Mostrando entradas con la etiqueta connected objects. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta connected objects. Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de diciembre de 2015

El frigorífico quiere hablar contigo

Hace poco descubrí este vídeo, The internet of things is going to take over your home. Es una parodia del internet de las cosas, un poco en la línea de El internet de las cosas inútiles. Extremo, sí, pero ¿quién sabe?



La película Her se tomaba más en serio los brechas en la comunicación/incomunicación en esta nueva etapa tecnológica, pero Vint Cerf ya se permitía algunas bromas cercanas a la queja sobre los frigoríficos parlantes. En esta carrera por conectar todo porque, al fin y al cabo, se puede y es deseable, acabaremos por acostumbrarnos a tener relaciones absurdas con objetos que aspiran a convencernos de su inteligencia, abandonaremos hábitos tradicionales por otros más convenientes y más/menos humanizadores y en cada minúscula transacción quedará el rastro en forma de datos que alguien se encargará de darle valor transformado en dinero, poder, control, etc.

Scott Bedford/Shutterstock

lunes, 14 de septiembre de 2015

El internet de las cosas inútiles

El mito de la deseabilidad intrínseca se manifiesta principalmente en el internet de las cosas, ese escenario en el que las cosas hablarán entre ellas, también a veces con nosotros, y facilitarán nuestras vidas a través de automatismos para las rutinas, los pequeños actos de conveniencia y las tareas más cotidianas. La casa conectada, la calle conectada, la farola conectada, el reloj conectado, la almohada conectada, el bebé conectado, la sartén conectada, el coche conectado,....

Vía Buttered Side Up
Allison Arieff publicaba hace unos días un artículo, The Internet of Way Too Many Things, alertando sobre la necesidad de preguntarnos cuánto es suficiente, qué objetos de ese internet de las cosas realmente necesitamos conectar, qué pretenden sustituir y a qué precio. Quién lo pagará y quién extraerá el valor de objetos que, vía la magia de la conectividad que incorporan, multiplican su precio frente a opciones analógicas. Entre otras cosas, señala:
The move toward the Smart City — programs ranging from 311 to Comstat and sensor-enabled trash collection — is very much about using data to improve efficiency, reduce costs and make better use of resources. This has not carried over to the realm of the Smart Home; instead, the tendency has been to throw excess technological capability at every possible gadget without giving any thought to whether it’s really necessary.

El artículo me lleva a recordar el proyecto The Internet of Useless Things, que suelo utilizar en mis charlas. Se trata de una especulación sobre la inutilidad de la carrera por dotar de conectividad y capacidad sensible a cualquier objeto o servicio. Dispositivos instalados en una ventana para darte una lectura del nivel de luz exterior (¿no teníamos ojos para esos y no inventamos hace siglos las ventanas para hacerlo por nosotros mismos?), dispositivos para gamificar (esa cosa tan horrible) las visitas al baño, la cuchara conectada para ayudarte a adelgazar (este es muy bueno) o, el que más me gusta, un anillo conectado a tu flujo sanguíneo para avisar a familiares y amigos cuando te mueras.


Tanto el artículo como el proyecto nos indican cómo la carrera por la conectividad y la ubicuidad nos pueden llevar a la estupidez y la inutilidad de rodearnos de objetos deshumanizadores pero bendecidos por la pátina de sofisticación y modernidad. Que se pueda conectar no quiere decir necesariamente que sea deseable.

Bonus tracks:
  • IoT design manifesto 1.0 
  • En un nivel más humorístico pero también especulativo, el cineasta Jacques Tati en películas como Mon oncle (Mi tío), de 1958, ya ofreció su parodia del modernismo (de la casa mecánica, por ejemplo) y, en general, de las formas de automatización de actos y objetos cotidianos que ahora estamos viviendo.

miércoles, 27 de mayo de 2015

La ciudad mecánica (y su código oculto)

Uno de los aspectos que más se destacan de los sistemas inteligentes es su capacidad de actuar de manera automática a partir de modelizaciones, simulaciones y algoritmos. La inteligencia ambiental nos propone automatismos en los dispositivos que intermedian nuestra experiencia en la ciudad. La ciudad será así capaz de personalizarse en tiempo real, de maximizar la eficiencia en el funcionamiento de los servicios públicos y desencadenar pequeñas adaptaciones en función de las circunstancias del entorno. Las infraestructuras y los servicios de la ciudad se abren a un horizonte en el que serán capaces de anticipar sus especificaciones, sus funcionalidades y sus estándares de prestación de servicio a situaciones modelizadas previamente. La ciudad te escucha.

How Might Streetlights become Smart Lights? 
Pensemos en un ejemplo relativamente inocuo: los sistemas de iluminación inteligente. La lógica funcional de estos sistemas reside en que son capaces de encender o apagar el alumbrado público punto a punto en función de si en la calle hay unas necesidades concretas de iluminación. Estas pasarían por la detección a través de sensores de presencia, bien de personas andando por la calle a la noche, bien de automóviles en el viario. Su racionalidad, por otro lado, estriba en la capacidad de dotar de eficiencia operativa a este sistema, al optimizar el consumo energético y al reducir en consecuencia las emisiones derivadas de la producción de la energía consumida. Hasta aquí, el escenario se presenta intuitivamente neutro.

Sin embargo, la lógica completa del sistema esconde una normatividad que escapa de lo puramente técnico: para operar, este sistema necesita definir una serie de escenarios reales con x resoluciones pre-fijadas paraque actúe y se adapte a ellos. Así, necesita establecer qué se considera presencia, qué actividades permite iluminar, bajo qué régimen horario actúa, etc. ¿Es suficiente una persona? ¿Qué tipos de personas? ¿Necesitará moverse esta persona? ¿Qué pasa si la persona se queda quieta durante un tiempo? ¿A qué velocidad? ¿Reconocerá a una persona andando despacio? ¿Y si la persona no quiere ser iluminada? ¿Reconocerá cualquier tipo de vehículo? ¿Y si pasa un gato? ¿Y si es un grupo de personas haciendo botellón? ¿Durante cuánto tiempo permanecerá iluminada? ¿Cuántas se iluminarán a la vez? Respondamos a estas preguntas con situaciones concretas y veremos que las respuestas no son tan sencillas o, mejor, las respuestas tendrán como consecuencia normalizar unos usos del espacio público frente a otros. Sumemos a estas escenas tecnologías complementarias como la detección facial, la integración con sistemas de alerta policial, su vinculación a la posesión de una tarjeta de identificación como ciudadano, etc., y las condiciones bajo las que opera un sencillo sensor instalado a tres metros del suelo en una farola abre importantes incógnitas sobre los límites de lo posible en la ciudad. Esas incógnitas forman parte del código de diseño de estos objetos, un código no técnico.

Instalación Too smart city para la exhibición Toward the sentient city  
En efecto, la simulación del comportamiento esperado de la implícitamente deriva en un juicio normativo sobre lo que es esperable, lo que el sistema de simulación considera como normal. En la medida en que los sistemas inteligentes se constituyen como sensibles, es decir, capaces de reaccionar de manera automática ante situaciones concretas, se convierten también en dispositivos de control y de normalización de la vida en la ciudad. A través de la simulación los sistemas aprenden a reproducir comportamientos automáticos que inscriben una separación entre lo normal y lo anormal. Definen con ello patrones de lo que la ciudad permite o lo que la ciudad determina como situaciones y comportamientos susceptibles de protección y aquellos sujetos a control, limitación o represión. Pasemos de la iluminación inteligente a otros equipos de funcionamiento automático (puertas que se abren según determinados parámetros, tarjetas que te dan acceso a determinados servicios, sistemas de videovigilancia, dispositivos que captan tus datos,...) y usos modelizados (drones para la seguridad pública, vehículos sin conductor, sensores de acceso, etc.) y las incertidumbres éticas se multiplican.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...