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miércoles, 13 de mayo de 2009

Ciudad tomada

Escribe Andrés un comentario off-topic en el post de ayer con un tema clásico en este blog, sin duda el que más pasiones despierta: Barcelona, su famosos "modelo Barcelona", su identidad construida a base de estrategia de marketing global y reforma urbana, lo que se ha ganado y lo que se ha perdido por el camino, etc. Un tema en el que suele participar Marc con su visión más optimista o más posibilista, y últimamente ha habido cruce de conversaciones también en el blog de Federico. Recomendaba Andrés leer el artículo de opinión de Enric González hoy en la edición catalana de El País, La fiesta fingida, del que entresaco frases para ilustrar, pero que recomiendo leer entero:
Si vienen tantos visitantes y Barcelona está tan de moda, será que Barcelona es una ciudad magnífica, ¿no? Pues según. Las Vegas siempre ha tenido muchos visitantes y siempre ha estado de moda, pero no conozco a nadie que quiera vivir allí. Barcelona se ha convertido en un gran destino turístico, y eso comporta sus problemas.Somos un destino barato y liberal.

Da igual: el caso es que somos un destino barato y liberal, y eso ya tiene mal arreglo.

Barcelona siempre ha sido más bien canalla, reconozcámoslo. El tema no es de ahora. La ciudad de los setenta, que tanto se añora por su tolerancia, no era esencialmente distinta a la de hoy. Ahora se superponen, sin embargo, nuevos fenómenos: los sentimientos de modernidad aséptica y de "patrimonio" urbano estimulados entre la élite (recuerden que en Barcelona manda una pequeña élite hereditaria) por el fenómeno de la transformación olímpica; la duda identitaria y la pasividad comunes a cualquier catalán contemporáneo; el turismo de bajo coste (antes limitado a la Sexta Flota), y la desaparición de alternativas económicas

Es una ciudad que a la fuerza se agarra al turismo, y a la continua rutina de fiesta fingida que ello implica.No sé si somos conscientes de nuestra decadencia. Probablemente sí, y el conformismo general certifica el fenómeno. No sé si somos conscientes de que tras el escaparate no hay nada.
El artículo alude a la Barcelona canalla, de la que Andrés decía en su comentario:
Me encanta esa revindicación de la Barcelona "canalla" que hace (su verdadera virtud, y que nadie reivindica -por suerte, mejor que siga así clandestina-) y que me recuerda a esa tan lúcida de Maruja Torres que decía que esta ciudad, por mucho que la vistan de diseño, "se le sale el carácter destartalado mediterráneo por todas las costuras".
Creo que tiene que ver con algo que alguna vez hemos discutido aquí, el tema de la identidad urbana, que en estos tiempos creemos que se crea, se destruye, se amolda, se moderniza, se gestiona, se vende, se compra,...puede ser. Quizá somos tan sofisticados que podemos hacerlo, y quizá hasta lo sepamos hacer, no lo sé. El caso es que el artículo sugiere que, más allá de las políticas de marketing urbano, más allá de la capacidad que tenemos de reinventar con altas dosis de artificialidad nuestras ciudades para hacerlas competidoras de un mercado global, más allá de todo ello, sobreviven siempre en las fronteras de esa nueva ciudad inventada los rescoldos de la ciudad antigua, la ciudad que era, la forma previa de la vida urbana que la modernidad niega. Una forma urbana que, mediante resistencias no reivindicativas, simplemente siguiendo la vida misma de las gentes, permanece, arrinconada cada vez más. Como el cuento de Cortazar, Casa tomada, los espacios van haciéndose más pequeños por la invasión de los intrusos, y los "hermanos" del cuento (los habitantes de esa ciudad que ya no es) van dejándose arrinconar hasta que, sin lucha, pierden todo el espacio.

Pequeños espacios de resistencia sin ruido, grandes momentos de reivindicación ruidosa, simplemente la normalidad de hacer la misma vida más allá de la nueva ciudad,...hasta que ya no sea posible mantener ningún espacio de la Barcelona canalla, del Bilbao tropical, del Madrid castizo, del Londres obrero, del Getxo pesquero, de la Atenas pirata...para bien o para mal, cosas de la modernidad. Modernidad nada líquida: aplastante.

También te puede interesar: Foto 1 vía chris-tophe en Deviantart.
foto 2 vía Fran G. Rojas en PBase.

martes, 7 de abril de 2009

Barcelona: historias de amor y odio

Hemos dedicado tiempo en este blog a Barcelona; con tendencia al pesimismo, o al menos con tendencia a poner en el espejo las visiones más críticas. El libro Odio Barcelona ha ocupado parte de los debates, y también La ciudad mentirosa. Fraude y miseria del "Modelo Barcelona". También es cierto que últimamente han aparecido visiones más optimistas, aunque no exentas de capacidad crítica -y mucha- como en el caso de Toni Puig y su Marca ciudad.

Hoy aprovecho para destacar, vía recomendación de Marc, un artículo reciente publicado en El Periódico titulado Estimo Barcelona, escrito por Francesc Reguant, ex-concejal del ayuntamiento, en el que se exponen ideas más optimistas, una especie de recuperación de la memoria histórica ahora que la visión más crítica parece ganar terreno:

Hemos ganado una ciudad en la que nos gusta vivir, pero, a su vez, una ciudad que encanta a los que no viven en ella. Ello conlleva algunos peajes que forman parte del mismo paquete de bienestar. Pretender separarlos es absurdo e imposible. Esta atracción barcelonesa ha sido y es el principal motor de desarrollo de la Catalunya actual, tengámoslo presente. Hoy, Barcelona es nuestra marca más reconocida en el mundo, símbolo de calidad, imaginación y color. Efectivamente, hacer Barcelona es hacer Catalunya. Barcelona es la capital y la proa de un país. Anteponer desarrollo local o territorial y capitalidad es hablar de un falso dilema que solo puede empobrecer. Ante los Juegos Olímpicos, por ejemplo, se oyeron voces disidentes temerosas de una desnaturalización de la riqueza local. Los hechos hablaron con claridad negando el peligro. Desde nacionalismos mal entendidos se ha frenado, a veces, el potencial metropolitano. Por el contrario, la armonización de ambos conceptos es vital para multiplicar energías.

Por cierto. Esto es el prólogo para estos próximos días que pasaré en Barcelona.

También te puede interesar: Foto vía Paco CT.

martes, 11 de noviembre de 2008

Comentarios al libro "Odio Barcelona"


Con este post prometo terminar ya con mi particular empeño en hablar de Barcelona, algunos casi dirán que es una cruzada personal por la orientación crítica de los posts. Ya he comentado alguna otra vez que no me siento capaz de hablar con conocimiento de causa; soy un visitante ocasional de la ciudad y no me da derecho a sentir como propias las críticas ni las alabanzas a la situación actual de Barcelona. Y además, resulta que la mayoría de los visitantes y vecinos más asiduos de este blog sois barceloneses y empiezo a pensar que en algún momento vais a revolveros en mi contra simplemente por pesado. Pero como mero observador que soy, me sorprende muchísimo el estado de sospecha en el que parece sumergida la ciudad en los últimos tiempos, con tantas críticas desde diferentes puntos de vista.


En todos estos posts hemos ido identificando entre unos y otros diferentes propuestas alternativas al discurso oficialista o al menos iniciativas que lo ponen en cuestión o que buscan más allá de la artificialidad del logo institucional:


El libro me ha divertido muchísmo, he de decir lo primero de todo; algunos de los capítulos son francamente divertidos, por lo experimental de su técnica literaria (genial el relato Barcelona Arcade, de Robert Juan-Cantavella, mostrando una ciudad convertida en videojuego) o por la caústica presetnación de tipos humanos (Formulario de entrada, de Óscar Gual, imaginando las preguntas de un cuestionario de acceso a la ciudad para cualquier aspirante a barcelonés). También hay mucha mala leche y mucha irconía ácida en El odio por venir (Carol París), con frases y términos antológicos que pierden algo de gracia fuera de contexto pero que a lo largo del relato dan forma auna visión cerrada y artifical de la ciudad. También el experimento de Agustín Fernández Mallo (Viaje experiencia ODIO BARCELONA) es un interesante ejercicio en el que aparecen las razones de ese odio a Bacelona. Ríos perdidos, de Javier Calvo es, en cambio, un relato denso y de raices antropológicas sobre el origen histórico de la ciudad que da un sentido revolucionario a la necesidad de acabar con los Magos Negros que se han adueñado de la ciudad.
El resto de capítulos también tienen interés y completan el libro con visiones desde el punto de vista de la cultura y la identidad digitales (Odio, de Eloy Fernandez Puerta) o el cruce de disiplinas culturales, destacando en mi opinión la intensidad de la crítica de Matías Néspolo en Sobre la reducción urbana a un simple logo o cómo se puede llegar a odiar una letra, del que destaco algunas frases:
  • Las ciudades nunca son un lugar vacío. Su nombre está poblado de sentido.

  • El nombre de una ciudad está condenado irremediablemente a la obesidad semántica.

  • No hay nada más hostil que habitar una ciudad ajena.

  • "Modelo Barcelona" ese dejar atrás la memoria de su legado fascista.

  • Toda esa mitología del Barrio Chino hace décadas que no existe y lo que vemos no es más que un parque temático.

  • Yo lo único que veo son nutridos grupos de inglesas o alemanas con una polla en la cabeza que vienen a celebrar la despedida de soltera de la eterna casadera, alborotados contingentes de jovencitos recién salidos del instituto en viaje de fin de curso aplatanados rebaños de jubilados holandeses con grandes sombreros de marichai en la cabeza.

  • Esta lógica cultural del capitalismo tardío a la que Barcelona responde a pies juntillas como la capital posmoderna por antonomasia.

  • En la sociedad del espectáculo global Barcelona deviene ciudad simulacro.

  • ¿Qué otra cosa es un logo sino una suerte de anorexia semántica?

Y rescato las frase e ideas de otros capítulos:
  • La ciudad corporativo-institucional es un acto de magia negra.

  • Cuando los hombres y mujeres que caminen por las calles de la ciudad ya no tengan ningún vínculo sagrado con el suelo y las piedras y los hueosos, entonces Barcelona habrá muerto del todo.

  • Los fines verdaderos de una ciudad. El culto. El trabajo. El foro.

  • La tematización de Barcelona: la Barcelona modernista, el Barrio Gótico, la Barcelona olímpica, la Recuperación del Litoral, el Fórum de las culturas, el Distrito 22@,...van expulsando a la población nativa para entregarle el territorio a los zombis turísticos y a los sirvientes del capital.

  • La ciudad como consecuencia de un uso exagerado del copy&paste.

  • En serio, ven a BARCELONA ARCADE, vas a ver qué bien, aquí todos somos diseñadores y los domingos por la mañana cantamos canciones de Manu Chao.

  • De noche, esta ciudad se convierte en la Estocolmo del sur de Europa. O, en palabras más directas, en un auténtico coñazo.

  • Barcelona es la única ciudad en la que, incluso para odiarla, te piden el pedigrí.

  • Ese parque temático que llamamos centro.

  • Desde aquí reto a los teóricos a que vengan a La Pau a decir que vivimos en una sociedad postindustrial.

  • Hay ciertos sectores en lso que el mejor modus vivendi tolerado es el de la bohemia sin talento, el del ocio con ínfulas, el de la vidorra sin medios.

  • Barcelona parece estar invadida por las hordas de la mugre.

  • Odio Barcelona poque hay mucho diseño y poca vida.

  • Odio Barcelona porque los que van en bici se creen superiores.

  • Odio Barcelona porque sí.

  • Odio Barcelona porque cada día parece tan agobiante como la plaza mayor de un pueblo o el día de la fiesta mayor. Nos obligan a vivir como turistas.

  • Odio Barcelona porque es un parquete temático de vomitonas de niños Erasmus.

  • Odio Barcelona porque no me dejan poner macetas con flores en mis ventanas pero dejan poner banderas.

  • Odio Barcelona porque todo está legislado.

Y dejo en enlace a dos vídeos (uno y dos).
En fin, siento sacar frases y descontextualizarlas. Simplemente, me he divertido mucho con el libro, hacía tiempo que no me encontraba con un texto desinhibido, ágil, diverso en sus formas y ácido en su fondo. Esos "Odio Barcelona" son un experimento de Fernandez Mallo: fue por calles y bareas con su máquina de escribir ofreciendo a la gente que redactar sus propias razones para odiar la ciudad, casi como una forma muy 1.0 de construcción colaborativa de un texto, y me entran tentaciones de animaros a escribir vuestras propias razones para odiar Barcelona, o al menos algunas de las cosas que podías odiar de la ciudad.

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lunes, 27 de octubre de 2008

El libro "Odio Barcelona"


En su momento, me comprometí a revisar y referenciar algo más de información sobre el libro "Odio Barcelona", que Andrés Martínez mencionó en uno de sus comentarios. Así que escribo una breve nota de lo que he encontrado (por cierto, siento cargar las tintas tanto con Barcelona; en mi descargo, diré que yo estoy ordenando algunas notas para poner "a caldo" a Bilbao, que es lo que me toca más de cerca):









La editorial MELUSINA ha publicado un vídeo en Youtube:


Blog del libro.

Algunas reseñas:

La Casa del libro
En un escenario político-social desquiciado por los rigores del pensamiento unidireccional, la especulación inmobiliaria y el silenciamiento sistemático de cualquier voz discordante, este libro, compuesto por doce ensayos escritos por los autores más jóvenes e interesantes del panorama literario barcelonés, se erige en un grito dislocado y subversivo, necesario e impertinente, no exento de humor, y cargado de altas dosis de ironía. Un salvoconducto imprescindible para la supervivencia de la autonomía intelectual y el sentido lúdico orteguiano en estos tiempos abúlicos, grises y monocordes.

El Cultural
(...) La editorial Melusina, además de lanzar este polémico ensayo sobre Barcelona, sólo tiene que agitar el libro sobre una tela para recoger un ramillete de adjetivos y metáforas. Puede editar ya la camiseta alternativa que dará gusto a los muchos paisanos que, como los doce autores de este libro, odian Barcelona. El resultado sería perturbador, tras serigrafíar palabras como “hiperreal”, “monstruo”, “artefacto turístico” (Javier Calvo); como “flemática”, “resort” (Carol París); como “cibernética” (Robert Juan- Cantavella); como “sarcófago” (Philipp Engel); “Barcelola” (Fernández Mallo); como “simulacro” (Matías Néspolo); como “cobarde” (Hernán Migoya) o “liofilizada” (Fernández Porta). La ilustración central de la camiseta puede optar por retratar alguno de los escenarios más aprovechados por estos autores: las Ramblas, el barrio del Raval, el metro…
El texto de Calvo y el de Fernández-Porta, que abren y cierran el conjunto, son los más ensayísticos, sesudos y brillantes. El autor de “Mundo maravilloso” nos sorprende con un texto arqueológico y mitológico que a los profanos les puede sonar a burla, a la manera de lo que hizo Pinilla con la playa de Arrigúnaga y su origen de la vida humana. O a exceso de iluminación, a la manera de Graves. En todo caso, es muy interesante el discurso telúrico y martirológico con el que Calvo nos presenta el espíritu de la ciudad, fundada por la Diosa del Manantial y rebautizada en la sangre de Santa Eulalia. Según esta teoría, que ignoro si ha inspirado ya la trama de algún best-seller, los “magos negros” que promovieron la nueva Barcelona, la del CCCB o el MACBA, han vencido al “Ejército de Resistencia” formado por el sustrato de los huesos de los mártires fundadores, para hacer desaparecer la ciudad y sustituirla por un artefacto muerto, La meta es deshacer el vínculo entre la gente y el suelo. Esta tétrica fábula explica así como Barcelona ha llegado a ser “un monstruo fabricado con miembros robados de tumbas”, en concreto el mal llamado “barrio gótico”. En esta ciudad embalsamada, los turistas son “zombis con olor a crema solar”. Calvo ofrece una visión desoladora de una ciudad enferma por metástasis: la museificación del centro histórico.
Este primer ensayo consigue enmarcarnos bien el problema que el resto de autores viene a matizar. Carol París abunda en la tesis de una ciudad enferma, jugando con la imagen de la tuberculosis: “aguantamos la respiración en una ciudad contenida para que la enfermedad no avance”. Es virulenta y eficaz, a ritmo de esputos. Le atribuye a la Ciudad Condal “un pasado edificado en un exterior insalubre”. Se muestra muy crítica con la “ocupación” de los tamborileros, perroflautas y protohippies “con sus rastas y sus bongos” de cierto enclave. También con las asociaciones, “mueblés” a los que ir a ligar, manifestación grupal de la cultura de la queja, “acti-
vadas por el intercambio de reproches y fluidos”. Denosta París ese constante renegar que a ella misma parece haber hecho mella. El tratado del odio que al final Fernández-Porta nos resume en su artículo, tiene en París un perfecto ejemplo. Ha de haber neurosis en esta prosa ingeniosa y amena, pero capaz de soltar tan campante que “los ricos desde las alturas nos observan y nos dan por culo”, para señalar a los discípulos de “los hombres trajeados”, para alimentar la fobia al “pijoaparte”. Con todo, nos divierten sus juegos de palabras y el sentido del humor con que llama a Gaudí el punto G de la ciudad o dice odiar Barcelona porque “no tengo dónde caerme muerta”. También es convincente su sentencia: la ciudad vive “siempre en el suplemento de la Barcelona por vivir”.
Robert Juan-Cantavella rompe el hielo para los más creativos del elenco. Plantea su aportación al ensayo colectivo como un videojuego. Tiene mucha gracia y muestra ingenio al plasmar en la sucesión de pantallas la sensación, generalizada por lo que se ve, de que Barcelona sufre exceso de vigilancia y presión de la autoridad. La parodia se sirve del acoso al jugador de los Muñecos de Uniforme, y se ríe de la Ordenanza Cívica Municipal 2006. Nos pasea por la Sagrada Familia (“esputo perfecto” para Carol París), el Camp Nou o el metro. Nos hace vivir una inundación virtual. Con similar audacia acomete su relato Óscar Gual, en sus diez situaciones de su formulario, divertido y documental. No le perdonamos a nadie su falta de pedigrí para odiar, claro que no, pero el suyo es suficiente.
Llucia Ramis apuesta por la descripción de Barcelona como puta de lujo, y por la disculpa. Se sube incluso al carro del marketing, a costa del riesgo a caerse de él en una curva que el éxito de su primera novela no le deja ver. Lo digo por los tics egotistas, que afean también la aportación de Philipp Engel, a quien no le sentó bien que le avisaran en el colegio de que pertenecía a la “elite que tomará las riendas de esta sociedad”. Engel nos traslada a la Barcelona de los Juegos Olímpicos, cuando le quitó la máscara al “presunto talante antifranquista” de la ciudad. Se centra en su mundo de artistas cuyas fiestas “son un asco”.
Matías Néspolo cae simpático de entrada con esa militancia bienhumorada en la república de los pueblerinos inquietos o paletos con aspiraciones, con ese “permiso” que tímidamente solicita para criticar desde la periferia. Es también divertido y tira de citas (Manuel Delgado, Jameson, Deleuze). Compara a Javier Calvo con Baudelaire y cae en la frivolidad de ningunear “la última novela del grupo Nocilla”, como si las novelas de nadie se escribieran en grupo. Pero es fresco cuando cuestiona Barcelona como destino de turismo cultural y confiesa que sólo ve grupos de alemanas con una polla en cabeza.
Gracias a Lucía Lijtmaer creemos discubrir el detonante de este libro: la web del ayuntamiento con la lista de famosos que dicen amar la ciudad. Una ciudad provinciana y para nada postindustrial. Javier Blánquez se propone ahuyentar al lector con una frase como esta: “el dilucidarlo correspondería a cada cual juzgarlo”. Dudo si es por chiste o por gusto auténtico por lo arcaizante. No le gustan los bohemios sin talento y su interés se centra en la disección social. Fernández-Mallo, aplicado y genial, acepta el envite como un experimento y se planta con una olivetti en Barcelona para recoger perlas de los transeúntes (“odio Barcelona porque está llena de espanyoles”), que maqueta con fotos del cielo sobre las estatuas humanas de las Ramblas. También es excelente el relato en dos planos de Hernán Migoya, una historia en el metro con su correspondencia en la infancia del autor, que le enseña cuán cobarde es la bondad. Un relato local y universal.
El extenso artículo de Eloy Fernández-Porta despliega ingenio y erudición, para despegarse de Adler y comentar fragmentos de Alzamora, Palol y Porta, y soltar algunas andanadas. Contra quienes aprecian que lo catalanoparlante se asocia a un déficit de masculinidad, pero también contra una sociedad que se tolera a sí misma en exceso, o una TV3 capaz de vender a la audiencia “que los castellanoparlantes necesitan ayuda para no acabar a hostias”. En conclusión, la propuesta de Melusina es audaz y necesaria. Da cauce a un descontento real. El libro se lee de un tirón y el interés de sus autores compensa la mediocridad de los “magos” que amortajan la ciudad.

Papel en blanco
No es una opinión personal, es el nuevo título de la iconoclasta Melusina, la editorial que ya nos sorprendió anteriormente como otra boutade en forma de libro: Sexografías, de Gabriela Wiener. Odio Barcelona es una antología donde doce autores aportan una mirada crítica, subersiva y políticamente incorrecta sobre la ciudad de Barcelona. Todos son ensayos de espíritu gamberro salidos de plumas precísamente de la capital catalana.
Así pues, en Odio Barcelona podremos ver cómo cargan las tintas Javier Calvo, Agustín Fernández Mallo, Philipp Engel, Robert-Juan Cantavella, Hernán Migoya, Llúcia Ramis, Matías Néspolo, Carol Paris, Oscar Gual, Lucía Lijtmaer, Javier Blánquez y Efrén Álvarez. una mezcla de escritores ya asentados y nuevas voces, pero todos ellos alejados de algún modo del mainstream temático y formal de la literatura española. Aunque la obra se edita ahora en el mundo físico, a través de Internet ya hace tiempo que estamos asistiendo a su promoción. Por ejemplo, a través de youtube, pero sobre todo en myspace, donde podremos escuchar música a propósito de la obra y un listado de reseñas y prosélitos.
Ana S. Pareja, responsable de la publicación:
Nosotros nos percatamos de que en Barcelona existía un clima de malestar en relación con ciertos temas políticos, relacionados con la vivienda o el creciente catalanismo. Eso nos llevó a proponer a ciertos autores jóvenes que escribiesen sobre las cosas que no les agradan de su ciudad. Y Odio Barcelona es el resultado.
Y es que, entre otras lindezas, al alcalde de Barcelona se le dedica al epíteto pelopolla por parte de Hernán Migoya:
El pelopolla del alcalde nos invita a través de campañas de autobombo a que leamos en el metro. Al mismo tiempo, inunda los altos de los andenes con monitores de televisión escupiendo a un volumen ensordecedor su mierda publicitaria, su papilla entumecedora y lucrativa.

viernes, 10 de octubre de 2008

¿Miente Barcelona?

Encima de la mesa, un libro. La ciudad mentirosa. Fraude y miseria del "Modelo Barcelona", de Manuel Delgado, experto en la investigación de la construcción de identidades colectivas en espacios urbanos. Quien me lo presta avisa que es un libro muy crítico y demoledor, y la contraportada confirma esta presentación. No tengo hoy tiempo para revisarlo, pero queda pendiente su lectura y posteriores comentarios. Algunas palabras que llaman mi atención: ciudad prohibitiva, lugares de olvido, la ciudad como laberinto, violencia urbanística, el mito del espacio público,....


¿Alguien se ha leido ya el libro? En su momento, en este blog ya escribí un post relacionado con Barcelona y su aparente pérdida de fuerza y vitalidad. Andrés Martínez publicó un excelente post (¿Qué le pasa a Barcelona?) sobre este tema también, a partir de un artículo de antón costas en El País. Y en Ciudades enrededadas también se habló del tema (Barcelona, ¿víctima de una depresión colectiva?).

A la espera de poder leerlo, como muchas promesas (incumplidas muchas de ellas) que hago en este blog, sugiero hoy dos enlaces a noticias sobre Barcelona:

También recuerdo que ADN publicó un artículo (Ellos también odian Barcelona) en el que diferentes escritores presentaban una visión más descarnada que el relato oficial hace de la ciudd.

¿Cómo os suenan estas propuestas? Yo, por ahora, tengo un viaje previsto a la ciudad el próximo martes, a estar en el encuentro Sociedad Red y trataré de tomar el pulso a estas cuestiones. Pero es cierto que sin vivir en la ciudad, escucho y leo referencias que me hablan de una suerte de pereza urbana, una falta de impulso social desde el lado más institucional. Pero, al mismo tiempo, ya advertí en su momento que, frente a esta visión, Barcelona sigue manteniendo una capacidad de organización social, de impulso desde la militancia y de generación de nuevas dinámicas, quizá más allá, en contra o a pesar del discurso oficial de construcción de la identidad.

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lunes, 29 de septiembre de 2008

Ciudades libres

La ciudad nació para la libertad, como invento medieval para acoger a los hombres libres y empezara construir la sociedad capitalista desde las instituciones gremiales.....o algo así me suena de algunas propuestas para entender su nacimiento. Habrá otras visiones, por su puesto, pero no es el caso ahora, porque lo que quiero es traer es un nuevo listado de ciudades. Y es que The Independent recoge en un artículo "The ten best places in the world to be gay in" un trabajo relacionado con las ciudades que ofrecen mayores libertades para los colectivos gays, destacando un clásico como es San Francisco. Tal como recogen en Gestión Urbana,

La mayor parte de los sitios elegidos son ciudades europeas (siete de diez), entre ellas se encuentra Barcelona, una ciudad que muestra “todo el espectro” de la cultura homosexual, que según el periódico, puede apreciarse en los bulevares del Eixample y en los callejones del Raval. Con una de las más legislaciones más progresistas en materia de parejas del mismo sexo “la España moderna está compensando los años oscuros”, indica el rotativo.

A la ciudad catalana le acompañan urbes europeas como Copenhague, la primera ciudad danesa en reconocer las parejas del mismo sex y futura capital de los World Outgames 2009, una competición atlética para homosexuales; París, la ciudad de Edith Piaf y Marcel Proust con sus ambientes tolerantes del distrito de Marais y la vida nocturna de Pigalle; Londres, con su vibrante escena de Soho, Ámsterdam, que acoge el Golden Bear, el primer hotel gay abierto en 1948; Berlín, la “pobre pero sexy” capital alemana, en palabras de su alcalde, y finalmente, Mikonos, la pequeña isla del Egeo que atrae a “hordas” de gays y lesbianas que disfrutan de sus clubes y playas.

¿Cuáles son las libertades que ofrece una ciudad? ¿Caminamos hacia ciudades más libres? ¿Cómo es una ciudad libre? Todas estas preguntas me asaltan, me llevan a Singapur (de la que quiero tratar próximamente), me traen a los barrios chabolistas de nuestras ciudades, me vienen imágenes de cámaras de seguridad en los espacios públicos, me llegan sonidos de sirenas,....

viernes, 18 de julio de 2008

Serendipia urbana #1. Barcelona

Según wikipedia, una serendipia es un descubrimiento científico afortunado e inesperado que se ha realizado accidentalmente. Sin duda, una de las palabras del año. La navegación hipertextual en Internet ha puesto de relieve la importancia de este "método científico" en la sociedad actual y sucede que, a veces, en las ciudades te topas con serendipias afortunadas. Encuentros fortuitos y casuales, no previstos y, de algún modo, ajenos al orden lógico de las cosas.

Estos días he estado en Barcelona, ciudad a la que aún le debo algún fin de semana de ocio porque llevo años visitándola exclusivamente por trabajo (tendrá que ser Paula quien me anime). Y basta un paseo improvisado (en este caso, con Raquel) para encontrar historias sugerentes al pasar una esquina mientras haces tiempo para recoger la comida.

El passatge Tubella permanece ahí, oculto en el silencio, como un ejemplo de utopía urbana ya pasada. Un raro ejemplo de conservación de un patrimonio urbano que, en este caso, recuerda los sueños utopistas, modernizadores y racionalistas del movimiento de ciudad jardín fundado por Ebenezer Howard. Entre edificios ya de cierta altura, sobrevive sólo una pequeña parte de lo que su inicial pensador quiso soñar. Tan sólo unos cuantos portales, de dos alturas, ocultos entre la ciudad del Ensanche por excelencia. Sorprendente encuentro, con una vieja historia detrás que, con falta de tiempo para profundizar, no estará exenta de ambiciones y luchas familiares.
Todo esto me llevó a empezar una serie que recoja hallazgos urbanos no intencionados.

Claro que algunos podréis decir que también prometí continuar con otras series que no han llegado al capítulo 2. Pero, en este caso, como a corto plazo Ibiza y Tailandia se presentan como oportunidades para nuevos descubrimientos, quizá podamos llegar más allá del capítulo #1.
Por de pronto, la visita a Barcelona deparó más sorpresas serendípicas (¿existe?). La charla con Antoni Oliva, de 22@network, nos llevó de la dinamización de entornos empresariales al descubrimiento de un poderoso acervo urbanístico que la movilización vecinal del Poble Nou ha logrado conservar frente a la intervención tan singular de eso que conocemos ahora como distrito 22@. Desde intervenciones del movimiento okupa en Can Ricart, hasta trabajos de defensa del patrimonio industrial, el paseo sirvió para descubrir edificios aún en pie de esa Manchester catalana, con su idiosincrasia particular aún viva entre mucha gente de allí, en un lugar que hace décadas fue el principal centro industrial y tecnológico de la economía española.
El Plan Especial de Patrimonio Arquitectónico ha incluido diferentes edificaciones del Poblenou bajo sus figuras de protección, y algunas de estas están hoy en rehabilitación o han sido ya rehabilitadas para acoger actividades universitarias (por ejemplo, el Institute for Life Long Learning de la Universidad de Barcelona), de investigación (Universitat Oberta de Catalunya) o culturales (la Fundación Palo Alto, donde se localiza, entre otras actividades, el estudio de Javier Mariscal).


Entrar en el detalle de estos espacios y edificios llevaría su tiempo y parece que este verano no me va a regalar demasiado tiempo ni tranquilidad. Pero octubre me espera con dos visitas más a Barcelona y procuraré traer más detalles.


Por último, no quiero dejar de mencionar a Miguel Ángel, de FactorSIM, por ofrecer su tiempo para que pudiéramos charlar un rato. Entre formación en entornos virtuales, edupunk y otras historias, pude terminar una buena jornada.
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