miércoles, 23 de febrero de 2011

De la ciudad sostenible a la smart city. No perder la perspectiva


@manufernandez
Smart cities por todos lados. Ahora toca hablar de esto. Borrón y cuenta nueva, que llegan nuevos aires y nuevos generadores de discurso en torno a la ciudad. Sueños imaginarios de ciudades perfectas en un mar de ubicuidad digital donde la información fluye perfecta,  la ciudadanía se conecta a los flujos de información urbana para operar en tiempo real y la web nos da otro paraíso más. Tengo la impresión de que tenemos que correr un poco menos. Que la tecnología está bien, pero en su medida y, total, siempre depende del uso que hagamos de ella. Y, según de quién venga y del control que tengamos sobre ella, la cosa tiene una pinta u otra.

Si utilizamos como barómetro la presencia del tema en publicaciones no especializadas, al poner todas las referencias juntas entendemos bien que estamos ante una nueva ola. De una selección desordenada podemos destacar casos como TIME, que dedica un especial al tema, Guardian publica una sección (de nuevo con IBM de por medio) titulada Smater Cities, The Times también dedicó un suplemento al tema hace unos meses, Financial Times tiene un completísimo especial dedicado a The future of cities que, si bien, es de todos los ejemplos, el de mirada más amplia, dedica atención especial al papel de la tecnología en la transformación de las ciudades, National Building Museum (en colaboración con IBM) abre un programa de reflexión (Intelligent Cities Initiative), Institute for the Future publica un completo mapa de tecnologías que afectarán a las ciudades en el futuro, GOOD destaca entre las publicaciones digitales con Cities rethought, e incluso El País publicó un reportaje sobre el tema. Por no hablar de medios más especializados, tanto desde ámbitos de análisis urbano como desde entornos más vinculados a lo digital en sentido amplio.
Mi impresión desde hace un tiempo es que todo esto es demasiado confuso, fruto de los acercamientos y disciplinas diversas que se están aproximando al tema (lo cual es bueno) y también fruto de visiones más interesadas por vincular el término a unas cuestiones más que a otras (lo cual es un poco más preocupante). Así que estos son unos apuntes más bien fragmentarios pero con los que intento al menos organizar las piezas del debate y desbrozar un poco los aspectos más críticos. Y, como ha quedado un poco largo, lo publicaré poco a poco. Este primer post es una introducción a la confusión terminológica, y después vendrán otros sobre la relación de este tema con la energía y el mundo digital, sobre su vinculación a determinados sectores industriales y la oportunidad de transformación tecnológica que puede representar y, también, una revisión de los proyectos que hoy en día se están definiendo como "smart cities". Terminaré con una revisión de las consecuencias sociales y políticas de estos planteamientos.

De la ciudad sostenible a la smart city
Parto, en primer lugar, de una constatación que apuntaba Nate Berg hace unas semanas ('Smart Growth' Replaced by 'Intelligent Cities') a partir de un artículo en USA Today (Will 'intelligent cities' put an end to suburban sprawl?): smart cities como nuevo eslabón léxico en el discurso urbano que sustituye a otros que hemos utilizado en los últimos tiempos como ciudades sostenibles o smart growth, dos términos que no son sinónimos exactamente pero comparten -frente a smart cities- la exclusión de lo tecnológico como elemento central de las propuestas de mejora urbana. ¿Se acabó el sueño de la sostenibilidad local y empieza la utopía de la ciudad tecno-inteligente? ¿Gato por liebre?
Tengo muchas dudas de que la solución a los problemas de sostenibilidad a todos los niveles -también a escala local- venga de la mano de milagrosas soluciones tecnológicas. Es una duda de principio que, después, admite que, evidentemente, la eco-innovación aplicada al funcionamiento urbano tiene mucho que ofrecer en forma de mejora de eficiencia en el metabolismo urbano pasivo, es decir, todo aquello donde el uso humano de la tecnología y los patrones de comportamiento y consumo no tengan mucho que decir. Por poner un ejemplo: las smart grids suenan bien, y generarán una gestión por parte de los propietarios de la red y de las empresas distribuidoras más eficientes, pero hasta ahí. El eslabón débil de la cadena es el consumidor final donde, se me ocurre, que es mucho más eficaz ambientalmente un sistema de precios inteligente más que contador inteligente.
Además, como casi todo en esta época, la ola smart city no tiene memoria y corre el riesgo de olvidar los desarrollos teóricos y las propuestas previas. ¿No habíamos quedado en que las estrategias sostenibles eran, sobre todo, una manera inteligente de vivir? ¿Qué va a venir a enseñarnos ahora la smart city? Quizá un poco cínico pero, ojo, que no se nos olvide. Leo estas once ideas y me parecen un acercamiento mucho más inteligente a la ciudad inteligente y sostenible. No son necesariamente incompatibles, pero a veces lo parecen y, sobre todo, lo nuevo -smart city- no construye realmente sobre lo que hasta ahora parecía algo que empezaba a asentarse. Esto lo explica muy bien Brent Toderian en "Intelligent City Model" Complements Smart Growth - Doesn't Replace It!, con una anécdota en España precisamente y que comparto completamente:
At a conference late last year in Spain, I found myself on panels discussing new technologies that will improve cities, surrounded by tech-company reps hard-pitching to a global audience. I likely disappointed them, by stating that in my opinion the "technologies" that will do the most good, are not new - compact, mixed-use, walkable communities; bikes, separated bike lanes and bike sharing; transit; small scale innovation like wheeled-luggage; simple techniques that we've forgotten like passive building design; or globally-understood tech like district/neighbourhood energy based on renewable resources. But those big companies weren't selling those products. They were selling smart city solutions.

Smart city vs. Intelligent city
De lo anterior podemos constatar, en segundo lugar, puestos a pensar sólo en terminología, que tenemos dos términos que aluden a conceptos diferentes o que, entiendo, tenemos que evitar que sean sinónimos. Intelligent cities y smart cities. El segundo de ellos está bastante más extendido y es el que representa la novedad conceptual, porque es el que evoca la carga tecnológica vinculada a las smart grids, las tecnologías de la información o las infraestructuras inteligentes.
La disputa terminológica no llega a más, es lo de menos. Más importante es que esté presente la inteligencia, con o sin tecnología. ¿Es Masdar una ciudad inteligente? Pues yo creo que no, por muy inteligente que sea toda la técnica puesta al servicio del modelo más completo de construcción ex-novo de una ciudad. No, no es inteligente construir en el desierto de esa manera. ¿Es más inteligente una ciudad por disponer de, digamos, un sistema de metro hiper-tecnológico pero no equilibra suficientemente los diferentes modos de movilidad urbana? ¿Es una ciudad más inteligente por desarrollar un nuevo barrio con todas las prestaciones de una smart city mientras dispone de solares, edificios y locales sin uso?
Posiblemente cínico. O no. Simplemente, que corremos el riesgo de tener la mirada demasiado focalizada, de perder el horizonte y el objetivo. Podrían decir que no tiene nada que ver la línea de desarrollo de la sensórica aplicada, digamos, a la gestión del tráfico con la regeneración y recuperación de la ciudad ya construida. Y aquí es donde volvemos a encontrar otro riesgo de perdernos algo: una ciudad pensada inteligentemente, no una ciudad con artefactos inteligentes.
Continuará....
Imagen tomada de Stuck in customs en Flickr bajo licencia CC BY-NC-SA 2.0

Comparte esta entrada

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...