los que consideramos necesario actuar para asegurar una mejor gestión del territorio en clave de gobernabilidad, sin olvidar que, en los tres casos, se requiere un cambio más profundo que el que pueden ofrecer nuevos marcos legislativos. Avanzar hacia un Contrato Social por el Territorio, que aúne estos elementos -y otros- con compromisos a corto y largo plazo por parte de los agentes implicados podría ser un buen vehículo.

Artículo publicado anteriormente en el blog Naider.
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