lunes, 14 de enero de 2013

Artículo. Urbanismo adaptativo: crisis, transición y temporalidad

Dejo aquí una versión ampliada de la comunicación presentada en el pasado congreso EQUIciuDAD 2012. Todas las comunicaciones han quedado recogidas en el libro del congreso.

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El proceso de expansión territorial que hemos vivido en las dos últimas décadas y de forma particular en los años anteriores a la crisis económica es uno de los elementos que mejor contextualiza no sólo las causas de esta crisis sino también los importantes efectos que ésta tiene. Desde la perspectiva de las políticas públicas de ordenación del territorio, de la planificación urbanística y, en general, la gestión pública local, la dimensión territorial y urbana es, hoy en día, una importante incógnita en las políticas para salir de la crisis.

La forma en la que se ha entendido la política local y el papel de los proyectos de desarrollo urbano han dejado un complejo mapa de infraestructuras infrautilizadas, de equipamientos sin uso posible por incapacidad financiera para mantenerlos abiertos siquiera, de desarrollos de vivienda fallidos, de espacios a medio urbanizar, etc . Un diagnóstico que, desgraciadamente, sólo hemos sabido entender cuando ya era demasiado tarde. Salir de la crisis implica dar respuesta a estos recursos públicos que se han convertido en una losa patrimonial de gestores públicos y privados y un pasivo que lastra la capacidad de recuperación. Salir de la crisis implica, necesariamente, abandonar de una vez el pensamiento de hardware respecto a la gestión del territorio y el desarrollo urbano. Este pensamiento de hardware ha priorizado la construcción de infraestructuras como vía única e inexorable para el desarrollo económico. Y bien que sabemos que ese desarrollo económico era un gigante con pies de barro. Puertos de mercancías, puertos deportivos, estaciones de tren de alta velocidad, centros de arte contemporáneo... han sido la promesa permanente para traer prosperidad, una prosperidad que como vino se fue.

La agenda de las políticas urbanas necesita reinventarse para un tiempo que no fue el previsto en las normativas que rigen las dinámicas del urbanismo tal como lo hemos conocido. El marco tradicional del urbanismo ha perseguido siempre fijar usos y dar respuestas sólidas y con vocación de permanencia con herramientas de planificación que buscan dar estabilidad. Sin embargo, en un momento de cambio como el que vivimos, esta aspiración de permanencia necesita flexibilizar su lógica para poder ser permeable a proyectos y dinámicas de expresión social mucho mejor adaptadas a la realidad social actual y a la urgencia por ofrecer valor social a tantos recursos ociosos en las ciudades.

¿Qué hacemos mientras tanto? Por un urbanismo adaptativo 
La crisis, muy a nuestro pesar, va a implicar cambiar esta perspectiva de un urbanismo defensivo y jerárquico frente al dinamismo social y el cambio de escenario en el que nos encontramos. Seguramente, no será por convencimiento y la tentación constructora seguirá esperando su oportunidad. Pero poco espacio le va a quedar. Frente a este modelo de desarrollo que sólo ha pensado en grandes proyectos como forma de hacer ciudad, necesitamos una estrategia mucho más inteligente y no expansiva. Una estrategia adaptativa que, al menos mientras conseguimos salir de la crisis, pueda rescatar ese pasivo y convertirlo en activo público para la dinamización de la vida colectiva en las ciudades y la expansión de inteligencia de software.

El estado de parálisis permanente y de recortes generalizados en el que están las políticas municipales puede convertirse, así, en detonante de una manera de enfocar las políticas públicas locales, y especialmente en lo que tiene que ver con el espacio construido, en la que se promuevan tácticas de intervención y formas de mirar a los problemas mucho más abiertas, frente al modelo agotado de la planificación jerárquica, centralizada e institucional de la ciudad que en esta fase de crisis va a necesitar fórmulas imaginativas y flexibles de gestión.

En este sentido, la crisis va a precipitar (ya lo está haciendo, de hecho) la emergencia de nuevas tipologías de proyectos de intervención y activación de capacidades urbanas que hasta ahora tenían poca cabida en las políticas públicas locales. Se trata de proyectos que, en muchos casos, en la época del urbanismo expansivo y de los grandes proyectos urbanos apenas tenían eco o eran directamente consideradas como outsiders a contracorriente. Sin embargo, en esa época y en condiciones de escaso apoyo institucional, los colectivos y organizaciones que las impulsaban han sido capaces de comprobar su valor social como dinamizadores de la vida urbana. Y, ahora que la crisis impide la formulación de grandes proyectos de intervención jerárquica, aparecen más visibles como el mejor catálogo de seguir reactivando la vida en las ciudades desde una lógica de "bueno, bonito y barato". Esta última expresión no trata de menoscabar su valor sino, precisamente, de destacar el valor de estos proyectos. Se trata de acciones capaces de generar grandes impactos en clave de dinamización social a un coste muy bajo y un alto significativo.

En las dos últimas décadas, por ejemplo, si no me equivoco, prácticamente todas las capitales de provincia en España a excepción de una han construido su propio centro de arte contemporáneo siguiendo el patrón del Guggenheim de Bilbao, esperando el mismo efecto y sin entender que la transformación iba mucho más allá de un mero contenedor. Son hijos de una época donde lo sencillo -al fin y al cabo, había financiación disponible-, para soñar con poner a la ciudad en el mapa con la excusa del arte y el turismo, era utilizar la arquitectura icónica como argumento. La realidad ha hecho que muchos de estos proyectos hayan fracasado, como propuestas artísticas sólidas y también como instrumentos de impulso de la ciudad. Hoy estos equipamientos tienen dificultades para mantener su programación, se encuentran sub-utilizados o directamente cerrados por falta de financiación. Entierran con ello toda la inversión realizada y el efecto multiplicador que prometían.

Desde un enfoque adaptativo, son hoy pasivos –en términos de valor social- que la crisis ha dejado y el objetivo tiene que ser convertirlos en activos públicos. Y para ello hace falta cambiar la mentalidad. Se trata de una lógica aplicable igualmente a otros recursos: infraestructuras, equipamientos, espacios públicos, locales comerciales vacíos, nuevos desarrollos urbanísticos, solares sin uso, tejados en viviendas y edificios públicos, etc. ¿Qué hacemos con todo ello? ¿Cómo podemos aprovecharlos al máximo para no tener que volver a necesitar seguir consumiendo territorio o justificando nuevos proyectos inviables en estos tiempos?

Hace falta una gestión del "mientras tanto". Es difícil a estas alturas saber cuándo conseguiremos salir de la crisis, pero sí sabemos ya que llevará un tiempo, y tenemos dudas además de que las cosas vuelvan a ser como antes. Desde la perspectiva del territorio y las políticas urbanas, es difícil que vuelvan las prácticas que fueron común denominador en los últimos años. Ojalá no vuelvan nunca. Pero, de mientras, la agenda de políticas urbanas sigue necesitando disponer de soluciones que ofrecer. Ese "mientras tanto" es el que podemos dotar de contenido a través de nuevas tipologías de iniciativas y una nueva forma de entender la ciudad.

Pensemos en los locales comerciales . Son, sin duda, uno de los efectos más visibles de la crisis, tanto en los centros de las ciudades como en las periferias. Negocios que no han podido soportar la crisis y se han visto obligados a cerrar, dejando en cada pueblo o ciudad una red de recursos físicos disponibles sin actividad. Para enfrentar este problema existen muchos ejemplos en otras ciudades del mundo que muestran cómo poder dar usos transitorios a estos locales, convertirlos en recursos sociales para usos comunitarios, artísticos, comerciales, etc.

Lo mismo sucede con los solares vacíos, solares cuyos propietarios ya no están en condiciones de edificar o urbanizar y que representan una enorme ineficiencia en términos de consumo de territorio. Existen fórmulas flexibles para activar estos espacios con intervenciones mínimas que son capaces de generar efectos en forma de apropiación comunitaria, de reactivación de la vida social, etc. Desde usos deportivos hasta huertos comunitarios, estos espacios requieren de imaginación para poder intermediar entre todos los intereses en juego, con una lógica más abierta y horizontal.

La crisis también ha impedido, en muchos casos, la urbanización o la renovación de espacios industriales, grandes pastillas en la trama urbana a las que en los últimos años se les ha dado salida con el gran proyecto de renovación urbana a gran escala, normalmente en espacios de usos portuarios o industriales. ¿Qué hacer con ello? ¿Permitir que siga sin un nuevo uso hasta que sea posible conseguir una gran inversión para poder renovarlo? ¿No podemos hacer nada mientras tanto a un bajo coste? ¿O pensar en usos alternativos?

Otro efecto de la crisis es que puedan quedar abandonados proyectos de grandes espacios comerciales en las afueras de las ciudades, otro de los rasgos comunes de la economía urbana de las últimas décadas. Tenemos la opción de dejarlos cerrados. Tenemos la opción de derribarlos. ¿Tenemos más opciones? ¿No podemos reconvertir sus usos y aprovechar que ya están construidos para abrirlos de nuevos como activos?

Para todas estas preguntas, el modelo de urbanismo expansivo, jerárquico y formalista prevé soluciones extremas y definitivas: derribar, cerrar, clausurar, impedir, etc., desde una visión de la agenda urbana en la que domina el gran proyecto definitivo. Frente a esta óptica, la salida a la crisis pasa necesariamente por adoptar fórmulas flexibles y abiertas para la gestión del espacio urbano, que no impida o limite la utilización al máximo de todos los recursos públicos. Va a ser la hora de la imaginación, porque se acabó la época de la arquitectura espectáculo y de los grandes desarrollos urbanísticos. A lo largo de estos años se ha acumulado una enorme experiencia y conocimiento sobre cómo abordar tácticas de intervención en la ciudad más útiles, creativas y participativas. Es cuestión de querer mirar con otros ojos las ciudades.

Temporalidad y permanencia en la ciudad en crisis
La aspiración de permanencia es una de las condiciones clásicas que ha perseguido el urbanismo a lo largo de la historia porque las intervenciones físicas en la ciudad persiguen durar a lo largo del tiempo y dar solución definitiva. La normativa urbanística se dirige, entre otras cosas, a dar estabilidad al proceso de desarrollo urbano tratando de crear condiciones de estabilidad y permanencia. La estabilidad es el ámbito preferente del urbanismo, porque es el escenario en el que la normativa, los criterios y las decisiones ofrecen claridad y dan soluciones persistentes. Por ello, la temporalidad, cualquier solución transitoria es una rara avis en la intervención urbanística porque el ejercicio planificador huye de estos espacios grises donde las decisiones no se vinculan a la producción de espacios y recursos urbanos, sino a procesos de equilibrio temporal donde las soluciones y la normativa ha de adaptarse con el tiempo con flexibilidad.



El libro The temporary city , escrito por Peter Bishop y Lesley Williams, es un recorrido muy bien organizado a través de las diferentes tipologías de proyectos de naturaleza temporal en la ciudad, sea cual sea las nombres que tomen (temporary, transitional, interim, pop-up o meanwhile). Aunque el libro es, básicamente, una revisión de experiencias británicas, el marco analítico es perfectamente válido para otros contextos en los que el urbanismo dispone de herramientas de formalización y solidificación de usos. Y, aunque no pretende una utilidad como guía práctica, es una de las aproximaciones más completas que he encontrado sobre esta cuestión que está teniendo tanta atención últimamente. Tanto que hay quienes ya se apresuran a rechazar tanta atención. En cualquier caso, el texto plantea con claridad las razones de la efervescencia de este tipo de proyectos urbanos y las vías por las que se van colando como instrumentos relevantes para la gestión urbana.

Siendo como es la crisis económica uno de los motores que pueden estar extendiendo este tipo de prácticas, no son los problemas financieros las únicas razones. Fenómenos como los de las shrinking cities (Detroit, Flint,..) nos han hecho preguntarnos qué hacer con tantas extensiones urbanas literalmente abandonadas. Las grandes industrias en declive en las economías más avanzadas han generado en las dos últimas décadas grandes solares industriales en los que a veces se han probado nuevas fórmulas de regeneración más allá del proyecto uniforme. Las calles de nuestras ciudades han visto cómo se cerraban locales comerciales y ha habido que hacerse la pregunta de qué hacer con tantos recursos. Pero no es sólo esto. El cambio en los patrones de la organización del trabajo está creando nuevas formas de ocupación del espacio público y de diversificación de los espacios de oficinas, mientras que el avance en la sociedad conectada está intensificando la organización de nuevas actividades en el espacio público (festivales, happenings, instalaciones o flashmobs, por ejemplo) utilizando las tecnologías digitales como favorecedores. De la misma forma, el activismo y las contraculturas siguen luchando por encontrar en la ciudad las respuestas que el urbanismo formal y el mercado inmobiliario no ofrecen.

Son muchos los proyectos casi emblemáticos que circulan por las redes y van ganando atención, hasta el punto de convertirse algunos en iconos. Algunos de ellos aparecen en el libro y son significativos precisamente aquellos en los que los propietarios privados entienden estos proyectos como alternativas viables. No son las barreras legales, financieras o urbanísticas la gran dificultad. La traba es el conservadurismo a la hora de afrontar los problemas urbanos cambiando la lógica. Es la falta de visión de que se pueden atajar desde otra perspectiva. Son proyectos que ponen en crisis y afloran las contradicciones entre el procedimiento regulatorio y formalista del urbanismo y el enorme dinamismo de las necesidades sociales y la ciudadanía. Esas contradicciones seguirán existiendo, siempre. La cuestión es si el marco regulatorio necesitará aprender a incorporar lógicas de corto plazo frente a la mentalidad de largo plazo del masterplan, lógicas transitorias frente al rigorismo de la urbanización. Sólo así podrá darse salida, caso a caso, a los pasivos que llenan las ciudades y que tienen que activarse cuanto antes.

Esta dinámica para favorecer usos espontáneos , temporales, accidentales o informales en los intersticios de la regulación formalista y planificadora puede alcanzar a todas las funciones de la ciudad. Encajan aquí los espacios temporales de consumo en forma de pop-up restaurantes o tiendas, que activan espacios abiertos o cerrados para dar vida a lugares o calles en declive o abandonados, pero también las intervenciones capaces de ampliar la gama de "escenarios" urbanos como espacios públicos, como espacios marginales de uso residual ganados como atractores de atención en tejados, infraestructuras subutilizadas, solares abandonados o espacios entre edificios. Son usos que en la investigación Post-it City ya fueron bien explicados y definidos también como formas de resistencia ante la normalización de los comportamientos públicos en el espacio urbano al renovar el carácter urbano de estos espacios en términos de acceso, libertad, densidad e interacción, enfatizando el valor de uso frente al valor de intercambio. Son espacios donde pueden volver a surgir o se amplían usos deportivos, como espacios de juego infantil, como cines o espacios de exhibición artística o, sobre todo, como espacios de protesta y manifestación.

Son intervenciones que ensanchan las posibilidades de expresión del compromiso social y en sí mismos, experimentos de innovación social llevada a la calle al ampliar nuevas formas de participación y organización ciudadana a través de herramientas y contextos de diálogo y confrontación.

Usos temporales en grandes proyectos de intervención urbanística 
A veces tendemos a circunscribir las posibilidades de la lógica del urbanismo táctico y temporal a lugares de tamaño limitado (solares) o con vocación de espacio público (parques, plazas, calles, etc.), pensando únicamente en su utilidad como intervenciones de pequeña escala. Sin embargo, en estos tiempos de crisis en los que buena parte de los grandes proyectos urbanísticos están paralizados o simplemente han visto cómo la ejecución del plan se va a llevar más tiempo del previsto inicialmente, no podemos permitirnos mantener estos espacios urbanos esperando a que vuelvan tiempos mejores para que el promotor termine la edificación o se complete el plan urbanístico durante años y años. ¿Se puede hacer algo más que contemplar las vallas que encierran estas obras paralizadas?

Un proyecto ilustrativo en este sentido es el de la remodelación de la zona de King´s Cross en Londres, una gran extensión de terreno asociada a la estación de alta velocidad y que acogerá diferentes usos a través de un amplio periodo de tiempo. Argent, la entidad ganadora del concurso, propuso desde el inicio un master plan muy flexible, asumiendo, por un lado, que todo master plan es obsoleto desde el principio y, segundo, que merecía la pena el aprovechamiento de los terrenos mientras cada ejecución se fuera terminando. De esta manera, el lugar es capaz de acoger actuaciones de transición y experimentación mientras se completa el master plan con una estrategia de hacer accesible el terreno en construcción y acoger actividades e instalaciones temporales. De entre todas las intervenciones que ha ido acogiendo a lo largo del tiempo quizá sea el Electric Hotel, un teatro pop-up impulsado por entidades culturales que vieron en terrenos que aún no estaban siendo reurbanizados una oportunidad para instalar una sencilla estructura para desarrollar actuaciones nocturnas de sonido y danza, dando así una utilidad temporal a este espacio. En la misma zona de la ciudad también tenemos otro ejemplo similar: el aprovechamiento de una gasolinera ya en desuso en un solar que en su tiempo se convertirá en uso residencial pero, mientras llega ese momento, se ha reconvertido en una instalación temporal, The Filling Station, que acoge un restaurante a partir de la reutilización de la infraestructura básica ya existente. También en Londres, en Newham, se está desarrollando otro proceso muy similar: un proceso urbanizador extremadamente largo resuelto con la liberación del lugar para acoger actividades mientras tanto a través de un proyecto, Canning Town Caravansei desarrollado por AshSakula.



Otro proyecto de interés es el desarrollado en Gante (Bélgica), en una antigua área industrial que, antes de pasar a ser de uso residencial a través de un proceso de regeneración urbanística acoge desde hace unas semanas un amplio espacio cultural al aire libre. Identificado como Espacio DOK, la introducción de la lógica temporal ha permitido liberar un espacio para uso comunitario que, de otra manera, simplemente habría quedado como un lugar vallado con el “under construction” imposibilitando cualquier otro uso que no sea su destino final. De nuevo, estamos ante un master plan que asume la posibilidad de lo temporal no como un obstáculo frente a la tradicional pretensión exclusiva, permanente y expulsiva sino como una oportunidad para ampliar las posibilidades de disfrute de la ciudad e incluso, generando ingresos temporales para el propio promotor (incluye cafeterías, mercado y espacios de exposición artística junto a actividades musicales, deportivas, cine al aire libre, huertos comunitarios, etc.). De nuevo, una forma de crear utilidad social en un proceso de transformación urbanística complejo y extendido en el tiempo mediante la introducción de permeabilidad en los usos transitorios.

La experiencia de ZAWP es otra buena forma de explicar el potencial de este tipo de lógica frente al master plan. Bilbao tiene abierto su último gran proceso transformador en el área conocida como Zorrozaurre, para la que está aprobado un master plan diseñadopor Zaha Hadid. Pensemos cómo la regeneración de Abandoibarra apenas se acaba de terminar por completo y ha sido un proceso que ha durado casi dos décadas en una época de gran bonanza económica. Así que es de esperar que un proceso igual de complejo como el de Zorrozaurre, y ahora desarrollado en un escenario económico mucho más difícil lleve también mucho tiempo (¿2030?). Por eso, desde ZAWP supieron ver la oportunidad que representaba, sin renunciar la posición crítica frente a los planes del ayuntamiento, desarrollar un proceso de reutilización de los espacios y posibilidades que ofrece este barrio industrial, Con un marcado carácter de promoción cultural y de visibilización de la memoria del propio barrio, este proyecto es una buena forma de entender las posibilidades de introducir lo transitorio en los procesos urbanísticos más complejos, incluso como fórmula para influir en el diseño final resultante.

Son unos pocos ejemplos de los que se podrían mencionar. Todos apuntan a la capacidad de flexibilizar la intervención urbanística de cierta escala para dar utilidad a espacios que no pueden quedar simplemente en suspensión porque están pendientes de su urbanización o regeneración. Es evidente que la tradición del urbanismo más formalista busca cobijo en lo permanente, la gran escala, el largo plazo y la planificación jerárquica. Es la estabilidad administrativa propia de nuestra tradición jurídica pero cada vez es más evidente que no responde a los cambios mucho más rápidos de la realidad y a las necesidades sociales. La crisis ha paralizado tantos proyectos urbanísticos es nuestras ciudades (y lo estarán durante mucho tiempo previsiblemente) pero sería una enorme pérdida no encontrar utilidad para esos espacios con propuestas capaces de activar la capacidad creativa de la sociedad y de generar activos públicos flexibles y muy poco costosos.

Nuevas dinámicas adaptativas 
I. Recuperar lonjas comerciales sin actividad para usos comunitarios 
Los efectos de la crisis sobre los espacios construidos de la ciudad empiezan a ser más que visibles. Entre ello, uno tiene una especial incidencia en la vida urbana, el cierre progresivo de locales de uso comercial a pie de calle. Negocios que no han podido soportar la bajada del consumo o las dificultades de acceso al crédito para mantener su actividad han ido cerrando sus puertas y bajando sus persianas. Indudablemente, el primer efecto es que el comerciante o impulsor del negocio ve trastocados sus planes empresariales y los/as trabajadores/as pierden su empleo. En segundo término, el propietario del local ve cómo la renta de su arrendamiento desaparece. Y, en tercer lugar, el abandono de la actividad añade un punto más de pérdida de vitalidad en la calle o plaza donde está situado el local.

Se trata de una situación que, me temo, va extendiéndose poco a poco, con mayor incidencia en determinados entornos urbanos. En este blog otros corresponsales ya han ido trabajando mucho sobre los vacíos urbanos y otros efectos derivados de la crisis pero, haciendo un juego de palabras, nos encontramos con un aumento constante de los vaciados urbanos, espacios de uso comercial que dejan de cumplir -coyunturalmente, en principio- una función dentro de la ciudad y pasan a nuevas obsolescencias urbanas. Vaciados de la actividad para la que fueron pensados, ¿volverán a tenerla alguna vez? ¿Volverán a tener el mismo tipo de actividad comercial? ¿Pueden tener un uso transitorio mientras capeamos la crisis?

Via sustainablecitiesnet

Algunas iniciativas relevantes en este sentido son:
• Art in Unusual Places es una iniciativa basada en Leeds que busca convertir locales desocupados en galerías de arte temporales. Lanzado en diciembre pasado, es un programa de colaboración entre el Ayuntamiento de Leeds, la comunidad empresarial (propietaria o gestora de locales) y el sector cultural, que permite a los artistas para mostrar su trabajo en los escaparates de los locales desocupados. La iniciativa ofrece estos espacios sin coste para los promotores de proyectos o artistas para la celebración de exhibiciones temporales en varios locales que ya han sido incorporados a la iniciativa, y junto a ello ha habilitado también otro local para que artistas residentes durante tres semanas realicen sus trabajos y puedan exponerlos.

• Meanwhile Project es un programa de actuación impulsado por el gobierno británico con el objetivo de impulsar la recuperación de los centros históricos urbanos que han visto reducirse su atractivo comercial en la actual crisis económica. A través de un sistema de colaboración público-privada y de un fondo de intervención, se busca generar actividad transitoria para espacios y locales comerciales inactivos mientras sus propietarios no los vuelvan a activar o no tengan usos reconocidos. Con ello, se centra en mantener el valor de los activos inmobiliarios de la ciudad en beneficio comunitario, evitando la sensación de abandono del centro histórico, reactivando la vida urbana y social y ofreciendo oportunidades de instalación de actividades económicas y cívicas emergentes. La iniciativa la lidera la Development Trusts Association en el marco del programa Advancing Assets for Communities impulsado por el departamento de Communities and Local Government (CLG). Bajo el programa han surgido diferentes actuaciones locales, como el Noiselab(Manchester), The Old Still (Peterborough), Nomad (Hastings) o Market Estate Project (Londres).

• Changing Spaces trata de una iniciativa conjunta del ayuntamiento de Cambridge y la agencia público-privada de la ciudad para el impulso de proyectos de colaboración y desarrollo. El proyecto busca activar espacios en desuso por la crisis económica para usos transitorios de exhibición y creación cultural, con el objetivo de dinamizar la capacidad de expresión de los artistas locales, atraer creadores de otros entornos y generar un mayor clima de confianza social. En poco tiempo dispondrán de siete locales "liberados" y ha utilizado hasta ahora 15 locales para dar salida a las actividades de de cuarenta artistas y grupos locales.

• Empty Shops Network es una red de actuaciones que buscan, al igual que las anteriores, activar y reutilizar locales sin uso actual para dotarlos de actividades culturales y de ocio que pueda server como focos de reactivación social de las calles que más pueden estar sufriendo la crisis a nivel comercial. Bajo el paraguas de esta iniciativa se han reactivado más de setenta locales en todo el Reino Unido, aunque en este caso, la red va más allá de actuar únicamente sobre locales comerciales y ha realizado también intervenciones sobre los espacios públicos y sobre solares abandonados.

Estos ejemplos, junto a otros que están surgiendo en ciudades como San Francisco, Newcastle (Australia) y otros forman parte de una nueva dinámica basada en la cesión inmobiliaria para crear nuevos espacios distribuidos de carácter cultural, pero quizá es más novedoso que se liguen a una táctica de lucha contra la crisis y sus efectos en la vida urbana. Seguro que la fórmula también puede encontrar "insuperables" trabas administrativas en las ordenanzas y regulaciones locales sobre licencias de actividad y de apertura, sobre condiciones mínimas de uso,....pero sospecho que son salvables si existe un interés real y se gestionan convenientemente.

II. Repensar el suelo dedicado a aparcamiento 
No es fácil acceder a estadísticas fiables, pero cualquiera que mire con un poco de profundidad la ciudad y el modelo de ocupación del territorio sospechará que dedicamos una gran parte del suelo disponible a asfaltarlo para un uso único e inconstante para depositar esos electrodomésticos llamados coches. Como cifra aproximada, en algunas ciudades alrededor de un tercio de las tramas metropolitanas están ocupadas por espacios dedicados al aparcamiento. Esta tendencia, en cualquier caso, puede variar bastante en función de la tipología de la ciudad de la que tratemos pero nos puede valer como referencia para entender el alto coste de oportunidad que tiene la ocupación del escaso espacio urbano para dedicarlo a superficie de parking. No hace falta irse a los casos más extremos para entender que la disponibilidad de espacio de parking ha sido una prioridad en la organización espacial de la ciudad, constituyéndose casi como una especie de derecho y una petición constante a las autoridades. ¿Tiene sentido cómo hemos pensado y diseñado las políticas de aparcamiento?

Sean grandes superficies comerciales de las periferias con amplios parkings en superficie pensados para acoger el máximo de clientes en sus horas punta (lo cual significa que la mayor parte del tiempo están infrautilizados), aparcamientos alrededor de las sedes corporativas de las grandes empresas de las afueras de las ciudades o de parques industriales y tecnológicos y, también, los márgenes de la mayoría de los viarios de las ciudades para aparcar en línea y en batería. Todos estos espacios tienen un enorme potencial de transformación que podrían tener desde el diseño urbanístico para dotarles de usos alternativos y un menor impacto social y ambiental. De hecho, la idea de repensar el aparcamiento no ha calado apenas en el parking en superficie, al contrario que el parking subterráneo, que sí que ha dado lugar a mejoras significativas, bien tecnológicas (poco a poco, este tipo de parkings van incorporando sistemas de automatización para indicar el número de plazas disponibles y orientar de alguna forma al cliente), bien de diseño. La cuestión es si estos espacios pueden diseñarse de forma más atractiva y estética, si se pueden incluir consideraciones ambientales en su diseño y dinámica de funcionamiento y si pueden admitir otros usos alternativos al simple contenedor de coches. Dado que ocupan tanto espacio y tienen tantas implicaciones sobre la percepción que tenemos de la calidad del espacio en la ciudad, a pesar de ser un elemento tan pasivo y al que prestamos tan poca atención (de hecho, sólo lo "vemos" en ese 5% de tiempo de media que nuestros coches están realmente en funcionamiento), necesitamos pensar más allá de la zonificación, los ratios y los requerimientos mínimos de diseño, las tres patas a través de las cuáles pensamos estos espacios. La regulación del estacionamiento de vehículos en la vía pública es, de hecho, una constante en la Historia, y el autor rescata los primeros vestigios en Asiria y en la época del Imperio romano, pero no fue hasta la llegada del automóvil privado de combustión y su extensión desde principios del siglo XX cuando las primeras ciudades empezaron a sistematizar las zonas exclusivas de aparcamiento (parking lots) y, posteriormente, con la llegada del urban sprawl, su utilización como reclamo en la suburbanización de la ciudad.

Estrategias para una mejor integración espacial de estos espacios en el continuo de la ciudad (en lugar de cómo barreras o discontinuidades), acondicionamiento y equipamiento para su uso recreativo (por ejemplo, en los parkings de las grandes superficies comerciales o los estadios deportivos), su flexibilización para usos compartidos de aparcamiento y plazas públicas, la utilización de nuevos materiales en lugar del simple asfaltado, admitir su utilización como espacios para exhibiciones culturales, utilización como huertos solares en sus cubiertas, su reclamación temporal al estilo de los Park(ing) Day o iniciativas parecidas,... son algunas de las alternativas que el autor propone.

III. Los callejones también existen 
Melbourne es una de las ciudades más reconocidas por su calidad de vida, entre otras cosas por su vibrante vida cultural y la alta calidad de sus espacios públicos y calles, al menos en comparación con la imagen típica del urbanismo de tradición norteamericana y que tanta influencia tiene en Australia. El centro de Melbourne (el Central Business District) tiene una morfología cuadricular que acoge prácticamente en todas las manzanas callejones que unen sus calles principales. Son pasos relativamente estrechos pero, la mayoría, abiertos de un lado al otro, entre edificios de alturas moderadas en la mayor parte de los casos. Estos callejones están condenados, casi en cualquier ciudad, a ser espacios residuales, de poca actividad, oscuros y de escaso valor social y económico. En el caso de Melbourne, esta estructura de la trama urbana en forma de parrilla ha dado lugar a espacios casi ocultos entre sus calles concebidas como grandes avenidas y esos callejones funcionan como articuladores y manifestaciones de diversidad cultural y de usos alternativos más allá del bullicio de las calles principales. Pequeñas tiendas, estudios de arte, cafés, espacios de innovación social, murales, instalaciones de arte urbano,...es lo que puedes encontrar, haciendo de esto una de las señas de identidad de la ciudad al pasear por ella y encontrar tanta vida en una tipología de espacios que normalmente encontramos abandonados y sin un uso definido.


Se trata de una estrategia que empezó en los años ochenta del pasado siglo, con el proyecto de revitalización urbana Postcode 3000 diseñado por Rob Adams, Director de diseño Urbano de la ciudad, que proyectó, entre otras cosas, la necesidad de poner en valor y reutilizar los edificios y espacios del centro urbano que estaban sin uso por aquel tiempo. Desde entonces, los callejones han ido acogiendo poco a poco pequeños negocios locales mediante la integración de estos usos en el planeamiento, pero también una actividad creciente de acciones artísticas, culturales y comunitarias en torno a ellos. De hecho, el propio ayuntamiento acoge apoya estas actividades a través del programa anual Laneway Commissions, que busca dinamizar estos espacios a través de actividades temporales. Se trata de una experiencia, obviamente, difícil de trasladar a otros contextos; primero, por la propia forma urbana que ha permitido la existencia generalizada de este tipo de espacios, que en otras ciudades es más difícil de encontrar. Es más relevante la lógica que hay detrás de ello: aprovechar, activar al máximo todo lo que sea posible, las capacidades en la ciudad. En este caso, son unos recursos físicos que, sin embargo, posibilitan la expansión de capacidades sociales, de generación de actividad y espacios públicos.

IV. Mapeando recursos ociosos en la ciudad 
A través de herramientas de crowdsourced mapping construir colaborativamente mapas mediante la agregación de aportaciones de usuarios se convierte en un método de trabajo que ensancha el alcance de los proyectos. Pero el mapa siempre es un medio o, casi mejor, una excusa para crear dinámicas de cambio reales en el entorno físico (y huir así del peligro de convertir a los usuarios en meros agregadores pasivos de contenido). Ese es el planteamiento de tres iniciativas que buscan mapear estos recursos para visibilizarlos y socializar la oportunidad de darles salida activa, creando contextos de compromiso individual y colectivo sobre espacios concretos de la ciudad.



Algunos proyectos internacionales que mejor están trabajando en esta línea son:

• 596 ACRES. Un proyecto focalizado en Nueva York (creo que nació con Brooklyn como primer objetivo y de ahí se deriva su nombre, ya que cuando empezaron localizaron 596 acres de terrenos públicos vacíos y sin uso en Brooklyn) con el objetivo de ofrecer nuevos espacios comunitarios en barrios donde las zonas verdes. Para dar a conocer la enorme cantidad de espacio disponible y sin un uso asignado han construido un completísimo mapa de espacios, catalogados además en función de la etapa de apropiación en el que se encuentran (sin actividad aún, con grupos trabajando sobre ellos, en los que ya hay acceso comunitario o incluso espacios privados con usos comunitarios). El apartado de recursos en su web también es un buen compendio de herramientas para trabajar desde esta perspectiva.

• [IM]POSSIBLE LIVING. Este proyecto acaba de lanzarse y no tiene la trayectoria del anterior, pero también es una iniciativa que a través del mapeado quiere crear sensibilidad hacia los recursos infrautilizados en las ciudades. En este caso, su objetivo son los edificios y no necesariamente en las ciudades, sino cualquier edificación en ciudades, periferias, montes o campo que sea susceptible de un uso más intensivo. En este caso el planteamiento es construir un mapa colaborativo mediante la contribución de usuarios de cualquier parte del mundo que quieran localizar en el mapa edificios abandonados. Lanzado desde Italia, en las últimas semanas ha ganado atención y el mapa ya localiza más de 500 edificios, definidos a través de diferentes categorías según su uso previo, su propiedad o sus condiciones. De nuevo, la idea es que el mapa ayude a visibilizar esta cuestión y sirva para catalizar procesos de colaboración entre personas y colectivos que quieran dar soluciones creativas

• 3SPACE. Esta es una de las iniciativas relacionadas con intervenciones desde el urbanismo táctico en el Reino Unido más interesantes, y eso que hay bastantes organizaciones públicas y privadas trabajando en esta línea de poner en uso locales comerciales, suelos y equipamientos. Aunque el mapeado colaborativo en este caso no es su principal instrumento, sí que podemos ver en un mapa las diferentes propiedades con las que están trabajando para tratar de reactivarlas. 3space es una plataforma de intermediación entre necesidades sociales y propietarios privados que busca facilitar a organizaciones comunitarias acceso gratuito a recursos infrautilizados para proyectos temporales o pop-up mientras los suelos o los locales no vuelvan al mercado. De esta manera, desde una perspectiva de mientras tanto y a través de un esquema bastante sencillo de reglas para su utilización, estos espacios se convierten en activos útiles.


Conclusiones 
El escenario en el que se han movido las políticas institucionales relacionadas con el urbanismo en las tres últimas décadas al menos ha dejado de existir. Un modelo expansivo vinculado a la expansión y burbuja inmobiliaria ha dejado un denso paisaje de infraestructuras y recursos públicos de todo tipo con un nivel de actividad, ocupación y uso muy bajo. Todo ello representa un enorme coste de oportunidad mientras no sean re-activados para su uso social. Ante una crisis que tiene más de estructural que de coyuntural, la única opción viable es responder con herramientas adaptadas a la nueva situación y, en este sentido, el urbanismo ha de ser capaz de ofrecer herramientas viables. El enfoque adaptativo presentado en este artículo es un marco para construir estrategias públicas de intervención en la ciudad en su conjunto allí donde existan recursos ociosos para dotarlas de usos transitorios. Lo transitorio no es, sin embargo, una segunda opción, o la opción menos mala tal como están las cosas. Es una opción de primer orden capaz de dar respuesta a una nueva realidad.

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4 comentarios:

  1. Gran artículo: el urbanismo al servicio de la sociedad y no viceversa, como ha sido hasta ahora. Hace falta un cambio de paradigma en este sentido y el artículo contribuye a ello.

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    1. Gracias por pasarte por el barrio, Aitor. Al servicio de la sociedad, eso deberia haber sido la idea, y ya hemos visto cómo ha salido.

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  2. Carmen Moreno Balboa23 de enero de 2013, 0:29

    Felicidades por el artículo. No conozco la legislación británica en materia de urbanismo (no será peor que la nuestra con leyes estatales y autonómicas diversas) pero aquí el derecho de propiedad privada (en este caso: suelo, construcciones, ...), aunque limitada por la legislación urbanística y por su función social, está muy defendido en nuestra tradición; por lo que es imprescindible contar con la predisposicion del propietario y agentes locales privados para poner en marcha iniciativas parecidas. no creo que las regulaciones locales (ordenanzas, reglamentos, ...) sean un impedimento para ello pues, debidamente motivado y cumpliendo la legislación, pueden adaptarse para dar cabida a iniciativas que fomenten el interés social.
    Tiene que haber voluntad por todas las partes. Seguro que una forma de empezar es difundiéndolo. Gracias por ello.

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    1. Estoy contigo, Carmen. La legislación (casi) nunca es un obstáculo, al menos no tan grande como la falta de voluntad. Seguramente en estos proyectos estamos muy en la regulación técnica (ordenanzas, reglamentos, permisos,...) más que en normativa general, pero también es posible encontrar huecos o leerla de forma imaginativa si hay interés por poner en marcha cosas nuevas.
      De todas formas, sí tengo la sensación -y lo tengo por contrastar- de que sí puede haber diferencias en cuanto al modelo de gestión urbanística que facilitan que estas experiencias salgan adelante más en unos países que en otros.
      Pero, de todas formas, en gran parte de los casos, se han dado por procesos/proyectos favorecedores: concursos de ideas en Londres, programa Meanwhile spaces en UK,... y/o por dinámicas sociales y urbanas preexistentes (en algunos casos bien conocidos en Holanda).

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