martes, 11 de julio de 2017

Smart cities: escala humana y vida pública en las ciudades

El pasado 8 de junio estuve en Córdoba invitado por el Grupo Ciudades Patrimonio de la Humanidad en las Jornadas Sostenibilidad y convivencia en centros históricos, uso y disfrute del espacio público. Dejo aquí el resumen de los temas que abordé en la conferencia Smart cities: escala humana y vida pública en las ciudades.

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La ciudad contemporánea ha sufrido importantes transformaciones y seguirá sufriéndolas en las próximas décadas para continuar siendo el escenario del desarrollo colectivo. La emergencia de nuevas aplicaciones tecnológicas está modificando (y lo hará de forma que apenas hoy podemos intuir) muchos de los servicios urbanos clásicos y la forma en la que las instituciones públicas locales proveen esos servicios. Cualquier elemento consustancial a la gestión y a la vida urbanas está mediatizado hoy por el surgimiento de soluciones y aplicaciones tecnológicas de diferente signo que cambian completamente no sólo los servicios en sí, sino también la propia morfología urbana, la experiencia de la vida en la ciudad e incluso las oportunidades para nuevas formas de desarrollo local.

Esta realidad coincide con ciertas tendencias que nos hacen reflexionar sobre el carácter social de nuestras ciudades. Si el mundo es cada vez más  urbano, ¿son nuestras ciudades más sociables? Como ciudadanos equipados con diferentes dispositivos y soportes para participar en el conglomerado de relaciones del espacio digital, ¿somos hoy seres más sociales? Diferentes tendencias. Vivimos un arrinconamiento de muchas actividades sociales  en el espacio público, pero también estamos aprendiendo a convivir con nuevos principios y expectativas de la cultura digital, desde la transparencia hasta la convivencia con la flexibilidad y la condición de beta permanente e innovación gradual. Las tensiones entre estas dos tendencias se reflejan en conflictos urbanos que hoy son cotidianos y que se muestran en los espacios públicos, en el acceso a la vivienda o en el uso de los espacios públicos.

En este escenario ambivalente, la smart city aparece como nuevo modelo urbano. Sus promesas evidentes (una ciudad inteligente será más sostenible, más eficiente o más competitiva, y se gestionará de manera más  integrada) tienen aún que demostrarse en muchos casos efectivas y significativas para la vida cotidiana en las ciudades. Necesitamos de las smart cities algo más  que un reato solucionista de problemas urbanos que no tienen una solución única, ni mucho menos tecnológica. Necesitamos ciudades inteligentes que nos hablen de muchos de los valores urbanos que no tienen que ver con una vida eficiente. Necesitamos una ciudad inteligente de las tecnologías cotidianas, de las tecnologías del cuidado, de las necesidades reales de la ciudadanía. Necesitamos una ciudad inteligente dirigida a hacer de la tecnología un medio para un objetivo mayor que es disponer de mecanismos de gestión inteligente de lo público y de oportunidades para ensanchar las posibilidades de disfrute de la ciudad. 

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