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jueves, 22 de octubre de 2009

El cine como marketing territorial. New York, I love you

Ya lo he confesado alguna vez. El cine me aburre. El plan de ir al cine, quiero decir, me aburre. La mayoría de las películas de los circuitos comerciales me parecen aburridas y al de diez minutos ya estoy distraído, necesito hacer otra cosa -lo cual es imposible en un cine- y he encontrado los personajes absurdos e irreales. Y claro, no me gusta el cine lo suficiente como para buscarme opciones en círculos menos comerciales. Así que sirva como otra confesión: sé muy poco de cine, así que no tengo criterio.

El caso es que la semana pasada fui al cine. Engañado además, porque pensaba que el plan incluía ver El secreto de sus ojos, que por lo visto merece la pena sí o sí, pero resultó que finalmente estuve condenado a estar sentado, en modo actividad única, viendo New York, I love you. Y como a todo hay que sacarle partido, pues al menos que valga para un post.

El cine, como el resto de industrias de la cultura de masas proveniente de Estados Unidos, conforma un poderoso aglutinador de ideas que moldean nuestra visión de las cosas. También en los temas urbanos. Pensemos, como ejemplo fácil, en cómo el cine (junto a las series de televisión), han extendido y uniformado la visión sobre el sueño americano del adosado, de forma que incluso El Cairo se suburbaniza hacia el desierto. El cine ha sido una de las grandes estrategias de difusión de la cultura americana, pero supongo que otros muchos ejemplos podrán a poner los expertos, aunque pienso en otros casos de utilización consciente del poder del cine en la época del III Reich (Leni Reifenstahl), en la de los bolcheviques y "El acorazado Potemkin" o, más de andar por casa, la película "Raza".

Así que supongo que esa misma fuerza para modelar opiniones, para conformar un ideario colectivo, para promover la "versión oficial" o la alternativa y para imprimir a fuego valores intangibles supongo que son las razones por las que se ha empezado a utilizar de forma consciente el cine como herramienta de marketing territorial y urbano. Digo "consciente" porque, por ejemplo, no estoy del todo seguro que Alfred Hitchcock en Vertigo tuviera claro que estaba haciendo un enorme favor a la ciudad de San Francisco al situar en el imaginario colectivo mundial escenas memorables del Golden Gate, de Presidio, de las secuoyas, de la torre Coit o de las cuestas en Nob Hill (creo).



La película New York, I love you, por lo visto, pretende continuar el camino que los productores iniciaron con Paris, je t'aime, ya que ambas siguen un mismo esquema. Utilizar la ciudad como una plataforma en la que suceden diferentes escenas que tratan de mostrar (algunos) valores presentes en la ciudad. L verdad es que París y New York no son precisamente ciudades que necesiten una película dedicada explícitamente a extender sus ventajas, porque son cientos las películas que lo han hecho y han tenido a ambas ciudades como telón de fondo en el que se han desarrollado muchas de las mejores historias del cine. Eso es lo que ha hecho, en parte, que estas ciudades quieran ser visitadas y vividas por tantas personas en el mundo, porque el cine nos ha ayudado a conformarnos de ellas una visión de lo que son. Por eso no entiendo muy bien que esta película sea necesaria, si es que realmente hay detrás un interés por hacer de ella una herramienta de marketing territorial de la ciudad de New York. Pero bueno, quizá nunca viene mal un poco de propaganda. Que el nombre suene, aunque no haga falta.

Más allá de esto, la película no es nada del otro mundo. Yo, desde que leí los cuentos de Julio Cortazar, espero que los relatos cortos (como es la película, un mosaico colectivo), impacten y tengan originalidad. Que sustituyan extensión por intensidad. Pero la mayoría de las escenas apenas tienen un punto así. claro que, como decía, no sé mucho de cine. Y, por otro lado, esperaba que si New York es la gran estrella del film, al menos apareciera con intensidad como escenario, como protagonista principal.

Total, que el cine es un gran vehículo para contar historias, eso ya lo sabemos. Y las ciudades quieren contar cosas, a veces no saben si contar historias propias o historias ajenas, pero necesitan contar. Pienso en Bienvenidos al norte, una película que el año pasado se estrenó y que dibujaba una visión alternativa a la tradicional sobre el norte francés fronterizo con Bélgica. No tengo datos tampoco en este caso para saber si había una decisión expresa de invertir en una película que contara con optimismo la realidad de este territorio y que buscara cambiar las ideas preconcebidas sobre él. Pero, en cualquier caso, seguro que ha ayudado a abrir algunas mentes.

Y claro, por no mezclar Marketing urbano y Barcelona, porque entonces aparece el nombre de Woody Allen y la película Vicky, Cristina, Barcelona, y entonces volvemos a discutir de lo de siempre. Y a lo mejor no es plan ¿O sí?

Dos notas al márgen:
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lunes, 22 de junio de 2009

Conferencia. Las ciudades y los eventos globales

Uxio Malvido, comentarista de este blog y autor a su vez del blog Diversidad corporativa, se ha acordado de algún debate que hemos tenido por aquí y me ha enviado esta información que adjunto. Se trata de una conferencia que tendrá lugar en Madrid mañana 23 de junio, organizada por Unidad Editorial con el título de Las ciudades y los eventos globales.

Los grandes eventos, el clavo ardiendo al que agarrarse para poner el pie en la modernidad urbana, para ser una pieza o nodo de los flujos globalizados. Competiciones deportivas, celebraciones culturales, exposiciones,....un reducido catálogo de aspiraciones para ser de clase mundial. En algunos casos, justificarán intervenciones urbanísticas complejas que requieren de una excusa que suene menos crematística; en otros casos, pondrán los focos durante unas semanas en la ciudad, los mismos focos que se irán a iluminar el siguiente evento global. Es el marketing urbano a golpe de evento, con sus exageraciones y su doble moral. Sin caer en la tentación de rechazarlos per se, lo que hace falta es ampliar el catálogo de opciones. Más o menos 15 ciudades españolas (aún no está claro quién está y quién no está en la carrera) compiten por ser la sede de la Capital Europea de la Cultura 2016. ¿Tan faltos de ideas estamos? ¿No llevamos un tiempo hablando de la larga cola? ¿Por qué no la aplicamos a la gestión estratégica de las ciudades y dejamos los grandes eventos y sus fastos aparcados e inventamos desde dentro de la ciudad?

En la jornada intervendrán, entre otros, Ignacio Niño, coordinador de estrategia y acción internacional de Madrid Global, y Greg Clark, habitual de estos temas, para posicionar la importancia de los eventos globales en el desarrollo estratégico urbano. Será interesante ver cómo Madrid, tan volcada como está con los Juegos Olímpicos, enfoca esta cuestión.
Y después, un buen listado de responsables técnicos y políticos de diversas ciudades e iniciativas urbanas dirigidas al posicionamiento urbano a través de grandes eventos, una buena batería de experiencias.

Como otras veces, se aceptan manos y cabezas ajenas que puedan/quieran contar algo del acto ya que yo no podré estar.

P.D. Recordad, para los que estáis en Sevilla, que este lunes organizamos una jornada que os puede interesar. Yo no estaré, pero nos encontraremos en otra ocasión.

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viernes, 5 de junio de 2009

¿Un ejemplo extremo de marketing urbano?

La idea me la da una compañera, Alessandra Abbruzzese, que sabe mucho de las hazañas de la clase política italiana. No, no se trata de las polémicas fotos, me refiero a la tendencia de las élites políticas italianas a la innovación institucional en la peor versión posible. De todas formas, tomemos el post a modo de broma respecto a este país que sufre a sus políticos, y vayamos más allá.

En realidad, la noticia no es reciente. Año 2000, el fin del milenio, el efecto 2000, el fin de la historia. El alcalde de Brindisi, Giovanni Antonino, quiere situar a su ciudad en el centro de la Historia, ser protagonista y posicionarse como ciudad global, el centro de todas las miradas. Pura estrategia de marketing urbano al más puro estilo convencional, pensaríamos. Ya sabemos que hay marketing urbano con cierta coherencia, y marketing urbano al estilo spam, copia y pega. El marketing basado en eventos tiene estos riesgos, pero cuando el evento es la llegada de los extraterrestres, estamos hablando de cosas mayores.

Y es que la junta municipal de Brindisi aprobó:
"di lanciare un invito nello spazio, nelle forme possibili, acché una delegazione di extraterrestri, ove esistano, vengano a Brindisi alle ore 24.00 del 31 dicembre 1999 e di dare mandato al sindaco di attivare le associazioni ufologiche al fine di rendere concreta l'iniziativa".
La noticia no lo recoge, pero la historia incluye toda una parafernalia dirigida a atraer la atención del mundo en ese día, ser la capital global por un día. Para ello, todo un evento en el que invitarían a cenar a un extraterrestre a su "ciudad multiétnica" en nochevieja, instalando una carpa en la plaza, y sentando a la mesa a varios científicos de la NASA y de la agencia espacial rusa. Brindisi, centro de la galaxia, no tendrá Juegos Olímpicos, no tendrá Exposición Universal, pero tendrá su acontecimiento con el que hacer que toda la Galaxia hable de la ciudad.

Por supuesto, escribo esto con ironía; posiblemente, los políticos de Brindisi no habían oido hablar del marketing urbano y tampoco tenían ningún objetivo de dinamizar la vida de la ciudad ni ganar en atractividad. No había mayor discurso ni objetivo más allá de su nepotismo y su incompetencia. Simplemente, su altura de miras era tan infinita que llegaba hasta el espacio exterior. Pura locura, en realidad. O La cena de los idiotas. Y es que algunos afirman que han visto OVNIs en Brindisi:




Estoy exagerando, sí.
Pero podemos tomarlo como ejemplo de otros eventos que las autoridades públicas a veces ofrecen como excusa para posicionar la marca de la ciudad y que dejan esa sensación de evento extraterrestre, ajeno a la realidad, a la tradición, a los valores y a la idiosincrasia de la ciudad. Podemos tomarlo como aviso de que no todo vale, que construir y modificar la auto-percepción y la proyección exterior ha de acerse asentando valores y capacidades propias ya existentes en la ciudad, presentes en la vida social y en la dinámica del tejido social urbano. Desde luego, estoy convencido de que en Brindisi tienen muchas mejores cosas que ofrecer que una cena de navidad a formas de vida extraterrestre.

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Foto de Brindisi vía fe_pop en flickr.

miércoles, 3 de junio de 2009

China: desenfreno urbano, falta de libertades

China no es un ejemplo de democracia, sin duda. Pero es el gran imperio emergente. En El segundo mundo, por ejemplo, queda bien retratada su posición geoestratégica y cómo está atrayendo a países muy diversos (desde los países del África Central hasta América Latina, pasando por países geográficamente más cercanos como Tailandia, Mongolia, Vietnam, etc.). Y como imperio emergente, le permitimos todas las licencias necesarias para que no nos cierre las puertas del mayor mercado mundial de potenciales consumidores, potenciales proveedores y potenciales clientes.

Escribo tras leer este post en el que se sugiere con cierta razón si no estaremos banalizando la situación real de China al aceptar sin discusión ofrecer escaparates como los Juegos Olímpicos o la Expo Shangai 2010 a este país:
The Expo’s authoritarian setting alone raises a host of unsettling issues given the apparent theme of more humane living. You’d think the cruelty with which the Chinese authorities demolished Beijing neighborhoods, and then crushed the resultant dissent, might have led major international organizations like UN Habitat or the Bureau of International Exhibitions to be vocal about avoiding a repeat in connection with the Expo. I haven’t heard either say a thing about the 18,000 Shanghainese who were reportedly evicted from the eventual Expo site. Aren’t housing rights part of making cities better?
Como en el caso de Dubai, el crecimiento de la ciudad de Shanghai es posible gracias a la utilización del esclavismo, sin sofisticación alguna además, esclavismo feudal. El mismo esclavismo de trabajadores chinos, por cierto, que permitió la construcción de la Union Pacific Rail Road en su momento.

La China híbrida de libertades controladas y capitalismo descontrolado apuesta también por agarrarse al marketing urbano, a construir una nueva identidad urbana global para sus ciudades a golpe de evento.

Termino con una sugerencia. McKinsey tiene un trabajo muy interesante, China urbanization: preparing for urban billion, que mediante gráficos que reflejan evoluaciones temporales del aumento de la población urbana y el suelo ocupado, utilizando diferentes hipótesis de escenarios, da una buena idea de las dimensiones de esta nueva revolución china, con efectos trascendentales en la economía mundial.

Y Ethel Baraona, una vez más, atenta a abrir más horizontes, me recuerda el enorme trabajo de análisis sobre la explosción urbana en China que se puede encontrar en BURB, proyecto colaborativo promovido por la Dynamic City Foundation y que ha generado el libro The chinese dream. A society under construction.

Por cierto, se cumplen estos días 20 años de Tiananmen...


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Fotos de Shanghai prestadas por mi compañero Joaquín Caracuel.

jueves, 14 de mayo de 2009

Marketing urbano a golpe de evento

Tenemos ahora mismo en los medios dos carreras en las que compiten diferentes ciudades, una a nivel europeo y otra a nivel mundial. Por un lado, está en el aire la decisión sobre la Capital Europea de la Cultura 2016, batalla en la que están implicadas multitud de ciudades en toda Europea, incluyendo nada más y nada menos que 18 ciudades españolas . Estas ciudades, junto al resto de ciudades candidatas al resto de años y junto a las ciudades polacas competidoras por la capitalidad en 2016, forman una asociación de cooperadores en su Asociación de Ciudades Candidatas a la Capitalidad Europea de la Cultura.

En España están en liza las siguientes:
  1. Segovia 2016
  2. Cáceres 2016
  3. Córdoba 2016
  4. Alcalá de Henares 2016
  5. Cuenca 2016
  6. Málaga 2016
  7. Santander 2016
  8. Tarragona 2016
  9. Zaragoza 2016
  10. Pamplona 2016
  11. Burgos 2016
  12. Donostia-San Sebastián 2016
Y aún tengo dudas de si Murcia, Asturias (candidatura conjunta de Avilés, Gijón y Oviedo) y Palma de Mallorca se presentarán finalmente, uniéndose recientemente también Valencia y Tenerife. Una batalla concurrida, desde luego, buscando todas conseguir lo que actualmente disfrutan Vilna y Linz (2009) y disfrutarán próximamente Essen, Estambul y Pecs (2010), Tallín y Turku (2011), Guimaraes y Maribor (2012) yMarsella y Kosice (2013).

Por otro lado, tenemos la carrera por conseguir la sede de los Juegos Olímpicos de 2016, en la que está involucrada Madrid junto a Chicago, Rio de Janeiro y Tokio. Pero previamente fueron descartadas otras candidaturas repartidas por todo el mundo, como Bakú, Praga o Doha, y antes no pasaron el corte tampoco o no llegaron a presentar candidatura formal Baltimore-Washington DC, Bangkok, Dubai, Hamburgo, Milán, Monterrey, Nairobi, entre otras ciudades. Ciudades repartidas por todo el planeta, deseosas de ser el centro de atención, de conseguir su verano de gloria.












La candidatura de Madrid, dicen, es excelente y cuenta con importantes puntos de ventaja frente a otros rivales; sé lo que me cuentan, y luego sospecho que esto de los Juegos Olímpicos, que al fin y al cabo es una actividad privada organizada por una organización privada, tiene otras reglas no escritas que hacen decantar la decisión final por vías menos técnicas y más prácticas (digamos que este párrafo es completamente eufemístico). En los días en los que el comité de evaluación pasaba unas divertidas vacaciones con todos los gastos pagados (aunque nunca llegaron a conocer determinadas cosas) se lanzaba una página, basada en meipi, Madrid 2016, olimpiadas ¿para quién?, que dice de sí misma:
De nuevo un gran proyecto para la ciudad pero no para sus ciudadanos: un nuevo y carísimo decorado para ocultar las verdaderas necesidades de los ciudadanos madrileños. Si quieres denunciar con imágenes (fotos o video) el abandono de los equipamientos de barrio, la falta de participación de los vecinos en las decisiones, el creciente desequilibrio entre distritos, la privatización de los servicios públicos, etc... ¡ Que el sueño olímpico sea realmente progreso para tod@s !
El caso es que cuando comentamos el libro de Toni Puig, Marca ciudad, pasamos por encima de algunos conceptos que tienen sentido ahora. En efecto, el marketing urbano cuenta con los eventos como objeto de deseo; inicialmente fueron los Juegos Olímpicos los que sirvieron a los estrategas de la identidad urbana para descubrir cómo situar los focos mediáticos encima de una ciudad, y a partir de ahí se ha ido tirando del hilo hasta descubrir las Exposiciones Universales, Internacionales, Mundiales, europeas y alguna más, las Capitalidades de la Cultura, del Deporte, de la Música, los Años Internacionales de lo que sea, Copas Américas, Mundiales, Europeos, las grandes reuniones internacionales, grandes premios de Fórmula 1, etc... todo un catálogo de opciones a las que cualquier político quiere acogerse con tal de demostrar que tiene una visión, una idea, un plan para la ciudad. Es lo que siempre les falta, lo que se echa de menos y es tan escaso. Líderes grises que tapan muchas veces su falta de una idea de verdad, una idea movilizadora que genere ilusión entre la ciudadanía, con promesas de atracción de grandes eventos. Hoy nos preocupamos de atraer talento, infraestructuras,....grandes eventos que sublimen las ansias de ambición con antorchas olímpicas, fuegos artificiales, multitudes aplaudiendo inauguraciones. Posiblemente estoy siendo demasiado cínico, lo sé.

El caso es que evidentemente, estas cosas funcionan, no lo neguemos. Quiero decir, funcionan...cuando funcionan bien. Sin querer volver a abrir polémica con el caso de siempre, a Barcelona le vinieron bien sus juegos olímpicos, funcionaron razonablemente bien para impulsar la ciudad, crear un sentido de pertenencia movilizador, organizar la transformación física de la ciudad. Con sus oportunidades perdidas, con las lecturas críticas a toro pasado, con lo que queramos, pero le fue bien. No pasó lo mismo con Atenas y sus juegos olímpicos, por ejemplo. Porque otras veces, cada vez más debido a la sobre-utilización de este tipo de estrategias, todo queda en un bluff, un enorme dispendio económico en obras y en publicidad y un recuerdo borroso en la mente de la memoria colectiva del tipo "me suena que alguna vez allí organizaron algo" en el mejor de los casos.

Estos eventos funcionan, además, para ciertas cosas. El mismo Toni Puig explicaba muy claramente su enfrentamiento con el Ayuntamiento de Barcelona a cuenta del famosos Forum de las Culturas de 2004. lo mismo podemos decir de la Expo de Zaragoza 2008 que ha funcionado muy bien para urbanizar una parte de la ciudad pero es más dudoso el saldo económico y de imagen exterior de la ciudad. A Valencia también le ha funcionado, posiblemente sólo para transmitir al mundo una sensación de algo, aún no sé qué (¿lujo, sol, mar,...?, me pierdo un poco en estas cosas). Para otras cosas, en cambio, su utilidad es mínima. Puig hablaba en su libro del marketing implicativo, que es el concepto más atractivo para mí, o la única evolución posible del marketing urbano que puede tener capacidad de transformación social. Eso suele faltar a menudo.

Y faltan también otras propuestas para generar desarrollo local, sin atajos. En ¿Necesitamos ciudades creativas? comentábamos el caso de Hay-on-Wye, que ha conseguido encontrar su hueco en el mundo. Un hueco construido poco a poco, con algo de pensamiento lateral o al menos inesperado, ajeno a las competiciones y batallas por atraer macro-eventos.

Nota. En Roses tendrá lugar el 19 y el 20 de junio el congreso Marca Ciutat y en Málaga se ha celebrado recientemente el Foro Internacional de Comercio Urbano. Ambos sobrevuelan el tema de este post.

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miércoles, 13 de mayo de 2009

Ciudad tomada

Escribe Andrés un comentario off-topic en el post de ayer con un tema clásico en este blog, sin duda el que más pasiones despierta: Barcelona, su famosos "modelo Barcelona", su identidad construida a base de estrategia de marketing global y reforma urbana, lo que se ha ganado y lo que se ha perdido por el camino, etc. Un tema en el que suele participar Marc con su visión más optimista o más posibilista, y últimamente ha habido cruce de conversaciones también en el blog de Federico. Recomendaba Andrés leer el artículo de opinión de Enric González hoy en la edición catalana de El País, La fiesta fingida, del que entresaco frases para ilustrar, pero que recomiendo leer entero:
Si vienen tantos visitantes y Barcelona está tan de moda, será que Barcelona es una ciudad magnífica, ¿no? Pues según. Las Vegas siempre ha tenido muchos visitantes y siempre ha estado de moda, pero no conozco a nadie que quiera vivir allí. Barcelona se ha convertido en un gran destino turístico, y eso comporta sus problemas.Somos un destino barato y liberal.

Da igual: el caso es que somos un destino barato y liberal, y eso ya tiene mal arreglo.

Barcelona siempre ha sido más bien canalla, reconozcámoslo. El tema no es de ahora. La ciudad de los setenta, que tanto se añora por su tolerancia, no era esencialmente distinta a la de hoy. Ahora se superponen, sin embargo, nuevos fenómenos: los sentimientos de modernidad aséptica y de "patrimonio" urbano estimulados entre la élite (recuerden que en Barcelona manda una pequeña élite hereditaria) por el fenómeno de la transformación olímpica; la duda identitaria y la pasividad comunes a cualquier catalán contemporáneo; el turismo de bajo coste (antes limitado a la Sexta Flota), y la desaparición de alternativas económicas

Es una ciudad que a la fuerza se agarra al turismo, y a la continua rutina de fiesta fingida que ello implica.No sé si somos conscientes de nuestra decadencia. Probablemente sí, y el conformismo general certifica el fenómeno. No sé si somos conscientes de que tras el escaparate no hay nada.
El artículo alude a la Barcelona canalla, de la que Andrés decía en su comentario:
Me encanta esa revindicación de la Barcelona "canalla" que hace (su verdadera virtud, y que nadie reivindica -por suerte, mejor que siga así clandestina-) y que me recuerda a esa tan lúcida de Maruja Torres que decía que esta ciudad, por mucho que la vistan de diseño, "se le sale el carácter destartalado mediterráneo por todas las costuras".
Creo que tiene que ver con algo que alguna vez hemos discutido aquí, el tema de la identidad urbana, que en estos tiempos creemos que se crea, se destruye, se amolda, se moderniza, se gestiona, se vende, se compra,...puede ser. Quizá somos tan sofisticados que podemos hacerlo, y quizá hasta lo sepamos hacer, no lo sé. El caso es que el artículo sugiere que, más allá de las políticas de marketing urbano, más allá de la capacidad que tenemos de reinventar con altas dosis de artificialidad nuestras ciudades para hacerlas competidoras de un mercado global, más allá de todo ello, sobreviven siempre en las fronteras de esa nueva ciudad inventada los rescoldos de la ciudad antigua, la ciudad que era, la forma previa de la vida urbana que la modernidad niega. Una forma urbana que, mediante resistencias no reivindicativas, simplemente siguiendo la vida misma de las gentes, permanece, arrinconada cada vez más. Como el cuento de Cortazar, Casa tomada, los espacios van haciéndose más pequeños por la invasión de los intrusos, y los "hermanos" del cuento (los habitantes de esa ciudad que ya no es) van dejándose arrinconar hasta que, sin lucha, pierden todo el espacio.

Pequeños espacios de resistencia sin ruido, grandes momentos de reivindicación ruidosa, simplemente la normalidad de hacer la misma vida más allá de la nueva ciudad,...hasta que ya no sea posible mantener ningún espacio de la Barcelona canalla, del Bilbao tropical, del Madrid castizo, del Londres obrero, del Getxo pesquero, de la Atenas pirata...para bien o para mal, cosas de la modernidad. Modernidad nada líquida: aplastante.

También te puede interesar: Foto 1 vía chris-tophe en Deviantart.
foto 2 vía Fran G. Rojas en PBase.

lunes, 20 de abril de 2009

Lean city para la gestión pública local

Hace unos días juntaba algunas palabras sobre el concepto de marca ciudad. Planteaba algunas dudas, algunos descubrimientos y algunos de vosotros también insistiais en que merece la pena escuchar a Toni Puig. De esto me tomo nota, y de lo primero sigo investigando. En este caso, con el libro Cómo gestionar las ciudades en el siglo XXI. Del city marketing al urban management, de Gildo Seisdedos. El libro incluye un sub-subtítulo que precisa bastante, en mi opinión, su alcance: Manual de primeros auxilios para ciudades. Y es que su estructura esconde un contenido sencillo, que busca una visión suficientemente amplia de los retos urbanos en estos tiempos, a través de un juego conceptual y de palabras en el cual las principales competencias eminentemente urbanas quedan recogidas en un esquema fácil de recordar (por eso lo acertado de llamarle “manual de primeros auxilios”):

La ciudad como QUÍMICA incluye los temas ambientales y de metabolismo urbano en torno a la gestión del agua (basándose en Pedro Arrojo y los trabajos de la Fundación Nueva Cultura del Agua, tan cercana a mí en otra época), la cuestión energética, la gestión de la limpieza y los residuos sólidos urbanos o la calidad del aire. Un rápido panorama sobre la realidad del bajísimo rendimiento de los sistemas de distribución del abastecimiento urbano de agua o sobre el papel de los municipios en la lucha contra el cambio climático.

La ciudad como MECÁNICA, la ciudad que se mueve, internamente y hacia afuera, que se mueve físicamente y digitalmente; y, también, que aspira a la movilidad cultural –acceso a la cultura- y a la movilidad social, esto último, destacable por cuanto es un tema (la meritocracia y la movilidad en la escala social) a veces olvidado en la gestión urbana y, sobre todo, que tiene mucha fuerza simbólica situarlo conceptualmente en este grupo de la mecánica urbana.

La ciudad como ELECTRICIDAD, como Jane Jacobs , la chispa urbana, la ciudad del conocimiento, la smart city, etc., la ciudad como lugar donde pasan cosas, donde pasan las cosas. Este último es, en realidad, el capítulo que más ideas novedosas tiene para mí. Los anteriores, al fin y al cabo, se introducen en políticas sectoriales con muy poco nivel de profundidad (de nuevo, el manual de primeros auxilios como visión general de los retos urbanos actuales), aunque sí con un carácter muy didáctico y sencillo. En cambio, en esta última parte es donde el autor explica lo que llama las políticas de la nueva gestión urbana:
  • Cómo el city marketing no siempre se ha entendido en toda su profundidad y muchas veces no deja de ser una simple brandificación o asignación de un logo o marca sin que detrás exista una estrategia y un modelo de gestión urbana claro.
  • También incluye unas valoraciones optimistas sobre las potencialidades de las colaboraciones público-privadas para la gestión pública local.
  • Y, a raíz de este último punto, y pensando en las formas de provisión de servicios públicos, explica el concepto más interesante: lean city.
Este término me parece una aportación interesante y un enfoque complementario al debate más general sobre la superación de los males del modelo burocrático. Básicamente, introducir una perspectiva de just in time o, mejor, de lean service, servicios públicos en este caso y, además, desde poderes locales. Introducir la perspectiva de cliente o usuario y buscar la eliminación de los residuos innecesarios que produce la prestación burocrática de servicios. Estos desperdicios serían:
  1. Sobreproducción de servicios públicos: servicios inútiles, estudios o proyectos no ejecutados pero encargados quién sabe por qué, oficinas redundantes o sin un cometido claro,…
  2. Tiempos de espera: año 2009, ¿es razonable hacer cola, cualquier tipo de cola en cualquier servicio público? Bueno, quizás es exagerado, pero hay cosas que son absolutamente evitables; colas en registros civiles, en oficinas de expedición del DNI,…o las colas de inmigración, colas y condiciones que ningún gobierno sería capaz de soportar si los “esperantes” fueran nacionales.
  3. Servicios defectuosos: situaciones del tipo “vuelva usted mañana que hoy no está esta persona”, “hemos perdido sus papeles”, “¿podría volver a traernos esa fotocopia?”,…
  4. Inventarios superfluos: erróneo dimensionamiento de las necesidades de recursos para un servicio, de forma que hay recursos ociosos (compra de materiales exagerada) o falta de recursos (llamadas en espera por falta de personal de atención telefónica, correos electrónicos de contacto con la Administración nunca respondidos, por ejemplo).
  5. Movimientos innecesarios de los empleados públicos: por una inadecuada organización de la información, de forma que se ven obligados a trasladarse a otras dependencias para encontrar información, por ejemplo.
  6. Procesos inadecuados o innecesarios: tanto que mejorar en este aspecto por falta de racionalización de los procesos administrativos; trámites de inscripción, solicitud, autorización, aprobación, lectura, informes preceptivos, informes vinculantes, informes, etc.
  7. Transportes innecesarios: esos expedientes que físicamente pasan de un departamento a otro para darles un sello, por ejemplo
Seguro que este listado se puede revisar; podemos entrar en la casuística de la realidad del funcionariado, anecdotarios de la Administración Pública, otras propuestas de reorganización de los servicios públicos, etc. Una ciudad al servicio de la ciudadanía y en conversación permanente.

martes, 24 de marzo de 2009

Marca ciudad, ese oscuro objeto de deseo

Reconozco, como otras veces, que tengo prejuicios de partida cuando oigo hablar de city marketing, de marketing territorial, de marca ciudad; en parte, porque no entiendo dónde está la ciencia ahí, cuál es el saber y el conocimiento que lo hace insondable para mí. Y, en parte, porque no sé qué es lo que está en venta y por qué habría de venderse una ciudad. Ni quién es su comprador, o si una ciudad puede estar en oferta, o haber un dos por uno. Sí, entiendo la parte de signar unos atributos a un objeto para que esos atributos -tangible o intangibles- puedan ser valorados por el público y un porcentaje de ese público pueda estar dispuestos a comprarlo. Dispuesto a comprar una ciudad si hay alguien dispuesto a vender una ciudad. Las cosas de la postmodernidad y de la visibilidad 2.0.

Esos son mis prejuicios, repito. Así que me propuse leer un libro, Marca ciudad, publicado por Paidós y escrito por Toni Puig, una persona que parece ser referencia en estos temas. Parece ser, digo, porque desconozco si lo es, prueba una vez más de que sé muy poco de esto. Así que, como no sé, he leído un poco y cuento lo que he encontrado, por si tiene sentido contarlo a mi modo.

He entendido que en el citymarketing puede haber tres aproximaciones complementarias y graduales en su desarrollo, y que normalmente se centra en el marketing de competencia en el mercado global de ciudades, que es posiblemente lo que más reparos me provoca. Principalmente, porque es un mercado muy restringido y elitista. Pero parece que el marketing de ciudad puede enfocarse también en términos de rediseño primero (saber en qué quiere transformarse la ciudad) y, sobre todo, en términos de implicación (el marketing implicativo), en el que la ciudadanía comparte y toma parte de esa transformación. Bien, bonito pero complicado.

He entendido que el citymarketing puede tener una visión puramente liberal, o bien perseguir objetivos más públicos vinculados al bienestar y a generar relación (marketing relacional). Bien como modelo teórico.

He entendido que las oportunidades que las ciudades tienen que aprovechar para reinventarse y hacer marketing de sí mismas con ello pasan por estrategias que, per sé, pueden dar resultados positivos o negativos, pero que no aseguran nada. Juegos Olímpicos, Exposiciones Universales, Forums, Capitalidades culturales, eventos políticos,...pueden ser experiencias positivas o negativas de transformación urbana. Es un listado que el autor completa con otras actuaciones que para mí tienen más calado; menos de evento y más de proceso. Incuso el efecto Guggenheim -ya lo hemos contado en alguna otra ocasión- es un proceso en el que el Museo fue posiblemente la excusa, pero existen otras oportunidades que me interesan más y a las que el autor dedica poco tiempo; por ejemplo, las estrategias basadas en la economía del conocimiento posiblemente sean menos mediáticas (y posiblemente necesiten un señuelo muy visible), pero me parecen de mucha mayor capacidad de tracción y de generar implicación social.

Hay partes del libro que he entendido bien, y otras que me han resultado demasiado imprecisas; quizá sea por el estilo literario, supongo que pretendidamente rítmico, con frase muy cortas, a modo de sentencias, con ideas que quieren sonar fuertes pero que acaban por aparecer muy difuminadas en mi opinión. Es un libro que, a ratos, suena a revancha, a saldar cuentas pendientes de la experiencia personal del autor en el Ayuntamiento de Barcelona. Esas cosas me resultan siempre difíciles de leer, como si no estuviera escrito para mí y leyera algo que no me corresponde. Pero aparte de esto, lo más interesante es precisamente la relectura que el autor hace de su trayectoria en estas décadas en las que Barcelona es, sin duda, un caso de éxito de reinvención urbana y, el mismo autor reconoce, de agotamiento del modelo y de necesidad de reinvención. Sobre esta historia concreta es donde sí cobra sentido la necesidad del rediseño urbano, ahí se justifica quizá atender a criterios de marketing urbano para generar adhesión sobre un proyecto compartido de vida en común en la ciudad. Y eso es un proceso constante y no una explosión a partir de un acontecimiento, evento o edificio emblemático (léase el excelente La arquitectura, ¿una especialidad del marketing?).

La propia experiencia del autor le sirve para contar de forma rápida pero atractiva su relación con ciertas ciudades y la admiración por los líderes políticos que han revolucionado algunas ciudades: Berlín convertida en centro cultural de Europa, la apuesta por la economía urbana en Curitiba bajo el liderazgo de Jaime Lerner, el Londres de Ken Livingston, el Porto Alegre del sueño de los presupuestos participativos y la visión democratizadora de Tarso Genro, la apuesta de Medellín por ser la ciudad que merece ser a pesar de todo o el ejemplo de Tirana y cómo con poco se puede hacer mucho para revitalizar una ciudad y el espíritu de orgullo de sus habitantes a través de intervenciones urbanísticas sin arquitectos estrella.

En unos días procuraré escribir desde un prisma compeltamente diferente, y es que ahora estoy devorando el libro Urbanalización; es un libro que va más allá de las estrategias de marketing territorial, pero que al mismo tiempo las revisa desde una visión muy crítica y desesperanzada, y se centra también en el caso de Barcelona. La máquina de producción de paisajes urbanos nos ha dejado ciudades iguales, productos de consumo indiferenciados. ¿La cara y la cruz de las estrategias de marketing de ciudad?


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jueves, 19 de marzo de 2009

Serendipia urbana #4: Callao, Madrid

Una serendipia es un descubrimiento científico afortunado e inesperado que se ha realizado accidentalmente.Se puede denominar así también a la casualidad, coincidencia o accidente.

La navegación hipertextual en Internet ha puesto de relieve la importancia de este "método científico" en la sociedad actual y sucede que, a veces, en las ciudades te topas con serendipias afortunadas. Encuentros fortuitos y casuales, no previstos y, de algún modo, ajenos al orden lógico de las cosas. La navegación sin rumbo -el paseo de toda la vida, vamos- ofrece también encuentros inesperados y sorprendentes sin más valor que el mero hecho de toparse con ellos.

El fin de semana pasado en Madrid, en una Gran Vía abarrotada de gente (y de carteles publicitarios en las fachadas, sobre lo que sería urgente hacer algo, por cierto), encuentras un remolino humano alrededor de una marquesina de autobús. ¿Alguien se ha caido y le están atendiendo? ¿O será que el autobús ahora es un medio de transporte masivo y favorito de la población? ¿Una manifestación? ¿Reparto gratuito de cualquier cosa?

Nos acercamos un poco y vemos a un tipo envolviendo en plástico a una chica pegada a la parte exterior de la marquesina, donde destaca el anuncio de una conocida marca de ropa. Primera intuición: un acto reivindicativo con toques de expresión artística y de intervención urbana dirigida a causar sorpresa y después reflexión en torno al modelo consumista imperante en nuestra sociedad y blah, blah, blah.


Pero, pensándolo un poco más, llega la segunda intuición: un acto genial de marketing de la propia empresa de ropa, que utilizando técnicas de guerrilla se está quedando con todos nosotros, consiguiendo que estemos expuestos durante varios largos minutos -algo impensable en la publicidad tradicional- al anuncio de la marquesina.


En realidad, preguntando después al chico, nos enteramos que la primera intuición era la correcta, pero es una nueva señal del signo de los tiempos, de esta postmodernidad líquida, viscosa y mórbida en la que vivimos, y que hace que ya sea difícil comprender las manifestaciones críticas y haga difícil diferenciarlas de las meras técnicas publicitarias. Una nueva razón para pensar que ese sistema que, mediante los patrones de consumo y de belleza, nos esclaviza como sociedad y como personas, es el mismo sistema que puede aparecer delante de nosotros como crítico de sí mismo, volviéndonos locos y acríticos.

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viernes, 5 de septiembre de 2008

Marca ciudad o la ciudad como producto de consumo

La ciudad como espectáculo, la ciudad como teatro, la ciudad como escaparate, la ciudad como marca y producto de consumo. Saffron Consultants ha publicado recientemente un informe titulado "The City Brand Barometer" en el que se analizan las potencialidades de 72 ciudades de categoría mundial desde una perspectiva de imagen y marca de ciudad. Londres y París resultan las ciudades mejor situadas en un ranking que compara el valor de la imagen de marca de la ciudad con el valor percibido de sus activos potenciales.

De la comparación de ambos elementos se pueden extraer conclusiones sobre las ciudades con mayor potencial (por ejemplo, aquellas que, teniendo activos importantes aún necesita escalar en el ranking de marca, como sucede en el caso de varias ciduades de Europa del Este).

En palabras del responsable del estudio:

Jeremy Hildreth, Saffron’s head of place branding, told City Mayors that the main purpose of the study was to identify the ‘undervalued stocks’ amongst European cities. “Interestingly, although we have a tendency to think of a city’s star as permanently fixed, in reality the fortunes of places rise and fall over time. Our perceptions shift, too, but they are imperfectly correlated with reality. We continue to think well of a place even if it no longer deserves it. It seems we’ll forgive a place anything provided it’s sexy and going there gives us something to talk about when we get home. A city’s brand is an overall image and set of associations that resides in people’s heads and branding means the deliberate actions taken to alter or improve an image. It entails a place gathering its leaders together and deciding what assets it has to work with and what weaknesses it needs to correct,” Hildreth explained.

Las tablas resumen de los resultados del trabajo:

La metodología me resulta un tanto confusa (aquí para consultar el informe), aunque tampoco tengo muchos detalles sobre ella, pero aún me surgen más dudas con los pre-supuestos en los que se basa un estudio de este tipo. La teoría de los atraibutos del producto aplicada a una ciudad.....la construcción colectiva de un imaginario urbano y la diferente percepción entre sus vecinos y sus visitantes, no sé. Y, sobre todo, que cerca tenemos ciudades que han apostado por entrar en el mercado de las ciudades "de clase mundial" y la experiencia tiene claroscuros: pérdida de intimidad, identidad y singularidad.
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