Hace unos días escribí un post tratando de ordenar algunas de las ideas que quería compartir en un foro en el que estaba invitado (La Ciudad Humanizada) titulado El valor de lo innovador en la sociedad actual. La sesión tuvo lugar ayer en Sevilla, en el Cortijo del Parque del Alamillo, un sitio fantástico por otro lado, aunque demasiado a desmano, y escribiré este post para ordenar por segunda vez mis ideas, esta vez las que surgieron en el debate. En la sesión participamos varias personas en un modelo de diálogo abierto. Entre esas personas estaban algunas como Francisco ÁLVARO de Andalucía Emprende/CICE, Félix DE LA IGLESIA, de Atributos urbanos, José PÉREZ DE LAMA, de Hackitectura, Juan LLIMONA, de Plataforma 2i o Francisco Javier MARTÏNEZ, de Pecha Kucha/Emerg.
La innovación no nace de cero
- Los expertos de prospectiva de Roosevelt no supieron predecir la invención del bolígrafo, gran revolución tecnológica que democratizó definitivamente la escritura y la transmisión de conocimiento.
- La NASA no pensó en el lápiz como solución tecnológica a la inutilidad del bolígrafo en el espacio ingrávido, cosa que los soviéticos sí supieron ver sin gastarse millones de dólares en investigaciones, como sí les pasó a los norteamericanos.
En el debate surgieron definiciones, desde las más tradicionales a nivel teórico o académico ("todo cambio que, basado en el conocimiento, genera valor"), hasta otras menos usuales. Yo insistí en que "hacer bien las cosas que uno sabe hacer bien" no es un mal comienzo, al menos para avanzar hacia innovaciones incrementales.
- Innovaciones instrumentales
- Innovaciones finalistas
- Innovaciones en los mecanismos de decisión
- Innovación de proceso: cambiamos la forma de hacer las cosas.
- Innovación de producto: cambiamos las cosas en sí mismas.
- Innovación de organización: cambiamos quién hace las cosas.
En los tres casos, es la tercera categoría la que más problemas genera, la que más barreras tiene para el cambio. En el caso de la empresa, porque sugiere que las empresas quizá ya no valgan como muros cerrados, como estructuras homogéneas de lealtades fuertes y para toda la vida, porque la forma de organizar los proyectos empresariales cada vez serán menos en forma de empresa y más en forma de otros engendros que hoy sólo estamos tratando de inventar. Julen contaba muy bien hace unas semanas esta intuición en Idea radical: destruir empresas. Si nos situamos en el campo de la innovación democrática, estaremos hablando de esa tercera categoría de la innovación social de alguna manera. Participación real, transparencia radical, trabajo institucional en red, reinvención de los proceso de decisión y deliberación pública, construcción de ciudadanía, etc. Ya hemos ido comentando algunos ideas sobre estos temas últimamente. Y si nos situamos en la tercera categoría de la innovación empresarial, estamos acercándonos a la dilución progresiva de las empresas tal como las hemos conocido, posiblemente más fácil de alcanzar en unos sectores que en otros; avanzando hacia empresas líquidas o licuadas, con paredes permeables, con puertas de entrada y salida para las personas, las ideas y los proyectos. Es en el concepto de proyecto es donde veo que pueden llegar a confluir la innovación social y la innovación empresarial.Un proyecto tiene lugar dentro o fuera de una empresa, unos ratos dentro y otros ratos fuera, a veces con gente sólo de la empresa y otras veces contando con gente de fuera de la empresa, a veces con criterios empresariales y a veces dando entrada a ánimos no mercantiles o de lucro, unas veces con fines de explotación industrial y otras veces con fines de generación de beneficio social,...y siempre con las personas como protagonistas, las personas y sus ideas, las personas y las redes en las que se desenvuelven.
Y una nota al margen que comentó Félix: en ambas categorías tenemos la disyuntiva, ¿la empresa/la ciudad como centro de producción o la empresa/la ciudad como centro de innovación?
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Buen post! Aunque no pudiera ir (muy a trasmano... muy en la periferia ,) he podido integrarme online en la mesa redonda.
Otro asunto. El mito del bolígrafo estadounidense contra el lápiz ruso es una "anécdota ficticia" que se usó para representar los diferentes enfoques investigadores y de ingeniería de los distintos "corredores" espaciales. Esto pasó con el desplome de la URSS, pero finalmente el diseño que ha triunfado ha sido el ruso, los últimos cohetes estadounidenses son más "sencillos", como lo fueron siempre los rusos.
ps entonces quién ganó la supuesta carrera espacial? ;)
otro link: http://blog.miragestudio7.com/2007/10/the-zero-gravity-pen/